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Full text of "Historia de la lengua y literatura castellana"

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HISTORIA DE LA LENGUA 



Literatura Castellam 



(ÉPOCA DE FELIPE II 



POR 



D. JULIO CEJADOR Y FRAUCA 

CATEDRÁTICO DE LEKGUA T LITERATURA LATINAS 
DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL 



TO.MO 111 





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MADRID 

TIPOGRAFÍA DE LA REVISTA DE ARCHIVOS 

Oló\aga, 1. — Teléfono 3.1 85. 

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ES PROPIEDAD DEL AUTOR Y QUEDA HECHO EL DEPOSITO 
QUE SEÑALA LA LEY 



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ti 



D. FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN 

PORTA, PROSISTA, ERUDITO 

amistoso homenaje 



«No hay, no ha habido, ni habrá 
en la tierra, pueblo que en una misma 
época presente en igual grado de 
desarrollo todas las raT.as del árbol 
de la cultura...» 

(Men. Pelayo.) 



ÉPOCA DE FELIPE II 

EL RENACIMIENTO CLÁSICO Y EL ESPÍRITU NACIONAL Y CATÓLICO 
LA MÍSTICA Y LA ELOCUENCIA SAGRADA 

(segunda mitad DEL SIGLO XVI, ISSS'ISQS) 

Literatura italiana: Torqiiato Tasso (1544-1595), La Aminta (1573), 
La Jerusalén libertada (1580-1584). Guarini, El Pastor Fido (1590). 
Marino (1569-1625), el secentismo y mal gusto. 

Literatura francesa: Montaigne (1533-1592), Essais (1580). Bran- 
tóme (1540-1614). La Sátira Menipea. Francisco Malherbe (1555-1628). 
— Dramaturgos: Jodelle (1532-1573), Cleopdtre (1552). Roberto Garnier 
(1534-1590). Teodoro de Béze (1519-1609). Pedro Larrivey (1540-1612). 

Literatura inglesa: John Lyly, Euphues (1579) y la afectación del 
euphuisme. Sidney, La Arcadia (1590), Apología (1595). Thomas Nash, 
Jack Wilton (1594). Mares, Paladis Tamia (1598). Bacon (1561-1626), 
Ensayos (1597), Novum Organum (1605), Historia de Enrique VII 
(1622). Walter Raleigh (t 1618), Historia del mundo. Edmond Spenser 
(1552-1599), La Reina de las hadas (1590-1596). — Dramaturgos: Mar- 
lowe. Lyly. Shakespeare (1564-1616), Romeo and Juliet (1591-93), 
Julius Caesar (1601), Hamlet (1602-3), Othello (1604?), Macbefh 
(1605-6) King Lear (1605-6), Tempest (1610?). 

1. El reinado de Felipe II es la cuarta época del renaci- 
miento clásico español y la de entera madurez del pensamiento 
nacional. El erasmismo y la prosa satírica desaparecen, por ha- 
berse logrado el intento que se pretendía de la reforma ecle- 
siástica y de las costumbres. Pero siguió influyendo el eras- 
mismo en la tendencia á los estudios bíblicos y patrísticos, que 
en esta época se desenvuelven. El triunfo del catolicismo' con- 
tra las doctrinas protestantes y las paganas hace que el espíritu 
español, vuelto en sí de las luchas de fuera, se recoja en su 



2 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

propia casa, se reconcentre y saque de sus propias cualidades, 
de su religiosidad tradicional, acrecentada por las circunstancias, 
nuevas manifestaciones literarias, que se cifran en libros espi- 
ritimles de todo género, en obras de Historia y en poesía la 
más levantada. Señorea la gravedad en la literatura como en 
la vida toda de la nación. Del renacimiento quedan incorpo- 
rados el humanismo y las formas poéticas italianas, los gran- 
des pensamientos de los filósofos y poetas antiguos y el arte 
de armonizar la idea y la forma en los escritos ; todo lo que 
de anticristiano traía consigo queda enteramente desechado. 
La poesía en Herrera, Góngora y Lope vuelve á las leyendas 
tradicionales y á la métrica castiza en romances, villancicos, 
cantares y dramas. Los libros espirituales abarcan la vida pur- 
gativa, iluminativa y contemplativa : ya en sermones dispuestos 
á la manera tradicional de los Santos Padres, en el género de 
la homilía, en que se declara la Sagrada Escritura, se confirma 
con la patrística, se sazona con todo linaje de erudición sa- 
grada y profana y se aplica la doctrina á la enseñanza de lo.? 
fieles y á la mejora de las costumbres mediante la exposición 
•viva, realista y dramática del genio nacional; ya en comenta- 
rios seguidos de la Biblia, declarada de la misma manera; ya 
en tratados de ascética que desmenuzan los vicios, virtudes y 
prácticas piadosas; ya, finalmente, en obras de levantada mís- 
tica, que pesquisa y rebusca los más íntimos repliegues del 
alma y la eleva, por el menosprecio del mundo y la negación 
de sí misma, al amor y unión con Dios. 

2. La prosa, durante el reinado de Felipe 11, está en manos de 
los historiadores; pero mucho más en manos de los escritores espiritua- 
les. Cervantes y Lope se dan á conocer en esta época, aunque sus mejo- 
res obras salieron en el reinado de Felipe IIL Los escritores del de Fe- 
lipe II se distinguen, en consecuencia, por lo graves. Los historiadores 
famosos son Zurita, Illescas, Garibay, Ginés Pérez de Hita, Díaz del 
Castillo, Acosta, Blancas, Antonio Herrera, el Inca Garcilaso, Ber- 
nardino de Mendoza, Mariana, Sigüenza y Martel. Los escritores es- 
pirituales son legión; los más principales y maestros del habla caste- 
llana en fondo, riqueza de lenguaje, realismo é idealismo, León, Santa 
Teresa, San Juan de la Cruz, Juan de Tolosa, Rodrigo Solís, Jeró- 
nimo Gracián, Pedro de Rivadeneira, Lorenzo de Zamora, Juan de 
Pineda, Antonio Alvarez, Pedro de Oña, Francisco Arias, IMalón de 
Chaide, Roa, Juan de los Angeles, Fonseca, Camos, Diego de Vega, 



s. xvr. EL espíritu nacional y católico 3 

Fuenmayor, Huélamo, Juan de Torres, Rebullosa, Alonso de Cabrera, 
Rebolledo, Murillo. En los primeros años del reinado siguiente se 
completa la lista con otros grandes nombres, que retrasaron hasta 
entonces la publicación de sus obras, aunque florecieron por su predi- 
cación durante e! presente reinado. La gravedad de estudios muéstrase 
no menos por los humanistas, teólogos y filósofos. Humanistas como 
Chacón, Simón Abril, Arias Montano, Martín del Río, Argote de 
Molina, Rodrigo Caro y Alonso López Pinciano. Filósofos y teólogos 
como Villa'pando, Toledo, Gregorio de Valencia, Francisco Sánchez, 
Bartolomé de Medina, Báñez, Molina, Suárez, Astete, Vázquez, Pedro 
de Valencia, Oliva Sabuco y Salmerón. Falta nombrar otros pro- 
sistas castellanos: Huarte, Francisco Medina, Cipriano de Valera. 
Jerónimo Huerta y Antonio Pérez. Cualquiera diría que el pensa- 
miento español se había apesadumbrado y hecho serio en demasía. 
Desmentirianle los mayores poetas españoles, en prosa ó en verso, 
que son igualmente de esta época : Francisco de la Torre, Juan de 
Timoneda, Gil Polo, Barahona, Herrera, Ercilla, Alcázar, Lope, Ber- 
múdez, Liñán de Riaza, Aldana, Juan de la Cueva, López de Ubeda, 
Góngora, Pedro de Padilla, Rey de Artieda, Gálvez de Montalvo. 
Romero de Cepeda, Juan Rufo, los Argensolas, Espinel, López Mal- 
donado, Virués, Gabriel Lobo, Miguel Sánchez, Juan Castellanos, 
Mesa, Mosquera, Pedro de Espinosa y CristobaHna Fernández de 
Alarcón, sin contar los ya citados León, San Juan de la Cruz y Cer- 
vantes. El reinado en que se dieron á conocer los más grandes escri- 
tores españoles, Cervantes, Lope, León, Góngora, San Juan de la 
Cruz, Santa Teresa, Herrera, Juan de Pineda, Zamora, Antonio Al- 
varez y Fonseca, bien puede llamarse el- reinado de la edad de oro 
de nuestra literatura. La prosa, enteramente religiosa; religiosa no 
menos la más alta manifestación de la poesía: bien puede llamarse 
este reinado el reinado del pensamiento re'igioso, católico y espiritual. 
De aquí que la picaresca, nacida al finalizar el reinado anterior, quede 
adormecida y no vuelva á levantar cabeza hasta el siguiente con 
Alemán, Cervantes y Ouevedo. De aquí que, hasta llegar al mismo, 
no se desenvuelva el teatro, engrandecido por Lope, y la novela, ha- 
llada por Cervantes. La razón de la religiosidad de la literatura y de 
la gravedad de los escritores en este período hay que buscarla en 
la misma razón de la gravedad y religiosidad que durante el mismo 
se echa de ver en toda la vida española, desde el rey hasta el último 
de sus vasallos. Es la época en que España llega á su entera madurez. 
En la de los Reyes Católicos florece la nación como acabada de salir 
de su primera niñez; es su pubertad; llena de bríos juveniles corre 
en busca de aventuras; deja en todas partes muestras de sus loza- 
nías de muchacho. En la de Carlos V el muchacho hácese mozo ro- 
busto; afirma su poderío; asienta lo conquistado; rechaza á cuantos 
adversarios se le presentan; triunfa definitivamente. En la de Fe- 
lipe I] llega á la edad madura; recógese en casa á gozar de las 



4 ¿POCA DE FELIPE II (S. XVl) 

conquistas; reconcéntrase en sí mismo y da los frutos de la re- 
flexión y del juicio más asentado. Si miramos ahora el aspecto lite- 
rario, el reinado de Felipe II es la cuarta época del Renacimiento 
clásico en España. Vimos que la primera fué la de don Juan II, en 
que comienza á alborear; la segunda, la de los Reyes Católicos, que 
llamamos de los humanistas ó de las humanidades, en las que Es- 
paña se impone como muchacho que comienza á formarse en los es- 
tudios; la tercera, la de Carlos V, es la del erasmismo, de la lucha 
contra el paganismo y la Reforma protestante, de la verdadera reforma 
en los eclesiásticos, religiosos y costumbres cristianas. La sátira en 
la prosa y la contienda en la poesía entre las escuelas puramente 
clásica y tradicional castellana, son sus frutos literarios. Apunta la pi- 
caresca, con los mismos ribetes de sátira erasmiana que había de dejar 
al volver á florecer en Guzmán de Alfarache, en el reinado de Fe- 
lipe III, porque ya el erasmismo era cosa pasada. El erasmismo acabó 
como por ensalmo al subir al trono el hijo del Emperador, y el espí- 
ritu crítico-satírico enmudece, ofreciéndose la literatura con una nota 
de gravedad hasta entonces desusada. ¿Ganaron de repente la batalla 
los antierasmistas? ¿Fué por darse más maña, por ser más en número, 
en saber, en poderío? ¿Acaso ha de atribuirse á la mayor religiosidad 
de Felipe II y á su genio austero y grave? Todo contribuyó, y Fe- 
lipe II ciertamente con su gravedad y austeridad. Pero Felipe II era 
hijo de su época, y, como particular, la verdadera historia nos lo 
muestra tierno y afable dentro de su casa y hasta en lo de fuera ena- 
moradizo. Felipe II es encarnación de la España de su tiempo. El 
espíritu de la España de su tiempo desenvolvió en él, como rey, las 
cualidades y manifestaciones que eran propias de los españoles todos. 
Carlos V no fué menos religioso que su hijo, sino que él, como rey, y 
España estaban en las mocedades turbulentas, guerreadoras, y Felipe II, 
con la España de su tiempo, había llegado á la madurez nacional. De 
la noche á la mañana no se dan mudanzas tales como la del anterior 
erasmismo, acallado de repente al subir al trono Felipe II. El fervor 
de la lucha fué apagándose según fueron lográndose los fines por los 
cuales se luchaba. Los erasmistas españoles batallaban por la reforma, 
interior de la Iglesia: conseguida ésta, hubieron de dejar las armas. 
No era una antirreforma propiamente la que en España se hacía. 
Este vocablo es de los que piensan que la Reforma protestante fué un 
paso en el progreso humano, al cual España se opuso. La Reforma 
protestante, en la más honda raíz del que la despertó, en Lutero, y 
' en los que le ayudaron, no fué un paso en el progreso humano, fué 
un movimiento de rebeldía, nacido de la envidia en él y de la codicia 
en ellos, como lo fué de la lujuria en Enrique VIII, que llevó la 
Reforma á Inglaterra. Valiéronse, él y ellos, para divulgar y popula- 
rizar este movimiento, dando nombre de reforma á lo que no era 
más que rebeldía, codicia y lujuria, de las circunstancias deplorables 
en que el estado eclesiástico se hallaba, corrompido de pies á cabeza. 



S. XVI. EL espíritu NACIONAL Y CATÓLICO O 

La verdadera reforma hubiera estado en limpiar el estado eclesiástico 
y las costumbres cristianas de esa corrupción que el tiempo trae con- 
sigo con el bienestar y riquezas del estado clerical y que el renaci- 
miento de las ideas paganas y del muelle vivir pagano consiguiente 
había acrecentado. El comenzar á dejar el Evangelio y á Cristo, en 
nombre de Cristo y del Evangelio, no era un paso en el camino del 
progreso. Que Lutero comenzó á dejar á Cristo y su Evangelio en 
nombre del Evangelio y de Cristo no hay cosa más manifiesta para 
el que conozca el Evangelio y la historia de la Iglesia, y aun para 
el que sólo atienda á los hechos y consecuencias de la doctrina lute- 
rana, cuyos frutos son el racionalismo, el panteísmo y la negación de 
la autenticidad del Evangelio, y hasta de que Jesús fué hijo de Dios, 
y hasta de que hubo tal Jesús en el mundo. Que dejar el Evangelio y 
á Cristo no era un paso hacia el progreso, antes un paso hacia atrás, 
hacia las doctrinas paganas en política, hacia la falta de toda religión, 
"hacia el panteísmo pagano é indiano, hacia el ateísmo, hacia el ma- 
terialismo de la vida, cifrada tan sólo en el goce del mundo y del 
interés pecuniario, cosas son que la historia posterior y los hechos 
de hoy, la política maquiavélica, el imperialismo pagano, el reinado de 
la fuerza sobre el derecho, el señorío del puro interés, la degradación 
de toda filosofía espiritualista y aun idealista, hasta llegar al más 
rastrero positivismo, el descreimiento total, el resurgimiento de otras 
creencias, en la magia, supersticiones y ocultismos anteriores hasta 
al mismo paganismo, cosas son, repito, que basta abrir los ojos y verlas 
en el mundo moderno. Al oponerse, pues, España á la Reforma protes- 
tante no ihizo una antirreforma, sino que salió por el Evangelio, por 
Cristo y por su Iglesia, y, consiguientemente, por el progreso de la hu- 
manidad, que hasta ahora no se ha probado que haya doctrina más pro- 
gresiva, más humana, más elevada que la del Evangelio. Antes, aprove- 
chándose de la que los adversarios apellidaban Reforma, aunque de he- 
cho fuese rebeldía, comenzó España la verdadera reforma del estado 
eclesiástico y de las caídas costumbres. El espíritu español, que se apro- 
vechó de lo bueno del Renacimiento, peleó igualmente contra lo que de 
pagano y anticristiano y antiprogresista traía. Al llegar el reinado de 
Felipe II, el espíritu cristiano español había vencido; las religiones, el 
Clero, ya eran otros; la Iglesia caminaba dentro de la verdadera Refor- 
ma; las ideas paganas habían sido echadas de la casa de Dios; San Pío V 
en nada se parecía á los Julios II, á los Alejandros VI, á los Leones X, 
papas que, con mucha gracia, suelen algunos mentar para rebajar el 
Cristianismo, cuando, lo que los hizo desgraciadamente famosos, no 
fué el espíritu cristiano, sino el pagano y la podredumbre moral del 
paganismo florentino. El erasmismo, bandera de reforma en España 
contra la corrupción eclesiástica y pagana, y en pro de los estudios 
patrísticos, bíblicos y eclesiásticos, conseguido el intento, hubo de 
plegarse y arrimarse: había cumplido su misión reformadora. "La 
Historia de España, ha dicho Fouillée, es un ejemplo del suicidio de 



6 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

un pueblo, ejemplo sobre el cual deben meditar continuamente las- 
demás naciones europeas." Suicidio, si quiere decir sacrificio por la 
civilización, el Cristianismo y las más elevadas ideas de justicia. Pero 
añádase que "un honroso fin, honra la vida toda'', y que más vale 
morir héroe que vivir mercachifle. Las demás naciones europeas no 
morirán de esa cornada de burro, del heroísmo, de que murió España, 
porque no salen al coso; se están detrás del mostrador. No necesitan 
los tenderos meditar en heroicidades para librarse del fin adonde ellas 
suelen llevar. Fouillée hablaría en vano, en el desierto, á quien está 
más convencido que él de lo que predica, si no diese á entender, por 
sus palabras, que España no fué una nación mercacliifle, sino demasiado 
hidalga; que fué un Quijote, quiero decir, un loco, para los europeos 
negociantes de hoy, derribado del caballo por el Sansón Carrasco 
del mercantilismo europeo. Queriendo rebajar á España con tan 
gentil epitafio, epifonema ó moraleja, hala encumbrado á los ojos de 
todo pensador de miras nobles, quijotescas y ultraultramarinas. "La 
época de los caballeros andantes ha pasado, escribía Burke; le ha. 
sucedido la de los sofistas, economistas y calculadores, y la gloria de 
Europa se ha desvanecido para siempre." ¡ Por Dios, ya que no vali- 
mos para mercaderes, no se nos niegue haber valido para Qui- 
jotes ! Cierto escritor español europeizante ha visto en El Escorial el 
símbolo de la España de Felipe II, donde "se muestra petrificada un 
alma toda voluntad, toda esfuerzo, Jiias exenta de ideas"; para él Es- 
paña no tuvo ideal alguno; "somos en la ihistoria un estallido de vo- 
luntad ciega, difusa, brutal". Según él, "Carlos V y Felipe II han 
oído á su pueblo en confesión, y éste les ha dicho, en un delirio de 
franqueza: "Nosotros no entendemos claramente esas preocupaciones 
"á cuyo servicio y fomento se dedican otras razas: no queremos ser 
"justos, y menos que nada nos pide el corazón prudencia." El más 
bozal de Guinea tiene una idea al seguir tras una gacela ; sólo los 
españoles obraban sin ideal cuando entraron con la cruz alzada en 
Granada los Reyes Católicos; cuando, delante de Cisneros, iba alzada 
la cruz á la conquista de Oran; cuando Colón clavó la cruz en la pla- 
ya americana; cuando Carlos V insistió en la reunión del Concilio 
de Trento y debeló á los herejes; cuando don Juan llevaba en Le- 
panto la cruz que le diera el papa Pío V; cuando Felipe II prefería 
perder á Flandes si hubiesen de ser herejes los flamencos; cuando 
fundó El Escorial, atribuyendo á Dios la victoria de San Quintín, 
dándole la forma de la parrilla del mártir español San Lorenzo, cuya 
fiesta aquel día se celebraba. Los españoles no querían ser sabios, 
aunque lo fueron; ni íntimamente religiosos, aunque por la Religión 
se sacrificó España; ni justos ni prudentes, aunque por la justicia y 
la prudencia mantuvieron el derecho de la autoridad y la unidad de 
la cristiandad contra las rebeldías, ligereza y pasiones de alemanes, 
ingleses, flamencos y franceses. Dígase que aquel ideal de los espa- 
ñoles era demasiado noble y quijotesco respecto del ideal mercachifle 




(7. Camarón lo dibu.xó. Rsfchan Boix lo c/rabó.) 



S. XVI. EL espíritu NACIONAL Y CATÓLICO 7 

y monetario del resto de Europa, que acabó venciéndolo; dígase que 
no es del gusto de europeos y europeizantes; pero no se diga que no 
fué un ideal más ideal y menos rastrero que el del resto de Europa. 
Ganivet, tan leído por los europeizantes, ha didho : "El ideal de Es- 
paña fué pasear en triunfo la Religión apoyada por las armas; vino 
después quien nos venció valiéndose del negocio, apoyado por las 
anmas y por la Religión." Se niega á veces lo que no gusta ó no se 
conoce; esto es, se niega con el corazón ó con la cabeza, y se llega 
hasta á hacer decir al Escorial lo contrario de lo que dice, y lo que 
dice El Escorial es que '1 esfuerzo berroqueño de los españoles iba 
gfuiado por la cruz, por la idea religiosa ; que España se sacrificó á 
ella como San Lorenzo; que esa idea cristiana era más grande que 
la idea pagana, porque cifrada ésta en la material superficie de la 
forma y del vivir alegre sin mirar al más allá, la idea cristiana había 
ahondado en la lucha que divide el alma humana entre los instintos 
bestiales y la razón ; había extendido el concepto de la sociedad, ha- 
ciendo tener á todos los hombres por hermanos; había dilatado hasta 
el infinito y hasta la eternidad las relaciones religiosas del hombre 
para con Dios, infinito y eterno, y que si hermoso en líneas era el 
pagano Partenon, grandioso, y hasta poner admiración y espanto, te- 
nía que ser el cristiano Escorial. Para ese escritor la aldea de Mal- 
burgo es más gloriosa, renombrada y simbólica que El Escorial. Tam- 
bién El Quijote es para él "la crítica del esfuerzo puro"; para los 
demás hombres del mundo es, cabalmente, la crítica del ideal, tan 
ideal y levantado, que raya en locura y convierte á su héroe en loco 
tan sublime é ideal como ideal y loca fué nuestra España. Desapare- 
ciendo el erasmismo como símbolo de reforma eclesiástica, como sím- 
bolo de humanismo siguió viviendo en Esipaña. La prueba está en 
que el renacimiento humanista y artístico en España siguió siendo bien 
diferente del italiano, puesto que el paganismo no había podido entrar 
acá ni entró en adelante, y aun prescindiendo de él, diferenciase e! 
Renacimiento español en tiempo de Felipe II del Renacimiento ita- 
liano. Es, ante todo, y por lo dicho, el nuestro un Renacimiento clá- 
sico en la forma, sin las ideas paganas, la falta de fe, las supersticio- 
nes, el afeminamiento ético del Renacimiento de Italia. El movimiento 
adquirido de la reforma interior de las costumbres y del batallar en 
defensa de la fe contra la Reforma protestante hubo de pasar algún 
tanto de la raya. Felipe II, amamantado con la idea de mantener la 
autoridad eclesiástica contra la rebelión de los reformadores, y con las 
doctrinas imperialistas y absolutistas que el paganismo y el germa- 
nismo de los Austrias habían traído y toda Europa aceptaba, y cuyas 
últimas consecuencias habían de ser el despotismo de Luis XIV, la 
Revolución francesa, el cesarismo de Napoleón y el imperialismo ale- 
mán, por defender la autoridad real hasta en los propios yerros, abusó 
del poder absoluto contra Antonio Pérez y contra los Fueros de Ara- 
gón y abusó de la Inquisición, convirtiéndola en aquel suceso, y en 



8 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

algunos otros casos, en instrumento personal y político. La culpa, ya 
lo dijimos, tuviéronla los españoles al entregarse generosamente en 
manos del Em.perador, encandilados con la grandeza de la empresa 
que acometía en pro de la Iglesia y contra sus rebeldes subditos ale- 
manes, Pero, sobre todo, la historia caminaba á más andar hacia el 
absolutismo y nadie podía detenerla. Al propio tiempo, el movimiento 
reformista en España también pasó de la raya con la velocidad adqui- 
rida: España se vio demasiado ascética, demasiado llena de frailes y 
monjaSj de beatas y devotos y con la mayor parte de sus riquezas en 
manos del estado eclesiástico, que, si no abusaba de ellas y hasta con- 
tribuía á las empresas justas del Rey, formaban un privilegio, del 
cual tenia que resentirse el Estado civil en la tributación, en la pobreza 
•de la industria, de la agricultura y de la ganadería. Cuando se quiso 
poner remedio era tarde. Pero téngase en cuenta que tamaños extre- 
mos se dieron igualmente en el campo contrario. La reforma del Cris- 
tianismo en el Norte paró en libertinaje, en racionalismo, en la indife- 
rencia religiosa, en el deísmo y, finalmente, en el panteísmo moderno. 
Las Ordenes religiosas desaparecieron enteramente, en vez de refor- 
marse. Cuanto á la Inquisición, húbola no menor ni menos cruel en 
Alemania, Francia é Inglaterra. Los nombres son lo de menos. ¿Que- 
máronse, matáronse por los del contrario bando tantos ó más que en 
España? Más, muchos más: la historia imparcial lo testifica. La di- 
ferencia está en que en España estaba más reglamentada y los proce- 
dimientos procesales eran más suaves y justicieros. Las penas, crueles 
y bárbaras, eran unas mismas, cuando no peores fuera de España, 
por ejercerse las más veces sin proceso y ab irato. Pero volviendo 
á nuestro terreno, estos mismos extremos dieron el color propio al 
Renacimiento español de esta época. La Religión y el elemento ecle- 
siástico sobrepujaban en la sociedad española. De aquí nacieron, ó to- 
maron empuje, la Teología, la ascética, la mística, la oratoria sa- 
grada, la exegética, científica y popular; géneros literarios que en esta 
época sobresalen y llegan al colmo á que jamás antes ni después lle- 
garon en España, ¿Qué géneros literarios, qué obras literarias pro- 
dujeron en la misma época Inglaterra, Francia, Alemania? ¿Pueden, 
entre todas ellas juntas, cotejarse con las españolas? Las ciencias 
naturales y geográficas, que los descubrimientos y viajes despertaron 
en España, tampoco tienen á qué puedan compararse fuera de ella. 
La despoblación y la miseria, debidas en nuestra nación á muchedumbre 
de causas, como el abandono de los campos y 'escasez de brazos, por 
irse las gentes á América, servir en las guerras, entrarse en religión; 
como el consiguiente baque en las industrias, el desmedro de la ga- 
nadería, el descuaje de montes, etc., etc., crearon ó acrecentaron aquí 
el hidalgo pobre, el picaro vividor, el poderoso tacaño, el soldado fan- 
farrón, el rufián perdonavidas; personajes que originaron á poco la 
novela picaresca, la literatura rufianesca, la jácara y la lengua de la 
germanía, que fueron en aumento después por ir en aumento la mise- 



S. XVI. EL espíritu NACIONAL Y CATÓLICO Q 

ria y las causas que la crearon. Tornando á los géneros literarios 
religiosos, tan magníficamente desenvueltos en esta época á causa del 
triunfo de la Religión, como á él contribuyó el erasmismo español con 
sus deseos de reforma de las costumbres eclesiásticas, en nuestro Re- 
nacimiento, durante la misma época, tuvo principal eficacia el eras- 
mismo, por más que pareciese haber desaparecido, como había des- 
-aparecido de hecho, obrando con todo eso sus consecuencias, y por 
aquí se diferenció nuestro Renacimiento del italiano, aun desaparecido 
el erasmismo patente y de lutíha de partidos. Otra diferencia natural 
consistió en la solidez, gravedad y seriedad de cuanto en esta época 
se escribió é hizo en España, que contrasta con la ligereza y poco 
fuste de lo que en Italia comúnmente se escribía. Nuestra Teología 
llegó á lo más hondo de los problemas religiosos. Baste recordar la 
famosa cuestión de la ciencia divina, de la predestinación, del libre 
albedrío, en que se tocaban las raíces del Cristianismo, del ser y vida 
del hombre y de la esencia de Dios en sus relaciones con las criaturas. 
Aquella lucha titánica, que, superficialmente considerada, pareciera á 
algunos pasatiempo de escolásticos, es la prueba más clara de lo que 
ahondaron nuestros teólogos y de la solidez con que deseaban zanjar 
el castillo roquero, que se opusiese á las herejías entonces en boga. 
-Que esta Teología española debiese no poco al Renacimiento, ¿quién 
dudará de ello, conociendo á Cano, Soto y Vázquez, á Suárez y Mo- 
lina? Los tratados de Justitia et ñire, que por centenares se publicaron, 
■afirmaron no menos macizamente los fundamentos del Derecho, en 
particular del internacional ó de gentes, donde no puede desconocerse 
el humanismo de nuestros teólogos; como ni en el tratado De Locis, 
de Melchor Cano, que abría nuevos derroteros á la apologética y á la 
polémica y defensa científica del Cristianismo; como ni en los estudios 
positivos y exegéticos, por ejemplo, de fray Luis de León, en quien 
se dieron fraternal abrazo el espíritu cristiano, el espíritu semítico y 
el espíritu clásico. La filosofía española, en Vives y Suárez sobre todo, 
era renacentista, y erasmista en el primero, y casi me atrevo á decir 
-que en el segundo, aunque disuene en las orejas de los que toman el 
erasmismo tan sólo como voz de oposición, de anticlericalismo, diga- 
Tnos, desaforado, en el cual jamás ha de tomarse en la España del si- 
glo XVI. La oratoria sagrada, la ascética, la mística, fueron tan clá- 
sicas como cristianas. Traspalaban nuestros predicadores y nuestros 
escritores de los antiguos libros griegos y latinos á montones senten- 
'CÍas, citas, ejemplos, nombres y hasta mitologías, cristianizándolas y 
moralizándolas como si fuesen su propia hacienda, con la misma 
llaneza con que se aprovechaban de la santa Escritura y de los Santos 
Padrea, barajando lo uno con lo otro, considerándolo todo como de casa. 
Ciego ha de ser quien no vea otro clasicismo que el de la pura forma, 
á la italiana, en Granada y León, orador el primero, poeta y orador el 
segundo, y no menos en todos nuestros predicadores y tratadistas de 
ascética y de mística. El aire sano del clasicismo, cristianizado entera- 



10 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

mente, orea todos los escritos de aquella época feliz, que no parece sino 
que griegos y romanos hablan alli en cristiano y que el Cristianismo 
se ha hecho romano y ateniense, metiéndose de rondón en el Liceo, 
en el Pórtico, en la Academia, en el Foro donde peroraba Cicerón, y 
en las quintas donde escribían Virgilio y Horacio. Desconoce entera- 
mente nuestros místicos y ascetas el que, al pensar en sus libros, siente 
fuerte olor á incienso de sacristía. A vivir alegre, á naturaleza abierta 
huele el Símbolo de la Fe, de Granada; e! Monte Carmelo, de San 
Juan de la Cruz; los Nombres de Cristo, de León; las mismas Mo- 
radas, de Santa Teresa. Es un ascetismo sano y robusto, limpio y 
confortador; es un desprendimiento que el alma hace de lo bajo, su- 
cio y feo de la tierra, para elevarse por lo hermoso, fresco y natural 
del universo hasta Dios. No es misticismo idealista y soñador, como 
el de los antiguos alemanes, como el de la raza germana de hoy, ale- 
manes y franceses, que se dio y se da la mano con el misticismo so- 
ñador é idealista de la India. El misticismo español es ético, práctico 
y realista, porque es ibero, y enteramente contrario al de la raza 
indogermánica. Fray Luis de León, Santa Teresa, San Juan de la. 
Cruz, son personas de mundo, que recorren la Península, fundan con- 
ventos, disputan y trajinan tanto como contemplan y se derriten en 
amor divino. Época de reglamentación, de prudente gobierno, de 
orden en todo, de trabajo burocrático la de Felipe II; añadamos á. 
veces de fiscalización al menudeo. Arvéde Barine, Les guenx d'Es- 
pagne: "II (Felipe II) ne sortit plus de son cabinet, toujours écri- 
vant, compulsant, annotant, lisant tout: lettres, mémoires, statistiques,. 
rapports, suppliques, et se rappelant tout; donnant lui-méme ordre 
de tout; réglant et réglementant tout: les mouvements de ses flottes 
et le prix du ble, la lutte contre le protestantisme et les purgations 
de ses enfants, les tortures á infliger et le moment oü il mettrait son 
habit neuf. II écrivait le jour, il écrivait la nuit. On l'attendait pour 
une féte: il écrivait. La reine l'attendait: il écrivait. La nouvelle 
d'un desastre arrivait: il écrivait, écrivait. Depuis que la bureaucratie 
a été inventée, on ne vit jamáis vocation aussi determinée. II était 
appliqué, laborieux, patient, infatigable, mauvais bureaucrate du reste: 
il était toujours en retard; un ordre urgent arrivait au bout d'un an" 
(pág. 901). Y en la pág. 902: "On comprend de quel poids pesait sur 
les esprits cette surveillance occulte, dont les effets éclataient aux 
yeux par l'infinité de disgráces soudaines, de confiscations et de sup- 
plices dont le tablean est dans toutes les histoires... Les affaires ne 
se trouvaient pas mieux que les personnes d'avoir sur le tróne un 
si grand plumitif. Le roí croyaat trop aux vertus magiques du papier 
noirci." Algo de verdad hay aquí y algo de aviesas entendederas. Una. 
Monarquía como la de España más pedía un rey organizador y buro- 
crático, que estuviese á la mira de los Consejos, como lo estaba Fe- 
lape 11, que no un guerrero que pretendiese el imperio universal en 
que algunos sueñan haber soñado nuestros reyes, por los dichos exa- 



S. XVI. EL espíritu NACIONAL Y CATÓLICO II 

gerados de algunos poetas. Menos admisible es ya en sana crítica lo 
de la fiscalización, llevada al extremo de sofocar el pensamiento y 
atar á los escritores, como hasta poco ha se decía. Los espaiioles de 
entonces no admitían la libertad de pensar y de escribir errores dog- 
máticos, contra los cuales únicamente iba la Inquisición. Suponer 
que cuando los escritores ponen bajo la autoridad de la Iglesia sus 
obras, como lo hacían los más, y en espíritu, todos, lo hacían por te- 
mor á la Inquisición, es suponer á los españoles de entonces como si 
hoy viviesen. Los mismos Avila, Granada, León, Santa Teresa, San 
Francisco de Borja y Arias Montano, que sufrieron molestias de parte 
de la Inquisición, dábanlas por bien sufridas y gustosamente pasaran 
por otras mayores, con tal de que la Inquisición siguiese en pie como 
valladar contra la Reforma. Fuera de los contados heterodoxos que 
conocemos bien, los demás españoles se sometían de buena gana á 
la censura eclesiástica, porque no querían faltar al dogma, cosa tan 
apartada de la ciencia humana como para Spencer lo está lo incog- 
noscible. La ciencia quedaba fuera de las atribuciones inquisitoriales. 
La imagia y la astrología supersticiosa, que no sé qué puedan tener que 
ver con la ciencia, es lo único que también aquí se perseguía. Descon- 
tado el dogma, había harto mayor libertad de pensar y de escribir que 
ahora, cuando se ha proclamado la libertad de pensamiento. De tejas 
abajo se podía entonces escribir y pensar cuanto á cada cual se le 
antojase. No hay más que leer los autores de ahora y los de entonces. 
En el mismo teatro, habiendo solicitado del Rey que cortase los abu- 
sos de verdaderas obscenidades, consultados los teólogos, dejólo como 
estaba, encargando sola»iente á los censores no diesen rienda suelta 
á los libros obscenos. Si en algo hay que culpar á Felipe II es en 
haber tolerado en demasía desórdenes públicos de esta clase. Los es- 
critores célebres encausados por la Inquisición fuéronlo por sospe- 
chas de faltar al dogma, y todos salieron libres. La Inquisición no 
podía evitar hubiese envidiosos ni falsos delatores; pero hacía justicia 
á los delatados. Hay que figurarse, en suma, á los españoles de enton- 
ces como eran, católicos y gustosos de que se tomasen cuantas medidas 
se tomaron para evitar los desgarramientos de la nación en bandos 
religiosos que con dolor veían en el resto de Europa, aun cuando tales 
medidas acarreasen á veces algunas molestias á los particulares. Lo 
cual no es defender á la Inquisición, sino colocarla en sus propias 
circunstancias históricas, no juzgando de ella cual si hoy se estable- 
ciese, ni es proclamar que no incurriese en abusos, de los cuales nin- 
gún tribunal humano se ha visto libre. Verdad es que el despotismo 
de la casa de Austria bien hubiera querido dominar sola y señera ; 
pero el. espíritu del pueblo español la refrenaba. Mariana podrá es- 
cribir impunemente, no sólo que el pueblo es soberano y que tiene 
la facultad de elegir sus reyes, sino que hasta tiene el derecho de 
matar al tirano. ¿Impunemente he dicho? En las plazas públicas fué 
<|uemado su libro por el verdugo; pero fué en las p!azas públicas de 



12 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVI ) 

París. Tal era la preconizada libertad de fuera de España. Buena era 
Isabel de Inglaterra para que le tocasen en lo que á ella convenía, y 
libres, libérrimos, mostráronse los ingleses al dejar el catolicismo por 
sólo antojársele á su Enrique VIII descasarse y tomar otra, otra y otra 
mujer, y cortarles el pescuezo. Dechado de tanta castidad y de tanta 
piedad humana, bien merecía el acatamiento de sus libérrimos subdi- 
tos hasta mudar de religión como de casaca. Acaso ciertas ideas aquí 
expresadas no agraden á algunos; acaso tengan más razón con las 
suyas, que no los españoles de entonces con ellas. Al historiador sólo 
atañe afirmar que tales fueron las doctrinas de la España de aquel 
tiempo, que tal fué el espíritu español y que á esa luz hay que estu- 
diar la historia literaria para entenderla sin trocar los frenos, supo- 
niendo en ellos maneras de sentir modernas en que no soñaron. Sea 
ó no del agrado de unos ó de otros, el ideal de la España del. siglo xvi 
fué el espiritual de la religión cristiana, de la justicia, del acatamien- 
to á la autoridad y á la moral, san que á ello se opongan los desbarros 
y todo linaje de lacras', que en los particulares nunca faltaron en 
cualquier sociedad humana. El ideal europeo, extraño á la Monarquía 
española, al cual el español trató de combatir, fué el materialista pura- 
. mente pagano, del absolutismo y del interés, que al cabo venció desde 
mediado el siglo xvii, con el triunfo sobre la casa de Austria, de la 
política absoluta y maquiavélica de Francia primero, de la política in- 
teresada de mercaderes, de Holanda é Inglaterra después, de la política 
imperialista á la vez é industrial de puro interés de Alemania en los 
últimos tiempos. Resumiendo las causas de la decadencia de España, 

■ cual las declaró maravillosamente Macías Picavea en El Problema 
Nacional, escribe Narciso Alonso Cortés: "El Renacimiento, conside- 
rado como creación de una nueva sociedad, de una nueva vida, de 
una Europa nueva en política, administración, ejércitos, armas, cul- 

■ íivos, industrias, crítica, ciencias, técnicas y, en fin, un mundo nuevo, 
es plena, original y sustancialmente español : así como el nombre de 
América le ha sido usurpado á Colón (y Colón ha sido usurpado á 
España), así á España el nombre del Renacimiento. Carlos V bastar- 
deó, trastornó el alma española: el germanismo, que es el Imperialis- 
mo, hizo en nuestra raza una trasfusión de sangre nueva. El César y 
su hijo Felipe fueron dos grandes reyes y mataron á España. La cuña 
teutónica entró violentamente en el tronco viejo, y entonces, verificada 
la desnacionalización, perdió España sus libertades, sus gremios, sus 
municipios, sus industrias, y se vio que la invadían los matones y los 
picaros, los teólogos escolastas é intolerantes, los hidalgos hambrones 
y presuntuosos. El austracismo nos trajo un conjunto de cualidades 

. adventicias, tenidas erróneamente por algunos como propias y carac- 
terísticas de nuestra raza. Este, el austracismo, fué la enfermedad 
primaria é inicial, complicada después con las naturales derivaciones. 
De todas ellas resultó un mal gravísimo, que requiere pronto remedio, 

; si no ha de consumir v matar á la nación." Con esto tendrán harto en 



S. XVI. EL ESPÍRITU NACIONAL Y CATÓLICO 1 3- 

qué entender los europeizantes ó germanizados, que es lo mismo, en vez 
de venirnos á achacar todas las secuelas del absolutismo, entre ellas el 
abuso regio de la Inquisición, cuando ellas, con el absolutismo, vinieron 
con el espíritu y la Monarquía germánica á España. La literatura del 
reinado de Felipe 11 es mucho más nacional que la del reinado anterior. 
El clasicismo hase amoldado más al genio literario nacional. Las falsas 
Arcadias andan de capa caída, no menos que las extrañas caballerías. 
Los prosistas hemos visto ser graves y religiosos; los poetas, aun 
los profanos, son más apegados á lo nacional que Garcilaso; ahr 
están, si no. Herrera, Lope y Góngora. Los villancicos y cantares- 
populares, no sólo brotan por todas partes, sino que los remedan y 
los hacen éstos y los demás líricos. Recógense los romances y se hacen 
otros parecidos, naciendo el género de los moriscos, de la familia de 
los antiguos fronterizos. El teatro en manos de Lope convierte eir 
drama la antigua epopeya, lo cual es una más alta manera de cultivarla 
conforme á los tiempos, ya que los pocos ensayos de épica clásica 
sólo sirven para demostrar lo vano que es imitar lo extraño, teniendo 
tanto en casa y harto mejor. Pero si la mística en todos sus grados es 
género enteramente español, que no se ha dado en otros pueblos, y se 
debe á la religiosidad de la raza, mayormente en esta época, en que re- 
cogía los laureles de la lucha entablada en el anterior reinado, la lite-- 
ratura entera, en este de Felipe II y en adelante, ihácese sin duda mu- 
cho más nacional por empaparse toda ella en el misticismo y en el sabor 
bíblico que el misticismo trajo á España. Todo nuestro teatro está-- 
lleno de pasajes bíblicos y de pensamientos tomados ó remedados de 
nuestros libros espirituales. ¿Y cómo no, si la mayor parte de los dra- 
maturgos fueron clérigos, desde Lope y Tirso hasta Moreto y Calde- 
rón, que de la lectura espiritual pasaban á tomar la pluma para escri-- 
bir sus dramas? — ^M. Pelayo, Disc. acerca de Cerv. y "El Quijote^': 
'"La generación del tiempo de Felipe II, más grave y severa que los 
contemporáneos del Emperador, comenzaba á hastiarse de tanta pa- 
traña insustancial, y mostraba otras predilecciones literarias, que acaso 
pecaban de austeridad excesiva. La historia, la literatura ascética, la - 
poesía lírica, dedicada muchas veces á asuntos elevados y religiosos,- 
absorbían á nuestros mayores ingenios. Con su abandono se precipitó 
la decadencia del género caballeresco, al cual sólo se dedicaban ya 
rapsodistas oscuros y mercenarios." M. Pelayo, Id. estét., t. II, vol. II, 
P^g- 398: "La poesía popular tenía también admiradores que la defen- 
dían por razones estéticas. Fuera de algunos pasajes de Lope, el do- 
cumento más notable y decisivo que yo conozco en esta materia es el 
prólogo del Romancero general, de 1604 (por Juan de la Cuesta), 
prólogo que algunos atribuyen á Salas Barbadillo, y que en realidad es 
digno de su elegante pluma: ''Como este género de poesía no lleva, el 
"cuidado de las imitaciones y adornos de los antiguos, tiene en ella el 
"artificio y rigor rhetórico poca parte, y mucha el movimiento del in- 
*'genio elevado, el cual no excluye á la arte, sino que la excede, pues lo- 



[4 ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

^'que la naturaleza acierta sin ella es lo perfecto.'' Muchos debían de 
pensar así, puesto que las ediciones de los Romanceros se devoraban 
en seguida. Nótese (y es gran curiosidad) que las palabras del anónimo 
prologuista son casi las mismas que usó Montaigne en los Ensayos 
(1580-88), al tratar idéntica materia." 

3. Debajo del nombre de Mística entienden los literatos todos 
aquellos libros que los varones de espíritu ó espirituales llaman igual- 
mente libros espirituales ó de devoción^ que tratan de cosas devotas, 
espirituales, de espíritu. Dividen estas cosas los maestros de espíritu 
en tres vías que ha de recorrer el varón espiritual para allegarse á 
Dios, fin último de la Mística ó vida espiritual, y son: vía purgativa, 
propia de los pecadores que quieren salir del pecado y dejar el mundo; 
vía iluminativa, propia de los que ya van caminando camino del espí- 
ritu, dejando las cosas del mundo y negándose á sí mismos, desarrai- 
gando sus pasiones y plantando virtudes en el alma, y vía contempla- 
tiva, propia de los perfectos, que se han desasido de sí y del mundo. 
A la vía purgativa pertenecen los sermones, la oratoria sagrada y la 
mayor parte de los comentarios bíblicos en romance ó libros de exé- 
gesis; á la vía iluminativa, los libros de ascética, que enseñan el ca- 
mino de la virtud y el modo de desarraigar los vicios; á la vía con- 
templativa, los libros de mística propiamente dicha, que tratan de la 
unión del alma con Dios. En la oratoria sagrada fueron, antes de 
esta época, famosísimos el beato Avila, Apóstol de Andalucía, y fray 
Luis de Granada en la Guía de pecadores y en los sermones que pre- 
dicó; y en esta época, Juan de Tolosa, Lorenzo de Zamora, Juan de 
Pineda, Antonio Alvarez, Pedro de Oña, Diego de Vega, Juan de 
Torres. Alonso de Cabrera, Luis de Rebolledo, Diego Murillo. En 
la ascética, Rodrigo Solís, Pedro de Rivadeneira, Francisco Arias, 
Malón de Chaide, Roa, Fonseca, Cannos, Huélamo. En la mística, 
Santa Teresa. San Juan de la Cruz, Gracián y Juan de los An- 
geles. Fray Luis de León fué eminente escritor de mística en el Cantar 
de los Cantares; como de ascética puede considerarse el Libro de Job, 
La Perfecta Casada; como orador, en sus sermones. Los Nombres de 
Cristo tienen de las tres cosas. En sus tres clases dichas los escritores 
espirituales toman la doctrina de la Sagrada Escritura y de sus co- 
mentadores los santos Padres, pues en la palabra de Dios se halla 
cuanto se ha de enseñar y con lo que se ha de despertar la devoción 
y alentar á seguir por el camino de la perfección. A la exégesis en 
romance se ciñen, por consiguiente, los libros espirituales. La manera 
más popular y común es la de los sermones. Suelen ser de adviento, 
de cuaresma y de los demás tiempos eclesiásticos, declarando los 
Evangelios que se leen en la misa, diputados para cada día. Hay ade- 
más sermones de las fiestas de Cristo, de María y de los Santos, 
que son los panegíricos. Finalmente, las oraciones fúnebres. El es- 
tilo de esta oratoria sagrada en España, hasta muy entrado el si- 



S. XVI. LA MÍSTICA Y LA ELOCUENCIA SAGRADA 1 5 

glo xviii, en que se imitó á los franceses, es el mismo que los santos 
Padres tuvieron y los griegos llamaron homilías, que no es otro 
que declarar pasajes de la Escritura, sacando de ellos doctrina y ra- 
zones persuasivas del bien, haciendo la aplicación á la vida y costum- 
bres. Los textos se declaran por otros textos de la Escritura, de los 
santos Padres y Doctores, por la filosofía y por los dichos y aun mi- 
tología moralizada de los escritores paganos. El reducir todo el sermón 
á una proposición, probarla y deshacer los argumentos, acabando con 
una peroración, no fué uso de la oratoria sagrada española, sino de 
la profana grecolatina, civil y política, en la que se trataba de per- 
suadir una ley ó defender ó acusar á un reo. Los franceses, en la 
época de su seudoclasicismo, siguieron esta manera de oratoria en el 
pulpito por imitar á los paganos, en vez de seguir el hilo de la tradi- 
ción eclesiástica. Como todo fiel cristiano lo que menos necesita es 
que le persuadan una proposición católica, pues cree á pie juntillas en 
ella, sino que lo que desea es se le enseñe y aclare la verdad y doctrina 
revelada y se le mueva á practicar el bien, toda la oratoria francesa 
cae por su base y sólo sirve para que el orador se luzca poniendo en 
práctica la antigua retórica. La oratoria española en el género dicho 
<ie homilía fué admirable desde el reinado de Felipe II hasta llegar 
al de Felipe IV. Desde que el gongorismo hizo riza en ella em- 
pezó á decaer, aunque siempre durante todo el siglo xvii, hállan- 
se autores dignos de leerse. La erudición escrituraria era en ellos 
portentosa; la lectura que mostraban tener de los Santos Padres y 
de las letras paganas no le iba en zaga. Pero lo más de admirar es la 
manera que tenían, realista y hasta dramática, de pintar las escenas, 
hacer dialogar á los personajes bíblicos y el modo de aplicar la doc- 
trina á las costumbres, no menos dramático y realista. Para ello echa- 
ban mano de toda la riqueza del habla popular, con lo que levantaron 
y ensancharon el lenguaje literario mucho más que los autores pro- 
fanos, que hasta entonces tiraban más á lo pagano que á lo nacional. 
Hay otra segunda clase de libros espirituales, que tocan todavía á la 
oratoria sagrada, y es la de puntos ó consideraciones para sermones 
que no se pronunciaban en el pulpito y eran como materiales para ellos, 
y así de ellos apenas se diferenciaban. Otra tercera es la de los ex- 
positores de libros ó textos de la Escritura, que seguían el hilo de 
toda la sagrada narración en tratados. Apenas hay libro de la Biblia 
que de esta manera no tenga varios comentarios, algunos con mayores 
ó menores aplicaciones á las costumbres, otros sin ellas. La cuarta es 
la de los tratados espirituales, que propiamente son de ascética, sobre 
los vicios y virtudes, sobre el camino espiritual en los primeros pasos 
de la vía iluminativa. Los tratados de la vía contemplativa constituyen 
la mística propiamente dicha, en la cual entran las revelaciones y 
favores sobrenaturales y la doctrina del amor divino y de la divina 
unión. La ascética sólo difiere de los libros antes dichos en el asunto 
particular de que trata y la división del tratado por libros y capítulos; 



l6 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

en lo demás es la misma aplicación de la Escritura y Santos Padres 
para declararlo y desmenuzarlo, sea una virtud, un vicio, una práctica 
piadosa. Queda todavía la agiografía ó vidas de Santos y varones 
ilustres en virtud, que eran libros espirituales en los cuales, más que 
á la verdad históricaj se atendía á la edificación de los piadosos lec- 
tores, convirtiéndose en verdaderos panegíricos, proponiendo á los 
Santos como dechados á quienes imitar. En este linaje de libros sobre- 
salieron en esta época Fuenmayor, Roa y Rivadeneira. Teología mís- 
tica es aquella ciencia misteriosa que Dios infunde de sus cosas al alma 
sin poner ella entonces nada de su parte; pero habiéndose para estos 
sobrenaturales favores con el ejercicio de sus facultades, intelectiva 
y afectiva, y con el de las virtudes, con el desprendimiento de las 
cosas del mundo y de su propia voluntad y querer, con lo que llaman 
vida interior y negación de sí. Escribe San Juan de la Cruz : 

"Y si lo queréis oír, 
Consiste esta suma ciencia 
En un subido sentir 
De la divinal Esencia. 
Es obra de su clemencia 
Hacer quedar no entendiendo, 
Toda ciencia trascendiendo." 

Y en la Noche oscura: "contemplación infusa ó mística-teología,- 
fcn que de secreto enseña Dios al alma y le instruye en perfección de 
aimor, sin ella hacer nada más que atender amorosamente á Dios, oírle 
y recibir su luz, sin entender cómo es esta contemplación infusa". San 
Buenaventura y la mayor parte de los franciscanos, entre ellos fray 
Juan de los Angeles, tienen que esta ciencia es puramente afectiva 
de amor, sin tener parte en ella el discurso ni la meditación. Dionisio 
el Cartujano y otros, mayormente los dominicos, suponen, por el 
contrario, que sólo consiste en el ejercicio de la inteligencia. Fray 
Miguel de la Fuente, carmelita, en su Libro de las tres vidas del hom- 
bre, corporal, racional y espiritual, y los demás de su Orden, creen que 
esta ciencia armoniza entrambas cosas, que es acto de las dos po- 
tencias, inteligencia y afecto, "porque en lo místico, siempre andan 
juntos conocimiento y amor". Así la mística española consiste, para 
la mayoría de los autores, en esta tercera opinión y en la descripción 
que de dicha ciencia hemos dado. Los autores de la Compañía se di- 
ferencian, conforme á la doctrina de los Ejercicios, de San Ignacio, 
en que pretenden ordenar y jieglamentar el método de la meditación 
y contemplación, como no lo habían hecho fray Luis de Granada, 
Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Estos dos últimos son los que 
más clara y prácticamente declaran los caminos de la vida mística y, 
sobre todo, los que más honda y subidamente penetran en la oración 
de unión, en que el alma sale de si y sin nada poner de su parte 
recibe de Dios la ciencia infusa y sobrenatural. Los predecesores de 



S. XVI. LA mística Y LA ELOCUENCIA SAGRADA I 7 

la mística española fueron, en Italia, San Francisco y Dante. Gia- 
comino da Verona y el beato Jacopone da Todi; en Francia, San 
Buenaventura; en Alemania, los conocidos místicos alemanes; en Es- 
paña, Raimun-do Lull, y, antiguamente, los Santos Padres, sobre todo 
San Dionisio el Areopagita, ó el autor sirio del siglo v, que, atribu- 
yéndoselas, escribió De mystica theologia, De divinis nominibus, De 
coelesti hierarchia, De ecclesiastica hierarchia, obras en que hay mu- 
cho de neoplatonismo y algo que tira á panteísmo. No hay documento 
respecto á ellas anterior al año 532; pero en el siglo vii católicos y 
herejes hacen de ellas uso: San Gregorio Magno, Adriano I, Nicolás T, 
San Máximo, confesor, que en su Mistagogia las llama divinas; Alberto 
Magno, Santo Tomás, Dionisio Cartujano, San Buenaventura, Eckart, 
Juan de Salisbury, Gilberto de la Porree, Escoto Erígena. El espí- 
ritu cristiano padeció en el siglo xvi los embates de otros dos, que 
tiraban á corromperlo. Uno el del helenismo ó renacimiento, otro el 
del racionalismo ó protestantismo. El espíritu helénico iba contra el es- 
piritualismo cristiano, pretendiendo que los cristianos se ciñesen á la 
vida mundana, á la alegría del vivir, al arte y aun á la filosofía pla- 
tónica del dios abstracto y no personal, vencido había siglos por el 
Dios personal cristiano, así como el materialismo del vivir había sido 
vencido por la inmortalidad del espíritu, que vivía en el cuerpo 
como en corto viaje antes de llegar á la verdadera vida. El espíritu 
racionalista volvía al individualismo antiguo, partiendo en dos al 
hombre al considerarlo religiosamente como un individuo que se forma 
á sí propio cada cual su religión, matando la religión social, como si 
el hombre no debiera ser sociahnente religioso, obedeciendo á la 
Iglesia ó reino de Dios, fundado por Jesús. El espíritu español, maci- 
zamente cristiano, resistió, apiñándose más y más á la Iglesia y espiri- 
tualizando más y más el arte y todas las manifestaciones de la vida. 
El misticismo español ni se evaporó en la pura abstracción del hele- 
nismo del Areopagita, como el misticismo alemán de los siglos xiii 
y XIV, en el que se empolló el racionalismo, ni se individualizó, apar- 
tándose de la comunidad de los fieles y de la Iglesia. El místico es- 
pañol es miembro de la Iglesia; somete todos sus actos á las decisiones 
eclesiásticas y es ascético, trabaja por unirse al Dios personal me- 
diante las buenas obras y el desasimiento de todas las cosas y de sí 
propio. Ni se aparta de los demás ni se reduce á puras abstracciones. 
Su contemplación va mezclada con la actividad, su apartamiento de 
los demás es para unirse más con ellos en el seno del Padre de todos 
y en las obras manuales de caridad. Apurando las doctrinas de 
brahmanes, budistas, neoplatónicos, gnósticos, alumbrados del si- 
glo XVI y quietistas del xvii, y dejados aparte el tecnicismo y pa- 
labrería, el misterio con que se envolvieron á los profanos y la di- 
versidad de caminos que tomaron, según las épocas y escuelas, todas 
estas gentes místicas é iniciadas venían á reducir la perfección del 
hombre á que por medio de la pura contemplación de la esencia divina 



IÍ> ÉPOCA DE FELIE'i: II (s. XV l) 

se abisme eu ella el alma íiasta perder su propia conciencia é indi- 
vidualidad, hasta aniquilarse y divinizarse, hasta desaparecer como 
individuo y revelarse como siendo parte del D'ios único que forma 
con sus manifestaciones el universo. De aquí que siempre vinieran 
á parar en metafísica al panteísmo; en moral, al menosprecio de la 
actividad propia y al ningún valer de las obras; y en los medios 
prácticos, al empeñarse en la intuición directa de lo absoluto, por 
vista de ojos. El nirvana es esa aniquilación individual de los budistas. 
Endiosado así él hombre, hecho puro, como todo es puro para los 
puros, queda irresponsable de cuanto hace; mejor dicho, cuanto hace 
es santo y bueno; no hay obras buenas que hacer para ser bueno, 
porque el que es bueno no puede hacer cosa mala. De aquí los 
disparates, porquerías y hasta crímenes que se cometían en los 
conciliábulos de las sectas de este jaez. Los protestantes, sin más 
contemplaciones, de un salto traspusiéronse al mismo impecable 
lugar por medio de la doctrina de la justificación que creían se obraba 
por solos los méritos de Cristo, por la fe en El, sin la eficacia de 
las buenas obras. Credc et pecca fortiter, les gritaba Lutero: sé pe- 
cador y peca reciamente, porque tu naturaleza es el pecado, y todas 
tus obras, por buenas que te parezcan, no son más que pecado; pero 
ten fe en los méritos de Cristo, que solos ellos te salvarán. Por nin- 
guna trabazón que parezca haber entre el protestantismo y el misti- 
cismo, antes declarado, ello es que en los países protestantes, cuantos 
discurren y piensan han parado en panteístas, tan en panteístas como 
aquellos místicos, alumbrados, gnósticos y budistas de antaño, y la 
filosofía alemana anda volteando en torno de lo absoluto y es panteísta 
de píes á cabeza. El caso es que las obras no valgan para maldita de 
Dios la cosa y el hombre pueda pecar reciamente, porque no valiendo 
un pitoche cuanto él haga, y siendo puro y divino como parte del 
pan ó todo, cuanto obre será bueno y perfecto. Los antiguos místicos 
alemanes, más ó menos sospechosos de panteísmo y quietismo, dícese 
que empollaron el protestantismo. Lutero y los suyos los pusieron en 
las nubes y los miraron como á predecesores y maestros suyos, como á 
"testes veritatis". Amalgamando sus doctrinas, las de Melanchton y 
las de su propio pesquis, se levantó Juan de Valdés, el más notable 
de nuestros alumbrados, á defender, en las Consideracioties divinas, 
no sólo el quietismo, sino la doctrina, enteramente molinosista en 
profecía, de que "con satisfacer el apetitQ se mortifican mejor los 
afectos", canonización del "pecca fortiter'\ En España se habían 
leído mucho los místicos alemanes Tauler, Suso, Ruysbroeck, Henrique 
Herph y Dionisio Cartujano, por el cual, é indirectamente, vino á 
influir el maestro Eckart, principal fautor del quietismo y panteísmo 
entre estos alemanes. No puede dudarse de que ellos influyeron en los 
iluminados ó alumbrados que se levantaron en España. Por eso obró 
sabiamente el inquisidor don Fernando de Valdés al prohibir en su 
índice el Espejo de perfección, llamado por otro nombre Theologia 



S. XM. LA mística Y LA ELOCUENXIA SAGRADA 1 9 

mystica, de Henrique Herpio; el De los cuatro postrimeros tran- 
ces, de Dionisio Ridhel; las Instituciones, de Taulero, todos los cuales 
corrían en castellano y se leían tanto, que hasta nuestros místicos les 
tomaron pensamientos y frases, y en el Catecismo de Carranza lo echó 
bien de ver Melchor Cano. Eckart había sido condenado en Roma, y en 
Tauler y Suso, con ser varones piadosísimos, se notaban pasajes sospe- 
chosos. La Inquisición española acabó con la lectura peligrosa de estos 
místicos, acabó con los alumbrados, que en la primera mitad del si- 
glo XVI revolvieron algunas poblaciones y comarcas de España, y hasta 
dio no poco que hacer á los santos varones que escribieron de mística y 
ascética, como decimos al tratar de cada uno, aunque jamás los persi- 
guió, saliendo de todo ello nuestra mística tan otra de la de aquellos 
ilusos y tan apartada de la alemana, neopitagórica é indiana, como lo 
está el catolicismo de las demás religiones y sectas. Nuestra mística fué 
puramente católica, y el catolicismo se distingue por quedar en el fiel 
y justo medio entre los extremos de las extravagancias y delirios 
adonde se han inclinado y despeñado todas las demás religiones y 
filosofías. Por el creacionismo pone nuestra religión á Dios como 
cosa enteramente aparte y fuera del universo, obra de sus manos, y 
ni levanta al hombre hasta hacerle como parte de Dios ó como en- 
diosado en ningún momento, ni le rebaja hasta convertirle en pecado. 
Levantado por la divina gracia en el Paraíso y caído por el pecado de 
Adán, quedó en su propia naturaleza, redimible por Cristo. La gracia 
y méritos de Cristo le salvan, pero concurriendo él con sus buenas 
obras: "Qui creavit te sine te, non salvabit te sine te", dijo San 
Agustín. San Juan de la Cruz, en el Monte Carmelo, dice que "la vida 
espiritual perfecta es posesión de Dios por unión de amor"; pero, 
como añade en los Avisos: "Porque las virtudes teologales tienen por 
oficio apartar al alma de todo lo que es menos de Dios, lo tienen con- 
siguientemente de juntarla con Dios. Sin caminar de veras por el ejer- 
cicio de estas tres virtudes es imposible llegar á la perfección de amor 
con Dios." Luego desmenuza este ejercicio, que consiste en apartarse 
de todo, mortificando los propios apetitos y obrando conforme á virtud. 
Cuanto á los favores espirituales, ni son permanentes ni "de asiento", 
sino por "vía de paso", y, lejos de revelar Dios su esencia cara á cara, 
"da claraimente á entender y sentir... que no se puede entender ni 
sentir del todo". A cada paso advierte que en estos favores no debe 
poner el alma su fin, sino sólo en Dios, pues ellos son cosa creada y 
nada que sea creado puede ser fin del hombre. "Cualquier alma de 
por aJhí, con cuatro maravedises de consideración, si sienten algún 
recogimiento, luego lo bautizan todo por de Dios, y... ellas mismas se 
lo dican y ellas mismas se lo responden, con la gana que tienen de 
ello." Llega á decir que "el alma que pretende revelaciones peca, ve- 
nialmente por lo menos... y va disminuyendo en la perfección de re- 
girse por la fe, y abre la puerta para que el demonio le engañe". Lejos 
está todo esto de la doctrina de los alumbrados y de los quietistas. 



20 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

que nada querían con la esperanza ni con el obrar, sino con el dejarse 
y abandonarse en la contemplación al saboreo de los gustos espiritua- 
les. Nadie como San Juan de la Cruz expresó las delicias de este aban- 
dono en los dulces brazos del Amado, en que "siente el alma la respira- 
ción de Dios" : 

"Quédeme y olvidéme, 
el rostro recliné sobre el Amado : 
cesó todo y déjeme, 
dejando mi cuidado 
entre las azucenas olvidado." 

Pero, además de las vías purgativa é iluminativa, que se han de 
pasar antes de llegar aquí, en el mismo arrobo conserva el alma su 
individualidad y se reconoce sustancialmente distinta y diferente de 
Dios y no se aniquila, sino que ejerce su libertad en el mismo acto de 
entregarse : 

"Apaga mis enojos, 
pues que ninguno basta á deshacellos, 
y véante mis ojos, 
pues eres lumbre dellos 
y sólo para Ti quiero tenellos. 

Descubre tu presencia 
y máteme tu vista y hermosura..." 

Y en el comentario dice que lo que pide es ser desatado de los lazos 
de la carne, "pues en ella no puede verse ni gozarse la divina esencia 
como él desea", y que en esta vida sólo comunica Dios "ciertos visos 
entreoscuros de su divina hermosura, que hacen codiciar y desfallecer 
al alma en el deseo de aquello que siente encubierto". ¡ Pues Santa 
Teresa! ¿Hay mística ¡más práctica? Habla de la oración "de recogi- 
miento" y "de quietud" ; pero buen cuidado tiene de advertir que en- 
tonces ha de guardarse más el alma de ofender á Dios y esté aperci- 
bida contra la tentación; porque "si á un niño que comienza á mamar 
se le aparta de los pechos de su madre, ¿qué se puede esperar de él 
sino la muerte?" ¡Qué burla más donosa de los falsos devotos, que 
"como sienten algún contento interior y caimiento en lo exterior y 
flaqueza... déjanse embebecer, y mientras más se dejan, se embebecen 
más, y les parece arrobamiento... y llamóle yo abobamiento, que no 
es otra cosa más de estar perdiendo tiempo allí y gastando su salud" ! 
"Amor de Dios y del prójimo es en lo que hemos de trabajar: guar- 
dándolas con perfección hacemos su voluntad, y ansí estaremos unidos 
con El... La más cierta señal que á mi parecer hay... es guardar bien el 
amor del prójimo... Y estad ciertas que, mientras más en éste os 
viéredes aprovechadas, más lo estáis en el amor de Dios." "Cuando yo 
veo almas muy diligentes á la oración... y muy encapuzadas cuando están 



S. XVI. LA mística Y LA ELOCUENCIA SAGRADA 21 

en ella, que parece no se osan bullir ni menear el pensamiento, porque 
no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido, (háceme 
ver cuan poco entienden del camino por donde se alcanza la unión... 
Que no, hermanas, no: obras quiere el Señor: que si ves una enferma 
á quien puedes dar un alivio, no se te dé nada de perder esa devoción, 
y te compadezcas de ella; si tiene algún dolor, te duela á ti... Esta 
es la verdadera nniónj' "Y este es el misticismo español — exclama 
aquí M. Pelayo — ; no enfermizo ni egoísta é inerte, sino viril y enérgico 
y robusto, hasta en la pluma de las mujeres. Nadie ha descrito como 
Santa Teresa la unión de Dios con el centro del alma; nadie la ha 
declarado con tan graciosas comparaciones, ya de las dos velas de cera 
que juntan su luz, ya del agua del cielo que viene á enchir el cauce 
de un arroyo. Pero esta unión no trae consigo el aniquilamiento ni el 
Nirwana; el alma reconoce y afirma su personalidad, y fortificada "con 
"el vino de la bodega del Esposo", vuelve á la caridad activa y á las 
obras" {Hetcrod., t. II, pág, 585). M. Pelayo, Pees, míst.: ''Ensalcen 
otK)s la Edad Media: cada cual tiene sus devociones. Para España, la 
edad dichosa y el siglo feliz fué aquel en que el entusiasmo religioso 
y la inspiración casi divina de los cantores se aunó con la exquisita 
pureza de la forma, traída en sus alas por los vientos de Italia y de 
Grecia. Siglo en que la mística castellana, silenciosa ó balbuciente 
hasta aquella hora, rotas las prisiones en que la encerraba la asidua 
lectura de los Tauleros y Ruysbroeck de Alemania, y ahogando con 
poderosos brazos la mal nacida planta de los alumbrados, dio gallarda 
muestra de sí, libre é inmune de todo resabio de quietud y de panteís- 
mo, y corrió como generosa vena por los campos de la lengua y del 
arte, fecundando la abrasadora elocuencia del Apóstol de Andalucía, 
el severo y ascético decir de San Pedro de Alcántara, la regalada 
ftlosofía de amor de fray Juan de los Angeles; la robusta elocuencia del 
venerable Granada, toda calor y afectos, que arrancan lumbre del alma 
más dura y empedernida; el pródigo y mal represado lujo de estilo 
de Malón de Chaide; la serena luz platónica que se difunde por los 
Nombres de Cristo, de fray Luis de León, y la alta doctrina del co- 
nocimiento propio y de la unión de Dios con el centro del alma, ex- 
puesta en las Moradas teresianas como en plática familiar de vieja 
castellana junto al fuego. ¿Quién ha declarado la unión extática con 
tan graciosas comparaciones como Santa Teresa, ya de las dos velas 
que juntan su luz, ya del agua del cielo que viene á henchir el cauce 
de un arroyo? ¿Y qué diremos de aquella portentosa representación 
suya en la esencia divina, "como un claro diamante muy mejor que 
"todo el mundo", ó como un espejo en que por subida manera, y "con 
"espantosa claridad", se ven juntas todas las cosas, sin que haya nin- 
guna que salga fuera de su grandeza? Ni Malebranche ni Leibnitz 
imaginaron nunca más soberana ontología. No hubo abstracción tan 
sutil ni concepto tan encumbrado que se resistiese al romance de nuestro 
vulgo: sépanlo los que hoy, á título de filosofía, le destrozan y maltra- 



22 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

tan. Esa lengua bastó para contener y difundir el pensamiento de 
Platón y del Areopagita, en cauce no menos amplio que el de la len- 
gua griega, y ciertamente que no halló pobre ni estrecha la nuestra (y 
valga un ejemplo por todos) el fraile que supo decir (en el libro I de los 
Nombres) que "las cosas, demás del ser real que tienen en sí, tienen otro 
"aún más delicado, y que en cierta manera nace de él, consistiendo la 
•'perfección en que cada uno de nosotros sea un mundo perfecto, para 
"que de esta manera, estando todos en mí y yo en todos los otros, y 
"teniendo yo su ser de todos ellos, y todos y cada uno dellos teniendo 
"•el ser mío, se abrace y eslabone toda aquesta máquina del universo, 
"y se reduzca á unidad la muchedumbre de sus diferencias, y quedando 
"no mezcladas se mezclen, y permaneciendo muchas no lo sean, y ex- 
"tendiéndose y como desplegándose delante los ojos la variedad y 
"diversidad, venza y reine y ponga su silla la unidad sobre todo". El 
filósofo que en nuestros días tuviera que explicar esta gallarda con- 
cepción armónica, diría probablemente que "lo objetivo y lo subjetivo 
"se daban congrua, y homogéneamente, dentro y debajo de la unidad, 
"y en virtud de ella, en íntima unión de Todeidad" ; y se quedaría tan 
satisfecho con esta bárbara algarabía, so pretexto de que los viejos 
moldes de la lengua no bastaban para su altivo y alemanisco pensa- 
miento. Gala y carácter de este misticismo español es lo delicado y 
agudo del análisis psicológico, en que, ciertamente, se adelantaron los 
nuestros á los místicos del Norte, y esto, á mi ver, hasta por tenden- 
cias de raza y condiciones del genio nacional, visibles en la historia 
de nuestra ciencia. A nadie asombre el que Santa Teresa diera por 
firmísimo fundamento de sus Moradas la observación interior, sin salir 
de ella mientras no sale de la ronda del castillo. Toda la filosofía 
española del siglo xvi^ sobre todo la no escolástica é independíente, 
está marcada con el sello del psicologismo, desde que Luis Vives, en 
su tratado De anima ei vita, anticipándose á cartesianos y escoceses, 
volvió por los fueros de la silenciosa experiencia de cada cual dentro 
de sí mismo {tacita cognitio... experientia cujuslibet intra seinipsum), 
de la introspección ó reflexión {nam in se ipsam reflexa), hasta que 
Gómez Pereira redujo á menudo polvo las especies inteligibles y la 
hipótesis de la representación en el conocimiento, levantando sobre 
sus ruinas el edificio que Hamilton ha llamado realismo natural. La 
importancia dada al conocimiento de sí propio, la enérgica afirmación 
de la personalidad humana, aun en el acto de la posesión y del éxtasis, 
salva del panteísmo, no sólo á nuestros doctores ortodoxos, sino al 
mismo hereje Miguel de Molinos, en cuyo budismo nihilista, el alma, 
muerta para toda actividad y eficacia, retirada en la parte superior, 
en el ápice de sí misma, abismándose en la nada, como en su centro, 
espera el aliento de Dios, pero reconociéndose sustancialmente dis- 
tinta de él. A diferencia de otros misticismos egoístas, inertes y enfer- 
mizos, el nuestro, nacido enfrente y en oposición á la Reforma lute- 
rana, se calienta en el horno de la caridad, y proclama la eficacia y 



S. XVI. NACIONALIZACIÓN DEL LENGUAJE LITERARIO 23 

valor de las obras. No exclama Santa Teresa, como la discreta Victoria 
Colorína, catequizada en mal hora por Juan de Valdés: 

Cieco e'l nostro voler, vane son l'opre, 
Cadono al primo vol le mortal phime, 

sino que escribe en la Morada V: "No, hermanas, no; obras quiere el 
''Señor... y esta es la verdadera unión... Y estad ciertas que, mientras 
"más en el amor del prójimo os viéredes aprovechadas, más lo esta- 
"réis en el amor de Dios." Por eso Santa Teresa no separa nunca á 
Marta de María ni la vida activa de la contemplativa. Todos nuestros 
grandes místicos son poetas, aun escribiendo en prosa, y lo es más que 
todos Santa Teresa en la traza y disposición de su Castillo Interior. 
Consúltense: M. Pelayo, Hist. de las ideas estéticas, t. III, y De la 
poesía mística; Paul Rousselot, Les mystiques espagnols, 1867; Blanca 
de los Ríos, De la mística y de la novela contemporánea, Madrid, 1909 ; 
fray Marcelino Gutiérrez, El misticismo ortodoxo en sus relaciones 
con la filosofía, Valladolid, 1896. 

4. Resfriada algún tanto la demasía del hervor clásico 
é italiano, merced á la pujanza del alma nacional, los escritores 
de esta época prestan más atentamente oídos al habla del pue- 
blo, caen en la cuenta de que nuestro romance es lengua tan 
hermosa y acabada como el latín y que en no pocas cosas le 
gana y sobrepuja. Echan, pues, mano del vocabulario vulgar 
y creen ennoblecer sus escritos con él, enriqueciéndolos de he- 
cho y dándoles un brío y un color hasta entonces desconocidos. 
Los que más se señalaron en esta parte fueron los escriturarios 
romancistas, esto es, los que trataron de declarar al pueblo 
pasajes y dichos de la Escritura, ya comentándola en tratados, 
como fray Luis de León, ya glosándolos conforme al género 
oratorio de la homilía de los Santos Padres, por escrito ó desde 
el pulpito, en tratados ó en sermones, en suma, todos los escrito- 
res de libros espirituales. Como tenían empeño en buscar la 
propiedad de las voces, que hinchesen la preñez de contenido 
que encierran las hebraicas, hallaron que en el habla común, 
harto menospreciada hasta entonces, había vocablos de tanta 
fuerza y color como los que pretendían traducir. Vieron, ade- 
más, .que el romance se vale, para expresar los conceptos, de 
frases, ó sea un conjunto de dos ó más palabras que dicen por 
rodeo lo que no se puede decir en una sola y que en esta parte 
el castellano sobraba al mismo hebreo por la riqueza de la 



24 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

fraseología vulgar y el derroche de metáforas que en ella se 
encerraba. Entraron, pues, á saco en el habla común del pue- 
blo, y no parece sino que todos estos comentadores rifan á mía 
sobre tuya por traer á sus escritos nuevas y nuevas maneras 
de decir. Los místicos y ascéticos, por otro cabo, ahondan en 
las pasiones del alma y en la conciencia, desmenuzan pensa- 
mientos y afectos, adelgazan y sutilizan, buscando para ello 
matices en el decir, vocablos propios y expresivos que respon- 
dan á este estudio psicolcigico, que hoy dicen. De esta manera 
los libros espirituales contribuyen más que ningunos otros á 
nacionalizar el castellano literario, á enriquecerlo y ensanchar- 
lo, á matizarlo y doblegarlo para la expresión de los concep- 
tos más hondos y levantados. Jamás el romance llegó á la gran- 
deza y hermosura, al brío y color, á lo castizo y popular, como 
en esta época, porque nunca el pensar y sentir ahondó y se 
levantó en España como entre los místicos y escritores reli- 
giosos. 

5. León, Nonibr. de Cr.. introd.: ''Pretendió (Dios) que el uso 
de ellas (de las Escrituras) fuese común á todos, y así cuanto es de 
su parte, lo hizo: porque las compuso con palabras llanísimas y en 
lengua que era vulgar á aquellos á quien las dio primero." Da luego 
á entender que, prohibida su lectura, por los inconvenientes que se 
veían entre los luteranos, que cada cual, por ignorante que fuese, pre- 
tendía comentar dichos tan oscuros, como de lengua tan antigua que 
es la hebrea, los maestros que la saben y saben de teología, deben 
exponerla al pueblo con toda la claridad posible. Este fué el motivo 
de nuestros grandes escriturarios romancistas. Además las gentes se 
daban á leer los libros medio paganos que trajo el Renacimiento y 
los de Caballerías y feos amoríos. "De estos libros perdidos y des- 
concertados y de su lección nace gran parte de los reveses y perdi- 
ción que se descubren continuamente en nuestras costumbres, y de 
un sabor de gentilidad y de infidelidad, que..." "En este tiempo es ansí 
necesario, que, á mi juicio, todos los buenos ingenios, en que puso 
Dios partes y facultad para semejante negocio, tienen obligación á 
ocuparse en él, componiendo en nuestra lengua, para el uso común de 
todos, algunas cosas, que, ó como nacidas de las sagradas letras, ó 
como allegadas y conformes á ellas, suplan por ellas cuanto es posible, 
con el común menester de los hombres; y juntamente les quiten de 
las manos, sucediendo en su lugar de ellos, los libros dañosos y de 
vanidad." En una cárcel compuso fray Luis aquella obra maravillosa 
de Los Nombres de Cristo, así como en otra cárcel escribieron las 
suyas el Arcipreste de Hita y Cervantes. "Aunque son muchos los tra- 



S. XVI. XACIOXALIZACIOX DEL LENGUAJE LITERARIO 2D 

bajos que me tienen cercado; pero el favor largo del Cielo que Dios, 
Padre verdadero de los agraviados, sin merecerlo, me da, y el testi- 
monio de la conciencia, en medio de todos ellos, han serenado mi áni- 
ma con tanta paz, que no sólo en la enmienda de mis costumbres, sino 
también en el negocio y conocimiento de la verdad, veo agora y puedo 
hacer lo que antes no hacía. Y hame convertido este trabajo el Señor en 
mi luz y salud.-' A este llamamiento á los ingenios españoles que por 
su saber teológico pudiesen declarar la Biblia, respondieron tantos 
y tan sabios, que no hay rincón alguno de las Sagradas Escrituras que 
no aclarasen, ni dicho que no desmenuzasen, ni palabra ó frase he- 
braica que no vertiesen en castellano. El minero de frases, los escri- 
tores sagrados lo descubrieron. Puede ponerse como norma que el 
casticismo de un autor pende de su mayor ó menor fraseología, puesto 
que nuestro romance por ella se señala y distingue más que por ninguna 
otra cualidad. A centenares corren las frases que se forman con la 
palabra mano, como cargar la mano por reconvenir, probar otra mono 
por insistir, dar de mano por dejar, irse á la mano por reprimir, po- 
ner á una mano por desechar, ioniar la mano por empezar, llegar á 
las manos por reñir, venir á manos por parar, dar una buena mano 
por maltratar, no darse manos por apresurarse, ganar por la mano 
por adelantar, tener mano por mandar, valer, ser manos por efectuar, 
poner la mano en por ejecutar, lavarse las manos, hacer á dos manos 
por disimular, traer entre manos por ocuparse en, pasar del pie á la 
mano, por entrometerse, volver con las manos en la cabeza por desca- 
labrarse ó salirle mal, etc., etc. El secreto del casticismo y de la ele- 
gancia en castellano está aquí, en esto, de que muchos escritores mo- 
dernos no tienen la menor noticia. Abrase cualquier libro de nuestros 
místicos, ascetas y escriturarios y dará el lector de manos á boca con 
frases que á manos llenas le ofrecen aquellos rebuscadores del habla 
popular. Y nótese que en estas frases siempre hay una metáfora pin- 
toresca y realista y á veces de una fuerza que frisa en exageración: 
"Se le salían hilo á hilo las lágrimas de los ojos", "estaba hecha un 
mar de lágrimas", "hechos los ojos dos fv.enfes de lágrimas", "des- 
ahogar la melancolía por los ojos", "el dolor me deshace el alma 
en tierno llanto", "se le sale el corazón desleído por los ojos", 
"toda me deshacía en lágrimas", "verter ríos de lágrimas", frases 
todas de aquellos libros. De este punto de la fraseología y sus 
metáforas, véase Cejador, en Cabos sueltos, Madrid, 1907 (cap. Ex- 
travagancias del lenguaje), y el padre Juan Mir, en Frases de autores 
clásicos españoles, Madrid, 1899. Acerca de los Potentados del cas- 
tellano, esto es, de los escritores más ricos en voces y frases, que en 
su mayor parte fueron los escritores sagrados, véase Cejador, Pasa- 
volantes, Madrid, 1912. Blanca de los Ríos, De la mística y de la no- 
vela contemporánea: "Gloria fué de los ascéticos el haber sacudido 
y despertado el espíritu de raza, el haber regenerado la lengua consa- 
grándola para el Cielo y enriquecídola opulentamente al derramar en 



26 



¿POCA I)¡!: l-ELTPK II (S. XVl) 



ella el celado tesoro de las Sagradas Escrituras ; gloria de los místicos 
el haber incorporado á ella tanto caudal psicológico y el haberla en- 
cendido en el fuego de amor que derretía sus almas, suavizándola con 
]as mieles perfumadas de su dicción dulcísima y levantándola hacia 
Dios sobre ¡as tendidas alas del éxtasis. Más que humano era el celo 
que aquellos grandes maestros, Granada y León, pusieron en acercar 
al oído del pueblo la palabra evangélica, y el ardor con que se esforza- 
ron en acendrar y en ennoblecer nuestro entonces desdeñado romance, 
para hacerlo digno de que en sus vivas aguas corrientes bebiera el 
pueblo las revelaciones de Dios. Hay unas páginas autobiográficas 
del autor de Los nombres de Cristo que hierven en indignación y res- 
plandecen de elocuencia ; contienen la defensa con que el excelso poeta, 
preso en la Inquisición de Valladolid, se exculpa de las más injustas 
y absurdas acusaciones y nos conservan un pasaje tan palpitante de 
vida, que nos da la sensación real de asistir á la lucha que aquel va- 
liente Apóstol de Cristo y de la lengua castellana mantuvo, cuerpo á 
cuerpo, contra la obcecada rutina y la mojigatería espantadiza; es la 
veJliemente respuesta del maestro á cierto testigo, á quien le escan- 
dalizó los sentidos, dice fray Luis, el leer en castellano palabras de 
El Cantar de los cantares que, por lo visto, no entendió en latín: "Y 
"porque oye allí besos, y en Ovidio también besos, juzga que es arte 
"de amores como los de Ovidio..." Y añade este párrafo, en que sen- 
timos revivir, ardiendo en ira justa, al padre de nuestra lírica y re- 
generador de nuestra lengua soberana: "Ansí que á éste el texto le 
"ofende, y yo, ya que lo puse en romance, no pude excusar de ofen- 
"delle, porque no tenía otros vocablos con que romanzar oscula uhe- 
■^ra, árnica mea, formosa mea- y otras cosas así, porque no sé otro 
"romance del que me enseñaron mis amas, que es el que ordinariamente 
"hablamos..." Y en aquel romance, en el que sus amas le enseñaron, 
en el bebido con la leche maternal, puso el gran maestro del casti- 
cismo la sobrehumana poesía de la Biblia, que fué incorporar á nues- 
tras letras un nuevo mundo de inspiración y de hermosura; y en aquel 
mismo romance, en el habla corriente del siglo xvi, iba á derramar 
Teresa de Jesús el raudal de llamas de su alma y el tesoro de luz 
divina que la comunicaba el Amado. Anhelaban nuestros teólogos opo- 
ner al avance triunfal del Renacimiento gentílico un verdadero Re- 
nacimiento cristiano, difundir copiosísimamente la luz de las Sagradas 
Escrituras para atajar con las fuerzas vivas de Cristo la paganización 
de las gentes. Inspirándose en el alto propósito de derramar sobre el 
pueblo los sagrados raudales bíblicos, aquella "riqueza de Dios" que 
ignorancias y soberbias propias y de los que debían enseñarle le qui- 
taban de entre las manos, escribió fray Luis de León su excelso libro 
De los nombres de Cristo, en cuya Introducción advierte que la pon- 
zoña de las malas lecturas trascendía á las costumbres, pegándoles "íot 
'''sabor de gentilidad y de infidelidad... que no sé yo, dice, si en edad 
"alguna del pueblo cristiano se ha sentido mayor...": y al realizar 



S. XVI. NACIONALIZACIÓN DEL LENGUAJE LITERARIO 27 

forzosarnente aquel doble apostolado por Dios y por la belleza, lu- 
cliando por arrojar del mundo intelectual la turba de ficciones mitoló- 
gicas y andantescas, y las malsanas y exóticas delectaciones sensuales 
que estragaban el habla tanto como las costumbres, y debilitaban la 
eficacia creadora del genio nacional, aportando á las letras torrentes 
de verdad y de poesía bíblica, empezó fray Luis á ensanchar los domi- 
nios de la realidad y los horizontes del pensamiento, preparando la 
venida de un arte nuevo y definitivo lleno de alma y de salud. Y no 
se limitó ciertamente la grande obra de los místicos á combatir un 
género de lecturas y á sustituirlo con otro, aunque entre el combatido 
y el implantado mediara el infinito estético que va de los últimos engen- 
dros caballerescos á Los nombres de Cristo; no, la novela andantesca, 
degenerada ya de su ideal, caíase á pedazos de puro falsa y vacía; y 
todas aquellas insulseces bucólicas, erotismos retóricos y sensualis- 
mos pedantes, más ó menos pronto hubiesen pasado; deber era de 
los moralistas y teólogos el combatirlas; pero el ideal de los ascéticos 
volaba mucho más alto, y aquel ideal iba á realizarlo Teresa de Je- 
sús hasta más allá de las propias sublimes aspiraciones de fray Luis 
de León; por eso la obra prodigiosa de los místicos excedió de los 
términos humanos, su influjo penetró todos los senos del alma nacional, 
empapó las raíces de la lengua, mezclóse á las fuentes del casticismo, 
se confundió al concepto de la nacionalidad española, y aun hoy á 
tanta distancia histórica, se ejerce irresistible. Y es que la mística 
es astro que arde con luz propia, y este es el secreto de su inaltera- 
ble y radiosa juventud, que todo en ella es suyo y todo eterno, que 
todo es en ella rutilar de inteligencias y arder de voluntades y fuerzas 
inexhaustas de amor, y vida emanada del propio foco de la vida. Por 
eso, ni aun la excelencia, no igualada del estilo de los místicos, pro- 
cedió de mera coincidencia histórica; claro es que en el limpio raudal 
del habla corriente en aquel siglo de oro vertieron ellos sus ideas; 
pero en él pusieron mucho más de lo que de él tomaron, porque sien- 
do la lengua medio necesario de que habían de valerse aquellos gran- 
des amadores y contempladores para exteriorizar su caudalosa y com- 
pleja vida interior tan en contacto y comunicación con la eterna y 
sobrenatural, forzoso era que para hablar de cosas suprasensibles, 
jamás vistas ni imaginadas, buscasen y crearan, aun sin pretenderlo, 
nuevos, altos y sobrehumanos modos de dicción, que con ser tan pe- 
regrinos, lejos de alterar la clara transparencia del lenguaje, le puri- 
ficaban y encendían, é iniciándole en secretos del a!ma y en misterios 
de la eternidad, acrecentaban sus riquezas y doblaban sus prestigios. 
Porque es infalible que genios, inventores, iluminados ó poetas, cuan- 
tos traen al mundo algo nuevo, útil ó hermoso que decir, á despecho 
de leyes y teorías deducidas á posteriori, por fuerza de instinto ó 
por milagro de inspiración, hallan siempre el modo más justo y bello 
de decirlo. Y los místicos traían ¡muchas y muy altas y trascendentales 
cosas que decir al mundo; y no eran montaña monolítica, ni rodaje 



28 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

mecánico sin alma ni iniciativa ni individualidad propia; eran hom- 
bres del Renacimiento, en cuya época hombre significaba fmiltitud; 
eran una doble legión de espíritus elegidos, sabios humanistas, infla- 
mados en caridad evangélica, ignorantes iluminados con la infusa 
ciencia que no se aprende en los libros ; eran una legión apocalíptica 
que venía á ejercer entre las gentes el divino apostolado del amor; 
los ascéticos traían en sus manos un libro, el libro de los libros que 
encierra la sabiduría de Dios: la Biblia, la más divina en lo divino, 
y en lo humano la más opulentamente realista de todas las epopeyas ; 
los místicos traían en las pálidas manos febriles, su propio corazón 
llameante, el libro en que aprendieron su admirable ciencia de disec- 
ción espiritual ; venían descalzos, humildes, mendicantes, á enseñar 
misericordia á los soberbios y á ofrecer á los sabios un nuevo mundo 
interior lleno de abismos, de misterios, de sorpresas y de revelaciones, 
insondable como el mar, transparente y profundo como los cielos: el 
mundo psicológico." 

Cáceres, Paraphrasis de los Psalmos (1616). Carta prólogo: "Por- 
que reduzir al frasis de la lengua Castellana los Psalmos que escri- 
vió David con tanto espíritu, encerrando en ellos innumerables Sa- 
cramentos y muchos y diferentes sentidos, que la lengua Hebrea, por 
ser de suyo tan mysteriosa y significativa, pudo comprehender, no sé 
yo que sea cossa que pueda hazerse en ninguna otra lengua de las 
que agora conocemos, aunque sea la lengua latina y la Griega, par- 
ticularmente si se les han de dar á los Psalmos (como es justo que se 
haga) los sentidos muchos y varios que los Doctores santos les han dado 
hasta aora... pero reduzirlo todo al phrasis y modo de hablar propio 
de nuestra lengua Castellana por versión paraphrástica, será sin duda 
difficultosíssimo: esto he visto yo claramente en un autor Francés 
muy erudito y graue: que declarando los Psalmos y procurando apro- 
uecharse del phrasis de su lengua para declarar algunos sentidos dif- 
ficultosos, lo haze muy pocas vezes, porque la lengua no lleua más... 
Particularmente estando resuelto yo de no hazer otra declaración, 
que reduzir cada uno destos versos y palabras al phrasis, uno, ó muchos 
que tuuiere la lengua Castellana, sin moralizallo ni estendello á la 
doctrina de pulpito, y quiqá por este camino se vendrá más á conocer 
la gravedad de palabras, el espíritu y énfasi de la significación, las 
m.uchas sentencias, la variedad en los phrasis, y generalmente la abun- 
dancia y riqueza de la lengua Española, que tan infamada nos la traen 
los estranjeros, llamándola estrecha, encogida, faltosa, pobre y men- 
diga de palauras, y que ha menester buscallas de lenguas forasteras." 
La riqueza de frases castizas con que Cáceres vertió y parafraseó los 
Salvias es la mejor manera con que pudo responder á aquellos extran- 
jeros, y, aun ahora, á no pocos de casa, que la tachan de lo mismo, 
por no conoceír sus inagotables tesoros, que nuestros escritores espiri- 
tuales sacaron del uso popular. Acerca de la literatura religiosa, la 
pasión sectaria ha cegado hasta á escritores como Ticknor, el cual 



S. XVI. MUDANZAS FONÉTICAS 29 

dice que la falta de libertad se opuso "al desarrollo de la elocuencia 
sagrada. El catolicismo en España ha conservado el carácter que tuvo 
en los siglos medios mucho más tiempo que en ningún otro país de 
Europa. La Religión ha sido allí un conjunto de misterios, formas y 
penitencias, de manera que rara vez, y nunca con gran éxito, se han 
empleado aquellos medios de mover el entendimiento y el corasón que 
se usaron cu Francia é Inglaterra desde mediados del siglo xvii... en 
los Nombres de Cristo y en lu Perfecta casada, largos discursos decla- 
matorios... primeros ensayos de la elocuencia sagrada en España...'' 
i Según esto, el beato Avila no había en España predicado ! Lo de 
discursos declamatorios prueba que Ticknor leyó á fray Luis por el 
forro. ¡ Lo de misterios, formas y penitencias parece dar á entender 
que la doctrina era libro sellado, que todos acataban sin conocer, ni 
siquiera los infinitos teólogos ni el pueblo, que leía á pasto tratados 
espirituales y oía sermones y entendía los autos sacramentales ! ¡ El 
Renacimiento, según esto, tampoco renovó en nada la literatura reli- 
giosa española! ¡En España no se ocupó nadie en mover el entendi- 
miento y el corazón! ¡Increíble parece se digan tamaños dislates, 
atestadas como están las bibliotecas de sermonarios y tratados espa- 
ñoles de tanta unción y luz como las obras de los Santos Padres y si- 
guiendo el mismo sistema de predicación, que después abandonaron 
los franceses. El mismo Ticknor añade que "estos esfuerzos (de los 
escritores espirituales) dieron, ya que no pureza y primor, al menos 
dignidad y decoro al estilo" ; cuando cabalmente la pureza y el primor 
los llevaron al estilo castellano aquellos escritores. Todavía es más 
garrafal el achacarles lo que sigue: "Aunque, por otra parte, es pre- 
ciso no olvidar que esto mismo perpetuó en la literatura didáctica 
española cierta tendencia á la declamación pomposa y florida, que 
siempre fué uno de sus defectos..." ¡Pone en esta literatura didáctica 
á Granada, León, San Juan de la Cruz, Santa Teresa ! Achacarles á 
ellos y á los demás escritores espirituales esa declamación pomposa 
y florida es dar muestras de no haberlos saludado siquiera. 

6- En la segunda mitad del siglo xvi perdiéronse los antiguos 
sonidos de g (ts) y de z (dz) y en cambio nació otro nuevo para sus- 
tituir á entrambos, esto es, el sonido dentolingual moderno de ce 
ó ze. Perdiéronse igualmente otros dos, el que escrito con x sonaba 
como la ch francesa, y el que escrito con g, j, i, sonaba como la / 
italiana y luego como la / francesa; en cambio nació otro nuevo que 
los sustituyó, esto es, el de la / moderna. Perdióse además la aspira- 
ción, que se escribía con h, / ó // y que todavía se conserva en An- 
dalucía y en bastantes voces entre el pueblo de toda España y América, 
como en juerza por fuerza, fué por fué. En cambio los eruditos fueron 
introduciendo el sonido dentolabial /. Además en Andalucía 5^' en otras 
partes los sonidos de c y 5 se redujeron al de s, y todavía se pronun- 
cian así en aquella región y en América. Todas estas mudanzas co- 



3o ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

niienzan con el sigflo xvr, pues desconócelas enteramente Nebrija 
(1492), y se hicioron poco á poco. Ellas trajeron la consiguiente per- 
turbación €n la ortografía, de modo que esta época y la de Felipe III 
puede llamarse de la anarquía ortográfica. Cada tratadista de orto- 
grafía inventó un sistema, pero ninguno sobrevivió. Puede verse toda 
esta materia en Cejador, Lengua de Cervantes, t. I, Ortología. La 
pronunciación castellana perdió de esta manera la variedad de matices 
y la suavidad, que con los antiguos sonidos todavía se conserva en 
Portugal, Galicia, Asturias, Cataluña y aun en Andalucía, esto es, en 
casi todo el litoral ; y con los nuevos sonidos ", ;', /, nacidos en la 
meseta castellana, hizose bronca y áspera en demasía. Desde que nació 
el romance jamás se había visto una tan extraordinaria mudanza en 
el fonetismo y pronunciación de nuestro idioma como esta que acaeció 
durante el siglo xvi. Si ahora cotejamos la fuerza y hasta aspereza 
de la nueva pronunciación con la antigua de tantos siglos, suave, 
delicada y hasta afeminada, como todavía se oye en Asturias y Ga- 
licia, no podemos menos de atribuir este brío desusado en el articular 
el romance á la nueva manera de ser de los españoles de aquel siglo. 
El habla es la manifestación más clara en que se espeja el espíritu, 
y habiéndose mostrado tan recio y pujante el espíritu español durante 
aquel siglo en todas sus em.presas y manifestaciones, mostróse no 
menos pujante y recio en el habla, prestándole sonidos tan vigorosos 
y quitándole los suaves y muelles que hasta entonces había tenido. 
No hay, para echarlo de ver, más que cotejar la blandura afeminada 
con que hablan los americanos, que conservan en parte el fonetismo 
antiguo, con la aspereza y fuerza varonil con que hablan los españoles. 
Antój ásenos á nosotros realmente afeminado y caído el articular de 
los americanos y hallan ellos el nuestro en de-masía bronco y duro. 

7. A fio 1555. Adrián de Aynsa, zaragozano, publicó Claro y 
luzido espejo de almutacafes ó fieles..., Zaragoza, 1555, 1573, 1577, 
1593, 1595. — ^A lo más tarde en 1555 se imprimió, sin lugar ni fecha, 
la Historia lastimosa y sentida de los dos tiernos amantes Marcilla y 
Segura, naturales de Teruel, por Pedro de Alventosa (Bibl. Blenheim, 
Inglaterra, según Gayangos), en redondillas. — Juan de Ángulo, na- 
tural del Valle de Ángulo, publicó Flor de las solemnes alegrías que 
se hizieron en la imperial ciudad de Toledo, por la conversión del 
reyno de Inglaterra, Toledo, 1555; en redondillas y villancicos, y una 
representación teatral por diez ciegos. — Cancionero de Romances en 
que están recopilados la mayor parte de los Romances Castellanos que 
hasta ahora se han compuesto. Nuevamente corregido, enmendado y 
añadido, Amberes, 1555, 1568. — El doctor Gaspar Cardillo de Vi- 
llalpaíndo (1527-1581), natural de Segovia, sacerdote, asistió al Coa- 
cilio de Trento por el obispo de Avila Mencioza, y habló tres veces; 
canónigo desj^és en Alcalá, eruditísimo en griego y latín y seguidor 
de Aristóteles, publicó Isagogen sive Introductio in Aristotelis dia- 



S. XVI, l555. FRAY PEDRO DE HERMOSILLA 3 1 

lecticam, Alcalá, 1555, 1557, I599- -^'f quinqué voces Porphirii, Alcalá, 
1557, 1566. Summa Surnmularum, Alcalá, 1557, 1571, 1584, 1600, 1615, 
1626, texto único para la dialéctica, por decisión de aquella Uni- 
versidad. Apología Aristotelis, Alcalá, 1557, 1560. In Pracdicamenta 
ct Categorías, Alcalá, 1558. In librum Pcriermcnias, Alcalá, 1558, 1569. 
In Libros de Posteriori resolittionc, Alcalá, 1558. In arist. Tópica, Al- 
calá, 1559, 1569. In Libros de Priori resolutionc, Alcalá, 1561, 1571. 
Concia in Tridentina Synodo de Primatu Petri et Romanae Sedis, teni- 
da el año 1562. Concio de nomine lesu, allí mismo, en 1563. De non in- 
onlgendo Gcrmanis usu Calicis Oratio, allí también. Las tres con otras 
de Trento, Lovaina, 1567; París, 1667. Disputationcs novcm coram 
Patribus habitac, Venecia, 1564, junto con el tratado De Traditionibus 
Ecclesiae. Dispuíationes advcrsus protestationcm XXXIV, Venecia, 
1564. Comnicntaria in Porphyrii Universales, Alcalá, 1566. In Octo 
Libros Physicorum Aristotelis, Alcalá, 1567, 1667. In Libros dúos de 
Generatione et corruptionc, Alcalá, 1568. In Quatuor libros de Coelo, 
Alcalá, 1576. Commentaria praecipuarum rerum, quae in Conciliis 
Toletanis continentur, Alcalá, 1570. Intcrrogationes naturales, morales 
et mathematicae, Alcalá, 1573. El libro de la Doctrina Christiana del 
F. Pedro Canisio, Alcalá, 1576. Declaración del Salmo del Miserere, 
Alcalá, 1576. Catecismo breve para enseñar á los niños, Alcalá, 1580. 
Summa dialecticae, Alcalá, 1588. — Luis Collado, valenciano, publicó 
In Galeni librum de ossibus, Valencia, 1555. Ex Hippocratis et Galeni 
monumentis Isagoge ad faciendam medicinam, ibid., 1561. De Indica- 
tionibus, ibid., 1572. Platica, manuale de artiglcria, Venecia, 1586; 
Milán, 1606, 1641. En castelfkno: Plática manual de artillería, Milán, 
1592. Es la obra con que se enseñó la artillería en Europa. — En los 
primeros años del reinado de Felipe II se debió de formar la colec- 
ción del Libro de chistes, que publicó Paz y Melia en Sales españolas, 
Madrid, 1890, anterior al Sobremesa, de Timoneda. — Nicolás Espi- 
nosa publicó La segunda parte de Orlando, con el verdadero siicesso 
de la famosa batalla de Roncesvalles, fin y muerte de los doze Pares 
de Francia, de Ludovíco Ariosto, Zaragoza, 1555; Amberes, 1556, 1557, 
1558; Alcalá, 1579. Compendio de las historias del reyno de Ñápales, 
de Pandolfo Colenucio, Valencia, 1563. — Pedro de Fuenttdueña 
(1517-1579), segoviano, archidiácono de Alba, publicó In Commenta- 
rium Cypriani Monachi Cisterciensis ad Ps. 38 ct i^Q, Alcalá, 
1555. Oratio ad Patres habita in sacro Concilio Tridentino, Alcalá, 
1564. Condones duae habitae ad eamdcm Synodum anno MDLXII, 
y Tres Orationes Romae ad Pium V, Salamanca, 1569. Apología 
pro sacro et oecumenico Concilio Tridentino, Amberes, 1574. — Fra.v- 
cisco Garrido de Villena, natural de Baeza, publicó Orlando enamo- 
rado, de. Mateo Boyardo, Valencia, 1555; Alcalá, 1577; Toledo, 1581, 
El verdadero suceso de la famosa batalla de Roncesvalles, en 36 cantos, 
Toledo, 1583. El infclicc robo de Elena, Toledo, 1583. — Fray Pedro he 
Hermosilla, franciscano renaceiitista, publicó Logicaliuní Terminorum 



32 ÉPOCA DE FELir-F, II (s. XVl) 

ratio, etc., Sevilla, 1555. In universam dialecticam, ibid., 1555. De for- 
malitatc sive de identitate et distinctione rcrnm, ibid., 1555. — Fray Ci- 
priano DE LA Huerca (t 1560), cisterciense, publicó In Psalmu}u 38, Al- 
calá, 1555. In Pahnum 1^0, ibid., 1555. In Nauní, Lyon, 1561. Isagoge 
íu totam Scripturam, 1561. In Job et Cántica Canticorum, Alcalá, 1582. 
Simbola Mosaica. — Francisco Jover, de Castellón, publicó Sanctiones 
Ecclcsiasticac, París, 1555. — Rodrigo Xuárez, salmantino, publicó Alle- 
gationcs et Consilia xxviii, Medina, 1555. Rcpctitiones sive Lecturae in 
quasdam Lcgcs Fori legum, Salamanca, 1556. Añadiólas Diego Valdés, 
Valladolid, 1590. — Gregorio López de Tovar, de Guadalupe, publicó 
Las siete Partidas del sabio Rey D. Alonso el X nuevamente glosa- 
das, Salamanca, 1555. 1565, 1576; Madrid, 1587, 1595, 1611; Valencia, 
1767, corregidas por José Bcrni y Cátala: Madrid, 1789. Reportorio... 
del Texto y Leyes de las siete Partidas, Madrid, 1588, 1598.— El ba- 
chiller Alonso Martínez de Laguna, de los Cameros, publicó la Suma 
de Doctrina cristiana. Salamanca, 1555. — Fray Alonso de Moli- 
na (í 1584), ó de Escalona, franciscano, publicó Vocabulario en len- 
gua Mexicana y Castellana, Méjico, 1555, 1571- Arte de la lengua Me- 
xicana y Castellana; ibid., 1571. Y otras obras. — Lope de Obregón, 
párroco de Avila, publicó Confutación del Alcorán y Secta Mahome- 
tana sacado de sus proprios libros..., Granada, 1555. — Planto Cómico 
antiguo: El Milite glorioso y los Menechmos, Amberes, 1555. — Tratado 
que se llama Remedio del pecador que se quiere convertir á Dios, 
Zaragoza, 1555, por anónimo franciscano. — Primera parte de las Sen- 
tencias que hasta nuestros tiempos para edificación de buenas costum- 
bres están por diversos autores escritas, Coimbra, 1555. — Luisa 
Sigea (i530?-i56o), de Tarancón, entonces del reino de Toledo, por 
lo que se llamó toledana, pasó su mocedad en Lisboa desde 1542, en el 
palacio de la infanta doña María, hija del rey don Manuel, por ser su 
padre preceptor de don Teodosio, duque de Braganza; casóse en To- 
rres Novas (1555) con Francisco de Cuevas, hidalgo húrgales; fué 
dama de doña María en Valladolid (1556), y él secretario; pero muerta 
doña María (1558), quedó desamparada y en tanta tristeza, que falleció. 
Compuso el bonito poemita descriptivo Cintra y canciones melancó- 
licas. Consúltese Serrano y Sanz, Apuntes para una Biblioteca de es- 
critoras españolas, 1903-5. — M. Felipe de la Torre publicó la Ins- 
titución de un rey christiano, Amberes, 1555. — Útil y breve institución 
para aprender los principios y fundamentos de la lengua Hespañoki, 
Lovaina, 1555. — Bernardo Venegas, toledano, publicó Fórmula de 
orar, Toledo. 1555. — Diego de Vill.\lobos, hijo del famoso médico de 
Carlos V, publicó Concordia Evangelistarum, Valladolid, 1555. — Agus- 
tín DE Zarate, contador de mercedes de S. M., publicó Historia del 
descubrimiento y conquista del Perú. Amberes, 1555; Venecia, 1563; 
Sevilla, 1577. Se tradujo al francés, inglés y alemán. 



S. XVI, 1556. FRAY MIGUEL ALONSO DE CARRANZA 33 

8. Aíw 155Ó. Francisco de la Torre (i534?-i594?) 
nació en Torrelaguna; estudió en Alcalá de Henares por los 
años de 1554 á 1556; se enamoró de la Filis rigurosa^ á quien 
canta; estuvo en Italia y á su vuelta halló casada á su amada 
con un viejo rico, y se metió fraile. Fué poeta de la escuela de 
Garcilaso é imitó y aun tradujo á los italianos; es tierno y 
sentimental, melancólico y sencillo. Sus Obras llevaban la li- 
cencia firmada por Ercilla (•■ 1594); pero no se sabe por qué 
no pudieron publicarse hasta que lo hizo Quevedo en 1631, 
equivocando á este poeta con el bachiller Francisco de la Torre, 
á quien alaba Boscán en la Octava Rima: Obras del Bachiller 
francisco de la Torre. Dalas á la impresión D. Fraticisco de 
Quevedo, Madrid, 1631. 

9- Rectificó el error de Quevedo el portugués Manuel de Faria 
(1590-1644), haciendo notar que Lope de Vega le había conocido. En 
1753 Luis Josef Velázquez reimprimió las obras, atribuyéndoselas al 
propio Quevedo. Críticos Ihubo que pasaron por ello; mas la musa de 
Quevedo es enteramente opuesta á la de Francisco de la Torre. Del 
italiano están traducidos varios sonetos, como advirtió Fitzmaurice 
Kelly. El 23 del libro I es versión de Torquato Taso; los sonetos 4, 5, 
6, 7, 8, 9, 10, II, 12 y 14 del libro 11 son traducciones de Benedetto 
Varchi; los 15 y 23 del libro II, lo son de Giambattista Amalteo. 
En 163 1 publicó Quevedo las Obras del Bachiller Francisco de la 
Torre, Madrid. •Entretenimiento de las Musas, Zaragoza, 1654, Luses 
de la aurora. Valencia, 1665. Reales fiestas, Valencia, 1667 y 1668. 
Símbolos selectos y Parábolas históricas del P. Nic. Cansino, Ma-j 
drid, 1667. En el Abecedario de Colón hay: Francisci de la Torre: 
Comedia Pontifical, en español, Roma, 1525, ¿Es el mismo? Por la 
edad no lo parece. Francisco de la Torre, Obras [facsímile de la pri- 
mera ed. (1631) por Archer M. Huntington], New-York, 1903. Con- 
súltese: A. Fernández Guerra y Orbe, Discursos leídos en las recep- 
ciones públicas que ha celebrado desde 1847 la Real Academia Españo- 
la, Madrid, 1860, t, II, págs, 79-104. 

10- Año 1556. Fray Francisco Gregorio de Arcis, trinitario, 
publicó De Lógica, Alcalá, 1556, In physicam praefationem Aristotelis, 
Valencia, 1562. — Luis Baeza, residente en Paris, publicó Numerandi 
doctrina praeclara methodo expósita, París, 1556. — Fray Francisco 
Barba, trinitario, publicó De la Institución ó fundación de la orden 
de la S. Trinidad, Baeza, 1556. — Cancionero llamado de Uppsala, 54 
canciones, Venecia, 1556; Uppsala, 1909, por Rafael Mitjana. — Fray 
Miguel Alonso de Carranza (t 1607), carmelita valenciano, publicó 

3 



34 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Liber S. Ildeplioiui... de Illibata B. Mariae Virginitate..., Valencia, 
1556. Camino del Cielo, ibid., 1601. Catecismo y doctrina de Religiosos 
novicios, professos y monjas, ibid,, 1605. — Fray Alfonso Chacón. 
dominico de Baeza, publicó Historia de titi'iusqne belli Dacici a Traia- 
no Caesare gesti ex simulacris einsdem qiiac in Columna Romae z'i- 
dentnr, Roma, 1556. De liberatione aniniae Traiani Imperatoris o 
poenis inferni precibus S. Gregorii P. M., Roma, 1576. De S. Hiero- 
nymi Cardinalitia dignitate, ibid., 1591. De Martyribus Monasterii 
S. Pedri de Cárdena, Augustae. De Signis S. Crucis, Roma, 1592. De 
leiuniis, ibid., 1599. Vitae gestaqne omnia Pontificum Romanorum a 
D. Petro usqne ad Clementem VIII, Cardinalinmqiie, 2 vols., Roma, 
160 1. 1602, 1630, añadida cada vez la obra. Documentos y avisos es- 
pirituales para todos los estados, exercicios y tiempos, Roma, 160 1. 
Elegantiariim ex M. T. Ciceronis Episfolis libri III. Roma, 1601, Vidas 
de ios Reyes Magos. Explicación de los símbolos de S. Malachias. Trata- 
do de Monedas antiguas. Genealogías y Antigüedades. De metallis ct 
mineralibus 1. V. — Juan Diez Freile publicó Sumario compendioso 
de las qucntas de plata y oro que en los rcynos del Piru son necessa- 
rías a los mercaderes, Méjico, 1556. — Constantino de la Fuente, con- 
quense, predicador de Carlos V, quemado por la Inquisición en 1559. 
publicó In Psalmum I, Amberes, 1556. Suma de doctrina christiana, 
Amberes, etc.. etc. — Jerónimo Girava, de Tarragona, publicó Dos li- 
bros de cosmographia, Milán, 1556; Venecia, 1570. — Martín Godov 
DE LoAiSA, decano de Sigüenza, publicó Distichos de Catón y otras 
sentencias. Lyon, 1556. — Cristóbal de Madrid (t 1573), de Daimiel, 
publicó De freqiienti usu Eucharistiae, Ñapóles, 1556. — Don Francisco 
^ÍARROQUÍN, obispo de Guatemala, publicó Doctrina Christiana en len- 
gua Utlateca, Méjico, 1556. — Fray Felipe de Meneses, dominico, pu- 
blicó Luz del Alma Cristiana contra la ceguedad y la ignorancia, Sa- 
lamanca, 1556; Medina, 1556, 1567; Alcalá, 1567: Medina, 1570 : Sevi- 
lla, 1570; Salamanca, 1578; Medina, 1582; Valencia, 1594.— Fray Je- 
rónimo Muñoz de Tevar, dominico, publicó Homiliae Fr. Hieronymi 
a Savonarola... in libellum Ruth, etc.. Salamanca, 1556, del italiano. — 
Miguel Muñoz publicó De DifferentUs inter Jus commune et Regium, 
que salió con el Regimiento de Jueces, de Alejo Salgado de Correa, 
Sevilla, 1556. — Fr-^y Bernardo de Nieva, dominico, publicó Sirmario 
Manual de información de la Christiana conciencia, Medina, 1556-— 
Melchor de Ortega, de Ubeda, publicó Primera Parte de la Historia 
del Príncipe Felixmarte de Hir cania, Valladolid, 1556. — Don Juan 
Bautista Pérez (i537?-i567), valenciano, insigne en latín, griego, 
hebreo, teología y cánones, que estuvo con el arzobispo de Valencia 
don ^lartin Pérez de Avala hasta su muerte (1566) y fué obispo de 
Segorbe, publicó Varietas Vulgatae vcrsionis ab hebraica veritate in 
Psalmis, 1556. Rudimento Unguae hebraicac. 1559. Fué el primero que 
descubrió la falsedad de los Cronicones que el padre Jerónimo Román 
de la Higuera forjó y quiso acreditar con los nombres de Dextrg y 



S. XVI, 1557. JUAX PÉREZ DE MOYA 33 

Máximo y uno de los más juiciosos impugnadores de las falsas láminas 
de Granada. — 'El heterodoxo doctor Juan Pérez de Pineda, elegante 
escritor y editor en Ginebra, con la falsa data de Venecia, de los co- 
mentarios de Juan de Valdés á las epístolas de San Pablo, publicó 
además El Testamento Nuevo, Venecia, 1556, y Los Psalmos de Da- 
vid, Venecia, 1557. Aprovechóse en la primera de estas obras de la 
traducción de Encinas, y en la segunda quizá de la de Juan de Valdés. 
No puso su nombre en el Testamento y Cipriano de Valera fué el que 
nos lo descubrió en su Biblia. Además Breve tratado de la doctrina 
antigua de Dios y de la nueva de los hombres, 1560; por Usoz, 1852; 
Madrid, 1871 : es traducción de la Novae doctrinae ad veterem coUatio, 
1526, de Urbano Regio. Epístola Consolatoria, 1560; por Wiffen. Lon- 
dres, 1848; Madrid, 1874. Véase M. Pelayo, Heterod. cspañ.. t. II, pá- 
gina 458. — Bernardino de Riberol publicó Contra la Ambición y 
codicia desordenada y alabanzas de la Pobreza, Sevilla, 1556. — Vicente 
Roca, valenciano, publicó Historia en la qiial se trata del origen y gue- 
rra que an tenido los turcos hasta nuestros tiempos. Valencia, 1556. — 
El licenciado Alejo Salgado Correa publicó Regimiento de Juezes, 
Sevilla, 1556. — Blas de la Serna, toledano, publicó Expositioncs in 
librum IV Gram. Ant. Nebrissensis, Alcalá, 1556. Perbreves cxpositio- 
nes in 1. II, IV et V. A. Nebrissensis, Toledo, 1565. — Pedro Serrano, 
de Buj alance, abad de la Colegiata de Alcalá, y obispo de Coria 
(í 1578), publicó In Ubrnm primum Ethicorum AristotcUs, Alcalá, 
1556. In Apocalypsim, ibid., 1563. In Lezñticnm, Amberes. 1572. In 
Ezechielem, 1609. — El doctor Francisco de Sosa, médico y filósofo 
de Medina del Campo, publicó Endccálogo contra Antoniana Marga- 
rita, Medina, 1556. — Miguel To^L^s Taxaouet, mallorquín, publicó 
Orationes... de tota Jitris civilis ratione... de eiusdem discendi via, 
Roma, 1556. Disputationes quaedam Ecclcsiasticae, Roma, 1565. Lactan- 
íii Firmiani opera, Amberes, 1570. — Fray Juan de Torralva, cartujano, 
de Murviedro, publicó Enchiridion Passionis Christi, Zaragoza, 1556. 
Sermones y pláticas espirituales. — Fernando de Valdés, sevillano, 
profesor de Griego en Alcalá, publicó Infroductio in Grammaficam 
Graecam, Alcalá, 1556. 

11- Año 1557. Juan Pérez de Moya (i5I3?-i596?), de Santiste- 
ban del Puerto (Jaén), canónigo de Granada, publicó Sylva eutrape- 
lias id est comitatis ct urbanitatis, ValladoHd, 1557; Sevilla, 1579. 
Arithmética, Salamanca, 1562; Granada, 1563; Alcalá, 1569, 1573; 
Madrid, 1578; Alcalá, 1582; Granada, 1590; Madrid, 1598, 1609, 1615; 
Alcalá, 1619; Madrid, 1624, 1625. Fragmentos matemáticos, Salaman- 
ca, 1568; Alcalá. 1573. De esta obra salieron tres: Tratado de Mate- 
máticas, Salamanca, 1562; De Geometría, Alcalá, 1573; De Astrono- 
mía, Cosmografía y Philosophía natural, ibid., 1573. Arte de marear. 
1564 (ms. Escorial). Manual de contadores, Alcalá, 1582; Madrid, 
1589. Varia historia de santas é ilustres mujeres, Madrid. 1583. Com- 



36 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVí) 

paraciones de vicios y virtudes, Alcalá, 1584, 1586; Valencia, 1599; 
Madrid, 1600 ; véase Diálogos, anotados... por Fel. Picatoste, Madrid, 
1875. Philosophía secreta, Madrid, 1585; Zaragoza, 1599; Alcalá, 1611; 
Madrid, 1673. Consúltense : M. Domínguez Berrueta, Estudio bio-biblio- 
gráfico del bachiller J. P. de M., en Revista de Archivos, etc. (1899), 
t. III, págs. 464-482; C. Pérez Pastor, Bibliografía madrileña, parte III, 
pág- 452. 

Fray Bernardino de Arévalo (t 1553), franciscano, publicó De 
Correctione fraterna, Medina, 1557, 1571. — Fr.vncisco de Aviles, de 
Mombeltrán, en Avila, publicó Expositio Capituní seu Legum Praetorum 
ac Judicum Syndicatus rcgni totius Hispaniae, Medina, 1557; Sala- 
manca, 1581 ; Madrid, 1597. — Fernando de Ayala, de Baza, publicó 
Avisos para Mancebos en versos glosados, Salamanca, 1557. — Antonio 
de Cáceres Pacheco publicó De Praetura Urbana, Medina, 1557. In 
Heresiarchas Germaniae, Roma, 1570. — Francisco de Escobar, barce- 
lonés, publicó Flor i Breviarium Historiae Romanac, Barcelona, 1557. 
Aphtonii Sophistae... Exercitationes. De Octo Partinm Orationis con- 
structione, 1597; Barcelona, 161 1. — Imágenes de la muerte, Alcalá, 1557. 
FoNTANO publicó Introductioncs ad Cosmographiam ex varÜs autori- 
bus. Salamanca, 1557. — Fray Pedro de Irurosqui, dominico navarro, 
publicó Series totius Evangelii J. C. ex quatuor Evangelistis concin- 
uata, Estella, 1557. — Fernando de Jaén, cordobés, publicó Circa Chri- 
sti Genealogiam, Alcalá, 1557. — Coplas, de Juan Marqués de la Borda, 
Sevilla, 1557. — El bachiller Francisco Martínez, natural de Castrillo 
de Oniello, publicó el Coloquio Breve y compendioso Sobre la materia 
de la dentadura y maravillosa obra de la boca, Valladolid, 1557; Ma- 
drid, 1557, 1570. — Fray Tomás de Padilla tradujo la Historia de 
las cosas de Ethiopía..., según que de todo ello fué testigo de vista 
Francisco Alvar ec, capellán del rey D. Manuel de Portugal, Amberes, 
1557. El texto portugués es de Lisboa, 1540; reproducida, ibid., 1889. 
Otras edics. : Amberes, 1558 (en franc. dos edics.) ; Zaragoza, 1561; 
Eisleben, 1566 (en alem.) ; Toledo, 1588 (cast.). — Miguel de Palacios, 
granadino, publicó In Arist. de Anima, Salamanca, 1557. In Quatuor 
libr. Sententiarum, 6 vols., ibid., 1574. hi Esaianí, ibid., 1572. Praxis 
Theologica de contractibus, ibid., 1585. In loannis Evangelium, ibid., 
1581. In B. Paiili ad Hebracos, ibid., 1590. In Prophetas minores, ibid., 
1593. — Santiago Salvador de la Solana, murciano, publicó S. Six- 
ii III P. M, Liber de Divitiis, Líber de malis Doctoribus, etc., 6". Bra- 
charii Epístola ad Januarium, Roma, 1557. Poética, Salamanca, 1558. 
Venantii Fortunati Opera Poética. Caller, 1584. — Luis Venegas de 
Henestrosa publicó el Libro de cifra nueva para tecla, harpa y vi- 
huela, en el cual se enseña brevemente cantar canto llano y canto de 
órgano y algunos avisos para contrapunto, Alcalá, 1557. — Fray Alfonso 
de Veracruz, agustino, de Caspueñas, publicó Speculum Coniugiorum, 
Méjico, 1557; Salamanca, 1562; Alcalá, 1572. Appendix ad Speculum 
Coniugiorum, Madrid, 1571. Cursus Artiuyn, Salamanca, 1573, 1593. 



S. XVI, 1558. ANTONIO DE MORALES By 

12. Año 1558. Lucas Agesilao publicó Epitome syntaxcüs Ant. 
Nebrissensis, Zaragoza, 1558. — Antonio Alvarez, de Baeza, publicó 
Tratado sobre la Ley de la Partida de lo que son obligados á hacer 
los buenos Alcaydes que tienen á su cargo Fortalezas y Castillos fuer- 
tes, Valladolid, 1558. — Francisco Castillo publicó Proverbios de Sa- 
lomón, Cuenca, 1558. — Fray Martín del Castillo, franciscano bur- 
galés, publicó Super Sussanam, Madrid, 1558. Ars Bíblica sive Memo- 
rialia Sacra, Méjico, 1575. Tratado Apologético de cómo sólo... 
S. Francisco... goza y posee las llagas..., Colonia, 1648. De S. Lauren- 
tío, 1649. Super Abdiam, Amberes, 1657. D. Petri Crysologi Sermones, 
Lyon, 1676. Arte Hebreaispano, Lyon, 1676. Gramática de la lengua 
griega, Lyon, 1678. — ^Juan Fernández Ladrillero, de Moguer, escribió 
Relación del viaje que hizo hasta el Estrecho de Magallanes en el 
año de 1558 desde Valparaíso. Relación de los viajes y descubrimientos 
en que se había hallado por los mares del Norte y del Sur desde el 
año de 1335, que fué examinado de Piloto en Sevilla (mss. del Arch. de 
Indias). — Juan de Horozco, profesor de Derecho unos catorce años 
en Salamanca, publicó Ad Responsa prudentum commentarii, sobre 
el Digesto, Salamanca, 1558. — Luis de Lemos, portugués, médico y 
filósofo, maestro de Filosofía en Salamanca, publicó Paradoxoriwi li- 
bri II, Salamanca, 1558. Physicae ac Medicae Disputationes. In Librum 
Aristotelis de Interpretatione, Salamanca, 1558. Commentaria in Ga- 
lenum de facultatibus naturalíbus. Salamanca, 1580. In Libros XII 
Methodi medendi Galeni, ibid., 1582, De óptima praedicendi ratione 
y ludicium operis magni Hippocratis, ibid., 1584, 1588; Venecia, 1592. 
— García López de Alvarado publicó Compendio de Confesión, Lo- 
groño, 1558. — El doctor Gregorio López Madera, del Consejo de 
Castilla, madrileño, publicó Proverbios, la obra que hizo D. Jorge Man- 
rique..., Coplas de Mingo Revulgo..., Amberes, 1558, 1594. Animadver- 
sionum luris, Turín, 1586. Excelencias de la Monarquía y Reyno de 
España, Valladolid, 1597; Madrid, 1625. Discursos de la certidumbre 
de las reliquias descubiertas en Granada desde 1588 hasta 1598, Gra- 
nada, 1601, 1609. Excelencias de S. Juan Baptista, Toledo, 1617. Exce- 
lencias de la 1. Concepción, Madrid, 1638. — Fray Miguel de Medina, 
franciscano de Belalcázar, publicó Apologeticum... loannis Feri, Al- 
calá. 155S. Enarratio trJum locorum ex cap. II Deuteronomii, ibid., 1560. 
Christiana Paraenesis sive de recta in Deum Fide, Venecia, 1564. De 
Indulgentiis, ibid., 1565. In quartum Symboli Apost. artictdum, Ve- 
necia, 1565. De Sacrorum hominum continentia, ibid., 1568. In sacro- 
jantum Jesu Christi sec. loannem Evangelium... Accessit... Pauli- 
nae Epistolae ad Romanos interpretatio, Alcalá, 1569. De la Chris- 
tiana y verdadera Humildad, Toledo, 1570. — Pedro de Mercado pu- 
blicó Diálogos de philosophía natural y moral, Granada, 1558, 1574. 
De Fehrmm differentüs, earumque causis, signis et medela, Grana- 
da, 1583, 1592. — En 1558 se halla fechado un Breve diálogo del 
nacimiento de nro Salvador Jesu Christo por Antonio de Morales, 



38 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

portugués j estando en la ciudad de Sevilla, presentado al muv Ule. y 
católico señor doctor hemán pére::, del consejo de sn niagestad pre- 
sidente de la dha. ciudad de Sevilla (ms. de Sancho Rayón, y fué de 
Gallardo, La Barrera, pág. 518). — Pedro Plaza y Moraza, de Bri- 
viesca, publicó Epitomes Delictorum causarumque criniinaliiim, Sala- 
manca, 1558; Lyon, 1560; Venecia, 1573. — Luis Ortiz publicó Me- 
morial al Rey para que no salgan dineros de estos reinos de España, 
1558. — En 1558 se publicó la Farsa llamada Rosicla, Cuenca. "Amo- 
res, diálogos pastoriles, gracias del bobo, niños robados en la cuna 
y otros incidentes romancescos muy usados por los dramáticos de 
aquel tiempo", dice Moratín {Catálogo histórico, núm. 94). Reimpresa 
en Madrid, 1913 (Biblióf. Madril.). — Fray Pedro de Salazar, mer- 
cedario, escribió In Genesim. Ars Hebraicae linguae, hacia 1558. — ■ 
Pedro de Sayago, Batalla de la Muerte, la cual se dio al em,perador 
D. Carlos y á otros XIIII Grandes que con él fueron, el año 1558, 
escrita en quintillas en 1558 ó poco después, y el asunto es el de la 
Danza de la muerte. Véase don Marcelo Macías, Poetas religiosos 
inéditos del siglo xvi, La Coruña, 1890. Romances imperiales de todos 
los emperadores romanos, desde Julio César hasta el emperador Ma- 
ximiliano, Sevilla, 1565, en dialecto sayagués. — Lorenzo Suárez de 
P'iGUEROA, soldado, publicó Las reglas militares de Antonio Cornaza- 
no, traducidas, Venecia, 1558, en verso. — Don Pedro Vélez de Gue- 
vara (t 1591), racionero en Sevilla (1561), doctoral (1570), publicó 
Selectae sententiae: sen Paradoxa, Sevilla, 1558. De Diffinitione 
doli mali. Salamanca, 1569. In Tópica Ciceronis, Sevilla, 1573. La 
Buena Monja, ibid., 1587. Algunas cantigas y decires, Bilbao, 1893. 

13. Año ifjjp. Juan Timoneda (i 490?- i 583), curtidor y 
ya librero valenciano en 1555, publicó Las tres Comedias, Va- 
lencia, 1559. Son el Anfitrión y Los Menemnos, traducidos de 
Plauto, y la Comedia llamada Cornelia, que pro\aene del Ne- 
gromante del Ariosto. La invención no es, pues, suya; pero si 
la acomodación en romance, el estilo popular y el lenguaje 
castizo, dignos de todo encomio. Sarao de Amor, Valencia, 
1 561 (véase Notas al Canto del Turia, en Gil Polo, 1778). En 
1563 publicó El Sobremesa y alivio de caminantes: en el qual 
se contienen affables y graciosos dichos, cuentos Jieroycos y 
de mucha sentencia y doctrina, Zaragoza. Son cuentos cortos, 
"apacibles y graciosos", dejando á veces en el esqueleto no- 
velas italianas y otras. Preceden en las ediciones de Medina, 
1563, y Alcalá, 1576, doce "de otro autor llamado Juan Ara- 
gonés, que sancta gloria haya", y son más nacionales que los 
de Timoneda. En 1564 publicó El Buen aviso y portacuentos 



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(\'alencia, 1569) 



S. XVI, 1559. JUAN TIMONEDA Sg 

de Joan Thnoneda: en el qual se contienen imutmerahlcs y 
graciosos dichos y apazibks acontescimientos para recreación 
de la vida humana, Valencia. En 1565 "sacó á luz" con el 
anagrama de Juan Dianionte, la Turiana, comedias, tragico- 
medias, pasos y farsas, de las cuales fué editor ó á lo más 
refundidor. En 1566 publicó el Patrañuelo, Valencia; son 22 
y todos los cuentos, menos el noveno, de fuente conocida. En 
1566 publicó Las tres famosas comedias del ilustre poeta y 
gracioso representante Alonso de la Vega, Valencia; son la 
Tolomea, la Serafina y la Duquesa de la Rosa. En 1567 pu- 
blicó las Obras de Lope de Rueda, el dudoso Coloquio y el 
Registro de Representantes. Luego sus dos libros : Obra llama- 
da María, Valencia, 1568. Cartilla de la Muerte. Arte para 
ayudar á bien morir. Valencia, 1568. Al año 1569 correspon- 
den: El Sobremesa y Alivio de caminantes... Primera y se- 
gunda parte. Agora de nuevo añadido por el mismo autor..., 
Valencia, 1569. Van juntamente: Memoria Hispanea, en la qual 
se hallaran cosas memorables y dignas de saberse y en qué año 
acontecieron (desde 626 á 1568). Memoria Valentina... desde 
su fundación hasta el año 156Q. Memoria Poética de los más 
señalados Poetas que hasta oy ha ávido. Valencia, 1569, 1570. 
Canción dedicada á los moros de Sierra-Nevada, Valencia, 
1569. El Cabañero Cancionero, Valencia, 1570. Tercera parte 
{del Reclamo espiritual), en la qual se contienen las ob^as que 
leyó y compuso Juan Timoneda en loor del Smo. Sacramen- 
to en el año i^yi y /j por mandado del limo, y Revmo. D. Joan 
de Ribera, Patriarcha de Antioquia y Arzobispo de Valen- 
cia, Valencia, 1573; es un cancionero devoto del cual no tene- 
mos más noticias. El año 1573 publicó además una colección 
antológica, compuesta de un Romancero llamado Rosa de ro- 
mances, dividido en cuatro partes y de cuatro Cancionerillos con 
sus diversos nombres. Dio á conocer el ejemplar único don Fer- 
nando José Wolf, bibliotecario de la Biblioteca Liiperial de 
Viena, donde se halla, en el Álbum bibliográfico allí impreso 
en 18,45. Comprende los siguientes artículos: Rosa de Amores. 
Primera parte de romances de Joan Timoneda, que tratan di- 
versos y muchos casos de amores. Valencia, 1573. Rosa Es- 
pañola. Segunda parte de romances de Joan de Timoiieda que 



40 ÉPOCA DE FICLIPE II (s. XVl) 

tratan de Hystorias de España, Valencia, 1573. Rosa Gentil. 
Tercera parte de Romances de Joan Timoneda, que tratan 
Hystorias Romanas y Troyanas, Valencia, 1573. Rosa Real. 
Qíiarta par fe de romances de Joan Timoneda, que tratan de 
cassos señalados de reyes y otras personas que han tenido 
cargos importantes..., Valencia, 1573. Sigue después un can- 
cionero, Dechado de colores, esto es, doce villancicos á damas, 
según el color de que se visten ; un Romance de amores y una 
Canción y un Mote, Valencia (sin año). Cancionero lla{ma)do 
Enredo de amor... Agora nuevamente compuesto por Juan 
Timoneda, en el qual se contienen canciones, villancicos y otras 
obras no vistas, Valencia, 1573. Cancionero ¡lafmajdo Gui- 
sadillo de amor. Agora nuevamente compuesto y guisado por 
Joan Timoneda de varios auctores, para los enfermos y des- 
gustados amadores: en el qual se contienen canciones y extra- 
ñissimas glosas. Valencia. El Truhanesco, copilado por Joan 
Timoneda, en el qual se contienen apacibles y graciosas cancio- 
nes para cantar. Con todas las obras del honrado Diego Mo- 
reno, que hasta aquí se Imn compuesto, Valencia, 1573. Esta 
Rosa de romances es el mejor tesoro de la poesía popular que 
per su tiempo se escribió; por ello merece Timoneda ser tenido 
por uno de nuestros principales folkloristas y la colección en- 
tera debiera de imprimirse sin añadir ni quitar. Cancionero 
llamado : Billete de amor, por Juan de Timioneda, Valencia ; 
obra que citan Salva y Duran. En 1574 publicó, con una Epís- 
tola al frente, ciertas Espirituales y famosísimas Glosas sobre 
la Oración Dominical, las cuales dice se atribuían á Gregorio 
Silvestre. En 1575 publicó Timón de Tratantes, Valencia. El 
mismo año el Ternario Sacramental: En el qual se contienen 
tres Auctos. El de la oveja perdida. El del Castillo de Emauj. 
El de la Iglesia. Tres espirituales representaciones en loor del 
Smo. Sacramento, compuestas por Joan Timoneda, Valencia, 
1575. El primero es el mejor y más ingenioso, "el lenguaje 
pastoril es propio, castizo y lleno de idiotismos galanes, rico y 
vario sobre todo. Las alegorías son ingeniosas y de fácil y no 
violenta acomodación. Es muy conceptuoso: nada huelga. Yo 
malicio si este Auto es de Lope de Rueda y no de Timoneda; 
él no se parece á los demás, que generalmente son desmayados 



S. XVI, 1559. JUAX TIMOXEDA 4I 

y pobres de pensamientos y dicción". Así Gallardo (Bibliot.). 
Segundo Ternario Sacramental: que contiene tres Anctos. El 
de la Fuente Sacramental. El de los desposorios. El de la Fee, 
Valencia, 1575. De todos ellos da á entender haberlos reto- 
cado, pero no ser suyos. Quaderno espiritual al Smo. Sacra- 
mento y á la Assumpcion. Auto sacramental de la Oveja per- 
dida y otras cosas, Valencia, 1597; acaso obra postuma publi- 
cada por su hijo Juan Bautista Timoneda, librero. Otras obras 
de Timoneda sin fecha: Historia del enamorado moro Ahin- 
darraes, compuesta por Juan de Timoneda, Valladolid. Diver- 
sas y nuevas canciones muy sentidas para cantar. Compuestas 
por Juan Timoneda (una hoja). Coplas del honrradisimo Gil 
García. Compuestas por Juan Timoneda (una hoja). Libro y 
Memorial de algunas cosas que de algunos aíios á esta parte 
han sucedido 'en la villa de Madrid, desde el año 1400 hasta 
i¿20 (Ms. citado por José Pellicer). Carta satisfactoria en la 
qiial responda la senyora recien casada, muy quejosa contra* 
el autor por lo que dijo del manto... Autor Joan Timoneda. 
Véndese en su casa. Quatro obras muy santas... La primera 
un Diálogo de la Mad aleña. La segunda: La pavana de N. S.°' 
La tercera: El chiste de la Monja. La cuarta: Un chiste á 
la Asunción de N. S.^, Alcalá 161 1, pliego prohibido por la 
Inquisición. A Timoneda debe la literatura española eterno 
agradecimiento por las obras que publicó, ya populares, ya de 
autores importantísimos. Es un gran folklorista, un amante de 
las cosas españolas y su lenguaje tan castizo y allegado al pueblo 
como el de nuestros mejores escritores. 

14. De 1570 á 1580 era ya Timoneda muy viejo, de modo que 
debió de nacer hacia 1490. En Breve exposición de la Salutación An- 
gélica..., copiada... -por un devoto, léese: "Véndese en casa de Juan 
Timoneda, librero, á los manyanes, año 1555." No está comprobado 
que fuese también impresor, como afirmó Onofre Esquerdo, aunque 
acaso tuvo algún tiempo imprenta, regentada por otro, quizá por 
Juan Navarro. Dedicóse cuarenta años con afán incansable á la 
composición de obras amenas, históricas y eruditas y á la publicación 
esmeradíi de otras ajenas; cultivó con cariño la poesía popular, el 
romance; refundió, imitó y recogió los antiguos: hizo trovas caste- 
llanas y lemosinas, y tal vez compuso en metros italianos. Fué amigo 
de Lope de Rueda, imprimiendo sus obras, después de fallecido, en 
1567. De los 35 versos que Cervantes puso en Los Baños de Argel, 



42 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

tomados del Coloquio pastoril^ en verso, de Rueda, impreso, según 
Cervantes, por Timoneda, que comienzan: "Osorio. El Coloquio se 
comience, | que es del gran Lope de Rueda, | impreso por Timoneda, I 
que en vejez al tiempo vence...", se sacan dos cosas: una, la cxtre- 
tnada vejez de Timoneda cuando Cervantes estaba cautivo, esto es, 
^e 1575 á 1580; otra, que Timoneda publicó dicho Coloquio pastoril, 
y así Jimeno le atribuye tal impresión como hecha en Valencia por 
Pedro Mey en 1567. Alábale Cervantes en el Viaje (cap. VIII) : "Fué 
desto exemplo Juan de Timoneda, | que con sólo imprimir se hizo 
eterno | las comedias del gran Lope de Rueda." En el mismo Viaje 
(cap. VII) dice : "Tan mezclados están, que no hay quien pueda | 
discernir cuál es malo ó cuál es bueno, | cuál es Garcilasista ó Ti- 
moneda." ¿Distingue aquí Cervantes á los poetas de metro italiano 
como buenos y á los de metro castellano como malos? Si así es, 
Cervantes mostróse en demasía italianista y de pésimo criterio. ¿O 
puso por malos á los imitadores de Timoneda? Hay además de Juan 
Timoneda Timón de tratantes, Valencia, 1575. En Las tres Comed.: 
"Quise hacer Comedias en prosa, de tal manera, que fuesen breves 
y representables: y ihechas, como paresciesen "muy bien, así á los 
Representantes como a los auditores, rogáronme muy encarecidamen- 
te que las imprimiese por que todos gozasen de obras tan sentenciosas, 
dulces y regocijadas. Fué tanta la importunación, que, no pudiendo 
liacer otra cosa, he sacado por agora, entre tanto que otras se hacen, 
estas tres á luz... La Comdia de Anfitrión, traducida por Joan Ti- 
moneda... La Comedia Menemnos, traducida por Joan Timoneda... 
Año M.D.ljx... La Comedia llamada Cornelia, nuevamente compuesta 
por Joan Timoneda." Reimprimiéronse en Valencia, 191 1, por los 
Bibliófilos Valencianos. "El único ejemplar conocido de este ro- 
m.ancero y cancionero de Timoneda (dice La Barrera, á propósito 
del Sarao), que fué acaso la primera edición de su Rosa de Amores, 
carecía de portada y pertenecía á los Mayáns y después á don Benito 
Maestre. Lleva el retrato de nuestro insigne Juan, compilador y co- 
autor del libro, en el cual promete ya el que intituló primero Porta- 
cuentos y después Sobremesa y alivio de caminantes." De El Sobre- 
mesa, otras ediciones: Medina, 1563; Valencia, 1569, por Joan Na- 
varro; Valencia, 1570; Alcalá, 1576; Amberes, 1577; Sevilla, 1596; 
Pamplona, 1608; Madrid, en el t. III de Autor. Españoles. Otras edi- 
ciones del Portacucntos: Valencia, 1569, 1570; 1911 en Revne Hisp., 
por Schevill. Wolf escogió los mejores 52 Romances de la Rosa de 
Romances y los publicó: Rosa de romances ó romances sacados de las 
Rosas de Timoneda, que pueden servir de suplemento á todos los 
Romanceros así antiguos como modernos y especialmente al publicado 
por el Sr. G. B. Depping, escogidos, ordenados y anotados..., Leipsi- 
que, 1846. De esta colección los tomó Duran para su Romancero de 
la Bibl. de Autor. Esp. "Las Rosas, de Timoneda, dice, forman un 
Romancero el más copioso de Romances viejos, antiguos y de la 



S. XVI_, 1559. JUAN TIMONEDA 4^ 

actualidad de entonces que se conoce. Timoneda los tomó del Cancio- 
nero de Romances unos, otros de la Silva, otros de pliegos sueltos y 
otros de la tradición; pero se propuso reformar algunos á su manera, 
añadir los que le pareció é incluir algunos suyos. Es la colección más 
ordenada de aquel tiempo." De los cuatro Cancioneros, el Enredo de 
Amor es exclusivamente obra de Timoneda; hay duda sobre el De- 
chado; el 3.° y 4.° fueron compilados de otros autores. El Diego Mo- 
reno, que expresa El Truhanesco, es persona festivamente fingida, 
personaje tradicional, que significa marido paciente, como un Juan 
Lanas. Turiana. En la qual se contienen diversas Comedias y Parcas 
muy elegantes y graciosas, con muchos entremeses, y passos apacibles: 
agora nuevamente sacadas á lus por Joan Diamonte, Valencia. Contie- 
ne: Entremés de Un Ciego, un Mozo y un Pobre, 1563. Paso de Dos 
Ciegos y un Mozo, ídem. Paso de Dos Clérigos... y dos Mozos suyos 
simples, ídem. Paso de Un Soldado y un Mozo y un Ermitaño, ídem. Paso 
de La Razón, la Fama y el Tiempo, ídem. Tragicomedia llamada Filo- 
mena, 1564. Farga llamada Paliana, 1564. Comedia llamada Aurelia, 
1564. Farga llamada Trapagera, 1565. Farga llamada RosaUna, 1565. 
Farga llamada Floriana, 1565. Aunque llevan diferentes fechas de 
1563-64-65, forman juntas un solo volumen. La Comedia llamada 
Aurelia está inspirada en Torres Naharro. Fué reimpresa la Turiana 
en Valencia, 191 1, en el tomo de Las tres Comedias. La edición de 
1566 del Patrañuelo, citada por Mayáns, se comprueba por la aproba- 
ción de las siguientes: Primera parte de las Patranyas en las guales 
se traían admirables cuentos, graciosas marañas y delicadas inven- 
ciones para saber las contar el discreto relator. Alcalá, 1576 (Bibl. 
Nac.) ; Barcelona, 1578; Bilbao, 1580; Lisboa, 1580; Madrid, 1759, 
con el título de El Discreto tertu-liante ; en el t. III de Autor. Espa- 
ñoles. En la Epíst. al am. lector: "No te des á entender que lo que 
en el presente libro se contiene sea todo verdad, que lo más es fingido 
y compuesto de nuestro poco saber y bajo entendimiento; y por más 
aviso, el nombre del te manifiesta clara y distintamente lo que puede 
ser, porque Patrañuelo se deriva de patraña, y patraña no es otra cosa 
sino una fingida traza tan lindamente amplificada y compuesta, que 
parece que trae alguna apariencia de verdad." "Y así, semejantes 
marañas las intitula mi lengua natiiral valenciana Rondallcs. y la tos- 
cana, Novelas.'^ Las fuentes de estas 21 patrañas descubriólas Lie- 
brecht en sus adiciones á la traducción alemana de la History of 
fiction, de Dunlop, Geschichte der prosadichtungen..., págs. 500-501. 
En la dedicatoria del Ternario dice : "estos presentes Auctos represen- 
tados delante su afable y benigna presencia el año 1569". Gallardo, 
Biblioteca: "Timoneda, aficionadísimo al teatro, que en su tiempo 
estaba en el mayor auge, andaba siempre revuelto con farsantes, y 
como librero además, se haría con muchos originales, parte que anda- 
rían baldíos y parte como de dueños conocidos ; pero muertos éstos, 
¿no pudo Timoneda disponer de sus escritos como de bienes mostren- 



44 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

eos y hacer de ellos luego mangas y capirotes?" Epíst. del Scg. Ter- 
nario: "el de La Fuente Sacrani.; el qual he querido imprimir con 
otros recogidos en mi pobre casa..."" Del primero dice: "mejorado y 
representado por J. T."; del segundo: "puesta en toda la perfección 
posible por J. T. : la cual estaba estragada por culpa de malos escrip- 
tores"; del tercero: "puesto en su perfección por J. T,". En el Ternario 
se hallan tres autos: La Oveja perdida, el Castillo de Emaus y La 
Iglesia. En el Segundo Ternario : La Fuente Sacramental, Los Despo- 
sorios y La Fe. En el inventario de Juan Timoneda, hecho en 1583, 
hay algunas piezas dramáticas hoy desconocidas: Coloquio de la ver- 
dad. Coloquio pastoril. Coloquios matrimoniales. Farsa Dorada. Co- 
media llamada Feliciana (en su Patrañuelo, cap. XIII). Comedia Flo- 
rantca. 

Juan de Timoneda, Obras completas, ed. M. Menéndez y Pelayo, 
Valencia, 1911, un vol. publicado [Teatro profano']; El Buen Aviso 
y portacuentos, ed. R. Schevill, en Revue Hispanique (1911), t. XXIV, 
págs. 171-254; El Patrañuelo y El Sobremesa y el alivio de caminan- 
tes, BiW. de Aut. Esp., t. XXXV; Poesías, Bibl. de Aut. Esp., ts. X, XV 
y XLI ; Los Ciegos y el Mozo y Los Meneemos, Bibl. de Aut. Esp., 
t. II; Coloquio pastoril, Bibl. de Aut. Esp., t. XXXV. Consúltense: R, 
Schevill, Some forms of the riddle questioH; etc. (University of Califor- 
nia Publications in Modern Philology, Berke^ey, 191 1, t. II, págs. 183- 
237) ; M. Menéndez y Pelayo, Orígenes de la novela, Nueva Bibl. de 
Aut. Esp., t. VII, págs. XLi-LViii; F. Mariscal de Gante, Los autos 
sacramentales, etc., Madrid, 1911, págs. 68-77; Serrano y Morales, Dic- 
cionario de las imprentas de Valencia. 

15. Atlo 1559. SaHó este año el Cathalogus Ubrornm, qui prohi- 
bentur mandato Illmi et Revmi D. D. Ferdinandi de Valdés, Hispal. 
Archiepiscopi, Inquisitoris Generalis Hispaniae, Valladolid. En este 
índice se prohiben el Azñso y reglas Christianas, del padre Avila; las 
Obras del Christiano, de don Francisco de Borja, después santo; De 
la Oración y Meditación y de la Devoción y Guía de pecadores, del 
padre Granada, y el Manual de diversas oraciones y espirituales exer- 
cicios, del mismo autor. Derecho tuvo el Inquisidor, por las frases 
que sabían á la herejía de los alumbrados ó á la de los protestantes, y 
quien las tachó de tales fueron Melchor Cano y Domingo Soto. Este 
índice fué el que sirvió de fondo para los que se siguieron. Paulo IV 
publicó el mismo año 1559 el índice Romano. El mismo inquisidor 
Valdés dio en 1561 orden de que se guardase la Compilación de las 
Instrucciones del Officio de la S. Inquisición, hechas en Toledo año 
de mil y quinientos y sesenta y uno, impresa en Madrid, i574- En el 
índice de 1559 hay piezas dramáticas, hoy desconocidas, que conviene 
recordar: Acaescimiento ó Comedia llamada Orphea. Colloquio de 
damas. Farsa llamada Custodia. Auto de D. André. Farsa llamada 



S. XVI, 1559. FR/\Y DIEGO NAVARRO 45 

Josefina (no es la de Carvajal). Comedia de Peregrino y Ginebra. Re- 
surrección de Celestina. Comedia de Sergio. 

Año 1359. Fray Francisco de Alcozer, franciscano, publicó Ti'a- 
tado contra el juego. Salamanca, 1559. Confesionario breve, ibid., 1572; 
Córdoba, 1592; Madrid, 1598; Barcelona, 1615. — Martín de Ariño 
publicó La Quinta y Sexta Parte de la Silva de varia lección, Zara- 
goza, 1559. — En 1559 se imprimió la Declaración... hecha por ciertos 
fieles españoles que huyendo los abusos de la yglesia Romana y la 
crueldad de la Inquisición de 'España, hicieron á la iglesia de los fieles, 
para ser en ella recebidos por hermanos en Cristo, Londres. Véase 
Cottfried Lessing, De fidei confessione quam Protestantes Hispania 
ciecti, Londini i¿3p ediderunt, en Analecta ex omni melior. Litterar. 
genere, Lipsiae, 1730. — Discurso y razonamiento sobre la conveniencia 
de uso de un solo m-eridiano, Sevilla, 1559. — Gramática de la Lengua 
Vulgar de España, Lovaina, 1559. — Comedia llamada Josephina, que 
no ha de confundirse con la Tragedia, de Carvajal, 1559. — Don Juan 
DE Matienzo, vallisoletano, publicó Dialogus Rclatoris et Advocati 
Pinciani senatus, sive de muñere Renuntiatorum, Advocatormn et 
Judicum, Valladolid. In librum V Recollectionis legum Hispaniae, 
Madrid, 1580, 1597, 1613. Stilus Canccllariae. Gobierno del Pirú (ms.). — 
De 1559 á 1572 se publicaron, en seis tomos, las Opera, de Fernando 
Vázquez Menchaca (1512-1569), jurisconsulto vallisoletano. (Véase 
Abecedario Colón, 1539, sobre una Farsa de un Fernando Vázquez.) — 
Fray Jaime Montañés, carmelita, publicó Espejo de bien vivir, Tra- 
tado de ayudar á bien morir, Valencia, 1559, 1565. Con el título de 
'Espejo y Arte muy breve y provechosa para ayudar á bien morir..., 
Zaragoza, 1565, 1571; Madrid, 1573; Barcelona, 1576, 1594. Latasa 
menciona edición zaragozana de 1523, pero no es creíble. — Pedro 
Juan Monzó, valenciano, catedrático en Coimbra, publicó Elementa 
Arithmeticae ad disciplinas omnes, Aristotelaeam praesertim Diale- 
cticam ac Philosophiam apprimc necessaria, ex Euclide decerpta, Va- 
lencia, 1559, 1566, 1569. Compositio totius Artis DialecHcae Aristotelis, 
Valencia, 1566. De Locis apud Aristotelem mathematicis, Valencia, 
1566. Enarrationes locupletissimae et Homiliae in Evangelio, Valen- 
cia, 1577. — Luis Muñoz, madrileño, publicó Compendio de doctrina 
cristiana, Lisboa, 1559. Vida de S. Carlos Borromeo, Madrid, 1626. 
Vida y virtudes de la Venerable Virgen doña Luisa de Carvajal y 
Mendoza, su jornada á Inglaterra y sucesos de aquel reino, Madrid, 
1632. Vida del Venerable Siervo de Dios, Maestro Juan de Avila, 
Madrid, 1635. Vida y virtudes del venerable varón el P. M. Fr. 
Luis de Granada, Madrid, 1639, 1711. Vida que el siervo de Dios 
Fr. Diego López hizo en algunos de la Nueva España, Madrid, 1642. 
Vida de Fr. Bartolomé de los Mártires, Madrid, 1645. Vida de la 
Venerable Madre Mariana de S. Josef, Madrid, 1645. Vida y virtu- 
des del Venerable P. Camilo de Lellis, Madrid, 1653. — Fray Diego 
Navarro, franciscano de Toledo, publicó Primera parte de las Cróni- 



46 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

cas de la Orden de los Frailes menores, Zaragoza, 1559; Alcalá, 1559, 
1568: Zaragoza, 1573; Madrid, 1574; Alcalá, 1608; Madrid, 1608; 
Alcalá, 1634; Valencia, 1778-1794, 2 vols., traducción del portugués 
de fray Marcos de Lisboa. — El bachiller Francisco Palomino tradujo 
la Batalla ó pelea del ánima, que compuso en versos latinos el Poeta 
Aurelio Prudencio Clemente, 1559. — Alfonso Rodríguez de Guevara, 
granadino, publicó De constriictione et nsn partium corporis humani, 
etcétera, Coimbra, 1559. De Re Anatómica, ibid., 1592. — Alonso de 
Torres, Turriculano ó Turritanus publicó In Quintum Annii Ne- 
brissensis librum qui de Prosodia est, Alcalá, 1559, 1563. In Quartum 
einsdem..., ibid., 1569, 1651. Tractatus de concordantia, regiminc 
et figuris constrnctionis, Alcalá, 1561. Progymnasmata Rhetoricac, 
ibid., 1569. In quintum A. Nebrissensis, Alcalá, 1569. Tabulae bre- 
ves et compcndiariae in dúos tomos Rhctoricae, ibid., 1579. — Viaje del 
río de la Plata, Sevilla, 1559. — Antonio Luis Villafranca publicó el 
Libro de la sangría artificial y cómo se ha de hacer, Valencia, 1559. 

16. [Año 1 360. Eugenio de Salazar (i 530- i 602?), na- 
ció en Madrid ; sus padres, el capitán Pedro de Salazar y doña 
María de Alarcón. Estudió Leyes en Alcalá, Salamanca y Si- 
güenza, donde se licenció. Casóse luego (1557) con doña Ca- 
talina Carrillo, natural de Toledo, donde vivió (1560) algún 
tiempo como andante en corte ó pretendiente de varas, ape- 
rreada vida que nos supo pintar en su Carta de los Catarri- 
heras. Antes y después de su casamiento dirigió á doña María 
muchas composiciones poéticas con los nombres de Engomo y 
Carilla. Fué pesquisidor en Tormales de Asturias, donde es- 
cribió otra carta; en 1567 pasó de gobernador á Canarias, 
hasta que en 1573 fué nombrado oidor de la isla Española ó 
Santo Domingo, para donde se embarcó con mujer é hijos, coino 
se ve en carta al capitán Mondragón, de 1568, y en otra en 
que refiere la travesía. Ascendió á Fiscal de la Audiencia de 
Guatemala, donde todavía estaba en 1580. De allí fué á la de 
Méjico, logrando al cabo el cargo de Oidor, que tenía en 1598 
al morir Felipe IL En aquella Universidad se doctoró, como 
cuenta en la carta á Hernando de Herrera. Escribió, siendo 
fiscal de Méjico, un Memorial al Consejo de Indias, tratando de 
la gobernación de aquellas tierras, clara y elegantemente. Fn 
1601, nombrado Oidor del Supremo Consejo de Indias, vino 
á la Corte con toda su casa, y no debió de vivir mucho más, ya 
que nació el 1530, y entonces vino con ochenta y un años á 



S. XVI, 1560, FRANCISCO MARTÍNEZ MONTIÑO 47 

cuestas. Dejó dos hijos: Fernando, que se hizo jesuíta, y Pedro, 
capitán en Flandes, muerto en 1635. Dejóles preparado para la 
imprenta un volumen intitulado Silva de varia poesía, cuya 
cuarta parte son Cartas en prosa. De éstas, la de Los Catarriberas, 
fué escrita en 1560; la de la Corte antes del 1567; la de Mon- 
dragón, en 1568. También escribió la Navegación del Alina por 
el discurso de todas las edades del hombre, poema alegórico, 
con mucho tecnicismo náutico. En los versos de Salazar hay 
gran facihdad, riqueza de léxico y sonoridad. Pero en lo que no 
tiene semejante es en las Cartas, uno de los mejores dechados 
de la prosa castellana, por lo ingenioso, desenfadado y elegante 
del estilo, por las pinturas de costumbres, por la riqueza y 
propiedad del idioma. Es género epistolar descriptivo-satírico, 
donde derrocha ingenio, socarronería y donaire. 

l"' Los cargos y andanzas de Salazar nos las cuenta él mismo 
en un soneto. El ms. de la Silva está en la Biblioteca de la Academia 
de la Historia, tiene 533 hojas en folio. De él copió algunas poesías 
Gallardo en su Biblioteca., y la Sociedad de Biblióf. Esp. las cmco 
cartas de su edición. La Carta de los Catarriberas se publicó en el 
Semanario Ej-udito, luego, mejor, en el Criticón, de Gallardo, v por 
Mussaffia. En la Silva están la de la Corte, la de Mondragón, la del 
Mar, la de los Catarriberas y la de Asturias. En Sales españolas, Ma- 
drid, 1902, t. II, salieron otras once inéditas. Eugenio de Salazar. 
Cartas, ed. F. de Gayangos (Soc. de Biblióf. Españoles), Madrid, 1866; 
Bibl. de Aut. Esp.. t. LXII; Cartas inéditas, ed. A. Paz y Melia, en 
Sales españolas, 2.^ serie, Madrid,. 1902, págs. 211-276; Silva de poesía 
(Extracto), ed. B. J. Gallardo, Ensayo, etc., col. 326-395. Consúltense: 
C. Pérez Pastor, Bibliografía madrileña, parte III, págs. 469-470; 
A. Musaffia, Ueber eine spanische Handschrift der Jí'iener Hofbi- 
bliothek, en Sitziingsberichte der Kaiserlichen Akadeniie der JVis- 
seusehaffcn, Wien, 1867, t. LVI. págs. 83-124. 

18. Año 1560. S. Pedro de Alcántara (1499-1562), franciscano, 
escribió el libro tan alabado por Santa Teresa {Vida, caps. XX 
y XXVII), De la oración y meditación, Lisboa. 1560; Medina, 1563: 
Salamanca, 1578; Medina, 1587; Valladolid, 1620 ; Zaragoza, 1623; 
Madrid, 1624, 1625; Barcelona, 1665; en lat., Colonia, 1607; en franc, 
1622; ital., Florencia, 1583, y Roma, 1600. — Fray Francisco de Cepeda, 
dominico, publicó Artes de las lenguas Chiapa, Toque, Celdales y 
Zinacantcca, 1560. — Diego Guevara, madrileño, publicó Epithalaniinm 
Philippi et Isabelis Hispaniamm Regum, Alcalá, 1560. — Francisco 
Martínez Montiño publicó Arte de Cozina, pastelería, hirjcochería y 



48 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Conservería, Madrid, 1560, 1611, 1617, 1628; Barcelona, 1763. — Diego 
DE Noguera (t 1566) publicó De Ecclesia Christi ab Haereticorum. 
concüiabulis dignoscenda, Dilinga, 1560. — Relación de la entrada de la 
Sacra CathoUca Real Magestad de la Reyna nuestra señora en España, 
Zaragoza, 1560. — Alonso de Santa Cruz, sevillano, archicosmógrafo 
de Carlos V, publicó Libro de las longitudes y manera que hasta agora 
se ha tenido en el arte de navegar. Islario general del mundo, 1560. 
De sus trabajos é inventos, véanse Picatoste y M. Pelayo, Cieñe, 
esp., III, pág. 355. Adenicás tradujo La Historia de España y del Ori- 
gen de los Reyes, de Francisco Tarrafa, Barcelona. Otras obras ma- 
nuscritas, en Nic. Antonio. Declaración del astronómico cesáreo de 
Pedro Apiano (ms. Bibl. Nac). — Fray Domingo de S. Tomás, do- 
minico, publicó Gramática ó arte de la lengua general de los Indios 
de los reynos del Pirii, Valladolid, 1560. Vocabulario... Quichua, 
ibid., 1560. — Vidas de S. Francisco de Asís y de S. Clara, Sevilla, 156c. 

19. Año 1 56 1. Fray Luis de León (i 528- i 59 i), á quien 
por ser el principal de la escuela poética, llamacia salmantina, 
suelen poner los historiadores de la literatura entre los poetas; 
fué tan gran prosista como poeta, y no puede apartarse del 
grupo de los místicos, de los cuales fué el último del glorioso 
reinado de Felipe IL Es fray Luis la clave del Renacimiento 
español, cuanto á haber sabido mejor que nadie fundir en una 
las tres corrientes del pensamiento y de la forma, la puramente 
castellana, la greco-latina y la hebraica, y esto tanto en prosa 
como en verso. Hermanadas asi estas tres tan diferentes cul- 
turas en las obras de fray Luis, la prosa adquiere el nervio y 
color que faltaba á sus predecesores; la poesía alcanza su más 
elevada expresión y su más galana forma. Teólogo y orador, 
filósofo y poeta, exégeta y místico, científico y sabio, fray Luis 
de León es uno de los gigantes de nuestro siglo de oro. Nació 
en Belmonte, provincia de Cuenca, el año de 1527, pasando 
muy niño á Madrid, donde su padre, don Lope de León, ejer- 
cía el cargo de abogado de Corte. Fué á los catorce años á 
estudiar en Salamanca, y en 1543 vistió el hábito agustiniano 
en el convento de San Agustín de aquella ciudad, profesando 
el 1544, graduándose el 1560 de Licenciado y Maestro en Teolo- 
gía y logrando por su saber, sucesivamente, las cátedras de Santo 
Tomás de Aquino (1561), prima de Sagrada Escritura (1565) 
y la de Durando en la Universidad. En 1569 dio unas lecciones 
sobre la Viilgata, donde algunos creyeron verle sentir con sus 




Pacheco, Libro de retratos.) 



S. XVI, 1 561. FRAY LUIS DE LEÓN 49 

compañeros Martín Martínez Cantalapieclra, catedrático de he- 
breo, y Gaspar de Grajal, sospechosos ambos de apoyar un 
cierto sistema de interpretación rabínica. Fué delatado á la In- 
quisición, primero en 1570, por una lección que dio sobre el 
matrimonio, aunque sin consecuencias. No hay cuerpo sin som- 
bra, y la envidia, que lo es de la grandeza, le suscitó émulos 
como Bartolomé de Medina y á sus órdenes el M. León de 
Castro, gran perseguidor de los hombres de valer de aquel 
tiempo, el cual le delató á la Inquisición, en 1572, por haber 
vertido, hacia 1561, al romance el Cantar de los Cantares, 
contra lo ordenado por el Concilio, pero sobre todo por pro- 
posiciones sobre la autoridad de la Vulgata y sobre la justi- 
ficación. Tras cinco años de penosa cárcel en Valladolid, don- 
de empezó á escribir Los Nombres de Cristo (publicados en 
1583), quedó absuelto como inocente (1576). La traducción 
de los Cantares, hecha (1561) á ruegos de una m.onja, Isabel 
Osorio, que ignoraba el latín, y sin ánimo de publicarla, fué 
mandada recoger. Sometióse, perdonó á sus enemigos y di- 
cen que dio principio á su lección con el : Señores, decía- 
mos ayer {Dicehamns hesternu die) ; pero no en su cátedra, 
que había sido ocupada sucesivamente por otros dos profe- 
sores desde 1573, sino en otra, creada provisionalmente. Nom- 
brado por oposición profesor de Filosofía moral (1578), des- 
pués de Sagrada Escritura (1579), año en que escribió la 
Exposición del libro de Job, todavía fué amonestado acerca de 
la predestinación. En 1578 fué consultado por la Universidad 
sobre la reforma del calendario; en 1583 escribió La Perfecta 
Casada, paráfrasis del capítulo 31 de los Proverbios, para Ma- 
ría Várela Osorio; en 1587, la carta para las obras de Santa 
Teresa, que revisó v publicó, y comenzó á escribir la Vida de 
la Santa, apuntes hallados por el Obispo de Salamanca con 
ocasión del tercer centenario de la muerte de la mística Doc- 
tora. En el Capítulo celebrado en Toledo en 1588 se le encargó 
escribiese, como lo hizo, las Constituciones latinas para los re- 
coletas de San Agustín. En 1589 se imprimieron las expo- 
siciones sobre Abdias y Ad Calatas en latín, juntamente con 
el Cantar de los Cantares; el 1590, el De Agno Typico. En 
1 591 fué elegido Provincial de Castilla, y por obediencia le 



5o ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

obligaron á publicar algunos de sus escritos. Murió el mismo 
año, nueve días después del nombramiento, á 23 de Agosto, 
en Madrigal, en cuyo Capítulo le habían nombrado para el 
Provincialado. 

20. Francisco Pacheco, Libro de Retratos: ''sus Progenitores fue- 
ron de Belmonte, de claríssimo linage, en el cual resplandecieron 
muchos varones insignes en letras i santidad. El Licenciado Lope de 
León, su Padre, siendo uno de los mayores letrados de su tiempo, vino 
por Oidor á Sevilla, donde hizo oficio de Asistente... nació... el año 
152S... En lo natural, fué pequeño de cuerpo, en de vida proporción, 
la cabeqa grande, bien formada, poblada de cabello algo crespo, i el 
cerquillo cerrado, la frente espaciosa, el rostro más redondo que 
aguileno..., trigueño el color, los ojos verdes i vivos. En lo moral, 
con especial don de silencio, el ombre más callado que se a conocido, 
si bien de singular agudeza en sus didhos, con estremo abstinente i 
templado, en la comida bevida, i sueño, de mucho secreto, verdad, i 
fidelidad; puntual en palabras i promessas; compuesto, poco ó nada 
risueño, leiasse en la gravedad de su rostro, el peso de la nobleza de 
su alma, resplandecía en medio desto por eccelencia una umildad pro- 
funda, fué limpíssimo, mui onesto i recogido, gran Religioso i obser- 
vante de las Leyes... con ser de natural colérico fué mui sufrido i 
piadoso para los que le tratavan... Professó en el Monesterio de 
san Agustín de Salamanca, en 29 de Enero de 1544. siendo de edad 
de 16 años, en lo adquisito, fué gran Dialéctico i Filósofo, Maestro 
graduado en Artes, i Doctor en Teología, por aquella insigne Univer- 
sidad donde fué Catedrático más de 36. años, en la Cátedra de Santo 
Tomás, de Durando, de Filosofía moral, i de Prima de Sagrada Es- 
critura, que tuvo con crecido premio, por que leyesse una lección, supo 
Escolástico tan aventajadamente, como si no tratara de Escritura, i de 
Escritura como si no tratara de Escolástico, fué la mayor capacidad 
de ingenio que sea conocido en su tiempo, para todas Ciencias i Artes; 
escrevía no menos que nuestro Francisco Lucas, siendo famosso Ma- 
temático, Aritmético, i Geómetra; i gran Astrólogo, i Judiciario (aun- 
que lo usó con templanza.) fué eminente en el uno i otro derecho, 
Médico superior, que entrava en el General con los desta Facultad, i 
argüía en sus actos, fué gran Poeta Latino i Castellano, como lo mues- 
tran sus versos, estudió sin Maestro la Pintura y la exercitó tan dies- 
tramente, que entre otras cosas hizo (cosa difícil) su mesmo Retrato. 
tuvo otras infinitas abilidades, que callo por cosas mayores. La lengua 
Latina, Griega, i Hebrea, la Caldea i Siria, supo como los Maestros 
della. pues la nuestra con cuánta grandeza? siendo el primero que es- 
crivió en ella con número i elegancia; dígalo el Libro de los Nombres 
de Cristo i perfeta Casada... escrivió en latín Comentarios sobre 
los Cantares, i fué el primero que allanó las dificultades de la letra: i 



S. XVI^ I561. FRAY LUIS DE LEÓN 5 1 

sobre el Psalmo 26 i el Profeta Abdías, i la Epístola ad Calatas, i un 
tratado de utriusque agni : expuso otros libros de la Escritura que 
no están impressos. ai muchas obras suyas de mano en verso, divididas 
en tres partes, la primera de !as cosas proprias, la segunda lo que 
traduxo de autores Profanos, la tercera de los Psalmos, Cantares, i 
Capítulos de Job... Al passo destas grandezas, fué la invidia que le 
persiguió, pero descubrió altamente sus quilates, saliendo en todo su- 
perior, i con el mayor triunfo i onra que en estos Reinos se a visto, 
fué varón de tanta autoridad, que parecía más á propósito para mostrar 
á los otros, que para aprender de ninguno, grande su juizio y pru- 
dencia en materias de govierno, alcanzó mucha estimación en España 
y fuera della con los mayores ombres; consultávalo el Reí Filipo Se- 
gundo en todos los casos graves de conciencia enviándole correos ex- 
traordinarios á Salamanca ; i después yendo por orden de la Univer- 
sidad, con particular comisión, á su Magestad, lo trató i comunicó, 
haziéndole especial favor i merced, i en los acometimientos onrosos 
de Obispados, i del Arzobispado de México, descubrió su valor i ánimo 
grande, no sólo para desnudarse de la dignidad... traxéronle con la 
devida onra a san Agustín de Salamanca donde avía tomado el abito, 
i yaze sepultado en el Claustro de aquel Üustre Convento". Lo de ser 
descendiente de judíos fué cosa que negó constantemente fray Luis 
y queda confirmado no haberlo sido por los documentos genealógicos 
del padre Méndez {Rev. Agust., III, pág. 125). Primero se graduó de 
Bachiller en Toledo, luego de Maestro en Teología en Salamanca 
(1560) y de Artes (1578). M, Pela-yo, Heterod., t. II, pág. 695: "Del 
proceso de fray Luis de León fuera temeridad decir nada, después 
del magistral y definitivo Ensayo histórico, del mejicano don Alejandro 
Arango y Escandón, modelo de sobriedad, templanza, buen juizio y 
buen estilo. Quien le lea, ó quien recurra al proceso original, tan 
conocido desde que se estampó en los Documentos Inéditos, formará 
idea clara de la terrible cuestión, filológica y universitaria al principio, 
suscitada (con ocasión de las juntas que en Salamanca se tuvieron 
sobre la Biblia, de Vatablo) entre nuestros hebraizantes fray Luis 
de León, Martín Martínez de Cantalapiedra y el doctor Grajal, y el 
helenista León de Castro, partidario ciego de la versión de los Se- 
tenta, y odiador de los códices hebreos, que suponía corrompidos por 
la malicia judaica. En estas juntas (y para decir toda la verdad) unos 
y otros se arrebataron hasta decirse duras palabras, amenazando fray 
Luis de León á Castro con hacer quemar su libro sobre Isaías. Era 
León de Castro hombre de genio iracundo y atrabiliario, muy pagado 
de su saber y muy despreciador de lo que no entendía. Hiriéronle las 
])alabras de fray Luis en lo más vivo de su orgullo literario, y no en- 
tendió sino delatarle á la Inquisición. A sus delaciones se juntaron 
otras, especialmente las del célebre teólogo dominico Bartolomé de 
Medina. Y como la cuestión que yacía en el fondo del proceso era la 
de la autoridad y valor de la Vulgata, cuestión capitalísima, y más 



52 ÉPOCA DE FELIPE II (s. -XVl) 

en aquel siglo, el Santo Oficio tuvo que proceder con pies de plomo 
y dejar que el reo explicara y defendiera largamente sus opiniones. 
Así lo hizo fray Luis en varios escritos admirables de erudición y 
sagacidad, sobre todo para compuestos en una cárcel y con pocos 
libros. Y aunque el proceso duró muoho y sus enemigos eran fuertes 
y numerosos, la virtud, sabiduría é inocencia del profesor salmantino 
triunfaron de todo y acabó por ser absuelto, aunque se recogió, con- 
forme á las reglas del índice Expurgatorio, la traducción que había 
liedho en lengua vulgar del Cántico de Salomón." In Cántica Cantico- 
runí ExpJanatio, 1580: "Lectori: Cum superioribus annis, rogatu 
cuiusdam amici mei, qui Latine nesciebat, Canticum Salomonis in hi- 
spanum sermonem convertissem (hacia 1561), adidissem eodem ser- 
mone conscriptos, breves in idem Commentarios... et ei... legendum 
dedissem, qui paucis post mensibus redidisset mihi librum meum, 
nullo illius apud se exemplo relicto ; accidit ut quidam meus f amiliaris 
e meis secriniis me inscio, eum accipiens, non solum sibi describeret, 
sed descriptum a se exemplum alus item describendum traderet. Ex 
quo factum postea est, ut multis omnium ordinum Ihominibus eum 
librum probantibus, atque petentibus, brevi is líber in plura exempla 
tvansfusus, et per maiorem Hispaniae partem sparsus, in manus plu- 
rimorum pervenerit. Sed quoniam a rerum Fidei ludicibus sánete erat 
interdictum ne quis S. Scripturae liber, vulgari sermone conscriptus, 
legeretur: quidam non nimirum amatores mei, causam eo sibi oblatam 
ad mihi incommodamdum putarunt, eamque et statim et avide arrí- 
puerunt. Verum, illis iam controversiis... diiudicatis; meque ipso post 
multos et magnos labores... pristinae dignitati meae, atque integrae 
opinioni aliquando tándem restituto, quo etiam in hoc omnium iudiciis 
satisfierit; utque nihil relínqueretur, quod suspicioni locum daré pos- 
set alicui, multí me hortati sunt ut Latine verterem eum librum 
ipsumque pervulgarem atque ederem : quod et f eci coactus quodam- 
modo..." En el proceso, publicado por Salva y Sáinz de Baranda, en 
los tomos X y XI de los Documentos inéditos para la historia de Es- 
paña, y un extracto en el tomo de Aut. Esp., dedicado á las obras de 
fray Luis de León, salieron á relucir mil chismecillos y rivalidades de 
escuela, se revolvieron los huesos de sus ascendientes, en cuyas venas 
creyeron descubrir gotas de sangre judía. Además de León de Castro 
fueron sus acusadores el estúpido doctor Sotil^ el insigne fray Bar- 
tolomé de Medina, dominico, de quien León de Castro fué como un 
auxiliar, y algunos agustinos. No todos en la Orden opinaban como 
fray Juan Ciguelo, y se sabe que el general de los agustinos, Tadeo 
Perusino, escribió al provincial de España doliéndose de la prisión 
de fray Luis y exlhortándole á que le ayudase. La trapatiesta que se 
levantó fué tal, que hubieron de suspenderse las clases de la Univer- 
sidad. El año 1570 había tenido una disputa con León de Castro, pro- 
fesor de Griego, acerca de la autoridad de la Víilgata. Amenazóle 
fray Luis con hacer quemar los Commentaria in Esaiam Prophctarn, 



S. XVI, 1 561. FRAY LUIS DE LEÓN 53 

de Castro (1570), que encubrían solapados ataques de! bando contrario. 
Sacóle Castro á relucir lo de su linaje judío y amenazóle con que le 
llevaría al quemadero. La disputa de profesores se convirtió en tri- , 
fulca. Alborotáronse los estudiantes, aplaudiendo muchos á Castro, 
"pues era del bando de Jesucristo". Tomó cartas !a Inquisición en el 
asunto y prendió á Grajal y Cantalapiedra, y luego á fray Luis, el "zy 
de Marzo de 1572, no dejándole un momento de abrumar, durante 
cuatro largos años, á preguntas capciosas. Defendióse con rara ha- 
bilidad ; negó todos los capítulos de acusación, menos el de haber tradu- 
cido del hebreo en romance el Cantar de los Cantares. La mayoría 
de la comisión investigadora opinó, en 28 de Setiembre de 1576, que 
fuese sometido á cuestión de tormento, aconsejando empero que "se 
le dé moderado, atento que el reo es delicado". Gracias que el Su- 
premo Tribunal de la Inquisición se adelantó, disponiendo que fuese 
fray Luis amonestado por las cosas pasadas, se le advirtiese' para lo 
venidero y, recogida su versión del Cantar de los Cantares, fuese 
dado por libre é inocente. Esta sentencia absolutoria se dio á 7 de Di- 
ciembre de 1576. Fray Luis fué juzgado por el Tribunal que había 
elegido y con el que amenazó á Castro, y el suceso le dio la razón, 
Al volver á Salamanca tenía derecho á reclamar su cátedra, ocupada 
por otros dos profesores desde 1573. La frase Dicebamns hestema die 
créese hoy que es invención de cincuenta años después (1623) del ita- 
liano Niccolo Crusenio. De su encarcelamiento escribió !a décima: 

"Aquí la envidia y mentira 
me tuvieron encerrado: 
dichoso el humilde estado 
de! sabio que se retira 
de aqueste mundo malvado, 
y con pobre mesa y cama 
en el campo deleitoso 
con só'o Dios se compasa 
y á solas su vida pasa 
ni envidiado ni envidioso." 

Fué parodiada por su adversario el dominico fray Domingo de 
Guzmán (t 1582), hijo de Garcilaso de la Vega; algunos de sus versos 
satíricos metió Cervantes en los de Urganda la Desconocida. Este 
proceso de fray Luis no ha de atribuirse á la Inquisición, sino á Cas- 
tro y á las miserables contiendas que se traían las Ordenes religiosas. 

21. Los Nombres de Cristo escribiólos durante su prisión : 
diálogos elocuentísimos algunos, eruditísimos todos y de un arte 
maravilloso y consumado, en que, á orillas del Tormes, dis- 
curren Marcelo, Sabino y Julián acerca de los atributos de 
Cristo, simbolizados en los nombres que da al Mesías el An- 



54 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

liguo y Nuevo Testamento. Júntanse en ellos la más honda 
teología y la más clara y ortodoxa declaración ó exégesis bí- 
blica, con las filosofías de Platón y Aristóteles armonizadas y 
con la doctrina sobre el amor del neoplatonismo de León He- 
breo. Todo ello en diálogo á la manera del divino Platón, que 
no parece hubiera hablado de otra manera en castellano y en 
cristiano. No sé haya en nuestra lengua trozo más elocuente 
y demostino que el del Brazo de Dios. Todo Fr. Luis está en 
esta obra; toda su alma se transparenta en ella. La poesía 
colorea y matiza sus páginas, oreadas por un sosegado céfiro 
helénico, que sopla por aquellas riberas del Tormes y menea 
las hojas de chopos y vergueras, como meneaba las de los 
plátanos, á cuya sombra razonaba Platón con sus discípulos 
orillas de Iliso. Las palabras de Marcelo se derraman con un 
dulzor beatífico que llenan de tiernos sentimientos de caridad 
cristiana los pechos de los que le escuchan, que no parece sino 
que el propio Jesús las pronuncia abrazando cariñosamente 
á todos los hombres. Los Nombres de Cristo es la obra más 
admirable del teólogo, filósofo, exégeta y poeta salmantino, 
apenas inferior en lo dramático á los Diálogos de Platón, en 
lo artístico del estilo y en la serenidad de pensamiento muy 
parecida ; pero más levantada en lo sublime de la doctrina evan- 
gélica y más honda en el amor de caridad y en la prometida 
paz, que abarcan á la humanidad toda. La fusión armónica de 
la variedad en la unidad, conforme á la tradición española de 
las tendencias filosóficas, manifiestas en Ben Gabirol, en Lu- 
lio, en Sabunde, en León Hebreo, en Fox Morcillo, alcanza 
en Fr. Luis la cima, al ser alumbradas las cosas todas por la 
luz y caridad del Verbo que las enlaza en sí con eterno abrazo. 
Como propiedad de lenguaje y justeza de expresiones acaso 
gane á las demás obras de Fr. Luis la Exposición del libro de 
Job (1579), comenzada en los primeros tiempos de su vida 
literaria, dejada por largo tiempo después y acabada á ruegos 
de la madre Ana de Jesús, la amiga de Santa Teresa. Llevá- 
bale á esta propiedad y precisión el oficio de traductor y de 
exégeta, que hacía en libro de tanta reciura de expresión como 
el de Job. La Perfecta Casada es un sartal de perlas para las 
señoras cristianas, abrillantado con toques realistas y decir 



S. XVI, I5ÓI. FRAY LUIS DE LEÓN 53 

elegante, pinturas galanas y dulcedumbre incomparable de vo- 
cablos. El segundo libro de las poesías de Fr. Luis, recogidas 
y publicadas por Ouevedo, es todo de versiones griegas, latinas 
é italianas ; el tercero, de versiones hebraicas : en ambas se 
muestra fiel traductor y perspicaz comprensor de los textos, 
con suficiente desembarazo para hacerles hablar á los viejos 
poetas en poético castellano. Pero donde está Fr. Luis como 
poeta original es en las composiciones ipropias, recogidas en 
el primer libro. La unción que supo trasladar de los vates he- 
braicos y la impecable forma que logró verter de los clásicos, 
se dan la mano en sus propias poesías, ya suene fogosa la 
cuerda patriótica en la Profecía del Tajo, ya tiemble arrobada 
la mística cuerda en la oda Al Apartamiento, ora ondule ma- 
jestuosamente serena la musical en la oda A Francisco Salinas, 
ora gima la religiosa en la de la Ascensión del Señor, ó retiña 
en las profundidades de la infinita eternidad, empapada en 
dulce melancolía, la solitaria y sobrenaturalmente bella en la 
sin par oda de la Noche serena. Es Fr. Luis horaciano en el 
gusto y corte de su decir; pero en lo hondo de sus poesías ya 
no apunta aquella irónica sonrisa del escéptico y desengañado, 
del epicúreo, que en su dorada medianía se aovilla cual gatita 
egoistona para saborear la placidez que de la vida pueda alqui- 
tarar con mano codiciosa ; antes destella, sin nubécula alguna 
que la empañe, la sosegada paz del alma cristiana, que tiene 
en poco la arrebatada baraúnda de las cosas todas criadas y 
se levanta sobre ellas en alas de sublimes esperanzas, que asien- 
tan en la inconmovible roca de la palabra de D'ios. La poesía 
no le atrailla, como á Horacio, á los tranquilos goces de líi 
tierra, sino que le traspone á los divinos y retraídos mundos 
donde le aguarda la fuente de toda heiTnosura é inefable ar- 
monía. Que á esto se reduce la mística de Fr. Luis, mística 
esencialmente poética, derivada de la más limpia exegética teo- 
logía. La mística de Fr. Luis no es tan honda y subjetiva, di- 
gamos, como la de Santa Teresa y San Juan de la Cruz; pero 
es más teológica y bíblica, más filosófica y más poética. Cuanto 
al estilo y lenguaje de su prosa, el castellano adelanta del co- 
nocido hasta entonces en nervio y color, en la fuerza oratoria. 
que failtó á Granada, y llega á demostina en el Braso de Dios, 



5Ó ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

y en el colorido poético horaciano. juntamente con cierta deli- 
cada ternura virgiliana y sobre todo con una elevación cristiana 
de pensamiento, empapada de la sosegada serenidad platónica, 
sólo concedida á las musas helénicas. Estas cualidades poéticas, 
el brío traído de la Biblia, la justa proporción, de Horacio, y 
la elevación serena, de la Grecia, campean, sobre todo, en sus 
poesías, las más hermosas algunas de ellas del Parnaso espa- 
ñol. Hay un tinte de ligero arcaísmo castizo en el lenguaje de 
Fr. Luis, que lo hace grave y hierático. La propiedad de las 
voces y la riqueza de frases, la florida metáfora, el ningún 
empleo de voces latino-eruditas, levanta el habla de Fr. Luis 
de León muy por cima de la de Fr. Luis de Granada. Es menos 
desleída, más recia y majestuosa, sin dejar de ser de tanta 
armonía. El sentimiento y el color del poeta pinta su prosa, 
que siempre es más densa y castiza que la de Granada. 

22. "La perfección, dice fray Luis de León, de todas las cosas, y 
señaladamente de aquellas que son capaces de entendimiento y razón, 
consiste en que cada una dellas tenga en sí á todas las otras, y en 
que siendo una, sea todas cuantas lo fuere posible, porque en esto se 
avecina á Dios, que en sí lo contiene todo. Y cuanto más en esto cre- 
ciere, tanto se allegará más á él, haciéndosele semejante. La cual se- 
mejanza es, si conviene decirlo así, el principio general de todas las 
cosas, y el fin y como el blanco adonde envían todos sus deseos las 
criaturas. Y por eso, las cosas, demás del ser real que tienen en sí, 
tienen otro aún más delicado, y que en cierta manera nace de él (el 
ser ideal), con el cual están y viven cada una dellas en los entendimien- 
tos de sus vecinos, y cada una en todas, y todas en cada una... Que 
si juntamos muchos espejos y los ponemos delante de los ojos, la ima- 
gen del rostro, que es una, reluce una misma y en un mismo tiempo 
en cada uno de ellos; y de ellos todas aquellas imágenes, sin confun- 
dirse, se forman juntamente á los ojos, y de los ojos al alma de aquel 
que en los espejos se mira." M. Pelayo, Ideas csfét., t. III, pág. 148: 
"Fray Luis de Granada nos arrebata en el torrente desencadenado de 
su elocuencia, que arrastra á veces (con paz sea dicho, y sólo bajo la 
relación de arte) algo de fango mezclado con el oro ; Malón de Chaide 
nos deslumhra á fuerza de color; Santa Teresa nos enamora con su 
profunda sencillez y su gracia femenil ; fray Juan de los Angeles, con 
su íntima dulzura; á San Juan de la Cruz apenas pueden seguirle más 
que las águilas de la contemplación. Todos son admirables y distintos; 
pero esa virtud de sosiego, de orden, de medida, de paz, de número 
y ritmo, que los antiguos llamaban sophrosyne (palabra hermosísima 
é intraducibie, como toda palabra preñada de ideas), i dónde la en- 



S. XVI, 1 56 1. FRAY LUIS DE LEÓN' Sy 

contraremos sino en fray Luis de León, cuya prosa en loor de la paz 
parece el comentario de su oda A la música, del ciego Salinas?" Cer- 
vantes, Canto de Calíope: "Quisiera rematar mi dulce canto | en tal 
sazón, pastores, con 'caros | un ingenio que al mundo pone espanto | y 
que pudiera en éxtasis robaros. | En él cifro y recojo todo quanto | he 
mostrado hasta aquí y he de mostraros: | fray Luys de León es el que 
digo, I á quien yo reverencio, adoro y sigo." M. Pelayo, Poes. niíst.: 
''¿Quién me dará palabras para ensalzar ahora, como yo quisiera, á 
fray Luis de León? Si yo os dijese que fuera de las canciones de San 
Juan de la Cruz, que no parecen ya de hombre, sino de ángel, no hay 
lírico castellano que se compare con él, aún me parecería haberos dicho 
poco. Porque desde el Renacimiento acá, á lo menos entre las gentes 
latinas, nadie se le ha acercado en sobriedad y pureza; nadie en el arte 
de las transiciones y de las grandes lineas y en la rapidez lírica; nadie 
ha volado tan alto ni infundido como él en las formas clásicas el es- 
píritu moderno. El mármol del Pentélico, labrado por sus manos, se 
convierte en estatua cristiana, y sobre un cúmulo de reminiscencias de 
griegos, latinos é italianos, de Horacio, de Pindaro y del Petrarca, de 
Virgilio y del himno de Aristóteles á Hermias, corre juvenil aliento de 
vida que lo transfigura y lo remoza todo. Así, con piedras de las 
canteras del Ática, labró Andrés Chénier sus elegías y sus idilios, 
jactándose de haber hecho, sobre pensamientos nuevos, versos de her- 
mosura antigua; pero bien sabéis que el procedimiento tenía fecha. 
Error es creer que la originalidad poética consista en las ideas. Nada 
propio tiene Garcilaso más que el sentimiento, y por eso sólo vive 
y vivirá cuanto dure la lengua. Y aunque descubramos la fuente de 
cada uno de los versos de fray Luis de León, y digamos que la tem- 
pestad de la oda á Felipe Ruiz se copió de las Geórgicas, y que La vida 
del campo y La profecía del Tajo son relieves de la mesa de Horacio, 
siempre nos quedará una esencia purísima, que se escapa del análisis; 
y es que el poeta ha vuelto á sentir y á vivir todo lo que imita de sus 
modelos, y con sentirlo lo hace propio, y lo anima con rasgos suyos; y 
así en la tempestad pone el carro de Dios ligero y reluciente, y en la 
vida retirada nos hace penetrar en la granja de su convento, orillas 
del Tormes, en vez de llevarnos, como Horacio, á la alquería de Pulla 
ó de Sabina, donde la tostada esposa enciende la leña para el cazador 
fatigado. ¡ Poesía legítima y sincera, aunque se haya despertado por 
inspiración refleja, al contacto de las páginas de otro libro ! Hay cierta 
misteriosa generación en lo bello, como dijo Platón. El sentido del 
arte crece y se nutre con el estudio y reproducción de las formas 
perfectas. A. Chénier lo ha expresado con símil felicísimo: el de la 
esposa lacedemonia, que, cercana al parto, mandaba colocar de'ante 
de sus ojos las más acabadas figuras que animó el arte de Zeuxis, los 
Apolos, Bacos y Helenas, para que, apacentándose sus ojos en la 
contemplación de tanta hermosura, brotase de su seno, henchido de 
aquellas nuevas y divinas formas, un fruto tan noble y tan perfecto 



58 ÉPOCA DE FELIPE ÍI (s. XV l) 

como los antiguos ejemplares y dechados. Así se comprende que fray 
Luis de León, con ser poeta tan sabio y culto, tan enamorado de la 
antigüedad y tan lleno de erudición y doctrina, sea en la expresión 
lo más sencillo, candoroso é ingenuo que darse puede, y esto no por 
estudio ni por artificio, sino porque juntamente con la idea brotaba de 
su alma la forma pura, perfecta y sencilla, la que no entienden ni 
saborean los que educaron sus oídos en el estruendo y tropel de las 
odas quintanescas. Es una mansa dulzura, que penetra y embarga el 
alma sin excitar los nervios, y ^a templa y serena, y le abre con una 
sola palabra los horizontes de lo infinito: 

"Aquí el alma navega 
por un mar de dulzura, y, finalmente, 
en él asi se anega, 
■que ningún accidente 
extraño ó peregrino oye ni siente." 

Ese efecto que en el autor hacía la música del ciego Salinas, hacen 
en nosotros sus odas. Los griegos hubieran dicho de ellas que produ- 
cían la apetecida sophrosync^ aquella calma y reposo y templanza de 
afectos, fin supremo del arte: 

"El aire se serena 
y viste de hermosura y luz no usada. 
Salinas, cuando suena 
la música extremada 
por vuestra sabia mano gobernada." 

Música que retrae al poeta la memoria 

"De su origen primera esclarecida", 

y le mueve á levantarse sobre el oro y 'a belleza terrena y cuanto 
adora el vulgo vano, y traspasar las esferas para oír aquella música 
no perecedera que las mueve y gobierna y hace girar á todas; música 
de números concordes, que oyeron los pitagóricos y San Agustín y 
San Buenaventura, y que es la fórmula y la cifra de la estética pla- 
tónica. Todo lleva á Dios el alma del poeta, no asida nunca á las formas 
sensibles, ni del arte ni de la naturaleza, con ser de todos los nuestros 
quien más la comprendió y amó, sino ávida de lo infinito, donde cen- 
tellean las ideas madres, cual áureo cerco de la Verdad suprema, donde 
se ve distinto y junto 

"Lo que es y !o que Oía sido, 
y su principio cierto y escondido" : 

donde la paz reina y vive al contento, y donde sestea el buen Pastor, 
ceñida la cabeza de púrpura y de nieve, apacentando sus ovejas con 
inmortales rosas, producidoras eternas del consuelo. 



S. XVI, 1 561. FRAY LUIS DE LEÓN Sq 

"Con flor que siempre nace, 
y cuanto más se goza, más renace." 

¿Y será hipérbole, señores, el decir que tales cantos traen como un 
sabor anticipado de la gloria, y que el poeta que tales cosas pensó y 
acertó á describir, había columbrado en alguna visión la morada de 
grandeza, el templo de claridad y de hermosura, ¡a vena del go2o fiel, 
los repuestos valles y los riquísimos mineros y las esferas angélicas 

"De oro y luz labradas, 
de espíritus dichosos habitadas?" 

Obras de fray Luis: In Cántica Canticorum Explanatio, y al final: 
In Psabnum vigesimnm sextum Explanatio, Salamanca, 1580, 1582, 
1589, con las demás obras; Venecia, 1604. Los Nombres de Cristo, 
Sa'amanca, 1583 (dos ediciones, la segunda con otro Nombre más), 
1587, 1595 añadido el de Cordero, 1603. La Perfecta Casada, Salaman- 
ca, 1583; Zaragoza. 1584 (2 edic.) ; Salamanca, 1586, 1587 con los 
Nombres de Cristo, 1595; Venecia, 1595 (ital.) ; Ñapóles, 1598 (ital.). 
Carta á las Madres con la Vida que escribió la Santa, 1587. Los 
apuntes que dejó de la Vida de S. Teresa, que no pudo acabar, fueron 
hallados por el señor Martínez Izquierdo en el convento de Carmelitas 
de Salamanca, y se publicaron en la Rci'. Agustiniana y en la edic. de 
las Obras, de fray Luis, Madrid, 1885. Constitutiones, de los agustinos 
recoletos, en latín, 1588, Exposición latina de Abdias y de Ad Ca- 
latas, Salamanca, 1589, con el Cantar de los Caiit. y el Salmo 26. 
Cantar de los Cantares, en castellano, Salamanca, 1589. De utriiisque 
agni typici atque veri immolationis legitimo tcmpore, Salamanca, 1590, 
1592. Obras postumas: Exposición del Salmo Miserere, Salamanca, 
1607, y con una Canción á Cristo crucificado, Madrid, 1618. Obras 
propias y Traduciones, con la Parafrasi de algunos Salmos de David 
y Capítulos de Job... las hizo imprimir D. Francisco de Quevedo 
Villegas, Madrid, 1631 ; Milán, 1631. Quevedo quiso, con las poesías 
ce fray Luis, contrarrestar los daños del culteranismo. Exposición 
del libro de Job, Madrid, 1779. Sobre las ediciones posteriores y los 
códices, véase la edición del padre Merino, 1885, t. IV, pág. 275. Obras 
inéditas quedaron en latín sobre Santo Tomás y exposiciones bíblicas 
en castellano, Exposición ^de varios Salmos: otras obras se perdieron. 
Hay poesías de León con otras de Hurtado de Mendoza en un ms. 
(núm. 354, clase VII) del siglo xvi, de la Bibl. Nac. Central de Flo- 
rencia, ya citado por Sedaño en su Parnaso, IV, XXI ; otras, inéditas, 
en el ms. 2-F-3 de la Bibl. Real. 

23. Obras de fray Luis de León, ed. A. Merino, Madrid, 1816, 
6 vols. ; (reimpres. con prefacio de C. Muiños), Madrid, 1885, 4 vols. ; 
Bib'. de Aut. Esp., ts. XXXV, LIII, LXI y LXII: La Perfecta Ca- 
sada, ed. E. Wallace, Chicago. 1903: Exposición del Miserere (facsí- 



6o ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

mile de la ed. (Barcelona) de 1632, por Archer M. Huntington), New- 
York, 1903. Escritos en prosa, cotejados con varios mss. auténticos. 
Cantar de cantares. Respuesta de Fr. L. de L. estando en la cárcel. 
La perfecta casada. Exposición del Salmo 41. Cartas, Barcelona, 1905. 
Consúltense: Proceso original, etc., en la Colección de documentos 
inéditos para la Historia de España (1847), ts. X y XI; J. González 
de Tejada, Vida de Fr. L. de León, Madrid, 1863; C. A. Wilkens, 
Fr. Luis de León, Halle, 1866; A. Arango y Escanden, Luis de 
León: ensayo histórico, etc., Méjico, 1866; J. H. Reusch, Luis de 
Lcon und die spanische Inquisition, Bonn, 1873; M. Gutiérrez, 
Fr. L. de León y la filosofía española, Madrid, 1885 {Adiciones pos- 
tumas, en La Ciudad de Dios (1907), t. LXXIII, págs. 391-399, 478- 
494, 662-667; t. LXXIV, págs. 49-55, 303-414, 487-496, 628-643; (1908), 
t. LXXV, págs. 34-47, 215-221, 291-303, 472-486) ; M. Gutiérrez, El 
Misticismo ortodoxo, Valladolid, 1886; J. M. Guardia, Fr. Luis de 
León ou la poésie dans le cloitre, en la Revne Germanique (1863), 
t. XXIV, págs. 309-342; Menéndez y Pelayo, Horacio en España, 
2.^ ed., Madrid, 1885, t. I, págs. 11-24; Men. y Pelayo, Estudios de 
crítica literaria, i.» serie, Madrid, 1893, págs. 1-72; F. Blanco García, 
Segundo proceso instruido por la Inquisición de Valladolid contra 
Fr. Luis de León, Madrid, 1896; F. Blanco García, Fr. L. de León: 
rectificaciones biográficas, en el Homenaje á Menéndez y Pelayo, 
Madrid, 1899, t. I, págs. 153-160; F. Blanco García, Luis de León: 
estudio biográfico del insigne poeta agustino, Madrid, 1904; Acta 
de la reposición de Fr. Luis de León en una cátedra de la Universidad 
de Salamanca, en la Revista de Archivos (1900), t. IV, págs. 680-682; 
L. G. Alonso Getino, La causa de Fr. Luis de León ante la crítica y 
los nuevos documentos históricos, en la Rev. de Archivos, etc. (1903), 
t. IX, págs. 148-156, 268-279, 400-449; (1904), t. X, págs. 288-306, 380- 
397; L. Alonso Getino, Vida y procesos del M. Fr. Luis de León, 
Salamanca, 1907; C. Pérez Pastor, Bibliografía madrileña, pte. III, 
págs. 404-409. 

24. Año 1 56 1. Alonso de Chaves, cosmógrafo sevillano, escribió 
Relación de la orden que se observaba en el examen y admisión de 
pilotos y maestres de la carrera de Indias, 1561 (Arc'hiv. de Indias). — 
Sancho de Elso, navarro, publicó Doctrina Christiana... en Castellano 
y Vascuence, Pamplona, 1561. Sermones de S. Vicente Ferrer, To- 
ledo, 1561. — Juan Fernández Franco escribió De Antiquitatibus Tuc- 
citanis (ms.). Suma de las inscripciones romanas y memorias de la 
Bética (ms., 1565?). Inscripciones Romanas de varias piedras de pue- 
bles de Andalucía y otras partes de España, 1567 (ms.). Demarcación 
de la Bética antigua (1571, ms.). De situ Gracchurris (1578, ms.). Me- 
morial sobre antigüedades del término de Córdoba y Marquesado de 
Priego (1598, ms.). De los nombres antiguos de las poblaciones de An- 
dalucía (1601, ms.). Discurso sobre la situación de Ercavica. Discurso 



S. XVI, 1562. JERÓNIMO ZURITA 6 1 

sobre la vía romana desde los íroplicos de Pompeyo en el Pirineo 
hasta Cásfulo^ etc. Compendio de Numisnws (1564, ms.). — Fray Gar- 
cía DE Toledo, Jerónimo, publicó Compendium prizfilegionim ordinis 
D. Hieronymi, Roma, 1561, 1563. Indidgentiae VII Ecclesiarum Urhis, 
ibid., 1561. — Gratarolo publicó la Praxis artis alchimicae, obra de Ca- 
ra yantes, en 1 56 1. — Baltasar de Hierro publicó el Libro y primera 
parte de Los victoriosos hechos del muy Valeroso Caballero D. Alonso 
de Bazán, señor de las villas del viso y Santa-cruz, Capitán General 
del mar Océano, Granada, 1561. — Rodrigo ó Rui López de Segura, 
sacerdote de Zafra, publicó Libro de la Invención liberal y arte del 
juego del Axedrez, Alcalá, 1561. — Pedro Martínez, toledano de Brea, 
publicó In Libros Aristotelis de Codo et Mundo. In Libros eiusdem 
de Generationc et corruptione, Alcalá, 1561, In Libros tres Aristotelis 
de Anima Commentarium. Tractatus, quo ex Peripatética Schola Ani- 
mae immortalitas asseritur et probatur, Segontiae, 1575. Enarratio 
in B. ludae Taddaei ApostoU Canonicam Epistolam, ibid., 1582. — 
HiERONiMO MuRiLLO, cirujano de Zaragoza, publicó Terapéutica, mé- 
todo de Galeno en lo que toca á Cirugía, Zaragoza, 1561, 1572. Trac- 
tado de la materia de Cirugía compuesto por Jacobo Hollerio Stem- 
pano, médico de París, interpretado por..., Zaragoza, 1576 (único 
ejemplar, en El Escorial). — Fray Juan de Panes, franciscano, publicó 
Grammatica Ars, De Accentu et de Ortographia, 1561. — El padre 
Pedro Juan de Perpiñán, jesuíta, de Elche, publicó De Rhetorica 
discenda, 1561. De avita dicendi laude recuperanda, 1564. Orationes 
duodevíginti, Roma, 1565; Colonia, 1573. La primera díjola en 1555 
delante de don Juan III de Portugal; la última, en 1566, en París. 
Excelente orador latino, segado por temprana muerte. — Antich Ro- 
cha, de Gerona, publicó Lexicón Latino-Catalanum ex Nebrissensis 
Castellano-Latino, Barcelona, 1561. Aritmética de varios autores 
recopilada, ibid., 1564. Compendio... para tener libros de Cuenta..., 
ibid., 1565. Praelectiones e Graecis Interpretibus haustae, ibid., 1573. 
In Aristotelis Organum logicum y De Physica auscultatione, ibid., 
1578. — Jaime Rodrigo publicó Un Tratado de la Concepción de N. S.°- 
Barcelona, 1561. — El hermano Torrentino publicó Elucidario poético. 
Venecia, 1561. — Fray Gaspar de Torres, mercedario (t 1583), obispo 
de Canarias, publicó Constitutiones de la Universidad de Salamanca, 
1561. Tratado de la fundación Mercenaria, Salamanca, 1565. Constitu- 
ciones y Regla de la Orden de N. Señora de la Merced, ibid., 1569. 

25. Año 1562. Jerónimo Zurita (i 5 12-1580) fué hijo 
del Dr. Miguel Zurita, descendiente de los antiguos Zuritas 
de Mosqueruela, médico de cámara de D. Fernando el Católico 
y de Carlos V y protomédico de Aragón. Nació Jerónimo en 
Zaragoza, y muy joven fué á Alcalá á estudiar latín, griego y 
retórica con Hernán Núñez. Conoció además las lenguas fran- 



62 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

cesa, italiana, portuguesa, catalana y valenciana. Fué merino 
ó juez ordinario de Barbastro (1530), baile de Hiuesca, coad- 
jutor vitalicio de la secretaría de la General Inquisición, con- 
tador de la misma en la Corona de Aragón, primer cronista del 
reino, cargo que obtuvo después de reñida oposición con el 
maestro Exerich y el maestro Pérez ; en fin, secretario del 
Consejo y Cámara de Felipe II. Casó con D.^ Juana García de 
Olivan, pasó á Alemania (1543) para asuntos píiblicos del car- 
denal Tavera con el Emperador y recogió (1547) los Breves 
Apostólicos de orden de Fernando Valdés, sucesor del Carde- 
nal en la Suprema Inquisición, siendo el mismo año nombrado 
por las Cortes de Aragón cronista del reino, oficio que tuvo 
juntamente con el cargo de la Inquisición. Recorrió para bus- 
car documentos Italia y Aragón (1550), y á su vuelta á Es- 
paña (1557) el nuevo rey don Felipe dio orden para que se le 
franqueasen todos los escritos públicos y le hizo su secretario 
de cámara (1567). Durante treinta años trabajó en componer 
sus Anales de la Corona de Aragón, que comprenden desde el 
comienzo de la Reconquista hasta la muerte de Fernando V. 
Falleció en el monasterio de Santa Engracia, de Zaragoza, 
llevando' la misma vida de los padres Jerónimos, y en él fué 
sepultado. Sus cenizas se salvaron cuando la guerra de la In- 
dependencia y descansan en el nuevo monasterio restaurado, 
juntO' á las de Jerónimo Blancas. La mayor parte de su rica 
librería se llevó en 1626 al Escorial. Zurita fué el primer histo- 
riador científico y, á la vez. artístico de España y sigue sién- 
dolo, sin que nadie le haya aventajado. En la puntualidad y en 
el plan es excelente. Fué el primero que se dio á viajar para 
conocer la geografía y tierras en que los hechos acontecieron 
y el primero que buscó documentos en España y fuera de ella 
para fundamentarlos. Es admirable por su sana crítica y ati- 
nada observación histórica. x\sí lo han reconocido propios y 
extraños, desde Antonio Agustín hasta Menéndez y Pelayo. 

26. Los Anales se imprimieron en esta forma: Los cinco libros 
primeros de la primera parte de los Anales de la Corona de Aragón, 
Zaragoza, 1562, 1585. Los cinco libros postreros de la primera parte 
de los Anales..., ibid., 1562, 1585. Los cinco libros primeros de la se- 
gunda parte de los Anales.... ibid., 1579. Los cinco libros postreros de 



li^iii lí htMt 7 ,,iyui!iii,firi, 11 I! 



1^ 







^ 



(7. A/afa /o dibuxó. M. Gambovino lo grabó.) 



S. XV^I, 1562. FRAY FRANCISCO DE CÓRDOBA 63 

la segunda parte de los Anales..., ibid., 1579. En el siglo xvii se im- 
primieron por lo menos tres veces desde 1610. índices reruní ah Ara- 
goniac Regibiis gestarum, Zaragoza, 1578. Historia del Rey D. Her- 
nando el CathoUco. De las empresas y ligas de Italia, Zaragoza, 1580. 
El índice de las cosas más notables que se hallan en la Historia de 
Aragón, Zaragoza, 1604. Antonini Augiisti itinerarium cum annotationi- 
bns, Colonia, 1600; publicólo el padre Schotto después de haberlo con- 
sultado con Antonio Agustín. Enmiendas y advertencias á las CrÓ7iicas 
de Castilla, Zaragoza, 1683 ; Madrid, 1778. Descripción de la Cantabria y 
de sus verdaderos límites, Zaragoza, 1683. Forma parte de los Discursos 
varios de historia del arcediano Dornier. En manuscritos: Enmiendas 
y notas á los Comentarios de Julio César (violo Latassa en el Semi- 
nario de San Carlos, de Zaragoza). Anotaciones á Salustio (ms. Es- 
corial). Enmiendas y notas sobre Claudiano (ms. original que se con- 
servaba con !a librería de Zurita en el Monasterio de la Cartuja de 
Aula Dei ; después pasó á la del Cond^-Duque de Olivares ; última- 
mente á la del Marqués de Liche, y hoy se desconoce su paradero). 
Observaciones á Plinio. Notas al nobiliario de D. Pedro de Portugal. 
Notas á la historia más antigua del Reino de Aragón (ms. Escorial). 
El consuelo de la Filosofía, de Boecio, traducido. Notas á los Claros 
varones de Castilla, de Fernando del Pulgar. Discursos genealógicos 
de la casa del Conde de Chinchón. Orafio de rcgibus Portugaliae. Me- 
morial de las casas antiguas de Aragón. Tercera edición de los Ana- 
les, 1669-70, en seis tomos en folio. Consúltese: D. J. Dormer, Pro- 
gresos de la historia en el reyno de Aragón, y elogios de Gerónimo 
Zurita, su primer coronista, Zaragoza, 1680 ; Pérez Pastor, Bibliografía 
Madrileña, III, Madrid, 1907, pág. 223, 

27. Año 1562. El PADRE Benito Pereira (1535-1610). jesuíta, va- 
lentino, en Sicilia y Roma maestro de Artes y Teología, fiolósofo muy 
erudito, pubHcó Physicorum lib. XV, Roma, 1562. De communibus 
omniuní rerum naturaliuní principiis et affectionibus, Roma, 1562, 1576, 
1585; Lyon, 1585; París, 1585; Venecia, 1586; Lyon, 1588; Venecia, 
1591 ; Colonia, 1595. Commentaria in Danielem, ibid., 1586. In Ge- 
nesim, ibid., 1589. Advcrsus fallaces et superstitiosas artes, hoc est, de 
Magia et observationc somniorum et de divinatione Astrológica, In- 
golstadii, 1591 ; Lugduni, 1592; Venecia, 1592; Colonia, 1598; Lyon, 
1602, 1603; Colonia, 1612; París. 1616. In Sacram Scripturam, vol. 5, 
Ingolstadii, 1601, 1603; Lyon, 1606, 1608, 1610. — De Gaspar de Baeza 
se publicaron las obras postumas: La Historia de Paulo Jovio, Sala- 
manca, 1562. Comunidades de España, de Paulo Jovio, Granada, 1563, 
De De cima Tutori Hispánico Jure praestanda, Granada, 1567; Elo- 
gios de Paulo Jovio, Granada, 1568. De Inope debitare ex Castellana 
consiietudine creditoribus addicendo, Granada, 1570. De non meliorandis 
dotis ratione filiabus, ibid., 1656. Opera omnia, Madrid, 1592. — Fray 
Francisco de Córdoba, franciscano, publicó De Haereticis recipiendis, 



64 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Praga, 1562; Annotationes in RcHgionis articulós a Scctarüs controvcr- 
sos, Viena, 1567. De Officio Praclatorum. — Don Juan Fernán- 
dez DE Heredia^ valenciano, publicó Obras en verso, Valencia, 1562. 
— Miguel Ferrer, valenciano, publicó Dialogus inscriptiis Teren- 
tiana imitatio. Valencia, 1562. — En 1562 Diego de Fuentes, aragonés, 
publicó en la edición de la Historia del... Capitán D. Hernando de 
Avalos..., de Pedro Valles, varios opúsculos, como allí se dice: Con 
una adición hecha por Diego de Fuentes. Donde se trata la presa de 
África. Y assí misino la conquista de Sena. Con otras hazañas particu- 
lares, que son el desafio en Italia entre un caballero aragonés llamado 
Marco Antonio Lunel y otro castellano, llamado Pedro de Tamayo, 
natural de Avila; y el desafío entre el Marqués de Pescara y el Duque 
de Nemours. Las Obras de Diego de Fuentes... Assí canciones, como 
sonetos y otros géneros de verso, Zaragoza, 1563. La Conquista de 
África y la conquista de Sena, Amberes, 1570 (es la Presa... de antes). 
Historia de D. Fernando Dávalos, Marqués de Pescara..., ibid., 1570. — 
Pedro Oretano compiló un Libro de inscripciones y epitafios, 1562. — 
Fray Martín Lillo^ franciscano, publicó Tratado de la oración, Za- 
ragoza, 1562; Madrid, 1611. — Alonso de Miranda, portugués, publicó 
El Diálogo de la Perfección y partes del buen Médico, del latín, Lis- 
boa, 1562. — Espejo de príncipes y caballeros. En el qual se cuentan los 
inmortales hechos del Caballero del Febo y de su hermano Rosicler, 
hijos del grande Emperador Trebacio..., por Diego Ortúñez de Ca- 
lahorra, natural de la ciudad de Nágera, Zaragoza, 1562, 1579; Al- 
calá, 1580; Medina, 1583; Valladolid, 1586; Zaragoza, 1617. La Se- 
gunda parte, en Alcalá, 1580, por Pedro de la Sierra; la Tercera, Al- 
calá, 1589, por Marcos Martínez; la Cuarta salió con la tercera en 
Zaragoza, 1623. — Suma breve de la crónica del muy valiente y csfor- 
cado Caballero el Conde Fernán Goncález de Castilla. Agora nueva- 
mente sacada de las corónicas de España, Alcalá, 1562. Véase otra en 
el año 1530. — El presbítero y poeta murciano Diego Ramírez Pagan 
publicó Floresta de varia poesía. Valencia, 1562. Véase en Ticknor, 
t, II, notas, pág. 492. — Don Juan Mateo Sánchez publicó Vida de 
Epaminondas, Valencia, 1562. — Juan Serrano, natural de Villar de 
los Navarros, graduado de maestro en Artes en Zaragoza (1562), 
después catedrático allí de Filosofía, publicó Institutionis dialccticae 
cxercitatio prima, Zaragoza, 1562. — De fray Tomás de Valencia, domi- 
nico, se publicaron Flores de consolación neccssarias á todo Christiano 
para pasar prósperamente las tempestades deste Mundo, en italiano, 
traducido del castellano, Venecia, 1562. 

28. 'Año 1563. Santa Teresa de Jesús (i5I5--i582), en 
el siglo Teresa de Cepeda y Ahumada, ya no es una escritora 
que escribe cartas devotas para algún particular, como Juan 
de Avila, ni amplifica lugares teológicos para el público, como 



SANTA TERESA 




(Fray Juan de la ñliscria.) 



S. XVI^ 1563. SANTA TERESA DE JESÚS 65 

Fr. Luis de Granada ; sin disciplinas teológicas, filosóficas ni 
literarias, escribe lo que siente en su alma para si y para su 
confesor, que todo se va allá, sin pretensiones de ningún gé- 
nero, en el habla que aprendió de niña. Pero, por lo mismo,, 
retrata en sus escritos en estilo llano y vulgar toda su alma, 
y el alma de Santa Teresa es una de las más grandes almas 
que conoce la Historia. La vida de la Santa, no sólo la redactó 
ella en particular, sino que en todo cuanto escribió no hizo 
más que hablar de sí y, por consiguiente, de su vida. Y éste 
es el mayor encanto de sus obras, como lo es de las Confesio- 
nes, de San Agustín, por ser la humildad y menosprecio de sí tan 
grandes en ambos Santos, y la candidez y desmaño artístico ma- 
yor en nuestra Santa. Hablar de si es lo más horrible que hay 
en el común de los escritores; pero en almas tan angelicales 
como estas dos es cuanto el lector puede apetecer de más agra- 
dable y curioso. Porque mal puede hablar de sí quien no se 
conoce, como no se conoce el soberbio; pero ¿cómo mejor 
conocer un alma que cuando, conociéndose por ser humilde, 
nos dice sinceramente lo que le pasa? "Yo no conocí ni vi á 
la madre Teresa de Jesús mientras vivió en la tierra — dijo 
Fr. Luis de León — ; mas agora que vive en el cielo, la conozco 
y veo casi siempre en dos imágenes que nos dejó de sí, que 
son sus hijas y sus libros." "El estilo de sus libros — aseguró 
la madre Dorotea de la Cruz en las informaciones de Valla- 
dolid — es el mismo con que ordinariamente hablaba y las cosas 
que decía á las religiosas; y ansí, cuando los oyen leer, están 
oyendo á ella y las consuela de su ausencia." No hay para qué 
detenerse en su vida, que toda se reduce á su nacimiento (15 15) 
y profesión de religiosa (1534) en Avila y á un continuado 
padecer achaques y recorrer toda España, fundando monaste- 
rios y viviendo así de viaje tan recogida y ensimismada en 
Dios como cuando lograba retirarse en los conventos con solas 
sus hijas. Volviendo, pues, á sus escritos y á su espíritu, que 
en ellos nos dejó retratado, con razón se enojó Fr. Luis de 
León contra los que con mayores pretensiones de conocer el 
verdadero castellano que verdadero conocimiento de él, se ha- 
bían ; trevido á corregir los escritos de la Santa, so color de 
haber sido lega y empleado el habla vulgar, como si la erudi- 

5 



66 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

ción en esta parte no fuera el mayor enemigo, que siempre 
destrozó el idioma, brote natural del pueblo. "Hacer mudanzas 
— decia aquel varón que entendía bien de castellano — en las 
cosas que escribió un pecho en quien Dios vivía y que se pre- 
sume la movía á escribirlas, fué atrevimiento grandísimo, y 
error muy feo querer enmendar las palabras ; porque, si en- 
tendieran bien castellano, vieran que el de la Madre es la 
misma elegancia." No puede darse criterio nú-i moderno y 
certero que el encerrado en estas palabras. La mayor parte de 
los escritores se dan á entender que escriben mejor cuanto más 
se apartan del habla vulgar; pero por eso mismo son medianos 
ó malos la mayor parte de los escritores. "El bueno y casto 
lenguaje — dijo Sigüenza, copiando á Tulio — ha de ser el que 
nos enseñaron nuestras madres y que hablan las castas ma- 
tronas y mujeres bien criadas; que, como no han salido de su 
propia patria á otras naciones ni tratan con gentes peregrinas, 
conservan las voces naturales de su ciudad y de su pueblo, sin 
adulterarlas con novedades extrañas." En su casa 3^ de su madre 
Cornelia aprendieron el castizo lenguaje los Gracos, y en su casa 
y de labios de las matronas romanas asegura Cicerón haberlo 
igualmente aprendido, y de las viejas de Atenas tomaron su ati- 
cismo Platón y Demóstenes. No hay en esta parte autor que 
se aventaje á Santa Teresa, y así escribió de su lenguaje fray 
Luis de León: "En la forma del decir y en la pureza y facili- 
dad del estilo y en la gracia desafeitada que deleita en ex- 
tremo, dudo que haya en nuestra lengua escritura que con ella 
se iguale." Después de este testimonio no hay más que decir 
sino que el que halle poco elegante ó propio el decir de Santa 
Teresa, entienda que no alcanza en qué pueda estar la elegan- 
cia }í propiedad de la lengua castellana. Hemos de confesar 
que, cuanto saliendo de casa y del pueblo logramos de ciencia 
y erudición, tanto desaprendemos de idioma patrio. Así se en- 
tenderá cómo el pueblo es el único maestro del habla castiza y 
elegante, no las Academias ni los libros, por bien escritos que 
nos parezcan, y que todo el empeño del que quiera ser fino 
escritor ha de consistir en volver á aprender el habla que por 
alejarse de su casa desaprendió. La sinceridad es la primera 
dote de todo escritor v de todo artista: es la que, mostrando 



S. XVI, 1563. SANTA TERESA DE JESÚS 67 

toda SU alma y poniendo asi de relieve la propia persona- 
lidad, arrebata á los que leen ó contemplan sus obras. Nadie 
más sincero que Santa Teresa, así la hermosura de su alma 
atraía á cuantos la trataban y encadena á cuantos leen sus 
libros. Esto la ha hecho grande y amada, no sólo de los espa- 
ñoles, sino de todos los pueblos. Con razón decía Fr. Diego 
Murillo, predicando en 1615: "Era la piedra imán del mundo, 
que todo se lo llevaba tras sí con una violencia amorosa; jamás 
la trató persona, de cualquier género ó calidad que fuese, que 
no se perdiese por ella... ¿Quién hay que se acuerde de ella 
que no dé mil bendiciones á Dios? Pues los que esto hacemos 
ahora no vimos su hermosura, no oímos su discreción, no go- 
zamos de su buena gracia, de su donaire y trato, y con todo 
eso vemos que se lleva los corazones de todos." El mundo 
entero habló aquí por labios de Fr. Diego Murillo. Tal es el 
triunfo de la sinceridad en el estilo y de la popularidad en el 
lenguaje. Son las dos notas que sobresalen en los místicos es- 
pañoles, grandes en el P. Avila y P. Granada, agrandadas 
cuanto cabe en Santa Teresa de Jesús. 

La sencillez y la claridad, cualidades de los escritos de Santa 
Teresa, nacieron de aquí, y de su propio ingenio y natural el 
buen humor, la alegría sana, la bella gracia, que la distingue 
de los demás escritores místicos. Ella y San Juan de la Cruz 
fueron los más místicos de los místicos castellanos y los ma- 
yores místicos del catolicismo. Sus escritos encierran, como 
dijo Fr. Luis de León, "la más alta y más generosa filosofía 
que los hombres imaginaron". "Siempre que los leo — aña- 
de — me admiro de nuevo y en muchas partes de ellos me pa- 
rece que no es ingenio de hombre el que oigo ; y no dudo sino 
que habla el Espíritu Santo en ella en muchos lugares y que 
le regía la pluma y la mano." El encanto de sus escritos ha 
ganado hasta á los mismos protestantes é incrédulos. "La In- 
glaterra protestante — escribe Fitzmaurice-Kelly — la ha elogiado 
por boca de Jeremy Taylor (161 3-1667) y de William Law 
(i 686- 1 76 i), y, en nuestros días, la Inglaterra agnóstica, por 
boca de Fronde, la pone á la misma altura que Cervantes." El 
poeta Crashaw dijo que Santa Teresa escribió más bien en len- 
gua celestial que en la española. Su carácter varonil está re- 



68 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

tratado en aquellas sus palabras del Camino de perfección: "Es 
muy de mujeres, y no querría yo, hijas mías, que lo fuéssedes 
en nada, ni lo pareciéssedes, sino varones fuertes." 

2 9- P. Jer. Gracián, Dilucidario del verd. espíritu de S. Te- 
resa: "Y en ir en aquel estilo muestra con llaneza la verdad, sin 
composturas retóricas ni artificios. Aunque, si bien se mira, el es- 
tilo es altísimo para persuadir y hacer fruto; el lenguaje, purísimo 
y de los más elegantes en lengua española; que quizá muchos letrados 
no acertaran á decir una cláusula tan rodada y bien dicha como 
ella la dice, aunque borren y enmienden mil veces: y ella lo es- 
cribió sin enmendar papel suyo de los que escribía y con gran ve- 
locidad, porque su letra, aunque de mujer, era muy clara y escrebía 
tan apriesa y velozmente, como suelen hacer los notarios públicos, 
que me admiraba las muchas cartas que cada día escrebia de su mano 
á todos los conventos, y respondía á cualquier monja ó seglar en los 
negocios de la Orden ó en los puntos y dudas de oración que la pre- 
guntaban." 

Fray Luis de León, Carta á las Madres (ed. de las obras de Santa 
Teresa, 1588) : "Porque en la alteza de las cosas que trata y en la 
delicadeza y claridad con que las trata, excede á muchos ingenios; 
y en la forma del decir, y en la pureza y facilidad del estilo, y en 
la gracia y buena compostura de las palabras, y en una elegancia des- 
afeitada que deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua 
escritura que con ellos se iguale. Y ansí siempre que los leo, me 
admiro de nuevo, y en muchas partes de ellos me parece que no es 
ingenio de hombre el que oigo: y no dudo, sino que hablaba el Es- 
píritu santo en ella en mucihos lugares, y que la regía la pluma, y la 
mano: que ansí lo manifiesta la luz que pone en las cosas oscuras, y 
el fuego que enciende con sus palabras en el corazón que las lee... 
los cuales libros, que salen á luz, y el Consejo Real me cometió que 
los viese... No solamente he trabajado en verlos y examinarlos, que 
es lo que el Consejo mandó, sino también en cotejarlos con los origi- 
nales mismos, que estuvieron en mi poder muchos días, y en reducirlos 
á su propia pureza, en la misma manera que los dejó escritos de su 
mano la Madre, sin mudarlos, ni en palabras ni en cosas, de que 
se habían apartado mucho los traslados que andaban, ó por descuido 
de los escribientes, ó por atrea^imiento y error. Que hacer mudanza 
en las cosas que escribió un pecho en quien Dios vivía, y que se 
presume le movía á escribirlas, fué atrevimiento grandísimo, y error 
muy feo querer enmendar las palabras: porque si entendieran bien 
castellano, vieran que el de la Madre es la misma elegancia. Que 
aunque en algunas partes de lo que escribe, antes que acabe la razón 
que comienza, la mezcla con otras razones, y rompe el hilo, comen- 
zando muchas veces con cosas que ingiere; mas ingiérelas tan dies- 



S. XVl, 1563. SANTA TERESA DE JESÚS 69 

trámente, y hace con tan buena gracia la mezcla, que ese mismo vicio 
le acarrea hermosura, y es el lunar del refrán. Ansí que yo los he 
restituido á su primera pureza." 

Las obras que Santa Teresa escribió por obediencia y algunas de las 
cuales publicó por primera vez fray Luis de León en Salamanca, 
año de 1588, son: Libro de los misericordias de Dios ó Vida de Santa 
Teresa. La primera Relación de su vida, que escribió y se perdió, ó 
ella hizo desaparecer, comenzóla el 1560 y la acabó el 1562; de ella 
pasaron muchas cosas á la segunda, que es toda nueva, por lo menos 
desde el cap. XXXI, y muy alteradas las demás cosas anteriores. 
Escribió esta segunda Relación, que es la conservada, por orden del 
padre fray García de Toledo, su confesor, y que moraba en Avila 
desde el 1562. Duró muoho tiempo la escritura de esta segunda Rela- 
ción, pues hay en ella cosas escritas el 1565, ó más tarde quizás. 
La envió al padre Avila. Camino de perfección (1563 ó principios 
del 1564), publicado en Evora, 1583, por Teutonio de Braganza. 
con permiso de la Santa. Castillo interior, vulgarmente Moradas 
(1577). Libro de Ifis fundaciones de las hermanas descalzas Car- 
melitas (comenzado el 1573, no se sabe cuándo lo acabó.) Modo de 
visitar les conventos de religiosas descalzas. Conceptos del amor de 
Dios. Siete meditaciones sobre el Padrenuestro. Avisos. Epistolario. 
Las impresas en 1588 son: "Un tratado de su Vida, llamamiento y 
aprovechamiento^ con algunas cosas de oración. Otro tratado del Ca- 
mino de ¡a perfección, juntamente con unas reglas y avisos. Otro 
que se intitula Castillo espiritual ó Las Moradas, con unas exclama- 
ciones ó meditaciones espirituales." Al fin de la Vida : "Esto fué año 
de 1579. Y porque es gran verdad lo firmo de mi nombre. Teresa de 
Jesús." "Libro llamado Camino de perfeción, que escribió para sus 
monjas la madre Teresa de Jesús, fundadora de los Monasterios de 
las Carmelitas Descalzas, á ruego de ellas. Impreso conforme á los 
originales de mano, enmendados por la misma Madre, y no con- 
forme á los impresos, en que faltaban mudhas cosas y otras andaban 
corrompidas." Santa Teresa escribió su P^ida en 1561, por orden de 
su confesor, fray Pedro Ibáñez, y tornó á escribirla muy aumentada, 
en 1565. El manuscrito anduvo en manos de damas de la Corte, entre 
ellas la caprichosa y liviana Princesa de Ebo'li, que lo guardó tan 
poco recatadamente, que lo leyeron é hicieron chacota de las visiones 
de la Santa los pajes y dueñas. Después se enojó con Santa Teresa 
la de Eboli, y tanto, que las monjas saHeron de Pastrana, y en ven- 
ganza, delató á la Inquisición de Toledo la Vida, que estuvo allí diez 
años y la examinaron fray Fernando del Castillo, entre otros, no 
hallando nada malo en ella. En 1588 la imprimió fray Luis de León 
por una copia que tenía la Duquesa de Alba. El original que estuvo 
en la Inquisición es el que hoy para en El Escorial, en el camarín 
de las reliquias. Padre Gracián, Peregrinación de Atanasio, Burgos, 
1905 : "También acaesció que pintaba dentro del claustro fray Juan 



70 



ÉPOCA DE FELIPE I] (s. XVl) 



(le la Miseria, y un día le mandé que la retratase y á ella que es- 
tuviese queda y se dejase retratar; esto sintió ella muoho, porque era 
muy humilde y no sintió tanto la descomodidad y grosería con que 
fray Juan la retrataba (que la hacía estar sin menearse !a cabeza ni 
a!zar los ojos mucho tiempo), quanto que hubiese de quedar memoria y 
figura de ella en el mundo; y a! cabo la retrató mal, porque aunque 
era pintor, no era muy primo, y assí decía la M." Theresa con mucha 
gracia: "Dios te !o perdone, fray Juan, que ya que me pintaste, me 
"ihas pintado fea y lagañosa." Y este es el retrato que agora tenemos 
de la Madre, que hubiérame holgado hubiera sido más al vivo, porque 
tenía un rostro de mudha gracia y que movía á devoción." (Rev. Ar- 
chiv., 1909, pág. i). En el retrato que reproducimos "está repintada 
la mayor parte del fondo; la paloma, la fi^acteria y el resplandor que 
hay alrededor de la cabeza son bastante posteriores, y seguramente 
no de Juan de la Miseria. La cabeza está intacta y es del natural ; 
la ropa puede serlo también. Las manos están pintadas después, de 
Color oscuro sobre el hábito y claro sobre la capa ; pueden ser del 
mismo autor del rostro, según la opinión de Bilbao; pero no copiadas 
del natural. Al ilado derecho de la imagen hay tres inscripciones: 

B. V." Teresa de 
Jesús 



ANNO SV^ 

^TATIS 

61 

1576 

DIE SECVNDO ME 

SIS IVNII 



Este retrato fué sa ¡ cado de la madre [ Teresa de Jhesús \ 
Fundadora de las des | calsas carmelitas | Pinctólo Frai Juan | de 
LA Miseria reli ] gioso de la dicha or | den. 

La primera y última, posteriores. El cartelito, contemporáneo." 
Los libros de la Madre Teresa de Jesús {Vida, Camino y Moradas), 
Madrid, 1597, 1602, 1608, 1611. Avisos espirituales. De la madre Teresa 
de Jesús. Práctica y exercicio espiritual, Córdoba, 1599. Del modo de 
visitar los conventos de Religiosas, Madrid, 1613 (Nic. Ant.) ; éste y 
el tratado de los Conceptos espirituales se hallan en el Compendio de 
los grados de oración, de fray Tomás de Jesús, Madrid, 1615. Concep- 
tos del amor de Dios, Madrid, 16 15. 

30, Obras de Santa Teresa, ed. V. de la Fuente, Madrid, 1881, 
6 vols. ; Escritos, ed. V. de la Fuente, Bibl. Aut. Esp., t. Lili y LV; 
(reprod. fototípicas de la Vida, Madrid, 1873, y Las Moradas, Sevilla, 



S. XVI, 1563. D. ALONSO JIRÓN REBOLLEDO 7 1 

1582). Consúltense: C. A. Wükens, Zur Geschichtc der spanischen 
Mystik, Teresa de Jesús, en el Zeitschrift für zvissenschaftUche Theo- 
¡ogie (1862), t, V, págs. 111-180; H. de Curzon, Bibliographie Téré- 
sienne, París, 1902; señora Gabriela Cunninghame Graham, Santa 
Teresa: her Ufe and times, London, 1894, 2 vols. ; A. Morel-Fatio, 
Les lectures de sainte Thcrése, en el Biillcí^n Hispanique (1908), 
t X, págs. 17-67; A. Morel-Fatio, Les deux prt.:>iéres éditiow S^s 
auvres de Sainte Thérese, en el Biilletin Hispanique (1900;, t. X, pá- 
ginas 87-94; CEuvres completes, trad. nueva por las CarmeHtas del 
primer Monasterio de París, 1907-1911 ; El Retrato de Santa Teresa, 
en la Rev. de Archivos (1909), t. XX, págs. 1-15; H. Delacroix, Elu- 
des d'histoire et de psychologie du mysticisme: les grands mystiques 
cJirétiens, París, 1908; M. von Waldberg, Studien und Quellcn znr 
Geschichte des Romans. L Zur Entwicklungsgeschichte der "Schónen 
Seele^' bei den spanischen Mystikern, Berlín, 1910, Vida : P. Francisco 
de Ribera, Salamanca, 1590; maestro Julián de Avila, Madrid, 18S1; 
P. Diego de Yepes, Madrid, 1599; Peregrinación de Anastasio, fray 
Jerónimo Gracián, Burgos, 1905; Diálogos sobre la muerte de la 
Madre Teresa de Jesús, P. Gracián; Dilucidario del verdadero es- 
píritu donde se declara la doctrina de la M. Teresa de Jesús, Jerún. 
Gracián, Bruxelles, 1608; Libro de recreaciones, M. María de S. José; 
Ramillete de Mirra, M. María de S. José; Compendium vitae B. Te- 
resiae Virginis, P. Joanne a Jesu Maria, Romae, 1609; Crónica del 
Carmen descaUo, padre fray Francisco de Santa María, Madrid, i^44; 
Año Teresiano..., padre fray Antonio de San Joaquín, Madrid, 1738; 
Acta S. Theresiae Virginis, Bruxelles, 1845; Notas del P. Jerónimo 
Gracián ala Vida de la M. Teresa de Jesús, Salamanca, 1590; Escolios 
y Adiciones del P. Gracián á la "Vida^^ de Ribera; Proceso incoado 
en la ciudad de Avila para la Beatificación de la M. Teresa de Jesús, 
dos tomos ; Historia del Carmen Descalzo, fray Jerónimo de San José, 
Madrid, 1637; Miguel Mir, Santa Teresa de Jesús, Madrid, 1912 (dos 
vols.); Cejador, Cabos sueltos, págs. 469-492, Madrid, 1907; Blanca 
de los Ríos, De la mística y de la novela contemporánea, Madrid, 1900, 

31. Año 156^. Fray Alonso de Contreras (f 1569), franciscano 
madrileño, pub'icó Oratio de Reformatione Ecclesiae, dicha en Tren- 
to, 1563. — Antonio Galvaon (t 1557), nacido en las Indias orientales, 
publicó Tratado de los caminos por donde solía venir la especería 
de la India, con los descubrimientos hechos hasta el año MDL, Lis- 
boa, 1563. Historia del Descubrimiento y naturaleza de las Islas del 
Maluco (ms.). — Don Alonso Jirón Rebolledo, valenciano, publicó, 
en quintillas. La Passion de N. S. Jesu Christo, Valencia, 1563, 1574, 
1588. Ochavaría Sacramental, versos, ibid., 1572. Décimas en ala- 
banza... de Fr. Pedro Nicolás Factor, Valencia, 1586. Otras poesías, 
en las Justas Poéticas, celebradas en Valencia en 1602. Alábanle 
Cervantes (Canto de Calíope), Gil Polo y Timoneda (Sarao de Amor) 



72 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVI ) 

y Gracián {Agudeza, disc. 3), llamándole "agudíssimo poeta valen- 
ciano". — Fray Juan de Ludeña, dominico madrileño, publicó De tri- 
bus D. N. Jesu Christi et eius sponsae tentationibus y De Cocli^ 
batu Sacerdotum, Padua, 1563. — Fray Vicente Montañés (t 1573), 
agustino de Valencia, publicó Epitome Progymnasmatum Dialecticae, 
Valencia, 1563. De principiis praenoscendis S. Theologiac, Barcelona, 
1570. In Libros Aristotelis Logicae. In Porphyrii Isagogen. — Andrés 
Muñoz el Bueno, artillero mayor por el Rey, de 9'V¡. Casa de la Con- 
tratación de las Indias y Armadas y Frotas que á ellas se despachan, 
publicó Instrucción y Regimiento para que los marineros sepan usar 
de la Artillería, 1563 (sin lugar, Sevilla?). — Don Antonio de Padilla 
Y Meneses, talaverano, publicó In quaedam Imperatorum Rescripta 
et nonnulla Juri^consnltorum responsa, Salamanca, 1563. Ad Tit. 
Cod. de Transactionibus, ibid., 1566. Ad Tit. Cod. de Fideicommissis, 
Madrid, 1568, — Pedro de Peralta, jurisperito segoviano, pubUcó Re- 
lectiones, 2 vols., Salamanca, 1563. — Bernaldo ó Bernardo Pérez de 
Vargas, madrileño, publicó Primera y segunda parte de la Fábrica del 
Universo, llamado Repertorio, en que se tratan grandes, sutiles y muy 
provechosas materias de astrología. Conticnese asimismo un Repertorio 
perpetuo de Las conjunciones, llenos y eclipses del sol y de la luna, 
Toledo, 1563, 1568. De Re Metallica en el qual se tratan muchos y 
diversos secretos del conocimiento de toda suerte de minerales, de 
cómo se deben buscar, ensayar y beneficiar, Madrid, 1569; en francés, 
1642. — Libro de los secretos de D. Alexo Piemontes, traducido de 
lengua Italiana en Española, Zaragoza, 1563. — Miguel Suelves, de 
Zaragoza, publicó Breve método para aprender arithmctica, 1563. — 
Fray Tomás de Truxillo, mercedario de Zurita, diócesis de Plasen- 
cia, publicó Reprobación de trages, Zaragoza, 1563. Tratado de limosna, 
con el anterior y con Abuso de juramentos, Estalla, 1563. Thesaurus 
Concionatorum, 2 vols., Barcelona, 1579; Lyon, 1582; Venecia, 1583; 
París, 1585; Venecia, 1592. Condones quadr age simales (lat.), 2 vols., 
Barcelona, 1591 ; Venecia, 1592. De las Miserias del Hombre, Barce- 
lona, 1604. — Francisco de Vargas Mexía, toledano, publicó De Epis- 
coporum Jurisdictione et Pontificis Max. auctoritate Responsum, Roma, 
1563. De iusto bello adversus infideles. De Certitudine Pontifidarum 
Definitionum. — Fray Lorenzo de Villavicencio (t 1581), agustino 
jerezano, publicó Tabulae compcndiosae in Evangelia et Epístolas, 
qiiae per totam Quadragesimam populo proponi solent. Lovaina, 1563. 
De recte formando Theologiac studio y De formandis sacris concio- 
nibus, Amberes, 1565; Colonia, 1575; Madrid, 1768. Tabulae in ev. et 
ep. quae per totius anni decursum..., Lovaina, 1563; Venecia, 1566, 
Sermones super Evangelia, Lyon, 1568. Adversus consilium Aegidii 
Witzii de contincncdis et alendis domi pauperibus, Lovaina, 1568. De 
Phrasibus S. Scripturae, ibid., 1571. Consúltese P. Florez, prol. del 
Recte forma,ndo, 1768 



S. X\I, 1564. ALOXSO PÉREZ 73 

32. Año 15Ó4. Gaspar Gil Polo {^ 1591), poeta valencia- 
no, asistió á los comisarios de Felipe II en la visita general 
del reino, servicios por los cuales el Rey le confirió (1572) el 
empleo de primer coadjutor del Maestre Racional ó contador 
mayor de la Regia Curia; después (1579), la gracia particular 
de que pudiese renunciarlo en uno de sus hijos, con tal que él 
mismo siguiese desempeñándolo hasta su muerte ; murió en 
Barcelona, adonde el Rey le había mandado partir (1580) para 
el arreglo del Patrimonio Real. Publicó dos sonetos elogiando 
la Carol'ea, de Sempere (1560), y la Pasión de Nuestro Señor 
Jesucristo, de Alonso Girón de Rebolledo (1563). y una canción 
con glosa, que publicó Fuster. De su Diana Enamorada, publi- 
cada en 1564, digna continuación de la de Montemayor, escri- 
bió Cervantes que se guardase "como si fuera del mismo Apo- 
lo". Alaban la unidad de acción é ingenioso desenlace, y, sobre 
todo, sus versos líricos, entre los que descuella la Canción de 
Nerca, todos ellos de espíritu clásico, sin nada de artificioso, 
con natural frescura y verdadero sentimiento de la naturaleza 
de la tierra valenciana. Es notable el episodio del Canto de T li- 
ria, sugerido por la Canción de Orfco, de Montemayor, c imi- 
tado por Cervantes en el Canto de Canope. Como versificador 
es de los bucólicos el que más se parece á Garcilaso por la sol- 
tura elegante y delicada, y por la melodiosa facilidad, confun- 
diéndose muchas veces con él. Inventó dos estrofas líricas lin- 
dísimas, las que llamó provenzales y francesas. 

33. Cervantes (Oiiixote, i, 6) dijo de la Diana que se guarde 
"como si fuera del mesmo Apollo." Alábale en el Canto de Calíope : 
''Todas quantas bien dadas alabanzas | diste á raros ingenios, ó Gil 
Polo, I tú las mereces solo y las alcanzas, | tú las alcanzas y mereces 
solo..." Ediciones: Valencia, 1564; Amberes, 1567, 1574; París, 1574; 
Zaragoza, 1577; Pamplona, 1578; París, 161 1; Bruselas, 1617; Ma- 
drid, 1778 (con notas, Antonio Sancha); Madrid, 1802, 1827; Va- 
lencia, 1862; Barcelona, 1886 ( con la Diana, de Montemayor). Gas- 
par Gil Polo, La Diana enamorada. Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. VIL 
Consúltense: H. A. Rennert, The Spanish Pastoral Romances. 2.* ed., 
Pbiladelphia, 1912, págs. 72-85 ; Vicente Jimeno, Escritores del Reino 
de Valencia, t. I. pág. 270: M. Pelayo, Oríg. nov., I. págs. cdlxxix. 

34. Año 13Ó4. Alonso Pérez, médico salmantino, publicó la Se- 
gunda parte de la Diana, Valencia y Alcalá, 1564: Venecia, 1568, 1574; 



74 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Amberes, 1580, 1581; Venecia, 1585; Madrid, 1585, 1591, 1595, 1599. 
El autor fué amigo de Montemayor, y en el prólogo dice que ya que 
el autor faltó, quiso continuar la Diana, como le había dicho que lo 
pensaba hacer si viviera. Pero el continuador venía cargado con la ba- 
lumba de erudición pedantesca, que por fortuna Montemayor no tenía, 
y embutió en su libro cuanto pudo de las Metamorfosis y Fastos, de 
Ovidio y de otros autores latinos é italianos, de lo cual se alaba: "De 
una cosa quiero que vayas advertido, que casi en toda esta obra no 
hay narración ni plática, no só'o en verso, mas aun en prosa, que á 
pedamos de la flor de Latinos y Italianos hurtado y imitado no sea, 
y pienso por ello no ser digno de reprehensión, pues ellos lo mesmo de 
los Griegos hicieron." La prosa es pesada y vulgar; el verso, duro; 
déjanse sueltos todos los cabos para otra tercera parte, que no saUó, 
y así con razón el cura del Quijote entregó esta obra mazorral al 
brazo secular del ama. Se reimprimió y tradujo por e! marbete de 
Montemayor que llevaba, y con cuya Diana fué siempre impresa des- 
pués y traducida. 

MosÉN Antonio Boteller publicó Memorial y cartas sobre bene- 
ficiar con azogue los deshechos de los terreros de las minas de Gua- 
dalcanar, 1564. La gloria del invento de la amalgamación en las 
minas, que este autor se atribuye, débese á Bartolomé Medina, que 
la aplicó primero en Méjico hacia 1555. — Hernando del Castillo 
escribió Tratado de Artillería, 1564 (ms.). — Libro compuesto por el 
famoso y singular philósopho y gran médico Marsilio Ficino Flo- 
rentino : en el qual se contienen grandes avisos y secretos maraui- 
llosos, assí de medicina como de cirugía, Zaragoza, 1564. — Manuel 
Fernández Lagasa publicó Libro de quentas WMy útil á los mer- 
caderes, Salamanca, 1564. — Francisco Gómez, talaverano, publicó 
Vida de D. Fr. Hernando de Talawera, Granada, 1564. — Gómez de 
León publicó Ynformacionum decisionum et responsorum iiiTÍs Centu- 
riae^ Sevilla, 1564. — Honorato Juan (i 507-1 566), discípulo de Vives, 
valenciano, obispo de Osma (1564), publicó Catechismus sive Manuale_ 
Oxomense, Burgo de Osma, 1564. Hay ocho Cartas suyas á Zurita (en 
Dormer), etc. Ximeno, Bibliot., t. I, pág. 147. — Iñigo López de Men- 
doza (1493-1566), cuarto duque del Infantado, conde de Saldaña, hijo 
de don Diego Hurtado de Mendoza, nacido en Guadalajar^, del 
partido de los Comuneros, después fiel al Emperador y á su hijo. 
Publicó Memorial de cosas notables, Guadalajara, 1564. Carta... al 
Dr. Juan de Vergara proponiéndole las ocho cuestiones sobre la repa- 
ración del Templo de Salomón, en el Tratado de las ocho qucstiones..., 
Toledo, 1552. — Sebastián Pérez, de Montilla. obispo de Osma, publicó 
Aristotelis de Anima, Salamanca, 1564. De Sensibus S. Scripturae, 
Burgos, 1587. De Sacramentis, ibid., 1588. Doctrina Christiana y su 
declaración, Burgo de Osma, 1586. En el Abeced. de Colón: Auto de 
S. Alexo, en coplas portuguesas. — Fray Francisco Orantes (t 1584), 
franciscano, de Cuéllar, y obispo de Oviedo, publicó Locorum Catholi- 



S. XVI, 1565. EL DR. FRANCISCO DE ÁVILA yS 

corum pro Romana Fide adversas Calvini Institutioncs, Venecia, 1564; 
París, 1566. — Pablo Palacios de Salazar (t 1582), granadino, publicó 
In S. Jesu Christi Evangelium sec. Matthaeuní, 2 vols., Coimbra, 1564; 
Salamanca, 1571; Amberes, 1572. In Ecclesiasticum, 1579. In XII 
Prophetas minores, 1581. — Gabriel de Quemada pubHcó Quaestiones... 
in materia fiscali coram Judicibus Fisci S. Inquisitionis..., Toledo, 
1564. — Miguel Saura, valenciano, publicó Grammaticae Tabidae, 1564. 
Lihellus de figuris rhetoricis, 1567. Oratoriarum Institutionum libri III, 
1588. — 'Don Bernardino de Sandoval, canónigo toledano, publicó Tra- 
tado del cuidado que se debe tener de los presos, Toledo, 1564. Tratado 
del Oficio Eclesiástico Canónico, ibid., 1568. — El licenciado Alonso 
Suárez, médico talaverano, publicó la Recopilación de los más famosos 
Autores Griegos y Latinos que trataron de la excelencia y generación de 
los caballos y asimismo cómo se han de doctrinar y curar sus enferme- 
dades; y también de las midas y su generación, Toledo, 1564. ¿Será 
el Suárez de Sosa que menciona Cervantes en el Canto de Calíope : 
"que de una y otra lengua artificiosa 1 !o más cendrado y lo mejor 
consigue. | Qualquiera que en la fuente milagrosa, | qual él la mitigó, 
la sed mitigue, | no tendrá que embidiar al docto griego | ni á aquel 
que nos cantó el troyano fuego?" — Fray Andrés de Vega, franciscano 
de Segovia, publicó In aliquot ConciUi Tridentini Decreta, Alcalá, 
1564. Doctrina Universa de lustificatione, Colonia, 1572. In Psalmos, 
Alcalá, 1599. — Martín de Viciana, de Eurriana, gobernador de Va- 
lencia, pubHcó el Libro segundo de la chrónica de la indita y coronada 
ciudad de Valencia y de su reyno, Valencia, 1564. Libro tercero de la 
Chrónica..., Valencia, 1564. Libro cuarto..., Barcelona, 1566. Libro 
de alabanzas de las lenguas Hebrea, Griega, Latina, Castellana y Va- 
lenciana, Valencia, 1574, fotoHtografiada poco ha; 1765, 1877. El libro 
primero de la Crónica se perdió, de modo que nadie tiene noticia de 
él. En El Escorial hay otros dos mss., en lemosín. Véase la edición 
de Gil Polo, de Cerda, 1778, pág. 500. La Segunda y tercera parte de la 
crónica de Valencia, en Valencia, 1881-84, 2 vols. — Fray Francisco 
de Zamora, franciscano, pubMcó S. Bonaventurae opusctda, 2 vols., 
Venecia, 1564. Oratio in Tridentina Synodo habita, Lovaina, 1567. 

35. Año 15Ó5. Gonzalo de Illescas (t 1580), abad de San Fron- 
tes y beneficiado de Dueñas, de donde era natural, publicó la Historia 
Pontifical y Católica, 2 partes y 2 vols. (hasta el año 1572), Dueñas, 
1565; Salamanca, 1574; Zaragoza, 1583; Brujas, 1589; Barcelona, 1592, 
1596, 1606; Madrid, 1613, 1623, 1652. Continuáronla Luis de Bavia de 
1572 hasta 1605; Marcos de Guadalajara, de 1605 á 1623; Juan de Ba- 
ños de Velasco, de 1623 á 1644. Mystica Theologia, del ital., Sebastián 
Foscari, Madrid, 1573. Segunda parte de la Imagen de la vida Chris- 
tiana, del portugués fray Héctor Pinto, Medina, 1578; Alcalá, 1580; 
Medina, 1585. 

El doctor Francisco de Avila, canónigo de Belmente, publicó 



yÓ ÉPOCA DE FEI.IPE 1 1 (s. XVI) 

Avisos Christiauos para vivir en todos estados desengañadamente. 
Alcalá, 1565; Zaragoza, 1566. Recreación del alma, Alcalá, 1572. Ft- 
f/urae Bibliorum, 1574. Diálogos en que se trata de quitar la presunción 
y brío al hombre..., Alcalá, 1576. Condones, ibid., 1599. — Luis Carrión 
(+ 1595), nacido en Brujas, de padre español y madre alemana, publicó 
Valerii Fl. Argonautica, Amberes, 1565. Historicorum Sallustii frag- 
menta cuní notis, Amberes, 1573. Antiquarum Lcctionum 1. III, ibideim, 
1576. Magni Aur. Cassiodori De Ortographia, ibid., 1579. Censorinus, 
París, 1583. — ^En 1565 publicóse la edición, que no debe ser la primera, 
de la Selva de Avetituras, de Hieronimo de Contreras, militar, co- 
ronista de S. M., Barcelona, 1565; Sevilla, 1572; Alcalá, 1576; Sevilla, 
1578; Lyon. 1580 (en f r.) ; Salamanca, 1580; Alcalá, 1582, 1588; Bru- 
selas, 1591 ; Alcalá, 1600; Murcia, 1603; Cuenca, 1615; Zaragoza, 
1615. Tradújola al francés Gabriel Chapuys (1580), reimprimiéndose 
varias veces. Es narración de viajes y de cosas extrañas vistas en 
ellos. Es obra original grave. PubHcó además Vergel de varios triun- 
fos, Ñapóles, 1570, que, mudado el título, volvió á imprimir con el de 
Dechado de varios sujetos, Alcalá, 1571; Zaragoza, 1572; A'calá, 1581; 
son elogios, en prosa y verso, de españoles ilustres. — Fray Tomás de 
Chaves (t 1565), dominico, publicó (ex schedis Francisci Victoriae) 
Summa Sacramentorum Ecclesiae, Valladolid, 1565; Venecia, 1571 ; 
Salamanca, 1575; Venecia, 1579, 1580; Huesca, 1581; Amberes, 1586; 
Alcalá, 1589; Amberes, 1594. — Francisco Farfán, toledano, canónigo 
salmantino, publicó Contra el Pecado de la simple fornicación. Sala- 
manca, 1565, 1585. Regimiento de castos y remedio de torpes, ibidem, 
1592. — Pedro de Guevara, presbítero de Belhorado, publicó Nueva y 
útil invención de aprender Grammatica, Alcalá, 1565; Sevilla, 1577; 
Madrid, 1583. Nueva Invención de seis Instrumentos, intitulada, Juego 
y exercicio de letras de las Seren. Infantas D. Isabel y D. CatwJ.ina 
de Austria, con el qual en muy breve tiempo se aprenderá todo el 
artificio y estilo de las Gramáticas impresas, Madrid, 1577. Methodus 
inventionis et dispositionis et cloquutionis, Sevilla, 1577. Arte general 
para todas las ciencias en dos instrumentos, recopilada del Arte magna 
y Arbor scientiae de Raimundo Lullo, ibid., 1584, 1586 (con la Breve 
y sumaria Declaración de la Arte General), Bruselas, 166 1. Escala 
del entendimiento, en la qual se declaran las tres artes de Grammatica, 
Dialéctica y Rhetórica y la universal para todas las ciencias, Madrid, 
1593, 1595. — AusiAS Izquierdo, librero valenciano, publicó Relox de 
Namorados, primera parte, Valencia, 1565, poesías en castellano y 
valenciano; de éstas, algunas suyas; no dice los nombres de los otros 
autores. Historia y fundación de N. S.^ del Puig de Valencia, ibidem, 
1575. Quaderno espiritual, ibid., 1577, ocho romances sobre la pasión. 
Representación ó auto de un milagro de la Virgen del Rosario, 
ibid., 1589. Este autor parece ser el Ausias Izquierdo de quien se 
habla en 1582. — Sor Hipólita de Jesús Rocaberti (i 549- i 624), de 
Barcelona, dominica desde los once de su edad, profesa desde 1565, 



• S. XVI, 1565. FRAY TOMÁS DE SANTA MARÍA 77 

poetisa fecundísima ; escribió 25 tomos. — Jaques de Liaño, criado de 
la reyna N. S.*, publicó Vocabulario de los vocablos que más común- 
mente se suelen usar. Puestos por orden del Abecedario en Francés y 
su declaración en Español..., Alcalá, 1565. Grammática con reglas... 
para aprender á leer y escrhñr la lengua Francesa... con un vocabu- 
lario..., ibid., 1565. — Gaspar López Canario, profesor en Osuna, pu- 
blicó In libros Galeni de temperamentis, Alcalá, 1565. — Ignacio López 
DE Salcedo, de Guadalajara, publicó loannis Bcrn. Días de Luco... 
practica criminalis canónica... cxpurgata, et aucfa... illusfrata, Alcalá," 
1565; Amberes, 1593; Alcalá, 1594, 1604; Moguncia, 16 10; Venecia, 
1614. Selectaruní Regularnm et Fallentiarum ntriusque inris liber 
unus authore D. Bernardo Diaz de Luco... expurgatus... locupíetatus, 
Alcalá, 1569. De libelli oblacione, 1587 (ms. Univers. Central.). — Hacia 
1565 el LICENCIADO Tomás López Medel escribió De los tres elemen- 
tos... acerca de las Occidentales Indias (ms. Bibl. Hist.). Relación 
del viaje hecho á la India en 1502, la publicó traducida Bautista Ra- 
musio en los apéndices de sus Navigationi, Venecia, 1550. — Gil de 
Luna publicó Código de Leyes, Fueros, Observancias de la Ciudad y 
Comunidad de Teruel, moderando los antiguos de Sepúlveda y otros 
que aforaban esta tierra... revistos antes de su impresión por el Vice- 
canciller D. Bernardo de Bolea, con comisión particular de S. M., 
Zaragoza, 1565. — ^Pedro de Madariaga, vascongado, publicó Honra de 
Escrivanos ; Arte para escrivir bien presto; Ortopraphía de la pluma, 
Valencia, 1565. — Martín Martínez de Cantalapiedra, maestro de 
Teología y primer intérprete de la Escritura en Salamanca, publicó 
Hypotyposeon Theologicarum sive rcgularum ad intelligendas Scri- 
pturas divinas 1. X, Salamanca, 1565. Institutiones linguarum Hebrai- 
cae et Chaldaicae, ibid., 1571. — Fray Luis de Monto ya, agustino de 
Belmonte, publicó Obras de los que aman á Dios, 9 tratados, Lisboa, 
1565. — ^Fray Juan Ochoa, dominico, publicó Omnes primariae con- 
clusionum... D. Thomae... in carmen redactae, Roma, 1565. — Fray 
Juan de Pedraza, dominico, publicó Suma de casos de consciencia.. 
y una instrucción y Doctrina Christiana, Medina, 1565; Toledo, 1567; 
Salamanca, 1567; Toledo, 1568; Medina, 1568; Zaragoza, 1568; Al- 
calá, 1568; Valencia, 1568; Madrid, 1569; Salamanca, 1570; Barce- 
lona, 1571; Zaragoza, 1578; Venecia, 1584 (texto ital.). — Juan Tomás 
PoRCEL, médico sardo, publicó Información y Curación de la peste en 
Zaragoza, Zaragoza, 1565. — Juan de Robles, canónigo de Berlanga, 
publicó Cartilla menor para enseñar á leer en Romance. Alcalá, 1565. — 
Antonio Ruiz de Morales, cordobés, publicó Regla de la orden de 
Santiago. Historia de la orden de Santiago, 1565. In B. Ariae Montani 
Rhetoricam annotationes, Amberes, 1572. — El b.\chiller Juan Ruiz 
Saavedra, de Cuenca, publicó Tratado de Gcomctria y qucstiones sobre 
la Esphera, Salamanca, 1565. — Fray Tomás de Santa María (t 1570), 
de la Orden de Predicadores, natural de Madrid, publicó el Libro 
llamado Arte de tañer fantasía, así para tecla como para vihuela y 



yS ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

todo instrumento en que se pudiere tañer á tres y á cuatro voces y 
á más, Valladolid, 1565. — Baltasar de Sotomayor, toledano, publicó 
Grammática para leer y escribir la lengua Francesa conferida con la 
Castellana con un vocabulario copioso de ambas lenguas, Alcalá, 
1565. — Luis de Villafranca, maestro de los mozos de coro de la igle- 
sia de Sevilla, publicó Breve instrucción de canto-llano, Sevilla, 1565. 
— Don Fadrique de Zúñiga y Sotomayor publicó el Libro de cetrería 
de caza de azor. Salamanca, 1565. 

4 

3 6. Alio 1566. Jerónimo de Arbolanches, tudelano, publicó el 
poema Los Nueve Libros de las Havidas, Zaragoza, 1566, novela en 
verso, fundada en la leyenda de Gargoris y Abido, que traen Ovidio 
en las Metamorfosis y Justino (1, XLIV, cap. IV). Véase M. Pelayo. 
Oríg. novela, t. I, pág. cccxcviii. Tiene poesías de entonación popular 
admirables. 

Don Luis Zapata (i532?-i599?), "señor de las villas y lugares del 
Cehel y de jubrecelada, alcaide perpetuo de castildeferro, cautor y la 
rabita, patrón de la capilla de San Juan Bautista, alcayde de llerena", 
publicó el Cario famoso, Valencia, 1566, poema sobre Carlos V, en 
octavas, 50 cantos y 40.000 versos. Teníalo don Quijote en sus es- 
tantes; pero Cervantes no lo debió de apreciar mucho cuando por 
error lo atribuye á Luis de Avila y dice que fué luego al corral. 
Trece años malgastó en hacerlo. Escribió además El Arte poética de 
Horacio traducida de Latín en Español, Lisboa, 1592. Pero el libro 
más curioso en anécdotas españolas, sencillo lenguaje y buen ingenio 
e? la Miscelánea, ms. de la Biblioteca Nacional, publicado en el t. XI 
del Memorial Histórico Español, Madrid, 1859, por Gayangos. Rico 
minero de curiosidades, costumbres y cuentos. 

Francisco Juan Bardaxi, valenciano, publicó Syntaxis Latina. De 
Conscribendhs Epistolis, 1566. Summa de los fueros y observancias 
del reino de Aragón..., Zaragoza, 1587. — Pedro Barrantes Maldonado 
publicó Diálogo entre Pedro Barrantes Maldonado y un caballero 
extranjero en que se cuenta el saco que los turcos hicieron en Gibral- 
tar y el vencimiento y destruición que -la armada de España hizo en 
la de los turcos año 1540, Alcalá, 1566; Madrid, 1889, en Tres relacio- 
nes históricas (Libr. rar. y cur.). Las Trobas. Coronica del Rey Don 
Henrique IH... el Doliente. Acabóse... 1541. — Bartolomé Barrientos, 
granadino, profesor en Salamanca, publicó In Christophori Calveti 
Stellae Aphrodisium expugnatum notis. Salamanca, 1566. Opúsculo 
liberalium artium, ibid., 1569, 1573. Lima Barbariei et Synonymis La- 
tinis, y Annotationum Sylva, ibid., 1570. Partium Ortitionis Sintaxeos 
libro y su Epítome, ibid., 1571. De Cometarum explicatione atque 
praedictione, ibid., 1574. In Somnium Scipionis. — Juan Cantero pu- 
blicó In Porphyrii Isagogem, Alcalá, 1566. — B.altasar Collazos, de 
Paredes de Nava, publicó Comentarios de la fundación, conquista y 
torna del Peñol. Valencia, 1566. Diecisiete Coloquios y Discursos de 



S. XVI, 1566. ANTONIO VELA 79 

varios asuntos, Lisboa, 1578. — Tello Fernández Mexía, de Mérida, 
publicó In Leges Tauri, Granada, 1566; Madrid, 1595. — Juan Fragoso, 
famoso cirujano y médico de la reina doña Isabel, nacido en Toledo, 
publicó Catalogus s'mipUcmm medicament ornm, Alcalá, 1566. Erotemas 
Chirurgicos, Madrid, 1570. Discursos de las cosas aromáiicas, árboles 
y frutales, y medicinas simples de la India, Madrid, 1572; en lat., 1601. 
De succedaneis medicamentis, Madrid, 1575, 1583; Sevilla, 1632. De 
Medicamentorum compositione, Alcalá, 1575 (¿es la anterior obra?). 
Chirurgia universal, Madrid, 1581, 1586, 1596; Alcalá, 1607, 1621 ; en 
ital., Venecia, 1662. — Fray Juan de la Fuente, franciscano de Toledo, 
publicó In Psalmum L, Salamanca, 1566. De la esperanza y temor chris- 
tiano, Alcalá, 1570. Árbol de la vida, Alcalá, 1572. In Evangelium seo. 
Marcum, Alcalá, 1582. — Fray Francisco de Guzmán, franciscano to- 
ledano, publicó De Caelibatu ministrorum altaris sacrorum, Toledo, 
1566. — Alfonso de Heredia publicó Dechado de Jueces, Valencia, 
1566. — El LICENCIADO Pedro Hernández de Villa-Umbrales publicó 
los Comentarios, en que se contiene lo que el hombre debe saber, 
creer y hacer para aplacer á Dios, Valladolid, 1566. El Caballero 
del Sol, ó sea la Peregrinación de la vida del hombre puesto en 
batalla, Medina, 1552: libro de caballerías á lo divino, y tradújose 
al italiano y al alemán. Tratado de las festividades de la Sma. Vir- 
gen, Madrid, 1618. — Fray Vicente Mexí.\, dominico en Córdoba, pu- 
blicó Saludable instrucción del estado de matrimonio, Córdoba, 1566, 
primer libro castellano allí impreso. — Gabriel de Monterroso y Al- 
varado publicó Práctica civil y criminal, Valladolid, 1566; Alcalá, 
1571; Madrid, 1579, 1587, 1591, 1598, 1603, 1609. — Jerónimo Muñoz, 
valentino, catedrático en Salamanca, publicó Institutiones Arithme- 
ticae ad percipieyídam. Astrologiam et Mathematicas facultates, Va- 
lencia, 1566. Alphabetum Hcbraicum. Lectura Geopraphica. Libro 
del Nuevo Cometa y del lugar donde se hacen y cómo se verá por las 
paralajes cuan lejos están de tierra y del pronóstico deste, Valencia, 
1572, obra alabada por Tyco-Brahe y puesta en latín en 1575. Swnma 
del Pronóstico del Cometa y de la Eclipse de la Luna, que fué á 
los 26 de Setiembre de i^Jj... el cual cometa ha sido causado pof> 
la dicha Eclipse, Valencia, 1578. Interpretatio in sex libros Euclidis. 
De Planispherii parallelogrami inventione. Lectura geográfica, Valet- 
cia, 1577. — Juan Blas Navarro, valentino y pabordre de aquella ig'e- 
sia, publicó De Authoritate Rom. Ecclesiae et sacro cius Principatu, 
Barcelona, 1^66. De Vectigalibus, Valencia, 1587. — Francisco Pérez, to- 
ledano, publicó De Latinitatis rudimentis. Salamanca, 1566. — El doctor 
Juan de Segura, de Cañaveras (Cuenca), canónigo de Alcalá, publicó 
Mathematicae quaedam selectae propositiones, ex Euclidis, Bo'étii, etc. 
antiquorum aliorum lihris decerptac... Quibus accessit utúissimum 
Arithmeticac Geomctricaeque praxis compendium, Alcalá, 1566. — An- 
tonio Vela publicó la Historia de los hechos del... Cardenal D. Gil de 
Albornoz... Escripia en latín por... Juan Ginés de Sepúlveda... traduzida 



oO ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

CU Castellano... con el testamento del dicho Cardenal, Toledo, 1566; Bo- 
lonia, 1612. — Pedro Gentil de Vendóme publicó El suceso de la gue- 
rra de la potentísima armada del Gran Turco Ottomano Solimán, 
ven'.da sobre la isla de Malta, Barcelona, 1566. — El doctor Luis Juan 
ViLLETA, canónigo de la Seo de Barcelona, publicó el Libro Intitulado 
Directorium Curatorum, Compuesto por el llhistre y Reverendíssimo 
Sr. D. Fr. Pedro Martyr Coma Obispo de Elna, Nuevamente traducido 
de la lengua Cathalana en vulgar castellano, Barcelona, 1566, 1567, 
1568, 1572; Zaragoza, 1573, 1574; Granada, 1574; Madrid, 1581 ; Per- 
piñán, 1584; Sevilla, 1585; Zaragoza, 1587: Sevilla, 1589; Logroño, 
1594. — Fray Domingo de Biota, franciscano, publicó Algunos tractados 
del Seraphico Doctoi* S. Buenaventura traduzidos, Zaragoza, 1566, 
1576: Coloquio del pecador con el Crucifijo, Modo de agradar á Dios, 
Dichos y sentencias del S. Fray Gil, Colloquio del pecador y del Crii- 
tifixo, con otros opúsculos compuestos por el seraphico doctor S. Bue- 
naventura, Zaragoza, 1571; los otros opúsculos pueden verse, particu- 
larizados, en Juan M. Sánchez, Bibliógr. arag. del siglo xvi, t. II. 
Madrid, 1914. Soliloquio de quatro exercicios mentales con otros di- 
vinos Tractados, compuestos en Latín por... S. Buenaventura, Zara- 
goza, 1580; véanse cuáles son en dicha Bibliografía; Lérida, 1616. 

3 7. Año 156/. Don Pedro de Navarra ó de Labrit, hijo natural 
del rey de Navarra don Juan Labrit, benedictino y obispo de Comenge 
desde 1560, legado en Trento por Antonio, rey de Navarra, y cerca de 
Pío IV, publicó Diálogos muy subtiles y notables, Zaragoza, 1567, en tres 
partes : De qual debe ser el Coronista del Príncipe, De la Diferencia- 
de la vida rústica á la noble y De la Preparación de la muerte. Diá- 
logos de la diferencia del hablar al escrevir... dictados por..., Tolosa, 
1570 (?). Escritor notable, de estilo cortesano, admirable obra. 

En 1567 ponen los traductores de Ticknor la primera edición de la 
Philosophía cortesana moralizada, de Alonso de Barros (1552-1604), 
segoviano, aposentador de S. M., de la que hay edición de Madrid, 
1587. Proverbios Morales, Madrid. 1598. 1608; (por el maestro Patón) 
Baeza, 1615; Lisboa, 1617; Barcelona, 1619; Zaragoza, 1656; Madrid, 
1874. En el Prólogo, de Mateo Alemán, á los Proverbios Morales. 
Madrid, 1598, se hace referencia á la Filosofía Cortesana, diferencián- 
dola como libro aparte. Con otro título: Perla de Proverbios, Madrid, 
1601. Consúltese: C. Pérez Pastor. Bibliografía Madrileña, parte IIL 

págs. 331-333- 

El DOCTOR Juan Páez de Castro, de Quer (Guadalajara) (t 1570),. 
estudió en Alcalá, revisó la historia de Cisneros, de Alvar Gómez de 
Castro (1567), estuvo en Trento (1545) y Bruselas (i554)> fué cronista 
y capellán real y escribió á Zurita y otros desde 1545 á 1567 muchas 
cartas, parte impresas por Dormer en Progresos de la Historia de 
Aragón, 1680, parte inéditas (t. XIV de la colee, de Velázquez, Aca- 
demia de la Historia), trabajó en los Refranes, de Hernán Núñez con 



S. XVI, 1567. Lie. MARTÍN ALFONSO DEL POZO 8 1 

más de 3.000 de ellos, trató con todos los sabios de su tiempo, conoció 
el griego, hebreo, caldeo y arábigo, las matemáticas y la historia, hizo 
versos, recogió muchas obras en varias lenguas y formó una gran 
librería, que vino después á parar á El Escorial (1572), por orden de 
Felipe II y comisión dada á Ambrosio de Morales. Memorial al Rey 
sobre fundar una biblioteca (1749?), 1883; el ms. en El Escorial. Me- 
morial de las cosas necesarias para escribir historia, en los to- 
mos XXVIII y XXIX de la Ciudad de Dios; mss. Escorial y Bibl. 
Nac. (Q-18). Consúltese Catalina García. 

Pedro Arias de Benavides, médico de Toro, publicó Secretos de 
Chirnrgia, Valladolid, 1567. — Francisco Balbi de Correggio, soldado 
corso, publicó La verdadera relación de todo lo que este año de 
M. D. LXV ha sucedido en la Isla de Malta, Alcalá, 1567; Barcelona, 
1568. En 1581 : Vida del Illustríssimo Señor Octavio Gonzaga, Ca- 
pitán general de la cavallería ligera del estado de Milán, Barcelona, 
En 1593: Historia de los amores del valeroso moro Abinde-Arráez 
y de la hermosa xarifa Abencerases, Milán, 1593. Pasada del serení- 
mo señor don Vicenso Gonzaga y Austria, duque de Mantua y Mon- 
ferrat por el estado de Milán, para ir á tomar el poseso de su estado 
de Monferrato, etc., Mantua, 1688, poema en seis cantos, con cu- 
riosas descripciones de fiestas. — Fray Pedro de Fonseca (1549-1619), 
Jerónimo portugués, publicó In Isagogem Porphyrii, 1567. Dialéctica, 
Roma, Colonia; Venecia, 1575, 1611. Metaphysica Aristotelis ex Grae- 
ca lingua in Latinam atque eruditis commentariis illiistrata, Argen- 
torati, 1594, obra muy notable. — Juan Gerson, Canciller de París, De la 
Imitación de Christo, Caller, 1567. Nic. Antonio cree debió de ser ésta 
la edición que tuvo y retocó fray Luis de Granada. — Raimundo Gon- 
zález de Montes publicó Sanctae Inquisitionis Hispanicae Artes ali- 
quot detectae, ac palam^ traductae^ Heidelberg, 1567, 1603; Aanbergae, 
161 i; Madrid, 1857, por Usoz, en el t. XIII de Reformistas. Su autor 
había sido víctima y habíase escapado de las cárceles de la Inquisi- 
ción. La obra metió mucho ruido fuera de España y se tradujo á varias 
lenguas, al castellano: Artes de la Inquisición Española, 1851, t. V, de 
Reformistas, impresa por Usoz, hecha por otro. "El libro estaba escrito 
con talento." (M. Pelayo, Heterod., t. II, pág. 479.) Es veraz, sino que 
generaliza lo particular, y los lectores atribuyen á España exclusi- 
vamente lo que en todas partes se hacía. — Jacoues Ledel tradujo del 
francés, de "Juan, señor de Joinville", Chronica y Vida del Rey S. Luys 
de Francia, Toledo, 1567. — Fray Jerónimo de Lemos, Jerónimo segovia- 
no, publicó Torre de David, moralizada por vía de diálogos, Salamanca, 
^■567» 1578.— S. busque Lusitano publicó De los Sonetos, Canciones, 
Mandriales y sextinas del gran Poeta y Orador Francisco Petrarca, 
Venecia, 1567. — Nueva Recopilación, Alcalá, 1567. — P. Pasquier pu- 
blicó Recopilación de las Leyes y Ordenanzas..., del Reyno de Na- 
varra..., Estella, 1567.— Diego de Plaza, de Escamilla, publicó Género 
y declinaciones en quarietos, Alcalá, 1567. — ^El licenciado Martín Al- 



H2 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

FüKso DEL Pozo, ;ragistral y natural de Córdoba, publicó /« omnes 
Psalmos David, Alcalá, 1567. — Fernando d£l Pozo, burgalés, publicó 
In A. Nebrissensis librum secundnm, Salamanca. 1567. — ^Pedro de 
Ribas, zaragozano y vicario de San Nicolás en Zaragoza, tradujo 
del italiano el Libro llamado el Porqué, provcchossísinio para la con- 
servación de la salud y para conocer la phisonomía y las virtudes 
de las yerbas, Zaragoza, 1567, 1570?; Madrid, 1579, 1581 ; Alcalá, 1589; 
Madrid, 1598 (dos edic). — Fray Antonio Rubio, franciscano leonés, 
publicó Asscrtionum Catholicarmn adversáis Erasmi Rot. pcstilentis- 
simos errores libri IX, Salamanca, 1567. — Bartolomé de Torres 
(t 1568), obispo de Canarias, burgalés, publicó De Ineffabüi mysterio 
Trinitatis, Alcalá, 1567. — El licenciado Juan Vázquez del Mármol, 
racionero de Granada, publicó San Anselmo, sus Meditaciones. 1567. 
Historia del reyno de Ñapóles, de Pandulfo CoUenutio, Sevilla, 1584. 
El Novicio espiritual, de Blosio, ^'ladrid. 1587. Arte y regla para apren- 
der á recar el Oficio, \'alladolid, 1605. — ^Juan de Vergara publicó Dos 
Coloquios Pastoriles, Valencia, 1567 (Nic. Ant., y Diccionario de las 
imprentas de Valencia, 1899, en el inventario de Juan Timoneda). — 
Libro de la recopilación de las ordinaciones de la Cesárea e {7ichyta 
ciudad de taragoza, Zaragoza, 1567. 

38. Año i¿68. San Juan de la Cruz (1542-1591), que 
tomó este nombre en 1568 por el que había tenido en el siglo 
de Juan de Yepes y Alvarez, y que profesó tomando el de fray 
Juan de San Matías, en la Orden del Carmelo en 1564, tomó 
el hábito descalzo en 1567, y conoció á la madre Teresa el mis- 
mo año, siendo su compañero en la reforma. Su vida fué más 
de ángel que de hombre ; sus trabajos y persecuciones, hasta 
el punto de estar para ser despedido de la Orden, como lo hu- 
biera sido á tardar unos meses más en morir. En la Subida del 
monte Carmelo y en la Noche escura del alma, en el Cántico 
espiritual entre el alnm y Cristo su esposo y en la Llama áe 
amor viva, glosa sus propios versos, y en ellos y en la glosa en- 
cierra la más alta mística que se ha escrito entre cristianos. 
Santa Teresa tiene siempre un pie en la tierra y otro en el Cie- 
lo; la tierra no es pisada por San Juan de la Cruz, que vive 
siempre sublimado en lo más alto, adonde el mortal en vida 
puede levantarse. Sus versos no son poesía común ni poesía 
extraordinaria de poeta humano; es algo más peregrino, son 
arrobos del alma, en que todo es simbólico, aunque las frases 
parezcan del Contar de los cantares, de Salomón, cuyo comen- 
tario cristiano son sus obras. Las palabras dulcísimas de esta 



S. XVI, 1568. SAN JUAN DE LA CRUZ 83 

poesía medio oriental, son envoltorio nada más de lo que en- 
cierran, lo cual se declara en (la glosa con un brío y una clari- 
dad tan extraordinaria, con una dulcedumbre de estilo tan de 
mieles, tan fluida y transparente, que no parece habla de hom- 
bres, sino de bienaventurados. Ciérnese, sin embargo, á veces 
á tales alturas, que sólo los muy contemplativos puedan acaso 
seguirle y penetrar enteramente su pensamiento. Es maravillo- 
so en vestir con metáforas vivas y transparentes los conceptos 
más hondos de la mística. La doctrina, siempre sólida, sin el 
menor barrunto de que pueda desviarse de la ortodoxia más 
apurada. Escribió además, Sermones, Instrucción y cautelas, 
'avisos y sentencias, Devotas po'csias y Cartas espirituales. 

39. M. Pelayo, Poes. mísf.: "La materia de sus canciones es toda 
de la más ardorosa devoción y de la más profunda teología mística. 
En ella se canta la didhosa ventura que tuvo el alma en pasar por la 
oscura noche de la fe, en desnudez y purificación suya, á la unión 
del Amado ; la perfecta unión de amor con Dios, cual se puede en 
esta vida, y las propiedades admirables de que el alma se reviste cuando 
llega á esta unión, y los varios y tiernos afectos que engendra la in- 
terior comunicación con Dios. Y todo esto se desarrolla, no en forma 
dialéctica, ni aun en la pura forma lírica de arranques y efusiones, 
sino en metáfora del amor terreno, y con velos y alegorías tomados 
de aquel divino epitalamio en que Salomón prefiguró los místicos 
desposorios de Ohristo y su Iglesia. Poesía misteriosa y solemne, y, 
sin embargo, lozana y pródiga y llena de color y de vida; ascética, 
pero calentada por el sol meridional; poesía que envuelve las abstrac- 
ciones y los conceptos puros en lluvia de perlas y de flores, y que, 
en vez de abismarse en el centro del alma, pide imágenes á todo lo 
sensible, para reproducir, aunque en sombras y lejos, la inefable her- 
mosura del Amado. Poesía espiritual, contemplativa é idealista, y que 
con todo eso nos comunica el sentido más arcano, y la más penetrante 
impresión de la naturaleza, en el silencio y en los miedos veladores 
de aquella noche, amable más que la alborada, en el ventalle de cedros 
y el aire del almena que orea los cabellos del Esposo. Por toda esta 
poesía oriental, trasplantada de la cumbre de! Carmelo y de los flo- 
ridos valles de Sion, corre una llama de afectos y un encendimiento 
amoroso, capaz de derretir el mármol. Hielo parecen las ternezas de 
los poetas profanos al lado de esta vehemencia de deseos v de este 
fervor en la posesión que siente el alma después que bebió el vino de 
la bodega del Esposo. Y todo esto es la corteza y la sobrehaz, porque, 
penetrando en el fondo, se Ihalla la más alta y generosa filosofía que 
los hombres imaginaron (como de Santa Teresa escribió fray Luis), 
y tal, que no es lícito dudar que el Espíritu Santo regía y gobernaba 



84 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

la pluma del escritor. ¿Quién le había de decir á Garcilaso que la 
ligera y gallarda estrofa inventada por él en Ñapóles, cuando quiso 
domar por ajeno encargo la esquivez de doña Violante Sanseverino, 
había de servir de fermosa cobertura á tan altos pensamientos y su- 
prasensibles ardores? Y en efecto, el hermoso comentario que en prosa 
escribió San Juan de la Cruz á sus propias canciones, nos conduce 
desde la desnudez y desasimiento de las cosas terrenas, y aun de las 
im.ágenes y apariencias sensibles, á la noche oscura de la mortificación 
de los apetitos que entibian y enflaquecen el alma, hasta que, libre y 
sosegada, llega á gustarlo todo, sin querer tener gusto en nada, y á 
saberlo y poseerlo todo, y aun á serlo todo, sin querer saber ni poseer 
ni ser cosa alguna. Y no se aquieta en este primer grado de purifica- 
ción, sino que entra en la vía iluminativa, en que la noche de la fe 
es su guía, y como las potencias de su alma son fauces de monstruos 
abiertas y vacías, que no se llenan menos que con lo infinito, pasa más 
adelante y llega á la unión con Dios, en el fondo de la sustancia del 
alma, en su centro más profundo, donde siente el alma la respiración 
de Dios; y se hace tal unión cuando Dios da al alma esta merced so- 
berana, que todas las cosas de Dios y el alma son una en transformación 
participante, y el alma más parece Dios que alma y aun es Dios por par- 
ticipación, aunque conserva su ser natural unida y transformada, 
"como la vidriera le tiene distinto del rayo, estando de él clarificada". 
Pero no le creamos iluminado ni ontologista, ó partidario de !a in- 
tuición directa, porque él sabrá decirnos, tan maravillosamente como 
lo dice todo, que en esta vida "sólo comunica Dios ciertos visos entre- 
"oscuros de su divina hermosura, que hacen codiciar y desfallecer al 
■'•'alma con el deseo de los restantes". Ni le llamemos despreciador y 
enemigo de la razón humana, aunque aconseje desnudarse del propio 
entender, pues él escribió que "más vale un pensamiento del hombre 
"que todo el mundo", y estaba muy lejos de creer permanente, sino 
transitorio y de paso, aquel éxtasis de alta contemplación del cual 
misteriosamente cantaba : 

"Éntreme donde no supe, 
Y quédeme no sabiendo 
Toda ciencia transcendiendo." 

Publicáronse sus Obras espirituales en Alcalá, 1618, Treynta y dos 
sermones en los guales se declaran los mandamientos de la ley, ar- 
tículos de fe y sacramentos, con otras cosas provechosas sacadas de 
Latín en Romance, Alcalá, 1568. Apuntamientos y advertencias en 
tres discursos para más fácil inteligencia de las frases místicas y do- 
trina de las obras espirituales de nuestro V. P. Fr. Juan de la Cruz..., 
por el P. Fr. Diego de Jesús, carmelita, Alcalá, 1618. 

Obras de San Juan de la Cruz, Bibl. de Aut. Esp., ts, XXVII 
y XXV. Obras espirituales por el B. P. S. Juan de la Cruz, con pró- 
logo, por don Juan Manuel Ortí y Lara, Madrid, 1872. Obras del 



S. XVI, 1568. LUIS BARi\HOXA DE SOTO 83 

místico doctor S. I. de la C, por el reverendo padre Gerardo de San 
Juan de la Cruz, Toledo, 1913. Consúltense: M. Domínguez Berrueia, 
El misticismo de S. Juan de la Cruz en sus poesías, Madrid, 1894; 
M. Menéndez y Pelayo, De la poesía mística, en los Estudios de crí- 
tica literaria, i.^ serie, Madrid, 1884, págs. 1-72; R, Encinas y López 
de Espinosa, La poesía de S. Juan de la Cruz, Valencia, 1905. 

40. Año 1568. Luis Barahona de Soto (i 547-1 595) na- 
ció en Lucena, de familia pobre; padeció mucho en sus estu- 
dios ; pasó á Antequera con unos parientes, donde estudió hu- 
manidades con Juan de Vilches, escribiendo á los diez y siete 
anos de su edad una Epístola en tercetos á Gregorio Silves- 
tre, organista de Granada, adonde fué en 1567, y se graduó 
de bachiller en artes aquel mismo año. Tuvo grande amistad 
con Silvestre, Hernando de Acuña, Hurtado de Mendoza y 
otros literatos, con quienes se juntaba en la tertulia de don 
Aionso de Granada Venegas, alcaide del Generalife, hasta que 
murió su esposa doña María Manrique, en cuyo recuerdo es- 
cribió Las hamadriades, en su primer aniversario. Allí estudió dos 
cursos de medicina y escribió las diez Lamentaciones y presenció 
el levantamiento de los moriscos (1568) y acaso tomó parte en la 
expedición. Muerto Silvestre (1569), partióse para Osuna, en 
cuya Universidad siguió sus estudios de medicina; pero disgustó 
al Rector por algunos escritos satíricos y tuvo un proceso. Mucho 
aprovechó con el trato de Francisco de Medina, con quien acaso 
pasó á Sevilla (1571), donde se graduó de bachiller en medicina 
y trabó amistad con Fernando de Herrera, volviéndose luego 
á Osuna; frecuentó sus idas á la capital, pues en 1572 se li- 
cenció en Medicina, cursando cuatro meses de Decretales; en 
1573 parece fué á la corte, donde no se sabe cuánto tiempo pasó 
ejerciendo su profesión médica; volvió á Sevilla, y en 1578 á 
Granada, donde escribió las fábulas de Acteon y de Vertumno, 
acaso sus obras poéticas mejores. En 1581 fué de m.édico á 
Archidona, y allí se casó con la viuda doña Isabel Sarmiento 
y tuvo amistad con el primer Duque de Osuna y su hijo don 
Juan Téllez Girón, marqués de Peñafiel. En 1586 imprimió la 
primera parte de La Angélica; en 1587, fué Corregidor y se 
le murió su mujer, dejándole dos hijas. El Duque de Osuna, 
que había dejado su Gobierno de Ñapóles en 1586, deseando 
que su nieto don Pedro Téllez Girón no se aficionase dem.asiado 



86 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

á las letras, y prefiriendo se diese á la caza, como aprendizaje 
de la guerra, debió de hablar sobre ello á Barahona en 1588; 
ello es que por entonces se encargó nuestro poeta de escribir 
para el joven don Pedro, mozo de catorce años, un libro cine- 
gético, que llamó Diálogos de la Montería, obra publicada 
en 1890 por los bibliófilos españoles como de autor no cono- 
cido, y que Rodríguez ^^larin parece haber probado ser de Ba- 
rahona de Soto, que en ellos lleva el nombre de Silvaiw. En 1591 
casóse por segunda \ez con doña Mariana de Navas y muño 
en 1595. Perdiéronse las Rimas que dejó preparadas para la 
estampa, el poema Los principios del Mundo y la Segunda par- 
te de la Angélica; los Diálogos quedaron inéditos por circuns- 
tancias particulares. 

Baraliona educó su gusto literario en las dos escuelas poé- 
ticas, castellana é italiana, declarándose á la postre en favor 
de la innovación. Hay, pues, dos Baralionas, como dos Hurta- 
dos de Mendoza, dos Acuñas y aun dos Herreras: el que ma- 
neja gallardamente los metros españoles en las Lamen iacioties, 
las Libertades del amor y las fábulas de Acteon y Vcrtumno, 
y el que, venciendo las dificultades del itálico more, muestra el 
esfuerzo y violencia por dominar el verso extraño en sonetos, 
madrigales, epístolas y sátiras, canciones y elegías, y, finahnen- 
ie, en La Angélica. En las coplas españolas es donde brilla Ba- 
rahona, sobre todo en las fábulas de Acteon y Verlumno, á 
las cuales alude Cervantes: ''Las lágrimas de Angelito Llora- 
ralas yo, dijo el cura, si tal libro hubiera mandado quemar, 
porque su autor fué uno de los famosos poetas del mundo, no 
sólo de España, y fué felicísimo en la traducción de algunas 
fábulas de Ovidio" {Qidj., I, 6). La Angélica, poema en t2 
cantos, es continuación del Orlando furioso, de Ariosto, en 
que se refieren los hechos de la heroína, después de su casa- 
miento, hasta que recobra el imperio del Catay, que una rival 
le había usurpado, sobrepujando al modelo en la decencia y 
honestidad de los cuadros que pinta, ya que no en la riqueza 
de fantasía ni en el gentil donaire ( Rodr. Marín ). Si se 
nos hace pesado, tan pesado se nos hace el mismo de Ariosto 
y sus congéneres. Es género falso, que tuvo su moda, y no 
puede ser eterno, como el de la Iliada; con todo, hay viveza, so- 



S. XVI, 1568. PEDRO CHACÓN 87 

briedad, imaginación y elegancia, por más que Ticknor no 
hallase sino monotonía, pesadez y languidez de estilo. Pero 
más que todos sus versos valen los Diálogos de la Montería, 
por los cuales merece contarse Barahona entre los njás casti- 
zos y elegantes prosistas del siglo xvi. 

'ii' Cervantes le alabó en el Viaje (cap. III) y en el Canto de 
Calíope, llamándole "varón insigne, sabio y eloquente". Poesías de 
Barahona salieron en las obras de Garcilaso, Sevilla, 1580; de Gre- 
gorio Silvestre, Granada, 1582; en las Flores de poetas ilustres, de 
P. Espinosa, Valladolid, 1605, y en otros impresos; algunas incluyó 
Sedaño en su Parnaso Español, 177S; otras Matute, en el Correo Li- 
terario y Económico de Sevilla (1804-1805), y algunas más en la Se- 
gunda parte de las Flores de poetas ilustres, 1896. Rodríguez Marín 
cuenta 1.500 y más versos suyos salvados, fuera de La Angélica, y los 
publicó en su meritísimo Estudio biográfico, bibliográfico y crítico, 
Luis Barahona de Soto, Madrid, 1903. El códice de los Diálogos está 
en la Bibl. de la Acad. de la Historia. Luis Barahona de Soto, Pri- 
mera parte de la Angélica [facsímile de la ed. príncipe de 1586, por 
Archer M. Huntington], New-York, 1904; Poesías, Bibl. de Aut. Esp., 
ts. XXXV y XLII ; Diálogos de la Montería, ed. Soc. de Biblióf. Es- 
pañoles [prefacio de F. R. de Uhagón], Madrid, 1890. Consúltense: 
F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto : estudio bibliográfico y 
crítico, Madrid, 1905. Juan Pérez de Guzmán, £7 autor y los inter- 
locutores de los diálogos de la montería, Madrid, 1890. 

42. Año I ¿68. Pedro Chacón (i 527- i 58 i), el Varron de 
su siglo, matemático, crítico y ñlólogo, nació en Toledo, es- 
tudió en Salamanca, principalmente matemáticas y griego, y allí 
íuvo cátedra de esta última lengua; después le llamó á Roma 
Gregorio XIII para trabajar en ediciones clásicas y sagradas, 
y siendo canónigo de Sevilla, siguió en Roma corrigiendo la 
Biblia, los Santos Padres, el Decretum Gratiani con Miguel To- 
más Baleario, las obras de Casiano, San Isidoro, Arnobio, Mi- 
nucio Félix, Tertuliano, Varron, Mela, Salustio, César, Pli- 
nio, y se ocupó en la reforma del calendario con Ginés de 
Scpúlveda y Juan Salón. Murió en Roma. 

Obras de Chacón: Kalendarii rotnani veteris explanatio, Amberes, 
1568. In Joannis Cassiani opera annotationcs, Roma, 1580. In Ter- 
tulliani opera coniecturae, Roma y París, 1580. Fragmentum de As- 
ir ologia, P. Ciaconii (Bibl. Ambrosiana). Inscriptio C. Duilii. De pon- 
dcribtis et mensuris (ms. Bibl. Nac). Annotationes in Sphaeram Joan- 
nis de Sacrobosco. In P. Mela Commentarimn. In Arnobii adversas 



88 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

gentes libros ct Miniitii Felicis Octavium notae, Roma, 1582. De Num- 
mis, Roma, 1586, 1608. De Triclinio romano liber, Roma, 1588. In 
S. Isidori Etymologianmi libros XX, obra dudosa, pero Felipe II 
mandó á Alvar Gómez que, al publicar las Etymologiae, consultase á 
A. Agustín y á Chacón, y después Juan Grial aprovechó estas anota- 
ciones. In C. Jnl. Caesaris Commentarios. In C. Crispum Salustimn, 
Lyon, 1594. Pompeius Festus. In Decretum Gratiani. In Plinium. In 
ü/. Ter. Varronis libros De lingiia latina et De rustica, Roma, 1587. 
In S. Hieronymum, S. Hilarium et S. Ambrosinm. In Senecam. Epi- 
tome Historial de la Universidad de Salamanca, 1569. Consúltense 
N. Antonio, Bibl. Hisp. nova, t. II, págs. 179-184; Antonio de Posada, 
Biografía Eclesiástica completa, t. III. 

43. Año 1568. Los Diálogos de amor de Mestre León Abarbanel, 
médico y filósofo excelente. De nuevo tradusidos en lengua castellana, 
Venecia, 1568, por un judío. — El maestro Francisco Beltrán publicó 
In quartum Ant. Nebrissensis, Alcalá, 1568, 1573, 1576 (tres ed.). — 
Fray Diego del Castillo publicó Origen de los Turcos y sus Empe- 
radores, Lisboa, 1568. — Francisco Curtel tradujo del italiano Cura y 
preservación de la peste, de Marsilio Fícino, Zaragoza, 1568. — Fray 
Benito Fernández, dominico, publicó Doctrina Christiana en lengua 
Mixteca, Méjico, 1568. — Antonio Flores de Benavides, regidor de 
Baeza, tradujo Reglas de la Cavallería de la brida y para conocer ia 
complexión y naturaleza de los Cavallos y doctrinarlos para la guerra 
y servicio de los hombres, de Federico Grison Napolitano, Baeza, 1568. 
El Tratado de la Tribulación, ibid., 1575. La Historia de Francisco 
Guichardino desde el año de MCDXCII hasta su tiempo, ibid., 1581. 
— Fray Francisco García^ dominico de Valencia, publicó De erratis 
Typographorum Romae in operibus S. Thoniac, Tarragona, 1568. Tra^ 
tado íitilísimo de todos los contratos. Valencia, 1582. Parte segunda 
del tratado..., ibid., 1583. — índice de libros prohibidos, el único im- 
preso en Zaragoza, 1568. — Fray Juan Jubi, franciscano mallorquino, 
publicó De Mundi contemptu, Barcelona, 1568. De Sacr. Eucharistiae, 
ibid., 1570. — Fray Jerónimo Lorete, benedictino de Cervera, publicó 
Index et Genealogía virorum ac mulieruní S. Scripturae, Barcelona, 
1568. Silva Allegoriarum S. Scripturae, ibid., 1570. — Miguel Marañón 
publicó Origen, definiciones y actos Capitulares de la Orden de Ca- 
latrava. Valladolid, 1568. — Don Luis Mexía Ponce de León, de Utrera, 
publicó In Legem regiam Toleti... De los proprios y rentas de los 
Concejos, Sevilla, 1568. Acc/ov'.a¡xo; seu Chi'onjum pro Pragmática, 
qiia pañis pretium taxatiir, ibid., 1568. — Fray Juan Miguel publicó 
Liber exercitiorum spirituoUum, Lyon. 1568. — Juan Alfonso de Mo- 
lina Cano, extremeño, de Villanueva de la Serena, publicó Descubri- 
mientos Geométricos, Amberes, 1568, 1596, 1598; en latín, 1620. -Thea- 
tro de la tierra universal de Abraham Ortelio, cosmógrafo del rey 
N. S., con sus declaraciones, traducido del Latín. Amberes, 1568, con 



S. XVI, 1569. FERNANDO DE HERRERA 89 

165 cartas geográficas. — Diego Pérez de Valdivia (t 1589), de Baeza, 
discípulo del beato Avila, publicó Sunima Institutioíñs Christianae, 
Colonia, 1568. De Sacra concionandi ratione, Barcelona, 1588. Docu- 
mentos saludables para almas pecadoras y Documentos de la vida 
eremítica. Barcelona, 1588. Camino y puerta para la Oración, ibid., 
1588. Aviso de gente recogida^ 1596. De la Concepc. de la Madre de 
Dios: Exposición sobre los Cantares, ibid.. 1600. Tratado de la 
alabanza de la Castidad, ibid., 1608, con otro De la frecuente Con- 
fesión y Comunión. — .El protonotario Luis Pérez, clérigo, vecino 
de Portillo, publicó Operum Poeticorum, un tomo, Valladolid, 1568. Del 
can y del caballo, Valladolid, 1568; Sevilla, 1888; véase La Caza, por 
Francisco de Uhagón y Enrique de Leguina, Madrid, 1888, pág. 39, 
reproducido en Sevilla, 1888. En 1583 parece se imprimió: Historia 
del Can, del Caballo, Oso, Lobo, Ciervo y del Elefante, París, ó 
se apropió un ejemplar Julio Iñiguez de Medrano, autor de la Silva 
Curiosa, para obsequir con él al Duque de Epernón. Glosa famosa 
sobre las coplas de don Jorge Manrique, Valladolid, 1561, 1564; Me- 
dina, 1574. — ^DoN Juax de Redin (t 1584), pamplonés, publicó De 
Maiestate Principis, Valladolid, 1568. — Rodrigo Sáenz de Santa yana 
Y Espinosa tradujo La Esfera de Juan de Sacrobosco, Valladolid, 
1568. Arte de Rhetórica. Historia, Epístolas y Diálogos, Madrid, 1578. 
— Mat?cos Salón de Paz, burgalés, publicó Ad Leges Taurinas, Valla- 
dolid, 1568. Consilia, Medina. 1576. — Andrés Sempere, de Alcoy, pu- 
blicó De Sacra cancionandi Ratione, Valencia, 1568, Grammaticae 
Latinae institutio HI libris explicata, en Valencia dos veces, en Francia 
y en Valencia, 1575, 1586. /» Ciceronis Brutum. — Fray Gonzalo de 
Sojo, benedictino de Monserrat, publicó Historia y milagros de 
N.^ S.^ de Monserrate, Barcelona. 1568, 1587, 1594. — El padre Ci- 
priano SuÁREZ (t 1593), jesuíta de Ocaña, publicó In librum S. Isi- 
dori Allegoriarum... Scholia, Madrid. 1568. De Arte Rhetórica U- 
bri IH ex Aristotele, Cicerone et Quintiliano, Sevilla, Madrid; 1584; 
1597; Amberes, 1599; ibid., 1621 ; París, 1619; Verona, 1589, etc. 
Tabulae Rketoricae, Venecia, 1589. — Fray Sebastián Toscano, agus- 
tino, publicó Theologia Mystica, 1568. Confesiones de S. Agustín, 1569. 
— Baltasar de Vargas publicó Breve relación en octava rima de la 
jornada que ha hecho el limo, y Excmo. Sr. Duque de Alva desde Es- 
paña hasta los Estados de Flandes. Amberes, 1568, en 229 octavas. 



44. Año 156Q. Fernando de Herrera (1534-1597), nació 
en Sevilla de honrados padres. Sin llegar á ordenarse, se sus- 
tentó toda su vida de un beneficio que tuvo en la parroquia de 
San Andrés, vistiendo hábito eclesiástico. Fué varón virtuoso, 
abstinente, sano y robusto de cuerpo, de superior talento y áni- 
mo fuera del común de las gentes. Por lo cual, con ser mo- 



90 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

desto y cortés con todos, gustaba de vivir retraido con sus 
pensamientos y sus libros. Ni habló ni permitía se hablase mal 
de nadie, ni era capaz de causar á nadie la menor molestia. 
Como por otra parte tenía justo conocimiento de su propio va- 
ler y jamás se rebajó lisonjeando, pidiendo ni aun admitiendo 
cosa que le ofreciesen, tuviéronle por áspero y malacondicio- 
nado, señal cierta de hombre que se sale de la docena y vive 
por encima de las pequeneces humanas. Tan alto era el concep- 
to que de la poesía tuvo, que se indignaba cuando el vulgo le 
llamaba el poeta. Hombre de mucha lectura y vigilias, conocía 
las lenguas sabias y algunas modernas, entendía de geografía 
y matemáticas, hizo particulares estudios y escribió de filosofía 
é historia. 

45. Rodr. Marín, El div. Herr. y la Cond. de Gelves: "Tengo por 
probable que fué hijo de un humilde candelero ó cerero de su mismo 
nombre, á quien, por los años de 1554, hallo viviendo en la collación 
de S. Isidro. Herrera cursó con singular aprovechamiento las letras 
humanas en el famoso estudio de S. Miguel, en donde tuvo por 
maestro al célebre Pedro Fernández de Castilleja... ya en 1569, no 
teniendo más de 35 años, se le llamaba el divino, como consta por 
este terceto de una sátira escrita entonces contra los malos poetas: 
"Estos hacen que valga tan de balde | el millar de las rimas y so- 
"netos, I que el divino Herrera escribe en balde..." ¿Es el poeta un 
"Fernando de Herrera, clérigo"', á quien se menciona en les asientos 
de devolución de blancas de carne en 1562? Por lo de clérigo no pa- 
rece ser el mismo ; mas, sea de ello lo que fuere, en lo que, por otro 
de esos asientos, no puede caber duda, es en que ya disfrutaba su 
modesta prebenda por los años de 1566." Rodr. Caro, Claros varones, 
pág. 132: "Naturalmente era grave y severo... comunicaba con pocos, 
siempre retirado en su estudio ó con algún amigo de quien él se fiaba, 
y con quien explicaba sus cuidados." 

Pacheco, Libro de descripción de verdaderos Retratos de Illustres y 
Memorables varones, 1599: "Quisiera remitir la descripción deste Elo- 
gio de Fernando de Herrera á quien le fuera igual en las fuerzas, 
conociendo de las mías ser poco suficientes, adonde se requerían las de 
Quintiliano y Demóstenes, junto con la dignidad de Apolo; de que 
dan testimonios sus felices obras, en la una y en la otra facultad; pues 
mereció por ellas ser llamado el Divino. Tuvo por Patria esta noble 
Ciudad, fué de onraios padres, dotado de grande virtud de abito 
Eclesiástico, y Beneficiado de la Iglesia Parroquial de San Andrés; no 
tuvo Orden Sacro, pero con los frutos del Beneficio se sustentó toda 
su vida, sin apetecer mayor renta, y aunque el Cardenal don Rodrigo 



/ 



.^e. 




i ^ INFERNANDO DE HERRERA EL Di \iNüJ 

( Pacheco, Libro de retratos.) 



S. XVI, 1569. FERNANDO DE HEBRERA 9I 

de Castro, arzobispo de Sevilla, deseó tenelle en su casa y acrecentalle 
en dignidad y íhacienda, no pudieron el licenciado Francisco Pacheco 
ni el racionero Pablo de Céspedes (íntimos amigos suyos) persuadille 
que -6 viesse. Tuvo Fernando de Herrera, demás de los dos, otros 
muchos amigos, al maestro Francisco de Medina, á Diego Girón, á don 
Pedro vélez de Guevara, al Conde de Gelves, don Alvaro de Portugal; 
al Marqués de Tarifa, á los insignes Predicadores fray Agustín Sa- 
lucio y fray Juan de Espinosa y otros muchos que parecen por sus 
escritos, amólos tan fiel y desinteresadamente, que á los más ricos 
y poderosos no sólo no les pidió, pero ni recibió nada dellos, aunque 
le ofrecieron cosas de mucho precio; antes por esta causa se retirava 
de comunicarlos. La proíessión de sus estudios se compone de muchas 
partes, aunque muchas veces se indignó contra el vulgo porque le 
llamava el Poeta, no ignorando las que para serlo perfectamente se 
requieren ; pero sabía la significación vulgar deste apellido, y constán- 
donos su voluntad, parece conveniente darle la Poesía por una parte, 
y no la mayor, como lo hiciéramos con Tito Livio, si las obras filosó- 
ficas que escrivió no se uvieran perdido, con la mayor parte de su 
istoria. Leyó Femando de Herrera con particular atención todo lo 
que la Antigüedad Romana y Griega nos dejó en sus más corregidos 
ejemplares, y de los autores posteriores lo más; porque supo las lenguas 
Latina y Griega con perfección, y las vulgares como los más corte- 
sanos dellas; tuvo leción particular de los Santos, supo las Matemá- 
ticas y la Geografía, como parte principal, con gran eminencia: no 
fué menor el cuidado con que habló y trató nuestra lengua Castellana, 
los versos que hizo fueron frutos de su juventud, y porque del juicio 
dellos liaWaron doctos varones, digo solamente que no sé cuál de 
los Poetas Españoles se pueda con más razón leer como Maestro, 
ni que assí guarde sin descaecer la igualdad y alteza de estilo, los 
amorosos en alabanza de su Luz (aunque de su moaestia y recato 
no se pudo saber) es cierto que los dedicó á doña Leonor de Milán 
condessa de Gelves, nobilíssima y principal Señora, como lo mani- 
fiesta la Canción V. del libro segundo que yo saqué á luz año 1619. 
que comienza; Esparce en estas flores, la cual con aprovación del 
Conde, su marido, acetó ser celebrada de tan grande ingenio. Fué 
Fernando de Herrera muí sugeto á corregir sus escritos cuando sus 
amigos á quien los leía le advertían, aunque fuesse reprovando una 
obra entera ; la cual rompía sin duelo, fué templado en comer y bever, 
no bevía vino, fué onestíssimo en todas sus conversaciones, i amador 
del onor de sus prójimos, nunca trató de vidas agenas, ni se halló 
donde se tratasse dellas. fué modesto y cortés con todos, pero enemigo 
de lisonjas, ni las admitió, ni las dijo á nadie (que le causó opinión 
de aspecto imalacondicionado), vivió sin hacer injuria á alguno, i 
sin dar mal ejemplo, las obras que escrivió son las Anotaciones sobre 
Garcüasso. contra ellas salió una Apología (agena de la candidez de 
su ánimo), á que respondió doctamente, escrivió la guerra de Cipro 



92 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

i Vitoria de Lepanto del Señor don Juan de Austria, un Elogio de 
la vida i muerte de Tomás Moro, estos tres libros se estamparon i 
un breve tratado de versos, que está contenido en el que yo hice im- 
primir, demás desto Ihizo muchos Romances, glosas i coplas Castella- 
nas, que pensava manifestar, acabó un Poema Trágico de los amores 
de Lausino i Corona, compuso algunas ilustres églogas, escrivió la 
guerra de los Gigantes, que intituló la Giganta machia; tradujo en 
verso suelto el Rapto de Proscrpina, de Claudiano, i fué la menor de 
sus obras deste género, todo esto no sólo no se imprimió, pero se perdió 
ó usurpó, con la istoria general del Mundo hasta la edad del Emperador 
Carlos quinto, que particularmente tratava las acciones donde conco- 
rrieron las armas Españolas que escrivieron con injuria ó invidia 
los escritores estrangeros. la cual mostró acabada i escrita en limpio á 
algunos amigos suyos el año 1590. en ella repetía segunda vez la 
batalla Naval i preguntado por qué? respondió que la impressa era una 
relación simple, i que esta otra era istoria, dando á entender que 
tenia las partes y calidades convenientes, al fin remitiéndome á sus 
obras cessaran mis cortas alabanzas i á las objeciones de los indi- 
viduos de su gloria no parecerá demasía lo que avemos referido, vien- 
do el sugeto presente no sólo estimado, pero celebrado, con encare- 
cidas palabras, en los escritos de los mejores ingenios de España, pues 
sus versos, que es lo menos (como refería Alonso de Salinas) los 
ponía el Torcuato Tasso sobre su sabeza, admirando en ellos la grandeza 
de nuestra lengua, cuya elocuencia es propria de Fernando de He- 
rrera, pues fué el primero que la puso en tan alto estado, i por averie 
seguido tantos i tan eccelentes autores, dijo con razón el maestro 
Francisco de Medina en la carta al principio del comento de Garcilas- 
so ; que podrá España poner á Fernando de Herrera en competencia 
con los más señalados Poetas i istoriadores de las otras Regiones 
de Europa. AI cual (aviendo sido de sana y sobusta Salud) llevó el 
Señor á mejor vida, en esta Ciudad, á los 63 años de su edad, el de 
1597." 

46. Conoció Herrera á don Alvaro de Portugal!, conde 
de Gelves, biznieto por línea materna de Cristóbal Colón y 
nieto de don Diego Colón, segundo almirante de las Indias 
y primer Duque de Veragua, en Sevilla, el 1559, cuando, re- 
tirado de la corte, recibía en su casa á los poetas. Se había ca- 
sado don Añvaro con doña Leonor de Milán, bellísima dama 
de Palacio, en 1555, y despilfarrados sus bienes y contraído 
grandes deudas, hubo de retirarse con ella á su villa de Gelves, 
ríe abajo de Sevilla. Hacia 1566 vivía Herrera dado á sus es- 
tudios en aquella ciudad, y frecuentando la casa del Conde se 
enamoró de doña Leonor, á quien antes sólo había visto una 



S. XVI, 1569. FERNANDO DE HERRERA g2> 

Ó dos veces: "Un divino esplendor de la belleza, ¡ pasando dulce- 
mente por mis ojos, | mi afán cuidoso causa y mi tristeza." Amor 
hondo de hombre que siente de veras y de veras aprecia la 
hermosura. Comunicóselo delicadamente ?i la dama, la cual 
sólo le tuvo agradecimiento (1567), luego lástima y compa- 
sión, amor después, confesándoselo con sonrisas, algunas fra- 
ses, un beso á lo sumo (1571); pero arrepentida, continuando 
en su amistad, no le volvió á ver en los diez años que aun 
vivió, sino acompañada, ni á darle la menor muestra de su se- 
creta pasión, que le duró hasta su muerte, cumpliendo su pro- 
pósito á costa de su vida con una fortaleza digna de la eterna 
fama que Herrera le dio cantando sus endechas, divinizándola 
con los nombres de Eliodora, Lus, Lumbre, Estrella y Aglaya. 
Murió doña Leonor en 1581, y pocos meses después don Al- 
varo, á 29 de Setiembre del mismo año. La pasión aniorc¿sa 
de Herrera convirtióse entonces en casi religioso cu'lto. La ma- 
yor parte de las poesías del gran poeta sevillano versan sobre 
este verdadero y hondo, triste y desdeñado amor, que nada 
tuvo de ficticio ni de platónico, como comúnmente se ha creí- 
do. Para muchos, por lo mismo, son frías, pesadas y hasta 
falseadas imitaciones petrarquistas. Lo poco cjue de la vida de 
Herrera conocíamos debiera haber bastado para columbrar por 
su carácter de varón grave, hondo, retraído y á la vez de alma 
delicadamente sensible, grande y noble, que no era él un poe- 
lilla de tertulias y academias, que se solazase con tan pueriles 
entretenimientos. Cervantes, que conocía ó entreveía lo que á 
Herrera lie pasaba, como lo conocía Juan de la Cueva y lo 
mostró en un soneto, y de todas maneras conocía á Herrera, 
apreciaba la sinceridad de sentimientos y la galanura y fineza 
con que los expresaba en estas elegías y coplas, como- hoy po- 
demos ya apreciarla, conocidos que nos son ya sus amores. 
Cuando versifica á la italiana se advierte la frialdad y deslei- 
m.iento, lo despacioso y enrevesado, las cualidades que siem- 
pre acompañaron al endecasílabo trasportado de Italia en to- 
dos nuestros clásicos : tail es la razón del cansancio que causan 
en el lector. Pero cuando echa mano de metros castellanos,, 
tal cansancio desaparece con el desaparecer de los tropiezos 
que antes hallábamos. El italianismo dañó algo á Herrera, 



94 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

como al mismo Cervantes : á ól se ha de atribuir la demasía 
acaso en el torneado y repulido de las expresiones y el tono á 
veces simbólico del pensamiento. Su doctrina del amor es la 
del Cortesano, Petrarca y Bembo, esto es, el neoplatonismo de 
León Hebreo y la doctrina provenzal; i>ero añadiendo el mis- 
ticismo español del alejamiento de todo lo extraño para hun- 
dirse en la contemplación de sí mismo, de sus sentimientos 
propios, aquietándose en sus propias penas, tras la lucha que 
los afectos mueven entre sí y acaba en dulce sosiego del alma, 
más bien que derritiéndose en ráfagas de sensualismo á la 
italiana. Por eso tiene más del estro de Ansias March, que 
del de Petrarca, como no pocos han advertido: es amor más 
platónico ó ideal, que se goza en sus propias penas y de ellas 
saca nuevas llamaradas. Además, aquel espíritu y vigor, que 
echaba menos en los italianizantes, siempre entona más las 
poesías de Herrera, diferenciándolas de las italianas. 



47. Para conocer á Herrera como poeta elegiaco, amatorio, hay 
que enterarse de su verdadera pasión, por doña Leonor, como nos la 
ha dado á conocer Rodríguez Marín en su opúsculo El Divino He- 
rrera y la Condesa de Gelves, Madrid, 1911. Pero sobre todo hay que 
hacerse cargo del carácter del poeta. No era un poetilla de postín ni 
con sus versos buscaba la honra ó provecho ni tomaba esos amoríos 
como un tema cualquiera sobre que bordar frases ni conceptos ni 
sutilezas, imitando á Petrarca ó á otros ingenios. Herrera escribía 
porque sentía la necesidad de escribir para desahogar sus penas. Era 
hombre de alto entendimiento, que vivía, como los hombres de alto 
entendimiento, en otro mundo más noble del común de las gentes. 
De aquí su retraimiento y la fama de malhumorado que entre el co- 
mún de las gentes tenía; de aquí esa mezcla de modestia y de altane- 
ría, que algunos no hallan medio de compaginar, siendo cosa bien clara 
para el que considera que un gran talento conoce ser gran cosa si 
se compara con los adocenados, pero que de suyo, y mirando al ideal 
que tiene, es bien poca cosa. Un hombre de este jaez siente el amor 
como no lo sinten los demás; las dificultades no sirven más que para 
acrecentárselo, y cual es de hondo y noble ese amor, es de punzadora 
y sentida la pena que le causa el no poderlo lograr. 

Soneto de Juan de la Cueva "á un galán que seguía una pretensión 
imposible y de gran riesgo al honor y á la vida : 

"Si el libre amor os facilita y mueve 
A seguir una empresa tan dudosa, 



S. XVI, 1569. FERNANDO DE HERRERA qS 

Donde es lo menos ser dificultosa 

Y el riesgo sin reparo al que se atreve, 
Mirad cómo prudente, antes que os lleve 

Ese furor que no repara en cosa, 
Que os repugna una fuerza poderosa, 

Y la mayor: la que al honor se debe. 
Hércules ni Teseo no emprendieron 

Cosa sin esperanza de vitoria, 

Dándole en premio al riesgo honor y fama. 

Mas vos vais al contrario que ellos fueron : 
Que amáis lo que deslustra vuestra gloria 
Y. en lugar de afamaros, os infama." 

Rodríguez Marín, El Div. Herr. y la Condesa de Gclves: "En los 
últimos diez años de su existencia, sólo en sus firmas, pero velada- 
mente, exteriorizó aquel amor sin consuelo (doña Leonor), como para 
decirnos, pasados más de tres siglos, de quién fué su alma. Ved en 
una proyección dos firmas de doña Leonor de Milán: la primera, del 
año 1559, en la cual, como era y sigue siendo costumbre de la nobleza, 
precede al nombre la inicial del cónyuge: la A de Alvaro; la segunda. 
la que usaba en 1577 y otros años anteriores y posteriores: en ella, 
contra todo uso recibido entonces y ahora, pone después del nombre 
la A, y como la rúbrica figura una F, inicial de Fernando, no es difí- 
cil conjeturar que, así como algunos convertidos al Cristianismo 
agregaban una cruz á sus firmas, reiterando de esta manera en cada 
una su profesión de fe, así también doña Leonor de Milán ratificaba 
la de su amor, diciendo en cada firma: La condesa doña Leonor de 
Milán, Á Fernando." 

48. Donde Herrera es originalísimo y maestro de la es- 
cuela sevillana, es en las odas triunfales : en la de Don Juan de 
Austria, por la guerra de los moriscos (1571); en la canción. 
de la Batalla naval, de Lepanto (1578); y en la elegiaca sobre 
la rota del Rey Don Sebastián en Alcazarquivir. De las dos 
primeras pueden hallarse como modelos latinos algunas de 
Horacio, el cual remedó los epinicios de Píndaro; pero sólo 
les tomó Herrera la elegante forma musical, alentándola con 
el divino soplo bebido en el canto de Moisés, en los Trenos y 
en Isaías, y dándole una entonación y magnificrncia entera- 
mente hebraica. Frases enteras pasaron de la Biblia á las can- 
ciones de Herrera, no ya pensamientos. Este feliz consorcio 
del arte hebraico con e/1 clásico, hizo grandes á Herrera y á 
fray Luis de León, predominando más lo hebraico en el poeta 



96 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

sevillano, lo horaciano en el salmantino. Jamás !a lengua cas- 
tellana se había levantado á tan brillante y enipoliada manera 
de decir. Sus muchos imitadores la hicieron cantar campanudas 
oquedades; pero Herrera, que criticaba á sus predecesores 
por copiar servilmente la gracia y terneza de los poetas italia- 
nos, en lo cual pecó él como los demás, si pecado en ello había, 
y les achacaba el escribir sin "espíritu y vigor", sin "nervios 
y músculos", su^x) tan natural y al justo encarnar en estas can- 
ciones los nervios y músculos, supo tan al propio infundirles 
el espíritu y vigor de los cantores hebreos, que üo pareció sino 
que la lengua castellana se había hecho para tan magnífica en- 
tonación oriental. Y es que nuestro romance da de sí para todo 
3' Herrera, con su levantado ingenio, supo hallar en ella esta 
nueva cuerda, jamás antes de él por ningún otro poeta tañida. 
Tal es el estilo ó entonación herreriana, semítica en la fuerza 
y color, como en el estilo y entonación sosegada y apacible 
fué la de fray Luis : por estas tan diversas maneras se distin- 
guieron desde entonces las escuela? sevillana y .salmantina. La 
entonación semítica de Herrera es la más acomodada á los dos 
sentimientos que animan estas canciones, C: religioso y el pa- 
triótico; así como al sentimiento amoroso de sus demás poesías 
se ajustaba mejor la entonación italiana y petrarqucsca. 

49. Alabóle Cervantes en el Viaje (cap. II) y en el Canto de 
Calíopc: "En punto estoy donde, por más que diga | en alabanza del 
divino Herrera, | será de poco fruto mi fatiga, | aunque le suba 
hasta la quarta esphera. ] Mas, si soy sospechosa por amiga, | sus 
obras y su fama verdadera | dirán que en sciencias es Hernando solo | 
del Gange al Nilo y de uno al otro polo." M. Pelayo, Id. estét., t. II, 
vol. II, pág. 390: "Las doctrinas estéticas de Herrera ya las cono- 
cemos: son las del idealismo platónico. Pero Herrera, por excepción, 
casi única en su siglo, hacía profesión singular de hombre de letras; 
era un gran crítico, un idólatra de la forma. Para él la poesía no era 
recreación de horas ociosas robadas á los ejercicios militares, ó á la 
teología, ó á la jurisprudencia, sino ocupación absorbente de toda 
la vida, culto diario que aislaba al poeta, realzándole al propio tiempo, 
como sacerdote de una divinidad no conocida. Hacía gala de profe- 
sar letras humanas, y no más que letras humanas, y de tener por do- 
minio suyo los amorosos términos de la elocuencia española. Había 
gastado los aceros de su mocedad (como dice gallardamente el maestro 
Medina) en revolver infinitos poetas, notando los modos de decir 
que tienen novedad y grandeza. Así se había engendrado en él aquella 



S. XVI, 1569. FERNANDO DE HERRERA 97 

superstición de la forma, sin la cual no hay poeta perfecto : aquel 
buscar siempre nuevos modos de hermosura. El arte, y á la par un 
amor petrarquesco, tan magnánimo y ihondo como el de Miguel Án- 
gel, por Victoria Colonna (aunque por ventura fué el de Herrera 
menos etéreo), bastaron á llenar su vida, vida de robusto y valiente 
artífice, siempre inclinado sobre el mármol. No puedo llevar con pa- 
paciencia á los detractores de este insigne varón, y sobre todo á Ma- 
nuel de Paria y Sousa, que en su comentario á las Rimas, de Camoens, 
tanto le maltrata, por haber llenado un gran libro de cosas en que 
Garcilasso no pensó. Pues ¿quién no absolverá á Herrera, si tiene 
presente que no se propuso tan sólo facilitar la inteligencia de su 
poeta, como lo hizo el Brócense, sino que nos dejó en sus notas un 
verdadero curso de teoría literaria, no copiada casi á la letra de Sea- 
ligero, como malignamente dice Faria (á quien hacía sombra todo 
lírico que pudiera en algún modo eclipsar el nombre de Camoens), 
sino llena de observaciones originales, de esas que sólo los artistas 
saben hacer cuando juzgan á otros artistas..." Saavedra, en la Re- 
pública Literaria : "Para mí. Herrera es el primero de nuestros crí- 
ticos del siglo XVI. Su crítica es externa, pero (si se me permite la 
expresión), es intima en lo externo: quiero decir que persigue siempre 
la forma intelectual, la que da unidad al estilo de cada autor. Se le ha 
acusado de sacrificarlo todo á la altisonancia de las palabras, y muchas 
veces es verdad en su poesía, pero no lo es en su crítica, porque no 
había para él cosa más importuna y molesta que el sonido y juntura 
de palabras cultas y numerosas, sin que resplandezca en ellas algún 
pensamiento grave ó alguna lumbre de erudición." "Yo juzgo, dice 
M. Pelayo {loco citato, pág. 392), que sin la aplicación que Herrera 
hizo de su teoría de la nobleza y alto son de las palabras á asuntos 
por la mayor parte blandos y amorosos que antes pedían regalada y 
suave manera que pompa y estrépito, la teoría misma hubiera sufrido 
menos contradicción, y habría sido menos dañosa en sus efectos, na- 
ciendo, como nace, de una genial tendencia á todo lo que es solemne 
y grandioso. Su maligno adversario, que no dejó á salvo ninguno de 
los puntos flacos de la armadura del gran poeta sevillano, no se harta 
de llamarle, parodiando su estilo, "varón alto, grave, terso, severo, 
"hinchado, docto, rotundo, famoso, grandílocuo, sonante, generoso, 
"dulce, heroico, puro, templado, sonificante, amoroso, propio, fundado, 
"divino, de buen assiento." 

En 1574 editó el Brócense las obras de Garcilaso y no faltaron 
quienes le edhasen en cara lo demasiado que había hecho resaltar la 
falta de originalidad del poeta. Habiendo segundado Herrera con la 
suya y sus anotaciones (1580), señalando las fuentes é imitaciones del 
mismo, levantóse una polémica, que ha sido publicada en 1870. Con 
el seudónimo de Damnsio saüó uno á la palestra, rompiendo lanzas 
en favor del poeta toledano; tras él publicó don Juan Fernández de 
Velasco, conde de Haro, sus Observaciones, con el seudónimo del 



gS ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Licenciado Pretc Jacop'in, vecino de Burgos, bajando á verdaderas 
groserías, como la de que Herrera era un asno con piel de león. El 
poeta sevillano tuvo la debilidad de responder en casi el mismo tono. 
Francisco Pacheco publicó los Versos de Fernando de Herrera, Emen- 
dados y divididos por él en tres libros, Sevilla, 1619; muchas de estas 
correcciones no parecen ser del autor, como alli mismo se da á en- 
tender, pues aunque Herrera tenía dispuestos los manuscritos para 
su impresión, hubo de valerse Pacheco de ''cuadernos y borradores 
que escaparon d'el naufragio'', algunos de los cuales debían de tener 
correcciones de otra mano, diferente de la de Herrera. Don José Maldo- 
nado Dávila y Saavedra, acaso el que en la Corte y en Sevilla se 
le conoció por el Discreto Andaluz, hijo de don Melchor, nombrado 
por Felipe HI en 1604 Juez de contratación de Sevilla y á quien va 
dirigido el soneto 20, recopiló las Obras de Fernando de Herrera, 
ms. en Gallardo. En él se dice que, además de las citadas obras, "Tuvo 
escritos dos tratados: el uno Historia general de España hasta Car- 
los V. Y el otro la Batalla naval, de! señor don Juan de Austria, más 
amplificada que la de arriba: los cuales se desaparecieron en su 
muerte, que no se han podido descubrir. En verso dejó escritos mu- 
chos trabajos, que se han perdido, como son: Los Gigantes en Flegra. 
El Robo de Proserpina. El Amadís. Los Amores de Lausino y Corona. 
Muchos Romances, Elegías, Églogas, Sonetos, y toda variedad, que 
no se han podido recuperar." Otra copia de este ms., "Año 1637", 
en Gallardo. La edición de Algunas obras, 1582, ha sido reproducida 
por Adolfo Coster, París, 1908, y por Vicente García de Diego, Ma- 
drid, 1914 ("Clásicos" de La Lectura). 

5 0. Obras de Fernando de Herrera. Relación de la guerra de 
Cipre y sucesos de la batalla naval de Lepanto, Sevilla, 1572. Obras 
de Garcilaso de la Vega con anotaciones..., Sevilla, 1580, con el fa- 
moso prólogo del maestro Francisco de Medina. Es comentario pro- 
pio de un erudito, señalando las imitaciones de cada composición y 
trozo de Garcilaso, 3^ de un retórico, haciendo notar las figuras y demás 
triquiñuelas técnicas del arte, con algunos episodios histórico-litera- 
rios, en los que muestra su mudha lectura y conocimiento de la an- 
tigüedad clásica. Algunas obras de Fernando de Herrera, Sevilla, 1582, 
colección de poesías; Versos de... emendados y divididos por él en tres 
libros, Sevilla. 1619, edición de Pacheco. Vida y muerte de Thomas 
Moro, Sevilla, 1592; Madrid, 1617, 1893: bosquejo biográfico del can- 
ciller de Enrique VHI, traducido del latín de Thomas Stapleton. 

Fernando de Herrera, Algunas obras, ed. A. Coster, París, 1908; 
Relación de la guerra de Cipre y suceso de la batalla de Lepanto, en 
Colección de documentos inéditos para la historia de España (1852), 
t. XXI, págs. 243-382; F. de H., Controversia sobre sus anotaciones 
á las obras de Garcilaso de la Vega: Poesías inéditas, ed. Soc. de 
Biblióf. Andaluces, 1870; Poesías, ed. A. de Castro. Bibl. de Aut. 



S. XVI, 1569. ALONSO DE ERCILLA 99 

Esp., t. XXXII ; Las Églogas, de Garcilaso, con las anotac, de He- 
rrera, París, Michaud (1913). Consúltense: E. Bourciez, Les Sonnets 
de F. de H., en Annales de la Faculté des Lettres de Bordeaux (1891), 
págs. 200-227; A, Coster, Fernando de Herrera {El Divino), París, 
1908; R. M. Beach, Was F. de H. o Greek scholar?, Philadelphia, 1908; 
F, Rodríguez Marín, El Divino Herrera y la Condesa de Gelves, Ma- 
drid, 191 1. 

Prete Jacopin [seudónimo de Juan Fernández de Velasco, conde 
de Haro] : Observaciones, en Fernando de Herrera, Controversia sobre 
sus anotaciones á las obras de Garcilaso de la Vega. ed. Soc. de Riblióf. 
Andaluces, 1870. 

51. 'Año 1569. Alonso de Ercilla y Zúñiga (i 533-1 594), 
por nombre poético Lardiseo, nació en Madrid, de familia ori- 
ginariamente vizcaína, crióse en la Corte con los pajes, acom- 
pañó al príncipe don Felipe en sus viajes (1548-1554), y á la 
infanta doña María, en Bohemia, Austria y Hungría. Embar- 
cóse para Chile (1555) con el adelantado Jerónimo de Alde- 
rete, tomando parte en mil hazañas y aventuras, señalándose en 
las guerras de los Araucanos. Corló su carrera una cuestión 
que tuvo con otro oficial llamado Ju.an de Pineda y, habiendo 
sido presos entrambos y condenados á muerte, cuando ya es- 
taban en el cadalso se les notificó la conmutación de la pena, 
haciéndose Pineda fraile agustino y quedando encarcelado Er- 
cilla, aunque se vio libre y tomó parte en el combate de Quiapo, 
el 14 de Diciembre de 1558. Vuelto á España en 1562, trajo 
consigo los 15 primeros cantos de su poema La Araucana, com- 
puestos "en la misma guerra y en los mismos passos y sitios, 
escriviendo muchas vezes en cuero por faHa de papel y en pe- 
dacos de cartas, algunos tan pequeños, que á penas cabían 
seys versos". Publicó en Madrid la primera parte el año 1569, 
la segunda el 1578, la tercera el 1589, añadiendo todavía dos 
cantos en la edición de 1590. Casóse en 1570, recibió el hábito 
de Santiago en 1571, viajó por Italia y Aleman'a (i 574-1 577), 
perdió un hijo en 1588, fué nombrado censor literario, y 
aunque solicitó la plaza de Secretario del Consejo, sin lograr- 
la falleció en 1594. 

La Araucana es el mejor poema épico, por no decir el úni- 
co, que tenemos en castellano. De él, del Monserrate, de Vi- 
rués y de La Austriada, de Rufo, dijo Cervantes con alguna 



100 ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

exageración que "son los mejores en verso heroico que en len- 
gua castellana están escritos y pueden competir con los más 
famosos de Italia". Es además, la primera ol)ra literaria de 
valer compuesta en América. Imitó en él la épica clásica del 
Taso y del Ariosto, y este propósito de fraguar un poema se- 
gún los cánones recibidos y hasta con recuerdos mitológicos 
paganos, ahogó su vena poética, bastante de suyo para haber 
corrido por nuevos y originales cauces. La octava real, metro 
italiano, es además pesada á la larga y admite mucho ripio pro- 
saico á poco que el poeta se descuide, como le pasa á veces á 
Ercilla, ó se deje llevar del asunto íilosófico y abstracto, como 
le sucede al comienzo de cada canto. El poema tiene bastante 
prosa rimada, por lo dicho. Para evitar el cansancio injiere al- 
gunos episodios, ya mitológicos y maravillosos, á imitación de 
los clásicos, en cuya escuela no pueden ser malmirados y algu- 
nos de los cuales muestran la brillante y rica fantasía del poeta ; 
ya históricos otros, como la batalli de San Quintín, la de Le- 
panto, etc., los cuales halló muy bien traídos y muy al propio 
para dar grandeza á la obra ensalzando el imperio español que 
asi triunfaba en el Norte y en Oriente como en el Ocaso. El 
asunto principal es el levantamiento de los indios del Arauco 
con su adalid el valiente Caupolican contra los conquistadores, 
añadiendo la conquista de Chile, que le precedió. No hay para 
qué demandarle la unidad de acción de la Iliada ni otras cuali- 
dades que deben exigirse en epopeyas legendarias y populares, 
inconscientes, hijas de la fantasía. Ercilla no podía más que 
narrar los hechos ciertos por él vistos, exponiéndolos artística- 
mente, con la grandeza épica que sufren acontecimientos re- 
cientes, y eso lo logró muy cumplidamente. Retrata felicíslma- 
mente los personajes, pinta los lugares y escenas, y en asunto 
de tan poco momento como el levantamiento de unos pobres 
salvajes, y de tan corta y presto agotada variedad, sabe Er- 
cilla despertar la curiosidad, avivarla y mantenerla, dándole 
grandeza épica y haciendo que bullan los sentimientos y el ardor 
guerrero. Todo ello se debe á que, tomando ora la pluma, ora 
la espada, pintó lo que veía y sentía en medio del fragor de 
la pelea, cosa que ningún otro gran poeta épico alcanzó. Allí 
se ven de cuerpo entero los conquistadores Valdivia, Villa- 



S. XVI, 1569. ALONSO DE ERCILLA 10 1 

gran, García Reinoso; allí idealizados y agigantados épicamente 
los 'héroes y adalides de los araucanos, Caupolican, Lautaro, Tu- 
capel, Colocólo, Rengo y hasta las heroínas Fresia, GuacaMa, 
Tegualda, Glaura. El clasicismo le llevó á retocar las pinturas 
de aquellos salvajes con algunos rasgos más latinos é italianos 
que chilenos. Pero en la descripción de batallas, encuentros y jue- 
gos de la tierra, como de cosas que todavía no habían pasado 
cuando las escribía, pocos le han llegado á Ercilla. Se ve her- 
vir la sangre, se oye el estampido, suenan y brillan los versos 
como si saliesen de enmedio de la pelea misma, fraguados por 
el choque de las armas : tal rebotan de estruendosos y bien 
cortados, tan vivas las frases, tan caliente la versificación. 
Comparaciones las tiene tan hermosas á veces como Homero 
y tan gallardamente desenvueltas. las arengas son fogosas, 
elocuentes, que no parecen inventadas por el poeta. Tenía Er- 
cilla temperamento de poeta y de orador, fuego é imaginación 
y lo presente de los hechos, que lleva á los cueros y cortezas, 
todavía calientes en el mismo campo de batalla, le enardece y le 
pone en los puntos de la pluma el rasgo feliz, la frase precisa, 
el toque pintoresco, el retumbar sonoro que todavía está oyen- 
do. Por eso la primera parte de La Araucana es mucho mejor 
que las demás. 

52. El lauro de la renovación de la poesía histórica correspondió, 
en el siglo xvi, á Ercilla y Camoens. No escogió Ercilla alguno de los 
grandiosos cuadros de la conquista americana, sino el más menudo,, 
al parecer, la conquista, de hecho fallida, de "veinte leguas de tér- 
mino, sin pueblo formado, ni muro ni casa fuerte para su reparo", 
habitada por bárbaros sin nombre ni historia, hasta que él vino á darles 
uno y otra, inmortalizándolos en sus versos. No hay color local ni 
sentimiento de la naturaleza en el poema, fuera del idilio de la tierra 
austral y del archipiélago de Chile; pero es porque no se daba á ello 
importancia en su tiempo. Hacían acompañar los grandes artistas 
la naturaleza física á la naturaleza humana, para hacerla intervenir 
en los acaecimientos humanos, que eran los que pintaban y ha de pin- 
tar el poeta. Así Cervantes y así Ercilla en los breves rasgos con que 
describe el amanecer y anochecer en el canto segundo. Con haber 
tomado Camoens un asunto infinitamente más grandioso, "todavía, 
dice M. Pelayo, en la narración de Ercilla, lenta, pausada, rica de 
pormenores expresivos, ingenua y aun trivial á veces, pero gran- 
diosa por la sencillez misma con que el autor se entrega á los altos 
y bajos de su argumento, sin pretender alterar sus proporciones ni 



102 ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

realzarle con artificios literarios, encuentro una plena objetividad, 
una evidencia ihumana, una vena épica abundante y majestuosa, que 
no descubro en la rápida y brillante ejecución de Os Lusiadas, que 
parecen una fantasía lírica sobre motivos épicos, ó más bien una 
galería áé cuadros históricos, que van pasando con la misma rapidez 
que las vistas de un estereoscopio. La lectura del poema de Camoens 
es tan fácil y amena, como dura y penosa la de La Araucana; pero 
la impresión poética que esta última deja, gana en intensidad lo que 
pierde en variedad y extensión. No hay poema moderno que contenga 
tantos elementos genuínamente homéricos como La Araucana..., 
debido en parte á la índole candorosa y sincera del poeta, que era él 
propio un personaje épico, sin darse cuenta de ello, y vivía dentro 
de la misma realidad que idealizaba, y en parte á la novedad de 
las costumbres bárbaras que él describe y que no podían menos de 
tener intrínseco parentesco con las de las edades heroicas... Tres 
cosas hay, capitales todas, en que Ercilla no cede á ningún otro 
narrador poético de los tiempos modernos: la creación de caracteres...; 
las descripciones de batallas y encuentros personales, en que proba- 
blemente no ha tenido rival después de Homero...; las comparacio- 
nes tan felices, tan expresivas, tan varias y ricas, tomadas con 
predilección del orden zoológico, como en la epopeya primitiva, que 
tan hondamente tenía aferradas sus raíces en la madre naturaleza." 
Otros juicios sobre Ercilla: Voltaire, Essai sur la poésie épique, en su 
Henriada; Martínez de la Rosa, Apénd. sobre la poesía épica esp. 
(t. 11, Obras Uter., París, 1827) ; Quintana, Disc. prelim. de su Musa 
épica, 1833 ; Bello, Opuse. Uter., t. I ; Alejandro Nicolás, en su traduc- 
ción; A. Roger, Elude littéraire sur L' Araucana, Dijon, 1879; J. Du- 
camin, L' Araucana, París, 1900. 

La Araucana, Madrid, 1569 (i.^ pte.), 1572; Salamanca, 1574; 
Amberes, 1575; Zaragoza, 1577 (i.-"^ pte), 1578, (2." pte.); Madrid, 
1578 (i.^ y 2.* pte., dos edic.) ; Lisboa, 1582; Madrid, 1585; Amberes, 
1586; Madrid, 1590 (i.'^ edic. de las tres partes ú obra completa); 
Barcelona, 1590, 1591, 1592; Perpiñán, 1596; Madrid, 1597; Amberes, 
1597; Madrid, 1610, 1632, 1733, 1776, 1828, 1854, 1866. Dos traduc. 
franc, la de Gilibert de Merlhiac, 1824, y la de Alejandro Nicolás, 
París, 1869, 2 vols. C. M. Winterling la puso en octavas alemanas, 
Nüremberg, 1831. 

La Araucana, facsímile de la primera ed. (i.^ y 2.'' partes), por 
Archer M. Huntington, New-York, 1902-1907; La Araucana, Bibl. de 
Aut. Esp., t. XVII; La Araucana, ed. José Toribio Medina, Santiago 
de Chile, 1913, dos tomos en folio (el II contiene Documentos relativos 
á Ercilla). Consúltense: A. Bello, Obras completas, Santiago de Chile, 
1883, t. VI; A. Royer, Etudes littéraires sur I' Araucana, Dijon, 1880; 
M. Pelayo, Hist. de la poesía hispano-americana, t. II, Madrid, pá- 
ginas 291309; Boletín de la Acad. de ¡a Histor., t. XII, págs. 147-148, y 
t. XXXI, págs. 65 y siguientes; Rodríguez Marín, Un escrito inédito 



S. XVI, 1569. BALTASAR DEL ALCÁZAR I03 

de D. A. de Ercilla, en Unión Ibero-Americana, 29 Febrero 1912; 
sobre todo los documentos que dejó Pérez Pastor á la Academia Es- 
pañola; C. Pérez Pastor: Documentos refer. á A. Ercilla, Madrid, 
1915, con los que á Medina señaló y otros muchos. 

53. 'Año 1569. Baltasar del Alcázar (i 530-1606) na- 
ció en Sevilla; su padre, Luis del Alcázar, jurado y segundón 
de la casa; su madre, doña Leonor de León Garabito; sexto de 
los II hijos que al morir el padre dejó. "Fué muy estudioso y 
aventajado, dice Pacheco, en las lenguas vulgares, y particu- 
larmente en la latina i obras de los poetas clásicos, con pura 
afición á Marcial, cuyo imitador fué en las gracias", y "dióse 
con sabrosa afición á la curiosidad de secretos naturales, de 
metales, piedras, yerbas i cosas semejantes, en que aícangó gran 
conocimiento" y "no mediana noticia de la Geografía i Astro- 
logia" ; pero su principal estudio "fueron las armas, en que 
fué destríssimo, de gentil disposición y mucho esfuerzo. Militó 
en las galeras y naves de don Alvaro de Bagan, primer Mar- 
qués de Santa Cruz, mucho tiempo, i en su compañía alcanqó 
raras Vitorias contra Franceses, con opinión de gran soldado... 
fué dellos preso una vez i su valor i aspecto los obligó a darle 
Jibertad". Hacia 1551 ya estaba en Sevilla y comenzaba á tra- 
tar á Gutierre de Cetina, año en que murió su madre, y proba- 
blemente el 1565 se casó con su prima hermana doña María 
de Aguilera; hacia 1569 fué alcalde de la Hermandad de los 
hijosdalgo de Sevilla, luego alcalde de la villa de los Molares, 
cerca de Utrera, por nombramiento del Duque de Alcalá, adon- 
de se trasladó. El mismo año de 1569 escribió la cruda Sátira 
apologética en defensa del divino Dueñas, Francisco Pacheco, 
tío del pintor, y en ella le trata de "delicado" poeta. "Estuvo, 
escribe el biógrafo Pacheco, en servicio de don Fernando En- 
ríquez de Ribera i de doña Juana Cortés, segundos Duques de 
Alcalá, en su villa de Molares, casi veinte años, con oficios on- 
rosos de Alcaide i de Alcalde mayor, mui estimado i favore- 
cido destos señores. Donde compuso muchas de sus obras i al- 
gunas famosas Epístolas celebrando aquella ilustríssima Seño- 
ra i el nacimiento de su hija doña Catalina de Ribera, después 
Duquesa de Osuna. Compuso allí el gracioso Diálogo de Bo- 
rondanga i Handrajuelo, que antes de acabarlo le tomó el Mar- 



104 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

qués de Tarifa, i otra Epístola á su ermano Melchior del Al- 
cázar, que assistía en aquel tiempo por Alcaide de los Alcafares 
Reales." Allí se le murió la mujer, dejándole una hija llamada 
Leonor, que profesó en San Leandro de Sevilla, con lo cual 
se enzarzó en amoríos, que le dieron harto en qué entender, él 
que siempre había sido por demás mujeriego; de ellos se zafó 
pasándose á vivir á Sevilla en 1583. El año siguiente le encargó 
don Jorge Alberto, conde de Gelves. la administración de su 
caudal, cargo que desempeñó hasta la desastrada muerte del 
Conde en 1589. El año siguiente de 1590 murió su hermano, 
el veinticuatro Melchor del Alcázar, depositario general de la 
ciudad de Sevilla y teniente de alcaide de sus reales alcázares, y 
con este pesar y viendo venida á menos además su mediana ha- 
cienda, y molestado del mal de piedra y gota, se retrajo á su 
casa en la coilación de San Juan de la Palma, hacia el 1597, y 
en !a de Santa Catalina, hacia el 1599. Fuéronsele muriendo sus 
aniigos, llorándolos en sus versos : pero presto volvía al acos- 
tumbrado buen humor que muestra en sus ingeniosas redondi- 
llas y lozaneaba á los setenta cumplidos, como en la composición, 
dirigida á Isabel, y en los más desenfadados de sus epigramas, 
que deüió de componer en la vejez. En 1599 se pasó á Triana. 
donde estuvo menos de tres años. Libróse por entonces de una 
grave enfermedad, y el año 1602 trasladóse otra vez á la Co- 
llación de Santiago, donde vivió hasta el 1605, postradísimo de 
sus males, que ''ni á pie ni á caballo podía andar'' ; pero todavía 
escribió A los cuartos sellados, no anteriores á 1603, y El true- 
co, su última obra, "en lo postrero de sus días", y que es "un 
desengaño de vida ó, por dezir mejor, disposición para morir". 
Todavía se mudó á la collación de San Pedro en 1605, otorgó 
testamento el mismo año, no pudiendo firmar en Enero de 1606 
"por ynpedimiento, dice el escribano, que tiene en la mano de- 
recha", muriendo el día 16 del mismo mes y año, á los setenta y 
seis de edad, muy cristianamente, el que había vivido algún tanta 
á lo gentil, como lo dice su silvanesco rostro, que realmente, 
con su corona de hojas y su luengua barba, tira al viejo Sileno. 
Debieron de enterrarle en la iglesia de San Leandro, donde es- 
taba "la capilla de sus padres y abuelos", confonriC á la dis- 
posición testamentaria. 




C^ BALTASAR DE EL ALCA C ARj 

(Pacheco, Libro de retratos.) 



S. XVI, 1569. BALTASAR DEL ALCÁZAR I05 

Es Baltasar del Alcázar, como poeta, un Anacreonte en gus- 
tos, en sabrosidades de mesa y molicie, en desenfadado despre- 
cio por todo lo trabajoso y molesto ; pero un epicúreo Anacreonte, 
forrado de Marcial en las sales y donaires. El mejor epigra- 
mático español, de corte verdaderamente helénico, el más sa- 
lado coplero, el escritor festivo de más buena sombra andaluza 
y de más ángel que Dios echó al mundo. No se puede en aticis- 
mo llegar más allá, ni en el redondear de una redondilla, ni en 
el tornear de la expresión con más refinado acicalamiento, con 
precisión más puntual y juntamente con más natural facilidad. 
Parece que sus versos nacen hechos y troquelados de por sí, sin 
que en ellos pusiera nadie la mano. Es el más acalcado poeta 
español de poesías menudas, el fabricante más esmerado de 
dijes poéticos, el confitero más refinado de regalados melin- 
dres. La sal y la naturalidad, el tino y la precisión, la soltura 
y armonía corren parejas. Hay una verdad tan grande en el 
fondo, que el regocijo del vivir bien se ve no ser ficción poé- 
tica, sino que el poeta lo lleva en el alma. No pueden leerse 
dos coplas de Alcázar sin que se le desfrunza el ceño al más 
cariacontecido. 

54. Juan de Jáuregui (en Pacheco) : ''Los versos de Baltasar 
del Alcázar descubren tal gracia i sutileza, que no sólo le juzgo su- 
perior á todos, sino entre todos singular: porque no vemos otro que 
aya seguido lo particularíssimo de aquella suerte de escrivir. Suelen 
los que escriven donaires, por lograr alguno, perder muchas palabras: 
mas este solo Autor usa lo festivo i gracioso n^^s cultivado que las 
veras de Oracio. No sé que consiguiese Marcial salir tan corregido 
i limpio de sus Epigramas. I lo que más admira es que á vezes con 
senzilla sentencia ó ninguna haze sabroso plato de lo más frío: i 
labra en sus burlas un estilo tan torneado, que sólo el rodar de sus 
versos tiene donaire, i con lo más descuidado despierta el gusto. En 
fin, su modo de componer, así como no se dexa imitar apenas se 
acierta á descrivir." Y el mismo Pacheco dice: "Lo cierto es que en 
las coplas Castellanas antes ni después del ninguno le á igualado." 
M. Pelayo (Id. estét., t. II, vol. II, pág. 628) : "la sal andaluza no 
tuvo que envidiar á la sal ática recogida en el mismo mar donde nació 
Venus... el gran cincelador de la redondilla: el casi perfecto Bal- 
tasar del Alcázar". Rodr. Marín (en su edic, pág. lxxiv) : "Entre los 
poetas del siglo xvr hubo uno, Baltasar del Alcázar, de índole tan 
singular, que en orden á lo dicho no puede entrar en docena con nin- 
gunos otros. Desdeñador de la fama y de la gloria, sólo tuvo á la poe- 



I06 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

sia por agradable recreación y deleite; bebió en su vaso sin anhelar 
por otro más grande ó de mejor vidrio; escribió lo que le dictaron su 
corazón y su fértil ingenio, sin traducir ni glosar de griegos, latinos 
ni italianos: el Brócense, pues, no hubiera podido lucirse á su costa, 
descubriendo y enumerando las fuentes á que acudía, como se lució 
mostrando las que abastecieron á la espléndida musa de Garcilaso de 
la Vega. Las contadas veces que Alcázar traduce ó imita, lo dice 
paladinamente, y si en algún caso no, la omisión se debe á ser 
lugares muy comunes los asuntos, de nadie ignorados, tales como el 
madrigal del Amor y la abeja, y aquel otro en que el poeta habla 
á sus propios suspiros... En el género festivo, que cultivó con mucha 
preferencia á los demás, nadie le igualó entonces ni le ha igualado ni 
menos aventajado después en la garrideza del donaire ni en la gallarda 
soltura con que manejó el verso castellano. En e(l gracejo es único. 
La cualidad más estimable entre las de Alcázar fué la soHura, en rea- 
lidad pasmosa, de su vena poética." Cervantes le alabó en el Canto de 
Caliope. 

"Las cosas que hizo este ilustre varón viven por mi solicitud i di- 
ligencia: porque siempre que le visitava escrevía algo de lo que tenía 
guardado en el tesoro de su felice memoria", dice Pacheco, pues 
Alcázar ni se cuidó de sus versos ni de la fama postuma. Coleccio- 
nados se los prestó con los suyos propios el meritísimo pintor, poco 
después de morir Alcázar, al poeta hispalense don Francisco de Me- 
drano, que murió en 1607. Hay manuscritos de los años 1577, 1666 y 
otros, que pueden verse juntamente con los impresos en Rodríguez 
Marín, Poesías de Baltasar del Alcázar, Madrid, 1910, obra acabada, 
de donde he sacado cuanto aquí he dicho. Hállanse muestras de 
sus composiciones en las Flores de poetas ilustres, de Espinosa (1605) ; 
en el Parnaso Español, de Sedaño; en la Colección, de Ramón 
Fernández; en la Floresta, de Bohl de Faber; en la Biblioteca de 
Autores Españoles, ts. XXXII y XLII ; además Poesías de Baltasar 
del Alcázar, Sevilla, 1856; Poesías de Bali. del Alcázar, Biblióf. Andal., 
Sevilla, 1878. Su retrato y biografía, en F.<^o Pacheco, Libro de Re- 
tratos. 

55. 'Año 1569. El M. Pedro Simón Abril (1530 ?-i 595?), 
nació en Alcaraz, ciudad del campo de Montiel, se crió en casa 
de su tío paterno, Alonso Simón, médico doctísimo que le en- 
señó el latín y le aficionó á las letras. Estudió después de las 
Humanidades griegas y latinas, Filosofía, en que se graduó de 
maestro, después Matemáticas. De muy joven se entregó á la 
ensefíanza pública en varias poblaciones, acaso fué catedrático 
de elocuencia en Villanueva de los Infantes, pues Jiménez Pa- 
tón, que lo fué allí, le llama su antepasado (Trimegistus, 1621). 



S. XVI, 1569. EL M. PEDRO SIMÓN ABRIL IO7 

Hacia 1572 era maestro mayor del estudio de Tudela de i\a- 
varra y enseñó por espacio de veinticuatro años, los mejores y 
más íioridos de su vida, en Aragón, principalmente en Zara- 
goza, donde ejerció primero su magisterio por cuenta de la 
ciudad ; despucs, habiendo reno'vado y casi fundado de nueva 
su universidad el docto y piadoso don Pedro Cerbuna, prior 
del Pilar, nombró por catedrático de Latinidad y I-Retorica en 
ella á Simón Abril, que dio comienzo á su ejercicio el dia de 
San Lucas del año de 1583, que se abrió la Universidad. Si- 
món Abril es por su método de enseñanza de las lenguas clá- 
sicas, del cual proceden las posteriores traducciones yuxtali- 
neales, con el texto castellano junto al latino, el mejor de nues- 
tros pedagogos prácticos, ganando al mismo Nebrija en esta 
parte. Sus traducciones de Cicerón, Esopo, Terencio, Aristó- 
teles, tabla de Cebes, Demóstenes, Tácito, Platón, San Basilio 
y San Crisósíomo, son las más castizas, puras y elegantes que 
se han hecho en castellano. Sus gramáticas latina, griega y cas- 
tellana se fundan en el método comparado práctico, como lo 
dice el título de La Gramática griega escrita en lengua caste- 
llana para que desde luego puedan los niños aprender la lengua 
griega juntamente con la latina, conforme al consejo de Quin- 
iiliano con el aiuda y favor de la vulgar, título que cifra todo 
su método, el mejor sin duda alguna de cuantos se han inven- 
tado. En el orden práctico, es Simón Abril el primero de nues- 
tros humanistas, y su método debiera ponerse hoy en práctica 
sin tener que mudar una palabra de sus maravillosas versiones 
en romance. 



5«í. Obras de Simón Abril: Methodus latinae linguae docendae at- 
que ediscendae ad illustr. amplissimumqiie domínum Didacum Ramírez 
pontificem Pompelonensem, Zaragoza, 1569. El texto está en latín 
y castellano, menos el lihellus de arte Poética, id est, de Uterariim, 
syllabarum, peduní; metrorumquc natura, que está sólo en latín. Oti-a 
edición: De Lingua Latina vel de Arte Grammatica libri quatuor nunc 
denuo ab ipsomct auctorc correcti et emendati, atquc ad multo facilio- 
rem dicendi stilum revocati, ciim Hispanae linguae interpretatione... 
Adiectus est in fine Liber Arte Poética, Pamplona, 1572. Otra del 
mismo título, Tudela, 1573, "Editio tertia." Otras: Artis Grammu- 
ticae latinae linguae rudimento, Zaragoza, 1576; Grammatica latina, 
en Español, Zaragoza, 1581, según Nic. Antonio, y debe de ser la 



I08 ÉPOCA Dli I-ELIPE 11 (s. XVl) 

traducción castellana de la de 1576. Los dos libros de la grammática 
latina escritos en lengua Castellana por P. S. Abril, Alcalá, 1583. 
M. T. Ciceronis Epistolarum selectarum Libri III cnm interpretatio- 
nibus et scholiis Hispánica lingua, Tudela, 1572. Introductiones ad 
Logicam Aristotelis, Tudela, 1572. Accusationis in C. Verrem Libcr, 
qui Divinatio dicitur, cnm interpretatione Hispánica ct scholiis His- 
panico-Latinis, Zaragoza, 1574. Aesopi fabulae Latine et Hispanice, 
Zaragoza, 1575. Las seis Comedias de Terencio impresas en Latín y 
traducidas en Castellano, Zaragoza, 1577. Gabriel Faerno, capellán de 
San Carlos Borromeo, publicó el texto acrisolado de Terencio, Flo- 
rencia, 1565; cuando Simón Abril lo conoció, después de su primera 
traducción, mejoróla, ayudándose además del Brócense, y así dio á 
la estampa otra edición: Las seys Comedias de Terencio conforme 
á la edición del Faerno, Impresas en Latín, y tradnzidas en castellano, 
Alcalá, 1583; Barcelona, 1599; Valencia, 1762. Los diez y seis Libros 
de las Epístolas de M. T. Cicerón ad familiares, Valencia, 1578; Ma- 
drid, 1589; Barcelona, 1592, 1615. Tablas de leer y escribir bien y 
fácilmente, Madrid, 1582. Aphorismi sive breves sententiae, etc., Za- 
ragoza, 1584 (Gallardo). Los ocho Libros de Aristóteles de República, 
traducidos originalmente de lengua Griega, Zaragoza, 1584. El Espeio 
de monies de la vida monástica compuesto por Dacryano Abad de la 
orden de s. Benito: i traducido de lengua Latina, Zaragoza, 1585. 
La Gramática griega escrita en lengua castellana, Zaragoza, 1586; Ma- 
drid, 1587. Contiene: "Primeramente, una comparación entre la lengua 
Griega i la Latina : en que se demuestra quán grandes daños a hecho 
el tiempo á la lengua Latina, de que la Griega se a conservado libre 
hasta nuestros tiempos: i cómo las ciencias se aprenden más fácilmente 
en Griego que en latín. ítem una traza para el aprender a una las 
dos lenguas Latina i Griega con favor de la vulgar dividida en seis 
classes; con la orden que se deve tener en cada clase, i los libros 
que en cada una dellas conviene que se lean, Assí mismo los precetos 
i artes del aprender la lengua Griega escritos en lengua Castellana i 
exemplificados en la Griega para que los niños lo entiendan con más 
facilidad. Demás desto unas mui graves sentencias sacadas de diversos 
autores i divididas por lugares comunes con dos traduciones Caste- 
llana y Latina para que comiencen los niños á exercitar los precetos 
i arte de Gramática. Últimamente la tabla de Cebes Thebano, en que 
se dibuxa todo el discurso de la vida del discreto i del imprudente." 
Primera Parte de la Filosofía llamada Lógica ó Parte racional, Al- 
calá, 1587; es la traducción de las Introductiones ad Logicam Aristo- 
telis, de 1572. Apuntamientos de cómo se deben reformar las doctrinas 
y la manera de enseñarlas para reducillas á su antigua entereza y 
perfección, Madrid, 1589. Progimnasmas de Aphtonio, traducción del 
griego. Zaragoza (Nic, Antonio). El CratUo y G orgias de Platón, Pluto 
de Aristóphanes (inéditos). Medea de Eurípides, Barcelona, 1599. 
Obras de Cornelio Tácito (ms. en folio). De arte dialéctica (ms, que 



S. XVI, 1569. FR.\Y ANTONIO DE GUZMÁN I OQ 

vio Nic. Antonio). Libro de la tasa del pan y de la utilidad de ella 
(ms. que, según Nic. Ant., poseía don Gaspar Ibáñez de Segovia). 
Oraciones de Demóstenes contra Esquines y de Esquines contra De- 
móstenes. Sermones de S. Basilio sobre el ayuno y la embriaguez. Dos 
sermones de S. Juan Crisóstomo sobre los frutos de la oración. Las 
quatro Oraciones contra Catílina: Oraciones por la Ley Manilia, 
por Q. Ligario, por Marcello y Archias Poeta. Consúltense: J. Mario 
é Hidalgo, Cultura intelectual y artística (Estudios para la historia 
de la ciudad de Alearas), en Revista de Archivos, etc., (1908), t. XVIII, 
págs, 384-415; M. Marfil, Pedro Simón Abril: sus ideas políticas y 
sociales, en Nuestro Tiempo (1908), t. VIII. págs. 195-205. 

57. Año 156Q. Casiodoro de Reina, morisco granadino, fraile y 
luterano, (huido de España cuando la persecución de 1559, espía de 
la reina Isabel en Londres (1563), casóse poco después, asistió al 
coloquio de Poissy (1564), pasó á Amberes, Strasburgo (1567) y Ba- 
silea. Publicó La Biblia, Basilea, 1569; es la rara Biblia llamada del 
Oso por el emblema de la portada, no lleva su nombre sino en inicia- 
les, C. R. Se aprovechó mucho de la de Ferrara y la acotó con notas; 
es mudho mejor que las de Torres Amat y del padre Scío. Además: 
Evangelio de S. Mateo, Francfort, 1573. La Biblia, de Cipriano de 
Valera, 1602, es la de Reina, corregida. — El doctor Antonio de Agui- 
lera, de Yunquera (Guadalajara), médico, publicó Exposición sobre 
las preparaciones de Mesue, Alcalá, 1569. Praeclarae rtidimentorum 
Medicinae libri octo, ibid., 1571. De varia curandi ratione. — Juan de 
Aramburu, presbítero, natural de Vitoria, compuso en Roma (1569) y 
Tíboli (1590). poesías, que ha impreso don Marcelo Macías: Poetas 
religiosos inéditos del siglo 'xvi. La Coruña, 1890. — El licenciado 
Bartolomé de Atienza (con el entonces difunto licenciado Pero 
López de Arrieta), publicó la Recopilación de las leyes destos reynos 
hecha por mandado de... Philipe II, Alcalá, 1569. — ^Diego Jiménez 
Ayllón, de Arcos de la Frontera, publicó en octava rima el poema 
Los famosos y heroicos hechos del Invencible y esforgado Cavallero, 
honra y flor de las Españas, el Cid Ruy Díaz de Bivaf, Alcalá, 1569, 
1579. Sonetos á ilustres Varones, Amberes, 1569. — ^Jerónimo Carran- 
za DE Barreda, sevillano, publicó De la Filosofía de las Armas y de 
su destreza, Sanlúcar, 1569, 1582. — Gregorio Fernández de Velasco 
publicó El Parto de la Virgen, en octava rima, Madrid, 1569, traducido 
de Jacobo Sannazaro. — Pedro de Figueroa, andaluz, publicó Enarra- 
tiones in P. Terentii Comoedias..., Valencia, 1569. De un Petri de 
Figueroa hay en el Abeccd. de Colón Farsa de penados amadores. — 
Francisco Franco, de Játiba, publicó Libro de enfermedades conta- 
giosas, Sevilla, 1569. De la Nieve, Sevilla, 1569. — Julio Fontana pu- 
blicó La vida de nuestra bendita señora, Venecia, 1569. — Luís Gutié- 
rrez DE LA Vega publicó Nuevo Tractado y compendio de Re militari, 
Medina, 1569. — Fray Antonio de Guzmán, franciscano de Toledo, 



NO ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

publicó De Sacris Ministris altar is et coelihatu, Venecia, 1569. — El 
PADRE Diego de Ledesma (í 1575), jesuíta de Cuéllar, publicó Gram- 
maticac Institutiones, Venecia, 1569. De Div. Scripturis quavis passim 
lingtia non legendis: s'imid et de Sacrificio Missae caeterisque officiis 
in Ecclcsia Christi Hebraea tantum, Graeca aut Latina lingua cele- 
brandis, Colonia, 1570. — Fray Pedro de Ledesma (t 16 16), dominico 
salmantino, publicó De Divina pcrfcct'wne, Salamanca, 1569. De mag- 
no Matrinionii Sacramento, ibid., 1592. Snmma de moral, 2." pte., Sa- 
lamanca, 1608. De Divinae gratiae auxiliis, ibid., 1611. — Juan de Leras 
publicó Estilo de escr'wir cartas, Zaragoza, 1569. — Fray Tomás dk 
Mercado, dominico, publicó Tratos y contratos de mercaderes, Sala- 
manca, 1569; Sevilla, 1571, 1587; en ital., 1591. hi tcxtmn Petri His- 
pani, Sevilla, 1571. In logicam Aristotelis, ibid,, 1571. — Libro de los 
privilegios y leyes del Illustre y muy honrrádo Concejo de la Mesta 
general, Madrid, 1569, 1586, 1590, 1595, 1609, 1619. — De re metálica, en 
el cual se tratan muchos y diversos secretos del conocimiento de toda 
suerte de minerales, de cómo se deben buscar, ensayar y beneficiar, 
Madrid, 1569. — Juan Bautista Monllor, valenciano, publicó Para- 
phrasis et SchoUa in dúos libros Priorum Analyticomm Aristotelis. 
De nomine Entelechia y De Universis, qnod in rebus constent sine 
mentis opera, Valencia, 1569; Francfort, 1593. Prolcgomena de Phi- 
losophiae Aristoteleae studio, Francfort, 1591, con las oraciones de Pe- 
dro Juan Núñez y de Bartolomé José Pascual, que se intitula : De 
interpretandi Aristotelem ratione. — El doctor Francisco Núñez de 
Coria, natural de Casarrubios. doctor de la Universidad de Alcalá, 
publicó Tratado de Medicina, Intitulado Aviso de Sanidad, Madrid, 
1569, 1572; Medina, 1586. Libro intitulado del parto humano, Alcalá, 
1580; Zaragoza, 1638. Nic, Antonio confunde el nombre diciéndole 
de Oria, y añade Lyrae heroycae, 1. XIV. sive de Bernardo Carpiensi 
Hispano heroe ac Polatinis Caroli Gallorum Regis, Salamanca, 1581. — 
Relación muy verdadera sacada de una Carta que vino al II. Cabildo 
y regimiento desta deidad De lo que sucedió al Sr. Marqués de los 
Vélez... con los Moriscos revelados, Toledo, 1569. — Fray Jerónimo 
RoikLÁN (1536-1597), agustino logrones, publicó Chrónica de la Orden 
de los Ermitaños de S. Agustín, Salamanca. 1569. Primera parte de 
la Historia de la Orden de los fray I es Ernvitaños de S. Agustín, Al- 
calá, 1572 (es otra obra). Repúblicas del mundo, 2 vols., Medina. i575; 
Salamanca, 1595,; Medina, 1595. La parte Repúblicas de Indias, idola- 
trías y gobierno en México y Perú, ha sido editada por V. Suárez, 
Madrid, 1897, 2 vols. Vida de Fr. Luys de Montoya, Lisboa, 1588. 
Historia de las dos religiosas Infantas de Portugal, Medina, 1595. 
Vida de S. Nicolás de Tolentino, Zaragoza., 1600, etc. — Juan Ruiz de 
Ángulo publicó Espectáculo de virtudes y alabanza del hombre vir- 
tuoso, Madrid, 1569. — Don Francisco Sarmiento de Mendoza (1525- 
1595), de Valladolid, obispo de Astorga y de Jaén (1580), publicó De 
Redditibus Ecclcsiasticis, Roma, 1569; Burgos, 1573. Selectarum In- 



S. XVI, 1570. MICER JUAN COSTA Y BELTRÁK Ul 

terpretatiomini libri VIII, Roma, 1571: Burgos, 1573. Diálogo en que 
se trata de los Concilios y guarda dellos. Diálogo de la Doctrina Chri- 
stiana, 1591. Su retrato y biografía, en F.'^» Pacheco, Libro de Re- 
tratos. — Francisco Vaio, valenciano, publicó Grammaticae Latinae lin- 
guae Institutiones, Valencia, 1569. — El maestro fray Juan de Villa- 
garcía, del orden de Santo Domingo, escribió, en 1569, el Diálogo en- 
tre dos christianos... para entender qué cosas pueden servir á hacer á 
un hereje xriano, Nombrado Cadena de Oro, ms.. Gallardo. — Andrés 
Zamudio y Alfaro, médico de cámara de Felipe II, publicó en 1569 
un tratado sobre la peste padecida el año anterior en Sevilla. Orden 
para la cura y preservación de las viruelas, Madrid, 1579, 1599. Orden 
para la cura y preservación de las Secas y Carbuncos, ibid., 1599. 

58. Año 1570. León de Castro (t 1586), el adversario de los he- 
braizantes españoles, natural de Valladolid, decano de los teólogos 
salmantinos, después canónigo de su ciudad natal y doctor en ella de 
Sagrada Escritura, sostuvo contra Arias Montano que la Biblia he- 
braica estaba viciada, y publicó Apologeticus pro lectione Apostólica 
et Evangélica, pro Vulgata D. Hieronymi, pro Translatione Septua- 
ginta virorum, proque omni ccclesiastica lectione contra earum oh- 
trectatores, Salmanticae, 1585. Commentaria in Esaiam, ibid., 1570. 
Commentaria in Oseam, ibid.. 1586. M. Pelayo, Heterod., t. II, pá- 
gina 696: "León de Castro, pertinaz en sus odios contra los he- 
braístas, que él llamaba judaizantes, osó poner lengua en la Biblia 
Regia de Amberes, y acusó á Arias Montano de sospechoso de opi- 
niones rabínicas. Defendiéronle en sendas cartas el cisterciense fray 
Luis de Estrada y Pedro Chacón, y examinada la Biblia por diversos 
calificadores, y especialmente por el padre Mariana, varón de seve- 
rísimo juicio, é incapaz de torcer la justicia, á pesar del poco amor 
de Arias Montano á la Compañía, la decisión fué favorable, y no hubo 
proceso, y Felipe II prosiguió honrando al solitario de la Peña de 
Aracena como quizá ningún monarca ha acertado á honrar á un sabio.'' 

Pedro de Azevedo publicó Recreación del alma y defensa del Evan- 
gelio contra la superstición astrológica, Sevilla, 1570. Remedios contra 
la pestilencia, Zaragoza, 1589. — Fray Jaime de Alcalá, franciscano, pu- 
blicó Caballería christiana. Alcalá, 1570. — Fray Juan Bru de la Mada- 
LENA, dominico, publicó La Vida de S. Elena, 1570. El Coloquio entre 
Christo y la Madalena, 1588, del latín. Excelencias de S. María Mada- 
lena, Roma, 1591. Obras espirituales de diversos en prosa y verso en la 
fiesta de la Madalena, que se hizo en Roma, Roma 1591. — Cristóbal 
DE LAS Casas (t 1576), sevillano, secretario del duque de Alcalá, don 
Perafán de Rivera, publicó Vocabulario de las dos lenguas toscana y 
castellana, Sevilla, 1570: Venecia, 1576; Sevilla. 1583; corregida y 
aumentada por Julio Gamillo en Venecia, 1587, 1594, 1600, 1613, 1622. 
De las cosas maravillosas del mundo, traducción de Julio Solino, 
Sevilla, 1573. — Micer Ju.\n Costa y Beltrán (i 549- i 595), zaragozano, 



I 12 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

y tercer cronista después de Zurita, publicó De ntraque Inventionc 
Oratoria et Dialéctica, Pamplona, 1570. Gobierno del ciudadano, Pam- 
plona, 1575; Salamanca, 1578; Zaragoza, 1584. Elocución oratoria, 
Barcelona, 1578; Zaragoza, 1584. Oratio in laudan Htterarnm, Zara- 
goza, 1587. De conscribenda rerum Historia, Zaragoza, 1591. Otros 
ms. — En 1570 se representó al rey don Sebastián, en Coimbra, la 
tragedia latina Sedecias, del padre Luis de la Crcz, jesuita de Lisboa 
(i540?-i6o4), catedrático en Coimbra de Retórica y Escritura, elo- 
cuente orador y de los mejores poetas de su tiempo. Intcrpretatio 
"Poética latine in centum quinquaginta Psalmos, Ingolstadt, 1597; Ma- 
drid, 1600, etc. Tragicae comicaeque actiones a Regio Artium Co- 
legio S. I. datae Conimhricae in publicum Theatrum, Lvon, 1605, 
cuatro tragedias latinas. — Fray Luis de Estrada ("^ 1588), cisterciense, 
publicó De modo recitandi Rosarium, Alcalá, 1570. Rosario de N.^ S.^, 
ibid., 1571, 1578. — Juan Gascón (t 1592), de Calatayud, publicó In 
Logicam Aristotelis, Huesca, 1570, 1576. Instrucción para dezir míssa, 
Huesca, 1585. De las ceremonias de la misa, Zara^^oza, 1599. — Gaspar 
Grajal, profesor salmantino y abad de Santiago de Peñalba, publicó 
Commentariiim in Micheam, Salamanca, 1570. — Don Juan Hurtado de 
Mendoza, capitán granadino, publicó El Caballero cristiano en metro, 
poema en octavas, medio caballeresco. Antequera, 1570 ó 1577. (\'éase 
don Juan Hurtado de Mendoza, 1550.) — índice de libros prohibidos, 
Amberes, 1570, hecho por Arias Montano y otros teólogos. Burláronse 
de él en otra edición de Strasburgo, 1609, y Hanau, 161 1, los calvinis- 
tas franceses Francisco Junio y Juan Pappi. — Francisco Lucas, se- 
villano, publicó Arte de escrevir, Madrid, 1570, 1577, 1580, 1608. — 
Eugenio Manzanas, ensayador de la Casa de la Moneda, por S. M., 
publicó el Libro de enfrenamientos de la Gineta, Toledo, 1570, 1583. 
— Pedro Núñez Vela, filósofo ramista y protestante, profesor de 
Griego en Lausana ya desde 1548, por lo menos hasta 1570, en que 
Ramus fué allá; nacido en Avila, publicó Poemation Latinormn et 
Graecorum libri II, Basilea, 1570. Dialecticorum librí III, Genova, 
1578. De ratione interpretandi aliorum scripta. — Pedro García de Oli- 
van tradujo los Commentarios de C. J. César, Toledo, 1570. — Fray 
Miguel de Ribera, dominico malagueño, publicó De Pcrfcctj Thcologo, 
Lyon, 1570. De contcmplatione, Colonia, 1573. De Ratione studii Thcolo- 
gici, ibid., 1575. — Pedro Ruiz de Moros, de Alcañiz, publicó Decisiones 
Lithuanicae, Francfort, 1570; Venecia, 1572. — FR.^Y Diego de San Cris- 
tóbal publicó Libro de la vanidad del mundo, 1570. — Fray Cristóbal 
de Santotis (i52o?-i6ii), agustino húrgales, publicó Concia in festo 
omnium Sanctorum, Amberes, 1570. Cando ac sacr. Synod. Triden- 
tinam, Venecia, 1570. Expositio Evangeliorum sec. Matthaeum, Bur- 
gos, 1598. Theatrum S. Patrum, 2 vols. Burgos, 1607. En la edición 
del Scrutinium Scripturaruní, de don Pablo de Santa María, que publi- 
có en Burgos. 1591, incluyó su vida en latín. — Stordiio publicó Amor 
constante, Venecia, 1570, 1596. — 'El bachiller M.'\rxTiN de Tapia, nu- 



<?. XVT, I57I. EL DR. BENITO ARIAS MONTANO II 3 

mantino, de Soria, publicó Vergel de Alúsica spiriiual y activa. Burgo 
de Osma, 1570. — Gaspar Vázquez^ representante, publicó la comedia 
La Constanza, Alcalá, 1570, 

59. 'Año 1 57 1. El DOCTOR Benito Arias Montano (1526- 
161 i), probablemente de Frejenal de la Sierra, por lo que tomó 
el segundo apellido, estudió las lenguas eruditas en Alcalá: la- 
tín, griego, hebreo, siriaco, caldeo y árabe; aprendió además 
en sus viajes francés, flamenco, alemán, inglés é italiano. Hecho 
doctor en Teología y presbítero, entró en la Orden de San- 
tiago, fué capellán de Felipe II, asistió al Concilio de Trento 
con don Martín de Ayala, obispo de Segovia, y se retiró á la 
Peña de Aracena, entre sus libros, hasta que Felipe II le envió 
con el Duque de Alba á los Países Bajos, y con otros que le 
ayudasen en la obra de la Políglota Regia de Amheres, que acabó 
en seis años, estudiando once horas cada día, en la tipografía 
de Plantino, y ofreció en Roma á Gregorio XIII con una ele- 
gante oración. Vuelto en España y agasajado por el Rey, pasó 
por orden del mismo á enseñar á El Escorial. Tuvo no poco 
que sufrir de parte de algunos émulos, sobre todo de León de 
Castro, canónigo de Valladolid, hasta que Gregorio XIII, por 
su Motil proprio, les impuso silencio, y murió el año 161 1, sien- 
do sepultado en Sevilla. Dejó sus libros á la Biblioteca de El 
Escorial y sus bienes á los cartujos de Sevilla, entre los cuales 
pensaba retirarse. Varón abstinente, devoto, eruditísimo, poeta 
y otro San Jerónimo español. Su paráfrasis castellana del Can- 
tar de los Cantares es admirable por la frescura, la apacibilidad 
y el sentimiento; sólo queda vencida por la poesía de San Juan 
de la Cruz. 

60. Coirmientaria in XII Prophetas. Antuerpiae, 1571. Apología 
contra la Economía Jesuítica, 1571 (ms. en Gallardo). En 1572 se publicó 
la Políglota de Amberes, en la que tanto trabajó Montano. Ehicidationes 
in qnatuor EvangeUa, ibid., 1575, con In Acta Apostolorum elucidatio- 
nes é In omnia S. Apostolorum scripta. In D. loannis Apocalypsin, 
ibid., 1588. De varia República, sive commcntaria in librum ludi- 
cum, ibid., 1592. De óptimo Imperio, sive in librum losuc Commenta- 
rlus, ibid., 1583. Poemata in 4 tomos distincta, Antuerpiae, 1589. An- 
tiquitatum ludaicarum libri IX, Lugduni, 1593. Líber generationis 
et regenerationis Adam, Antuerpiae, 1593. Commentaria in Esaiae 
Prophetae sermones, ibid., 1599. De una obra intitulada O pus Magnum, 



114 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

que no acabó por su muerte, dejó dos tomos, De historia gencris hu~ 
mani y Natura-e historia, Amberes, 1601. Commentaria in XXX prio- 
res Davidis Psalmos, ibid., 1605. Dictatum christiatnim, ibid., 1575. 
Compuso el Apparatus de la Políglota y muchos y elegantísimos versos 
latinos, traduciendo en ellos los Salmos, Antuerpiae, 1574. Además 
en verso latino Monumcnta humanae salutis decantata. Hymni in 
saeculae, ibid., 1571. Speculum vitac et passionis Christi, 1573. Poe- 
mata sacra, 1593. Rhetoricorum, en verso 'atino, 1572. Tradujo dd 
hebreo el Itinerarium Benjamín Tudelcnsis, 1575. Aforismos sacados 
de la Historia de Cornelio Tácito, Barcelona, 1614. Otras obras, cartas 
y discursos en castellano véanse en Nicolás Antonio. Su Apología 
contra la Econonna Jesuítica, en romance, dice el mismo que se guarda 
en la Biblioteca Oxoniense, Algunos sospechan si serán suyos los 
versos A la hermosura exterior de N.' 5".*; otros de cierto suyos en 
la colección de Bo'hl de Faber. Monumentos sagrados, de la salud del 
hombre desde la caída de Adán hasta el juicio final, que en verso la- 
tino cantó B. A, M. y en verso español el P. Benito FcUú, Valencia, 
1774. De 1569 á 1572 publicó Montano la Biblia Polyglota, Amberes. 
Los jesuítas lograron fuese denunciada á la Inquisición y que el padre 
Mariana fuese el principal encargado de examinar las acusaciones. 
Mariana, varón justiciero, falló en favor de Arias Montano. Hizo 
una versión interlineal del Testamento nuevo, enmendó 'a hebrea de 
Xantes Pagnino. Hizo un índice expurgatorio por mandado del Duque 
de Alba. F.co Pacheco, Libro de Retratos: "La Filosofía de Aristó- 
teles que estudió, dexó después con mejor conocimiento, juzgando que 
no avía más acertada filosofía que la de la Escritura, cuyo autor era 
el Espíritu Santo, por esto (por ventura) i por aver comentado los 
Libros Sagrados sin citar Autores, no an sido bien recebidas sus obras 
de algunos; siendo assí, que en lo uno, no parece muí culpable, averse 
persuadido á que es más cierta filosofía la de Dios que la de Aristó- 
teles, i en lo otro (cuando menos) imitó á los Santos Antiguos, que 
en los Comentarios que hizieron á los Libros Sagrados, no citaron 
á nadie, i si juzgan por defeto aver citado solamente algunos ver- 
sos de Poetas cuando hab'a en las costumbres, aviéndolo hecho 
San Gerónimo (en las vidas de Fabiola i de Paula) bien pudo Arias 
Montano atreverse á la imitación, otra objeción le suele poner 
que aviendo interpretado la Escritura, no hablasse nada contra los 
Ereges, cosa en que (por ventura) puso cuidado, por no irritallos, 
haziéndoles aborrecibles sus obras, pues no aviendo injurias que 
temer en ellas, beven sin recelo la sana Doctrina. Fué, pues, su vida 
tan exemplar é inculpable que admiró al mundo, i en particular fué 
templadíssimo, pues jamás bevió vino, ni comió más que una vez, i 
esto á la noche, i un solo manjar, carne ó pescado, leche ó yervas... 
i como varón santo padeció en la cárcel prisión sin culpa... está se- 
pultado en la Capilla mayor del Convento de Santiago, donde era 
Prior, i le visité i comuniqué año 1593." 




(Pacheco, Libro de retratos.) 



S. XVI, I57I. JUAN BRAVO DE PIEDRAHITA Il5 

Benito Arias Montano, Paráfrasis sobre el Cantar de Carüares de 
Salomón, ed. J. N. Bohl de Faber, en Floresta de rimas antiguas, Ham- 
burgo, 1821-1823-1825, t. III, págs. 41-64. Consúltense: T. González 
Carvajal, Elogio histórico, etc., en Memorias de la R. Academia de 
la Historia, Madrid, 1832, t. VII, págs. 1-199; A. Herrera, Benito 
Arias Montano, en la Revista de Archivos, etc. (1902), t. IV, pá- 
ginas 168-170 ; R. Beer, Niedcrldndische Büchererwcrbungcn des 
B. A. M. fiir den Eskorial im Auftrage Kónig Philipp II, etc., en 
Jahrbnch dcr kiinsthistorischen Samnihingen des allerhóchsten Kai- 
serhauses (1905), t. XXV, págs. i-ii; F.* Paciheco, Libro de los Re- 
tratos. 

61- Año 1 57 1. Esteban de Garibay y Zahtalloa, de Mondragón, 
publicó Los quarcnta Libros del Compendio Historial de las Chrónicas 
y universal Historia de todos los reinos de España, 4 vols., Ambares, 
1571. Refranes vascongados (1592?). Ilustraciones Genealógicas de 
los Cathólicos Reyes de las Españas y de los Christianíssimos de Fran- 
cia y de los Emperadores de Constantinopla. Madrid, 1596. Letreros 
€ Insignias Reales de todos los sermos. Reyes de Obiedo, León y Cas- 
tilla..., Madrid, 1593. 

Onofre Almudévar, poeta valenciano, pubÜcó Instrucción para sa- 
ber devotamente oír Missa, Valencia, 1571. — Fray Vicente Justi- 
niano Antist (i 544- i 598), dominico valenciano, publicó Dnbia circa 
ea quae in Mamiale Azpilcueta docentur, Valencia, 1571. In tiniver- 
sam logicam, ibid., 1572; Venecia, 1582. Vida de S. Vicente Ferrer, 
Valencia, 1575, 1582; Palermo, 1600 (ital.). Vida de Fr. Luys Bertrán, 
Valencia, 1582, 1583; Zaragoza., 1583; Genova, 1583 (ital); Barcelona, 
1583; Valencia, 1593. De stigmatibus S. Catharinae Senensis, Valen- 
cia, 1583; Barcelona, 1583; Valencia, 1597. Testimonios de la santidad 
del P. Fr. Luis Beltrán, Valencia, 1584. Vida de S. Pedro González 
Telmo, Valencia, 1587. De inventione corporis D. Anglinae martyris, 
Valencia, 1588. Annotationes in opuscula S. Vincentü Ferrerii, Va- 
lencia, 1591. Adiciones á la vida de Fr. Luis Beltrán, Valencia, 1593. 
Tratado de la Concepción Inmac. de María, Valencia, 1593; Madrid, 
1615; Córdoba, 1650. Vida del P. Granada. Otros mss. — El licenciado 
Diego de Atienza publicó Repertorio de la nueva recopilación de las 
leyes del Reyno, Alcalá, 1571, 1581, 1592 (dos edic.).— Gabriel Barrio, 
De la antigüedad y sitio de Calabria, Roma, 1571. — Relación verdadera 
del recibimiento que... la ciudad de Burgos... hizo á... la Reyna. N. S., 
doña Ana de Austria..., Burgos, 1571, con poesías. — Juan Bravo de 
Piedrahita publicó De Hydrophobiae natura, causis atque medela, 
Salamanca, 1571, 1576, 1588. In Libros Prognosticorum Hippocratis, 
ibid., 1578, 1583. De Saporum et Odorum differentÜs, ibid., 1583; Ve- 
necia, 1592. De Curandi ratione, ibid., 1588. De Simplicium medica- 
mentonim purgantis exhibitio, ibid., 1588. De Simplicium mcd. delectu, 
ibid., 1592. In Galeni librum de DifferentÜs febrium, ibid.. 1585.— 



11 6 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

Tractado de sant Buenaventura. El qual trata la contemplación que se 
ha de tener en la beatíssima zñda y fructuosa passión y muerte de Jesu 
Christo nro. redemptor, Zaragoza, 1571 (?). — Diego Fernández, vecino 
de Falencia, publicó la Primera parte de la Historia del Perú, Sevilla, 
1571; Madrid, 1913, con prólogo y apéndices de Lucas de Torre. Pal- 
merin de Inglaterra, en portugués, 1587. De un Jacohi Fernández hay 
en el Abecedario de Colón una Farsa llamada FUidonica, en coplas. 
— José González Flórez, rector del Colegio de Bolonia, publicó Va~ 
riarum Inris quaestionum 1. I, Bolonia, 1571. — Juan Gélida (t 1556), 
valenciano, profesor de Filosofía en Faris, escribió Epistolae, 1571. — 
Pero López de Zamora, protoalbéitar que fué del Reino de Navarra, 
publicó el Libro de Albeytería, Pamplona, 1571; Logroño, 1588. — 
Martín Monter de la Cueva, de Huesca, maestro de Leyes en Bo- 
lonia y en Huesca, lugarteniente del Justicia, consejero de la Chan- 
cillería de Aragón, fiscal supremo del Consejo y regente del Reino, 
publicó In rubricis et 1. j. ff. de Officio, Bolonia, 1571. Ad rubricam 
ff. soluto matrimonio, ibid., 1571. Propugnaculum pro Gymnasio urbis 
Oscensis, Huesca, 1585. Decisiones S. Regiae Audientiae, Zaragoza, 
1598, 1601. Y otras. — Fray Cristóbal Moreno (t 1603), de la villa 
de Moxente en Valencia, franciscano después de Jerónimo, confesor 
de la emperatriz doña María, hermana de Felipe H, publicó De la 
claridad de los simples. Valencia (i.^ pte.) 1571, 1575; 2.^ pte. ó Lum- 
bre del cristiano; Barcelona, 1586 (i." pte.). Vida de S. Antonio de 
Padua, Valencia, 1572, 1576. Libro intitulado lomadas para el cielo, 
Zaragoza, 1580 ; Alcalá, 1596, 1599, 1605; Madrid, 1616, 1623, 
1624 (son cuatro jornadas). Limpieza de la Virgen, Valencia, 1582. 
Vida y obras de Fr. Nicolás Factor, Valencia, 1586; Alcaiá, 1588; 
Roma, 1590 (ital.) ; Alcalá, 1596. Tratado de la Archicofradía del Cor- 
dón, Valencia, 1589: Zaragoza, 1590; Barcelona, 1592; Valencia, 1600. 
Excelencias del agua bendita, Valencia, 1600. Vida de S. luán Evan- 
gelista compuesta por el P. Estella, Valencia, 1595 (la del padre Es- 
tella se imprimió en Lisboa, 1554). — Fray Ildefonso de Orozco publicó 
Declamationes duodecim, pro dominicis post pascha usque ad Pen- 
iecostem inclusive, Alcalá, 1571. — El portugués fray Héctor Pinto 
tradujo del portugués su obra Imagen de la vida christiana, ordenada 
en Diálogos, como miembros de su composición. El primero es la 
Verdadera Philosophía. El segundo, de la Religión. El tercero, de la 
lusticia. El quarto, de la Tribulación. El quinto, de la vida Solitaria. 
El sexto, de la Memoria de h meterte, Zaragoza, 1571 ; Barcelona, 
1572; Madrid, 1573; Medina, 1573; Alcalá, 1577; Medina, 1578, 1579. 
Segunda parte de los Diálogos de la Imagen de la vida Christiana, tra- 
ducidos por Gonzalo de Illescas. El primero. De la Tranquilidad de la 
vida. El segundo. De la discreta ignorancia. El tercero. De la verda- 
dera amistad. El quarto. De las causas. El quinto. De los verdaderos 
y falsos bienes, Zaragoza, 1576 (ejemplar línico, en La Seo de Zara- 
goza) ; Alcalá, 1580; Medina, 1585. Imagen de la vida Christiana, pri- 



S. XVI, I57I. JUAN BRAVO DE PIEDRAHITA II7 

wera y segunda parte, Alcalá, 1595. — Fray Franxisco Rades de An- 
DRADA publicó Catálogo de las obligaciones que los Cavallcros Comen- 
dadores, Priores y otros religiosos de la orden y Cavallería de Calatra- 
z-a tienen, Toledo, 1571. Coronica de las tres Ordenes y Cavallerías de 
Santiago, Calatraz'a y Alcántara, Toledo, 1572.— Diego de Ribera, 
escribano granadino, publicó Escrituras y orden de partición, Madrid, 
1571. Primera parte de escrituras y orden de partición y cuenta, ibid., 
1596. Segunda parte de scripturas y orden judicial (privilegio en 1565). 
Orden de hacer escrituras y peticiones, Granada, 16 17. Primera, 2?- 
y j.a parte de Escrituras, 2 vols., Madrid, 1605, 1617.— Fray Juan de 
Robles, abad benedictino, publicó La Regla del Olor. P. S. Benito, 
Salamanca, 1571. — Juan Trullo (t 1577), aragonés, nacido en Luna, 
canónigo del Pilar de Zaragoza, nombrado obispo de Albarracín el 
año que murió, publicó Ordo Canonicorum Regularium, Zaragoza, 1571. 

62. Año 1572. GiNÉs PÉREZ DE HiTA fué vecliio de Mur- 
cia, donde acaso nació, si no en la villa de Muía ; fué á la gue- 
rra de los moriscos en las Alpujarras (i 568-1 571), entre la 
gente que por aquella tierra levantó el Marqués de los Vélez, 
y cuenta cómo con peligro de su vida salvó del degüello de 1-i 
soldadesca á veinte mujeres y recogió del seno de su asesinada 
madre á un niño de pecho, en la horrible carnicería del pueblo 
de Félix (parte 2.^, c. 8). Volvió á vivir en Murcia después de 
casarse en 1597, y nada más sabemos de él. Escribió la Historia 
de los vanaos de los Zegríes y Abencerrajes, caballeros moros de 
Granada; las ciiñles guerras que hubo en la Vega entre moros 
y cristianos, hasta que el rey D. Ferftando V la ganó; agorar 
nuevamente sacada de un libro arábigo, cuyo autor de vista fué 
un moro, llamado Aben-Amin, natural de Graruxda, tratando 
desde su fundación (1588). Ficción novelesca es la de este moro, 
no menos que la historia toda. Desde el comienzo cita como au- 
toridad al cronista Esteban de Garibay C'' 1599). Sobre el he- 
cho histórico cierto urdió una bonita novela, histórica, por con- 
siguiente, y la primera que se escribió en España sobre asunto 
hispano-morisco, fuera de la maravillosa Historia del Abence- 
rraje y la hermosa Xarifa. Pinta muy bien la vida de los moros 
en los últimos meses del reino de Granada, los desafíos, torneos, 
intrigas, asesinatos, diversiones y fiestas, mientras los castella- 
nos acampan en Santa Fe y corren la Vega. Es el mismo tema 
de los romances moriscos que por entonces anduvieron tan en 
boga, con la misma idealización caballeresca de aquella gente^ 



n8 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

cjue no iparece sino que la literatura ponía en práctica el refrán 
aquel de que "al enemigo que huye, puente de plata". Algo, 
sin duda, de todo ello habían tenido los moros ; pero los españo- 
les, después de vencerlos y echarlos de España, los ennoblecían 
é idealizaban, poniendo en ellos un pedazo de su propia alma: 
el ideal caballeresco, gallardo y bizarro, elegante y desembara- 
zado que los españoles llevaban dentro de sí en el siglo xvi. 
Igual gracia que los romances moriscos perfuma la obra de 
Hita; parecida elegancia en el decir y pintoresco colorido la 
realza. Hermosea, como ellos, la realidad con un idealismo no- 
ble y elegante, que encanta y hace agradables á los moros. De 
entonces viene el concepto que todavía tenemos de la caballero- 
sidad, del noble decir, del apasionamiento amoroso de moros y 
moras, de su henmosura y bizarría. Es un elemento castizo y 
muy nacional este de nuestra literatura, que, sin llegar á las 
exageraciones de la novela caballeresca, de origen extraño, an- 
tes quedando dentro de los linderos de lo verisímil, levantó la 
idea estética y comunicó elegancia, colorido y alteza de sen- 
timientos al arte español. Después continuó la obra con la Se- 
gunda Parte de las Guerras civiles de Granada. (1604?), título 
que prevaleció más tarde para las dos obras. Esta segunda parte 
trata de hechos muy diferentes de setenta años después de los 
narrados en la primera, y á los cuales asistió el mismo autor, 
esto es, á la guerra de los moriscos sublevados en las Alpuja- 
rras. Por eso si la primera parte es novela histórica, inás agra- 
dable y artística, cuanto más hija de la fantasía, la segunda 
es historia novelada, en que los hechos vistos refrenan algo 
más al escritor. Claro está que Hita narró lo que veía y oía 
contar en el campamento, sin consultar documentos oficiales, 
de suerte que en muchos casos dice la verdad y en otros la en- 
vuelve con los cuentos y apreciaciones con que la verdad va 
engrosando y vistiéndose al pasar de labio en labio. Pero siem- 
pre es sencillo, claro y elegante su estilo, no menos que en la 
primera parte, y el lenguaje tan escogido, terso, puro y sonoro 
como el de los mejores escritores castellanos, con un cierto aire 
de moderno, que parece obra escrita mucho después. Ginés 
Pérez de Hita, no sólo merece un lugar eminente en nuestra lite- 
ratura por su obra, sino, sobre todo, por ser como el fundador 
de la novela histórica y el que más contribuyó á la nueva moda 



S, XVIj 1572. GINÉS PÉREZ DE HITA I I9 

de los romances moriscos. Los romances que adornan la rela- 
ción de las guerras civiles entre Zegríes y Abencerrajes dieron 
la pauta á cuarutos después se escribieron, y son de lo mejor que 
en su género se conocen; harto más medianos son los de la 
segunda parte, que se refiere á la lucha entre las tropas de Fe- 
lipe II y los moriscos sublevados. 

Antes de estas dos obras, en 1572 había escrito el Libro de la 
población y hazañas de la muy noble y muy leal ciudad de Lar- 
ca, impreso por Nicolás Acero en Ginés Pérez de Hita, estudio 
biográfico y bibliográfico, Madrid, 1889. Los diez y siete libros 
de Daris del Belo troyano, escrito en 1596: traducción de la 
Crónica Troyana, en verso suelto, y se guarda en manuscrito de 
la Biblioteca Nacional. 

Entre 1575 y 1585 comenzaron á escribirse los romances 
moriscos, primero en Castilla y, sobre todo, en Madrid. Las 
primeras partes del Ro?nancero general, en que ya se hallan, 3e 
imprimieron separadamente entre 1585 y 1595, y hacia el mismo 
tiempo se publicó la primera parte de las Guerras civiles de 
Granada, de Ginés Pérez de Hita, en donde se hallan varios 
de ellos, unos que parecen viejos populares y como continua- 
ción de los fronterizos ; otros galantes, sentimentales y concep- 
tuosos, de tonalidad del siglo xvi. El mismo Hita los califica, 
ya de viejo, ya de antiguo, etc., y, de hecho, hállanse en las más 
antiguas colecciones. Los de la segunda parte son casi todos 
de Hita. Véase F. Wolf, Hist. liter, casi, y port., I, pág. 46, etc. 
Los moriscos allí tan galanes, tan encapotados en triple abrigo, 
marlota, albornoz y alquicel, tan llenos de sutiles divisas y con- 
ceptuosas sentencias, no son más que cortesanos españoles en- 
mascarados de moriscos, á quienes los poetas eruditos, como 
Góngora y otros, les atribuyen los nobles sentimientos de aqué- 
llos, juntamente con la vida cortesana, fiestas, cabalgatas y tor- 
neos, amoríos y celos. La forma es acabada, elegante el lenguaje , 
aunque rebuscado; afectados é ingeniosos juegos de antitesis, 
alusiones mitológicas, versificación fluida y aun muelle, mucho 
color, soltura y valentía, aunque siempre con algo que huele á 
artificio. Nada de arábigo hay en ellos más que el fantástico 
recuerdo de las lides caballerescas de la guerra de Granada, 
hermoseadas poéticamente por la distancia de un siglo. 



120 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

63. En Muía hace nacer á Esperanza de Hita, esclava de la Reina 
de Granada, y á otros caballeros, llamados Pérez de Hita, que pelearon 
con los moros de Baza en el cerco de Cuéllar, según refiere en la 
primera parte (caps. XV y XVH), y tanto en ésta como en la segunda, 
encarece, siempre que á mano le viene, el extremado valor de aquellos 
naturales. Fitzmaurice Kelly, Histor. litcr. csp., 1913, pág. 315: "Sabido 
es cuan de moda estuvo en el Hotel de Rambouillet, donde la bella 
Julia daba á Voiture el apodo de El Rey chico, y Benserade hacía el 
papel de descendiente de los Abencerrajes. De Pérez de Hita procede 
la dilatada serie de novelas hispano-moriscas que empezó con la Al- 
mahide, de la señorita de Scudery, y la Zaide, de la señora de La- 
fayette; y, si cabe dar crédito á una tradición tardía, se debe á una 
pura casualidad que este género no cuente á Walter Scott entre sus 
discípulos." Historia de los vandos de los Zegríes y Abencerrajes, 
Zaragoza, 1595; Valencia, 1597; Madrid, 1598; Alcalá, 1598; Lisboa, 
1598; Alcalá, 1601; Lisboa, 1603; Barcelona, 1604; Alcalá, 1604; Va- 
lencia, 1604; Málaga, 1606; París, 1606; Barcelona, 1610; Sevilla, 
1613; Valencia, 1613; Lisboa, 1616; Barcelona, 1619; Alcalá, 1619; 
Cuenca, 1619, etc. Segunda parte de las guerras civiles de Granada, 
Alcalá, 1604; Madrid, 1610; Alcalá, 1612, 1619; Barcelona, 1619; 
Cuenca, 1619; Barcelona, 1631. Entrambas partes: Madrid, 1833, muy 
modernizado el lenguaje; París, 1847, Rivadeneyra. Ginés Pérez de 
Hita, Guerras civiles de Granada, Bibl. de Aut. Esp., t. HI ; Poesías 
Bibl. de Aut. Esp., t. XVI; Guerr. civil, de Gran., segunda parte, re- 
producción de la de Cuenca de lóic), Madrid, 1915, por Paula Blan- 
chard Demonge. Consúltense: N. Acero y Abad, Ginés Peres de Hita: 
estudio biográfico y bibliográfico, Madrid, 1889; C. Pérez Pastor, Bi- 
bliografía Madrileña, parte IH, pág. 450. 

64. Año 1572. Pedro Hurtado de la Vera (de Pla- 
sencia?), residiendo en Flanees, publicó Comedia intitulada: 
Dolería del Sueño del Mundo, Amberes, 1572, 1595; París, 
1614; Madrid, 1910, en los Oríg. de la Novela, tomo III, de 
M. Pelayo. Historia del Principe Erasto hijo del Empera- 
dor Diocleciano, Amberes, 1573, del italiano. La Doleria es 
del género alegórico-fantástico, y recuerda algo la Circe, de 
Juan Bautista Gelli, y otros diálogos satíricos, pero sin imi- 
tarlos. Los personajes son alegóricos. "Aiiior es el argumento 
d' ella, por ser en el mundo Amor la causa de todo mal y bien. 
Duerme el Mundo y sueña ser Hcraclio amor de virtud y fama, 
con el contrapeso de vanagloria, que es Honorio su criado. Lo- 
gística, la Razón que manda sobre ella, la cual cae alguna vqz 
para levantarse con miás fuerza como Antheo y reconocer la 



S. XVI, 1572. PEDRO DE PVDILLA 12 1 

fuerga soberana. Astasia es la sensualidad y hipocresía en há- 
bitos de virtud. El deleyte, Idona, hermosa de cara, de obras 
fea. Melania, la malicia, cuyo fruto es el trabajo que la color 
d' el negro significa, y á la postre queda subjeta á Moño, que 
es la ignorancia, y con él casada. Asosio, la carne vagabunda, 
pero al spirito reduzida con el castigo y experiencia. Las Egyp- 
cianas son las tentaciones, que procuran de aj untar los buenos á 
los malos. Atidronio, la civil costumbre que declina de la malicia 
á Aplotis, la simplicidad. Apio, Metió,- Amercia, Manía, son los 
vicios. Doleria, la casamentera d' ellos, engaño y castigo jun- 
tamente. El bosque de las sombras, la vanidad de las cosas 
d' esta vida. Aglaia, Thalía, Calíope, Melpómene, las sciencias y 
virtudes que voluntariamente se presentan á sus amadores. Los 
Salvages, penitencia y continuo remordimiento de la conciencia. 
Nemesis, la justicia que yguala todo y manifiesta lo que hizo 
dissimuladamente y disfrazada con Asosio... Es Charon la Muer- 
te, que despierta al Mundo y da principio de vida á unos, de 
muerte á otros..." No deja de ser ingeniosa la trama de hacer 
dormir al Mundo seis mil años y desarrollar en las visiones de 
un sueño el espectáculo de la vida humana, con sus ilusiones y 
desengaños, para destruir luego esta aérea fábrica al son de los 
remos de la barca de Carón. Tampoco era mediano pensador el 
que interpretaba el mundo diciendo que "de lo bueno no hay en 
él más que la sombra y de lo malo todos son cuerpos". Pero el 
pensamiento sobrepujó al poder del artista, falto de imagina- 
ción para dar plasticidad y real vida á los personajes. El estilo 
es sentencioso y epigramático, y el castellano, digno de tenerse 
en cuenta. 

65. Año 1572. Pedro de Padilla, de Linares, publicó Ro- 
mance glosado de D. Manuel, Toledo, 1572. Tesoro de varias 
poesías, Madrid, 1580, 1587, 1589. La segunda parte la intituló: 
Éclogas Pastoriles y de algunos Sonetos, Sevilla, 1582. ,^0- 
mancero en que se contienen algunos sucesos de los Españoles 
en la jornada á Flandes, Madrid, 1583. Entróse carmelita en 
1585, y después publicó /o roí fn espiritual, Madrid, 1585. Gran- 
devas y excelencias de la Virgen, en octavas, Madrid, 1587, 
1806. Monarquía de Christo, del ital., Valladolid. 1590. La ver- 
dadera Historia y admirable suceso del segundo Cerco de.. 



122 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Din... compuesto por Gerónimo Carie Real y traducido en len- 
gua castellana, Alcalá 1597, en verso heroico. Hay composi- 
ciones suyas en el Cancionero de López Maldonado, en la Con- 
quista... de Granada, de Duarte Dias (1590), en el Libro pri- 
mero de Annathomia, de Andrés de León (1590). En la Biblio- 
teca de los Duques de Gor (Granada) hay ms. de la segunda 
parte de sus obras. Murió después de 1599, año en que aprobó 
el Isidro, de Lope. Elogiáronle su muy amigo Cervantes {Quij., 
I, 6, y Canto de Calíope), López Maldonado, Espinel, etc. 

Pedro de Padilla, Romancero, ed. Soc. de Biblióf. Españoles, 1880. 
Consúltense: C. Pérez Pastor, Bibliografía Madrileña, parte III, pá- 
gina 445; Schevill y Bonilla, edic. Calatea, II, pág. 321. 

6 6. Año 1572. De 1572 es la fecha más antigua de las obras dra- 
máticas que se hallan en varios tomos de autos, coloquios, farsas y co- 
medias, representadas en los colegios de jesuítas, y que, procedentes 
de la biblioteca de los mismos en Madrid, paran en la de la Academia 
de la Historia. Véanse las principales: Tragaedia Naatnani, Auto dé- 
la oveja perdida. Auto del Smo. Sacramento, Triumphus Circuncisio- 
nis, Tragaedia Jesabelis, Tragaedia patris familias de Vinea, Auto de 
la Gallofa sobre la parábola de la Cena, Comoedia quae inscribitur 
Margarita, Trajiconwedia Nabalis Carmelitidis (parte en latín, parte 
en castellano). Égloga de Filis y la iglesia segoviana (representada en 
1588), Parábola Samaritani (menos dos, se expresan los personajes en 
castellano), Actio quae inscribitur Nepotiana (representada en 1572), 
Tragoedia quae inscribitur Vicentina, Actio pueritiae, Actio quae 
inscribitur Examen sacrum (égloga en cast.), Tragoedia quae inscribi- 
tur Regnum Dei (representada en 1574), Comedia del triunfo de la for- 
tuna (del padre Tomás de Villacastín), Comedia del niño constante. 
Diálogo de la... virgen y mart. S. Cecilia y S. Tiburcio y Valeriano, 
con un Auto de la virtud; Coloquio del primer estudiante y mayorazgo 
trocado, entre el P. Salas (¿José Antonio González?) y el beato Luys 
Gonzaga, Coloquio de la escolástica triunfante y la nueva Babilonia 
(por el padre Salas), El Soldado estudiante ó la niñez del P. Gonzaga, 
El Coloquio de la estrella del mar (1575), El Casamiento dos vezes y 
hermosura de Raquel (auto sacram.), La comedia de los dos loanes 
(1585), Auto de Mardoqheo (repres. en 1576), Tragoedia quae inscri- 
bitur Jeptae, Varia fortuna de Oloseo (comedia), Desposorio espiri- 
tual de la iglesia mexicana y el pastor Pedro (égloga repres. en 1574), 
Colloquio (repres. en 1587), Diálogo de prestantissima scientiarum 
clligenda (por el padre Juan de Pineda y el padre Andrés Rodríguez), 
Diálogo De método studendi (por el padre Andrés Rodríguez), Diálogo 
hecho en Sevilla por el P. Francisco Jiménez á la venida del P. visi- 
tador á las escuelas, Triunfo del Sabio, La Bachillería engaña (comedia 



S. XVI_, 1572, DON BERNARDINO GÓMEZ MIEDES 123 

alegórica). Son ■casi todas del género clásico con algún elemento po- 
pular, al fin y al cabo como para discípulos de Humanidades en los Co- 
legios de la Compañía. Siguieron representándose parecidas obras en 
ellos mutíhos años después de Lope. Entre Lope de Rueda y Lope de 
Vega, esto es de 1560 á 1590, hubo un relativo triunfo del arte clásico 
en !a dramática, que retrasó el teatro nacional. Fué cuando Argensola 
representó la Isabela, la Filis, la Alejandra, año de 1585, y cuando 
Cervantes representó las suyas. A este criterio clásico corresponde el 
juicio dramático que expone Cervantes en el Quijote. Lope tuvo que 
hacer un esfuerzo para romper con él, volviendo al elemento popular 
con mayor amplitud. 

E! CAPITÁN Pedro de Aguilar, vecino de Málaga, natural de la 
ciudad de Antequera, publicó el Tractado de la Caballería de la Gineta, 
Sevilla, 1572; Málaga, 1600, 1699. Del alférez Pedro de Aguilar, que 
parece ser el mismo autor, han publicado los Bibliófilos Españoles las 
Memorias del cautivo en la Goleta de Túnez, Madrid, 1875, escritas en 
1575. — ^JoAN DE Arphe de Villafañe, natural de León, vecino de Valla- 
doHd, publicó el Quilatador de la plata, oro y piedras, Valladolid, 1572; 
Madrid, 1598. De varia commensur ación para Esculptura y Ar chite ctu- 
ra, Sevilla, 1585, 1589; Madrid, 1675, 1736. Descripción de la traza y 
ornato de la custodia de plata de la Santa Iglesia de Sevilla, Sevilla, 
1587; reimpreso en el t. III de El Arte en España, págs. 174-196, por 
Zarco del Valle. — Fray Domingo de Arteaga, dominico, publicó Tesoro 
de contemplación hallada en el Rosario, Falencia, 1572. — Fray Dámaso 
Artufel, dominico, publicó Modo de rezar las horas canónicas, con- 
forme al rezo de los Frailes Predicadores, Zaragoza, 1572; Valladolid, 
1614. — 'Luis Vaz de Camoens, el famoso épico portugués, autor de Os 
Lusiadas (Lisboa, 1572), cuyas traducciones pueden verse en 1580, 
compuso, entre sus Rimas (Lisboa, 1593, 1607), 20 sonetos en caste- 
liano. Comentóle Faria y Sousa (^639) ; Lamberto Gil tradujo de 
nuevo las Lusiadas (1818). Luis Gonzaga Calsal de Oporto dio á co- 
nocer unas versiones fragmentarias en castellano y notas críticas. — 
Juan Castellanos Ferrer, -médico murciano, publicó De communium 
morborum causis, 1572. — 'Jerónimo de Costiol publicó C crónica del 
Sr. D. Juan de Austria, Barcelona, 1572. — Juan Castro de Salinas 
tradujo Las vidas de los ilustres y excelentes Varones griegos y ro- 
manos, de Plutarco, Colonia, 1572. — Fray Juan de Coveña, francis- 
cano de Almonacir de Zurita, publicó Arte de regir la República ó 
buen regimiento de pueblos y Remedio de Pecadores, Alcalá, 1572. — 
Gaspar de la Cintera, poeta popular de Ubeda, vecino de Granada, 
ciego, compuso romances y letrillas con muciho gracejo. Dos admira- 
bles victorias contra los turcos. Granada, 1572, Cuatro nuevos acon- 
tecimientos.,., Córdoba, 1572. Coplas y chistes muy graciosos para 
cantar y tañer al tono de la vihuela, Burgos (sin año). Proverbios 
muy excelentes, ejemplares y graciosos, debajo de título de Enfados, 
Sevilla. — Don Bernardino Gómez Miedes (i52o?-i589), natural de 



124 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Alcañiz, archidiácono saguntino, canónigo valenciano, obispo de Al- 
barracin (1585), publicó Commcntariorum cíe Sale, Valencia, 1572. 
Diascepscon de Sale Physico, Medico, Genjali et Mystico, Valencia, 
1572, 1575» 1579- De Vita et rehus gestis Jacobi primi Regís Aragonum, 
Valencia, 1572, 1582; tradújola y publicóla en castellano, Valencia, 
1584. Epístola ad Gregoriiim XIII, Valencia, 1576. Epitome Constilu- 
tionum s. Eclesíae Valentinae, Valencia, 1582. De Constantia síz'c de 
vero statn hominis, Valencia, 1586. Enchiridion ó Manual instrumento 
de salud contra... la gota, Zaragoza, 1589. De Apibus sive de Rep-ublica, 
ms. que naufragó volviendo de Roma. — Fray Alonso de Medrano, 
franciscano de Torrelaguna, publicó Instrucción y Arte para con 
facilidad rezar el Oficio divino, Alcalá, 1572. — El doctor Luis Mer- 
cado, médico vallisoletano de Felipe II y Felipe III, publicó Me- 
thodus mcdcndí, 1572. De essentia, causis, signis ct curatione febris 
ínalignac, 1574. De recto praesídiorum artis medicae usu, 1574. De 
Motu cordis ct arteriarnm, 1584. De febrium essentia, causa, etc., 
1586. De infeniorum morborum curatione. 1594. Institutiones chi- 
riirgiac, Madrid, 1594. Institutiones medicae, Madrid, 1594. De 
Morborum internornm curatione, Madrid, 1594. Instituciones para 
el aprovechamiento y examen de los algebristas, Madrid, 1599. La 
naturaleza, causas, providencia... y modo de curar la peste, Madrid, 
1599 (traducción de la obra latina). De veritate et recta ratione princí- 
piorum, 1604. De puerorum cducatione, etc., 161 1, etc., etc. — El li- 
cenciado Juan Molina de la Fuente publicó Juicio y prognóstico del 
cometa que apareció en el mes de noviembre deste año...^ Madrid, 
1572. — Eustaquio Moros de Cervantes, cántabro, publicó, corregido, 
el Dictionarium Ecclesiasticum, de Santaella, Alcalá, 1572. — Fray 
Juan Muñatones (t 1571), de Briviesca, agustino, obispo de Segorbe 
(1556), publicó Vida de S. Tomás de Villanueva, Alcalá, 1572, 1581. — 
El padre Alfonso de Pisa (i 527- i 598), jesuíta toledano, publicó Nicc- 
num Conciliuní, Dilinga, 1572. De Abstinentia et Continentia, Co- 
lonia, 1579. Confutatio brevis CXI 1 1 errorum apud Sectarios nostri 
saeculi círca septem Eclesiae Sacramenta, Posnaniae, 1587. — Micer 
Luis Ponst de Icart publicó Libro de las grandezas... de Tarra- 
gona, Lérida, 1572. 1883. — Fray Juan de la Puente, dominico va- 
llisoletano, publicó Árbol de la vida, Alcalá, 1572. Conveniencia de 
las dos Monarquías Católicas, la de la Iglesia Romana y la del 
Imperio Español, Madrid, 1612. — El padre Martín Antonio del 
Río (1560-1618), nacido en Amberes de padres españoles, su padre de 
Torre de Proaño, cerca de Reinosa (1551), eruditísimo jesuíta, publicó 
In C. Solini Polyhistorem Notae, Amberes, 1572. In Claudiani Poetae 
opera, ibidem. Adversaria in L. An. Scnecae Tragoedias, con otro 
tomo de Veterum Tragicorum fragmenta..., ibid., 1594. Miscellanea 
Scriptoriim ad universum Jus civile, París y Lyon, 1606. De Principiis 
inris. In S. Orientií ep. IlHberitani Commonitoriitm..., Amberes, 
1600. Florida Mariana, ibidem. Opus Marianiim, Lyon, 1607. Vinditiae 



S. XVI, 1573. FR.\Y JUAN DE SEGOV.A 125 

Areopagiticae, ibid., 1607. In Cántica Canticorum, Ingolstad, 1604. In 
Threnis Jeremiae, Lyon, 1608. Adagialia sacra e Veteri Testamento, 
2 vols., ibid., 1612 y 1613. Disquisitionum Magicarnm, t. III, Lovaina, 
Maguncia, Lyon, Colonia, 1633. — Fray Juan Salón, franciscano valen- 
ciano, publicó De Eniendatione Romani Kalcndarii, Florencia, 1572; 
Roma, 1576. Espejo Astrológico para sangrías, medicinas, etc., Barce- 
lona, 1578. — Jesús Christ gtire ¡aunaren Testamentu berria, traducción 
anónima que se guarda en la Biblioteca de Barberini, Roma, 1572. 

67. Año 1573. El CARDENAL FRANCISCO DE TOLEDO (1532-1596), je- 
suíta cordobés, publicó In VIII Physicorum, Venecia, 1573; Alcalá, 
1583. In II de Generatione et Corruptione, Venecia, 1575; Alcalá, 1580; 
Lyon, 1587. In III de Anima, Venecia, 1575; Alcalá, 1577, 1582. In- 
structio ad Logicam, Colonia, 1575. In libros Arist. de Physica auscvl- 
íatione, Alcalá, 1577, 1583; Lyon, 1587. Introductio in dialecticam 
Aristotelis, Sevilla, 1577; Madrid, 1620. In universaní Arist. Logicam, 
Alcalá, 1578, 1583; Venecia, 1589. In S. Joannis Evangelium. Roma, 
1588. In Evangelium S. Lucae, Venecia, 1601. Summa casiium conscien- 
tiae, Roma, 1602; traducida al castellano, Valladolid, 1616 De Instru- 
cttone Sacerdotum et peccafis mortalibus, Alcalá, 1610. A unof atienes 
ad Instr. Sacerdotum... ab Andrea Victorello Bassanensi, ibid., 1610. 

Sebastián de Córdoba, de Ubeda, publicó Boscan y Garcilaso á 
lo divino, Granada, 1573. 1575: Zaragoza, 1577. Poesías, en Bibl. de 
Aut. Esp., t. XXXV. — Sebastián Foscari publicó Mística Theologia, 
Madrid, 1573. — Bartolomé Frías de Albornoz publicó Arte de los 
Contratos, Valencia, 1573. — Ca^^cionero llamado Flor de enamorados... 
copilado por Juan de Linares, Barcelona, 1573. Reimprimióse varias 
veces, últimamente en 1681. — El soldado sardo Antonio de Lofraso pu- 
blicó la extravagante novela pastoril Los Dies libros de la fortuna de 
amor, Barcelona, 1573. "Tan gracioso ni tan disparatado libro no se 
ha compuesto." (Cerv., Quij.) ; pero le pone cual digan dueñas en el 
Viaje del Parnaso (caps. III y VII). Reimprimiólo Pedro Pineda, judío 
español, en Londres, 1740. — Francisco López, portugués, publicó Loor 
de N. Señora en diversos géneros de metros, Lisboa, 1573. Versos de- 
votos en loor de la Virgen, Lisboa, 1573. — Don Alvaro de Luna y Men- 
doza publicó Definiciones de la Sagr. Reí. y Cavallería de Mantesa y 
S. Jorge, Valencia, 1573, 1589; Madrid, 1839. — Luis del Mármol Car- 
vajal, granadino, cautivo en África algún tiempo, publicó Descripción 
general de África, 3 vols., i.". Granada, 1573; 2.°, Málaga, 1599; el 
3.°, titulado Historia de la Rebelión y castigo de los Moriscos del reino 
de Granada, Má'aga, 1600; Madrid, 1757, 1792, 1797, 2 vols. — Luis de 
Molina, de Osuna, publicó De Hispanorum Primogeniorum origine ac 
natura, Alcalá, 1573; Medina, 1588. — Don Antonio de Ques.^da pu- 
blicó Diversarum quaestionum inris Uber singulares, Salamanca, 1573. 
— Fray Juan de Segovia, dominico segoviano, publicó De Praedi-ca- 
íione Evangelii, Alcalá, 1573. — De las cosas maravillosas del Mundo, 



126 ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

trad. de Julio SoHno, Sevilla, 1573. — En 1573 acabó Diego Suárez. 
soldado asturiano de Horvies, que sirvió más de treinta años en Oran 
y Mazalquivir, su Historia del Maestre último que fué de Mantesa y 
de su hermano D. Felipe de Borja la tnanera como gobe*'naroii las 
memorables plazas de Oran y Mazaelquizñr, rcynos de Tremecén y 
Túnez en África..., abarca de 1567 á 1573; compuesto tenía lo prin- 
cipal día por día, y da noticias de sí hasta el i6r6, en Ñapóles; vivió al- 
gunos años más. En 1617 no se había aún impreso, y no se sabe si se 
imprimió después. Imprimióla la Soc. de Biblióf. Españ. en Madrid, 
1889. Romances de ValladoUd. Tres Romances de Asturias de Ovie- 
do..., Alcalá, 1607. — Francisco Hernando Villarino, médico zara- 
gozano, publicó Cañones medendi, Tudela, 1573. 

68. Alio 1574. Melchor de Santa Cruz, natural de Dueñas y ve- 
cino de Toledo, publicó Floresta Española de Apotecmas ó Sentencien 
sabia y graciosamente dichas de algunos Españoles, Toledo, 1574; 
Zaragoza, 1576; Salamanca, 1576; Valencia, 1580; Cuenca, 1588; Sa- 
lamanca, 1592; Bruselas, 1592, 1596, 1598; Alcalá, 1598; Logroño, 
1598; Valencia, 1603; Bruselas, 1605, 1614; Barcelona, 1621 ; Bru- 
selas, 1629; Zaragoza, 1646; Bruselas, 1655; Madrid, 1910 (Biblióf. 
Madrileños). Los Cien Tratados de notables sentencias assí morales 
como naturales; y singulares avisos para todos estados, en tercetos 
Castellanos, 2 libros, Toledo, 1576. 

El PADRE Gregorio de Valencia, jesuíta de Medina del Campo, 
príncipe de los teólogos controversistas del siglo xvi, defendió el 
dogma en Alemania muchos años, y llamado á Roma por Cemen- 
te VIII, fué admirado de todos. En 1591 publicó juntas las obras 
de controversia, antes ya impresas desde 1574: De Rebus Fidei hoc 
tempore controversis, Lyon, 1591. Además obras escolásticas. In Sum- 
mam D. Thomae, 4 vols., 1591, 1603. 

Fray Pedro de Aguirre, dominico, publicó Institutiones gram- 
niatices, Alcalá, 1574. — Francisco Arceo, de Fregenal, publicó De 
recta febrium curandarum ratione, Amberes, 1574. De recta vulnerum 
curandorum ratione, 1576. — Fray Gabriel de Aulón, carmelita, pu- 
blicó Coloquios de Juan Luis Vives parafraseados en romance, Alcalá, 
1574. Tradujo El 2.° libro de las Epístolas familiares de Cicerón y 
algunas á Athico, Alcalá, 1574. — Espejo de Disciplina regular, Se- 
villa, 1574, traducido de San Buenaventura. — Don Ajídrés Capilla 
(t 1610), cartujo valenciano, obispo de Urgel (1587), publicó Consuelo 
de nuestra peregrinación, Lérida, 1574. Consideraciones de los Domin- 
gos del Año y de todas las ferias de Quaresma y de las Fiestas prin- 
cipales de los Santos, Zaragoza, 1577; Alcalá, 1578, 1580, 1582; Ma- 
drid, 1592, 2 vols., con El Manual de consideraciones y exercicios es- 
pirituales. In Hieremiam, Scala Dei, 1586. Carta ó Coloquio interior 
de Christo N. S. al Alma devota, trad. del cartujano Lanspergio, Al- 
calá, 1578, 1580, 1603, 1609. Obras de D, Andrés Capilla, Madrid, 1592. 



S. XVI, 1575. JUAN HUARTiL DE SAK JUAX 12/ 

— Tomás Cerdán' de Tallada, de Játiba, publicó Visita de la Cárcel 
y de los presos. Valencia, 1574. Verdadero gobierno de la Monarquía 
de España, ibid.. 1581. Veriloquium, en reglas de estado, ibid., 1604. — 
Antonio del Corro publicó Diálogo sobre la Epístola de S. Pablo á 
los romanos, 1574. Paráfrasis del Eclesiastcs, 1579. — Juan Fernández 
Idiáquez publicó Las Éclogas de Virgilio con anotaciones, Barcelona, 
1574. — Diego Hernández publicó /« quarfum A. Nebrissensis, Alcalá, 
1574. — Martín Ximeno. de Daroca, publicó Institntiones Gramma- 
ticae, Alcalá, 1574. — Fray Diego de Landa y Calderón, de Ci fuentes, 
franciscano, misionero del Yucatán, guardián (1553), obispo de He- 
rida (1572), escribió Relación de las cosas de Yucatán, impresa en 
París, 1864. por Brasseur de Bourbourg, quien halló en ella la inter- 
pretación de los signos katúnicos de los iNIayas. Relación de las cosas 
de Yucatán, sebeada de lo que escribió..., por J. de Dios de la Rada y 
Delgado, Madrid, 1884, del códice de la Academia. — Alvaro Núñez 
publicó Annotationes ad libros dúos Frai^cisci Arcei de Recta curan- 
dorum Vulnerum ratione, Amberes, 1574. — Francisco de la Peña, 
presbítero de Fregenal, publicó Instrucción Católica para bien morir, 
Salamanca, 1574. — Diego Pérez de Salamanca publicó Commentaria 
in quatuor posteriores libros ordinationum regni castellae. Salamanca, 
1574, 2 vols. — Juan Pérez Ramírez, clérigo presbítero, hizo representar 
en Méjico su égloga Desposorio espiritual de la Iglesia Mexicana y el 
Pastor Pedro (de Moya Contreras, consagrado entonces Obispo de la 
ciudad), Méjico, 1574. — Jerónimo de los Ríos escribió Tratado llamado 
Manual de Escribientes (Bibl. Gallardo), 1574. — Luis de Toro publicó 
De Febris Epidemicae et novae... vulgo Tabardillo et Pintas dicitur, 
natura, cognitione et nvedela, Burgos, 1574. — ^Alonso de Torres, de 
Plasencia, publicó De Febris Epidemicae et novae natura (tabardillo), 
Burgos, 1574. — Antonio Juan de Villafranca, médico valentino, pu- 
blicó Flores de Gnido, Alcalá, 1574. 



69. Año 1575. Juan Huarte de San Juan (i 530?-! 591 ?), 
nacido en San Juan de Pie del Puerto, entonces de Navarra, 
fué médico en Baeza y Linares con el dominico Alonso Ciaco- 
nio, preparando la Biblioteca Universal, año de 1584. Expuso 
ingeniosamente la teoría conocida sobre la conexión entre la 
psicología y la fisiología, con estilo elegante y castizo lenguaje, 
en su obra Examen de Ingenios para las ciencias, Baeza, 1575. 
1594; Pamplona, 1578: Bilbao, 1580; Valencia. 1580; Htiesca. 
1581; Amberes, 1593; Baeza. 1594; Medina. 1603; Barcelo- 
na, 1607; Alcalá, 1640; Lyon, 1652. Tradújolo al latín Teo- 
doro Arctogonio, austriaco, en 1612; al italiano, Camilo Ca- 
milli, Venecia, 1582. y Salustio Gratiis. Venecia, 1603: al fran- 



128 ÉrOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

cés, Gabriel Chapuis, Lyon, 1580, 1588; al alemán, Richard 
Carew, Londres, 1594, 1596. 

Juan Huarte de Sant Juan, Examen de ingenios, Bibl. de Aut. Esp., 
t. LXV. Consúltense: J. M. Guardia, Essai sur l'ouvrage de J. H. 
(Examen des aptitudes diverses pour les sciences), París, 1855; R. Sa- 
lillas, Un gran inspirador de Cervantes: El Dr. Juan Huarte y su 
'■^Examen de ingenios''^ Madrid, 1905. 

70. Año 1575. Gonzalo Arcóte de Molina nació en Sevilla en 
1548, hallóse en la defensa del Peñón de los Vélez (1564) y en la guerra 
del Alpujarra (1568) como alférez mayor; retiróse á Sevilla, donde 
hizo un notable museo de obras naturales y de arte, fué veinticuatro y 
provincial de la Santa Hermandad en Andalucía, casó con Constan- 
cia de Herrera y Rojas, hija natural del Marqués ^de Lanzarote, cuyo 
título usó algún tiempo; fué cronista de Felipe II. y murió, según 
Pacheco, en la Gran Canaria en 1598, Publicó El Conde Lucanor, de 
don Juan Manuel, Sevilla, 1575, con un Discurso sobre la poesía Cas- 
tellana; Madrid, 1642. Libro de la montería que mandó escrevir el... 
Rey D. Alonso..., Sevilla, 1582, con un Discurso sobre el mismo. No- 
bleza de Andalucía, Sevilla, 1588. Imprimió, con un discurso suyo, la 
Historia del Gran Tamorlán, Sevilla, 1582. El Aparato de la Historia 
de Sevilla, que dejó principiado Gonzalo Argote de Molina, copiado por 
Don Francisco Laso de la Vega, Beneficiado propio de la parroquia de 
San Pedro, de Sevilla, año 1755, está en la Academia de la Historia. 
Repartimiento de Sevilla y sus tierras hecho por D. Alonso el Sabio 
en las Cortes de Sevilla de 1^53. Añúdense los elogios, escudos de ar- 
mas y demás ilustraciones que trabajó Argote de Molina en 1588 (ms. 
de la Bibl. Real). Consúltense: Conde de Pi:ymaigre, Un savant es- 
pagnol dti xvi" siécle, Argote de Molina, en Revue Hispanique (1895), 
t. II, págs. 146-180; F.*:" Pacheco, Libro de Retratos, donde está el 
de Argote y su biografía. 

El LICENCIADO Juan de Veroara, médico en Segovia y poeta (Pérez 
Pastor, Bibl. Madr., III, z^?)' ^^^ alabado por Cervantes en el Canto 
de Calíope: "El alto ingenio y su valor declara | un licenciado tan 
amigo vuestro, | quanto ya sabéys que es Juan Vergara, | lionra del 
siglo venturoso nuestro...", y en el Viaje (cap. IV). Hay versos suyos 
en el Compendio de Chirurgia, de F. Díaz (1575) ; en Obras de Música, 
de A. Cabezón (1578) ; en Thesoro de var. poesías, de P. Pradilla (1580) ; 
en Methodo de... medicinas simples, de L. de Oviedo (1581) ; en el 
Isidro, de Lope (1599) ; en el Cancionero, de L. Maldonado (1586) ; en 
Práctica... de cirugía, de Daza Oliacón (1584); en La Herm. de An- 
gélica, de Lope (1602) ; en el Romancero, de Lucas Rodríguez 
(ed. 1585); en la Floresta, de México (1577); en Los Lnsiadas, de 
B. Caldera (1580). 

Francisco Sánchez (1550-1623), de origen judio, nació en Túy, 
fué á Burdeos el 1562 con su padre, que profesó allí la Medicina; es- 




(Pacheco, Libro de retratos.) 



S. XVI, 1575. EL DR. FR^XNCISCO LUAZ 1 29 

tudió en el colegio de Guyenne, y muerto su padre en 1569, pasó 
cuatro años en Italia, volvió á Montpellier, tomó el grado de doctor 
(1574) y vivió en Tolosa desde 1575. Sánchez es el filósofo escéptico 
español, el filósofo del quid, con que acaba sus tratados por estos tér- 
minos: "Laus Deo Virginique Mariae 

Quid?" 

Discípulo de Galeno y de la experiencia, declaró la guerra á Hi- 
pócrates, Su obra grande en espíritu, aunque en tomo pequeña, se 
titula Quod nihil scitur, de estilo vivo, frases cortadas y apretadas, 
muchas interrogaciones y exclamaciones. Baste saber cómo comienza 
para enterarse del genio de su autor : "Ni siquiera sé que no sé nada 
y supongo que otro tanto saben los demás." 

Se imprimió su obra en 1581, un año después de los Ensayos, de 
Montaigne; pero el prefacio está fechado en 1575, y antes de 1575 no 
se compuso la Apología. Estos dos pensadores escépticos tienen mucho 
parentesco espiritual, como lo tenían por la sangre. Sánchez estaba 
emparentado con los López, de los que salió la madre de Montaigne. 
Acaso se comunicaron sus doctrinas; pero no parece las tomara el uno 
del otro. En 1574: "Ego F.'="'' Sánchez, Hispanus, dioecesis Bracaren- 
sis doctor." Así en el acta de su doctorado. Francisci Sanche^, Opera 
Medica. His iuncti sunt Tractatns quídam philosophici, Tolosa, 1636, 
Consúltense: Bulletin Hispan., t. V, pág. 332; H.-P. Cazac, L'Espagnol 
Don Francisco Sánchez. 

71' Año 1575. Andrés Alcázar ó Valcácer, de Guadalajara, pu- 
blicó Chirurgiae libri VI, Salamanca, 1575. De Vulneribus Capitis, 
ibid., 1582. — El DOCTOR Miguel Arguizain Arteaga publicó Sermones 
muy graves y Necesarios acomodados á estos tiempos sobre el Pro- 
pheta Micheas que sirven para la intelección de todos los demés Pro- 
phetas, 3 vols., Madrid, 1575. — .Juan Arias, de Plasencia, publicó 
Práctica Eclesiástica para el uso y exercicio de Notarios públicos y 
Apostólicos, y Secretarios de Prelados, etc., Madrid, 1575, 1585. — Om- 
nium privilegiorum fratrum minorum de Observantia, quos vocant, mo- 
nialiumque sanctae Clarae, necnon de poenitentia nuncupatorum ordini- 
bus..., Zaragoza, 1575 (único ejemplar, en el convento de Santo Es- 
píritu del Monte, provincia de Castellón). — El padre Antonio Cordeses 
(1519-1601), jesuíta de Olot, publicó Catecismo, del francés, Madrid,. 
1575. Itinerarium Perfectionis Christianae, Florencia, 1575. — Antonio 
Córdoba de Lara publicó In legem "Si quis a Hberis'\ Sevilla, 1575. — 
El doctor Francisco Díaz, médico de Felipe II, publicó Compendio 
de Chirurgia, Madrid, 1575. Tratado... de todas las enfermedades de 
los Ríñones, Vexiga y carnosidades de la verga y urina, Madrid, 1588, 
con sendos sonetos de Cervantes y Lope. Hay un soneto suyo en La Con- 
quista de Granada, de Días (1590), y alabóle Cervantes en el Canto de 
Caltope, como poeta. Consúltese: doctor E. Suender, Noticia de las 



1 3o ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

obras del Dr. I\ Díac..., Madrid, 1888. — Alonso Diez Daza, módico 
sevillano, publicó De ratione cognoscendi cansas et signa, tam in pros- 
pera quam in adversa valetudi^^e, urinarum, Sevilla, 1575. Los Prove- 
chos y daños de la sola bebida del agua, ibid., 1576. Avisos y documentos 
para la preservación y cura de la peste, ibid., 1599. — ^Juan Escalante 
DE Mendoza^ de Colombres, escribió Itinerario de la navegación de los 
mares y tierras occidentales, 1575. — In sacrosantmn Jesu Christi Evan- 
gelium secundum Lucam, 2 vols., Salamanca, 1575; Alcalá, 1578. — 
Libro de la vida y Fábulas de... Y sopo, Madrid, 1575; Con las Fábulas 
y Sentencias de diversos Autores, ibid., 1621.— Fray Agustín Horozco, 
de Escalona, de la Orden de San Agustín, predicador de S. M., publicó 
la Historia de la Reina Sabá, Salamanca, 1575. Historia de... Cádiz, 
Cádiz. 1845 (escrita en 1598). Historia de... los santos Servando y 
Germano, patronos de Cádis, ibid,, 1619; Madrid, 1856. — Cartas que 
los Padres y Hermauos de la Compañía de Jesús, que andan en los 
Reinos del Japón, escribieron á los de la misma Compañía, desde el 
año de i¿^p hasta el de 1571, Alcalá, 1575. — Diego Merino publicó De 
Morbis iníernis. Burgos, 1575. — Pedro Molinos, aragonés, publicó 
Práctica Judiciaria del reyno de Aragón, Zaragoza, 1575 (único 
«jemplar, en la Universidad de Zaragoza). — Fray Francisco Nú- 
ÑEZ, predicador franciscano, publicó Retrato del Pecador dormido. 
Salamanca, 1575. Tratado del Hijo pródigo, ibid., 1575. Advertencias 
sobre los quatro Evangelios del Adviento, ibid., 1595. Annotaciones 
á los Evangelios de la Quaresma, 2 vols.. Salamanca, 1595 (I) ; ibid., 
1599 (II). — Juan Martínez de Olano, de Estella, publicó Concordia 
et nova reductio antinomianim inris communis et regii, juntamente 
con Epilogus legum septem Partitarum, quac per alias legcs posteriores 
et per desiietudinem aut contrarium usum in totum vel in partenu co- 
rrectae sunt atqiie abrogatae inveniuntur, Burgos, 1575. — Antonio 
PÉREZ, médico y cirujano real, publicó Suma y examen de cirugía, Al- 
calá, 1575; Madrid, 1604; Valencia, 1634; Madrid, 1658. Breve Tratado 
■de Peste, Madrid, 1598. — Lorenzo Pérez, boticario toledano, publicó 
Libro de Theriaca, Toledo, 1575. De medicamcntorum simplicium et 
compositorum... delectu, ibid., 1590, 1599. — Pedro Ruiz, clérigo va- 
lenciano, hijo del matemático Jerónimo Muñoz, publicó Libro de Re- 
laxes solares. Valencia, 1575. — Fray Bernardino de Sahagún, misio- 
nero franciscano en Méjico, escribió, en 1575, la Historia de las cosas 
de Nueva España, en mejicano y castellano (ms. Bibl. Hist.), publi- 
cados trozos en las Antiqnities of México, de lord Kinsborough, to- 
mos V y IV, y por Carlos María de Bustamante, en 1829 y 1830. Arte, 
diccionario y otras muchas obras en mejicano, que pueden verse en 
Nic. Antonio. — Sor María de San José (1548-1603), de Toledo, car- 
melita (1570) y discípula de Santa Teresa, fundadora con ella del 
convento de Sevilla (1575) y su Priora, defensora del padre Jerónimo 
Gracián contra las persecuciones del padre Nicolás Doria, fundó ei 
convento de Lisboa (1584) y vuelta á España, se retiró al Monasterio 



S. XVI, 1576. JUAN LATINO l3l 

de Cuerva. Su prosa es fácil, tersa y elegante; sus versos, más co- 
rrectos que los de Santa Teresa, aunque inferiores en el sentimiento 
religioso. — Fray Pedro de Valenzuela, franciscano, publicó Doctri- 
na Christiana para niños y humildes, Alcalá, 1575. 

72. Año 1576. Don Juan Coloma, conde de El da, virrey de Cer- 
deña, padre de Carlos Coloma, publicó en tercetos y 10 libros la Dé- 
cada de la pasión de N. Red. Jesii Christo con otra obra intitulada 
Cántico de su gloriosa resurrección (en octavas), Caller, 1576; Ma- 
drid, 1586. Hay poesías suyas en el Cancionero de N ajera (1554). Ala- 
báronle, Cervantes, en el Canto de Calíope; Luis Zapata, Hernández de 
Velasco y Hernando de Hozes. Consúltese A, Morel-Fatio, L'Espagne 
au xvf et au xvii" siccle, Heilbronn, 1878, págs. 496, 501, 513 y 560. — 
Fueros... de Aragón, Zaragoza, 1576, 1593, 1606, 1624, 1627, 1686. — 
Marco Antonio Arroyo, soldado, publicó Discurso sobre el acrecenta- 
miento de los Turcos, Milán, 1576. Relación del progreso de la Armada 
de la S. Liga... contra el Turco. — El doctor Burgos de Paz publicó 
Consiliorum celeberrimi consuniatissimi iurisconsulti, M'edina, 1576. — 
Maximiliano Calvi publicó Del Tractado de la hermosura y del amor, 
Milán, 1576, tres tomos en folio, delgados. Es un plagio de León Hebreo, 
aunque ordenando de otra manera los trozos, añadiendo cosas ác los 
libros De Pidchro y De amore, de Agustín Nipho Suessano. — Juan 
■Capelin escribió Invención para sacar la plata con asogue (ms.), 1576. 
— Don Juan Bautista Cardona (t 1590), valentino, obispo de Tortosa, 
•publicó De Expungendis Haereticorum propriis nomifíibus, Roma, 1576. 
De Regia S. Laurentii Bibliotheca y De Bibliothecis y De Dipthycis, 
Tarragona, 1587. — Stevan Corbera, natural de Barcelona, publicó 
Primera parte del Dechado de grandes Hazañas, donde se cuentan 
ios inmortales hechos del cauallero del Febo el Troyano, Barcelona, 
1576. Cataluña ilustrada, Ñapóles, 1578. Vida de doña María Cerve- 
ilón, Barcelona, 1629. — Esteban Daza, de Valladolid, publicó el Libro 
de miísica en cifras para Vihuela, intitulado el Parnaso, Valladolid, 
1576. — Fray Tomás de Espinosa de los Monteros, franciscano, pu- 
tílicó, compendiando á Plutarco, Heroicos hechos y vidas de Varones 
ilustres así Griegos como Romanos, resumidos en breve compendio, 
París, 1576. — ^DoN frey Pedro Gutiérrez, capellán, publicó Deffini- 
ciones de la Orden y Cavallería de Alcántara, Madrid, 1576. — Fray 
Juan Gutiérrez de la Madalena, carmelita toledano, publicó Vida 
de S. Helena, Madrid, 1576. — Juan Iban ó Ibando de Bardaxí, zara- 
gozano, doctor len Derecho y consejero de S. M. en las Chancillerías 
de Aragón, asesor ordinario de la gobernax:ión general del Reino, 
publicó Responsum pro Sabina uxore carissima in causa non medio- 
criter gravi, Zaragoza, 1576. Suma de los Fueros y Observancias del 
Reino de Aragón, Zaragoza, 1587. Commentarii in quatuor Aragonen- 
sium fororum libros, ibid., 1592. Tractatus de officio gubernationis, 
íbid., 1592. Avisos y doctrinas de príncipes (ms.). — Juan Latino 



1 32 ÉPOCA DE FELIPE II (s, XVl) 

(■•" 1573), etíope, criado de don Gonzalo ée Córdoba, duque de Sesa, 
casado con una dama granadina, gran latino, publicó De Augusta re- 
galium corporum ex variis tumidis in unum regale templum Escu- 
rwlis... epigrammatum libro dúo, Granada, 1576. Anstriados libri dúo,. 
poema latino en alabanza de don Juan de Austria. El tomo, que con- 
tiene sus poesías latinas al nacimiento de don Fernando, hijo de Fe- 
lipe II ; al papa Pío V, á don Juan de Austria y á la ciudad de Gra- 
nada, consta de 160 páginas, se imprimió en la misma ciudad y es obra 
rara y notable. — Juan Marsal publicó Tesoro de virtudes, Barcelona, 
1576. — Diego Martínez publicó Formidario de provisiones de Prelados, 
Medina, 1576, 1578. — Francisco Micón, médico catalán, publicó Alivio 
de sedientos, Barcelona, 1576. — El doctor Alonso Pérez, de Don Be- 
nito, canónigo de Plasencia, publicó Summa totius Mete orólo gicac 
factdtatis, Salamanca, 1576. Epitome in libros Metheorologicos Aris- 
totelis, Salamanca, 1576. — Francisco de Pisa (1533-1616), toledano, 
publicó In Aristotelis libros de Anima, Madrid, 1576. Manuale ad 
Sacramenta Ecclesiae ministranda, Salamanca, 1583. Estímulo de la 
devoción, Toledo, 1586. Sunima de oraciones y Exercicios spirituales, 
Toledo, 1587. Vida de S. Leocadia, ibid., 1589. Las Tablas de las ce- 
remonias y oficio Mozárabe, 1593, 1613. Descripción de la imperial 
ciudad de Toledo, ibid., 1605, 1617. Catálogo de los Santos ó Varones 
insignes de la j.* orden de S. Francisco, ibid., 1617. — Fray Nicolás 
Ramos, palentino, arzobispo de Santo Domingo, publicó Asscrtio vete- 
ris vulgatae lectionis iuxta decretum S. Concilü Tridentini, Salamanca, 
1576. — Diego Salón de Paz, burgalés, publicó Quaestionum Civiliuvi 
I.» pars, Medina, 1576. — Benito Sánchez Galindo, extremeño, publicó 
Victoria de Christo, Barcelona, 1576, en octava rima. — El doctor 
Diego Sánchez, médico en Marchena, publicó Coloquio del Sol, en 
el, qual se declaran muchas experiencias y conclusiones de Filosofía, 
Sevilla, 1576, contra la Astrología. — Fray Antonio de Solís, francis- 
cano, publicó Consuelo de los Estados, Medina. 1576. — Fray Pedro 
de Uzeda Guerrero, agustino toledano, publicó Silva lectionum super 
Apocalypsin, 1576. — Juan de Villalobos publicó Grammaticae Graecae 
Introdiictio, Salamanca, 1576. — Rodrigo Zamorano, cosmógrafo de la 
Casa de la Contratación, publicó Los Seis libros primeros de la Geome- 
tría de Euclides, Sevilla, 1576. Cronología y Repertorio de la razón 
de los Tiempos, Sevilla, 1585, 1594, 1621. Carta de marear, ibid., 1579, 
1588. Compendio del arte de navegar, Sevilla, 1581, 1582, 1586, 1588, 
1591, 1598, 1691. — Juan Zapata, natural de Guadahortuna, en el reino 
de Granada, publicó el Tratado de nuestra Fe cristiana, Lérida, 1576,. 
en verso. 

73. Año 7577. Fray Jerónimo Bermúdez, dominicü, ga- 
llego, publicó á nombre de Antonio de Sylva Primeras trage- 
dias españolas, Nise lastimosa y Nise laureada, Doña Inés de 



S. XVI, 1577. DIEGO GONZÁLEZ DURAN 1 33 

Castro y Valladares, princesa de Portugal, Madrid, 1577. La 
Nise lastimosa es traducción de la Inés de Castro, que escribió 
el portugués Antonio Ferreira (1528-1569), entre 1553 y 1567, 
con buenos trozos; la continuación española no tiene valor, esto 
es Nise Laureada. El viaje del gran duque de Alba don Feman- 
do Alvares de Toledo, desde Italia á Flanees, obra perdida. 
Hesperoida, en dísticos latinos, poema traducido en La Hes- 
perodia, panegírico al Gran Duque de Alba, con glosa, de don- 
de sacó Sedaño las noticias biográficas del autor (Pantaso, t. VI). 
Fueron realmente las primeras tragedias españolas las de Ber- 
múdez, pues las de Pérez de Oliva habían sido traducidas. 

Jerónimio Bermúdez, Nise lastimosa y Nise laureada, ed. E. de 
Ochoa, Tesoro del teatro español, París, 1838, t. I, págs. 309-348 (Co- 
lección de los mejores aut. esp., t. X) ; ed. J. J. López de Sedaño, Par- 
naso español, t. VI. Consúltese: La Barrera, Catál. del teatro esp.; 
Irallardo, II, 77. 



7 4. Año 1577- Tlorcs de varia poesía, recogidas de varios poetas 
españoles... Recopilosse en... México, 1577. La mayor parte de los 
poetas son andaluces; sólo Francisco de Terrazas nació en Méjico. 
Véase Literatura Mexicana, Francisco de Terrajas y otros poetas del 
siglo XVI, en las Mein, de la Acad. Mexicana, t. II, págs. 357-425. 
Importante antología, atribuida á Gutierre de Cetina, donde hay 690 
composiciones de 31 poetas. De Cetina, 78 poesías; de Diego Hurtado 
de Mendoza, 19; del licenciado Dueñas, 12; de Juan Vadillo, 11 ; de 
Gregorio Silvestre, seis; del maestro Acevedo, cinco; de Juan de Ma- 
lara, seis; de H'ierrera, seis; de Juan de la Cueva, 31. Véase el ms. 2.973, 
Bibl. Nacional. 

Damasio Frías, poeta vallisoletano, intervino en la controversia 
sobre las Anotaciones, de Herrera. Hay poesías suyas en Flores..., 
Méjico, 1577; en Obras de D. Diego de Mendo::a (ms. Gallardo, 
III, 239). En la biblioteca del Conde-Duque de Olivares se guardaban 
manuscritos sus Diálogos de diferentes materias. Celebráronle Jer. de 
Lomas Cantoral (Las obras de..., 1578); Espinel en Casa de la Me- 
moria; los maestros Medina y M^esa, y Cervantes, en el Canto de 
Calíope. Consúltense : N. A. Cortés, Noticias de una Corte literaria, 
1906, págs. 10 y 14; id., D. Hernando de Acuña, 1913, págs. 17 y 18; 
C. A. de la Barrera, Notas... al C. d\e Calíope, t. II, pág. 321, de las 
Obras, de Cervantes, ed. Rivadeneyra. 

Diego González Duráj^ es conocido por un soneto en Primeras 
tragedias españolas, de fray Jerónimo Bermúdez (1577), y otra poesía 
del Cancionero de López Maldonado (1586). Alabóle Cervantes en el 
Canto de Calíope (1585). • ; 



l34 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Don Juan Luis de Ribera nació en Sevilla, hacia 1530 ó 1532; su 
padre, Alonso de Ribera, natural de Ubeda y gobernador, capitán 
general y justicia mayor que fué de Chile, Padre é hijo sirvieron 
también en el Perú, y al hijo atribuye fray Antonio de Calancha, en 
su Chronica moralizada de la Orden de S, Agustín en el Peni, tales 
actos de energía en la ciudad de Chuquisaca, durante las revueltas 
que movieron los Pizarros contra el virrey Blasco Núñez de Vela, 
que mereció por ellos aquella población el título de leal que le otorgó 
Felipe 11. Gutierre de Cetina copió un soneto suyo en Méjico, 1577. 
F'ero después de peregrinar por todas las Indias remitió, ya decrépito,- 
desde el Potosí (161 1) á su hermana sor Constanza María de Ribera, 
monja de la Concepción, para que se publicasen en Sevilla, sus Sagradas- 
poesías, Sevilla, 1612; esto íes, 107 sonetos, seis canciones, seis elegías 
en tercetos, etc., todos versos inspirados en espíritu místico, de gran 
pompa y boato, pero de oro macizo, castizo y elegantemente clásico, 

Diego de Mendoza de Barros, capitán y poeta, del que hay dos 
composiciones en Flores, de Espinosa (1605), y un soneto en los Diá- 
logos, de Lorenzo Suárez (1577), fué alabado por Cervantes en el 
Canto de Calíope, si á él alude cuando dice : "Un Diego se me viene 
á la memoria, | que de Mendoza es cierto que se llama, | digno que 
sólo del se hiziera historia | tal, que llegara allí donde su fama. [ Su 
sciencia y su virtud es tan notoria..." 

Año 1577. Don Juan de Barahona y Padilla, natural de Jerez de 
la Frontera, tradujo del ital., de Al. Picolomini, la Institución de toda 
la vida del hombre noble, en la cual, peripatética y platónicamente' 
acerca de la Etica, Económica y parte de la Política, está recopilada la 
suma de cuanto prácticamente puede concurrir en hacella dichosa y 
perfecta. Comptísola en lengua toscana Alejandro Picolomini, caba- 
llero de Senes, Sevilla, 1577. Una canción suya, en el padre Roa,. 
5". Honorio, Eutiquio, etc., pág. 50. — Miguel Berenguer, zaragozano, 
publicó De numerorum antiquorum notis. De potestatc literarum, De- 
Calendis et arte computi, Zaragoza, 1577. Poesías en la muerte de 
la reina D. Ana de Austria, Zaragoza, 1581. De anni ratione seu com- 
puti ecclesiastici, Huesca, 1586. /;; Ant. Nebrissensis prosodiam scho- 
lia, Zaragoza, 1581, 1587. — Don Francisco Blanco (t 1581), de Ca- 
pillas, magistral de Falencia, publicó Suma de Doctrina Christiana, 
Zaragoza, 1577. Advertencias para que los curas exerciten mejor sus 
cf icios, ibid., 1577. — Pedro Cornejo, presbítero, publicó Sumario de 
las Guerras civiles y causas de la rebelión de Fland.es, Lyon, 1577. 
Compendio y breve relación de la liga y confederación Francesa..., 
París, 1590; Bruselas, 1591; Madrid, 1592. Discurso y breve relación 
de lo acontecido en el cerco de París..., París, 1590; ibid., 1590 (París) ; 
Bruselas, 1591 (con el libro anterior); Servilla, 1591; Madrid, 1592- 
(con el anter.). — Instrucción para la observación del Eclypse de Luna...^ 
Madrid, 1577. — Bernardino de Escalante, soldado y luego sacerdote, 
comisario de la Inquisición en Galicia y beneficiado de Laredo, pu- 



S. XVI, 1577. BARTOLOMÉ DE VILLALBA 1 35 

blicó el Discurso de la navegación que los Portugueses hacen á los rei- 
nos y provincias del Oriente y de la noticia que se tiene de las grande- 
zas del Reino de la China, Sevilla, 1577. Diálogos del Arte Militar, 
Sevilla, 1583; Bruselas, 1595; Amberes, 1604. — Jerónimo Gudiel, mé- 
dico de Alcalá, publicó Compendio de algunas Historias de España... 
se da noticia de la antigua familia de los Girones..., Akalá, I577- 
— Alonso de Jubera, médico de Ocón, publicó Dechado y Reforma- 
ción de todas las medicinas, Valladolid, 1677. De las Medicinas sim- 
ples. — Fray Bartolomé de Medina (t 1580?), dominico de Medina 
de Rioseco, catedrático de Prima en Salamanca, fallecido de cin- 
cuenta y tres años, publicó Breve Instrucción de cómo se ha de ad- 
ministrar el Sacramento de la Penitencia, Salamanca, 1577; Zarago- 
za, 1579; Salamanca, 1580, 1583; Zaragoza, 1583; Toledo, 1585; Sa- 
lamanca, 1585; Zaragoza, 1587; Akalá, 1589, 1593; Venecia, 1600. 
In Primam Secundae D. Thomae, Salamanca, 1577, 1582 ; Bérgamo, 
1586; Zaragoza, 1587; Salamanca, 1588; Venecia, 1590. In ^."mD. Tho- 
mae, Salamanca, 1578; Venecia, 1582; Salamanca, 1584, 1596. — Las 
obras de Ovidio, Huesca, 1577. Las metamorfosis ó transformaciones, 
Toledo, 1577. — Luis Pegnera, de Manresa, publicó Repetitio in Cap. III 
incipiens ítem nc siiper..., Barcelona, 1577. Quaestion.es Criminales in 
actu practico frequentiores in Barcinonensi regio Concilio criminali, 
Barcelona, 1585. Decisiones Cataloniae Senatns, 2 vols., ibid., 1605. 
Práctica de celebrar Cortes en Cataluña, ibid., 1632. Praxis Criminalis 
et Civilis, ibid., 1649. — El doctor Jl'an Pérez de Nueros, natural 
de Huesca y vecino de Calatayud, escribió, hacia 1577, la impor- 
tante obra Sumaria noticia del reino de Aragón (mss. Bibl. Nac. 
H 98 y G 154). De las cosas memorables del reino de Aragón (Dor- 
mer. Progresos..., pág. 318). Historia de Calatayud (ms. bibl. Marqués 
de la Romana). Apuntamientos históricos para escribir la historia de... 
Calatayud (Acad. Hist., Colecc. Traggia, t. IV). — Fray Bartolomé 
PoNCE DE León (t 1582), cisterciense (1551) aragonés, abad (1591) del 
monasterio de N. S.^ de S. Fe, á 12 kilóm'etros de Zaragoza, publicó 
Puerta real de la inexcusable muerte, Zaragoza., 1577; Caller, 1584; Sa- 
lamanca, 1596, en siete diálogos y algunos versos. Primera parte de la 
Clara Diana á lo divino, Epila, 1580 ; Zaragoza, 1581, 1582, 1599. — Pe- 
dro Ruiz Alcoholado, toledano, publicó Calendarium perpetuum Bre- 
viarii Ronian'i, Toledo, 1577; Roma, 1593. — Fray Esteban de Salazar 
(t 1596), agustino granadino, publicó los elocuentes Discursos sobre el 
Credo, Granada, 1577; Lyon, 1584; Sevilla, 1586; Alcalá, 1591; Barcelo- 
na, 1591. Genealogia Jesu Christi sec. Matthaeum, Lyon, 1584. — Fran- 
cisco de Salinas, burgalés, ciego de diez años y catedrático de Música 
en la Universidad de Salamanca, publicó el sabio tratado De Música li- 
bri septem, Salmanticae, 1577, 1592. — Jerónimo Sánchez publicó In 
Consilia diversorum, Venecia, 1577. — ^Lorenzo Suárez de Chaves, veci- 
no de Mérida, publicó Diálogos de varias questiones en Diálogos y me- 
tro Castellano, Alcalá, 1577. — Bartolomé de Villalba y Estaña, valen- 



1 36 ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

cano, doncel vecino de Xérica, acabó de escribir El Pelcgrino curioso 
y Grandeza de España, 2 vols., Madrid, 1886 y 1889. (Biblióf. Españ.) 
En 20 libros, dividos en tres partes, en prosa y verso; de ellos sólo se 
conservan los ocho primeros. Está dedicado al príncipe de Piamonte, 
Carlos Manuel (1562-1630), hijo primogénito y heredero del duque de 
Saboya, Manuel Filiberto, que murió en 1580. El autor dice que 
,;.-abó esta primera parte conocida el año 1577. Está en ella la Veri- 
sima relación de los Amantes de Teruel. — Fray Diego de Zúñiga, 
agustino, publicó In omnes sui temporis Heréticos, Salamanca, 1577. 
In Zachariam Prophetam commenfaria, ibid., 1577. Commentaria in 
libriim Job, Toledo, 1584. Philosophiae... qíta... Metaphysica, Dialé- 
ctica, Rhetorica et Physica declaranfur, Toledo, 1597/ Véase acerca de 
él un estudio de fray Marcelino Gutiérrez, en La Ciudad de Dios. 

75. Año 1578. Pedro Liñán de Riaza C*" 1607) nació en 
Calatayud ó en Toledo, hijo de Roque de Liñán y de Águeda 
de Riaza; estudió cánones (i 582-1 584) en Salamanca, fué go- 
bernador d'cl condado de Gálvez en Madrid (1589), después 
secretario del Marqués de Caniarasa, virrey de Aragón; tenía 
en Aragón deudos y hacienda heredada, tuvo amores en Valla- 
dolid, había estado viviendo en Plasencia y probablemente le 
coronaron como á poeta en Salamanca, residió además en Za- 
ragoza, Alcalá, Madrid, Granada, Toledo, y murió en Madrid. 
Su nombre poétiico era Riselo. Liñán fué poeta fecimdo y lau- 
reado, cuyas obras, que comenzó á componer desde estudiante, 
corrieron anónimas en los Romanceros y otros libros, y aun se 
atribuyeron á varios autores. Como el delicioso romance, Assi 
Riselo cantaba, que corrió como de Góngora. Es poeta español 
de pura cepa, ctianto á la inspiración y los metros; gusta del 
romance y versos cortos y los maneja con maestría y delicadeza 
tal, que ni Góngora le lleva ventaja. Acaso no haya poeta lírico 
español que más se allegue al lirismo popular en la delicadeza, 
naturalidad, realismo, color y concisión. 

7 6. En 1601 se publicó La Vida del Picaro compuesta por ga- 
llardo estilo en tercia rima, por el dichosíssimo y bienafortunado Ca- 
pitán Longares de Ángulo, Regidor perpetuo de la hermandad Picaril 
£n la ciudad de Mira de la Provincia del Ocio : sacada á luz por el 
mesmo Atitor, á petición de los cortesanos de dicha ciudad. Van al fin 
las ordenanzas picariles por el mesmo Autor, Valencia; París, 1827, 
con el Lazarillo; Madrid, 1831, con el mismo; Zaragoza, 1876, con las 
Rimas, die Liñán. Su autor, según unos, el capitán Longares; según 
otros, Liñán; segijn éstos, Lupercio Leonardo de Argensola; según 



S. XVI, 1578. PEDRO LIÑÁN DE RIAZA iSy 

aquéllos, Diego Hurtado de Mendoza. Consúltese Revuc Hisp., 1902, 
donde la editó y estudió Bonilla. Con el mismo seudónimo de Capitán 
.llamado Longares de Sentlom y de Gorgas se publicó El Venturoso 
■descubrimiento de las ínsulas de la nueva y fértil tierra de Xauxa, 
1616. Sin duda quiso imitar á Liñán, porque Liñán es, á no dudar, el 
autor de dicha Vida. Salas Barbadillo, en el Cavallero puntual (1616, 
fol. 45 vto.), atribuye, efectivamente á Liñán uno de los tercetos de 
la Vida del picaro. 

En Calatayud, dice Latassa, "es ilustre el blasón de la faja roja 
en campo de oro ée los caballeros de este linaje". Por de Calatayud 
le tienen Cervantes y Gracián. Lope duda, acaso porque sus padres 
fueron á vivir lá Toledo, asi en la Filomena, 2.* pte. : "O tú, Pedro 
Liñán, que injustamente | quiere el Ebro usurparte, | como Calabria á 
Títiro divino, | preciado de tu origen para darte | lo que de ti 
recibe: | pero responde el Tajo cristalino, | que por tus versos vive, ¡ 
y que te vio nacer desde sus ruedas | donde devana 'eternamente plata." 
En 1596 otorgó Liñán una carta de pago como "residente en la Corte, 
en nombre de Águeda de Riaza, viuda, mujer que fué de Roque de 
Liñán, difunto; mis padres, vezinos de Toledo" (Archivo de protocolos 
de Madrid, registro de Pedro de Prado, 1596). Sobre sus matrículas 
en Salamanca, doña Blanca de los Ríos, España Moderna, 1897. Que 
fué secretario de dicho Marqués, hacia 1599, en Pedro de Torres, 
Libro... de las Bubas, Madrid, 1600. La partida de sepelio, del año 1607, 
€n P. Pastor. Además de las Rimas, Zaragoza, 1876, hay 20 poesías 
incluidas por fray Pedro González de Mendoza, arzobispo de Granada, 
^en la Historia del Monte Celia, Granada, 1616; dos sonetos para 
Las fiestas que hizo en Salamanca el muy il. señor Nieto Mejía..., 
Salamanca, 1578; una canción en el Cancionero de López Maldonado, 
Madrid, 1586; un soneto en las Grandezas de la Virgen, de Pedro de 
Padilla, Madrid, 1587; tercetos en el libro citado de Torres; un soneto 
en Ja Milicia y Descripción de las Indias, de D. Bern. de Vargas 
Machuca, Madrid, 1599, y otro en la Vida de S. Antonio, de fray 
Ant. de S. María, Salamanca, 1588; además dos sonetos en Flores de 
poetas (1605) ; cuatro composiciones en el Trimegistus, de Jiménez 
Patón (1621) ; La Noche, en coplas castellanas; Sátira contra el amor, 
en versos cortos; dos en un Romance de Riselo, y llama "aliñado" al 
cue imita á Liñán. El romance impreso como de Góngora: "Así Riselo 
cantaba | en su rabel de tres cuerdas", lo atribuye Patón á Liñán: 
"Esto cantaba Riselo | en su rabel de tres cuerdas." En un tomito de 
la Bibl. Ambrosiana, de varios cuadernos de romances impresos en 
Valencia de 1589 á 1594, el ii.°, titulado Cuatro cuadernos de varios 
romances, Valencia, 1592, contiene Un juego de Toros, de Liñán. Los 
lomances en que interviene Riselo, que son muchos y de notable mérito 
en el Romancero general, etc., son muchos de Liñán, que poéticamente 
se llamaba Riselo. Un romance, en el Cancionero de la Bibl. Nac, 
•mss. 2.856. Lope, Jerus. conquistada (1608 el privilegio) : "Aquí formó 



1 38 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Liñán la soberana ¡ miúska en ciertos números poesía, | cual nunca asi 
cantó cítara humana, | y al cielo trasladó su melodía." Galaica (1584) : 
"El sacro Ibero de dorado acanto | de siempre verde yedra y blanca 
oliva, \ su frente adorna, y en alegre canto | su gloria y fama para 
siempre viva, | pues su antiguo valor ensalza tanto, | que al fértil Nilo 
de su nombre priva I de Pedro Liñán la sutil pluma | de todo el 
bien de Apolo cifra y suma"; por donde se ve que Cervantes le tenía 
por aragonés. Cristóbal de Mesa, Rcstaur. de Esp., 1. X (1607) : "Liñán,. 
á quien no daña el tiempo ingrato." Iguatoente le elogiaron Espinel en 
Diversas rimas, Madrid, 1591, canto 2.° de La Casa de la Memoria^ 
Lope, en el Jardín, ep. á Rio ja, 8.^ de la Filomena (1621), en el Lau- 
rel (s. 4); Quevedo, Buscón (1626) ; Gracián, Arte: "Realzó lo senten- 
cioso con lo ingenioso nuestro insigne bilbilitano Pedro de Liñán, en- 
todas sus obras juicioso, por no desmentir lo de poeta aragonés; y 
entre más de cien epigramas, todos selectos y conceptuosos, cantó- 
así á un desengaño." Barbadillo, en fin, le cita á la par de Cervantes, 
en las Coronas del Parnaso. Ustarroz le alaba en su Aganipe de inge- 
nios aragoneses. Quedaron inéditas la mayor parte de sus poesías. So- 
bre sus obras dramáticas, véase la carta de Lope al Duque de Sesa: 
"Liñán hizo algunas, y yo las vi: del Cid eran dos: tma de la 
Crua de Oviedo, y otra que llamaban La Escolástica; de Brabonel 
también, y de un Conde de Castilla; no sé que escribiese otras." El 
poeta que Dios perdone, del Quijote (2. 18) fué Liñán, que dirigió un 
soneto á Rufo, con nombre de Juan Bautista de Vivar, donde está 
la frase que allí se cita: "Yo, Juan Bautista de Vivar, poeta [ por la 
gracia de Ascanio solamente, | saltavanco mayor de todo Oriente, | lau- 
reado por Chipre y por Gaeta.'' 

Pedro Liñán de Riaza, Rimas... en gran parte inéditas, y ahora 
por primera ves coleccionadas y publicadas, etc., en Biblioteca de es- 
critores aragoneses, t. I, Zaragoza, 1876; E. Mek y A. Bonilla, El 
Cancionero de Mathias Duque de Estrada, en Rev. de Archivos, Ma- 
drid, 1902; ídem id., Dos Cancioneros españoles, Madrid, 1904, pá- 
ginas 8, 10 v 11; E. IMele, Rimes incditcs, Burdeos, 1901 (tirada aparte 
del Bulletin Hispanique) ; vas. 3.795-97 de la Bibl. Nac. de Madrid; 
Red. Schevil y A. Bonilla, La Calatea, Madrid, 1914, t. II, pág. 320; 
Vida del Picaro, ed. Bonilla, París, 1902. Consúltense : C. Pérez Pastor, 
Bibliografía Madrileña, parte III, págs. 412-413; Rodr. Marín, Pedro 
Espinosa, I, pág. 171; Adolfo Bonilla, Anales, 1904, págs. 103-113. 

77. Año 1578. El capitán Francisco de Aldana (> 1578), 
general de la artillería en Flandes y !Milán. alcaide de San 
Sebastián, murió en la jornada de Alcazárquivir, donde era 
Maestre de campo general del Rey de Portugal. Sus Obras fue- 
ron publicadas por su hermano Cosme, la primera parte en Mi- 
lán, 1589?, 1593; la segunda parte en Madrid, 1591. Su nom- 



S. XVI, 1578. DON FRANCISCO DE LA CUEVA iSg 

bre poético era Aldino. Cervantes, en la Adjunta, le pone con: 
Garcilaso, Figueroa y Herrera, entre los poetas que han alcan- 
zado el renombre de divinos, y en la Galatca (1. ó), le califica 
de "celebrado". Es de los que siguieron la escuela italiana. Per- 
dió en la guerra otras muchas obras, c[ue pueden verse en Ga- 
llardo y en las Obras. 

78. Francisco de Aldana publicó Historia del Génesis. Parteiúo^ 
y Nise. Angélica y Medoro. Estas obras atribuye al autor don Nicolás 
Antonio, y Brunet las cita asi: "Todas las obras que hasta agora se 
han podido hallar del capitán Francisco de Aldana... agora nueva- 
mente puestas en luc por Cosme de Aldana, su hermano." P. Madri- 
gal, 1591, dos tomos, 8.° G>nfiesa el mismo Brunet que de este libre. 
raro no ha visto más que la primera parte, de 1593, y la segunda, de 
1591 ; pero cree que debe haber de la primera parte una edición de- 
1589 ó 1590, porque la dedicatoria de la misma tiene la feoha 21 de 
Junio de 1589. En efecto, la primera edición se hizo en Milán por 
Pablo Gotardo Poncio, 1589, 8." Consúltense, sobre Aldana: Gallardo,. 
Biblioteca, I, 123...; Salva, Catálogo, I, pág. 180. Hay un soneto suyo 
en la Primera parte de Cortés valeroso y Mexicana, de Gabriel Lasso 
de la Vega, Madrid, 1588. 

7 9. Año 1578. Don Martín de Bolea y Castro, aragonés, conde- 
de las Almunias, publicó Las Lágrimas de S. Pedro en octava rima,. 
Lérida, 1578; de Le lagrime de S. Pietro, de Luis Tansilo. Orlando- 
determinado, poema original, Zaragoza, 1578; Lérida, 1578; Zaragoza^. 
1588: es continuación del Orlando innamorato, de Boyardo. Nic. An- 
tonio y Latassa le atribuyen además un Orlando enamorado, Lérida.. 
1578, que no es más que el Orlando determinado. Además tradujo del' 
latín, de Juan de Parvo, los viajes de Marco Polo, con título de His- 
toria de las grandezas y cosas maravillosas de las provincias Orien- 
tales, Zaragoza, 1601, 1605. 

Don Francisco de la Cueva y Silva (i55o?-i627?) escribió ens 
1578 la Tragedia de Narciso, editada en Philadelphia, 1909, por- 
J. P. Wickersham Crawford, una de las mejores obras dramáticas de! 
sigilo XVI. Hay versos suyos en Las fiestas que hizo en Salamanca el 
muy ilustre Sr. Nieto Mejia (Salamanca, 1578); en el Luzero de la- 
Tierra Sancta (ValladoHd, 1587), de Pedro de Escobar Cabeza de Vaca;- 
en las Flores, de Espinosa, i." pte. ; en la Agudeza, de Gracián (disc. 4).. 
Consúltense, además de Crawford: C. Pérez Pastor, Bibliogr. Madri- 
leña, II, 138; III, 10 y 366; Gallardo, Bibl, II, col. 274; M. Serrano 
y Sanz, Bibliot. de escritoras esp., I, 300; E. Melé y A. Bonilla, Poe- 
sías antiguas castellanas, Madrid, 1907 (Ateneo, pág. 21). Parece es el 
que alabó Oervantes en el Canto de Caliope; á lo menos alabáronle ■ 



«40 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Lope, en el Laurel, la Dorotea y otros lugares; Agustín de Rojas, en el 
Viaje, etc., etc. 

Jerónimo de Lomas Cantoral, poeta vallisoletano, pubHcó sus 
-Obras Poéticas, Madrid, 1578. Entre ellas Las Piscatorias de Luis 
Tansilo traducidas. Amores y muerte de Adonis. Sonetos, Canciones... 
Alabóle Cervantes en el Canto de Calíope y fué imitador de ios clásicos 
é italianos y muy desdeñoso de los demás. Hay un soneto suyo en Arte 
de Música, de Montanos (1592). 

Pedro Láinez (t 1584), por seudónimo Tirsi, a'caíaíno (de 1545 
¿ 1550?); floreció de 1578 á 1585, años en que se hallan algunas obras 
suyas en libros de otros, como en las Obras de música de tecla..., de 
A. Cabezón, Madrid, 1578, un soneto; un prólogo y un soneto en Los 
Lusiadas, de Camoens, Alcalá, 1580; otro soneto en El Tesoro de poe- 
sía, de P. Padilla, 1580, cuyas obras aprobó el año siguiente, impresas en 
1582, y otra poesía en el Jardín espiritual, 1585, del mismo Padilla; 
poco después debió de morir, pues ya no se ¡hallan versos Suyos. Sus 
poesías están inéditas en la Bibl. Nac. de París (N. 598, Esp. 314 y 371). 
Fué hijo de Bernardino de Ugarte, aposentador mayor de Paüacio. y de 
Isabel de Saravia ; tuvo el cargo de ayuda de cámara del príncipe don 
"Carlos, y se casó en 1581 con Juana Mozárabe (Juana Gaytán). Ala- 
báronle Cervantes, en el Canto de Calíope (al fin), y Lope, en el Lau- 
rel (s. IV). En 1605, cuando la muerte de Ezpeleta en Valladolid, vivía 
en la casa nueva deil Rastro, donde moraba Cervantes, doña Juana 
Gaytán, viuda de Laynez, la cual declaró que el duque de Pastrana 
(Ruy Gómez de Silva y Mendoza) la visitaba "por razón de dos libros 
que tiene dirigidos al dicho Duque, de las obras del dicho Pedro Láinez, 
su marido" (Pérez Pastor, Doc. Cerv., II, 529) ; falleció dicha señora 
en 1637. 

Juan Bautista de Loyola, comediante célebre toledano, autor de 
aína comedia hoy perdida, y alabado por Agustín de Rojas, publicó 
Viaje y naufragios del Macedonio, de Loyola, Salamanca, 1578, 1587. 

El DOCTOR Pedro Sanz de Soria, nacido en Olmedo, fué catedrático 
de Prima de Aledicina en Valladolid (1592), alabáronle Medina y 
Mesa en Primera y seg. parte de las cosas notables de España (1595) ; 
Lomas Cantoral, en Obras---; Gil González, en el Teatro ecl.; Lope, 
en El Peregrino (1. IV, fol. 178, de 1605), y Cervantes, en el Canto 
de Calíope. Hay versos suyos en Descripción de... la Custodia..., de 
Arfe (1587) ; en Práctica... de Cirugía, de Daza Oíacón (1584) ; en las 
Obras, de Lomas (1578). Aprobó el Clypcus puerorum, de Crist. Pérez 
(1604). Consúltese: N. A. Cortés. Noticias de una Corte liter., pág. loi ; 
id., D. Hern. Acuña, pág. 16. 

80. Año 1578. Christóbal Acosta ó da Costa, médico y ciruja- 
no portugués, que lejercía en Burgos, llamado el Africano, por ser na- 
tural de las posesiones portuguesas de África, viajó mucho por Oriente, 
y á su vuelta publicó Tractado de las Drogas y medicinas de las Indias 



S. XVI, 1578. EDUARDO LÓPEZ l^l 

Orientales, con sus Plantas debuxadas al bivo, Burgos, 1578, 158^,., 

1592. Tradújo'o al latín Carolus Clusius: Exoticorum, Amberes, 1582,- 

1593. Tratado en loor de las mugeres y de la Castidad, Onestidad, Cons- 
tancia, Silencio y Justicia, Venecia, 1592. Tratado en contra y pro de 
la vida solitaria. Con otros dos tratados, uno de la Religión y Religioso, 
otro contra los hombres que mal viven, Venecia, 1592. El título del último 
tratado es Collación de los mohatreros y usureros aparceros, tratantes 
y seducadores. Del Amor divino, del natural y humano y de lo que de- 
bemos á los animales. Tres Diálogos Theriacales. Discurso del Viage 
de las Indias Orientales. Consúltese: Joaquín Olmedilla y Puig, Estu- 
dio histórico de la vida y escritos de... C. Acosta, Madrid, 1899.» — 
Diego de Aguilar y Córdoba acabó en 1578 su poema El Marañan 
(véase Picado, año 1585). Un soneto suyo hay en Los Lusiadas, de 
Garcés. Alabóle Cervantes en el Canto de Calíope. Vivía en Huanuco 
y poseyó una mina de plata cerca de Lima, según cuenta Dávalos 
en la Miscelánea (1602, f. 165). — Jácome Blanco, piamontés, publicó 
Nueva invención de guarismo..., Madrid, 1578. — Miguel de Aniñón, 
zaragozano, nacido en 1528, publicó De Unitate ovilis et Pastoris, Za- 
ragoza, 1578; Venecia, 1584; Roma, 1598. De laudibus Caesaraugustae, 
poema á la Iglesia de Cristo, en verso; al final, ^en los 30 últimos dís- 
ticos, canta á Zaragoza ; pero es de la misma obra anterior y no aparte, 
como Latassa escribió. Commentaria in Tit. Institutionis de Actionibus, 
Zaragoza, 1578. — Antonio de Cabezón (t 1566), músico de la cámara y 
capilla del rey don Philippe, publicó Obras de música para tecla, arpa y 
vihuela, Madrid, 1578. — Fray Alonso de Casarrubios, capuchino tole- 
dano, publicó Compendium Privikgiorum Fratrum Minormn aliorumque 
Mendicaniíum et non Mendicantium, París, 1578. — Jerónimo de Corte- 
real (í 1593), portugués, publicó en verso libre y 15 cantos, la Felicísi- 
ma Victoria concedida del cielo al Sr. D. Juan d' Austria en el golfo de 
Lepanto..., Lisboa, 1578. Otros dos poemas escribió en portugués, tra- 
ducidos por Pedro de Padilla (1597) y Francisco de Contreras (1624). — 
Fray Raymundo de Echequiar publicó El Héroe Christiano y la victoria 
más dura, Trofeos de Don Juan d'Autsria, Romances, Milán, 1578. — Ro- 
drigo DE Espinosa de Santayana publicó Arte de Retórica, Madrid, 
1578. — Don Francisco Fernández Raxo y Gómez, de Orihuela, publicó 
De Cometis et prodigiosis eorum portentis, Madrid, 1578. — Flor de ro- 
mances y Glosas, Canciones y Villancicos, Zaragoza, 1578. — ^Juan Gar- 
cía de Saavedra, tudense, publicó De expensis et meliorationibus, Al- • 
cala, 1578. De Hispaniarum nobilitate et exemptione, ibid., 1597. Y 
otras obras. — 'Juan de Garnica, de Huesca, publicó Explicación de las 
Bulas de Cruzada, Difuntos y composición, Madrid, 1578. — Jerónimo 
XiMÉNEZ, médico zaragozano, publicó Institutionum Medicarum li- 
bri IV, Epila, 1578; Toledo, 1583; Epila, 1596. Hippocratis de natura 
liber, Zaragoza, 1589. — Eduardo López escribió en portugués, en 1578, 
la Relación de la navegación al África, Congo, Matamana, Sofala, 
Preste-Juan y sus confines: donde trata del Nilo y su origen, tradújose 



142 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

• en parte al italiano por F. Pigaffeta, Roma (sin a.j, y al latín, por 
Agustín Casiodoro, Francfort, 1598, y por Teodoro Beg, y al flamenco 
'(1650, 1658). — Fray Diego Mas (t 1608), dominico valenciano, de Vi- 
IJarreal, profesor de Filosofía tomística en Valencia, publicó De Ente 
.et proprietatibus chis, Valencia, 1578. Commentaria in Arist. Dialecti- 
cam. Valencia, 1592; Colonia, 1618. Vida de S. Jacinto, Valencia, 1594. 
Commentaria in nniversam Philosophiam Aristotelis, Valencia, 1599; 
Colonia, 1610, etc. Tratado de la ermita de S. Vicente Ferrer de la 
villa de Alcora, reino de Valencia, Valencia, 1605. — Juan de Mendaño, 
estudiante salmantino, publicó Primera parte de la Sylna de varios Ro- 
mances... de hystorias nueuas, Granada, 1578; Cádiz, 1646. Segunda 
parte, ibid., 1578. No se confunda esta Sylva con la de Zaragoza de 
1550. — Juan Mohedano^ cordobés, pi;blicó Decisiones Rotac Romanae, 
Bolonia, 1578, El licenciado Alonso de Morales Salado, poeta, de 
quien hay un soneto en Obras de Música, de A. Cabezón (1578), y en 
Methodo de... medicinas, de L. Oviedo (1581), fué citado por Cervantes 
en el Canto de Calíope (1585) : "de los ingenios más cabales". — Fray 
Juan de Ocariz, Jerónimo, tradujo del ital. Ceremonial y Rúbricas ge- 
nerales del Misal Romano, Pamplona, 1578. — Diego Ordóñez, capellán 
de la Reina de Francia, tradujo del francés Consolación Evangélica 
para vivos y difuntos, Toledo, 1578. — Fray Francisco Ortiz Arias, 
franciscano, publicó Los Mysterios de la sacrosanta Pasión, Alcatá, 
1578. Del Remedio contra el Pecado, Madrid, 1603. — Don Francisco 
Peña, de Villarroya en Aragón, canónigo en Zaragoza y obispo de 
Albarracín, publicó In Directorium Inquisitorum, Roma, 1578. In Ani- 
hrosii de Vignate de Haeresi y In Paiili Grillandi de Haereticis, Roma, 
1581. In Bernardi Comensis Lucernam Inquisitorum et De Strigibus, 
Ibid., 1584. De Vita, miraculis et actis C anonizationis S. Didaci, 
ibid., 1589. Vita S. Raymundi de Pennaforte, ibid., 1601, en castellano 
se puso en Córdoba. Vita S. Caroli Borromaei, traducida en romance, 
Sevilla, 1609. D,e temporali Regno Christi, 161 1. Instructio seii Praxis 
Inquisitorum, 1655. — Juan de Rivero escribió Libro primero de la Ar- 
chitectiira de Andrea Palladio. León, 1578 (ms. Bibl. Nac). — Diego Ro- 
dríguez DE Alvarado, segoviano, publicó De conjecturata mente de- 
functi ad methodtint redigenda, Sevilla, 1578. — ^Juan Rollan publicó 
Tratado de las declaraciones y añadido el juicio del cometa, Sevilla, 1578. 

— Las fiestas que hizo en Salamanca el muy ilustre Sr. Nieto Megía, 
Salamanca, 1578. — Juan Basilio Santoro, de Calahorra, publicó Prado 

• espiritual, de Sophronio patriar cha de Hierusalem. Traduzido de griego, 
Zaragoza, 1578; Madrid, 1607; Valladolid, 1614; Lérida, 1617. Flos 

.Sanctorum ó Vidas de los Santos, Zaragoza, 1578; Bilbao, 1580, 1585, 
1604; Valladolid, 1614. Discurso de los cinco lugares donde van las 
almas. Pamplona, 1586. Discursos varios. Logroño, 1590, 1597. Vidas 
de Santos del Nuevo Testamento. Quarta Parte, Madrid, i6i3¡. — 'El 
bachiller Juan de Valverde Arrieta publicó los Diálogos de la fer- 

.iilidad y abundancia de España, Madrid, 1578, 1620. Dcsperfa-dor que 



S. XVI, 1579. JUAN DE LA CUEVA 143 

'¿rata de la gran fertilidad, riquezas, baratos, armas y caballos que 
España solía tener, Madrid, 1581. — Pedro de Vega publicó Horatius 
Flaccus Venusinus de Arte Poética, 1578. 



81. Año 1579. Juan de la Cueva de Garoza ó de las 
Cuevas (i550?-i6o9?), nació y vivió de ordinario en Sevilla, 
estuvo en Méjico con su hermano el inquisidor D. Claudio, á 
quien se habia dado el arcedianato de Guadalajara; en Sevilla, 
donde sucedió en la lección de su estudio a su mae9tro Mal-Lara 
-al morir éste en 1571 ; en Cuenca, adonde fué á ver á su her- 
mano y donde suscribió su Ejemplar poético en 1606; y. iJnal- 
mente en Canarias. Fué discípulo de Mal-Lara; díjo&e largos 
años enamorado de Felipa de la Paz, á quien cantó con el nom- 
bre de Felicia; tuvo alguna aventura con Brígida Lucia de Bel- 
monte, á quien conoció en casa de Argote de Molina ; vivió 
sieoTupre pobre, y no sabemos ya más de él desde 1609, ^" ^[ue fir- 
mó una nueva copia del Ejemplar poético. Escribió y publicó la 
Primera (y única) Parte de las Comedias de Juan de la Cueva, 
Sevilla, 1580. Segunda edición: Primera parte de las comedias 
y tragedias de Joan de la Cueva. Dirigidas a Momo. Van aña- 
didos en esta segunda impressión, en las Camedias y Tragedias 
Argumentos, y en todas las Jornadas. Enmendados muchos ye- 
rros y faltas de la primera Impresión, Sevilla, 1588. Obras de 
Juan de la Cueva, Sevilla, 1582. "El argumento desta obra 
por la mayor parte es erótico ó amatorio", en tres partes: 
i/, lio sonetos, 18 canciones, 12 elegías; 2/, églogas; 3.*, 
IJanto de Venus en la muerte de Adonis, en octavas. Oficina 
de Juan Ravisio Textor, Tradu::.ida de Lengua Latina en Es- 
pañola, Por Juan de la Cueva i Añedida de Muchas otras Cosas. 
1382, ms. (Gallardo). Coro febeo de romcmces historiales, Se- 
villa, 1588. Son 10 libros con cien romances dirigidos á sendas 
Musas; pero, como ya dijo Gallardo, de invención, metro, len- 
guaje, todo detestable ; los períodos interminables, los asonantes 
•comunísimos, los versos llenos de hiatos y contracciones vio- 
lentas. "La lectura de estos romances historiales me excita una 
observación. Repasando todos los de este género, compuesto» 
desde el siglo xv acá, como, v. gr.. los de Sayago, Sepúlved'a, 
Padilla, Montiemayor, Gabriel Laso, etc., noto que son prosai- 
cos, flojos y sin colorido. Yo creo que quisieron remedar la 



144 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

llaneza de los romances viejos, y no acerta^ron sino a poner, en 
lugar de la sencillez, la rustiquez y rudeza." Es juicio puntual. 
La segunda parte de este Coro febeo no se imprimió; pero la 
poseyó Nicolás Antonio. Conquista de la Betica, poema heroi- 
co de J. de la C, en que se canta la restauración y libertad de 
Sevilla, por el S. Rey D. Fernando, Sevilla, 1603, en 25 libros, 
excelente poema heroico de asunto nacional, aunque le falta 
animación y movimiento y tenga otros defectos. De las rimas 
de Juan de la Cueva, primera parte, ms. original, firmado del 
autor (Gallardo): es el libro Obras, 1582; pero con adiciones, 
154 sonetos más. Segunda parte de las obras de Juan de la 
Cueva. A ¡lo 1604; ms. (Gallardo), que contiene siete églogas. 
Amores de Marte y Venus, Llanto de Venus, Historia de la 
Cueva, Viaje de Sannío (dedicatoria fechada en 1585), Ejem- 
plar poético. De los inventores de las cosas, La Mnracinda, Ba- 
talla de ranas y ratones, traducida del latín, Farmaceutria. 
Juan de la Cueva fué hombre que vio y enseñó teóricamente 
lo que debiera ser la literatura castellana; pero que no tuvo 
talento bastante para enseñarlo prácticamente con sus obras. 
Amohinado, y con razón de los fríos y extraños asuntos de los 
clasicistas, y hallando cansada cosa las comedias hasta entonces, 
escritas, tanto las clásicas como las españolas, proclamó que de- 
bían de ponerse en escena hechos de carácter nacional, la inge- 
niosa fábula d'España, en lugar de andar repitiendo fábulas 
griegas, latinas ó italianas, que no nos importaban un bledo á 
los españoles; también ens-eñó que no habían de tenerse en 
cuenta las unidades dramáticas. Estas teorías las expuso en su 
Ejemplar poético. Quiso ponerlas en práctica, que es como es- 
tas cosas se enseñan y persuaden, y aunque es un buen poeta 
de los corrientes, no alcanzando á desluimbrar con un par de 
obras de empuje, todo quedó como antes. Sin embargo, la se- 
milla lanzada siempre da fruto, y diólo en Lope de Vega, que 
fué quien puso en práiotica esta doctrina, fundando el verda- 
dero teatro español. Alardeaba de haber reducido á cuatro los 
actos, novedad asaz boba, que ya le había ocurrido á Micael de 
Carvajal. Compuso La muerte del Rey don Sandio, Los siete 
Infantes de Lara, La libertad de España por Bernardo del Car- 
pió; temas nacionales, con los cuales un sobresaliente ingenio 
hubiera airrastrado al público y hubiera fonnado escuela. No con- 



S. XVI, 1579. JUAN DE LA CUEVA 1 4:5 

tentó con acudir á la historia y á la leyenda, escribió El saco de 
Roma y muerte de Borhón, ensayando asuntos históricos de la 
época. Abrió el camino á la coaiiedia de costumbres contempo- 
ráneas y de capa y espada con El Infamador, bosquejando en 
el licencioso Lencino, el que más tarde se llamará D. Juan. No 
podía darse innovación más fecunda para un teatro nacional, 
popular y verdadero; pero no supo trabar mejor la acción, apre- 
tar la trama, moldear lel estilo, popularizar el lenguaje, dar vida 
y calor á asuntoá de suyo tan calientes y vivos, y no pudo él 
por sí recoger los frutos. El Coro Febeo de romiances historia- 
les, fué otro empeño de volver al romance, contra los metros 
italianos; pero no hubo romancista más desgraciado: los cie- 
gos los hacen más armoniosos y con menos ripios. Ingenio que 
tenía cabeza y le faltaban manos. Así se explica su enfurruñada 
amargura, su desaliento y negro humor. "Laudandus est cona- 
tus" : reconozcamos en él al precursor del teatro nacional y al 
maestro á quien le tiembla la mano al llevársela á sus discípu- 
los, garrapateando sobre el papel con la mejor voluntad del 
mundo. Catorce son las piezas dramáticas que de él se conser- 
van, representadas todas en Sevilla entre 1579 y 1581, la ma- 
yor parte en la huerta de D.^ Elvira, dos en las Atarazanas y 
una en el corral de D. Juan, imprimiéndolas en 1588 en la prime- 
ra parte; pero no publicó otra segunda. 

82. Ep. en alahansa del vino: "En las Indias, do estuve algunos 
años." Soneto ¿p, al inquisidor Claudio de la Cueva, mi hermano, es- 
tando en Méjico : "Los alegres placeres han huido, | y el descanso que 
siempre nos seguía, | Claudio, desde el postrero y cierto día | que 
partimos del dulce y patrio nido." Además, en el son. 58, la epíst. es- 
crita desde allí al L. Lorenzo Sánchez de Obregón, primer corregidor 
de Méjico, la que escribió al M. Jirón y la canción 7. De su viaje 
á Cuenca, en lel son. 84: "Este clima de Cuenca me destruye; | el 
templado de Hispalis me sana; | Júcar me sigue y Betis se me huye."' 
De Canarias, en la ep. 12, escrita allí á don Gaspar de Villalta: "Yo 
dejé del gran Betis la ribera | en compañía de mi caro hermano, j mi. 
Pílades y honor de nuestra era... | vuestra venida y la mía á Canaria"; 
allí mismo escribió la oda 18, en alabanza de las damas de Canarias. 
Por boca de Sannio, dice Cueva en el Viaje de Sannio, no sé si de sí 
propio: "Y he escrito por virtud muy de mi espacio, | Creyendo que me 
fuera provechoso, | Más que Homero, Virgilio, Ovidio, Estacio, | Y 
he traducido á Marcial gracioso ; I Todas las obras del divino Horacio ! 



146 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

He vuelto en mi vulgar, y al armonioso | Y suave Tibulo, y á Proper- 
cio, I Al libre Juvenal y oscuro Persio (Lib. I.)... Con todo eso, muero 
de pobreza, | Y moriré, si tú no lo remedias, | Sin valerme ni ingenio 
ni agudeza, ¡ Ni haberle dado al vulgo mil comedias: | Y mudando el 
estilo á más alteza, | Tengo hecho un volumen de tragedias, | De obras 
de ajinor un grande cartapacio, | Y escritas más novelas que el Bo- 
cado" (Lib. IV.) Cueva dio un gran paso hacia el teatro nacional, 
prefiriéndolo al antiguo de griegos y romanos. Asi dice en el Ejemplar 
poético : "Mas la invención, la gracia y traza es propia | de la inge- 
niosa fábula de España, | no, cual dicen sus émulos, impropia. | Escenas 
y actos suple la maraña ¡ tan intrincada, y la soltura de ella, ( inimitable 
de ninguna extraña, | es la más abundante y la más bella | en facetos 
enredos, y en jocosas | burlas, que darle igual es ofendella. | En su- 
cesos de 'historia son famosas; | en monásticas vidas excelentes; | en 
afectos de amor maravillosas; | finalmente, los sabios y prudentes | dan 
á nuestras comedias la excelencia | en artificio y pasos diferentes." 
Cervantes, Canto de Calíope : "Dad á Juan de las Cuevas el devi- 
do I lugar, quando se oífrezca en este assiento, | pastores, pues lo tiene 
mierescido | su dulce musa y raro entendimiento. | Sé que sus obras 
del eterno olvido, | á despecho y pesar del violento | curso del tiempo, 
librarán su nombre, | quedando con un claro alto renombre." E. Wolf, 
Hist. lit. cast. y port., II, piág. 356: "Defiende en particular las noveda- 
des que introdujo él en la comedia española, y que se le reprocharon. 
Traspasando los límites de la comedia, había llevado á escena reyes 
y dioses, y, junto á ellos, personajes de tosco sayo; había suprimido 
de los cinco actos uno, y reducido los que quedaban á jornadas. En 
realidad, se le puede llamar el introductor del drama histórico en la 
escena española, y también le es propia la división en cuatro jornadas. 
Fuera de esto, le corresponde el mérito de haber sido el primero en 
emplear en las composiciones teatrales aquella estructura métrica que 
después de él fué adoptada generalmente con pequeñas modificacio- 
nes. Usaba en sus piezas, bastante arbitrariamente por cierto, redon- 
dillas, octavas, tercetos, yambos libres, formas como las de las cancio- 
nes italianas, quintillas y verso de romances populares. Estas largas 
relaciones, expuestas en estilo de epopeya, y las explosiones del sen- 
timiento en aires líricos, empleados por él á menudo, con daño de la 
expresión propiamente dramática, han quedado desde Cueva como 
peculiaridades características del drama español. Hay además en él, 
á pesar de que llama todavía tragedias á algunas de sus piezas, otra 
nota característica de la comedia española: la fusión de lo trágico y lo 
cómico, tan acabada ya, que no puede pensarse en establecer separación 
precisa entre ambos géneros, formando todas sus piezas, como las de la 
comedia española en conjunto, un solo género, en que pueden estable- 
cerse subdivisiones, á lo sumo por el predominio de los motivos trá- 
gicos ó cómicos ó ipor la catástrofe; pero no diferenciar comedia y 
tragedia, según nuestros conceptos de ellas. Finalmente, en su comedia 



S. XVI, 1579. JUAN DE LA CUEVA 1 47 

El Príncipe tirano,, primera y segunda parte, dio Cueva el más antiguo 
ejemplo que tengamos en la literatura dramática española de la con- 
tinuación de lina sola fábula en varias coanedias. Las composiciones 
de Cueva muestran un decidido talento poético; son ricas en bellezas, 
-escenas de efecto y exposiciones brillantes, sin que se deje de notar en 
ellas una considerable fuerza inventiva. Pero con todo esto, no supo 
economizar lo que al poeta dramático le es tan necesario como la 
fantasía: la inteligencia ordenadora y organizadora falta demasiado 
á menudo en sus composiciones. A casi todas ellas se les puede reprochar 
más ó menos falta de unidad en la acción y ausencia de plan, así como 
el mayor arbitrio en las maneras de tratar los caracteres y el empleo 
de los motivos. A las que míenos alcanza esta censura es á las piezas 
que hizo basadas en leyendas populares {El Cerco de Zamora, Ber- 
nardo del Carpió, Los Siete infantes de Lara), porque en ellas se atuvo 
estrictamente á lo tradicional. Son á la vez notables, como las más 
antiguas de este género del drama 'español, tan cultivado después. 
Acerca de la relación que Cueva guarda en general con la escena es- 
pañola, dice el señor Sohack: "Si se examinan las piezas de La Cueva 
y se comparan con las obras dramáticas posteriores, no se puede des- 
conoc'er que tanto sus faltas como sus bellezas aparecen después en 
éstas, aunque algo modificadas... No es esto decir que, aun sin haber 
existido Juan de la Cueva, no hubiese tomado el teatro español la 
misma dirección (favorecido sin duda por el espíritu y por el gusto 
nacional), sino que nuestro poeta fué el primero que abrió esta senda, 
no obstante su escasa cultura y notables faltas." Así es que Cueva, 
apenas considerado, si no es que maltratado, durante largo tiempo 
por los preceptistas de la escuela clásica, ha sido mejor estimado 
por los modernos críticos españoles, que le llaman "el precursor de 
Lope de Vega". 

M. Pelayo, Id. estét., t. II, vol. II, pág. 395: "En cuanto á Juan 
■de la Cueva, yo no puedo considerarle como preceptista ni como poeta 
de la escuela sevillana, con la cual tuvo relaciones mucho más hostiles 
-que amistosas. Su verdadero puesto está en la escuela independiente y 
popular, sublimada luego por el ingenio de Lope. La inspiración del 
Ejemplar Poético es la misma que la del Arte nuevo de hacer comedias, 
por más que uno y otro poema contengan mucha doctrina sustancial- 
mente conforme á las de las poéticas clásicas. Si Juan de la Cueva 
-pertenece en algún modo á la escuela sevillana, será como insurrecto 
y disidente dentro de ella. Hizo romances históricos, en verdad ma- 
lísimos: hizo comedias y tragedias nada clásicas, que debieron escan- 
dalizar al maestro Mal-Lara con haber alterado éste en alguna parte el 
antiguo uso, pero que influyeron, y mucho, en los progresos del teatro. 
No temió 'burlarse del artificiosísimo procedimiento con que Herrera 
trabajaba sus versos, y, finalmente, sancionó las libertades dramáticas 
en su célebre Ejemplar Poético, escrito, es verdad, en los últimos años 
.de su vida, en 1606, cuando ya Lope y los poetas valencianos triun- 



148 ÉPOCA DE FELIPE 11 (S. XVl) 

faban en toda la línea. Ciertanrente que nadie se atreverá á poner en 
cotejo las desaliñadas y redundantes epístolas de Juan de la Cueva, 
esclavo siempre de su facilidad prosaica, con la bruñida versificación 
y la severidad dogmática de Boileau, en quien cada verso nació pre- 
destinado para andar en boca de las gentes como aforismo. Pero irre- 
gular y todo, la Poética de Cueva (aparte de sus originales doctrinas 
sobre el teatro, que luego examinaremos) se recomienda para nos- 
otros, españoles, por ser la más antigua imitación en asunto y forma, 
y á veces en principios y estilo, de la Epístola de Horacio á los Pi- 
sones.'' M. Pelayo, Id. estét., t. II, vol. II, pág. 446: "La escasa cul- 
tura de Juan de la Cueva, así como redujo sus comedias á embriones 
bárbaros y groseros, así le impidió fecundizar esta idea del progreso 
en el arte y reducirla á sus justos límites. En la crítica, como >en la 
poesía, tuvo intenciones, atisbos y vislumbres mucho más que con- 
cepciones enteras. Manchando la tabla aprisa, no acertó á ser del todo 
ni poeta erudito ni poeta popular, y como no dejó obra perfecta, 
sufrió la suerte de todos los iniciadores á medias, siendo olvidado y 
atropellado el día del triunfo por los mismos á quienes había fran- 
queado el camino." La Barrera, Catál. del teatro españ.: "En i.° de 
Enero de 1603 escribió nuestro poeta en Sevilla la dedicatoria de su 
completa Colección de obras líricas al doctor Claudio de la Cueva, 
su hermano, inquisidor y visitador de la Inquisición de Sicilia. Formá- 
banla dos gruesos volúmenes en 4.", que por el año 1774 poseía en 
Sevilla el señor Conde del Águila, escritos en su mayor parte de 
mano del autor. Comprendía el primer tomo las poesías que había 
impreso en el año de 1582, con adiciones considerables. El segundo, 
que actualmente posee el señor Duque de Gor, en su selecta librería 
de Granada, contiene: Siete églogas. Los Amores de Marte y Venus. 
Poemita en octavas dedicado á don Enrique de la Cueva. El Llanto 
de Venus. Historia de la Cueva y descendencia de los Duques de Al- 
burquerque. Poema dedicado á la marquesa de Tarifa, doña Ana Té- 
llez Girón, con fecha de 15 de Setiembre de 1604. Viaje de Sannio, 
poeta, al cielo de Júpiter. Poema didá-ctico alegórico, contiene elogios 
de célebres ingenios españoles. Lleva fecha de 1585 y dedicatoria á don 
Fernando Afán de Ribera Enríquez. marqués de Tarifa. Ejemplar 
poético. Los Cuatro libros de los inventores de las cosas. Poema en ver- 
so suelto, ampliación de la obra de Polidoro Virgilio. Hasta aquí van 
conformes en esta relación el biógrafo de Cueva, en el Parnaso Es- 
pañol y los traductores del Ticknor. Pero el primero añade al con- 
tenido del manuscrito lo siguiente: Epístola á Cristóbal de Zayas, con 
una Invectiva contra la poesía, 1 ida en la academia de Mal-tLara. 
La Muracinda. Poema burlesco, no concluido. Batalla de ranas y ra- 
tones. Poema, traducción de la B atrae omiomaquia, de Homero. Frag- 
mentos." La dedicatoria de la Colección lleva la fecha de 1603, aunque 
fué añadieiido después el autor las obras que iba haciendo. Las come- 
dias de la Primera parte, 1588, son: La muerte del Rey D. Sancho y 



s. xvr, 1579. LUCAS rodríguez 149 

reto de Zamora por D. Diego Ordóñez, representada en Sevilla el 
año 1579. El Saco de Roma y muerte de Borhón y coronación dé 
nuestro invicto Emperador Carlos V. Los Siete Infantes de Lara (tra- 
gedia). La Libertad de España por Bernardo del Carpió. El Degollado. 
La Muerte de Ayax Telamón sobre las armas de Aquiles (tragedia). 
El Tutor. La Constancia de Arcclina. La Muerte de Virginia y Apio 
Claudio (tragedia). El Príncipe tirano, i.^ parte, comedia; 2.% tragedia. 
El Viejo enamorado. La Libertad de Roma por Mncio Sccvola. Ei 
Infamador. Todas tienen cuatro jornadas, en variedad de metros. 

Juan de la Cueva, El Saco de Roma y El Infamador, led. E. dtel 
Ochoa, en el Tesoro del teatro Español, Paris, 1838, t. I, págs. 251-285 
(Colección de los mejores aut. esp., t. X) ; Poemes inédits (Viage de 
Sannio), ed. F. A. Wolí¥, en Acta Universitatis Lundensis (Lund., 1886- 
1887), t. XXIII; E. Walberg, Juan de la Cueva et son "Exemplar 
poético", en Acta Universitatis Lundensis (Lund., 1904), t. XXXIX, 
I, 2; Ejemplar poético, ed. J. J. López de Sedaño, Parnaso Español, 
t VIII, págs. 1-68; Romances, etc., Bibl. de Aut. Esp., ts. X, XVI 
y XLII; B. J. Gallardo, Ensayo, etc., t. II, col. 637-735; A. Cbster, 
Fernando de Herrera, pág. 74. 

83. Año 1579. El LICENCIADO Juan López de Ubeda^ 
'* Administrador de los niños de la doctrina de Alcalá", toleda- 
no, publicó Cancionero general de la Doctrina Christiana, Al- 
calá, 1579, 1586, 1596, corregido y aumentado. Vergel de flo- 
res divinas, Alcalá, 1582, 1588. Es poesía lírica, devota y po- 
pular, en que siguió las huellas de Fr. Ambrosio Montesinos y 
parodió muy bien cantares populares. Coloquios: Glosas, Sone- 
ios y Romances, e una Elegía del Alma, e un Eco, con oirás 
letras del Sanctissimo Sacramento, tniiy escogidas, bueltas de lo 
Humano a lo Divino... Impresos con licencia en Alcalá... E 
.aora impresso por el mesmo original en Sevilla, 1586. Roman- 
ce de N. 5'." y de Santiago, Cuenca, 1602. Redondillas de los 
gloriosos mártires S. Sebastián ...y de Sr. S. Esteban, junta- 
vientc con otras de S. Agustín y de S, Juan... S. Catalina, 
Cuenca, 1602. 

Poesías, Bibl. de Aut. Esp., t. XXXV. 

84. En 1579 ó 1 58 1 Lucas Rodríguez publicó el Roman- 
cero Historiado, Alcalá; ibid., 1581, 1582; Lisboa, 1584; Alcalá, 
1584, 1585. Los históricos y caballerescos en el Romancero de 
Duran. Reimpresa la edic. de 1585 en Madrid, 1875 (libr. rar. y 



l50 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

curiosos). Son preciosos restos de la poesía popular del siglo xvi^ 
con la sencillez y desaliño primitivo y cairácter de sabrosa an- 
tigüedad, sin las galas con que después la vistieron los inge- 
nios cultos. Conceptos de diiñna Poesía, Alcalá, 1599, con so- 
netos laudatorios de Quevedo y Lope. 

85. Año 1579. Fray Antonio Delgado Tokreneira, franciscano, 
publicó Avisos y documentos para prelados, Toledo, 1579. Victorias de 
si mismo, Madrid, 1595. Regla y arancel de prelados, Toledo, 1598. De 
Milite Christiano. — Miguel Eleyzalde de Tolosa publicó Guía de 
Contadores, Valladolid, 1579. — ^JosÉ Esteve (t 1604), valenciano, publi- 
có De Adoratione Pontificum, Roma, 1579. De Potestatc coactiva, 
quam R. Pont if ex exercet in negotia saecularia, ibid., 1586. In causa 
Henrici Borbonnii ad episcopos et presbyteros caeterosque catholicos 
regni Francorum, 1590. De Bello sacro religionis causa suscepto, Ori- 
huela, 1603. — Pedro García de Galarza (t 1606), de Bonilla, canóniga 
murciano, publicó Evangelicarum Institutiomim 1. VIII, Madrid, 1579. 
De Clausura Monialium, Salamanca, 1589. — Fray Miguel de Giginta,. 
canónigo de Elna, publicó Tratado de Remedio de Pobres, Coimbra,. 
1579. Exortación á la compasión, Madrid, 1584. Atalaya de Caridad,. 
Zaragoza, 1587. Cadena de oro del remedio de los pobres, Perpiñán,. 
1584. Discurso en prueba de que el glorioso Mártir S. Lorcnco fué 
Cardenal, Zaragoza, 1588. — Francisco González Torneo publicó Orden 
de •examinar testigos, Madrid, 1579. Práctica de Escrivanos, Madrid, 
1600; Medina, 1603; Madrid, 1625; Alcalá, 1639. — Rermn Hispánica- 
rum scriptores, Francfort, 1579, 2 vols. — 'Alonso Hojeda de Mendoza. 
de Carmona, publicó De Beneficiorum Compatibilifate et Incompatibi- 
litate, Venecia, 1579. — l\ntonio Jolis, catalán, publicó Adiitncta Ci- 
ceronis, Barcelona, 1579. — Francisco de Lara publicó Estímulo para 
bien obrar, Madrid, 1579. — Compendium admodum utile Grammaticis, 
ibid., 1579. — Don García de Loaysa Girón (1532-1597), talaverano, 
capellán de Felipe II (1584), ayo del Príncipe su hijo, arzobispo de 
Toledo (1597), publicó Collectio Conciliorum' Hispaniae, Madrid, 1593 
(con varios tratados). Divi Isidori Hispal. Ep. Opera, Madrid, 1599. 
Parecer de... sobre la corrección del Calendario. Dado en Toledo, año 
de 1579 (ms. Bibl. Nac). — De fray Ángel del Pas (1540-1596), fran- 
ciscano catalán, se publicaron, postumas las más, muchas obras de 
exégesis y devoción en castellano, latín é italiano, desde 1579, que pue- 
den verse en Nic. Antonio. — Blasco Pelegrín y Catalán, valenciano, 
publicó Trofeo del Oro, poema en octavas y tres cantos, Zaragoza, 
1579. Era de la Academia de los Nocturnos (1592) en la que leyó un 
Discurso de las excelencias de la Verdad. — Fray Melchor de Rioxa,- 
franciscano, publicó Guía espiritual para examinar la conciencia, 1579. 
— Fray Jaime Torres, mercedario, oriundo de Valencia, publicó Divina 
y varia poesía, Huesca, 1579. — Jerónimo de Torres y Aguilera pu-^ 



S. XVI, 1580. DON LUIS DE GÓNGORA " l5l 

blicó Chronica y Recopilación de varios sucessos de guerra que ha 
acontescido en Italia y partes de Levante y Berbería, desde que el 
Turco S£iin rompió con Venecianos y fué sobre la Isla de Chipre año 
de M.D.LXX hasta que se perdió la Goleta y fuerte de Túnez en el 
de M.D.LXXIII, Zaragoza, 1579.— Bartolomé de Valverde y Gandía, 
de Villena, publicó Cypriani Caena emendata, Praga, 1579. Ignis Pur- 
gatorius y Pro Igne Purgatorio, etc., Padua, 1581. Salomonis de forti 
midiere Alphabctum, Roma, 1589. Admonitiones quaedam contra Tal- 
mud (ms.). Tradujo en latín los Comentarios de David Quinji sobre los 
Salmos. — Juan Yáñez Parladorio, abogado vallisoletano, publicó Re- 
rum quotidianarum libri II, Valladolid, 1579; Salamanca, 1595; Ma- 
drid, 1604, 1612. De Ratione iuris discendi, ibid., 1604. Opera, Ma- 
drid, 1620. 

86. Año 1380. D. Luis de Góngora y Argote (1561- 
1627) nació en Cói^doba, y fué hijo de D. Francisco de Ar- 
gote, "juez de bienes", y de D." Leonor de Góngora; estudió 
humanidades en su patria, y no cumplidos los diez y seis, sien- 
do ya clérigo de corona y gozando dos beneficios en Cañete de 
las Torres y Guadalmazán, y una prestamera en Santaella, pasó 
á estudiar el derecho en Salamanca, donde fué pupilo del li- 
cenciado Aguilera, con cuyos herederos hubo litigio sobre pago 
de alimentos. En 1585 logró una ración en la Iglesia Catedral 
de Córdoba, siendo ya licenciado' y "raro ingenio sin segun- 
do", según Cervantes en la Calatea. Menudeaba sus viajes a 
la Co':te buscando mayores adelantos, y deseoso de tratar con 
los literatos de ella ; perO' no- debía de irle muy allá como cata- 
rribera, según no suele acordarse de Valladolid y del sucio 
Esguevilla sino para burlarse de éste y de aquélla. Publicó va- 
rios romances el año 1588, en la colección de Andrés de Vi- 
lialta; otras poesías el 1599 en el Romancero general y en la 
Primera parte de las Flores de Poetas ilustres, de Pedro Es- 
pinosa. Según Barrera, no se ordenó de misa hasta el 1606, 
yendo luego á Madrid, donde se estableció hacia 161 2, y logró 
una capellanía de honor de S. M. á la sombra del Duque de 
Lerma y de D. Rodrigo Calderón. A pesar de este título, que 
llevaba en 161 7, y de sus poesías, nunca anduvo sobrado de 
dineros. La caída del Duque de Lerma no le debió de venir 
muy á cuento. Retratóle Velázquez en 1622, á ruegos de su 
suegro Francisco Pacheco, como lo dice éste en su Arte de la 
Pintura. En 1626, durante la jornada del Rey á Aragón, ado- 



1 52 ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

leciú tan gravemente, que aunque libró la vi'cla, perdió la me- 
moria, de suerte que hubo de retirarse á Córdoba, donde fa- 
lleció de apoplejía el siguiente año de 1627. 

8 7. La partida de bautismo de Góngora, en el archivo parroquial 
del Sagrario, 1. II, fol. 196. El genealogista don Andrés Morales y 
Padilla dice (archivo municipal de Có^doba, ms.) : "Don Francisco de 
Argote, hijo de don Alonso de Argote y de doña Leonor de Ángulo y 
Aranda, hija de Alonso de Aranda, alcaide de Montilla, fué un gran 
letrado en leyes y cánones, juez del Fisco de la Inquisición y corre- 
gidor de Madrid. Casó con doña Leonor de Góngora, hija de Luis de 
Góngora, y tuvieron ihijos á don Luis de Góngora, racionero de la 
santa iglesia de Córdoba; don Juan de Argote y Góngora, doña Fran- 
cisca de Góngora, que casó con don Gonzalo de Saavedra, y doña 
María Ponce de León, que casó con don Juan de Argote, veinticuatro 
de Córdoba." Documientos particulares sobre Góngora, véanse en 
Rodr. Marín, Pedro Espinosa, I, pág. 162. En la dedicatoria que hizo 
Chacón al Conde-Duque en Sanlúcar (1628) de las Obras de Góngora, 
reconocidas y comunicadas con él, ms. de Gayangos, hoy de la Bibl. 
Nac, dice Chacón que trabajó con él para que las enmendase en su 
presencia y que le señalase "los años en que hizo cada una", y que 
los puso al margen en guarismo. El romance "Los rayos le cuenta al 
sol", lleva como fecha de haberse escrito el año 1580; "En el caudaloso 
río" y "Las redes sobre el arena", el de 1581, estando en Córdoba de 
vacaciones. Don Antonio Riquelme y Quirós, en su Cenotaphiologiiim 
hispanum, fol. 63, le dedicó un epitafio. En 1589 tuvo una cuestión con 
su obispo, el cual le hacía varios cargos: asistir rara vez al coro y, 
cuando acudía, rezar las horas con poca devoción ; concurrir á fiestas 
de toros y andar de día y de noche en cosas ligeras, tratando con re- 
presentantes de comedias y escribiendo coplas profanas. El año ante- 
rior se habían publicado varios romances suyos en la colección de An- 
drés de Villalta : acaso no le gustó al obispo. Debió de responder á sa- 
tisfacción, pues se le confiaron los años siguientes varias comisiones. 

El retrato de Góngora del Museo del Prado no parece ser de Ve- 
lázquez, sino de Zurbarán (Enrique Romero de Torres, Un retrato de 
Góngora pintado por V>clásques, Barcelona, 1914). 

88. En la edición de las poesías de Góngora, de Foulché 
Delbosc, que reproduce los textos recogidos por Antonio Cha- 
cón, sometidos á la última revisión del poeta y dirigidos luego 
al Conde-Duque, hay 23.000 versos auténticos y definitivos, 
en 420 composiciones, que llevan en el manuscrito la fecha en 
que se escribieron, desde 1580 á 1626. Comenzó imitiando 
á Herrera, acercándosele más que nadie, con dos notas perso- 




(\"elázquez. Propiedad de D. Antoni(3 Gandarillas. Véase E. Romero 
de Torres, Un retrato de Góngora pintado por J'elázquez.) 



S. XVI, 1580. DON LUIS DE GÓNGORA I 53 

nales que ya desde entonces apuntan, y que con el tiempo 
fueron dando tan extremados y encontrados frutos. Por una 
parte, inclinación al arte popular, en letrillas y romances, de 
una sencillez y naturalidad encantadoras; por otra, cierto pru- 
rito por hinchar más y más la grandeza herreriana á poder de 
metáforas y brillantes demasiado deslumbradores. Entre 1609 
y 1610, mucho después del eufuísmo inglés (i 578-1 580), abrió 
Góngora el nuevo derrotero del mal gusto. De la primavera 
de 1609 es su Panegírico al Duque de Lerma, en el cual pre- 
tende contentar á los cultos y personas ilustradas, dejando á 
los demás poetas que solazasen al rastrero vulgo. Asi, divor- 
ciándose del pueblo, perdió aquella encantadora sencillez po- 
pular, aquel aliento épico de raza, en que hubiera sido el gran 
poeta lírico y épico nacional á la vez, porque para ambos gé- 
neros daba de sí aquel ingenio extraordinario, de fantasía bú- 
hente y de corazón grande, que desde entonces empleó en in- 
ventar metáforas extravagantes é inesperadas, antítesis cho- 
cantes, retorcijones de frases inauditas, vocablos exquisitos, 
volcados á granel del Diccionario latino, envolviendo los pen- 
samientos más pobres en hojarasca, que sonase á logogrifo' y 
•oscuridad con que dejar pasmados á los eruditos que de pas- 
mos y desusos se pagan. "C'est l'obscuríté qui en fait tout le 
mérite", como se lee en el Gil Blas. Tal es el gongorisnio de 
tjóngoTa ó culteranismo de los cultos. En 16 13 sometió el poe- 
ta las Soledades á su amigo Pedro de Valencia (1555-1620), 
«1 cual alabó en ellas algunas bellezas y vituperó el cacozelon, 
ó mal gusto y la oscuridad. Jáuregui le dirigió una carta con 
el título de 'Antídoto contra las Soledades, y en el prefacio de 
sus Rimas (16 18), se declaró contra las poesías "que sólo con- 
tienen un adorno ó vestidura de palabras, un paramento ó fan- 
tasma sin alma ni cuerpo", y en su Discurso poético contra el 
hablar culto y obscuro (1624), segundó públicamente, aunque 
cada vez condescendiendo más y más, por lo menos en la ma- 
nera de criticar la nueva escuela. Y es que los cultos que que- 
rían mostrarse cultos iban aumentando en número y ardimien- 
to. El no parecer cultos siempre fué la mayor estantigua para 
los cultos. Lope de Vega, adalid de la poesía popular en su co- 
razón y ■&n el teatro, donde debía á ella sus mayores triunfos, 
no quería tampoco pasar por inculto. Hallábase entre la espada 



l54 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

y lia pared, y en lucha intestina consigo mismo. "Sea lo que 
fuere, decía, yo le he de estimar y amar, tomando del lo que 
entendiere con humildad y admirando lo que no erutendiere con 
veneración, ...á muchos ha llevado la novedad á este género- 
de poesía, y no se han engañado, pues en el estilo antiguo en 
su vida llegaron á ser poetas y en el moderno lo son el mismo 
día : porque con aquellas trasposiciones, quatro preceptos y seys 
vozes latinas o frasis emphaticas, se hallan levantados a donde 
ellos mismos no se coaiocen ni aun sé si se entienden." No sé 
tampoco yo síi Lope sentía esas estimas y amores por Góngora ; 
ello es que Góngora se desató fieramente contra Lope, en cuyo 
fondo no podía menos de ver su mayor enemigo, el espíritu- 
castizo de la nación española. El popular dramaturgo tuvo con 
él las mayores atenciones, le dirigió su Amor secreto (1623), le 
escribió desvaneciendo cierto equívoco debido á un Mendoza, 
trató en Academias y tertulias de reconciliarse con él ; pero á 
Góngora se le había subido á las narices el humo de la gloria y 
del triunfo en la nueva escuela, de la cual era reverenciado como 
maestro. Al cabo el mismo Jáuregui se sometió á su férula y 
á ella se sometieron de hecho, por más que en teoría proclama- 
sen lo contrario, todos los escritores, grandes y chicos, hasta 
Tirso de Molina y Calderón. ¿Qué más? Hasta el libérrimo y 
acérrimo burlador de la culta latiniparla, el gran Quevedo, 
atraído por la fuerza cenitrípeta del culteranismo, y queriendo- 
huir con otra personal centrífuga, quedó volteando como un 
riuevo satélite de la afectación y del mal gusto, á cierta dis- 
tancia de Góngora, mas tan en torno de él y tan parejo que 
podía llamarse maestro de otra escuela bien semejante, el con- 
ceptismo. Quevedo cita el aforismo de Epicteto "Scholasticum 
esse animal quod ab ómnibus irridetur", traduciéndolo "El cul- 
to es animal de quien todos se ríen". Nadie se reía de los cul- 
tos ni de los conceptistas por aquel entonces ; los que nos reí- 
mos somos nosotros, pero nos reímos tanto de los conceptistas 
como de los cultos. La pestilencia estaba en el aire que todos 
respiraban, era más que pegajosa; al clamar contra ella, po- 
níanla sin querer en práctica. En vano Cáscales, en sus Cartas 
hhilológicas (1634), predicó contra el mal gusto; en balde Pa- 
ria y Sousa rebajaba al m^aestro Góngora en sus comentarios 



S. XVI, 1580. DON LUIS DE GÓNGORA I 35 

á los Liisiadas (1639), diciendo que era mosca en comparación 
del águila portuguesa Camoens. En las Lecciones solemnes 
(1630), José Pellicer de Salas y Tovar, figuraba á Góngora 
como Píndaro andaluz. Martín de Ángulo y Pulgar, en sus Epís- 
tolas satisfactorias (1635), creyó refutar las críticas de Cáscales 
Nacíanle á Góngora bajo los píes, panegiristas y exégetas de 
sus enigmas. Cristóbal de Salazar Mardones, publicó la Ilus- 
tración y Defensa de la Fábula de Pírauío y Tisbe (1636). 
García de Salcedo Coronel ("'" 1651), comentó Las Soledades 
y El Polifemo (1636, 1644, 1648), con paciencia digna de me- 
jor causa. Obra que en vida del autor y á raíz de ser publicada 
ha menester comentario, no puede brillar sino por sus oscuri- 
dades. Un atrasado eco del combate llegó del lejano Perú con 
el Apologético en favor de don Luis de Góngora (1694), de 
Juan de Espinosa Medrano (1632- 1688), que echaba á chacota 
sin gran trabajo la obra de Faria y Sonsa. Había ya harto 
tiempo que Góngora estaba endiosado por su escuela, que no 
tenía más estrechos límites que toda la literatura española y--- 
europea. Hasta en los colegios de jesuítas, dice Fitzmaurice 
Kelly, á quien hemos seguido en la hermosa descripción que 
hace de esta polémica (Hist. liter. españ., 1913). los alumnos 
recitaban, en las fiestas literarias, las Soledades y el Polifemo; 
pero el hasta sobra, porque ¿dónde encajaba mejor la afecta- 
ción, madre del culteranismo y del conceptismo, que en todo 
linaje de ejercicios académicos y escuelas de retórica, cosas en 
que los reverendos Padres fueron siempre grandes maestros? 
Góngora fué ingenio extraordinario. Aun en medio de sus ex- 
travíos, volvió de cuando en cuando á su primera manera, al 
verdadero arte popular. Cáscales decía que había dos Góngoras : 
uno, ángel de luz; otro, ángel de tinieblas. Las tinieblas no sa- 
lieron de él; venían de más lejos, de la imitación clásica, que 
falseó, quieras que no, el arte, como lo falsea toda imitación. 
Los nubarrones habían ido condensándose y apelotonándose. 
El sol esplendoroso de la nacionalidad española en la época 
de su mayor pujanza los diluía, según nacían, los deshacía al 
momento. Cuando el poder español comenzó á caer, el sol del 
arte fué igualmente caryendo ; los nubarrones engrosaron y la 
primera chispa de aquella reventazón dio en la más alta cima 



1i36 ÉPOCA DE FELIPE H (s. XVl) 

-.poética. GÓDgora, por su misma grandeza de ingenio, hubo de 
ser el primero que sintió los efectos del bastardeamiento lite- 
rario y el que más en él sobresalió y lo comunicó á los demás. 
De ángel de luz hízose, como Luzbel, ángel de tinieblas. En 
todo fué grande. Fué su influencia tan perniciosa, que acabó 
realmente con la literatura castellana. Era aquél de esos males 
que acaban con el enfermo. El culteranismo y el gongorismo 
huiídieron y anonadaron el arte español. Un nuevo arte tuvo 

-que traerse de Francia, como única medicina contra la hincha- 
zón: el arte canijo del seudoclasicismo. Couitra la demasiada 
grosura, la finura llevada al extremo. Pero la literatura caste- 
llana de la época clásica había desaparecido. Al llegar acá los 
Borbones ni se conocían de nombre la mayor parte de los an- 
tiguos ingenios. Mediano draaiiaturgo, compuso Las Finncsas 
de Isabela (1613), la Comedia Venatoria y El Doctor Carlino, 
refundido después por Solis; dudoso es el entremés de la Des- 

. friiyción de Troya. En Góngora se hallan los mayores extra- 
víos del culteranismo, voces latinas á montones, comparacio- 
nes, metáforas y alegorías extravagantes, quisicosas ó enig- 

•nias oscurísimos. Sus poesías necesitaron comentario, aun él 
viviendo. Es el dechado inimitable para Gracián, citándole en 
la Agudeza 74 veces, siempre con grandes alabanzas. 

8 9. Alabadores de Góngora: Carducho, Diálogos de la Pintura, IV, 
"pág. 61 : "En cuyas obras está admirada la mayor ciencia, porque en su 
Polifemo y Soledades parece que vence lo que pinta y que no es po- 
sible que ejecute otro pincel lo que dibuja su pluma." El elegantísimo 
padre Hortensio Félix Paravicino, en el Romance que le dedicó, pági- 

aia 13. Don Fernando de Vera en el Panegírico por la Poesía, perío- 
do 13. Don Tomás Tamayo de Vargas, en la adición al Enquiridión, de 
fray Alonso Venero, pág. 300, donde le llama Marcial segundo de Es- 
paña, por la seguridad de los números, agudeza de los conceptos, fes- 
tividad de donaires, picante de las burlas y ingeniosas y inimitables 

•travesuras, con que ilustró la lengua castellana. Lope de Vega, en su 
Arcadia^ pág. 234; en su Circe, pág. 20, en el soneto que empieza: 

'Claro cisne del B<etis que sonoro; en su Laurel de Apolo, silva I, pá- 
gina 4, y en la silva II, pág. 16; en su Filomena, pág. 154, epíst. VIII. 
Sebastián de Alvarado, en su Hcroida Ovidiana, págs. 42 y 173. Don 
Francisco Bernaldo de Quirós, cap. IX, pág. 97, y en el cap. IX, pá- 
gina 102. El licenciado Francisco Cáscales, epíst. VIII, dice, pág. 29: 
"Ha ilustrado la Poesía Española con peregrinos conceptos, enrique- 

< ciendo la Lengua Castellana con frases de oro, felizmente inventadas, 



S. XVI, 1580. DON LUIS DE GÓNGORA I 5/ 

escribiendo con elegancia, artificio y gala, con novtdad de pensamien-- 
tos, con estudio sumo, lo que ni la lengua puede encarecer, ni el en- 
tendimiento acabar de admirar atónito y pasmado." Don José de Pe- 
llicer y Tovar y don García de Salcedo Coronel, en sus Comentarios. 
El maestro José de Valdivieso, en el Elogio á don García: "Dichosa 
en la dulzura postrimera | El cisne cordobés, pues pluma tanta, ! Que- 
docta 'escribe lo que dulce canta | Se mereció para que no muriera." 
Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, en el libro que intituló Casa del 
placer, novela II, pág. 35, llama á don Luis moderno Marcial y se- 
gundo milagro Cordobés. El doctísimo padre Martín de Roa, en su 
Principado de Córdoba, pág. 26, le llama el Planto y Marcial de nues- 
tra edad, superior sin aprecio de los mejores latinos y griegos en cul- 
tura, agudeza, y mucho más en sal y donaire, sin comparación, de los 
conceptos. Don Martín de Ángulo y Pulgar, en sus Epístolas satis- 
factorias, y en su Égloga fúnebre Centón, tejida y escrita con versos, 
de don Luis. Cristóbal de Salazar Mardones, en la Ilustración á la 
Fábida de Píramo y Tisbe. El Autor Anónimo que escribió su Vida, . 
que salió impresa al principio de sus Obras en Sevilla, año de 1648. 
Don García Coronel, en sus Rimas, en la Elegía á su muerte, pág. 98. 
El maestro B. Jiménez Patón, en su Elocuencia Española, pág. 78,. 
cap. XII. El doctor Juan Pérez de Montalván, en su Orfeo, canto IV, 
pág. 35, dice: "Ninguno á la difícil cumbre vino | Por donde doctamen- 
te peregrinas, | Pues tú para ser único has hallado | 'Camino ni sabida 
ni imitado." El ilustrísimo don Pedro González de Mendoza, arzobispo ■ 
de Granada, libro III de la Historia del monte Celia, pág. 540, cap. X. . 
Lorenzo Gracián, en diversas partes de su Arte de ingenio. Y don 
Fernando de Villegas, en la dedicatoria al excelentísimo señor Mar- 
qués de Caracena, en la impresión que publicó "para mayores lucimien- 
tos y aplausos de nuestro don Luis en Bruselas, año de 1659." Juan 
López de Vicuña Carrasquilla, en su edic. de Góngora de 1627: De- 
dicatoria: "Su modestia (de Góngora) fué tanta, viviendo, que llegó á 
ser el aborrecimiento y desesperación de los verdaderamente estudiosos; 
porque casi con pertinacia les defendió la fácil y agradable comunica- 
ción de sus Obras, de que gozaran, si las permitiera á la estampa... — 
En Madrid, á 22 de Diciembre de 1627 años... — ^Juan López de Vicuña 
y Carrasquilla." Al lector: "Veinte años que comencé á recoger las 
obras de nuestro Poeta, primero en el mundo. Nunca guardó original 
df lias : cuidado costó harto hallarlas y comunicárselas, que de nuevo las 
ti abajaba, pues cuando las poníamos en sus manos apenas las conocía. 
Tales llegaban, después de haber corrida por muchas copias. Archivo 
fué dellas la librería de don Pedro de Córdoba y Ángulo, caballero de 
la Ordien de Santiago, veinticuatro y natural de Córdoba. Muchos 
versos se hallarán menos; algunos que la modestia del Autor no per- 
mitió andar en público, y otros que en siete años, desde eí de veinte,, 
compuso. En breve se darán á la estampa, con las Comedias de Las 
firmezas de Isabela y el Doctor Carlina: la primera ya impresa, y la- 



l58 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

segunda que aún no acabó. Y aún se aumentará el volumen con los 
Comentos del Polifemo y Soledades, que hizo el licenciado Pedro Díaz 
de Ribas, lucido ingenio Cordobés. — Vale, etc.'"" M. Pelayo, Id. estét., 
t. II, vol. II, pág. 495 ; "Góngora se había atrevido á escribir un poema 
entero {Las Soledades), sin asunto, sin poesía interior, sin afectos, sin 
ideas, una apariencia ó sombra de poema, enteramente privado de alma. 
Sólo con extravagancias de dicción {verba et voces praetereaque nihil) 
intentaba suplir la ausencia de todo, hasta de sus antiguas condiciones 
de paisajista. Nunca se han visto juntos en una sola obra tanto absur- 
do y tanta insignificancia. Cuando llega á entendérsela, después de 
leídos sus voluminosos comentadores, indígnale á uno, más que la hin- 
chazón, más que el latinismo, más que las inversiones y giros pedan- 
tescos, más que las alusiones recónditas, más que los pecados contra 
la propiedad y limpieza de la lengua, lo vacío, lo desierto de toda ins- 
piración, el aflictivo nihilismo poético que se encubre bajo esas pom- 
posas apariencias, los carbones del tesoro guardado por tantas llaves. 
¿Qué poesía es esa que, tras de no dejarse entender, ni halaga los sen- 
tidos, ni llega al alma, ni mueve el corazón, ni espolea el pensamiento, 
abriéndole horizontes infinitos? Llega uno á avergonzarse del entendi- 
miento humano cuando repara quie en tal obra gastó míseramente la 
madurez de su ingenio un poeta, si no de los mayores (como hoy libe- 
ralmente se le concede), á lo menos de los más bizarros, floridos y 
encantadores, en las poesías ligeras de su mocedad. Y el asombro crece 
cuando se repara que una obrilla, por una parte tan baladí y por otra 
tan execrable como Las Soledades, donde no hay una línea que recuerde 
al autor de los romances de cautivos y de fronteros de África, hiciese 
escuela y dejase posteridad inmensa, siendo comentada dos y tres ve- 
ces letra por letra con la misma religiosidad que si se tratase de la 
Ilíada.'' M. Pelayo, Id. estét., t. II, pág. 490: "Góngora, pobre de ideas 
y riquísimo de imágenes, busca el triunfo en los elementos más ex- 
teriores de la forma poética, y comenzando por vestirla de insupe- 
rable lozanía é inundarla de luz, acaba por recargarla de follaje y 
por abrumarla de tinieblas." Cerv., Viaje (2) : "Aquel agudo, aquel 
sonoro y grave | sobre cuantos poetas Febo ha visto." Alabóle además 
€n el Canto de Calíope: "En don Luys de Góngora os offrezco | un 
vivo raro ingenio sin segundo; 1 con sus obras m'e alegro y enriquez- 
co I no sólo yo, mas todo el ancho mundo. | Y si, por lo que os quiero, 
algo merezco, | haced que su saber alto y profundo, i en vuestras 
alabanqas siempre viva, | contra el ligero tiempo y muerte esquiva." 
Bibliografía de Góngora: Una canción en La Lusiada de Camoens, 
Salamanca, 1580. Un soneto en La Atistriada de Rufo, Madrid, 1584; 
Toledo, 1585. Un soneto en El Perfecto regidor, de I. de Castilla, 
Salamanca, 1586. Flor de .varios y nuevos Romances... recopilados por 
Andrés de Villalta, Valencia, 1588, 1591, 1593. Flor de varios romances 
nuevos y Canciones... recopilados por P. Moncayo, Huesca, 1589; 
Perpiñán, 1591; Madrid, 1593, 1595, 1597. Quarta y quinta parte de 




Jjp amiqa Idea iie n.^aUrurp mano 



Sienajit oHueíped ifcclatncntL' hiimivic 
C opm f pemona aenn Getiio cuitc 



l^oíeh-hicr, luctaírviiiioen IV.! ■ vulto Copia? pet-dona demí G. 

Eyinuic tu'ic. v c'l intento i^iino {Ouando aun ¡a Fama del pincel pre/uma) 

o / nndú je -i'íti rvo, incrvuiíc c uito Qj/r no ai de nit mas copia cjiíe mt pin 






[Dc D. J . PcUiccr de Salas y Tox'av, Lecciones solemnes á las obras 
de don Luis de Góngora, ]\Iadi"id, 1630.) 



S. XVI, 1580. DON LUIS DE GÓNGORA I Sg 

Flor de Romances, recopilados por Seb. Vélez de Guevara, Burgos, 
1592, 1594. Quarta, Quinta y Sexta Parte de Flor de romances..., por 
F. Flores, Lisboa. 1593; Toledo, 1594. Flores del Parnaso. Octava 
parte, recopilado por Luis de Medina, Toledo, 1596. Flor de varios 
romances diferentes de todos los impresos. Novena parte, Madrid, 
1597, Séptima y octava parte de Flor de varios romances, Alcalá, 1597. 
Romancero general, Madrid, 1600; Medina, 1602; Madrid, 1604. Elo- 
quencia Española, de Patón, Toledo, 1604. Segunda pte. del Rom. 
gral., Valladolid, 1605. Discursos, epístolas y epigramas de Artemidoro, 
Zaragoza, 1605. Primera pte. de las flores de poetas ilustres. Vallado- 
lid, 1605. Relación de la fiesta que se hizo en Sevilla á la Beatif. de 
S. Ignacio, Sevilla, 1610. Primera pte. del jardín de amadores, Zara- 
goza, 1611. Relación de las honras... en Córdova á la muerte de... 
doña Margarita de Austria, Córdoba, 1612. Quatro comedias de di- 
versos autores, Madrid, 1613; Córdoba, 1613. Romancero geral., Ma- 
drid, 1614. Relación de las fiestas... en Córdoba á la Beatif. de S. Te- 
resa, Córdoba, 1615. Quatro comedias famosas de D. Luis de Gón- 
gora y Lop.e, Madrid, 1617. Descripción de la capilla de N. S.^ del 
Sagrario, Madrid, 1617. Proposición chirurgica, Sevilla, 1618. Labe- 
rinto amoroso de... romances, Barcelona, 1618. Mercurius Trimegis- 
ius, de Patón, 1 62 1. Primavera y Flor de los mejores romances, Ma- 
drid, 1621, 1622, 1623, 1626; Lisboa, 1626; Barcelona, 1626; Madrid, 
1626; Sevilla, 1627. Desengaño de amor en rimas de Pedro Soto, 
Madrid, 1623. Obras en verso del Homero español (Góngora), Madrid, 
1627. Heroyda Ovidiana, de Alvarado, Burdeos, 1628. El Polifemo, 
Madrid, 1629. Segunda pte. de la Primav. y Flor..., Zaragoza, 1629. 
Delicias del Parnaso... todos los Romances... de D. Luis de Góngora, 
Barcelona, 1630; Zaragoza, 1634; Barcelona, 1634, 1640; Zaragoza, 1643. 
De D. J. Pcllicer de Salas y Tovar, Lecciones solemnes á las obras de 
•don Luis de Góngora, Madrid, 1630. Primavera y flor..., Barcelona, 
1632; Zaragoza, 1636; Sevilla, 1637; Zaragoza, 1639. Todas /oj obras 
.de D. L. de Góngora, Madrid, 1633, 1634. Obras de D. Juan de Tarsis, 
Madrid, 1635, 1643. Ilustración y defensa de la Fábula de Firamo y 
Tisbe. Compuesta por D. L. de Góngora, Madrid, 1636. Soledades, 
Madrid, 1636. Maravillas del Parnaso, Lisboa, 1637; Barcelona, 1640. 
Laberinto amoroso de... romances, Zaragoza, 1638. Égloga fúnebre 
á D. L. de Góngora, de versos entresacados de sus obras. Por D. Mar- 
tín de Ángulo y Pulgar... de Lo ja, Sevilla, 1638. Romances varios, 
Zaragoza, 1640, 1643; Madrid, 1648. Arte de ingenio, de Gracián, 
Madrid, 1642; Huesca, 1648, 1649. Todas las obras de D. Luis de 
Góngora, Zaragoza, 1643; Sevilla, 1648; Madrid, 1654. Varias poesías 
4e D. L. de Góngora, Zaragoza, 1643. Primavera de varios romances, 
Valencia, 1644. Primera parte del jardín de amadores, Zaragoza, 1644. 
Segundo tomo de las obras de D. Luis de Góngora, comentadas por 
D. García de Salzedo, Madrid, 1644, 1645. Obras de D. Luis de Gón- 
gora, I.» pte., Lisboa, 1646; 2." pte., 1647. Entremés famoso de la des- 



1 6o ÉPOCA DE FELIPE JI (s. XVl) 

iruyción de Troya..., de Góngora, Cádiz, 1647. Obras de D. L. de 
Góngora, comentadas... por Salzedo, tonto segundo, Madrid, 1648, 
Anacreon. Bion Moschus... The Solitude by Góngora, 1651. Obras de 
D. Luis de Góngora, Bruselas, 1659. Delicias de Apolo, Madrid, 1670;. 
Zaragoza, 1670. Parnaso español, Madrid, 1770-1773, 1776-1778. Poe- 
sías de Góngora, Madrid, 1820. Floresta de Rimas..., Nic. Bóhl de 
Paber, Hamburgo, 1821-1825, 1827-1843. Colección de rom. cast.. Du- 
ran, Madrid, 1828-1829. Tesoro de los romanceros..., Ochoa, París,. 
1838, 1840. Romancero gral., Bibl. de Aut. Esp., X y XVI, Madrid, 
1849-1851; id. t. XXXII. Bibl. Gallardo, t. IV, Madrid, 1889. Cartas 
y poesías inéditas de D. L. Góngora, Granada, 1892. Poésics inédites 
de Góngora, Rev. Hisp., 1897. Note sur trois manuscrits des ceuvres poét.. 
de Góngora, Rev. Hisp., 1900. Reproduction en fac-siniilc des Maravillas 
del Parnaso y Flor de los meiores romances..., Lisboa, 1637; Xew- 
York, 1902. Vingt-six lettres de Góngora, Rev. Hisp., 1903. Reproduc- 
tion en fac-simile du Romancero general de 1600, New- York, 1904- 
Poésies attribuées á Góngora, Rev. Hisp., 1906. El precioso ms. orde- 
nado en el siglo xvii por Antonio Chacón (Bibl. Nac, inédito). 

Obras poéticas, ed. R. Foulché-Delbosc, Bibliotheca hispánica, 
ts. XVI y XVII ; id., Bibliographie de Góngora, en Revue Hispanique 
(1908), t. XVIII, págs. 454-504; M. González y Francés, Góngora 
racionero : noticias auténticas, etc., Córdoba, 1895 ; M. González y 
Francés, Don Luis de Góngora vindicando su fama ante el propia 
obispo, Córdoba, 1899; G. Lanson, Eludes sur les rapports de la lit- 
tcrature francaise ct la littcraturc espagnole au xvif siécle {1600- 
jóóó) : III. Poetes espagnols ct poetes frangais: Góngora, en Revue d'his- 
toire littéraire de la France (1896), t. III, págs. 321-331; L.-P. Thomas,. 
Le lyrisme et la preciosité cultistes en Espagne, Halle, a. S. — París, 1909; 
L.-P. Thomas, Góngora et le gongorisme consideres dans leiirs rap- 
ports avec le marinisme, París, 191 1; E. Churton, Góngora, London, 
1862, 2 vols. ; E. Canevari, Lo stile del Marino nelVAdone ossia analisi 
del Secentismo, Pavía, 1901 ; C. Pérez Pastor, Bibliografía Madrileña,. 
parte III, págs. 377-380; E. Melé y A. Bonilla, Dos cancioneros es- 
pañoles, Madrid, 1904, pág. 10; M. Serrano y Sanz, Un cancionero de 
la Biblioteca Nacional, en Rev. Archivos, Octubre de 1900; E. Melé 
y A. Bonilla, El Cancionero de Mathias Duque de Estrada, Madrid, 
1902. Carta de un amigo de D. L. de Góngora y Respuesta de éste, en 
Sales españolas, ed. A. Paz y Alelia, 2.^ serie, Madrid, 1902, pági- 
nas 297-307. 

90. Año 1580. Francisco de Medina (i 544-161 5), sevi- 
llano, escribió su famoso Discurso sobre la lengua castellana, 
para las Anotaciones, de Herrera á Garcilaso, con las cuales se 
publicó, Sevilla, 1580. Klo hay en el tono de panegírico discur- 
so más hermoso escrito en lengua castellana. Con gran estudio. 




(Pacheco, Libro de retratos.) 



S. XVI^ 1580. BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO 161 

sin duda, pero sin la menor afectación, logró cooiunicar A'íe- 
dina á nuestro idioma tal galanura y elegancia, ritmo, caden- 
cia y redondez de periodos, que puede competir este trozo 
elocuentísimo con los mejores de griegos y latinos. Demóstenes, 
Cicerón y Plinio no llegaron más allá en este género. 

91' 'Cervantes lo leyó tanto, que de él y de la epístola al Marqués 
de Ayamonte que le precede tejió literalmente la dedicatoria de la 
primera parte del Quijote. M. Pelayo, Id. est., t. II, vol. II, pág. 389: 
"Discurso sobre la lengua castellana, el cual, por la pompa y armonía 
de las cláusulas y por lo magnánimo de las ideas, es, sin duda, el trozo 
más elocuente que ha salido de manos de ningún crítico español. Si 
Du Bellay exhortaba á los galos á tomar de nuevo por asalto el Ca- 
pitolio, el maestro Francisco de Medina, con aliento profetice, nos 
anuncia que, por el esfuerzo de Herrera y de sus secuaces, "se co- 
menzará á descubrir más clara la gran belleza y esplendor de nuestra 
lengua, y todos, encendidos en sus amores, la sacaremos, como hicie- 
ron los príncipes griegos á Helena, del poder de los bárbaros''. Hay 
versos suyos en la misma obra. Cervantes dijo de él, en el Canto de 
Calíope: "Los ríos de eloquencia que del pecho | del grave antiguo 
Cicerón manaron; | los que al pueblo de Atenas satisfecho ! tuvieron 
y á Demóstenes 'honraron; | los ingenios que el tiempo ha ya des- 
hecho, j que tanto en los passados se estimaron, | humíllense á la 
sciencia alta y divina i del maestro Francisco de Medina." 

Francisco de Medina, Juicios críticos, etc. [espécimen]. Bibl. de 
Aut. Esp., t. XXXII. Véase A. Coster, Fernando de Herrera, París, 
1908, págs. 27...; biografía y retrato, en F.*^" Pacheco, Libro de Re- 
tratos. 

92. ''Año T3S0. Bernal Díaz del Castillo (1492-1581 ?), 
soldado de Hernán Cortés en Méjico, acabó de escribir su His- 
toria verdadera de la Conquista de la Nueva España en 1580, 
en Guatemala, siendo ya muy viejo, y se publicó en Madrid, 
1632. La sinceridad ruda, pero persuasiva, el estilo natural, 
desafeitado y sin la menor pretensión, encantó los ánimos, y 
desde que salió á luz la obra nadie se acordó ya de Gomara, 
á quien critica y desmiente con el desenfado que muestran estas 
palabras: "Aquí dice el coronista Gomara en su Historia muy 
al contrario de lo que pasó, y quien viere su Historia, verá ser 
muy extremado en hablar, e si bien le informaran, él dijera lo 
que pasaba; mas todo es mentiras." 

Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la 
Nueva España, ed. Jenaro García, México, 1904-1905, 2 vols. ; Bibl. de 

II 



102 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Aut. Esp., t. XXVI, Consúltense: trad. francesa de José María de 
Heredia, París, 1877-1887, 4 vols.; trad. danesa de Emil Gigas, Kjó- 
benlhavn, 1909. 

93. Año 1580. El LICENCIADO FRANCISCO PACHECO (i535-i599), ca- 
nónigo de Sevilla, nació en Jerez de la Frontera, y dejó manuscri- 
tos un Vocabulario de los nombres dificultosos ó peregrinos y un 
Memorial de los arzobispos de Sevilla (Gallardo, IV, cois. 140, 154. 
1375.). Hay un poema latino de 272 versos al frente de las Obras 
de Garcilaso. con anotaciones de Herrera (1580), y cuatro octa- 
vas al principio de las Obras del poeta Gregorio Sylvestre (1599). 
A. Coster, Fern. Herrera (París, 1908, pág. 32) : "Su casa acogía sin 
duda de buen grado á los poetas, á los eruditos y aun á los artistas, 
porque allí fué donde su sobrino, el pintor Francisco Pacheco, encon- 
tró sus primeros maestros." Cervantes comienza por él el inventario 
de los ingenios sevillanos en el Canto de Calíope. 

Juan de Alcega publicó Libro de Geometría Práctica y Traga, 
Madrid, 1580, 1589. Juan Alemán, catalán, publicó Lunari ó repertori 
del temps, Barcelona, 1580. En castellano, Reportorio de los tiempos, 
Toledo, 1593, 1640, 1652. — ^Don Francisco de Alvarado, húrgales, ar- 
chidiácono de Briviesca, publicó Vida de la princesa de Parma, Roma, 
J580; Barcelona, 1587 (del italiano). Frutos admirables de la limosna, 
Roma, 1586; Alcalá, 1609 (traducción del Prado espiritual). — Barto- 
lomé Antist, valenciano, publicó Almanach ó pronóstico de los efec- 
tos que se esperan, según las configuraciones de los planetas y estre- 
llas, Geografía universal del Mundo, 15S0. — Fray Antonio Bernart, 
agustino, publicó Compendio de Confesores y Penitentes, sacado de 
toda la sustancia del Manual de Navarro, Alcalá, 1580; Sevilla, 1585. — 
Fray Dionisio Blasco, carmelita, de Utrillas, publicó In Theologiae 
Boconii primam parfem, Lyon, 1580. Cursus Artiuní, Zaragoza, 1672, 
ibid., 1676. — Fray Juan de Bonilla, franciscano, publicó Tratado de 
quán necesaria sea la Pas de I' Alma, Alcalá, 1580, juntamente con el 
tratado anónimo Consuelo y oratorio espiritual. — Benito Caldera tradu- 
jo Los Lusiadas de Luys Camoes, Alcalá, 1580, en octava rima. El pró- 
logo, de Pedro Láinez, sonetos de Caray, Vergara, etc. Hay un soneto 
suyo en el Comentario... de disciplina militar, de Mosquera de Figue- 
roa (1596). Alabóle Cervantes en el Canto de Calíope: "Tú, que de 
Luso el sin ygual tihesoro | truxiste en nueva forma a la ribera | del 
fértil río á quien el lecho de oro | tan famoso le haze adonde quiera : | 
con el devido aplauso y el decoro | devido á ti, Benito de Caldera, 1 y 
á tu ingenio sin par, prometo honrarte, | y de lauro y de yedra coro- 
narte," — ^Juan Calvo, médico valenciano, publicó Cirurgía universal 
y particular, Sevilla, 1580; Madrid, 1626. Cirurgía de Guido de Cau- 
liaco con la Glosa de Falco..., Valencia, 1596. — Bartolomé Carvajal, 
notario granadino, publicó Instrucción y memorial de Juezes exccu- 
tores, Granada, 1580. — Fray Tomás Castelak, dominico, publicó Triun- 



S. XVI, 1580. DIEGO RODRÍGUEZ RUIZ 1 63 

fos de los mártires de la orden de Predicadores en las Indias, 1580?. 
Tratado de los ídolos de Guatemala. Historia ordinis Praedicatorum 
in prov. Mexicana (ms.). — Don Fadrique Enríquez de Ribera, capi- 
tán sevillano, marqués de Tarifa, adelantado de Andalucía, escribió 
Viage que hize {en 1518) á lerusalem, Lisboa, 1580; Sevilla, 1606; 
Lisboa, 1608; Madrid, 1733, 1786. — Juan de Espinosa (i54o-i59S)' na- 
tural de Belorado, publicó el Diálogo en laude de las mugeres. Intitu- 
lado Ginaecepaenos, Milán, 1580; reproducido por Sbarbi en su Re- 
franero. Micracanthos ó Diálogo de plantas y animales, ibid., 1580-. 
Colección de más de seis mil proverbios. — Pedro Fernández de An- 
Drada, sevillano, publicó De la naturaleza del caballo, Sevilla, 1580. 
Libro de la gineta de España, ibid., 1599. Nuevos discursos de la gi- 
neta d\e España sobre el uso del cabezón, ibid., 1616. Maestro de la, 
Caballería, 1616. Respuesta á las objeciones, 1616. — Pedro García de 
Toledo publicó Decisiones extravagantes ex variis Scriptoribus in 
utroqiie Jure Lectionibns collectae. Ñapóles, 1580. — El maestro Luis 
GÓMEZ de Tapia, vecino de Sevilla, publicó La Lusiada, de el famoso 
Poeta Luys de Camoes, traducida en verso castellano de Portugués, 
Salamanca, 1580. — Juan González de la Torre, alguacil de Casa y Corte 
de la C. R. M. del Rey don Felipe II, publicó el Diálogo llamado Nun- 
cio Legato Mortal, en metros redondos castellanos, Madrid, 1580. Do- 
cientas Preguntas con sus Respuestas en versos diferentes, Madrid, 
1590. Diálogo llamado Consuelo de afligidos y encarcelados, compuesto 
en diferentes versos. — El doctor Pedro López de jMontoya publicó 
De Recto usu divitiarum, Madrid, 1580. Los Quatro Libros del Mys- 
terio de la Missa, ibid., 1591. Libro de la buena educación y enseñanza 
de los Nobles, Madrid, 1595 (2 edic). De Concordia Sacrarum edi- 
tionum, Madrid, 1596, 1600. — Andrés de la Losa, de Fuensalida, 
publicó la Batalla y triunfo del Hombre contra los Vicios, en 
el qiial se declaran los maravillosos hechos del Caballero de l-a Clara 
Estrella, Sevilla, 1580. Verdadero entretenimiento del Christia^io, Se- 
villa, 1584; Pamplona, 1617. — ^El doctor Gonzalo Millán publicó Flos 
sanctortim, Sevilla, 1580. — ^Fray Diego de Ojea publicó Institución 
de la devoción. Cofradía y milagros del Rosario..., Madrid, 1580, 1585, 
1589. Recopilación de las cosas tocantes á la devoción y cofradía del 
Rosario, Madrid. — Diego de Oseguera publicó Estaciones del Chris- 
tiano. Trata de las mercedes que Dios ha hecho al hombre, Valladolid, 
1580. Estacionario de la Creación y Redención del mundo, poema, Ma- 
drid, 1593. — Don Antonio Pérez Sigler, salmantino, publicó Los 
Quince libros de las Transformaciones de Ovidio, en verso suelto y oc- 
tava rima, Salamanca, 1580; Burgos, 1609. Manipulus florum Juris 
Pontifica et Caesarei necnon et Regni Hispaniarum, etc.. Ñapóles, 1641. 
— UNOFRE Pou (Povius), de Gerona, publicó en latín y catalán, Thesau- 
rus puerilis sive Ars interprctandi Latina verbis Catalanicis, Barcelo- 
na, 1580, 1600. En latín y castellano, por Barnaba Solerio, Barcelona, 
1684. — Diego Rodríguez Ruiz, de Logroño, tradujo de Pedro de Luca 



164 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

De la Humanidad y fundamento de la vida christiana, Valladolid, 
1580. — Don Gonzalo de Saavedra y Torkeblanca, veinticuatro de Cór- 
doba en 1580, fué autor de la novela Los Pastores del Bétis, versos y 
prosas, dada á luz por su hijo don Martín ée Saavedra y Guzmán, 
Trani, 1633 (Bibl. Nac.)- De los principios del libro se saca que había 
sido escrita muoho antes de esta fecha. Acaso sea el Gonzalo Cer- 
vantes Saavedra, poeta alabado por Cervantes (véase año 1585). — 
Miguel Sánchez de Lima, lusitano de Viana de Lima, publicó 
El Arte poética en romance Castellano, Alcalá, 1580. — Andrés San- 
tos^ de Quintana de la Vega, León, primer obispo de Teruel, 
arzobispo de Zaragoza (1578-1585), publicó Avisos que el limo... 
dio á los Rectores, Vicarios y Confesores de su Arcobispado, acerca 
de la Administración del Sacramento de la penitencia, Zaragoza, 1580. — 
Pedro Sarmiento de Gamboa escribió Viaje al Estrecho de Magallanes 
en los años de 1^79 y 15S0 y noticia de la expedición que después hizo 
para poblarle, jNIadrid, 1768. — Martín de Segura^ madrileño, publicó 
Grammatica Institutio, Alcalá, 1580, 1586, 1589. Rcthorica institutio, 
Alcalá, 1589. — Pedro la Sierra Infancón, natural de Cariñena, pu- 
blicó la Segunda parte de Espejo de Príncipes y caualleros, dividida 
en dos libros; donde se trata de los altos hechos del Emperador Tre- 
hacio y de sus caros hijos, el gran Alplicbo é ínclito Rosicler, Za>ra- 
goza, 1580; Alcalá, 1581; Zaragoza, 1581; Valladolid, 1585; Alcalá, 
1589; Zaragoza, 1617. — ^Don Juan Suárez de Peralta, mejicano, pu- 
blicó Tractado de la cavallería de la gineta y brida, Sevilla, 1580. — ^Don 
Francisco Vicente de Tornamira^ tudelano, publicó Chronographia 
y repertorio de los tiempos... de Cosmograplúa y Sphera, Theorica de 
Planetas, Philosophia y Astronomía, Pamplona. 1580, 1585. El Kalen- 
dario Gregoriano, ibid., 1591. — Fray Diego Velázquez, carmelita de 
Medina, publicó Sobre el Cántico Regina Coeli, Medina, 1580; Toledo, 
1583. De la Vida y excelencias de N. Señor hesu-Christo. Del Menos- 
precio de la Muerte. 

94. Año 1 58 1. MiCER Andrés Rey de Artieda (1549- 
1613), por nombre poético Artemidoro, hijo de Juan Rey de 
Artieda, infanzón de Tauste y de Angela de Aliona, valencia- 
na, nació en Valencia, se graduó de Artes allí mismo en 1563, 
cursó leyes en Lérida y Tolosa, graduándose de bachiller en 
Leyes en Valencia (1574), "con aplauso y pronósticos extra- 
ños", como él dice en su Epístola al Marques de Cuéllar; y 
enseñó Astrología en Barcelona. Ya por entonces era conocido 
como poeta y lo fué precoz, y asi Gaspar Gil Polo le incluye 
entre los poetas valencianos en su Canto del Tu ría, compuesto 
lo más tarde á principios de 1564. Descontento de la abogacía, 



S. XVI, 1 581. MICER ANDRÉS REY DE ARTIEDA 



l65 



hízose soldado y llegó á capitán en la primera campaña, sir- 
viendo como tal treinta años. Hallóse en Lepanto (1571), donde 
recibió tres heridas, en Navarino, Chipre, rota de Finden, y 
otras muchas acciones con fama de esforzado. En las tempo- 
radas de reposo ^•ivía en Valencia, Zaragoza y Barcelona. Pu- 
blicó la tragedia Los Amantes {de Teruel), Valencia, 1581, en 
cuatro actos; el desenlace parecido al de Tirso, la trama mal 
urdida, la versificación floja. Atribúyenle, además, las come- 
dias, que desconocemos, El Príncipe vicioso, Amadís de Gaula, 
Los Encantos de Mcrlín. Octavas a la venida... del Rey don 
Felipe a la insigne ciudad de Valencia, Valencia, 1586. Perte- 
neció á la Academia de los Nocturnos de Valencia con nombre 
de Centinela desde su fundación (1591), donde leyó poesías y 
un curioso y docto Discurso de Armas y Timbres. En las actas 
del año 1593 de la Academia hay composiciones suyas (Can- 
cionero de la A. de los Nocturnos, Valencia, 1905-1912, 4 vols.), 
3 sí como en otras obras. Conctu-rió á varios certámenes de 
aquella ciudad, donde además se casó con Catalina de Monave, 
antes de 1575, teniendo de ella dos hijos y dos hijas. A los 
cincuenta y seis de su edad, retirado en Zaragoza, publicó Dis- 
cursos, epístolas y epigramas de Artemidoro, Zaragoza, 1605, 
donde hay Sonetos muy apreciados, la citada Epístola al mar- 
gues de Cnéllar sobre la Comedia, en tercetos, de atinada doc- 
trina estética. ]\Iurió en Valencia, siendo sepultado en la pa- 
rroquia de San Esteban, delante del altar del Rosario. 



95- Alabáronle Lope en el Laurel, y Cervantes en el Canto de 
Calíope (1584) y en el Viaje del Parnaso: "Más rico de valor que de 
moneda", como á él mismo le sucedió. Un soneto suyo, en el Libro 
de la Vida del... P. Fr. Nicolás Factor, por fray Crist. Moreno, Al- 
calá, 1596. Hay otras composiciones suyas en el Cancionero, de los 
Nocturnos; en El Prado de Valencia, ibid., 1600, de Gaspar Merca- 
der; en la Historia de... l-as Provincias orientales (1601), de M. Bo- 
lea; en Los sagrados mist. del Rosario (1602), de F. co Segura; en 
El Solitario pacta (1605), de A, La Sierra; en La Hija de la Celes- 
tina (1612), de Barbadillo; en Flores, de Espinosa, y en el ms. 3.795-97 
de la Bibl. Nac. y len el códice Ricardino 3.358 (E. Melé y A. Bonilla, 
Dos Canc. españ., 1904, pág. 8). 

Andrés Rey de Artieda, Los Amantes [con noticia biográfica y bi- 
bliográfica de F. Martí Grajales], ed. F. Carreres y Vallo. Valencia, 



166 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

1908; Poesías, Bibl. de Aut. Esp., ts. XXXV y XLII. Consúltense: 
E. Cotarelo y Mori, Sobre el origen y desarrollo de la leyenda de los 
amantes de Teruel, 2." ed., 1907; E. Melé, Di alcune versioni e imi- 
tazioni italiane in un Canzionere spagnuolo del principio del 500, en el 
dómale storico de la letteratura italiana (tirada aparte, sin fecha) ; 
Cancionero de la Acad. de los Nocturnos, Valencia, 1905-12, 4 veis. 

96- Año 1581. Fray Juan de Tolosa, agustino de Salamanca, que 
vivió en Aragón, publicó en elegante, suelto, castizo y riquísimo caste- 
llano, Indulgencias de la Correa de S. Agustín, 1581. Discursos predi- 
cables, Medina, 1589. Aranjuez del alma, á modo de Diálogos, Zarago- 
za, 1589. 

Andrés de Alarcón y Rojas. (Véase en este mismo año Andrés 
de Roxas Alarcón.) — Don Miguel de Aguirre^ de Azpeitia, publi- 
có Responsum pro successione regni Portugalliae pro Philippo Hisp. 
Rege..., Venecia, 1581. — Baltasar Altamirano, de Sanlúcar, publi- 
có De visitatione, Sevilla, 1581, 1589. — ^Gonzalo de las Casas, me- 
jicano (?), publicó Arte para criar la seda en Nueva España, Gra- 
nada, 1581 ; Madrid, 1620. Defensa de conquistas y conquistadores de 
las Indias Occidentales y cómo se han de haber en los descubrimientos 
y conversión de los naturales (ms.). Tratado de la Guerra de los Chi- 
chimecos (id.). — Pedro Mártir Coma publicó Directorium Curatortim ó 
Instrucción de Curas, Madrid, 1581; Sevilla, 1585, 1589. — Francisco 
DÍAZ DE Vargas, soldado de Trujillo, publicó Discurso y Sumario de 
la Guerra de Portugal, Zaragoza, 1581. — Juan Gracián Falconi pu- 
blicó Quingentarum Regularum Juris... liber, Madrid, 1581. — ^Luis Fer- 
nández DE Oviedo, natural de Oviedo, boticario, publicó Methodo de 
la colección y reposición de las medicinas simples..., Madrid, 1581, 1592, 
1595, 1609, 1622. Tratado de la Botica, ibid., 1621. — En 1581 se tradujo 
La historia del señor Francisco Guichardino, cavallero florentino. — 
Inclinaciones humanas en discursos poéticos, Sevilla, 1581. — Dionisio 
Jerónimo de Jorba, catalán, publicó Institutionum Oratoriarum libri V, 
Barcelona, 1581. — Antonio de León Coronel, segoviano, publicó In 
Titulas Codicis de pactis. Salamanca, 1581. — Recopilación de las Leyes 
destos Reynos, hecha por mandado de... D. Philipe II, AJcalá, 1581. 
Quaderno de lo que se añadió (á la misma), ibid., 1581. — Fray Jeróni- 
mo Luna de Guadalupe, aragonés, premostr átense, luego Jerónimo, 
primer profesor de Escritura en El Escorial, y al fin trinitario, publicó 
In Hosseam, Zaragoza, 1581; Venecia, 1585; Lyon, 1586 (dos edic.) ; 
Venecia, 1587; Lyon, 1590, 1591. In Lucae Evangelium, Valencia, 1595, 
1597. Sermón de S. Andrés, Valencia, 1597. Vita divi Hieronymi, To- 
ledo, 1597. — Luis Martínez publicó Principio del reino de Aragón, 
Zaragoza, 1581. — Fray Antonio de Portalegre, franciscano portugués, 
publicó A Paisao de Christo metrificada 'cn portugués y castellano, 
Coimbra, 1581. — Andrés de Roxas Alarcón, madrileño, publicó Los 
Graciosos Sucesos de Tirsis y Tirseo, y juntamente, Comedia de la 



s. XVI, 1582. LUIS gAlvez de montalvo 167 

Hechicera, Madrid, 1581. — Fray Miguel Bartolomé Salón (t 1620), 
agustino valenciano, publicó De Justitia, 2 vols., Valencia, 1581. Vida 
de Fr. Tomás de Villanneva, ibid., 1588, 1652, 1670. — Andrés de Tor- 
DEHUMOS Ribero publicó Apología Theologica, Medina, 1581. — Juan 
Salvador Trados publicó Hechos y dichos espirituales de los ilustres 
y heroicos varones y mujeres de la Religión Seráfica, Barcelona, 1581. 



97. Año 1582. Joaquín Romero de Cepeda, vecino de 
Ba/dajoz y no mal poeta de versos á la manera antigua, imita- 
dor de Castillejo y Gregorio Silvestre, publicó sus Obras, Se- 
villa, 1582, entre las cuales la Comedia Salvaje, que se reim- 
primió en el Tesoro del Teatro Español, París, 1838. La anti- 
gita, memorable y sangrienta destruycion de Troya ^ romances, 
Toledo, 1584. Conserva Espiritual, poesías, Medina, 1588. Fá- 
hidas de Esopo y otros, en varios metros, Sevilla, 1590. El in- 
felíce robo de Helena, poema, Sevilla, 1582, en 10 cantos y dé- 
cimas de quintillas. La Comedia Salvaje es represeníable y se 
lepresentó y tiene cuatro breves jornadas en redondillas dobles. 
Its imitación de la Celestina, como se ve por el título : Comedia 
Salvaje, en la qual por muy delicado estilo y artificio se des- 
cubre lo que de las alcahuetas a las honestas doncellas se les 
sigue, en el proceso de lo qual se fallarán muchos procesos y sen- 
tencias. Hasta parte de la tercera jornada, es casi una versi- 
ficación de la Celestina en versos fáciles y hasta elegantes; "el 
resto de la pieza es un purísimo desatino, dice M. Pelayo, en 
que se amalgaman confusamente incidentes del drama nove- 
lesco y del pastoril". La Comedia Metamorfosea es pastoril 
y se publicó con la Salvaje en Obras, 1582; su versificación, 
excelente. Fué Cepeda poeta de pura cepa castellana. 

Luis Gálvez de Montalvo (i549?-i59i ?) nació en Gua- 
dalajara, y su familia procedía acaso de Arévalo; fué gentil- 
hombre de D. Enrique de Mendoza y Aragón, quinto nieto 
de Santillana; murió en Italia antes de 1599. Su nombre poé- 
tico fué Siralvo. Publicó El Pastor de Filida en Madrid, 1582, 
novela pastoril de clave, "una de las pastorales mejor escritas, 
aunque, por ventura, la menos bucólica de todas" (M. Pelayo). 
Libro de la Pasión, según López Maldonado (Cancionero, pá- 
gina 188), que sin duda es El Llanto de S. Pedro, traducción 
del italiano Luis Tansilo, en la Primera Parte del Thesoro de 



l68 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

divhm poesía, por Estevan de Villalobos, Toledo, 1587; Ma- 
drid, 1604; Aut. Español. La obra italiana salió en 1585. Hay 
otra versión de Gregorio Hernández de Velasco, en la Biblio- 
teca Real, segiin Nicolás Antonio. Abreviado lo tradujo fray 
Damián Alvarez en octava rima, Ñapóles, 1613; más abrevia- 
do en el mismo metro Fr. Jacinto de San Francisco, Pamplo- 
na, 1653, dándolo como obra propia. De Roma escribía en 1587 
que estaba traduciendo la Hierusalem del Taso en coplas cas- 
tellanas. Fué escritor culto y algo afectado, imitó á Sannazaro ; 
la prosa igualmente culta, pero excelente y los versos fáciles, 
sobre todo las redondillas, en que aventajó á Montemayor y 
rivalizó con Gregorio Silvestre; pero malea á veces su poesía 
cierta punta de conceptismo y amaneramiento, á pesar de su 
buen gusto. 



98. Joaquín Romero de Cepeda, Comedia Salvaje y Comedia lla- 
ma-da Metamor fosea, ed. E. de Ochoa, en Tesoro del teatro español, 
t. I, págs. 2S6-308 (Colección de los mejores aut. esp., t. X). Consúl- 
tese: B. J. Gallardo, Ensayo, etc., t. IV, cois. 254-259. 

Sobre Gálvez : Cervantes, Canto de Caliope: "^: Quién pudiera loa- 
ros, mis pastores, ! un pastor vuestro amado y conoscido, ¡ pastor me- 
jor de quantos son mejores | que de Filida tiene el apellido? , La ha- 
bilidad, la sciencia, los primores, ! el raro ingenio y el valor subido ¡ 
de Luys de Montalvo le asseguran [ gloria y honor mientras los cielos 
duran." Hay de Gálvez un- soneto á Caldera en Los Lnsiadas, de Ca- 
moens, Alcalá. 1580; otro en la Calatea; otro á fray Pedro de Padilla 
en el Jardín Espiritual, Madrid, 1585. El Pastor de Filida, Madrid, 
1582 (Bibl. Acad. Esp.); Lisboa, 1589: Madrid, 1590. 1600; Barcelona, 
1613; Valencia, 1792. (con introd. de J. Antonio Mayans) ; M. Pelayo, 
Nuev. Bibl. de Aut. Esp., t. VIL Consúltense: M. Pelayo, Oríg. de la 
novela, t. I, pág. cdxcix; Rodríguez Marín, Lrtis Barahona de Soto; 
Hugo. A. Rennert, The Spanish Pastoral Romances, Philadelphia, 1912, 
págs. 104-115; R. Schevill y A. Bonilla, ed. de la Calatea, t. II, pág. 317. 
Sobre Tansilo, Cejador, Lengua de Cervantes, t. II (artículo Luis). 

99- Año 1582. Lucvs Gracián Dantisco publicó el Calateo es- 
pañol, Madrid, 1582; Zaragoza, 1593; Barcelona, 1595; Madrid, 1599; 
Valencia, 1601 ; Valladolid, 1603; Medina. 1603; Madrid, 1664; Barce- 
lona, 1680, y otras muchas. Es refundición del Calateo, de Messer 
Giovanni Della Casa, y contiene la teoría y la práctica de las novelas 
y cuentos y de la conversación de aquel tiempo, acomodando el ori- 
ginal á España, sin ser mero traductor. La más completa es la edición 



S. XVI, 1582. MICER CARLOS MOXTESA 169 

de Madrid, 1599, en que se añaden el Quaternario de avisos, que en 
italiano compuso Horacio Riminaldo, y la vida de Lazarillo de Tormes, 
castigado. 

Don Diego de Alaba Esquivel (t 1562), de Vitoria, obispo de Avi- 
la (1548) y Córdoba, publicó De Conciliis universalibus, Granada, 1582. 
— Fray José Ancles, franciscano de Valencia, publicó Flores Theo- 
logicarnm Quaestionum, Alcalá, 1582; Lyon, 1584; Madrid, 1586. In 
Sec. libr. Sententiarum, ibid., 1587. — Baltasar de Ayala, que vivió en 
Amberes, publicó De lure Belli et officiis hellicis et disciplina militari, 
Duai, 1582; Amberes, 1597. — Fernando Calvo, de Plasencia, publicó 
Libro de Albeyteria de Fernando de Mena, con glossas del autor, 1582; 
Sevilla, 1587 ¡ Alcalá, 1602, 1623, 1647; Madrid, 1675. — Juan de Car- 
mona, médico sevillano, publicó De Peste ac Febribus cmn puncticuUs 
Vulgo Tavardillo, Sevilla, 1582, 1590. An Astrologia sif Mediéis neces- 
saria, Sevilla, 1590. — Fray Diego de Carvajal, mercedario, publicó 
Arte de Gramática latina, Valladolid, 1582. — Julián del Castillo, 
húrgales, publicó la Historia de los reyes godos que vinieron... á Es- 
paña: y la succssión dellos hasta... Philippe segundo. Burgos, 1582, 
1584; Madrid, 1624. — Lo sucedido á la armada de S. M. de que es capi- 
tán general el Marqués de S. Cruz, en la Batalla que dio á la Armada 
que traya Don Antonio, en las Islas de los Acores..., Zaragoza, 1582. 
— Juan de Funes, alférez, publicó el Libro intitulado Arte Militar, en 
que se declara qual sea el oficio del Sargento mayor, Pamplona, 1582. 
— Juan López de Velasco, cronista de las Indias, publicó la Ortografía 
y pronunciación castellana. Burgos, 1582. — Don Manuel Henríquez de 
GuzMÁN, conde de San Román, publicó Del orden y tiempos de sembrar 
y coger, Florencia, 1582. — Gabriel Hernández, vecino de Granada, te- 
nía compuesta la Tercera parte de Diana, en 1582. Véase M. Pelayo, 
Oríg. novel., t. I, pág. dxxxi. — Informaciones acerca del señorío y go- 
bierno de los Ingas hechas por mandado de D. Francisco de Toledo, Vi- 
rey del Perú, 1570-1572. Publicáronse en Madrid, 1882 (Libr. rar. y cur.). 
— AusiAs Izquierdo de Zebrero publicó el auto Lucero de n. salvación 
al despedimiento que hizo N. S. Jesuchristo de su bendita Madre, Sevilla; 
1582, 1620. La Barrera lo pone erradamente en 1532. Este autor parece 
ser el Ansias Izquierdo de quien se habla el año 1565. — Francisco 
Lozano, arquitecto madrileño. Los diez Libros de Architectura de León 
Baptista Alberto. Traduzidos de Latín en Romance, Madrid, 1582. Pare- 
ce calco de la traducción italiana de Cosme Bartoli. — Jerónimo Paulo 
Manzanares publicó Estilo y Formulario de Cartas Familiares, según 
el govierno de Prelados y Señores temporales, Alcalá. 1582; Madrid, 
1600, 1607. — Francisco de Miranda Villafañe, soldado y después 
sacerdote, publicó los Diálogos de la phantastica philosophia, Salaman- 
ca, 1582. Diálogos de las letras y armas. Diálogo del Honor. — Micer 
Carlos Montesa, ciudadano de Zaragoza, publicó Philographia univer- 
sal de todo el mundo, de los Diálogos de León Hebreo. Traduzida de 
Italiano en Español, corregida y añadida, Zaragoza, 1582 (por errata 



lyo ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

dice 1584). — Juan Ochoa de la Salde, prior de San Juan de Letrán, 
publicó Chronica del esforgado príncipe y capitán Jorge Castrioto, Rey 
de Epiro ó Albania, traducida de lengua Portuguesa, Sevilla, 1582; 
Madrid, 1597. La Carolea, Inchiridíon que trata de la vida del Em- 
perador don Carlos Quinto, Lisboa, 1585 (i.^ parte). — Baltasar Pa- 
checo,, franciscano de Ledesma, publicó Meditaciones del amor de 
'Dios, Salamanca, 1582. Catorce Discursos sobne el Pater noster, ibid., 
1585, 1596, 1603. De los Juramentos, ibid., 1595, 1600. Sobre el Símbolo, 
ibid., 1603. Sermones para las Dominicas de Adviento hasta la Quin- 
quagésima, ibid., 1605. Sermones para las festividades de los Santos, 
ibid., 1605. Espejo de Sacerdotes, Madrid, 1611. Compendio de servir 
al altar, ibid., 1611. Autor de castizo y elegante castellano. — Jerónimo 
SÁNCHEZ DE Carranza, noble é ilustre sevillano, comendador y caba- 
llero del hábito de Cristo, publicó el Libro que trata de la philosophia 
de las armas y de la destreza, Sanlúcar de Barrameda, 1582; obra aca- 
bada en 1569. También: Los Cinco libros sobre la Ley de la Injuria, 
de palabra ó de obra, en que se incluyen las verdaderas resoluciones 
de la honra y los medios con que se satisfacen las afrentas (ms.). Ade- 
más: Discurso de Armas y Letras sobre las palabras del proemio de la 
Instituía del Emp<erador Justiniano (ms., Gallardo). Hay una canción 
suya en el ms. 2.864 de la Bibl. Ricardiana. Alabóle Cervantes en el 
Canto de Caliope: "Si queréys ver en ima ygual balanqa | al ruvio 
Febo y colorado Marte, | procurad de mirar al gran Carranca, | de 
quien el uno y otro no se parte. | £n él veréys, amigas, pluma y lanza | 
con tanta discreción, destreza y arte, | que la destreza, en partes divi- 
dida, I la tiene á sciencia y arte reduzida." — Miguel Sánchez de Or- 
tega, conquense, canónigo de Baeza, publicó Hombre nuevo, Baeza, 
1582. Devoción de la sangre y llagas de N. S. Jesu Christo. Cuenca, 
1616. — Don Hipólyto Sanz, caballero del hábito de San Juan, natural 
de Játiba, que estuvo en 'el sitio de Malta (1565), publicó Maltea en 
que se trata la famosa defensa de la Religión de S. Juan en la Isla de 
Malta, Valencia, 1582, poema. — Miguel de Urrea, de Fuentes, en To- 
ledo, arquitecto, tradujo Los Diez libros de Arquitectura de Marco 
Vitruvio Pollion, Alcalá, 1582, 1602. Nic. Ant. cita edición de 1547, 
que debe de estar errada. — Esteban de Villalobos, toledano, publicó 
Vida de la Madalena, Toledo, 1582. Tesoro de Divina Poesía, primera 
parte recopilada de diversos autores, Toledo, 1587; Lisboa, 1598; Se- 
villa, 1604; Madrid, 1604. 

100. Año 158^. Miguel de Cervantes Saavedra (1547- 
16 16) nació €n Alcalá de Henares, probablemente el 29 de 
Setiembre, día de San Miguel, y fué bautizado el 9 de Octu- 
bre d'el mismo año en Santa María la Mayor. Era hijo segun- 
do de Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas. El padre, 
licenciado y modesto cirujano, sordo y pobre toda su vida; 




(Cervantes, por Jáuregui, año 1600; retrato probable, propiedad 
de la Academia Española.) 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA I7I 

pero cuidó de la primera instrucción de su hijo en Alcalá. En 
1554 fué Miguel á Valladolid con su padre, y allí, siendo mu- 
chacho, hubo de conocer á Lope de Rueda, que por aquel tiem- 
po visitó varias veces aquella ciudad. No menos le conoció en 
Madrid, adonde ya se habian trasladado los Cervantes en 1561 
y donde hizo Miguel un soneto, el más antiguo conocido, á Isa- 
bel de Valois, tercera mujer de Felipe II, descubierto por Foul- 
ché-Delbosc y compuesto entre 1560 y 1568. En 1564 residían 
en Sevilla, adonde Rodrigo iría á trabajar á la sombra de su 
hermano Andrés; Miguel seguiría allí estudiando, pero el año 
siguiente ya estaban en Madrid, y en 1568 asistía Miguel al 
Estudio del M. Juan López de Hoyos, que publicó la Historia 
y relación verdadera de la enfermedad, felicissimo transito y 
sumptuosas exequias fimehres de la Ser. Reyna de España doña 
Isabel de Valoys, N. S.^, Madrid, 1569. Había muerto la Rei- 
na el año pasado de 1568, en el cual Cervantes compuso una 
copla, cuatro redondillas, una elegía de 199 versos y un epita- 
fio en fonna de soneto, versos que el maestro imprimió en su 
libro, alabándole repetidamente como á "caro y amado discí- 
pulo". El mismo año de 1568 volvió á Roma el legado del 
Papa Julio Aquaviva, después Cardenal, de quien Miguel fué 
camarero en la misma Roma el siguiente de 1569, habiendo 
probablemente pasado allá con él y merced al cardenal Espi- 
nosa que se lo recomendaría. En 1570 se alistó en la milicia, 
siendo desde 1571 de la compañía de Diego de Urbina, capitán 
del tercio de Infantería de Miguel de Moneada, que á la sazón 
servía á las órdenes de Marco Antonio Colonna, nombrado por 
el Papa general de las tropas pontificias contra el turco y á 
quien ordenó Felipe II el mismo año, 1570, obedeciesen las 
tropas españolas que había juntado Juan Andrea Doria. Asis- 
tió Miguel el mismo año á la fracasada expedición en socorro 
de Nicosia, tomada por los turcos, y en 1571 á la batalla naval 
de Lepanto, en la galera Marquesa, una de las 54 que mandaba 
como vanguardia Juan Andrea Doria y á las órdenes del ge- 
reralísimo D. Juan de Austria, cuya armada era de 300 naves 
y 30.000 soldados. El capitán de la Marquesa era Francisco de 
San Pedro, y en el arreglo de antes del combate su galera tomó 
lugar bajo el maixlo del almirante veneciano Agustín Barba- 



172 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

rjgo. Peleó Cervantes junto al esquife mandando t2 soldados, 
recibió dos arcabuzazos en el pecho y otro en el brazo izquier- 
do, que le estropeó la mano. La galera formaba parte del ala 
izquierda, donde arreció más la pelea ; murieron San Pedro y 
Barbarigo y más de 40 hombres de !a Marquesa. Vuelta á Me- 
sina la escuadra de D. Juan, entró Cervantes con los demás he- 
ridos en el hospital. En 1572 le concedieron varios socorros ex- 
traordinarios, pasó al tercio de D. Lope de Figueroa con tres 
escudos de ventaja al mes, y el mismo año 1572 se le juntó su 
hermano Rodrigo, después de la batalla de Lepanto, y con cua- 
tro ducados más al mes por orden del Duque de Alba tomó par- 
te en la expedición á Corfú, Navarino y Modon y á la captu- 
ra de la galera turca La Presa. El año' de 1573 fué en la 
expedición que de Palermo hizo D. Juan á Túnez con 20.000 
soldados, y tomada la ciudad pasó con el tercio de D. Lope á 
Cerdeña; en 1574, á Genova con el Duque de Sessa, que á la 
sazón mandaba el tercio, por haber dado D. Lope la vuelta á 
España; luego con el mismo Duque á Sicilia, donde era Virrey, 
y el mismo año de 1574 á Ñapóles, adonde tornó tras el tardío 
socorro enviado á la Goleta. A fines del mismo estaba en Pa- 
lermo, y á últimos del 1575 pidió á D. Juan, para sí y su her- 
mano, licencia de volverse á España. Obtenida y embarcados 
en la galera Sol, de la escuadrilla mandada por D. Sancho de 
Leiva, con cartas de recomendación del mismo D. Juan para el 
Rey, pidiéndole le concediese una compañía de las que se for- 
masen para Italia, por ser hombre de mérito, y no menos del 
duque de Sessa, D. Carlos de Aragón, virrey de Sicilia, su 
negra fortuna le llevó al cautiverio, tomada la galera tras rudo 
combate cerca de Marsella por el pirata Arnaúte Mamí. Que- 
dó esclavo Rodrigo del rey de Argel Ramadán Bajá y Miguel 
del arráez Ali Mamí, llamado El Cojo. Llegados á Argel, atra- 
jese Miguel á un moro que le llevase á Oran con otros cau- 
tivos; pero á la primera jornada les abandonó, teniendo que 
volverse ellos á Argel, donde le apretaron más la prisión. En 
1576 hizo Rodrigo información acerca del cautiverio de sus 
hijos y buscó con qué rescatarlos, ayudando D.^ Leonor. En 
la obra del cautivo en Argel, Bartolomé Ruffino de Chambery, 
italiano, Sopra la desolatione della Goleta et forte di Tunisi, 



S, XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA lyS 

con dedicatoria fechada en 1577 (Bibl. duc. de Genova), iiay 
un "Soneto de Miguel de Cervantes, gentilhoríibre español en 
loor del autor", "Del mismo; en alabanza de la presente obra". 
El propio año de 1577 los padres de la Merced rescataron por 
300 escudos á Rodrigo, por no traer dinero bastante de parte 
de la familia para rescatar á Miguel, como correspondía por 
ser hijo mayor; pero su amo pedía más por él y él escribió al 
secretario del Rey Mateo Vázquez una preciosa Epístola poéti- 
ca para S. M., exponiéndole los padecimientos de los cautivos 
y el modo de tomar aquel nido de piratas argelinos. Al mismo 
tiempo tramó el salvarse con muchos amigos suyos en un barco 
cristiano ; pero un renegado, El Dorador, fingiendo tomar parte 
en la huida, fué con el soplo al rey Azan y Cervantes confesó 
que él sólo tenia la culpa, cargando con la pena de la vida, he- 
cho valeroso que admiró al Rey; el cual, temiendo de su valer 
y mañas, le compró de Alí Mamí por 500 escudos. El siguiente 
año de 1578 discurrió nuevo plan, escribiendo al gobernador 
de Oran D. Martín de Córdoba, por medio de un moro, el me- 
dio de librar á los cautivos; cogieron al moro al entrar en Oran, 
mandóle empalar el Rey por sospechoso y ordenó que á Cer- 
vantes le diesen 2.000 palos, aunque, á ruegos de algunos 
que admiraban su valor y prendas, le perdonó. El mismo año 
hízose información de sus servicios á instancias de su padre 
ante el licenciado Ximénez Ortiz, alcalde de casa y corte, y él 
y su hermana Magdalena se obligaron á pagar á Hernando de 
Torres lo que faltaba para el rescate, dándole lo que pudieron; 
pero tampoco tuvo efecto, como ni otros muchos arbitrios que 
inventaron sus padres, ni el último que maquinó él en 1579, de 
adquirir en Argel una fragata con dinero de dos mercaderes 
valencianos allí residentes, valiéndose de un renegado, pues 
también les traicionó el doctor Blanco de Paz, de Montemolín, 
que parece había sido dominico; y aunque los valencianos ins- 
taron á Miguel se fuese solo para librarse de las iras del Rey. 
no quiso si no se partían con él los demás cristianos, antes se 
presentó al Rey espontáneamente y con su buena labia le desar- 
mó, contentándose con decir, según refiere Haedo, que "como 
tuviese bien guardado al estropeado español tendría seguro su 
capital, sus cautivos y sus bajeles"", y así le puso á buen recaudo. 



174 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

El 19 de Setiembre de 15S0 fué al cabo rescatado por el 
P. Fr. Juan Gil, de la Redención de cautivos, llevándose la cé- 
lebre información hecha en 10 de Octubre en Argel, ante el 
mismo fraile, para que le sirviese para algún empleo en Espa- 
ña y de comprobante contra las calumnias con que le amenazaba 
Blanco de Paz. Embarcóse en el navio de maese Antón Fran- 
cés con otros cautivos rescatados, pagando Fr. Juan Gil 15 do- 
blas por el pasaje; el 24 de Octubre de 1580, llegó á Denia y 
Valencia, y en Diciembre, á Madrid. En Mayo de 1581 recibió 
en Tomar de Portugal, de parte de Felipe II, que se hallaba 
allí á la sazón posesionándose de aquel reino, una comisión 
para Argel con 50 ducados para parte de la ayuda de costa, y 
vuelto de ella en Junio, recibió otros 50 ducados en Cartagena. 
Pero desengañado de pretender en vano, se retiró á sus estu- 
dios literarios y acaso estuvo en Salamanca de ayo de algún 
estudiante rico como Carriazo y Avendaño, que de hecho esta- 
ban matriculados por entonces en aquella Universidad. En 1583 
se publicó el Romancero de Pedro de Padilla con su elogio he- 
cho en un soneto por Cervantes, y murió Juan López de Ho- 
yos, aprobador del Romancero. Aquel año estuvo Cervantes en 
Madrid, y de 1583 á 1587 se representaron más de 20 come- 
dias suyas, como se dice en el Prólogo de ellas y en la Adjunta 
al Parnaso, donde se hallan los títulos de otras diez. En 1584 
ó poco antes nació su hija natural Isabel de Saavedra y se pu- 
blicó la Austria da, de J. Rufo, con un soneto de Miguel en su 
alabanza; conocióle en Italia, pues asistió á Lepanto, y le ce- 
lebró en el Canto de Calíope. Este mismo año de 1584 se aprobó 
la Calatea y casó Cervantes con D.^ Catalina de Palacios, veci- 
na de Esquivias, de diez y nueve años, teniendo él treinta y 
siete. Era huérfana de padre, y vivía con su madre, que le dejó 
al morir algunos bienes. En 1585 salió á luz la Primera parte 
de la Calatea, dividida en seys libros. En 8 de Junio de este año 
hizo su testamento Rodrigo de Cervantes, padre' de Miguel, y 
murió el 13 del mismo mes. En el Jardín espiritual, de fray 
Pedro de Padilla, Madrid, 1585, hay dos poesías de Cervantes 
alusivas á la toma de hábito de su amigo en la Orden del Car- 
men y un soneto á San Francisco. A fines de año Cervantes se 
hallaba en Sevilla. En 1586 se publicó el Cancionero de Lói^ez 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA lyS 

Mcnldonado, Madrid, con un soneto y unas quintillas de Cer- 
vantes, y en Esquivias se otorgó la escriturai dotal de su mujer. 
En 1587 se publicaron la Philosophia cortesana moralizada, 
Madrid, de Alonso de Barros, con un soneto de Cervantes, y 
las Grandevas y excelencias de la Virgen, Madrid, de Pedro 
de Padilla, con otro soneto. Este mismo año de 1587 comienzan 
sus comisiones en Andalucía, que duran cerca de diez años, 
tratando de aceite, trigo y cebada con arrieros, molineros, ca- 
rreteros y alguaciles, rindiendo cuentas, prestando fianzas, su- 
friendo excomuniones inmotivadas y encarcelamientos por quie- 
bras ajenas, litigando pleitos injustos, caminando sin tregua de 
pueblo en pueblo por diez y doce reales de salario, y todo para 
quedar más pobre que antes, alcanzado en 700 y pico reales, 
gracias á su honradez, que no le permitió enriquecerse. Para 
abastecer la Armada Invencible nombró Felipe II por proveedor 
general al consejero de Hacienda Antonio de Guevara que ha- 
bía de residir en Sevilla, y en tanto llegaba, delegó éste en el 
juez de la Audiencia de Sevilla, D. Diego de Valdivia, sus fa- 
cultades. Con esperanza de lograr empleo en tal sazón, partió 
Cervantes á Sevilla y fué de hecho comisionado por Valdivia 
para recoger abastos y luego, á fin de año, por Antonio de Gue- 
vara. En 1588 hizo un soneto para el Tratado de todas las 'en- 
fermedades de los ríñones, del doctor Francisco Díaz, Madrid, y 
dos canciones sobre la Armada Invencible. Cansado de comi- 
siones, dirigió en 1590 al Rey un Memorial pidiendo un empleo 
en América, respondiéndosele: "Busque por acá en que se le 
haga merced." En 1591 hizo 60 versos de pie de romance a 
Los celos, publicados en Flor de varios nuevos romances... por 
Andrés de Villalta, Valencia, lestimados por su autor en el Via- 
je del Parnaso (c. 4). También se le atribuye el romance El 
Desdén, publicado en Flor de romances, por Sebastián Vélez de 
Guevara. Burgos, 1592. De este mismo año es la carta de Pe- 
dro de Isunza, á cuyas órdenes pasó Cervantes, dirigida al Rey, 
en la que le elogia como á hombre honrado y de su confianza ; y 
el concierto que Miguel hizo con Rodrigo Osorio, autor de co- 
medias en Sevilla, comprometiéndose á entregarle seis de ellas, 
aunque no se sabe si lo cumplió, acaso no, por haber entrado 
er la cárcel de Castro del Río ; bien que, habiendo apelado, fué 



176 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

dejado por libre. En 1593 murió D." Leonor de Cortinas, su 
rnadre ; la esposa, D.^ Catalina, seguía viviendo en Esquivias. En 
1595 concurrió Cervantes con una glosa á un certamen poético 
de los frailes dominicos de Zaragoza por la canonización de 
San Jacinto y obtuvo por primer premio tres cucharas de plata; 
imprimióse en la Relación de aquellas fiestas, Zaragoza, 1595. 
El siguiente año de 1596 se publicó el Comentario en breve 
compendio de disciplina militar en que escribe la jornada de 
los islas Azores, Madrid, del licenciado Cristóbal Mosquera de 
Figueroa en el cual hay un soneto de Cervantes. Otro satírico, y 
de los mejores suyos, compuso contra el Duque de IMedinasi- 
donia el mismo año con ocasión de la cntrsda de la Armada in- 
glesa en Cádiz el i.° de Julio. En 1597, mandado rendir cuentas y 
no hallando la fianza exigida, el licenciado Vallejo le encerró en 
la cárcel, pero habiendo suplicado al Rey, hubo de soltarle. En 
1598 parece escribió un soneto en alabanza de la Dragontea, 
de Lope, y otro, el más famoso de los suyos, al túmulo de Fe- 
lipe II en Sevilla, mencionado en el Viaje del Parnaso (c. 4), 
además, 12 quintillas y un soneto que se pusieron en el túmulo. 
En 1599 trajo Cervantes á casa de su hermana D.^ Magdale- 
na, como para servirla, y de hecho para tenerla cerca de sí, á 
Isabel de Saavedra, hija natural que tuvo en 1584 de Ana de 
Rojas. Estuvo Cervantes entonces en Madrid; pero en 1600 
otra vez se hallaba en Sevilla. El mismo año murió de un 
arcabuzazo en Flandes su hermano el alférez Rodrigo de Cer- 
vantes. En 1604 escribió Lope de Vega una carta á un médico 
desde Toledo y en ella muestra tener noticia del capítulo del 
Quijote en que se habla de su teatro con cierto menosprecio: 
"De poetas no digo buen año es éste; muchos están en cierne 
para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cer- 
vantes, ni tan necio que alabe á Don Quijote... no más, por no 
imitar á Garcilaso en aquella figura correctionis, cuando dijo: 
''A sátira me voy mi paso á paso", cosa para mí más odiosa 
que mis librillos á Almendarez y mis comedias á Cervantes." 
El mismo año de 1604, á 20 de Setiembre, se fechó el Privi- 
legio en Valladolid por diez años para el Quijote, y se puso á 
ía venta á mediados de Enero de 1605. El título es El Ingenio- 
so Hidalgo Don Qiiixote de la Mancha, Compuesto por Miguel 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 1 77 

de Ceruantcs Saauedra, Dirigido al Duque de Beiar, Marqués 
de Gihraleon, Conde de Benalcagar y Bañares, Vij:conde de la 
Puebla de Alcocer, Señor de las villas de Capilla, Curiel, y 
Burguillos. Con privilegio. En Madrid. Por luán de la Cuesta. 
Año lóoj. Este mismo año, en Junio, fué la herida y muerte 
de D. Gaspar de Ezpeleta y la causa seguida sobre ello á Cer- 
vantes y su familia, que fueron nobles y generosas víctimas del 
injusto y prevaricador juez. En 1606, con la Corte debió 
Cervantes de trasladarse á Madrid, donde salió en 1608 la ter- 
cera edición madrileña del Quijote, más esmerada y adiciona- 
da, con variantes que no parecen ser más que de Cervantes y 
a,sí la han segTiido la Academia, Pellicer, Clemencin y Ce j ador. 
En 1608 se hicieron las capitulaciones matrimoniales y los des- 
posorios entre la hija de Corvantes Isabel de Cervantes y don 
Luis de Molina, viviendo en la calle de la Montera, frente á la 
de los Jardines, donde hoy está el Pasaje de Murga, y en 1609 
las velaciones. El mismo año entró Cervantes en la Herman- 
dad del Smo. Sacramento y recibieron el hábito de la Tercera 
Orden D.^ Andrea y D.^ Catalina de Salazar, muriendo la pri- 
mera el mismo año. En 1610 hizo Cervantes un soneto en elo- 
gio de las obras de D. Diego Hurtado de Mendoza, impresas 
en Madrid aquel año ; profesó D.° Magdalena en la Orden Ter- 
cera, é hizo testamento D.° Catalina de Salazar, mujer de Cer- 
vantes, en cuya compañía sólo estuvo los últimos diez años y 
los dos primeros, habiendo pasado ella sola en Esquivias otros 
veinte. El mismo año profesó en la Orden Tercera D." Cata- 
lina é hizo D.^ Magdalena su testamento, muriendo el año si- 
guiente de 1611. Cervantes debió de pasar una temporada en 
Esquivias; pero en 1612 volvió á Madrid, donde concurrió á 
la Academia Selvaje, en casa de D. Francisco de Silva, en la 
calle de Atocha. Presentó á la censura sus Novelas ejemplares 
el 2 de Julio de 161 2 y se le dio licencia el 22 de Noviembre, 
la Dedicatoria es del 14 de Julio de 161 3 y salió el libro á pri- 
meros de Setiembre, vendiéndolas á Robles por 1.600 reales. 
Del mismo año es la Dirección de Secretarios, de Gabriel Pé- 
rez del Barrio, con unas redondillas de Cervantes; la Primera 
parte de varias aplicaciones, de Diego Rosel y Fuenllana, con 
un soneto, y la oda al conde de Saldaña, D. Diego Gómez de 

12 



178 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Sandoval, hijo segundo del Duque de Lerma. En 16 14 se pu- 
blicó el Quijote de Avellaneda, publicó Cervantes el Viaje del 
Parnaso, y escribió la canción A ¡os éxtasis de nuestra Beata 
Madre Teresa de Jesús, incluida en el Compendio de sus fies- 
tas, Madrid, 161 5. En 161 5 publicó las Comedias y Entremeses 
y la Segunda Parte del Ingenioso Cavallero Don Quixote de 
la Mancha. Por Miguel de Cernantes Saaiiedra, autor de su pri- 
npera parte. Dirigida a don Pedro Fernández de Castro, Con- 
de de Lenios... En Madrid, Por Juan de la Cuesta. Año 161 5. 
En 1616 compuso un soneto para Los Amantes de Teruel, de 
Juan Yagüe de Salas, Madrid, 161 6, y otro á D.^ Aldonza 
González de Salazar, monja profesa en el convento de monjas 
de Constantinopla, de esta Corte, y se publicó en la Minerva 
sacra del licenciado Miguel Toledano, Madrid, 161 6. Del mismo 
año es la notable carta que escribió en 26 de Marzo ai cardenal 
de Toledo D. Bernardo de Sandoval, diciéndole que el mal 
que le aqueja no tiene remedio y acabará con él, aun cuando 
no con su agradecimiento. El 2 de Abril profesó Cervantes en 
la Orden Tercera, el 18 del mismo mes recibió la Extremaun- 
ción, el 19 escribió la Dedicatoria al Conde de Lemos, de los 
Trabajos de Persiles y Sigismunda, admirable último escrito de 
un corazón agradecido, y el 23 del mismo Abril y año de 1616, 
falleció en su casa de la calle del León, de mal del corazón, ma- 
nifiesto en la hidropesía que él dice en el Persiles. Fué sepul- 
tado el 24 en el convento de las Trinitarias, llevado en hombros 
de los Terceros de San Francisco "con la cara descubierta como 
á Tercero que era". El 24 de Setiembre logró D.^ Catalina 
de Salazar el privilegio para el Persiles y acabó de imprimirse 
á fines del mismo año 1616, en casa de Juan de la Cuesta, á 
costa de Juan de Villarroel, el famoso comprador de las Co- 
medias y Entremeses, y salió á luz en 161 7 en Madrid, reim- 
primiéndose este mismo año en Madrid, París, Barcelona, Va- 
lencia, Pamplona y Lisboa, y el siguiente en Bruselas. 

El retrato físico de Cerv-antes hízolo el mismo en el Pró- 
logo de las Novelas ejemplares; el moral de su alma pónese de 
relieve en todas sus obras : alegría sana, socarronería ingeniosa 
y benévola, conformidad en los trabajos, nobleza de sentimien- 
tos, aliento siempre sin desesperanza, optimismo y brío, ente- 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 1 79 

reza y grandeza de ánimo extraordinaria. Y tal era la España 
de entonces y tales los personaijes todos que nos pinta, hermo- 
seando hasta los más feos y odiosos, dejando siemipre flotar 
iir, aire de salud confortable y alegre que ensancha el corazón 
y eleva la mente á grandes y generosas empresas. Los grandes 
ingenios se retratan en sus obras y estilo : el estilo de Cervan- 
tes, transparente como el agua que salta de la fuente, descubre 
en el fondo de los asuntos que trata, en los personajes que di- 
buja, en los acaecimientos que cuenta, tomados todos de hechos 
reales y muchas veces propios, un alma grande, noble y her- 
mosísima. 

101. El abuelo de Miguel fué el abogado y licenciado Juan de 
Cervantes (1480-1556), nacido en Córdoba, pues en declaración prestada 
en 1555 dice tener sesenta y cinco años; hay documentos de 1533 en 
que parece residiendo en Alcalá y teniendo por hijos á Andrés y á 
María, hermanos mayores de Rodrigo, el padre de nuestro Miguel. 
Se había casado don Juan con doña Leonor de Torreblanca, de Cór- 
doba, y era hijo del bachiller Rodrigo de Cervantes y de doña Catalina 
üe Cabrera, de noble familia cordobesa. Este Bachiller venía de alguna 
de las varias familias cervantinas cordobesas de los siglos xiv y xv. 
Véase Rodr. Marín, Cerrantes y la ciudad de Córdoba, Madrid, 1914, 
y Doc. Cerv., ibid., 1914. Mena, Memorial... de algunos linages (ms. 
Bibl. Nac. 3.390) : "Los deste linage de Cervatos y de los Cervantes 
son de alta sangre, que vienen de ricos homes de León é Castilla, qué 
se llamaron Muñios é Aldefonsos, que están enterrados en Sahagún é 
en Celanova: eran gallegos de nación, que venían de la rodilla de los 
reies godos emparentando con los reies de León. De Celanova vinieron 
á Castilla é se hallaron en la conquista de Toledo estos Aldefonsos, que 
era su apellido antiguo, é por el lugar de Cervatos se llamaron así : 
fueron señores de Ajofrin, é tierra de Toledo, é unos destos Cervatos, 
por el castillo de san Servando, que estaba fundado en Toledo, le lla- 
maron Cervantes. Es buena casta, é ubo dellos unos conquistadores de 
Sevilla é de Bae^a é otros grandes ombres : agora vive el muy ilustre 
señor Juan de Cervantes, que fué obispo é agora es arzobispo de Se- 
villa é Cardenal de Roma, grande señor mío, é en su poder e visto 
muchos papeles deste linage de luengo tiempo é previlegios é alvalás de 
muchos reies, concedidos por sus muí altos fechos, é conocí á sus 
hermanos é á su padre Gonqalo de Cervantes é á su madre, Bocanegra, 
hija del almirante maior de Castilla Bocanegra, que jacen enterrados 
en Todos Santos, eglesia de Sevilla, por fundar allí una capilla. Sus 
armas son, de los Cervatos, un canpo de bleu, que es azul, é en él dos 
ciervos de oro, é alrededor aspas de oro en campo de sangre ; é los 
Cervantes, como los usa el cardenal : un escudo verde con dos ciervas 



1 8o ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

de oro, paciendo la una." Estas son, en efecto, las anmas de los Cef 
vantes, y aun algunos de tal apellido las describieron en su divisa con 
los siguientes versos: "Dos ciervas en campo verde, | la una paze y 
la otra duerme: | la que paze, paz augura; | la que duerme, la ase- 
gura." Por todo ello dijo Miguel en cierto documento, muy agradecido 
á Tomás Gutiérrez, que era natural de la ciudad de Córdoba, esto es, 
oriundo de ella. (Rodr. Marín, Cerv. y Córdoba, pág. ;^y.) Andrés vi- 
vía con su familia en Sevilla el 1564 y había nacido el 1543. No se 
sabe cuándo nació Rodrigo, aunque sí que en Alcalá; ni cuándo casó 
con doña Leonor de Cortinas, del lugar de Barajas, cerca de Madrid, 
aunque se supone sería nacida hacia 1540; la madre de ella era El- 
vira de Cortinas, que tenía bienes en la misma provincia de Madrid. 
Tuvo Miguel por hermano mayor á Andrés, nombre que se le dio 
por el hermano de su padre; nació en Alcalá, 1543, y nada más se 
sabe de él. Hermana mayor de Miguel fué Andrea, bautizada en 
Alcalá el 1544; disponía en Sevilla, 1565, de algún peculio, involucrado 
con los bienes de su padre; recibió valiosa donación de un italiano en 
Madrid, 1568; tuvo por hija á Constanza de Ovando, hacia 1570; con- 
tribuyó al rescate de Miguel, y con el trabajo de sus manos, al sos- 
tenimiento de la familia; muriendo en 1609. Otra hermana mayor 
fué Luisa, nacida en 1546, monja en Alcalá, que llegó á ser Vicaria. 
El año de 1545 el abuelo, Juan de Cervantes, había sido nombrado go- 
bernador de los Estados del Duque de Osuna; poco después retiróse 
á 'Córdoba, donde era abogado en 1555. La partida de bautismo de 
Miguel, publicada por Agustín de Montiano en el Discurso sobre las 
tragedias espa fiólas, Madrid, 1753, t. I, pág. 10, fué reproducida en 
facsímil por Velasco Dueñas (1852), Moran (Vida de Cerv.) y Aláinez 
(Cerv. y su época). Poco después, el cura de Santa María, de Alcázar 
ae San Juan, embromó á Blas Nasarre con otra partida de bautismo 
de Miguel, del año 1558, de aquella villa; pero, según ella, Cervantes 
sería poeta antes de los ocho años; estaría en Lepanto á los doce; 
no hubiera estado cautivo en Argel, pues el cautivo es hijo de Ro- 
drigo y de Leonor Cortinas y el de Alcázar es hijo de Blas y de Ca- 
talina López, ni estaría casado con Catalina de Salazar, El libro de 
Alcázar tiene la partida de bautismo de Miguel con cinco más en una 
hoja declarada inútil por estar rasgada en parte, donde se tiabían es- 
crito las seis partidas á mediados del siglo xviii ó algo después; fo- 
tografióse y se reprodujo en el librito de Alanuel de Foronda, Cer- 
z'antes en la Exposición histórico-europea. Otra falsa partida hay de 
Consuegra. En 1550 fué bautizado en Alcalá Rodrigo, hermano menor 
de Miguel y su compañero en la milicia y cautiverio; rescatado tres 
años antes que él, siguió el ejercicio de las armas en Portugal, y con 
el grado de alférez en Flandes, donde murió gloriosamente. En 
1554 (?) nació en Valladolid Magdalena, otra hermana menor de Mi- 
guel, acaso después del otro Juan, que nombra su padre en el testa- 
mento, y del cual nada más sabemos. Resumiendo; los hijos del licencia- 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 181 

do don Juan fueron siete: Andrés, Andrea, Luisa, ]\Iiguel, Rodrigo, Juan 
y Magdalena. Sobre Lope de Rueda en Valladolid, véase N. Al, Cor- 
tés, Un pleito de L. de Rueda, Valladolid, 1903, págs. 9 y 32. Que en 
Madrid viviesen los Cervantes en 1561 parece sacarse de la informa- 
ción de hidalguía hecha en 22 de Dic. de 1569 por Rodrigo, el padre, 
y en la cual dos testigos de la Corte y un alguacil afirman conocer 
á Miguel de Cervantes "de ocho años á aquella parte", y haberle visto 
en casa de su padre. El libro del M. Hoyos está dirigido al car- 
denal don Diego de Espinosa, presidente del Consejo de Castilla. 
Folio 145 : "Primer epitafio en soneto con una copla castellana que 
hizo Miguel de Cervantes, mi amado discípulo." Eol. 147 (por error 
138) : "Estas cuatro redondillas castellanas á la muerte de S. M., en 
las cuales, como en ellas parece, se usa de colores retóricos, y en la 
última se habla con S. M., son como una elegía que aquí va, de Mi- 
guel de Cervantes, nuestro caro y amado discípulo." Fol. 157: "La ele- 
gía que en nombre de todo el Estudio el sobredidho compuso, dirigida 
al ilmo. y rmo. Cardenal don Diego de Espinosa, en la cual con bien 
elegante estilo se ponen cosas dignas de memoria." Sácase de aquí 
que Miguel era el mejor discípulo del Estudio de Hoyos, el cual co- 
menzó á enseñar en él aquel año de 1568. El tener ya Miguel veintiún 
años hace sospechar si sería ayudante ó pasante; por lo menos échase 
de ver su afición al estudio. Dcdicat. de la Galaica : "Oí muchas veces 
decir de V. S. L el cardenal Aquaviva, siendo yo su camarero en 
Roma." La orden de prisión contra cierto Miguel de Zervantes, 15 
Setiembre de 1569, no reza con nuestro Miguel, pues las fechorías 
que en ella se cuentan no le hubiesen permitido dirigir sus versos el 
año anterior al Cardenal ni servir este mismo año de 1569 á Aqua- 
viva, siendo rebelde, huido y condenado á que le cortasen la mano 
derecha; mucho menos hubiera su padre pedido este mismo año la 
información de hidalguía para Miguel, y declarádose que se hallaba 
en Roma. Tal información debió de pedirla Miguel para entrar en la 
milicia. De Lepanto habla Cervantes en el prólogo de la Segunda parte 
del Quijote, en el Viaje del Parnaso (caps. I y V), en el prólogo de 
las Novelas, en la del Cautivo, etc. No perdió la mano izquierda, aun- 
que él se llamó manco de Lepanto, sino que se le estropeó y quedó in- 
útil "para gloria de la diestra". Los socorros dados en Mesina y Pa- 
lermo á Cervantes para acabar de curarse constan en el Archivo de 
Simancas. Recuerda Cervantes cómo fué hecho cautivo, en la Gala- 
tea (1. V), en Los Tratos de Argel (j. I), en la novela del Cautivo, en 
La Española inglesa, en el Persiles (1. HI, cap. X) y en la Epístola á 
Mateo Vázquez. Hay documentos sobre dineros que busca doña Leo- 
nor y le conceden para rescatar á sus hijos: véase Pérez Pastor. Los 
sonetos escritos en Argel se publicaron en el Qidjote de Argamasilla, 
1863 (apénd. I), y en las Obras completas de Cervantes (t. I) del mis- 
mo año. El rescate de Rodrigo en la Relación de los cautivos rescata- 
dos en Argel por la Orden de la Merced el año de 1577, Valencia. 



1 82 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

La Epístola á Mateo Vázquez se descubrió en 1863 en el archivo del 
Conde de Altamira, y se publicó el mismo año por Jerónimo Moran en el 
Museo Universal, 3 de Mayo 1863, en su Vida de Cervantes y en las 
Obras completas del mismo, t. VIII; muchos de los últimos versos 
están también en El Trato de Argel (j. I). La segunda heroica ten- 
tativa de fuga la describe en su información de Argel y respuestas de 
los testigos (Navarrete, Vida de Cerv., págs. 322-324, 330, 332, 333, 
336, 341-343, y Haedo, Topografía de Argel, pág. 184), La tercera in- 
tentona, en la indicada información (Navarrete, pág. 324) . En el mismo 
(pág. 315) se halla la información hetíha á pedimento de su padre. La 
obligación con Torres, en Pérez Pastor {Doc. cerv., I, 15). La certi- 
ficación del Duque de Sessa, que presentaron los padres para llevar á 
Argel 8.000 ducados en mercaderías, y lo demás de este negocio, en 
Rev. Archiv., Dic. 1883; Navarr., pág. 313; Rev. Archiv., Marzo, 1872; 
Dic. 1883; Doc. Cervant., II, 16. En 1579 doña Leonor y doña Andrea 
entregaron cantidades para el rescate (P. Pastor, Doc. Cervant., II, 
18 y 19). La última tentativa en la información de Cervantes de 1580 
(Navarr., págs. 43-47, 324-348). Mucho le faltaba á fray Juan Gil para 
los 500 escudos de oro que el rey Azán pedia por Cervantes; pero 
se libró de ir con él á Constantinopla, para donde el Rey se partía 
con toda su casa, y fué rescatado, según dice este documento, publi- 
cado por José. Miguel de Flores (Aduana crítica, III, 274), Pellicer 
(Ensayo) y Ríos: "En la ciudad de Argel, á 19 días del mes de Se- 
tiembre de 1580, en presencia de mí, el dicho notario, el M. R. P, 
Fr. Juan Gil, Redentor susodicho, rescató á Miguel de Cervantes, 
natural de Alcalá de Henares, de edad de treinta y un años, hijo 
de Rodrigo de Cervantes y de doña Leonor de Cortinas, vecino de 
la villa de Madrid, mediano de cuerpo, bien barbado, estropeado 
del brazo y mano izquierda, cautivo en la galera del Sol, yendo de 
Ñapóles á España, donde estuvo mucho tiempo en servicio de S. M. 
Perdióse á 26 de Setiembre del año de 1575; estaba en poder de 
Azán Baxá Rey, y costó su rescate 500 ducados de oro de España, 
porque si no le enviaba á Costantinopla : é así, atento á esta necesi- 
dad, y que este christiano no se perdiese en tierra de moros, se bus- 
caron entre mercaderes 200 escudos, á razón cada uno de 125 ásperos, 
porque los demás, que fueron 280. había de limosna de la Redención ; 
los dichos 500 escudos son y hacen doblas, á razón 135 ásperos cada 
uno, 1.340 doblas. Tuvo de adyutorio 300 ducados, que hacen doblas 
de Argel, contado cada real de á quatro por 47 ásperos, 775 y 25 di- 
neros. Fué ayudado con la limosna de Francisco de Caramanchel, de 
que es patrón el muy ilustre señor Domingo de Cárdenas Zapata, del 
Consejo de S. M., con 50 doblas, é de la limosna general de la Orden, 
fué ayudado con otras 50 é lo demás restante al conjunto de las 1.346 
hizo obligación de pagarlas acá dicha Orden, por ser maravedís para 
otros cautivos que dieron deudos en España para sus rescates; y por 
no estar al presente en este Argel no se han rescatado, á estar obli- 



S. XVI^ 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDR.^ 1 8:) 

gada dicha orden á volver á las partes su dinero, no rescatando los 
tales cautivos: é más se dieron nueve doblas á los oficiales de la 
galera del dicho Rey Azán Baxá que pidieron de sus derechos. En 
fe de lo qual firmaron de sus nombres, testigos: Alonso Berdugo, 
Francisco de Aguilar, Miguel de Molina, Rodrigo de Frías, Cristia- 
nos. — Fr. Juan Gil. — Pasó ante mí, Pedro de Ribera, notario apostó- 
lico." Xavarrete trae la información de Argel hecha por Cervantes al 
salir de allí (págs. 319-348) y notas (349-388); P- Pastor (I, 18), la 
que se hizo á petición de su padre en Dic. de 1580, y la pedida por 
Cervantes (I, 19 y 20). La Calatea sólo se reimprimió dos veces vi- 
viendo su autor: Lisboa, 1590; París, 161 1, por Oudin. Ríus menciona 
16 ediciones más; pero la única buena, por ser copia de la primera 
de 1581, es la de Madrid, 1863. Tradújose tres veces al alemán, dos al 
inglés y, adaptada al francés en 1783 por Florián, con versiones á 
muchas lenguas. Cándido María Trigueros publicó en Madrid, 1798, 
Los Enamorados ó Calatea y sus bodas, arreglo y continuación de la 
versión que hizo en 1797 Casiano Pellicer de la adaptación de Flo- 
rián. En el Viaje del Parn. (cap. IV) muestra estar satisfecho de 
sil obra y achaca su poca popularidad á ignorancia de los mercaderes 
y á malevolencia de los del oficio. Prometió Segunda parte al final de 
la primera, en la dedicatoria de las Comedias, en la del Persiíes 
y en el prólogo del Quijote, 2,* pte., hablando de ella en la Primera, 
cap. VI: "Su libro tiene algo de buena invención: propone algo y no 
concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; 
quiqá con la emienda alcancará del todo la misericordia que aora se 
le niega." Entre los elogios de la Calatea hay un soneto de Luis Cal- 
vez de Montalvo, á quien debió de conocer en Italia, pues anduvo de 
cuatralbo de las galeras de Xápoles, en las cuales Cervantes navegó. 
En su testamento declara don Rodrigo que su mujer aportó al matrimo- 
nio algunos bienes de que no se acuerda; que no tiene deudas; deja 
por testamentarias á su mujer y á Catalina de Palacios, "viuda, mujer 
que fué de Hernando de Salazar" y suegra de Miguel, y nombra 
por sus herederos, aunque no señala bienes, á sus hijos Miguel, Ro- 
drigo, Juan, doña Andrea y doña Magdalena. Andrés había fallecido, 
y Luisa estaba en el convento. Alabó Cervantes á Padilla en el Canto 
á Calíope, y en el Quijote le llamó su amigo. Las Canciones á la In- 
vencible están en la Bibl. Nacional, y fueron descubiertas y publicadas 
por Serrano y Sanz en el Homenaje á M. Pclayo. Los versos del tú- 
mulo de Felipe II, en la Descripción del mismo, del licenciado Collado, 
1869, Biblióf. Andaluces. Poco se sabe de si hubo enemistad entre 
Cervantes y Lope. En el Quijote, los versos de Urganda parecen sati- 
rizarle. Lope le elogia, aunque fríamente, en la dedicatoria de Las 
Fortunas de Diana, y le alaba, ya muerto, en la Dorotea y en el Lau- 
rel de Apolo. En Diciembre de 1602, y aun en 1603, estaba Cervantes 
en Sevilla; en 1604, 'en Valladolid, donde, no hallando editor, fué á 
Madrid, y se entendió con el librero Francisco de Robles. Dejóle el 



184 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

original, y así pudo verlo Lope ó algún su amigo. Volvió á Valladolid, 
obtuvo el Privilegio. Imprimió el Quijote en Madrid Juan de la Cuesta, 
que de oficial de Pedro de Madrigal y después de su viuda, empezó 
aquel año á poner en los libros su nombre. Acabada la impresión en 
Noviembre, envió Robles un ejemplar al licenciado Francisco Murcia 
de la Llama, corrector de libros, á Alcalá, quien lo devolvió firmado 
el i.° de Diciembre. Enviósele á Valladolid á Cervantes para la tasa, 
que se retrasó bastante, hasta el 20 de Diciembre de 1604. De 9 de 
Febrero de 1605 es la fecha del privilegio para imprimirlo en Portugal, 
el cual pidió Cervantes por saber que lo estaban ya reimprimiendo allí, 
como se hizo en Lisboa, con aprobación de 26 de Febrero de 1605. 
Robles autorizó á Pedro Crasbeeck para reimprimirlo, lo que se hizo. 
Hiciéronse otras dos ediciones en Valencia, 1605, y otra en Madrid, 
por Cuesta, antes del otoño del mismo año, corregidas muchas erratas, 
pero con otras nuevas, como la de poner en la portada Conde de Bar- 
celona por Conde de Benalcá.car. De esta segunda tirada fueron copia 
las mejores modernas, por haberse tenido por princeps. El proceso de 
Ezpeleta, curioso por las noticias que nos da de Cervantes, que vivía 
entonces junto al Esgueva y cerca del Campillo del Rastro, con su 
hermana Andrea, la hija de ésta, Constanza, la otra hermana Mag- 
dalena y su propia Ihija Isabel, ausente su esposa en Esquivias, fué 
publicado por Pérez Pastor en el t. II de sus Documentos cervantinos, 
y por Ramón León Máinez en Cervantes y su época. Sobre la Casa 
de Cervantes en Valladolid, escribieron un anónimo con este título, 
Valladolid, 1876; Felipe Picatoste, Madrid, 1888; José Ortega Rubio, 
Valladolid, 1888; Fidel Pérez Mínguez, Madrid, 1905. De capital im- 
portancia son las Capitulaciones matrimoniales de doña Isabel de Cer- 
vantes, publicadas en la Revista de Archivos, Junio, 1874. Por ellas se 
sabe que Isabel era viuda de Diego Sanz, del cual tuvo por hija á la 
niña de ocho meses Isabel Sanz, que tenía una casa en la Red de San 
Luis. El autógrafo de la carta de 1616 al Cardenal se halla en la 
Aicademia Española. El caritativo prelado gastaba más de 70.000 du- 
cados al año de limosnas. Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, en la 
dedicatoria de su Estafeta del dios Momo, dice que "recibió sin es- 
crúpulo el libro del Escudero Marcos de Obregón y premió al autor, 
mandando que se le señalase un tanto cada día para que pasase su 
vejez con menos incomodidad. La misma piedad ejercitó con Miguel de 
Cervantes, porque le parecía que socorrer á los hombres virtuosamente 
ocupados, era limosna digna del Primado de las Españas". Todos los 
protectores de Cervantes fueron de la casa de Sandoval, pues protector 
suyo fué don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, hijo de 
doña Catalina de Sandoval y Borja, y don Fernando Ruiz de Castro, 
conde de Lemos, el otro protector, y don Diego Gómez de Sandoval, 
conde de Saldaña, fué hijo del famoso ministro don Francisco de San- 
doval, primer duque de Lerma, hermano de la doña Catalina Sandoval 
y Borja, los cuales eran nietos, así como el Arzobispo de Toledo, de 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA l85 

con Bernardo de Sandoval y Rojas, primer conde de Lerma. La par- 
tida de defunción de Cervantes está en el Archivo parroquial de San 
Sebastián; la publicó Xasarre en el prólogo de su reimpresión de las 
Comedias de Cervantes, 1749, con error en el nombre del testamenta- 
rio. Sobre su enfermedad, José Gómiez Ocaña, Historia clínica de Cer- 
vantes, Madrid, 1899: "Este pretendiente de por vida aparece en lo 
interno altruista...; lógico es que enfermase del corazón el que lo te- 
nía tan grande, máxime cuando le sobraron ocasiones para sufrir... 
su temperamento nervioso cerebral... De la robustez de Miguel dan 
testimonio sus trabajos y fatigas, siempre llevados con buen semblante; 
la falta de antecedentes patológicos y la edad que alcanzó, sesenta y 
ocho años muy cumplidos y muy vividos... la vejez... hizo mella, no 
en el cerebro, de hermosa y sólida textura, sino en los vasos y en el 
corazón, de fábrica más endeble. Arterio-esclerosis se llama técnica- 
mente esta vejez del aparato circulatorio." Sobre su entierro, Marq. de 
Molins, La Sepultura de Cervantes, Madrid, 1870, y los Dociim. de 
P. Pastor. La casa de Cervantes, identificada por Pellicer {Vida, 
pág. 194), se reformó varias veces durante los siglos xvii y xviii y 
fué derribada enteramente en 1833 y< hecha de nuevo, don Fernando VII 
hizo poner en la fachada una inscripción (Cervantes, 2), y queriéndola 
comprar, no quiso el dueño, diciendo que sabía que "en aquella casa 
havía vivido don Quijote, de que él también era apasionado". Vivió 
antes en la calle de la Magdalena, detrás de la iglesia de Loreto; en 
la de Francos, enfrente de Castillo, y en 1614 "en la calle de las 
Huertas, frontero de las casas donde solía vivir el Principe de Ma- 
rruecos". {Adj. al Parn.) Cervantes habitó, en varias épocas de su 
vida, en la plazuela de Matute, detrás del Colegio de Loreto; en la 
calle del León, número 9 antiguo y 8 moderno; en el año 1614, como 
consta del apéndice del Viaje ai Parnaso, en la calle de las Huertas, 
frente á las casas que acostumbraba habitar el Príncipe de Marruecos, 
cerca del ángulo de la calle del Príncipe, quizás en el núm. 16 moder- 
no; murió al fin en la calle del León, manzana 228, núm. 20 antiguo 
y 2 moderno ; esta casa fué derribada en el año de 1833, levantándose 
en su solar una nueva con un busto de Cervantes y una inscripción, 
casa que tiene su entrada por la calle de Francos, en cuya esquina 
se encuentra. Esta última calle, en donde vivió también Lope de Vega, 
lleva hoy el nombre de calle de Cervantes, que debía corresponder á 
la calle del León, puesto que la puerta de la casa en donde vivía nues- 
tro gran poeta tenía su entrada por ésta. Doña Constanza de Ovando 
murió en 1624; doña Catalina, mujer de Cervantes, en 1626, enterrada 
en las Trinitarias; en 1632 Luis de Molina, marido de Isabel de Saa- 
vedra y Cervantes, hija de Miguel, la cual murió en 1625. De las 
Cervantas ha tratado tan bien el señor Gómez Ocaña {El Autor del Qui- 
jote), que lo mejor es copiarle: "La primera Cervanta, hija del licen- 
ciado Juan de enervantes, de que tenemos noticias, de nombre María, 
comparece en 1532 ante un notario de Madrid, figurando ser menor 



I 86 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

de veinticinco años; pero maguer muchacha ya volaba sola y con 
capacidad para ser apoderada por su padre, y contratar un préstamo 
de loo.ooo maravedís, dejando en prenda joyas de valor, entre ellas 
un rosario con loi perlas orientales. Es de comentar que la joven 
tuviese en su poder estas joyas, cuando el licenciado Juan de Cervan- 
tes, á juzgar por otros resquicios, no echaría gallina en el pudhero. 
De esta María de Cervantes se dice en 1532 que es menor de vein- 
ticinco años, y en 1552 aparece en los papeles de la curia de Valladolid 
otra doña María de Cervantes, como la anterior, hija del licenciado 
Juan de Cervantes, la cual á la sazón vivía por su pico, según frase 
de Rodríguez Marín, inquilina de una casa del arrabal de Sancti 
Spíritu de la ciudad del Pisuerga, morosa, aunque no fallida en los 
alquileres, porque el casero hizo presa en prendas aún de más lujo 
que riqueza, por ejemplo, un manto de raja guarnecido de terciopelo, 
una saya de raso, también guarnecida de terciopelo negro, y un 
tapiz de figuras. ¿ Se trata de .dos Marías, ó de una María que se 
conservaba bien de jamona y se adobaba mejor? Yo creo que es una 
sola María. La doña María que volaba sola en 1532 es la misma que zñ- 
vía por su pico en 1552. Esta doña María debió ser más bien delgada 
que gruesa, graciosa, que vestía bien y defendía sus años, al extremo de 
hacerse pasar por menor en Madrid y Valladolid durante un período 
de cinco lustros: en Madrid podría tener de diez y seis á veinte años, 
y en Valladolid de treinta y seis á cuarenta. El tipo es el -mismo; la 
función, análoga; de modo que yo me inclino á creer que se trata de 
una sola persona. Doña María salió en los papeles de las Escribanías de 
Valladolid en 1552, á propósito de un embargo por deuda de Rodrigo 
de Cervantes, su hermano : vivía en parte con éste y con su madre, y, 
en rigor, por su cuenta en su casa; en la de aquél, probablemente era 
ella la que tocaba la bigüela, que apareció en el inventario del ajuar 
de su hermano. Este no tenía ni humor ni oído para tocarla. La madre 
de doña María, doña Leonor de Torreblanca, mujer del licenciado 
Juan de Cervantes, vivía separada de éste (sin duda porque no daban 
para el sustento los 20 ducados que percibía como Letrado de su ciu- 
dad natal), y habitaba á la sazón en Valladolid, comipartiendo los que- 
brantos de su hijo Rodrigo y las andanzas de su hija doña María. 
¡ Cuánto había decaído á estas horas la ilustre dama cordobesa ! La 
segunda generación la componen dos mujeres tan admirables como 
desgraciadas: doña Andrea de Cervantes, que así se llamaba la ma- 
yor de las hermanas, y la menor, doña Magdalena Pimentel de Soto- 
mayor: nótese que no son patrimoniales los apellidos, mas son sono- 
ros y significativos. El nombre sí cuadra con la historia. Doña An- 
drea de 'Cervantes, doña Magdalena Pimentel y doña Constanza de 
Figueroa, hija de aquélla, son tres mujeres que se pueden tratar bajo 
un común denominador, porque se parecen en el genio y sufrieron 
análogas vicisitudes: no tuvieron más que una desgracia, la de ser 
pobres; ni cometieron más que una falta, la de no resignarse á la 



S. XVI^ 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 1 87 

pobreza. Después de todo, esta rebeldía espiritual, la falta de resig- 
nación para soportar lo remediable, la protesta activa contra la mi- 
seria ó el atraso son los fermentos del genio. Ni los hombres ni las na' 
clones son grandes cuando se conforman á mal vivir. Los hombres 
que se resignan á un mal vivir teniendo delante quien vive m'cjor; 
los que no sienten el anhelo de mejorar ni batallan por el medro pro- 
pio ó por el bien ajeno y duermen tranquilos en su mediocría, estos 
hombres y acjuellos pueblos que no sienten la inquietud por el ideal, 
van irremisiblemente á la decadencia. Las Cervantas son pobres, si, 
pero tienen un gran corazón; son generosas, caritativas, vivas de en- 
tendimiento y valen más que muchas mujeres que visten trajes de 
seda ó. terciopelo y van en carrozas. Las hijas y la nieta del cirujano 
Rodrigo quieren á toda costa salir de un hogar miserable, en donde 
la deuda arrastrada y creciente y el apuro diario cierran las puertas 
á toda satisfacción. Y estas pobres Cervantas, caritativas, generosas, 
francas, inteligentes y buenas, dan oidos en la juventud al amor; ¿y 
quién lo desoye, si en el amor se fundan nuestros ideales ó nuestras 
ilusiones? Doña Andrea y doña Magdalena se despojan de su dote 
para rescatar al hermano cautivo ; cuidan á los enfermos y amigos de 
su padre; cosen y trabajan para ganarse el sustento; mantienen á su 
madre, vieja y pobre, y no tienen más lunares en su historia que 
haber dado crédito á promesas de caballeros, que no lo parecen cuando 
no las cumplen. Doña Andrea, después de haber tenido trato con un 
rico genovés, tiene una hija, que en documento público declara serlo 
de un español, Nicolás de Ovando; lo que no parece es la partida de 
casamiento. Doña Magdalena todavía es más tierna, más dulce, más 
amable que su hermana; fué el paño de lágrimas del pobre Miguel de 
Cervantes. Esta doña Magdalena admite promesas sucesivamente de 
dos caballeros: el uno de alta estirpe, don Alfonso de Pacheco, hijo de 
don Pedro Portocarrero, el que perdió la Goleta. Hablando de ellos 
aquel buenísimo sacerdote, con cuya amistad me honré, don Cristóbal 
Pérez Pastor, dice que el padre fué poco soldado y el hijo poco caba- 
llero. Esta opinión, por lo que se refiere al padre, era nada menos que 
de don Juan de Austria. Y no fué, desgraciadamente, don Alfonso 
Pacheco el único que hizo pasar por tribulación amorosa á la sensible 
doña Magdalena Pimentel de Sotomayor, porque más tarde, un hi- 
dalgo de Azpeitia, don Juan Pérez Arteaga, hubo de saldar también 
su cuenta amorosa con 300 ducados. La desventura, por ser repetida. 
tuvo menos alcance pecuniario, pues es de advertir que don Alfonso 
Pacheco pagó, ó prometió pagar, 500 ducados á doña Magdalena. 
I Curiosa época aquella en que estas cosas se declaraban, más ó menos 
veladas, ante los notarios públicos ! Después de estas desgracias, y á 
pesar de ellas, hay que colocar sobre nuestra cabeza á la pobre doña 
Magdalena Pimentel de Sotomayor. Vivió vida de beata, resignada y 
buscando consuelo en la Religión, la única que podía prestárselo en 
aquellos irreparables infortunios. Consagrada á sus devociones, en- 



1 88 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

jugando lágrimas, acabó sus días, añadiendo su nombre, uno más, 
á la lista de las pobres mujeres de la clase media española, que pueden, 
quieren y no tienen. ¿Qué suerte podía esperar doña Costanza de Fi- 
gueroa en un hogar como el que descrito queda, máxime si tuvo la 
desgracia de poseer buen palmito? Del palmito de las Cervantas ni 
una sola palabra dicen las escrituras, porque los notarios daban fe úni- 
camente de las personas, no de sus cualidades físicas. Ignoramos, por 
tanto, si fueron bonitas, aunque, en el terreno de la conjetura, á la 
afirmativa me inclino ; y si no lucieron lindos rostros, al menos pare- 
cieron bien y tuvieron gancho, ó no se explican tantos golosos como 
á ellas acudieron. Doña Costanza también tuvo su tribulación amorosa 
con don Pedro de Lanuza, hermano de don Juan de Lanuza, el Jus- 
ticia mayor de Aragón, que murió ajusticiado en Zaragoza. No es 
culpa mía ni de don Cristóbal Pérez Pastor este juego de vocablos, 
porque en España al hacer justicia se llama ajusticiar. También se 
saldó con ducados la deuda amorosa, con más ducados, pues era más 
generoso don Pedro de Lanuza, hagámosle este honor. Pagó, después 
de muchos dimes y diretes, como indemnización á doña Costanza de 
Figueroa ó de Ovando, 1.400 ducados." Acerca de su mujer, dice el 
mismo autor: "Este matrimonio no se fundó en lo que el amor ofrece 
de excelente y perdurable; no se entendieron tampoco, ni los cortos 
alcances intelectuales de la mujer penetraron en los magníficos centres 
del ahiia del esposo: por todo ello, éste se desgarró de Esquivias pocos 
meses después del matrimonio y estuvo separado dé la mujer, por 
de pronto, los quince años de sus trabajos y desventuras por la An- 
dalucía, y luego en muchas ocasiones. Cuando comparece la familia en 
Valladolid, en 1605..., tampoco vivía con su marido doña Catalina..." 
No iba á quedarse Cervantes en Esquivias á comerse como un sandio 
los cinco majuelos, el huerto, las cuatro colmenas y las 45 gallinas 
y pollos con su gallo, dote de su mujer. Tuvo que buscarse la vida don- 
de pudo. Ella no se atrevió á dejar la falda de su madre y la sombra 
de su tío el teniente cura Juan de Palacios, ni hubiera sido humano 
forzarla á segviirle por esos andurriales. Su hija Isabel fué calcula- 
dora, fría, egoísta é interesada, la antitesis de su padre. 

Epitafio de D. Fr. "^^ de Urbina á Cervantes: Caminante, el pere- 
grino I Cervantes aquí se encierra: ! Su cuerpo cubre la tierra, | 
No su nombre, que es divino. 

No debía decirse más en la tumba de Cervantes. Y fué divino 
á fuerza de ser humano. Humano en lo moral, como su traslado 
don Quijote, que de hecho no era más que Quijano el Bueno: Bueno, 
todo corazón fué Cervantes, sin que haya que añadir una palabra 
más. Humano como escritor: esa es su grandeza y es la grandeza 
mayor que puede encomiarse en el mundo del arte. Cualquier pá- 
rrafo de sus escritos chorrea verdad humana. Ni Homero, ni Dante, 
ni Shakespeare, ni nadie le igualó en esta parte. Cuando escribe, pa- 
rece siempre más hombre que los demás. Es el más codiciado triunfo 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDILX 1 89 

del realismo español, del apego á la verdad y á la franqueza y del asco 
)á todo convencionalismo, asco que bulle en las entrañas de la raza es- 
pañola. Véase, si no, en el retrato físico que hizo de su persona y en 
el retrato moral, que sale como un perfume de su manera humana de 
expresarse : "Este que veis aqui, de rostro aguileno, de cabello castaño, 
frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque 
bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que 
fueron de oro ; los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes no 
crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor 
puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el 
cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño ; la color viva, antes 
blanca que morena, algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies: 
este, digo, que es el rostro del autor de la Calatea y de Don Qiiixo- 
te..., llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra; fué sol- 
dado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió á tener 
paciencia en las adversidades; perdió en la batalla naval de Lepanto 
la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, 
él la t'ene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y 
alta ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros, 
militando debajo de las banderas del rayo de la guerra Carlos V" 
(Pról. Novel, ejemplares). Estas palabras dice Cervantes que se pu- 
dieran poner "debajo del retrato" que pudiera grabarle y esculpirle 
en la primera hoja de su libro algún amigo suyo, "pues le diera mi 
retrato el famoso don Juan de Jáuregui". Si se lo pudiera dar, señal de 
que se lo había hecho, ya que no dice que se lo pudiera hacer. Y 
estas mismas palabras pueden ponerse debajo del retrato última- 
mente adquirido por la Academia Española y que reproducimos, el 
cual, aunque no del todo auténtico, lo es con grande probabilidad. 
La pintura, según los técnicos, es de aquel tiempo. En 1600 Jáuregui 
era mozo, y asi se muestra en la poca maña del principiante en la tabla, 
en el haber tratado de Don á Cervantes, aunque de Don le trató des- 
pués Cervantes á él y en el haber retocado la frente para espaciarla 
más de lo que lo estaba y bastaba. Con haber hecho eminentes artistas 
tantos retratos de Cervantes, en vista del que él describe de su per- 
sona, ninguno declara como éste de la Academia la nobleza cuasi 
aristocrática, la bondad, la humanidad del Príncipe de nuestros inge- 
nios. Adhuc sub iudicc lis cst; pero no convencen los argumentos 
hasta ahora traídos en contra. 

102. La Calatea es, como dice su autor, una Égloga ó no- 
vela pastoril, del género de la Diana, de Montemayor (1559?), 
la Diana enamorada, de Gil Polo (1564) y El pastor de Fílida, 
de Gálvez de Montalvo (1582). Tuvo menos ediciones que 
todas ellas, las cuales él leyó, no menos que la Arcadia, de San- 
nazaro (1502), de la que fueron imitaciones; pero acaso, como 



1 90 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

dice M. Pelayo, de todas ellas sea la Calatea la más original. 
Sino que la moda de este género ya iba de capa caída, se había 
agotado el asunto y por más riqueza de invención y gallardía 
de prosa que en la Calatea pusiera su autor, ya que no tan 
suaves versos como sus predecesores, el gusto comenzaba á to- 
mar otros derroteros. El de Cervantes era exquisito, por la 
afición al renacimiento, del cual se había enamorado en Italia. 
Queriendo descansar con las letras de los azares de la vida, no 
halló de moda más que el género pastoril, manifestación en- 
tonces del renacimiento y del más acendrado gusto, y se puso 
á ensayar en él sus cualidades de escritor. Tales son para mí 
los motivos de su intento y del mediano suceso que tuvo al 
escribir la Calatea. Nadie mejor que él conoció los defectos 
del género y de su propia obra, "cosas soñadas y bien escri- 
tas". Había nacido para elegante escritor renacentista y la es- 
cribió elegantemente; pero mucho más para algo más hondo y 
de mayores alcances, para escritor castizamente español y no- 
velista de cosas bien escritas y no soñadas^ sino reales. El es- 
pañolismo y el realismo de Cervantes apuntan ya en varios 
episodios de la Calatea y habían de ser su más alta gloria 
cuando de cosas soñadas se dejase. Dejóse, pues, llevar de la 
moda, como principiante. La inventiva despunta en este ensa- 
yo y el estilo y lenguaje parecen ya con las cualidades per- 
sonales de sonori'dad, claridad y elegancia. Tuvo presentes 
Cervantes la Arcadia, de Sannazaro, y las Dianas, de Montema- 
yor y Gil Polo ; pero hizo obra original dentro del acotado te- 
rreno é introdujo pequeñas novelas, que anuncian ya las ejem- 
plares, y en parte, son recuerdos de su pro'pia vida. 

103. El Conde de Le',7ios estaba aficionado á la Calatea, según 
dice Cervantes, y fuera de España se leía y celebraba, pues, según 
cuenta el licenciado Márquez Torres en la Aprobación de la Segunda 
parte del Quijote, estando él en el séquito del Arzobispo de To- 
ledo, cuando le visitó el Embajador de Francia en 1615, los caballeros 
que le acompañaban, "tan corteses como entendidos y amigos de bue- 
nas letras... desseosos de saber qué libros de ingenio andavan más 
validos, y tocando acaso en este que yo estava censurando, apenas 
oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, quando se comentaron á 
hazer lenguas, encareciendo la estimación en que, assí en Francia 
como en los reynos sus confinantes, se tenían sus obras : la Calatea, 



S. XVr, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA IQI 

que alguno dellos tiene casi de memoria, la primera parte désta y las 
Novelas". Ya antes, en 1613, escribió Lope en La Dama boba (act. 3), 
que Nise leía la ''^Historia de dos amantes, \ sacada de lengua griega ; | 
Rimas, de Lope de Vega, \ Calatea, de Cervantes, | el Camoes de Lis- 
boa, I Los Pastores de Belén, \ Comedias de don Guillen ] de Castro, 
liras de Ochoa... | cien sonetos de Liñán, ] Obras, de Herrera el di- 
vino, I el libro del Peregrino \ y El Picaro, de Alemán". Y en La 
Viuda valenciana (act. i), escrita en 1604, la había alabado como 
buen libro. El autor del falso Quijote de Avellaneda dijo en 1614 
(pról.) : "Conténtese con su Calatea y comedias en prosa, que esto 
son las más de sus novelas." Cerv., Viaje, cap. IV: "Yo corté con mi 
ingenio aquel vestido i con que al mundo la hermosa Calatea \ salió, 
para librarse del olvido.'' Prometió Segunda parte en la dedicatoria 
de las Comedias, en el prólogo de la segunda parte del Quijote, en 
la dedicatoria del Persiles. Quijote, I, 6: "Su libro tiene algo de bue- 
na invención: propone algo y no concluye nada. Es menester esperar 
la segunda parte que promete; quiqá con la emienda alcanzará del 
todo la misericordia que aora se le niega." M. Pelayo, Oríg. novel., 
t. I, pág. Dxvi: "Cervantes, que con la candida modestia propia del 
o^enio siguió todos los rumbos de la literatura de su tiempo, antes y 
después de haber encontrado el suyo sin buscarle, cultivó la novela 
pastoril, como cultivó la novela sentimental y la novela bizantina de 
peregrinaciones, naufragios y reconocimientos. Obras de buena fe 
todas, en que su ingénito realismo lucha con el prestigio de la tradi- 
ción literaria, sin conseguir romper el círculo de hierro que le apri- 
siona. No sólo compuso la Calatea en sus años juveniles, sino que 
toda la vida ^estuvo prometiendo su continuación y todavía se acorda- 
ba de ella en su lecho de muerte. Aun en el mismo Quijote hay epi- 
sodios enteramente bucólicos, como el de Marcela y Grisóstomo. No 
era todo tributo pagado al gusto reinante. La psicología del artista es 
muy compleja, y no hay fórmula que nos dé íntegro su secreto. Yo 
creo que algo faltaría en la apreciación de la obra de Cervantes si no 
leconociésemos que en su espíritu alentaba una aspiración romántica 
nunca satisfecha, que, después de haberse derramado con heroico em- 
puje por el campo de la 'acción, se convirtió en actividad estética, en 
energía creadora, y buscó en el mundo de los idilios y de los viajes 
fantásticos lo que no encontraba en la realidad, escudriñada por él con 
tan penetrantes ojos. Tal sentido tiene á mi ver el bucolismo suyo, 
como el de otros grandes ingenios del Renacimiento. La posición de 
Cervantes respecto de la novela pastoril es, punto por punto, la misma 
en que aparece respecto de los libros de caballerías. En el fondo los 
ama, aunque le parezcan inferiores al ideal que los engendró, y por lo 
mismo tampoco le satisfacen las pastorales, comenzando por la de 
Montemayor y terminando por la suya. Si salva á Gil Polo y á Gálvez de 
Montalvo. es, sin duda, por sus méritos poéticos. Nadie ha visto con tan 
serena crítica como Cervantes los vicios radicales de estas églogas, na- 



IQ- ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

die los satirizó con tan picante donaire. Juntos estaban los libros de 
caballerías y los pastoriles en la bilioteca de don Quijote, y cuando 
se inclina el cura á mayor indulgencia con ellos, por ser "libros de 
entretenimiento sin perjuicio de tercero", replica agudamente la so- 
brina: "Ay, señor, bien los puede vuestra merced mandar quemar como 
"á los demás; porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor 
"tío de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase de 
"fhacerse pastor y andarse por bosques y prados cantando y tañendo, 
"y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad 
^'incurable y pegadiza." Esta profecia se cumple puntualmente en la 
segunda parte, y la evolución de la locura del héroe comienza á pre- 
pararse desde su encuentro con las hermosas doncellas y nobles man- 
cebos que habían formado una nueva y contrahecha Arcadia, vistién- 
dose de zagalas y pastores para representar una égloga de Garcilaso y 
otra de Camoens en su propia lengua portuguesa (cap. 58). Aquel ger- 
men, depositado en la mente del caballero y avivado por el recuerdo 
de sus lecturas antiguas, fructifica después de su vencimiento en la 
playa de Barcelona y le inspira la resolución de hacerse pastor y seguir 
la vida del campo durante el año en que había prometido tener ociosas 
las armas. Las elegantísimas razones con que anuncia á Sancho su reso- 
lución son ya una donosa parodia del estilo cadencioso y redundante de 
estos libros. "Yo compraré algunas ovejas y todas las demás cosas que 
"al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo el pastor Qui- 
"jotiz y tú el pastor Pancino, nos andaremos por los montes, por las 
''selvas y por los prados, cantando aquí, endechando allí, bebiendo de 
"los líquidos cristales de las fuentes, ó ya de los limpios arroyuelos 
"ó de los caudalosos ríos. Daránnos con abundantísima mano de su 
"dulcísimo fruto las encinas, asiento los troncos de los durísimos al- 
"cornoques, sombra los sauces, olor las rosas, alfombras de mil colo- 
"res matizadas los extendidos prados, aliento el aire claro y puro, luz 
"la luna y las estrellas, á pesar de la escuridad de la noche ; Apolo, 
"versos; el amor, conceptos, con que podremos hacernos eternos y fa- 
"mosos, no sólo en los presentes, sino en los venideros siglos." Todo 
el mundo recuerda lo que de esta poética ocurrencia de don Quijote 
dijeron Sancho y el cura y Sansón Carrasco, última nota irónica 
que suena en el gran libro antes de la nota trágica y sublime de la 
muerte del héroe. Pero no puedo omitir, como obligado remate de este 
capítulo, la crítica mucho más punzante y despiadada que de aquel falso 
ideal poético hizo Cervantes por boca de Berganza, uno de los dos 
sabios canes del hospital de la Resurrección de Valladolid, el cual, co- 
nociendo por propia y dura experiencia la vida de perro de pastor, 
hallaba gran distancia de la realidad á la ficción : "Entre otras cosas, 
"consideraba que no debía de ser verdad lo que había oído contar de 
"la vida de los pastores, á lo menos de aquellos que la dama de mi amo 
"leía en unos libros, cuando yo iba á su casa, que todos trataban de 
"pastores y pastoras, diciendo que se les pasaba toda la vida cantando 



S. XVI, 1583. -MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA IqS 

''y tañendo con gaitas, zamponas, rabeles y chirumbelas y con otros 
"instruimentos extraordinarios. Deteníame á oiría leer, y leía cómo 
'*el pastor de Anfriso (héroe de la Arcadia, de Lope de Vega), cantaba 
"extremada y divinamente, alabando á la sin par Belisarda, sin haber 
"en todos los montes de Arcadia árbol en cuyo tronco no se hubiese 
"sentado á cantar, desde que salía el sol en los brazos de la Aurora 
''hasta que se ponía en los de Tetis, y aun después de haber tendido 
"la negra noche por la faz de la tierra sus negras y escuras alas, él 
"no cesaba de sus bien cantadas y mejor lloradas quejas. No se le que- 
-'daba entre renglones el pastor Elicio (.héroe de la GaLatea, de Cer- 
"vantes), más enamorado que atrevido, de quien decía que, sin atender 
"á sus amores ni á su ganado, se entraba en los cuidados ágenos. De- 
"cía también que el gran pastor de Fílida, único pintor de un retrato 
"(Gálvez de Montalvo), había sido más confiado que dichoso. De los des- 
"mayos de Sireno y arrepentimientos de Diana, decía que daba gra- 
"cias á Dios y á la sabia Felicia, que con su agua encantada deshizo 
"aquella máquina de enredos y aclaró aquel laberinto de dificultades. 
"(Alusión á la Diana, de Montemayor.) Acordábame de otros muchos 
"libros que de este jaez le había oído leer; pero no 'cran dignos de traer- 
"los á la memoria... Digo que todos los pensamientos que he dicho y 
"muchos más me causaron ver los diferentes tratos y ejercicios que 
"mis pastores y todos los demás de aquella marina tenían de aquellos 
"que había oído leer que tenían los pastores de los libros, porque 
"si los míos cantaban, no eran canciones acordadas y bien compues- 
"tas, sino un "Cata el lobo do va Juanica", y otras cosas semejantes, y 
"esto no al son de chirumbelas, rabeles ó gaitas, sino al que hacía 
"el dar un cayado con otro, ó al de algunas tejuelas puestas entre los 
"dedos, y no con voces delicadas, sonoras y admirables, sino con voces 
"roncas que solas 6 juntas parecía, no que cantaban, sino que grita- 
"ban ó gruñían. Lo más del día se les pasaba espulgándose ó remen- 
"dando sus abarcas; ni entre ellos se nombran Amarilis, Fílidas, 
"Calateas y Dianas, ni había Lisardos, Lauros, Jacintos ni Riselos; 
"todos eran Antones, Domingos, Pablos ó Llorentes, por donde vine 
''á entender lo .que pienso que deben de creer todos, que todos aque- 
"llos libros son cosas soñadas y bien escritas, para entretenimiento 
"de los ociosos, y no verdad alguna; que á serlo, entre mis pastores 
"hubiera alguna reliquia de aquella felicísima vida y de aquellos ame- 
"nos prados, espaciosas selvas, sagrados montes, hermosos jardines, 
• "arroyos claros y cristalinas fuentes, y de aquellos tan honestos cuanto 
"bien declarados requiebros, y de aquel desmayarse aquí el pastor, 
"allí la pastora; acullá resonar la zampona del uno, acá el caramillo 
"del otro." La Calatea estaba escrita antes de Febrero de 1584, fecha 
de su Aprobación, y probablemente la compuso Cervantes después de 
vuelto á Madrid (Diciembre de 1580) de su cautiverio, de modo que 
hubo de escribirla entre 1581 y 1583. Vendióla á Robles por 1.336 rea- 
les. Reimprimióse, viviendo Cerrantes, en Lisboa, 1590, y en París, 

i3 



194 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

1611 : la edición de Lisboa, más rara que la primitiva, omitió frases y 
pasajes; sobre ella calcó la de Paris César Oudin : "Busquélo casi por 
toda Castilla, y aun por otras partes, sin poderle hallar, hasta que, pa- 
sando á Portugal y llegando á... Evora, topé con algunos ejemplares." 
De las otras 16 ediciones que cita Rius, sólo la de Madrid, 1863, tuvo 
á la vista la princeps (Obras compl. de Cerv.). Hubo tres versiones 
alemanas, dos inglesas, y adaptada al francés, por Florián en 1783, ver- 
tióse al alemán, italiano, inglés, portugués, griego y castellano (por Ca- 
siano Pellicer, 1797). Cándido María Trigueros hizo una insípida conti- 
nuación: Los Enamorados ó Calatea y sus bodas, Madrid, 179S. En la 
Galatea, Tirsi es Francisco de Figueroa; M cliso, don Diego Hurtado 
de ^Mendoza; Astraliano, don Juan de Austria; acaso Larsüco es Ma- 
teo Vázquez; Crisio, Cristóbal de Virués; Artidoro, Rey de Artieda; 
Silvano, Gregorio Silvestre; Danión, Pedro Láinez; Lauso, Cervantes 
ó Barahona de Soto. Galaica no parece fuera su mujer, con quien 
se casó en 1584, ni Elido es Cervantes. Ilustró el Canto de Calió pe, de la 
Calatea (1. VI), C. Alb. de la Barrera, Notas al t. II (págs. 303-348), 
edic. Rivadeneyra de las Obras completas de Cervantes (sólo se tira- 
ron 310 ej.), y adicionadas en el t. XII, pág. 393. De estas notas tomó 
las suyas Fitzmaurice-Kelly para su edición de la Calatea (págs. 253- 
288), traducida al inglés por H. Oelsner y A. B. Welford. Además, 
Schevill-Bonilla, Calatea, t. II, pág. 297... 

104. Como dramaturgo, Cervantes mismo nos dice en el 
Prólogo de sus Comedias lo que sentía de las que hizo en su 
primera época (1583- 1587) y con aplauso del público se repre- 
sentaron: "Fui el primero que representase las imaginaciones 
y los pensamientos escondidos del alma, sacando figuras mo- 
rales al teatro." Figuras morales son en la Niimancia, y figuras 
épicas de extraordinaria grandeza, España, el Duero, la Fama, 
la Guerra y la Enfermedad, que suplen lo maravilloso tradi- 
cional, presentándose una sola vez, no como abstracciones, sino 
cual poéticas prosopopeyas que levantan el tono trágico del 
drama. En el Trato de Argel lo son igualmente la Ocasión y la 
Necesidad. En estos dos dramas trágicos, el uno histórico, el 
otro de hechos que por entonces sucedían, hay sentimientos 
sinceros y gallardamente expresados, hay grandeza épica, alteza 
de pensamientos, propiedad en los personajes, trozos como no 
los sintieron ni expresaron sino raras veces Lope y Calderón, 
sin las afectaciones y falsedades que deslucen los dramas de 
estos dos reyes de la escena. En conjunto, queda por bajo de 
ellos; pero muy por cima de cuanto hasta entonces se había re- 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA Igb 

presentado en este género trágico. La A^iiiiiancia sigue siendo 
la mejor tragedia que en castellano tenemos; en la hondura del 
sentir verdadero, el Trato de Argel tampoco cede á ningún otro 
drama de sucesos contemporáneos. Ambas cosas, sentimiento 
y épico patriotismo, hemos de suponer c[ue tenía La Batalla naval 
de Lepanto. de la cual siempre que se acuerda habla con par- 
ticular elocuencia y emoción. De La Confusa^ que él estimaba 
por la mejor de capa y espada representada hasta entonces, no 
podemos decir nada por haberse perdido; pero cabalmente en 
inventiva para urdir enredos nadie ha ganado á Cervantes, 
como puede verse en la Calatea y el Persilcs. 

De la segunda época son las Ocho comedias y ocho entreme- 
ses nuevos, que publicó en 161 5, y la comedia que estaba com- 
poniendo, El Engaño á los ojos, de la cual sólo sabemos que 
contentaba á su autor y que la hizo después de conocer el teatro 
de Lope. Bien da á entender en la Dedicatoria y en el Prólogo 
que eran más para personas discretas que supiesen apreciarlas 
que no para libreros, actores y autores, que acaso los menospre- 
ciarían por ir á la sazón el gusto y la moda por otros rumbos. 
Efectivamente, aunque Lope picó en todos géneros y estilos, la 
comedia urbana, de entre paredes y entre calles, de intriga, de 
capa y espada, reducida á galanes y tapadas, á puntillos de honor 
y amoríos de una sociedad refinada, era la que señoreaba el 
leatro. Años atrás había seguido Cervantes la corriente del gus- 
to cortesano por la falsa novela pastoril, componiendo la Gala- 
tea; pero los años, la experiencia, su extraordinario ingenio le 
habían traspuesto más allá de las modas momentáneas y de 
cuanto oliese á falso, convencional y urbano. ^lientras los demás 
poetas vivían entre paredes y en la corte, Cervantes seguía vi- 
viendo en el camipo y por el ancho mundo. Un sentido común 
poco común del arte y de la realidad le hacía aborrecer lo em- 
bustero y canijo de aquella dramaturgia ; su idea del drama se 
ahogaba en los corrales de representaciones, no cabía en ellos, 
actores y autores no podían entenderle. Publicó sus obras para 
quien, viviendo otra vida más libre, entonces ó después supiese 
entenderle y gustarle. Todavía hay quien no le gusta ni le en- 
tiende; poco importa. El Gallardo Español es drama caballe- 
resco de la reailidad, moruno, bastante más que los moriscos 



19^ ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

romances, español castizo en el espíritu arrojado y magnánimo 
de sns personajes, realista como de cosa vivida. La Casa de los 
celos es la vida no menos caballeresca de Italia, tan inagotable 
en enredos y aventuras cooiio la fantasía de Cervantes. La Gran 
Sultana, drama de costumbres turquescas y de carácter, mara- 
villosamente tallado en el de una valiente hembra española, res- 
ponde enteramente al espíritu de los españoles de entonces al 
salir de la patria, como puede verse en su parejo Cristóbal de 
A^'illalón, héroe parecido en el Viaje de Turquía. Los Baños de 
Argel pintan la vida de los cautivos cristianos tal cual la vivió 
Cervantes. El Rufián dichoso, drama histórico en el fondo y 
uno de los mejores que se han compuesto en castellano, ofrece 
el contraste entire la picaresca y el misticismo de la vida espa- 
ñola de entonces, cual se retrata en las dos manifestaciones de 
la literatura de la época, la mística y la novela picaresca. Nadie, 
ni el mismo Cervantes, hizo un cuadro tan picaresco y arrufia- 
nado, como en la primera parte de la vida de aquel Lape, ni tan 
condensado y vivo de la vida religiosa de un verdadero santo, 
sazonando lo grave del héroe con lo chistoso del compañero y 
mostrando el buen humor, tan propio de nuestros místicos y 
santos, como desconocido entre los que de estas cosas hablan 
sin enterarse. Pedro de Urdcinalas es pura comedia realista, 
rebosante de ingenio y gracia castiza. Los dramas ó comedias 
de Cervantes son^ pues, excelentes y variados, sálense del gas- 
tado troquel de la intriga urbana y pintan d mundo como es en 
Turquía, en África, en Italia, en España, en América, con bro- 
cha realista, con slentimientos sinceros, con caracteres defini- 
dos, con lenguaje apropiado. Pero sin comparación valen más 
los entremeses, pues dando un paso más allá que Lope de Rueda, 
supo poner Cervantes en su punto este género, el más castizo y 
digno de estudio. Aunque algunos los escribió en verso, hizo 
muy bien en emplear en otros la prosa, y no hicieron tan bien 
Lope y su escuela en no seguirle. Si el teatro es pintura de 
la vida, la vida se pinta más sinceramente con prosa qtie con 
versos. Pero, sobre todo, la vida no se encierra exclusiva- 
mente en el pundonor y amoríos de galanes y tapadas ; la vida 
popular es más pintoresca, más varia, menos artificiosa, más 
castiza y nacional, más honda y rica. Y esta vida popular es la 



S. XVr, 1583. MIGUEL DE CERVANTES S.\AVEDRA 197 

que pintó Cervantes, siguiendo á Rueda; sino que lo hecho en 
sus pasos, esto es, en cortas escenas de costumbres, por Rueda, 
ensanchólo Cervantes, variando mucho más los tipos y caracte- 
res, delineando más por menudo las costumbres, dando al todo 
una unidad siempre ingeniosísima, que convirtió los pasos de 
puro entretenimiento en piezas artísticas, que encierran una 
oculta, pero, por lo mismo, más efectiva sátira social. Esa uni- 
dad es tan ingeniosa, que nadie le ha sobrepujado en este punto. 
Recuérdese El Retablo de las maravillas, fundado en la come- 
zón que tenían los españoles de no llevar gota de sangre judía 
ni mora, porque cabalmente llevaban más de ella que de la goda 
y noble, de que alardeaban. Para burlarse de tal pretensión acu- 
de Cervantes al hondo y filosófico principio del temor de las 
gentes al qué dirán, según el cual antes que parecer á los demás 
como de raza menos limpia, dan los espectadores á entender 
que \tn lo que no ven, engañándose unos á otros ó creyendo 
que se engañan, y quedando verdaderamente engañados de los 
cómicos, que valiéndose de aquel artificio, sin trabajo ni retablo' 
alguno, les sacan los cuartos, como si tan maravilloso retablo 
hubiese en el mundo. Hondura filosófica, conocimiento del co- 
razón humano, ironía delicadísima, sátira de aprensiones so- 
ciales, pintura de costumbres populares: todo muestra aquí en 
Cervantes el mismo soberano ingenio que fraguó el Quijote. 
Es, en su tanto, tan admirable este entremés como la novela 
ínmort il, y más admirable, cuanto el mismo soberano ingenio 
supo encerrar la mismia filosofía, la misma ironía, la misma 
sátira social en una miniatura, en un lindo camafeo, dentro de 
un tan pequeño cuadro. Las mismas cualidades se hallan en los 
demás entremeses, que todos son tan hijos del ingenio de Cer- 
vantes, como hermanos entre sí. Cuanto al lenguaje popular y 
castizo, es como el mejor del Quijote. El entremés, esto es, la 
comedia enteramente española, llegó en Cervantes á su cima y 
adonde no había llegado antes ni ha llegaido después. Quiñones 
de Benavente le imitó y le siguió muy de cerca; pero jamás al- 
canzó su profundidad filosófica ni su inmortal ironía; y Quiño- 
nes está por encima de todos los demás entremesistas españoles. 

105. Como dramaturgo, Cervantes tuvo dos épocas: la primera en 
Madrid, antes de meterse á cobrador de alcabalas en Andalucía; la se- 



IQS época de FELIPE II (s. XVl) 

gunda, cuando, ya viejo y publicado el Quijote, viendo que Lope se 
había alzado con la monarquía cómica y que en los nidos de antaño no 
había pájaros hogaño, desembauló unas cuantas piezas y las dio á la 
estampa. Que hubo pájaros antaño, actores que aceptasen sus come- 
dias y triunfos teatrales para Cervantes, de 1583 á 1587, no puede po- 
nerse en duda. "Se vieron, dice en el Prólogo de sus Comedias, en los 
teatros de Madrid representar Los Tratos de Argel, que yo compuse; 
La Destrucción de Numancia y La Batalla naval, donde me atreví á 
reducir las comedias á tres jornadas de cinco que tenían (por aquel 
tiempo, pues ya otros anteriormente habían hecho piezas en tres ac- 
tos)... Con general y gustoso aplauso de las gentes compuse en este 
tiempo hasta veinte comedias ó treinta, que todas ellas se recitaron, 
sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza; 
corrieron su carrera sin silbos, gritas ni baraúndas : tuve otras cosas 
de que ocuparme; dejé la pluma y las comedias y entró luego el mons- 
truo de la naturaleza, el gran Lope de Vega, y alzóse con la monar- 
quía cómica; avasalló y puso debajo de su jurisdicción á todos los far- 
santes; llenó el mundo de comedias propias, felices y bien razonadas, 
y tantas, que pasan de diez mil pliegos las que tiene escritas, y todas, 
que es una de las mayores cosas que puede decirse, las ha visto repre- 
sentar ú oído decir, por lo menos, que se han representado." De las co- 
medias de aquella primera época se conocen además los títulos de otras 
diez por la Adjunta al Parnaso: "Y v. md., señor Cervantes, dijo él, 
¿ha sido aficionado á la carátula? ¿Ha compuesto alguna comedia? 
— Si, dije yo, muchas; y á no ser mías, me parecieran dignas de ala- 
banza, como lo fueron: Los Tratos de Argel, la Numancia, La Gran 
Turquesa, La Batalla naval. La J\crusalem, La Amaranta ó la del Ma- 
yo, El Bosque amoroso. La Única y La Bizarra Arsinda y otras muchas 
de que no me acuerdo; mas la que yo más estimo y de la que más me 
precio, fué y es de una llamada La Confusa, la cual, con paz sea dicho, 
de cuantas comedias de capa y espada hasta hoy se han representado, 
bien puede tener lugar señalado por buena entre las mejores." Olivares 
parece tuvo ejemplares de La Batalla naval, y IMatos Fragoso mienta 
la Arsinda en La Corsaria catalana, del año 1673. Dos de este período 
se han conservado é impreso en 1784: El Trato de Argel y La Nu- 
mancia. En la primera, el cautivo Saavedra es el mismo Cervantes, el 
cual pinta tan vivamente como la vio y sintió la vida y los trabajos de 
los cautivos. El enlace de los cuadros es flojo, como de dramaturgo 
principiante, ó mejor, como de quien sólo pretende hacer vivos cuadros 
episódicos ; pero tiene trozos de verdadera poesía y de gran sentimiento. 
Ya insinuó Cervantes que el final no era muy oportuno ; cuando acaba 
su comedia del mismo asunto, impresa treinta años después, con "Y 
aquí da este trato fin, | que no lo tiene el de Argel.'' El poeta inglés 
Shelley escribió: "He leído la Numancia, y después de dudar por la 
notable simpleza del primer acto, comencé á hallarme singularmente 
complacido, y, por último, interesado en el más alto grado por la ha- 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEüRA 1 99 

bilidad del escritor, que apenas tiene rival en el arte de promover la 
compasión y el asombro. Poco hay, lo confieso, que pueda calificarse 
de poesía en esta comedia; pero el dominio del lenguaje y la armonía 
de la versificación son tales, que fácilmente hacen creer á cualquiera 
que se trata de una obra poéti'ca." Goethe la ponderó; Fichte se ins- 
piró en ella por lo patriótica para su Reden an die deutschc Nation. 
Representóse en Zaragoza, cuando el sitio de los franceses, en 1809, 
y fué aplaudidísima. La Numanci-a debió de escribirse muy poco después 
de El Trato de Argel, y está en cuatro jornadas, á la antigua usanza; 
La Batalla naval hubo de escribirse en la época de Virués, antes de 
1 581, pues ya sigue la novedad introducida por Cervantes de los tres 
actos. La Numancia es mucho mejor que todas las de Juan de la Cueva, 
aunque se asemeja á los dramas de éste, sobre todo al Saco de Roma. 
*'Muy pocas veces se habrá representado en las tablas la vida real y 
positiva con tan sangrienta verdad, y menos todavía se habrá logrado 
producir un efecto tan poético con incidentes puramente individua- 
les", dice Ticknor de la Numancia; y Schlegel añade, con alguna exa- 
geración, en sus Discursos, 1811, que no sólo es uno de los más nota- 
bles esfuerzos del antiguo teatro español, sino uno de los rasgos más 
singulares y pintorescos de la poesía moderna. Los Esclavos en Argel, 
de Lope, tienen naicho de El Trato de Argel, de Cervantes, y tomólo 
sin duda del mismo manuscrito, pues todavía no se había impreso, 
así las escenas de la venta de niños cristianos, la de los mismos des- 
pués de hacerse uno de ellos mahometano ; del martirio del sacerdote 
valenciano sacó Lope el tercer acto. 

Entre esta primera época y la segunda. Cervantes asistió como 
mirón á la transformación que trajo al teatro el ingenio de Lope. En 
el cap. XLVIII del Quijote habla, no pretendiendo imponer reglas 
clásicas de Aristóteles ni condenando el nuevo y romántico teatro na- 
cional, sino criticando tan sólo algunos abusos aislados de los poetas 
medianos é ínfimos y hasta de los mejores y del mismo Lope. Condena 
la demasiada licencia que contra la unidad de acción, tiempo y lugar 
se tomaban con tal de variar á cada paso las situaciones, cosa que 
ciertamente les dañó no poco, poniendo en ello todo su empeño, en 
vez de ahondar en el estudio de las almas con una acción sencilla, como 
hicieron los griegos. Semejante reproche es tan justo, que por esta 
comezón de variedad nuestro teatro fué menos psicológico y hondo 
que el de Shakespeare y que el teatro griego, hablando en términos 
generales, ganando en extensión lo que perdía en profundidad. Tam- 
bién oriticó los excesos contra la moral, que realmente se cometían, y 
hemos de suponer, no que intentase un teatro de tesis, ético, sino que 
fuese casto y educador en el grado que lo son sus comedias, entreme- 
ses y novelas, donde, sin exageraciones moralizadoras, hay un fondo 
ético y educativo maravilloso. Fuera de esto, la crítica de Cervantes 
parece demasiado amarga y exagerada, como hija que es de las doc- 
trinas renacentistas corrientes, por las cuales el mismo Lope se llama 



200 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

bárbaro por dar gusto al bárbaro gusto del pueblo. Que no criticaba 
á bulto el teatro nacional y menos lo que de popular encerraba, y que 
no daba á las tres unidades la importancia de los seudocksicistas, se 
ve por las comedias y entremeses que después hizo. En El Rufián 
dichoso (jorn. 2), la Comedia dice: "Los tiempos mudan las cosas | y 
perfeccionan las artes, | y añadir á lo inventado ¡ no es dificultad no- 
table, i Buena fui pasados tiempos, \ y en éstos, si los mirares, ] no 
soy mala, aunque desdigo ¡ de aquellos preceptos graves \ que me 
dieron y dejaron ] en sus obras admirables | Séneca, Terencio y Plau- 
to I y otros griegos que tú sabes, j He dejado parte de ellos ! y he 
también guardado parte, ¡ porque lo quiere así el uso, ] que no se 
sujeta al arte. | Ya represento mil cosas, | no en relación, como antes, ¡ 
sino en hecho, y así es fuerza | que haya de mudar lugares. | Que 
como acontecen ellas | en muy diferentes partes, ¡ voime allí donde 
acontecen, | disculpa del disparate. ¡ Ya la comedia es un mapa | donde 
no un dedo distante, [ verás á Londres y á Roma, \ á Valladolid y á 
Gante. ¡ Muy poco importa al oyente ¡ que yo en un punto me pase ] 
desde Alemania á Guinea | sin del teatro mudanne. { El pensamiento 
es ligero, \ bien pueden acompañarme ! con él do quiera que fuere ] 
sin perderme ni cansarme." Probablemente Cervantes, como ya dijo 
Ticknor, "se propuso sacrificar su opinión particular sobre el drama 
al gusto del público", cuando volvió así del clasicismo á la manera 
dramática de Lope, porque si antes la educación clásica le llevó á exa- 
gerar lo clásico, su españolismo le hizo abrir los ojos para ver en el 
gusto del pueblo que lo nacional no era tan descabellado. Otro tanto le 
sucedió cuando, después de escribir la Calatea, obra del gusto clásico, 
se hizo enteramente nacional escribiendo el Quijote. Esta mudanza se 
echa mejor de ver en las Novelas, desde El Curioso impertinente hasta 
Rinconete y Cortadillo. En su primera época teatral y cuando compuso 
la Calatea, el clasicismo estaba en el punto crudo ; después lo nacional 
fué ganando terreno. Cervantes es el autor en quien lo clásico y lo nacio- 
nal se dieron el más estrecho abrazo ; pero antes de llegar á este punto 
la educación en los estudios de Madrid y el vivir en Italia le habían 
hecho muy clásico, y sólo pudo ir cediendo en él el clasicismo al espí- 
ritu nacional, que llevaba en su alma, por sus pasos contados. 

El Conde de Sohack escribió que los entremeses de Cervantes son 
"infinitamente superiores" á sus comedias. Esta diferencia, que salta 
á los ojos, no ha sido bastantemente estudiada, y, sin embargo, es un 
caso tan digno de estudiarse, que en él se (halla toda la sustancia de 
la dramática española. Desde mediado el siglo xvii, sainete era toda 
clase de piececillas, loas, bailes, entremeses, etc., que se entremetían 
en los descansos de las jornadas de la comedia. Así en 1640, Navarrete 
y Ribera publicó sus entremeses con el título de Flor de saínetes. 
Como que sainete, según su etimología y uso propio, no era más que 
cualquiera de esos platillos que se entremeten entre los platos princi- 
pales del banquete, como para despertar y entretener el apetito. En- 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SA.\VEDRA 201 

tremés, en las viejas Crónicas, significó el descanso ó intermedio de 
música y ejercicios mímicos, nada literarios, que había en las fiestas 
cortesanas y caballerescas; pero que fueron el origen de los que ya 
á mediados del siglo xvi se llamaron entremeses, esto es, piececillas 
cortas ó juguetes cómicos, como el Entremés de las esteras del Códice 
de autos, impreso por Rouanet (véase año 1550), donde se halla por 
primera vez esta voz; el entremés que compuso Sebastián de Orozco 
para un convento, farsa chocarrera. Antes los llamaron farsas Lucas 
Fernández, Gil Vicente, Sánchez de Badajoz, etc., y Lope de Rueda 
los llamó pasos. La voz entremés se halla en la Crónica de D. Alvaro 
de Luna (ed. 1784, pág. 182), donde se dice de Juan II que "fué muy 
inventivo é mucho dado á fallar invenciones, é sacar entremeses en 
fiestas..." En los Manuales de Valencia (años 1412, 1413, 1415), llá- 
manse entremeses. Vino la voz del norte de Francia, donde se decían 
entremets, esto es, entre platos, valor que aún tiene el entremés, así 
como su parejo el saínete. Tan de la Edad Media pudiera ser la voz 
jornada, de cuando la representación duraba varios días, aunque tam- 
bién pudo decirse "porque más parecen descansaderos que otra cosa", 
como dijo Naharro. En el siglo xviii, entremés era el primer inter- 
medio de la función, y saínete, el que se hacía entre la segunda y ter- 
cera jornada, de modo que una misma pieza se ponía á veces como 
entremés entre la primera y segunda jornada de la comedia, y otras 
como saínete en el último entreacto. Con todos estos nombres se llamó, 
por consiguiente, según los tiempos, una misma cosa, la manifestación 
genuínamente nacional del arte dramático, que siempre fué una pieza 
corta de costuimhres, gracias, sales y chocarrerías en que con una 
acción sencilla, varios tipos tomados de la vida real y de la gente 
baja, hablando el lenguaje puramente popular y cada cual el propio de 
su oficio ó estado, entretienen ai público, el cual se solaza viéndose 
retratado y generalmente satirizado y puesto en solfa cómica en aquel 
pequeño cuadro remedado de la vida real. Tal es la representación 
cómica nacional española, como lo fué el mimo en Grecia, por ej., los 
de Sofrón de Siracusa y los de Harondas, modernamente descubier- 
tos; y en Roma las atelanas. Fueron continuación de los juegos de 
escarnio de que habla la Ley 34, tít. VI de la primera Partida y los 
momos de la Edad Media. Cuando la jácara era dialogada, ó sea dramá- 
tica, llamábase jácara entremesada; la jácara cantada se convirtió en 
el siglo XVIII en la tonadilla. La mojiganga era un entremés entre per- 
sonas disfrazadas ridiculamente. Con esto y con los bailes, bailes can- 
tados y bailes representados, tenemos todas las clases de piececillas 
que se distinguieron de la comedia. Hasta fines del siglo xvi se dife- 
renciaron las farsas de los autos en que aquéllas eran profanas y éstos 
religiosos, aunque á veces se mezclaban bastante. Basta edhar una 
ojeada por e"! teatro anterior á Lope para echar de ver que todas las 
piececillas cortas, llamémoslas entremeses, son genuínamente de carác- 
ter popular, esto es, enteramente español y que en las piezas en que la 



202 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

acción se complica y se divide en tres ó cinco autos ó jornadas, ha 
entrado el elemento erudito. La comedia no es más que un entremés 
ó saínete extendido ó ampliado, por el arte erudito, á imitación de la 
dramiática antigua clásica. La primera y más admirable muestra la 
tenemos en La Celestina, luego en las comedias de Torres Naharro 
y Lope de Rueda, claras imitaciones del teatro clásico italiano. Este 
extender el entremés y ainpliarlo, acudiendo además á asuntos de todo 
género, históricos y de la vida presente, pastoril ó urbana, sobre todo 
de la vieja epopeya castellana de las leyendas conservadas en crónicas 
y romances, mezclando lo cómico con lo trágico, los altos con los bajos 
personajes, fué la obra propia de Lope de Vega. Al nuevo teatro por 
él asi fundado se ha llamado teatro nacional, y lo es, puesto que no era 
más que extensión del antiguo entremés, y fué cultivado por muche- 
dumbre de autores, que le dieron fama en todo el mundo. Pero nótese 
que esta extensión vino por los eruditos, y así ese teatro es erudito- 
popular, con todas las ventajas y todas las desventajas que siempre 
trae consigo lo erudito. El elemento erudito puramente es el de la 
ficción, que, siendo natural y propia, acaba siempre falseando el arte 
y tiene que fenecer: por eso feneció ese teatro, decayendo desde 
mediado el siglo xvii y acabando en el xviii en ramplonerías santu- 
rronas ó extravagancias inenarrables. El entremés, paso, saínete ó 
farsa, que todo es uno. era la manifestación puramente popular de la 
dramática española, sin nada del artificio erudito: por eso jamás des- 
caeció ni murió. Cervantes llevó el género á su más alta perfección 
con la unidad filosófica de acción y el realismo insuperable de la vida 
y del lenguaje. Quiñones de Benavente le siguió, después, entre otros 
muchos, Cándamo, Armesto y Lanini, y en el siglo xviii. cuando ya 
había muerto el teatro popular-erudito, se manifiesta en don Ramón 
de la Cruz con toda su pujanza, y en nuestros días no menos alza la 
cabeza con el genero chico, verdadero entremés y saínete español de 
estos tiempos. Lo que la comedia desde Lope ganó en extensión perdió 
en profundidad de realismo, de verdad, de naturalidad, de popularidad, 
de espíritu nacional. Así se explica la lucha de Cervantes entre sus en- 
tremeses, obra popular, enteramente castiza y admirable en manos del 
principe de nuestros ingenios, el más español y castizo de todos, y sus 
comedias, obra de imitación, de empeño, por no ser menos que Lope 
y por ostentar su gusto renacentista. Cervantes, enamorado del puro 
arte, no podía brillar más que en el arte popular, el único verdadero 
arte, en el entremés; Lope, que supeditaba el arte á su ansia de fama 
y popularidad, no supo atenerse al entremés, creó la comedia, mezcla de 
lo popular y de lo erudito, de lo castizo y de lo extraño. Siempre fué 
para los eruditos cosa de menos valer el entremés ; pero para la 'honda 
crítica ya es otra cosa. De hecho, la mayor parte de las antiguas come- 
dias, aun las mejores, no sufren hoy día ponerse en escena sin que can- 
sen y muestren el elemento ficticio que llevan consigo. En cambio, para 
todo aquel que no tropiece en el viejo lenguaje, la representación de una 



S, XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 203 

farsa de Enzina, de un paso de Rueda, de un entremés de Cervantes, 
parece cosa tan fresca y lozana, tan llena de verdad, que le sabe á 
poco, y no quisiera se le mudara ni una palabra, se le hace corta. Tal 
€S la fuerza del arte enteramente popular y sin ficciones de eruditos. 
Esta diferencia del valor estético pone al teatro anterior á Lope sobre 
todo el teatro posterior, y es la mayor alabanza que puede darse á 
los Entremeses de Cervantes, pues ellos son la cima de todo el teatro 
anterior á Lope, del teatro castizo, que son los entremeses, pasos, far- 
sas y autos. De este género, tan olvidado por los historiadores de nues- 
tro teatro, hay tal abundancia de obras, que A. Fernández Guerra 
pudo recoger en un catálogo (véase en La Barrera) dos mil títulos, 
sin pasar de la primera mitad del siglo xviii, porqtie es el único que 
nunca muere ni morirá mientras viva el pueblo español. 

Las comedias y entremeses publicados y dirigidos al Conde de Le- 
nios, son, dice Cervantes 'Cn la dedicatoria, "no tan desabridos, á mi 
parecer, que no puedan dar algún gusto ; y si alguna cosa llevan razo- 
nable, es que no van manoseadas ni han salido al teatro, merced á los 
farsantes, que, de puro discretos, no se ocupan sino en obras grandes 
y de graves autores, puesto que tal vez se engañan". Y en el Prólogo: 
"Algunos años ha que volví yo á mi antigua ociosidad, y pensando que 
aún duraban los siglos donde corrían mis alabanzas, volví á componer 
algunas comedias, pero no hallé pájaros 'en los nidos de antaño; quiero 
decir que no (hallé autor que me las pidiese, puesto que sabían que las 
tenía; y así las arrinconé en un cofre y las consagré y condené á per- 
petuo silencio. En esta sazón me dijo un librero que él me las com- 
prara si un autor de título no le hubiera dicho que de mi prosa se po- 
día esperar mucho, pero que del verso, nada : y sí va á decir la verdad, 
cierto que m-e dio pesadumbre de ,oirlo, y dije entre mí : "O yo me he 
"mudado en otro, ó los tiempos se han mejorado mucho"; sucediendo 
siempre al revés, pues siempre se alaban los pasados tiempos. Torné 
á pasar los ojos por mis 'comiedias y por algunos entremeses míos que 
con ellas estaban arrinconados, y vi no ser tan malos que no merecie- 
sen salir de las tinieblas del ingenio de aquel autor, á la luz de otros 
autores m'cnos escrupulosos y más entendidos. Aburríme y vendíselas 
al tal librero, que las ha puesto en la estampa como aquí te las ofrece; 
él me las pagó razonablemente; yo cogí mi dinero con suavidad, sin 
tener cuenta con dimes ni diretes de recitantes; querría que fuesen 
las mejores del mundo, ó, á lo menos, razonables; tú lo verás, lector 
mío, y si hallares que tienen alguna cosa buena, en topando aquel 
mí maldiciente autor, dile que se enmiende, pues yo no ofendo á nadie, 
y que advierta que no tienen necedades patentes y descubiertas, y que 
el verso es 'el mismo que piden las comedias, que >ha de ser, de los tres 
estilos, el ínfimo, y que el lenguaje de los entremeses es el propio 
de las figuras que en ellos se introducen, y que para enmienda de todo 
esto, le ofrezco una comedia que estoy componiendo y la intitulo El 
Engaño á los ojos, que, si no me engaño, le ha de dar contento. Y con 



204 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

esto, Dios te dé salud, y á mí paciencia." Hasta el autor aquel que le 
dijo "que de su prosa se podía esperar mucho, pero que del verso, 
nada", dio bien á entender que empleando Cervantes la prosa, en lugar 
de verso, liaría siempre mayores maravillas. Y las hizo con la prosa en 
los Entremeses en que la empleó, mayores que en los que empleó el 
verso. La primera edición fué en 1615; en 1749 se hizo otra con un 
prólogo seudoclásico de Nasarre, en el que se ensaña con el antiguo 
teatro español y dice que las comedias de Cervantes fueron mal hechas 
adrede, como que son parodias y sátiras contra el gusto corrompido 
de la época. Sdhack, Hist. Uí. y art- dram. en España, t. II, pág. 60: 
''Así como Cervantes amontonó en su última novela las aventuras de 
los libros de caballería, que antes criticara con tanto rigor, así tam- 
bién acumuló en ellas sin -escrúpulo todos aquellos extravíos dramáticos 
de bambolla y efecto de la época, llevando hasta la exageración tal 
licencia... aridez en la composición y ligera suma en su desarrollo. 
Justamente el mismo poeta, que dio tantas pruebas de su maestría en 
la pintura de caracteres, se contenta en ellas con bosquejarlos muy 
superficialmente, y profundizando hasta tal punto otras veces, carece 
en sus comedias de verdadera intención poética...; como intentaba ri- 
valizar con Lope y su escuela, creyó acaso que el mejor modo de lo- 
grar el triunfo era imitar la parte externa de sus obras, acumulando 
maravillas, aventuras y golpes teatrales" ; luego dice que El Rufián 
dichoso, "por su licencia y mal gusto, es la peor de todas las Come- 
dias de santos que conocemos". "Infinitamente superiores á estas co- 
medias son los ocho entremeses... Cervantes tenía todas las cualidades 
necesarias para brillar en este género dramático, y sin vacilar podemos 
decir que no ha sido superado por ninguno de los que le sucedieron. 
Sabido es que estos cuadros burlescos de la vida ordinaria no tienen, 
por lo común, grandes pretensiones poéticas; pero cuando campea en 
ellos tanta gracia é ingenio como en los de Cervantes, cuando abun- 
dan en ellos tantas sentencias y rasgos tan agudos como discretos, no 
se les puede negar altísimo mérito. El entremés del Retablo de las 
maravillas, que sirvió á Pirón de modelo para componer su Faux pro- 
dige, es inimitable y una verdadera obra maestra... La Cueva de Sa- 
lamanca, farsa muy divertida, fundada en el proverbio popular, de 
que sacó Hans Sachs Die fahrenden Schüler, y en que se funda la 
opereta francesa titulada Le soldat magicien... La edición de estos 
entremeses... ofrece maravillosos ej'emplos de la fusión del lenguaje 
de la vida ordinaria con la cultura literaria más refinada." M. Pelayo, 
Id. est., t. III, vol. I, pág. 374: "Entre los innumerables dramaturgos 
anteriores á Lope de Vega, ¿quién es el que puede entrar en compa- 
ración con Cervantes, si se exceptúan acaso Torres Naharro y Micael 
de Carvajal? Prescindiendo de la grandiosa y épica Ntimancia, que to- 
davía no estaba impresa ni descubierta cuando Nasarre escribía, ¿por 
qué había de avergonzarse Cervantes ni nadie de ser autor de ana 
comedia de costumbres tan ingeniosa y amena como La Entretenida, 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 2o3 

de una comedia de carácter tan original como Pedro de Urdcmalas, 
de una comedia de moros y cristianos tan bizarra y pintoresca como 
El Gallardo Español^ de un drama novelesco tan interesante y fan- 
tástico como El Rufián dichoso y de una serie de entremeses que son 
cada cual, sobre todo los escritos en prosa, un tesoro de lengua y un 
fiel y acabado trasunto de las costumbres populares?-' Fitzmaurice- 
Kelly, Liter. españ., 1913, pág. 286: "Además quiso tantear de nu'cvo 
la escena. Como ningún autor aceptaba sus obras, hizo imprimir sus 
Ocho comedias y ocho entremeses nuevos (1615). Exceptuando Pedro 
de Urdemalas, estas comedias son equivocaciones, y cuando el autor 
quiere imitar á Lope de Vega, como en La Casa de los :^elos y selvas 
de Ardenia, el fracaso es evidente, y además justo, porque en Pedro 
de Urdemalas, Cervantes ataca de mala manera á su victorioso rival. 
Por otra parte, sus entremeses son piezas cómicas animadas é inge- 
niosas, interesantes por sí mismas, y como cuadros realistas de la vida 
vulgar tomada en su entraña. A veces la fidelidad de la pintura llega 
á perturbar, por ejemplo, en El Viejo zeloso^ anatematizado por Grill- 
parzer como lia pieza más desvergonzada que registran los anales del 
teatro, lo cual no impidió que El Viejo zeloso sugiriese The Fatal 
Dozvry á Massinger, que también aprovechó Los Baños de Argel, en 
The Renegado. Otro de esos pequeños intermedios, La Cueva de Sa- 
lamanca, dio la idea de la farsa alemana Der Bettelstudcnt y de El 
Dragoncillo, de Calderón (que puso asimismo en escena un Don Qui- 
jote, 'hoy perdido). Tres entremeses, rotulados Los Habladores, La 
Cárcel de Sevilla y El Hospital de los podridos, van unidos á la "Sép- 
"tima Parte" (1617) del teatro de Lope de Vega, que redhazó termi- 
nantemente su paternidad; si la atribución á Cervantes es exacta, ha- 
brían de reunirse con los Ocho entremeses, para demostrar que el 
creador de Don Quijote podía rivalizar con Luis Quiñones de Be- 
navente en su propio terreno. Los Habladores, sobre todo, son de un 
humor extraordinario: observemos cierta semejanza entre esta pieza 
y el Gert Westphaler, de Holberg, el dramaturgo danés. Se ha atri- 
buido también á Cervantes un Auto de la soberana virgen de Guada- 
lupe, y sus milagros, y grandeza de España (1605) : es una suposición 
que no ha tenido buena acogida, y que, por lo demás, carece de base." 
Matos Fragoso, La Corsaria Catalana: "¿Qué comedias traes? — Fa- 
mosas, ¡ de las plumas milagrosas ¡ de España... La Bizarra Arsinda, 
que es | del ingtenioso Cervantes; | Los Dos confusos amantes, \ El 
Conde Partinuplcs, \ La Española, de Cepeda, | un ingenio sevillano, ] 
El Secreto, El Cortesano, \ La Melancólica Alfreda...-' Charles: 
"Cervantes se recrea escribiendo El Laberinto, ensayo singular de un 
teatro caballeresco y galante, en llevar á la escena un cuentecillo lleno 
de aventuras, disfraces, desafios de armas y amores, cuya heroína 
es la hermosa Rosamira, acusada en su honor y vengada en campo 
cerrado. Los personajes todos son italianos. Su tema es trágico; sus 
aventuras, lamentabks ; pero no corre la sangre... El Laberinto de 



206 ÉPOCA DIÍ FELIPE II (s. XVl) 

atnor pasca la imaginación del tiempo en sus dédalos favoritos. No 
sería imposible que esta pieza mala hubiese parecido exquisita al pú- 
blico." 

Comedias (ed. 1615) : El Gallardo español, La Casa de los celos y 
selvas de Ardenia, Los Baños de Argel, El Rufián dichoso, La Gran 
Sultana doña Catalina de Oviedo, El Laberinto de amor, La Entre- 
tenida, Pedro de Urdemalas. Entremieses: El Juez de los divorcios. El 
Rufián viudo, llamado Trampagos, La Elección de los alcaldes de 
Daganso, La Guarda cuidadosa. El Vizcaíno fingido, El Retablo de 
las maravillas, La Cueva de Salamanca, El Viejo celoso. No se re- 
presentaron los entremeses como nos dice Cervantes; pero después se 
leyeron, se imprimieron, se plagiaron como verdaderas obras maestras 
que son en su género no sobrepujadas por las de ningún otro autor. 
El Entremés famoso de Los Habladores, el Entremés famoso de la 
Cárcel de Sevilla y El Hospital de los Podridos, salieron en la Sépti- 
ma parte de las Comedias de Lope, Madrid, 1617. Los Habladores 
además en Cádiz, 1646, á nombre de Cervantes. No cabe duda que son 
suyos los tres para quien conozca los demás Entremeses y el estilo del 
principe de nuestros ingenios : de ellos á cualesquier otros entremeses, 
hay un abismo. De La Cárcel de Sevilla y de Los Habladores, hay un 
ms. en el códice de la Colombina (A, A., Tabla 141, núm. 6). Doña 
Justina y Calahorra, entremés, fué hallado en la Bibl. Colombina, y 
don Alfonso de Castro se la atribuyó á Cervantes, publicándola en 
1874. Está en verso y es del género bufo. Los Mirones, entremés, se 
halló en el mismo códice, juntamente con Los Refranes, Los Roman- 
ces y otros trabajos, que don Adolfo de Castro publicó como de Cer- 
vantes: Varias obras inéditas de Cervantes, sacadas de códices de la bi- 
blioteca colombina, Madrid, 1874. De Los Mirones dice Castro: "Lláma- 
se entremés, y yo le llamaria mejor coloquio. Más aún: en el estilo se 
asemeja mucho al de los perros Cipión y Berganza. Hay la misma 
manera de presentar los pensamientos filosóficos y la de contar las 
aventuras y describir las costumbres; y hasta á veces, con la libertad 
que hoy nuestro siglo no perdonaría á autor contemporáneo. Es una 
pintura amenísima por la discreción, vivacidad, exactitud y gala... Es 
un cuadro animadísimo y rico de costumbres sevillanas..." La unidad 
de la acción, el estilo y lenguaje son tan de Cervantes, qu-e yo me 
inclino á tenerlo por suyo, lo mismo que Adolfo de Castro. Los Ro- 
mances, entremés, pudiera ser de Cervantes, que hizo muchos roman- 
ces durante su primera época teatral. Los de este entremés son in- 
mejorables, pues 'es un tejido de romances viejos y de los mejores del 
tiempo de Cervantes. Realmente, "todo el pensamiento del Quixote se 
halla resumido" en los primeros versos, como dice Castro. Se escribió 
y representó en 1604. "¿Cabe, en lo posible, añade, que Cervantes, que, 
según él mismo, excedía á tantos en la invención, tomase de un en- 
tremés conocido el pensamiento del Quijote?" La Soberana Virgen 
de Guadalupe, comedia, se publicó en Sevilla, 1605 (como auto), 1615, 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 207 

1617, 1868 (Socied. Biblióf. Andal.) ; tiene licencia de 1598. No es de 
la manera y estilo de Cervantes, aunque Asensio y otros se la atri- 
buyan. 

106. En el Viaje del Parnaso, Madrid, 1614, sátira en ter- 
cetos y ocho capíttdos, imitó al comenzar y en el títirlo el Viag- 
gio in Parnaso, de César Caporali ; al fin añadió la Adjunta al 
Parnaso, diálogo graciosísimo y picante en defensa de sus pro- 
pios dramas y contra los actores que nO' los querían representar. 
El P^iaje y el Canto de Calíope en la Calatea nos dan una reseña 
de los poetas de acjuel tiempo, juzgados por Cervantes con la 
indulgencia propia de su noble corazón. ComO' escritor en verso, 
Cervantes maneja los metros todos con gran destreza ; fáltanle 
la facilidad, la blandura y la fantasía soñadora de los grandes 
poetas; pero sobresale en lo satírico y burlesco, como en los so- 
netos A la entrada del duque de Medina y Al túmulo de Feli- 
pe II, y, cuando quiere, en la fuerza y ternura del sentimiento, 
como en la Carta á Mateo Vázquez y en la poesía A la Virgen 
de Cuadalupe. 

10 7. El ritmo y la rima ihalagan por tal manera el oído, que en 
todas las lenguas hay versos que nada significan y sólo encantan por 
su musical tarareo. El vil versificador no tiene otro mérito que el de 
manejar la rima y el ritmo con la facilidad que los demás tenemos 
para hablar, así es que busca pensamientos que envestir en el ropaje 
de sus rimas: 'CS un verdadero sastre de ropas hechas. El que nació 
prosista, busca rimas con que vestir su pensamiento, así que acierta 
más ó menos en el corte que da al vestido ; pero al punto se le reconoce 
como prosista. Tal sucede á Unamuno. El verdadero poeta, el poeta 
nacido, ni busca pensamiento que envestir con sus rimas, ni rimas 
con que vestir su pensamiento ; nacióle el pensamiento ya rimado, 
tanto, que cuando escribe en prosa, su prosa es verso diluido. Tal su- 
cede á Bécquer en sus leyendas. En este sentido, Cervantes no es 
poeta, y él mismo lo reconocía á cada paso, confesando que el Cielo 
le había negado este don de la poesía. Como artista que maneja ma- 
ravillosamente el idioma, que tiene fino oído, sentimientos delicados, 
rica imaginación, hace á veces versos magníficos, dignos de un ver- 
dadero poeta, y, sobre todo, versifica fácilmente sus obras dramáticas, 
y sobresale en los versos festivos, humorísticos y burlescos, más alle- 
gados al ingenio prosaico que al poético: pero raras veces tiene aque- 
lla facilidad que muestran los verdaderos poetas á quienes el pensa- 
miento les sale ya rimado, en quienes pensamiento y forma rimada 
brotan enteram^ente fundidos y como un todo natural y espontáneo. 



208 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Hay, por lo mismo, un no sé qué de blando y soñador en el poeta 
verdadero que no se halla en el prosista, cuando escribe en verso, por 
bien que lo (haga. Puede compararse este ajustarse de la rima al pen- 
samiento, que siempre es algo duro en el poeta no nacido, á lo que 
sucede con el vestirse y caracterizarse de los actores en el teatro. 
Por bien que lo hagan, se trasluce lo postizo. Véase cualquier escena 
fotografiada en revistas. La fotografía hace resaltar despiadadamente 
las barbas y pelucas postizas y los trajes que no son naturales á la 
persona. De la misma manera, en las más acabadas poesías del que 
no nació poeta se transparenta el prosista que postizamente vistió con 
la rima su pensamiento. No entalla al justo el vestido; los pliegues no 
caen blandamente; échase menos cierta vaporosidad del ensueño, que 
la vela no tiene, y que siempre envuelve como en transparente nube la 
imaginación del verdadero poeta. Asi difiere tanto el verso de Lope 
del de Cervantes cuanto la prosa de Cervantes difiere de la de Lope. 

108. Cervantes fué el primero que noveló en España, como 
él mismo dijo. La palabra novela, inventada por Boccaccio, esto 
es, nueva, noticia pequeña, se llamó siempre y se llama en cas- 
tellano cuento. El cuento, tomado de algim acaecimiento real, 
aunque adornado por la fantasía é imitando la naturaleza y las 
costumbres : tales son las novelas de Cervantes. Llamólas ejem- 
plares por ir enderezadas á un fin moral. Unidad de acción, ma- 
nera de rodear la fábula, pintura de caracteres y costumbres, ex- 
presión de afectos, propiedad y color de estilo, elegancia de 
lenguaje, colocación en sus varios términos de las cosas de ma- 
nera que resalte el personaje principal y cada uno quede en su 
lugar propio, apuntando circunstancias sin detenerse en descrip- 
ciones intempestivas ; en una palabra, hacer un verdadero y aca- 
bado cuadro del acontecimiento con naturalidad y elegancia, 
cosas son en que nadie aventajó á Cervantes. No hay novela 
que puesta al lado de las suyas no parezca algo afectada y no 
deje trasparentar el estudio. Cervantes, como novelista, no imita 
á Boccaccio, á Sacchetti, á Lasca, á Cinthio, á Bandello, aunque 
sin duda los leyó. Boccaccio es, de los que le precedieron, el que 
más se acerca á Cervantes, aunque todavía quede á larga dis- 
tancia. De nuestro novelista pudiera repetirse lo que Carducci 
dijo de Boccaccio (Discorsi letterari, 1889, p. 265) : "No es sólo 
J padre de la prosa italiana, sino uno de los más grandes inven- 
tores y maestros del arte moderno en lo que tiene de más amplio, 
en la representación del vivir humano; un hombre bueno, libre 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 209 

y escogido, qne mantuvo modesto el amor constante y desin- 
teresado, el amor del arte, y que podría cifrar toda su vida 
en aquella humilde y gloriosa cifra: Studium fuit alma poesis. 
Boccaccio era múltiple en la fantasía de los argumentos como 
en el estilo. Y ¡qué estilo! ¡Cuánta elegancia y qué armonía en 
aquellas frases tan hábilmente prolongadas en el agrupamiento, 
no sólo sonoro sino racional, de una multitud de ideas acceso- 
rias maravillosamente asociadas!" Cervantes no tomó sus asun- 
tos y modelos sino de la vida real, no menos que los tipos y 
personajes, los elementos de sus escenas, la fraseología y las 
voces. Cada día desentierran los eruditos un nombre, un he- 
cho de la historia del siglo xvi^ que explican otro nombre y 
otro hecho de las novelas de Cervantes. No podemos detener- 
nos en estos particulares, que pueden verse en los comentaris- 
tas. No menos hay en todas sus novelas pedazos de su propia 
vida, y, sobre todo, los sentimientos de su propia alma, que 
habiendo sido tan nobles y hermosos, no hemos de extrañar 
hallarlos en todos los personajes de sus novelas, hasta en los 
que la fábula pide sean malos y feos. La realidad vista ó vivida 
se convirtió en manos de Cervantes en realidad artística. Si 
algún defecto se halla, consiste en que ó á la realidad vista le 
mete dentro su propio sentir, ó á su sentir propio le da vida 
fuera de si ; pero siempre son vivas realidades, son Cervantes 
ú otras personas. 

La novela picaresca nace con el Lazarillo, se perfecciona 
en la técnica y en la filosofía con Giizmán de Alfaraclie y llega 
á su más alta cima con algiuias de las Novelas de Cervantes. A 
paso llano, con candor de niño tierno, anda el Lazarillo : en- 
ciérrase en unas cuantas escenas de la vida de un al parecer 
simple, pero de hecho de un picaruelo que no aparenta satirizar 
a la sociedad, sino contar á la pata la llana lo que le ha ido pa- 
sando. Mateo' Alemán hinchó el perro. Sacó afuera la honda 
filosofía que la narración de un picaro encubría y entretejióla 
con graves y sesudas sentencias. El estilo se levanta y se en- 
sancha como en manos de simpar cuentista, el cuadro se es- 
playa y aun se enreda, conservando el orden cronológico pri- 
mitivo. Cervantes, en Rinconete y Cortadillo y en el Coloquio 
de los perros, saca al género picaresco de la niñez y lo ahorra 
de moralidades pesadas. Son cuadros vivos como los del La- 



210 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

sarillo y de Guoiián; pero más vivos, si cabe, más reales, mejor 
rebultados los principales personajes, sombreados los últimos, 
matizados gradualmente los intermedios. Los caracteres son 
más variados y hondos, las almas están talladas por magistral 
cincel. El habla se ha diferenciado no menos con la diferen- 
ciación mayor de los personajes, y está arrancada por manera 
pasmosa de la realidad; es el habla no de un narrador, sino de 
ellos, de los que en la escena viven. Pero, sobre todo, una unidad 
de acción, y más honda todavía que de acción, de pesamiento 
filosófico, enlaza personajes y hechos, tan trascendental é in- 
geniosamente como en los entremeses y en el Quijote. El mo- 
nopolio ó monipodio de la gente maleante es el pensamiento 
filosófico de Rinconcte y Cortadillo, nombre simbólico que lle- 
va el maestro y capataz de los demás. La observación de dos 
perros mudos y sabios, que por arte como de encantamiento 
logran el poderse expresar en lenguaje humano, para recontar- 
se lo que han visto y oído, la sociedad de los hombres, á la 
cual, no perteneciendo, pueden más desinteresadamente sati- 
rizar, es el hondo pensamiento filosófico que da unidad al Co- 
loquio de los perros. La condescendencia de los gobernantes y 
tutores de la familia misma, con los hijos apicarados, el hacer 
la vista gorda de las autoridades, que debieran remediarlo, lo 
es de la primera parte del Rufián dichoso. Y por el mismo 
estilo en otros muchos pasos esparcidos por las obras de Cer- 
vantes, verdaderos cuadros de novela picaresca. Pero Cervan- 
tes, ahondando más y más en el género, lo ha transformado, 
naciendo de la novela picaresca otra novela que podemos lla- 
mar rufianesca, matonesca ó haniponesca, de la cual tan sólo 
conocíamos las coplas de Reinosa y algunas vislumbres de la 
Celestina. Los hijos desgarrados de la Ilustre fregona, y el 
que sigue á la Gitanilla, son picaros todavía; pero los cofrades 
de Monipodio, el Rufián viudo, el dichoso, Ginés de Pasauwn- 
te y tantos otros, son rufianes, matones, gente de la hampa, y 
con ellos parécense y los acompañan las mujeres del partido de 
toda laya. Este nuevo género literario, en prosa y en verso, 
nació del picaresco en manos de Cervantes y lo cultivaron des- 
pués Quevedo, Barbadillo y cien más. Las jácaras y cantaletas 
arrancan de aqui, no menos que las tías fingidas y las Esperan- 
zas posteriores. La afición de Cervantes á todo lo nacional, po- 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 211 

pular y castizo le reveló este género, sin duda, el más de la 
entraña de la raza. Sus pensares y decires están retratados del 
natural, sin las exageraciones que después vinieron. De esta 
manera llevó Cervantes al más alto grado de perfección en lo 
filosófico, en la pintura de caracteres, en el lenguaje, la novela 
picaresca; tras él baja y bastardea. 

109. La novela es poesía en prosa, porque no es más que poema 
en prosa. No está "tejida de los casos que comúnmente suceden", 
como dice la Academia, pues cabalmente difiere de la historia en que 
ésta pinta las cosas como son y la poesía como debieran ser, de ma- 
nera que la creación poética tiene tanta parte en la novela como en 
el poema y en cualquier linaje de poesía. Por eso, según Aristóteles, 
la poesía es más filosófica que la historia, se levanta más, desenvol- 
viéndose en el mundo de los posibles, de lo verisímil, más cercana á 
las ideas madres. Si la novela sólo contase lo que comúnmente sucede, 
no sería poesía, sino historia é historia rastrera y baja. Toda poesía 
presenta un ideal y lo presenta la novela como el poema, sino que el 
poema pinta héroes y acciones heroicas, esto es, mitológicas, de semi- 
dioses, y la novela puede pintar cualquier personaje; pero siempre 
con el soplo ideal que lo levante á la región de las ideas. En el mundo 
de la fantasía, donde vive la novela, lo verisímil fantástico es lo que 
vive, aun cuando no sea verisímil en el mundo ordinario. Así cabe 
en la novela lo sobrenatural, lo maravilloso, la personificación de lo 
inanimado y de lo abstracto, la mitología, las creencias religiosas, la 
creación de personajes sobrehumanos que jamás se hayan dado ni 
puedan darse en la realidad. La novela es historia fingida, y su ca- 
rácter novelesco implica cabalmente que sus acaecimientos no son 
comunes, sino raros, peregrinos, de pura creación fantástica. Aun al 
contar casos comunes y que suceden, el novelista no se atiene á ellos 
tal como son, que su obra no sería novela, sino que idealiza y hace 
agradables hasta los más feos personajes, ó saca del alma de ellos un 
tesoro de sentimientos que estaban escondidos: en suma, el autor 
crea, por eso hace obra poética. La tierra de los cuentos ó novelas 
cortas es realmente España. Desde las primeras obras literarias que 
conocemos parece ya el cuento, el cual se halla en todo linaje de libros 
españoles. Cuélase en las novelas pastoriles y en todo el inmenso 
teatro español, en todo libro de historia y hasta de ciencia. Después 
de Cervantes, que perfeccionó su hechura artística, las novelillas y 
cuentos que se imprimieron son infinitos, como lo son en el siglo xix. 
Oígase á Ticknor (t. III, pág. 355) : "La Italia es el único país que 
puede competir con España en el ramo de novelas y cuentos durante 
los siglos XVI y XVII ; y casi me atrevería á asegurar que, en poco 
más de un siglo que duró 'en España la afición á estos libros, el ingenio 
español produjo tantos casi como el italiano durante los cuatro y medio 



212 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

que en Italia se cultivó el género. Si, pues, á los innumerables cuentos 
y novelas 'españolas, ya impresas en colecciones separadas, ya insertas 
incidentalmente en otros libros, añadimos las innumerables que com- 
prende el drama (materia en la que los italianos son comparativamente 
muy pobres), apenas puede caber duda de que el número de ficciones 
españolas sea infinitamente mayor que el de las italianas, aunque si 
hubiera de decidirse la cuestión por el descarnado é imperfecto catá- 
logo de novelas españolas que trae la biblioteca de don Nicolás An- 
tonio, comparado con la admirable y completa Bibliografía dclle nO' 
vclle italianc, de Gamba, el resultado seria muy diferente, si bien, 
tratándose de novelle italianc, es preciso advertir que hasta época 
muy reciente, toda la fuerza, riqueza y vigor de la ficción romántica 
en Italia se tomó del teatro y de Jos antiguos cuentos, refundidos en 
esta especie de novelas cortas... Pero la circunstancia más digna de 
atención en la historia de la ficción romántica en España, es su tem- 
prano nacimiento y su muerte también temprana. El Amadís llenaba 
con su fama al mundo entero cuando aún no se había oído hablar de 
ningún otro libro de caballerías en prosa española, y lo más singular 
es que, siendo el más antiguo, es aún considerado como el mejor de 
su clase en todos los idiomas. Por otra parte, el libro que acabó con 
el mismo Amadís y con todos sus compañeros es el Don Quijote, el 
más antiguo y el mejor entre los de su género, leído y admirado á 
porfía en nuestros tiempos por millares de personas que nada saben 
de los enemigos fantásticos á quienes destruyó, sino lo que su autor 
mismo quiso decirles. El Conde Lucanor precede de cincuenta años 
al Decamerón. La Diana, de Montemayor, leclipsó muy pronto la 
glo,ria y popularidad de su prototipo italiano, y durante algún tiempo 
brilló sin rival temible en toda Europa. Las novelas del gusto pica- 
resco, producto exclusivamente español, y otra multitud de ellas no 
menos nacionales en la forma y en el fondo, no perdieron nunca su 
fisonomía española, conservándola casi intacta en las imitaciones ex- 
tranj'eras más felices. Reunidas todas estas ficciones, su número es 
grande, y tanto, que quizá pueda calificarse de inmenso. Pero lo más 
notable es, no ya su multitud, sino el haberse escrito á la sazón que 
la Europa toda, excepto una parte muy pequeña y privi-'egiada de la 
Italia, no había aún dado muestra alguna de ingenio; antes que mada- 
ma de Lafayette publicase su Zayde, antes también que apareciese la 
Arcadia, de Sidney; la Astrea, de d'Urfé; el Cid, de Corneille, y el 
Gil Blas de Lesage. En una palabra, ya estaba la novela española en 
el apogeo de su gloria cuando el Hotel Rambouillet ejercía una auto- 
ridad casi despótica sobre el gusto francés, y cuando Hardy, siguiendo 
las indicaciones de un público caprichoso y el ejemplo de sus rivales, 
no hallaba mejor medio de complacer al primero que presentar en 
el teatro de París casi todas las novelas de Cervantes y las de muchos 
de sus rivales y contemporáneos (Puybusque, Histoire comparée, 
t. II, cap. III). Pero desde este momento la civilización y las 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 2l3 

luces avanzaron con la mayor rapidez en el resto de Europa, mientras 
que en España quedaron estacionarias; en vez de transmitir su in- 
fluencia á Francia, Madrid comenzó á sentir el predominio y autoridad 
de la literatura y costumbres francesas, resultando naturalmente de 
este cambio que desapareció de las ficciones españolas el espíritu crea- 
dor, ocupando su puesto, como lo veremos más adelante, el espíritu 
servil de imitación francesa." 

Fuera d,e los cuentos antiguos de apólogos y narraciones morales 
que, venidas de Oriente, florecieron en los siglos xiii y xiv, sobre 
todo en El Conde Lucanor, la novela ó novela corta italiana, de los 
novellieri, á lo Boccaccio, Bandello, Cinthio, Straparola, no llegó á Es- 
paña hasta Cervantes, que con razón dijo: "Yo soy el primero que he 
rovelado en lengua castellana; que las muchas novelas (de los citados 
autores) que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas 
estrangeras y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas; mi in- 
genio las engendró y las parió mi pluma, y van creciendo -en los brazos 
de la estampa." En el año 1613, con la publicación de sus Novelas 
Ejemplares, abrió camino á este nuevo género literario en España. 
Claro está que el cuento popular siempre lo hubo, y no menos la anéc- 
dota literaria, como las de Timoneda, Melchor de Santa Cruz, Luis 
de Pinedo, Juan de Arguijo. "Pero la novela corta, dice M. Pelayo 
(Oríg. de la Novela, t. II, pág. cxl), el género de que simultáneamente 
fueron precursores don Juan Manuel y Boccaccio, no había producido 
en nuestra literatura del siglo xvi narración alguna que pueda entrar 
en competencia con la má,s endeble de las novelas de Cervantes : con 
el embrollo romántico de Las dos doncellas, ó con el empalagoso 
Amante Liberal, que no deja de llevar, sin embargo, la garra del icón, 
no tanto en el apostrofe retórico á las ruinas de la desdichada Ni- 
cosia como en la primorosa miniatura de aquel "mancebo galán, atil- 
"dado, de blancas manos y rizos cabellos, de voz meliflua y amorosas 
palabras, y finalmente todo hecho de ámbar y de alfeñique, guarnecido 
de telas y adornado de brocados", i Y qué abismos hay que salvar desde 
estas imperfectas obras hasta el encanto de La Gitanilla, poética idea- 
lización de la vida nómada, ó la sentenciosa agudeza de El Licenciado 
Vidriera, ó el brío picaresco de La Ilustre Fregona, ó el interés dra- 
mático de La Señora Cornelia y de La Fuerza de la sangre, ó la pi- 
cante malicia de El Casamiento Engañoso, ó la profunda ironía y la 
sal lucianesca del Coloquio de los Perros, ó la plenitud ardiente de 
vida que redime y ennoblece para el arte las truhanescas escenas de 
Rinconetc y Cortadillo! Obras de regia estirpe son las novelas de 
Cervantes, y con razón dijo Federico Schlegel que quien no gustase 
de ellas y no las encontrase divinas, jamás podría entender ni apreciar 
debidamente el Quijote. Una autoridad literaria mas grande que la 
suya y que ninguna otra de los tiempos modernos, Goethe, escribiendo 
á Sühiller 'en 17 de Diciembre de 1795, precisamente cuando más ocu- 
pado andaba en la composición de Wilhclm Meistcr, las había ensalzado 



2)4 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

como un verdadero tesoro de deleite y de enseñanza, regocijándose de 
encontrar practicados en el autor español los mismos principios de 
arte que á él le guiaban en sus propias creaciones, con ser éstas tan 
laboriosas y aquéllas tan espontáneas. ¡ Divina espontaneidad la del 
genio que al forjarse su propia estética adivina y columbra la estética 
del porvenir." Lope, Filomena, fol. 58: "También ay libros de Novelas, 
dellas traduzidas de Italianos, y dellas propias, en que no faltó gracia 
y estilo á Miguel de Cervantes." Quevedo, Perinola: "Para agravarlas 
las hizo (Montalván) tan largas como pesadas, con poco temor y reve- 
rencia de las que escribió el ingeniosísimo Miguel de Cervantes... Deje 
las novelas para Cervantes y las comedias á Lope." Tirso, Cigarrales, 
fol. 73: "Paréceme, señores, que después que murió nuestro Español 
Bocacio, quiero dezir Miguel de Cervantes..." Sal. Barbadillo, Aprob.: 
"Con ésta confirma Cervantes la justa estimación que en España y 
fuera de ella se hace de su claro ingenio, singular en la invención y 
copioso en el lenguaje, que con lo uno y lo otro enseña y admira, de- 
jando de esta vez concluidos con la abundancia de sus palabras á los 
que siendo émulos de la lengua española la culpan de corta y niegan 
su fertilidad." Del Crotalón, de Cristóbal de Villalón, á quien trató 
familiarmente Cervantes y debió de dejárselo leer manuscrito, hay 
huellas harto manifiestas en las Novelas ejemplares. Aun para la del 
Curioso impertinente del Quijote ha de leerse el canto tercero, al fin, y 
el canto décimo. Tan increíble le pareció á Cervantes no ceder en la 
ocasión, que de aquí le ocurrió lo de Lotario y su amigo. Para la 
Tía fingida, véase en el canto séptimo el cuento de doña María en 
Salamanca y ^"alladolid. Para la tempestad de! Pcrsiles (1. 11, cap. I), 
véase el canto nono, al principio. Para Las dos doncellas, el mismo 
canto nono, más adelante. Véase además Serrano y Sanz, pról. Inge- 
niosa comparación, de Villalón, pág. 91. Claro está que como siempre, 
más tomó Cervantes de sucedidos reales que de cuentos escritos. Por 
lo cual dijo en el Quijote (2, 62) : "Las historias fingidas tanto tienen 
de buenas y de deleitables cuanto se llegan á la verdad ó la semejanza 
della, y las verdaderas, tanto son mejores cuanto son más verdaderas." 
Por la índole del Rinconete, del Cel. Extremeño y La Esp. In- 
glesa, así como por haber hecho mención Cervantes de las dos primeras 
en el Quijote y por lo que al final de la última insinúa del Arzobispo 
y de Porras de la Cámara y no menos por hallarse las dos primeras 
con la Tía fingida en las copias del mismo Porras de la Cámara, se 
puede sacar que las compuso Cervantes en Sevilla. La II. Fregona y 
La Fuerza de la sangre tienen trazas de haberse planeado en Toledo. 
La Gitanilla, por lo mismo, en Madrid, y El Casani. eng. y El Coloquio 
en Valladolid, en la casa que habitó cerca del hospital de la Resurrec- 
ción. Con todo, pudo valerse del recuerdo, como en La Tía fingida, 
que no se ihizo en Salamanca, sino en Sevilla, donde Porras la copió. 

La Tía fingida se halló en ms. que el licenciado Francisco Porras 
de la Cámara, racionero de Sevilla, había hecho de varias novelas, 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 2X5 

entre ellas Rinconcte y Cortadillo y El Celoso extremeño, de Cervan- 
tes, tomadas de borradores, pues todavía no se habían impreso, para 
el Arzobispo de aquella ciudad. Imprimióla García Arrieta, Madrid, 
1814, por una copia, con erratas; sin ellas, Navarrete, en Berlín, 1818; 
después Arrieta, París, 1826; Barcelona, etc. Gallardo halló otro ma- 
nuscrito en la Bibl. Colombina (AA., 141..., 4), véase El Critiuón, 1835, 
núm. I. Publicóse con estudio crítico por Julián Apraiz, con las tres 
variantes, Madrid, 1906; y con las dos (colombina y berlinesa) y es- 
tudio por A. Bonilla, 1911. En estos dos estudios y en el de J. Apraiz, 
D. Isidoro B osarte, Madrid, 1904, se halla toda la cuestión acerca de 
esta novela. En el Boletín de la Acad. Españ., 1914, ha querido probar 
Icaza que no es de Cervantes, por ser casi una copia de un trozo de 
los Ragionamenti, del Aretino; pero no convencen sus pruebas, porque 
las coincidencias que de entrambos trae lo mismo se hallan en cuantos 
han pintado tales damas, y la corrupción de costumbres que la novela 
supone y que dice ser exclusiva de Italia, lo era no menos de Sala- 
manca y de otras partes de España: Barbadillo, el Lazarillo segundo, 
el Crotalón (cap. VII) y los datos que en mss. de la Universidad sal- 
mantina se hallan de la vida estudiantil, lo comprueban. Los pensa- 
mientos de tales damas son hoy día los mismos y hasta las frases, y lo 
fueron siempre en tiempo del Aretino, de Delicado y de Cervantes. 
Un pensamiento de aquí, otro de acullá en que haya tales coinciden- 
cias no es prueba de que la trama, que no se halla en el Aretino, ni 
mucho menos la novela entera, esté de él tomada. El sello cervantino 
está en La Tía fingida tan de bulto como en las demás novelas: es 
cuestión de ojos. Cuando me presenten otro autor parecido á Cervantes, 
creeré que el tal pudira haberla escrito y que no menos pudiera 
haber escrito las Novelas ejemplares. La Tía fingida es una de tantas 
como él dice haber compuesto y que andaban por ahí y que no quiso 
incluirlas en sus Novelas ejemplares por temor de que por su fuerte 
realismo y asunto escabroso dejaran de serlo para la gente menuda. 
Para el mismo Cardenal de Sevilla Niño de Guevara, para quien Po- 
rras de la Cámara había hecho la Compilación de curiosidades espa- 
ñolas (véase Homenaje á M. Pclayo, 1899, t. I, pág. 223), hizo Cervantes 
La Española inglesa, como se infiere de las palabras que puso al fin 
de ella (véase Asensio, en Nuevos documentos, pág. 59). Besarte pu- 
blicó, en 1788, en el núm. IV de su Gabinete de lectura española, los 
borradores de Rinconete y de El Celoso extremeño como los halló en el 
ms. de Porras, y luego en su colección de Novelas ejemplares, 1613. 
En el ms. de Porras se lee: "Novela de Rinconete y Cortadillo, famo- 
sos ladrones que hubo en Sevilla, la qual pasó así en el año de 1569." 
Hay aquí errata por 138^, según probó Rodríguez Marín {Rinc. y 
Cort., pág. 183, y en El Loaysa). Cervantes estuvo en Sevilla todo 
el otoño de 1597, y debió de conocer á Chaves, autor de la Relación 
de la Cárcel de Seznlla y del Vocabtdario de Germanía, y seis 
de los Romances de Germanía, obras las dos últimas impresas por ' 



2l6 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Juan Hidalgo en 1609 como propias. Del Rinconcte quitó Cervan- 
tes lo que le pareció al imprimirlo entre sus Novelas ejemplares, 
como se ve cotejando esta edición con el borrador de Porras. Agus- 
tín Amezua, Coloquio de los perros, pág. 103: "A excepción del 
Viaje del Parnaso y del prólogo á las Comedias, no se hallará otra 
ninguna obra de su pluma en que tan sin rebozo se muestren sus 
pensamientos más íntimos é ingenuos, sus más amargas reflexiones, 
entregándonos siempre por boca de Berganza tantas demostraciones de 
su ánimo, confesiones propias y privados pareceres, que á semejante 
caudal no vacilaría en bautizarle con el nombre de Memorias Cer- 
vantinas, i Tanta es la sincera y expresiva verdad que respiran sus 
páginas ! Cabalmente porque al componer el Coloquio recordó más 
de una vez su propia vida, trasladando personales sucedidos á sus 
episodios, fué, sin duda, por lo que hubo de sufrir aquel transparente 
arañazo del satiricón Suárez de Figueroa : "con todo eso, no falta 
"quien ha historiado sucesos suyos, dando á su corta calidad maravi- 
'"Uosos realces y á su imaginada discreción inauditas alabanzas : que, 
'-'como estaba el paño en su poder, con facilidad podía aplicar la tixera 
"por donde la guiaba el gusto." Así está sembrado el Coloquio de tantas 
y tan vehementes exclamaciones y apostrofes, que semejan gritos an- 
gustiosos, coniipadeciéndose mal con aquel sano, irónico y benévolo 
optimismo que resplandece en sus restantes obras. Hasta tal punto, 
que, aun al repetir pensamientos ajenos, cuando pasan, como por 
alambique, por el encendido fuego de su ánimo, adquieren unos" tintes 
de desgarrador sufrimiento, de desmayada y angustiosa protesta, con- 
tra los azares de la fortuna, que tan duramente lo combatía." El Co- 
loquio y El Casamiento se escribieron en Valladolid, entre 1603. en 
que allí estuvo, y 1609, en que ocurrió la expulsión de los moriscos, que 
Berganza desea, pero como cosa todavía no sucedida y probablemente 
antes de 1605 (véase Amezua, pág. 214). 

Schack, Hist. Ut. y art. dram. en Esp., t. H, pág. 33: ^^La Gitanilla 
sirvió á Montalván y á Solís para componer dos piezas de igual nom- 
bre. La Ilustre fregona, para una de igual título de Lope de Vega, 
otras dos de Vicente Esquerdo y Cañizares, y La Hija del mesonero, 
de Diego de Figueroa y Córdoba. El Licenciado Vidriera, para otra 
de igual título de Moreto. La Señora Cornelia, á Tirso de Molina, 
para su comedia Quien da luego, da dos veces. El Celoso extremeño, 
para dos de igual título, de Lope y Montalbán. La Fuerza de la sangre, 
para la de igual nombre de Guillen de Castro. En las literaturas ex- 
tranjeras encontramos las imitaciones siguientes: La Forcé du sang, de 
Hardy; L'am-ant liberal, de Bouscal y de Bey, y una tragicomedia de 
Scudery. Les dcux pucelles, de Rotrou, de Las dos doncellas, de Cer- 
vantes. The spanish gipsy, de Midleton Rowley, de La Gitanilla y La 
Fuerza de la sangre. Love's Pilgrimage , de Beaumont y Fletcher, de 
Las dos doncellas. The chances, de los mismos, de La Señora Corne- 
lia." Fitzmaurice-Kelly^ Liter. espñ., 1913, pág. 285: "Dejemos á un 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 217 

lado los imitadores que tuvo en España : más seguro indicio de su 
éxito nos proporcionan la cualidad y el núimero de los imitadores sep- 
tentrionales, de los que sólo podemos señalar algunos. La Gitanilla 
no es concepción original, porque la gitana Preciosa procede de la 
Tarsiana del Libro de Apollonio; pero el personaje de Cervantes ea 
quien resurge en la Preciosa, de Weber y de Wolff; en lia Esmeralda, 
de Víctor Hugo, y en The Spanish Gipsie, de Middleton y Rowley, que 
han añadido algunos rasgos tomados de La Fuerza de la sangre. Son 
de notar las imitaciones de Fletcher: The Qucen of Corinth se funda 
en La Fuerza de la sangre; Love's Pilgrimage, en Las dos doncellas; 
Rule a Wife and have a Wife, en El Casamiento engañoso; A very 
Woman or The Prince of Tarent, en El Amante liberal, y Chances, 
en El Celoso extremeño (de donde, mucho tiempo después, sacó Bic- 
kerstaffe The Padlock). No hace falta indicar las fuentes de Cornclie, 
La Forcé dn sang y La Belle Egyptienne, de Alexandre Hardy ; dé 
Les deux Pticelles, de Rotrou; de L'Amant liberal^ de Georges de 
Scudéry ; de Le Docteiir de verre, de Quinault, ni de La Belle Proven- 
cale, de Regnard ; más interesante sería saber si la escena del soneto 
en Le Misanthrope le fué sugerida á Moliere por El Licenciado Vi- 
¿riera. Sábese que Fielding se enorgullecía de considerar maestro suyo 
á Cervantes. Hagamos constar que sir Walter Scott confesó que "las 
'^Novelas de este autor le habían inspirado desde un principio el deseo 
'■'de sobresalir en ese género literario". Algo de ellas quedó en la me- 
moria de Scott: la famosa dscripción de Alsacia en The Fortunes of 
Nigel, fué sugerida sin duda por un 'pasaje de Rinconete y Cortadillo.'" 
Sobre la poesía matonesca, véase Salillas, en la Revue Hispanique, 
t. XV, pág. 387, y en sus demás libros. , 

110. Cervantes en el Quijote, habiéiidosie propuesto paro- 
diar los libros de caballerías para desterrarlos por falsos y per- 
niciosos, saliendo así por el realismo español, contra el arte 
quimérico venido siglos había de otras partes, y enamorado de 
su? dos principales personajes, don Quijote y Sancho, idealizó 
los dos tipos principales de la sociedad española del siglo xvi y 
de la humanidad entera de todos los tiempos; y haciendo inter- 
venir en su obra todo linaje de gentes con sus propias costum- 
bres y lenguaje, inventó la novela moderna de costumbres y ca- 
racteres, componiendo, no sólo la mejor novela caballeresca, la 
mejor de sus novelas ejemplares, la mejor novela picaresca y la 
mejor novela realista moderna, sino la novela social española 
de su tiempo y aun de todo'S los tiempos. El Quijote ©s un nuevo 
y antes desconocido manantial épico, el de la novela moderna; 
es la tumba de los géneros épicos antiguos llamados á desapa- 



21 8 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

recer y de los géneros de transición : en él fenecen y se trans- 
forman el género caballeresco, el género italiano, el género pas- 
toril. El ingenio doblegadizo de Cervantes se inspiró en todos 
los modelos y tanteó todos los géneros que le precedieron ; pero 
su realismo español, al infundir nueva sangre en la épica, la 
transformó, dejándolos á todos ellos oscurecidos y creando la 
novela moderna de caracteres y costumbres, la única épica no 
ficticia que correspondia á los tianpos de mayor reflexión y 
de la pura razón. La lengua de Cervantes es la lengua castellana 
en el momento de su mayor esplendor, y en el Quijote presenta 
los más acabados modelos en toda su rica variedad de tonali- 
dades y matices, del habla caballeresca y anticuada, del habla 
erudita, del habla popular, del habla pastoril, del habla pica- 
resca. Es Cervantes el que más diestramente supo aunar la re- 
finada elegancia clásica dje los antiguos y del Renacimiento con 
el realismo y casticismo del habla popular, siendo su decir pro- 
pio y limpio, armonioso y recio, y el anas rico en voces y cons- 
trucciones de los escritores castellanos. 

111. El Quijote es la parodia y obra burlesca más famosa que 
se ha escrito en el mundo. Antes de él conocemos en castellano La 
Asneida, de Cosme de Aldana, y el poema del seudónimo Cintio Mere- 
tisso; después del Quijote las obras burlescas que en España se es- 
cribieron fueron sin número. Es manera literaria tan del pueblo 
español como la socarronería que se halla en los refranes, cantares 
populares y en los más antiguos romances. No nace, pues, en España 
la parodia del estilo afectado, como alguien ha creído, aunque desde 
que reinó la afectación gongorina, el ingenio español, amante de lo 
real y sincero, acogióse á la parodia y á lo burlesco, no sufriendo las 
afectaciones que el clasicismo dio de sí como cosa de imitación y de 
escuela. Cervantes, español hasta los tuétanos, al parodiar los descabe- 
llados libros de caballerías, no hizo más que volver por el realismo 
castellano contra los idealismos, fantasías y sueños de aquella lite- 
ratura extranjera. Fué el Quijote el triunfo del temperamento serio, 
sincero, realista, del ingenio y del arte español, que sepultaba para 
siempre aquella manera extraña á él, que había señoreado en España 
durante siglos. Tal fué el primer intento de Cervantes, tenido en 
poco por la crítica; pero de enorme trascendencia en la historia de la 
literatura castellana, y tal, que, aunque más no hubiera en el Quijote, 
pondría á este libro como á uno de los faros que la ilustran y le 
devuelven la luz y los fueros propios y nacionales, barriendo de Es- 
paña una de las lacras que la habían manchado durante tanto tiempo. 
No hay intento más claramente manifestado por su autor en todo el 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 219 

libro. Contra lo milagrero y fantástico de la literatura caballeresca 
álzase en todo él el realismo español con un brío incomparable. Don 
Quijote, caballero de nobles pensamientos, pero real y vivo, hunde 
para siempre á los caballeros antiguos. Las damas endiosadas á ía 
provenzal de los libros de caballerías, figuradas en la fantástica Dulci- 
nea, deshácense como humo al olor á ajos de Aldonza Lorenzo, que 
zarandea trigo, y no candeal, en las eras, y al olor de cochambre de 
la Maritornes en el lecho de la venta. Jamás el realismo español brilló 
con tan chillón colorido, oscureciendo las quiméricas literaturas de 
allende, sólo gustadas en España por niños y doncellas ó por hidalgos 
soñadores, mientras que la fuerza de la escueta verdad del Quijote 
llegó á todos, á sabios é ignorantes, y fué y será siempre la lectura 
preferida de todo el mundo. No de otra manera la epopeya realista y 
verídica de Mió Cid y del Romancero había vencido antaño la quimé- 
rica épica de la Chanson de Roland y las demás epopeyas medioevales 
no españolas. Cuando la afectación gongorina, fruto de otra extraña 
literatura, del clasicismo, corrompa el arte nacional, el nacional rea- 
lismo resistirá, acogiéndose de nuevo, como en el Quijote, á lo bur- 
lesco y á la parodia, riéndose desde allí á carcajada tendida de este 
otro elemento extranjerizo. No otra cosa significan los graciosos de 
nuestro teatro. Desde la misma Celestina, los personajes populares 
se burlan del afectado decir de los personajes cultos, que afectan el 
habla extraña y postiza del Renacimiento. Las continuadoras Celesti- 
nas, todas españolas, de pies á cabeza, tienen lenguaje popular, no 
menos que las farsas y autos, y cuando, en Rueda y otros, tercian gen- 
tes que tiran al clasicismo, allí están al punto los graciosos, que, con 
su habla popular, hacen que el público se regocije y de solapa se burle 
del habla renacentista. En el teatro, desde Lope es todavía más visible y 
risible el contraste. Y para que se vea cuan arraigada está en la na- 
ción la socarronería burlona contra todo lo que huela á afectado y 
extraño, cuando desde mediado el siglo xvii y durante todo el siglo xviii 
campa por sus respetos en toda la literatura el más desaforado gon- 
gorismo, se oyen por todas partes las risotadas de poemas y composi- 
ciones burlescas, las únicas que tienen valor estético y que llegan al 
alma del vulgo durante tan malhadada época, por más que la crítica 
literaria pase por ellas de sobrepeine y las menosprecie como cosa de 
menos valer. Quevedo, Candamo, Villarroel, el padre Isla, son los prin- 
cipales satíricos, sucesores de 'Cervantes, todos burlescos, y en torno 
de ellos rebullen infinitos otros, que, con los entremesistas y sainete- 
ros, conservan en la época más deplorable el fuego sagrado de la musa 
castizamente castellana, satírica por ética, burlona por realista. Y es 
de maravillar cómo los escritores más pedantes, por lo gongorino en 
los siglos XVII y XVIII, ó por lo afrancesado en el xviii v xix, en me- 
tiéndose á burlones y satíricos festivos pierden todas sus cultas pe- 
danterías y escriben trozos admirables de eterno valer estético. Tanto 
puede esta vena, puramente nacional, hasta en los más extranjerizados, 



220 ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

cuando, como españoles, á ella acuden. El mismo Moratin, francés de 
pies á cabeza, y de lo más tímido y aguado de la escuela francesa, es 
otro, cuando en ella bebe y por ella vale, cuando algo vale. 

Cervantes fué un gran poeta, uno de los contados altísimos poetas 
del mundo. Poeta significa trobador ó inventor de nueva belleza, como 
lo fué Homero descubriendo el minero poético de la épica heroica, 
que tantos tras él beneficiaron ; como lo fué Dante, descubriendo el mi- 
nero poético de la comedia divina, del empleo de la divina justicia 
con penas y castigos en los mortales. Ya lo dijo el mismo Cervantes 
por boca de Mercurio, en el Viaje: "Y sé que aquel instinto sobre- 
humano, I que de raro inventor tu pecho encierra, ] no te le ha dado 
el padre Apolo en vano." Cervantes halló otro nuevo y hasta él des- 
conocido minero poético, supo ver poesía donde nadie la veía, sacóla 
de la seca y adusta llanura manchega. Hidalgos como Alonso Quijano, 
labradores como Sancho, molinos de viento, zafias lugareñas, rebaños, 
yangüeses, cuevas, palacios ducales, muchos los habían visto, sino que 
no habían visto más, no habían calado en personas y cosas tan 
comunes y baladíes. Dentro de todo eso común y trivial estaba, sin 
embargo, el minero de poesía que sólo supo verlo cual zahori del arte 
Cervantes, y supo alumbrar la vena, y fué tan copiosa, que todavía 
corre y correrá hasta que otro altísimo poeta nos descubra otra nueva. 
La novela moderna es la vena que Cervantes alumbró, el nuevo minero 
poético que descubrió. ¿El cómo? Como los poetas hallan la poesía, sin 
reflexión, sin querer, con sólo dejarse arrebatar del ansia de la belleza 
que les abre los ojos para verla donde los demás no la ven. En lo 
hondo de la novela caballeresca había una gran poesía. Cervantes estaba 
enamorado de ella. Condena los disparates, que como escoria la en- 
volvía; pero estaba encantado de Amadís y aun ensalza acaso más á 
Tirante el blanco y á Palnicrín de Inglaterra. "Lo que Cervantes con- 
dena, dice Valera, lo que es blanco de sus burlas, es la exageración, 
el amaneramiento, las extravagancias viciosas; casi siempre lo exó- 
tico y nunca lo castizo." ¿Qué es don Quijote, sino un verdadero ca- 
ballero andante? ¡Y cómo lo ama Cervantes! ¡Y qué poesía en don 
Quijote! Verdad es que don Quijote no es como los demás caballeros 
andantes, porque es la flor y nata de la andante caballería. Esa flor 
y nata era la fina y verdadera poesía que encerraba la novela caba- 
lleresca, de la cual Cervantes estaba enamorado, y supo sacarla de en- 
tre lo que en aquellas novelas no era nata ni flor, sino disparates sin 
cuento. "Cervantes, dice M. Pelayo, se levanta sobre todos los paro- 
diadores de la caballería, porque Cervantes la amaba y ellos no. El 
Ariosto mismo era un poeta honda y sinceramente pagano, que se 
burla de la misma tela que está urdiendo, que permanece fuera de su 
obra, que no comparte los sentimientos de sus personajes ni llega á 
hacerse íntimo con ellos ni mucho menos á inmolar la ironía en su ob- 
sequio. Y esta ironía es subjetiva y puramente artística, es el ligero 
solaz de una fantasía risueña y sensual. No brota espontáneamente 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 22 1 

del contraste humano, como brota la honrada, serena y objetiva ironía 
de Cervantes.'"' Es que Cervantes amaba á don Quijote, al nuevo ca- 
ballero andante que, siendo el alma de los antiguos andantes caba- 
lleros, había pasado por la criba del ideal del poeta, se había ido acen- 
drando y purificando, renaciendo con nueva vida. Amábale á don Qui- 
jote Cervantes como á su propia criatura, ¿cómo iba á reírse de él? 
¿Cómo iba á herirle con la ironía? La ironía brotará para los lecto- 
res del contraste con la fea realidad. El ideal poético caballeresco de 
Cervantes pasará por locura en el mundo, será apaleado por yangüeses, 
será acoceado por puercos y toros, por la España exclusivamente to- 
rera; Cervantes está enamorado de don Quijote, que supo sacarlo de 
las novelas de la caballería y que se diferencia de los antiguos caba- 
lleros en ser castizamente caballero español, como Cervantes, desnudo 
de todas aquellas exóticas sandeces 'que los caballeros andantes traje- 
ron de allende, la falta de contenido histórico, como dice M. Pelayo, 
su perpetua infracción de todas las leyes de la realidad, su geografía 
fantástica, sus batallas imposibles, sus desvarios amatorios, que oscilan 
entre el misticismo descarriado y la más baja sensualidad, el dispara- 
tado concepto del mundo y de los fines de la vida, la población inmen- 
sa de gigantes, enanos, encantadores, hadas, serpientes, endriagos y 
monstruos de todo género, habitadores de ínsulas y palacios encan- 
tados, los despojos y reliquias de todas las mitologías y supersticiones 
del Norte y del Oriente. Todas estas quimeras de la caballería exótica, 
venida á España y cultivada, como vimos, á falta de otras obras de en- 
tretenimiento durante el siglo xvi, las llevaba don Quijote en su ca- 
beza; pero tan sólo en sus momentos de locura, y como locuras se las 
puso en la cabeza Cervantes, para irle curando de ellas al contrastar 
con la realidad, y para de ellas curar á los lectores de tales novelas 
caballerescas, viendo lo ridiculas que eran, merced á la suave ironía 
cervantina, que tan ridiculas supo presentarlas. Pero don Quijote se 
quedaba para perpetuo dechado de otras nobles cualidades que de los 
caballeros antiguos tomó y acendró al pasar por el generoso y nobilí- 
simo corazón de Cervantes. Aquella verdadera pasión por llevar el 
bien á todas partes, aquella sincera cristiandad, aquella verdad y aber- 
tura de pecho, sin segundas intenciones, sin motivos bastardos, en di- 
chos y en hechos, aquella valentía y arrojo á toda prueba, aquel des- 
interesado amor á la justicia, aquella igualdad social con que trataba á 
Sancho, á los cabreros, á los bandoleros mismos y galeotes; aquella 
hombría de bien, en suma, y bondad ingénita que Cervantes había 
hallado en los caballeros andantes y de ella estaba enamorado, porque 
la llevaba en sí mismo : esa era la poesía del nuevo caballero que Cer- 
vantes nos descubrió. Y esa poesía hallábase en las secas llanuras de la 
Mancha y en toda España. Porque don Quijote es el hidalgo español de 
aquellos tiempos. "Mientras los hidalgos, nuestros abuelos, dice Gómez 
Ocaña, triunfaban orgullosos por los extensísimos dominios de la 
Monarquía hispana, perecían en la estrechez los que se quedaban en el 



222 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

patrio solar. Allende los mares habla hidalgos que poseían más leguas 
de territorios vírgenes que fanegas de tierras heredaron de sus padres 
en las cansadas campiñas castellanas. Había licenciados que en Ul- 
tramar gobernaban más subditos que los antiguos Reyes de los Estados 
españoles, y por contraste con estos magnates de las Indias occiden- 
tales, los licenciados de por acá pasaban grandes apuros para ganarse 
el sustento, ya defendiendo pleitos, ya sirviendo los empleos públicos. 
De los apuros y achaques de pobreza de los letrados é hidalgos están 
llenas las novelas de nuestro siglo de oro. Poned enfrente de los 20 
ducados (que ganaba al año como letrado de Córdoba Juan de Cer- 
vantes, abuelo de Miguel) la suma que repartieron los soldados de Pi- 
zarro á cuenta del Tesoro del Inca: á cada infante tocaron 1.440 pe- 
sos de oro y 180 marcos de plata, y el doble á los de caballería. Es 
decir, que, mientras nuestros hidalgos emigrantes, soldados y aven- 
tureros, vivían como Reyes y gobernaban reinos y poseían inmensos 
territorios en América, los hidalgos de por acá casi perecían de ham- 
bre. Despoblada y empobrecida España, los hidalgos se consolaban 
con los devaneos de la imaginación. ¿Y qué imaginación, por pobre 
que fuera, no había de encenderse con el relato estupendo de los que 
volvían de América contando...? ¿Os figuráis á estos hidalgos pobres, 
aparentemente dueños del mundo y con la imaginación henchida de 
descubrimientos, triunfos y conquistas?" Uno de estos hidalgos que 
afanando no sacaban ni para comer era Cervantes. ¿No había de so- 
licitar el pasar á América? Uno de estos hidalgos soñadores era Cer- 
vantes, y como él veía á todos los hidalgos españoles y á sí y á todos 
los metió en el cuerpo de don Quijote, retrato verdadero de Cervantes 
y de los hidalgos españoles, llena la cabeza de grandes intentos, de 
alientos magníficos y rodando por el suelo al chocar con la fría rea- 
lidad, con la pobreza y con la picardía española. Que don Quijote y 
Miguel sean una sola persona lo prueba El Ingenioso hidalgo Miguel 
de Cervantes, ó sea su vida, escrita por Navarro Ledesnia; lo sabe todo 
artista que lo es por meter un pedazo de su alma en su más querido 
personaje, y lo proclamó el mismo Cervantes al fin del Quijote: "Para 
mí solo nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; 
sólo los dos somos para en uno." Que don Quijote sea retrato de los hi- 
dalgos españoles, condensando los caracteres de nuestra raza, lo sabe 
el mundo entero. Así supo, pues, Cervantes sacar de la Mancha y de 
sus hidalgos la poesía que encerraban, porque la llevaba dentro de su 
propia alma, con toda su bondad y belleza. Y no menor poesía, bondad 
y belleza había en Sancho, en el labrador manchego y en el labrador 
español, que "no es contraposición, dice Valera, sino complemento de 
don Quijote. Sancho es el rústico ideal español de aquella época, como 
Alonso Quijano el bueno es el modelo ideal del hidalgo español de 
ia época misma, sobre todo no bien recobra su cabal juicio, poco antes 
de su tranquila y cristiana muerte". Censantes amó á Sancho tanto 
como á don Quijote, porque buscando poesía, también le halló en los 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 223 

hbros caballerescos y le halló en la Mancha, y le fué descortezando 
de su rustiquez hasta hacerle dechado de labradores. La obra inmortal 
de Cervantes es un clarísimo espejo de su alma de poeta. Vese en 
ella cómo buscando la poesía en los libros caballerescos y en la seca 
llanura manchega, en aquel lugar de cuyo nombre no quiere acordarse, 
porque era símbolo de toda España, encantando libros y llanura con su 
mágica varilla de virtudes, les hizo brotar venas más ricas que las de 
Hipocrene y Castalia. Halló en los libros caballeros y escuderos, y es- 
cuderos y caballeros ihalló en la Mancha. Pero en unos y otros la fea 
realidad, y mucho más en los libros, la exótica manera de ver el mundo 
de los autores de libros caballerescos, habíalos forjado tan extravagan- 
tes como poco naturales. En el fondo, á pesar de todas aquellas im- 
purezas, vio Cervantes lo que buscaba su ansia de belleza; su alma de 
artista vio lo que los demás no vieron: elementos bastantes para for- 
mar un caballero sin tacha y un intachable escudero. Cualquier otro 
ingenio hubiérase detenido en poner de relieve las locuras del caballe- 
ro andante y las sandeces del escudero, tal como la realidad manchega 
y la caballería escrita se los ofrecían. Como tal comenzó Cervantes á 
escribir su obra. Su único intento, al parecer y al sentir de su propio 
autor, era burlarse de los libros de caballerías; pero Cervantes, gran 
poeta, estaba enamorado de aquellos mismos libros de los cuales pre- 
tendía burlarse, porque hallaba en el fondo de ellos algo que le en- 
cantaba, una fuente de verdadera poesía en la cual saciaba la sed de 
belleza que le aquejaba. Sabía de algunos españoles que, embaucados 
con los libros de caballerías, habían dado muestras parecidas á las que 
él puso en don Quijote. Conocía á Ribaldo, escudero del caballero 
Cifar, gran ensartador de refranes, rústico malicioso y avisado, soca- 
rrón y ladino, y había hallado por la Mancha y por toda España muchos 
Ribaldos, la mayor parte de nuestros labriegos, tan avisados y soca- 
rrones como él, y retratados en aquellos refranes de los cuales tomó 
sin duda el nombre de Sancho: Allá va Sancho con su rocino. Topado 
se ha Sancho con su rocino, Al buen callar llaman Sancho (véase Ceja- 
dor, Lengua de Cervantes, II, Sancho). La traza de la obra se redujo, 
pues, á presentar á un hidalgo manchego tocado de la manía de los libros 
caballerescos, que quiso hacerse caballero andante, con toda la balumba 
de hazañas y encantamientos, que había leído, en la cabeza, de suerte 
que, al contraste con la realidad, el buen hidalgo fuese el hazmerreír 
de los lectores, y aprendiendo éstos en él se dejasen de la lectura de 
las caballerías. En la segunda salida del héroe añadióle Cervantes el 
escudero Sandho Panza, con cuyo realismo chocase más todavía el 
ideal caballeresco. Era una sencilla parodia de los libros de caballería 
para burlarse de ellos. Pero repitamos que Cervantes estaba enamorado 
de tales libros, los cuales, como dijo por boca del Canónigo, daban lar- 
go y espacioso campo para que un buen entendimiento pudiese mos- 
trarse en ellos. Codicioso del rico tesoro de nobles prendas que ha1)ía 
puesto en el hidalgo manchego, sacadas del hondón de los caballeros 



324 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

andantes y del no menor que su ojo de poeta hallaba en los hidalgos 
y en los labradores reales de la Mancha y de toda España, sin querer, 
sin darse cuenta, fué aprovechándolo y sacándolo á luz, según se iba 
encariñando con sus dos criaturas y se iban dando á conocer en el 
continuo dialogar que traían por esos campos sobre cuanto les acon- 
tecía, el caballero, viendo y esperando siempre acaecimientos estupen- 
dos como los que tenía leídos y le verbeneaban en la cabeza; el escu- 
dero, queriendo hacerle ver que todo ello eran disparates imagina- 
dos y que el mundo y la realidad eran muy otros de como el loco hi- 
dalgo se los figuraba. "El héroe, dice M. Pelayo, que en los primeros 
capítulos no es más que un monomaniaco, va desplegando poco á poco 
su riquísimo contenido moral; se manifiesta por sucesivas revelacio- 
•nes; pierde cada vez más su carácter paródico; se va purificando de 
las escorias del delirio; se pule y ennoblece gradualmente; domina y 
transforma todo lo que le rodea ; triunfa de sus inicuos ó frivolos bur- 
ladores, y adquiere la plenitud de su vida estética en la segunda parte. 
Entonces no causa lástima, sino veneración : la sabiduría fluye en 
sus palabras de oro: se le contempla á un tiempo con respeto y 
con risa, como ihéroe verdadero y como parodia del heroísmo, y, se- 
gún la feíliz expresión del poeta inglés Wordsworth, la razón anida 
en el recóndito y majestuoso albergue de su locura. Su mente es 
un mundo ideal donde se reflejan, engrandecidas, las más luminosas 
quimeras del ciclo poético, que, al ponerse en violento contacto con 
el mundo ihistórico, pierden lo que tenían de falso y peligroso y se 
resuelven en la superior categoría del humorismo sin hiél, merced 
á la influencia benéfica y purificadora de la risa. Así como la crítica 
de los libros de caballerías fué ocasión ó motivo, de ningún modo 
causa formal ni eficiente para la creación de la fábula del Quijote, 
así el protagonista mismo comenzó por ser una parodia benévola de 
Amadís de Gaula; pero muy pronto se alzó sobre tal representación. 
En don Quijote revive Amadís, pero destruyéndose á sí mismo en lo 
que tiene de convencional, afirmándose en lo que tiene de eterno. 
Queda incólume la alta idea que pone el brazo armado al servicio del 
orden moral y de la justicia; pero desaparece su envoltura transitoria, 
desgarrada en mil pedazos por el áspero contacto de la realidad, siem- 
pre imperfecta, limitada siempre ; pero menos imperfecta, menos limi- 
tada, menos ruda en el Renacimiento que en la Edad Media. Nacido 
en una época crítica, entre un mundo que se derrumba y otro que con 
desordenados movimientos comienza á dar señales de vida, don Quijote 
oscila entre la razón y la locura, por un perpetuo tránsito de lo ideal á 
lo real; pero, si bien se mira, su locura es una mera alucinación res- 
pecto del mundo exterior, una falsa combinación é interpretación de 
datos verdaderos. En el fondo de su mente inmaculada continúan res- 
plandeciendo con inextinguible fulgor las puras, inmóviles y bienaven- 
turadas ideas de que hablaba Platón." Quiere esto decir que Cer- 
vantes, por inconsciente obra de su ingenio, como siempre á los altí- 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 2 23 

simos ingenios acontece, ihabia sacado de los libros caballerescos la 
belleza inmaculada, descostrándola de la sucia ganga que la envolvía, 
que su hambre de poesía había dado con el tesoro poético en ellos en- 
cerrado, lo había limpiado y sacado á luz, forjando el dechado del ca- 
ballero, que era el ideal de los caballeros españoles de su tiempo y en 
el fondo el tipo de los caballeros en todo tiempo de nuestra raza. Por 
igual inconsciente procedimiento halló el dechado del labrador español 
de siempre, sacándolo del Ribaldo y de cualquier Panza manchego. 
"Puerilidad insigne seria, dice M. Pelayo, creer que Cervantes lo con- 
cibió de una vez como un nuevo símbolo, para oponer lo real á lo ideal, 
el buen sentido prosaico á la exaltación romántica. El tipo de Sancho 
pasó por una elaboración no menos larga que la de don Quijote... Lo 
que en su naturaleza hay de bajo é inferior, los apetitos francos y 
brutales, la tendencia prosaica y utilitaria, si no desaparecen del todo, 
van perdiendo terreno cada día bajo la mansa y suave disciplina, sin 
sombra de austeridad, que don Quijote profesa; y lo que hay de sano 
y primitivo en el fondo de su alma, brota con irresistible empuje, ya 
en forma ingenuamente sentenciosa, ya en inesperadas alusiones de 
candida honradez. Sancho no es una expresión incompleta y vulgar 
de la sabiduría práctica, no es solamente el coro humorístico que acom- 
paña á la tragicomedia humana: es algo mayor y mejor que esto, es 
un espíritu redimido y purificado del fango, de la materia por don 
Quijote: es el primero y mayor triunfo del ingenioso hidalgo, es la 
estatua moral que van labrando sus manos en materia tosca y rudí- 
sima, á la cual comunica el soplo de la inmortalidad. Don Quijote se 
educa á sí propio, educa á Sandho, y el libro entero es una pedagogía 
en acción, la más sorprendente y original de las pedagogías, la con- 
quista del ideal por un loco y por un rústico ; la locura aleccionando y 
corrigiendo á la prudencia mundana; el sentido común ennoblecido 
por su contacto con 'Cl ascua viva y sagrada de lo ideal. Hasta las 
bestias que estos personajes montan participan de la inmortalidad de 
sus amos. La tierra que ellos hollaron quedó consagrada para siempre 
en la geografía poética del mundo, y hoy mismo, que se encarnizan 
contra ella hados crueles, todavía el recuerdo de tal libro es nuestra 
mejor ejecutoria de nobleza, y las familiares sombras de sus héroes con- 
tinúan avivando las mortecinas llamas del hogar patrio y atrayendo 
sobre él el amor y las bendiciones del género humano." Así lo que fué 
parodia al principio de la obra, se hizo nueva, inesperada y estupenda 
creación de un nuevo género literario, sobre todo en la segunda parte, 
por arte inconsciente del genio que empujaba á Miguel de Cervantes 
á buscar la belleza poética en nuevos y no descubiertos mineros, en 
el fondo de las destartaladas vaciedades de la caballería y en el fon- 
do de los hidalgos y labradores de la Mancha. Esta es la razón de 
la perfección soberana de la segunda parte del Quijote^ que la pone 
á cien codos sobre la primera. La primera es parodia que persigue y des- 
tierra del mundo la novela caballeresca á fuerza de las solemnes carca- 

i5 



226 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

jadas y de las finas ironías de un grande escritor y pensador inge- 
nioso; la segunda es creación nueva en el mundo del arte^ por el genio 
inconsciente de altísimo poeta, -que, buscando bellezas donde otros 
no las buscan, da con el ideal de caballeros y labradores españoles, lo 
saca de la escoria de los libros y de la realidad, elevándose á la sobe- 
rana altura donde moran las platónicas y puras ideas, adonde pocos 
alcanzaron, Homero, el mismo Platón, Dante y pocos más. En este 
subir y volar y trasponerse más allá de las leyes comunes del arte y 
de los preceptistas consiste aquel "encanto misterioso que presta su- 
perior valer á la obra del artista ó del poeta", del que quiso hablarnos 
Valera en su Discurso que la parca cortó, cortándole el hilo de la vida. 
"¿ Cómo acertaré yo á discurrir sobre este encanto misterioso, decía, y 
á demostrar, apoyándola con razones, mi firme creencia que en el 
Quijote reside?" El gran Valera no pudo acabar de demostrárnoslo; 
pero, si no me engaño, su pensamiento no debía de ir por tan lejanos 
senderos encaminado que no viniese á parar al mismo punto al cual 
nosotros hemos llegado. En la época de Cervantes las fuentes épicas 
antiguas estaban ya agotadas. "Habían sobrevenido en el mundo, dice 
Valera, extraordinarios cambios y novedades inauditas, por donde el 
humano linaje se abrió nuevos caminos y tomó nueva dirección en su 
marcha. La invención de la pólvora y la de la imprenta, el más claro 
conocimiento de la antigüedad clásica importado en el Occidente de 
Europa por los sabios griegos fugitivos de Bizancio, y, sobre todo, el 
descubrimiento de la total grandeza y redondez de la tierra, de in- 
mensos continentes é islas y de dilatadísimos mares, hizo imaginar á 
muchos que iba á terminar la edad de la fe y que la edad de la razón 
empezaba. Por extraña contradicción del pensamiento humano, cuan- 
do, en la realidad de los hechos y de las cosas, se revelaba un fondo 
poético más ailto y más amplio que todo lo previsto y soñado antes, ese 
mismo pensamiento humano, deslumhrado, absorto, ciego por el mismo 
resplandor de cuanto acababa de descubrir y aún no acertaba á com- 
prender, se rebeló contra la poesía, se empeñó en ser demasiado razo- 
nable y se aficionó á la prosa más de lo justo. Apenas vio el haz de 
lo descubierto y no penetró en las profundidades misteriosas que bajo 
el haz de lo descubierto se ocultaban. El universo, que en nuestra va- 
nidad presuntuosa juzgábamos ya conocido por experiencia, nos pare- 
ció más pequeño y menos hermoso que el que imaginábamos ó soñá- 
bamos antes en nuestra infantil ignorancia. Las hadas, los encantado- 
res, las ninfas y los genios, todo, por tiránico decreto de la ciencia, 
fué expulsado del mundo real. La epopeya, la poesía narrativa como 
arte, llegó al mismo tiempo á su mayor perfección en la fornia, mer- 
ced á la superior cultura y elegancia que los nuevos idiomas habían 
alcanzado. De aquí el primoroso florecimiento de la poesía artificial 
narrativa y la decadencia ó más bien la casi imposibilidad de la ver- 
dadera epopeya espontánea, sentida y creída hasta en sus recursos y 
poderes sobrenaturales... En Italia se trocó en juguete ameno y gracioso 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 227 

toda la romancería, con Angélica, Orlando y Medoro, con el Glorioso 
Imperante y sus valientes paladines. Todo ello fué menos serio que 
de chanzas ó de burlas; todo para pasatiempo y no para altos fines. 
Los entes sobrehumanos de las antiguas mitologías tuvieron que des- 
vanecerse como ensueños ó como criaturas sin substancia, y sólo per- 
sistieron como figuras retóricas, abstracciones, alegoría y símbolos 
sin vida. Así la Reina de las hadas, de Spencer, con todos los seres 
amigos y enemigos que la circundan, no vienen á ser, á pesar del in- 
genio poderoso del poeta, sino disfrazadas personificaciones del ca- 
tolicismo y del protestantismo y de otras ideas, opiniones y conceptos 
políticos ó religiosos. Se derrochó el saber, el ingenio, el atildamiento 
y la habilidad primorosa, pero no pudo aparecer ni apareció la epo- 
peya. Sólo consiguió suplantarla la historia descarnada y seca, sin mi- 
lagro de veras creído, sino de algo que naturalmente sucede y que 
tal vez gustaría ó interesaría más contado en prosa que con el trabajoso 
artificio de las octavas reales. Y sin embargo, apenas se concebía en- 
tonces nada mejor en lo épico. Bien lo confirma Cervantes cuando, en 
el donoso escrutinio de la librería, hace decir al cura que la Araucana, 
de Ercilla, y la Austriada, de Juan Rufo, "son los mejores libros que 
"en verso heroico en lengua castellana están escritos y que pueden com- 
"petir con los más famosos de Italia". Lo único que por entonces, á 
pesar de no pocas deficiencias, se aproxima á la epopeya verdadera- 
mente inspirada, fué las Ltisiadas, de Luis de Camoens. Este gran 
poeta presintió y adivinó todo el valer, toda la maravillosa trascenden- 
cia de las hazañas que portugueses y castellanos habían realizado para 
magnificar y completar en nuestra mente el concepto de la creación 
ó de las incomprensibles obras divinas, en todas las cuales está Dios 
sosteniéndolas con su poder y llenándolas de su gloria. Fuerza es con- 
fesar, no obstante, que, deslumhrado nuestro espíritu por la magnitud 
de la realidad descubierta, no acertó por lo pronto á penetrar en el 
centro de ella y á descubrir allí la nueva poesía. Más bien por virtud 
del prurito razonador propendió el alma humana á desnudar la natu- 
raleza de sobrenaturales prodigios y á no ver en el mundo sino aquello 
que se nos aparece por observación y experiencia de los sentidos... 
Pero si hubo bastante motivo y razón para imponer silencio á la an- 
tigua musa, faltaron vigor y aliento fatídico para que la musa nueva 
llegase á cantar con la requerida y condigna resonancia. El prematu- 
ro racionalismo tuvo la culpa. Cuanto se decía ó se escribía, mejor que 
en verso estaba en prosa. La prosa más sencilla, la más de buena fe, 
la que se limitaba á contar lo materialmente visto y no lo espiritual- 
mente soñado, resultaba más poética que el verso. La misma Reforma 
contribuyó, poco más tarde, á desnudar cuanto existe de sobrenatu- 
rales encantos: á crear en su idea un dios solitario y adusto, escondido 
en las remotísimas profundidades del cielo, casi sin ángeles, casi sin san- 
tos y casi sin la brillante corte celestial de candidas vírgenes y de be- 
llas pecadoras arrepentidas. La manía de lo experimental, el recto 



228 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

juicio, el método baconiano, el no apreciar sino lo bien observado por 
los sentidos, hubo de prevalecer asi, procurando destruir la poesía 
como ficción dañosa ó ridicula, á no considerarla como primorosa tarea 
de mero pasatiempo que divertía ó interesaba, pero que no enseñaba. 
Lo substancial, lo didáctico, lo condonante se puso en prosa." En 
una época como la moderna, en que la razón, la reflexión, lo es todo, 
despreciado todo linaje de quimeras, de héroes, semidioses mitología 
y encantamientos, sólo quedaba un manantial épico: el de la vida 
común presente, el de las almas de los hombres vivos, el del mundo 
real que vemos, tocamos, en que vivimos. A la raza española, la más 
realista. y ética en el arte, tocaba liacer brotar ese último manantial, no 
descubierto antes, y Cervantes, nuestro mayor poeta, quiero decir nues- 
tro mayor buscador y hallador de poesía, de belleza artística, fué 
el que lo hizo brotar. Cervantes fué realmente el padre de la moderna 
novela, que es la épica de los tiempos de la razón y de la reflexión. 
Fué el primero que había novelado en lengua castellana, según él mis- 
mo dijo, esto es, que había hecho novelas cortas, que eran las que así 
se llamaban, sin tomarlas del italiano, como otros. Pero la novela larga 
moderna hallóla sin querer al escribir el Quijote. Cuatro partes quería 
darle, á imitación del Aniadís: la primera tiene odho capítulos; la se- 
gunda, seis; la tercera, trece; la cuarta, veinticinco; esto es, casi el 
doble de las tres primeras partes. Esto quiere decir que, cuando debiera 
haber acabado la obra, hallóse tan engolosinado con el nuevo manan- 
tial, que se olvidó ya de las cuatro partes y siguió enhebrando capí- 
tulos. Y todavía tuvo para otro tomo entero. Es que la parodia caba- 
lleresca habíase convertido en novela moderna, en la novela ideal del 
hidalgo y del labrador, de las dos clases de personas principales que 
vivían en España, añadiendo len torno de ellas hasta 669 personajes, 
que son los que en el Quijote hablan: 607 varones y 62 mujeres. Todo 
linaje de gentes, España entera pasa por esta novela. Bastaba el in- 
cansable y maravilloso dialogado entre el caballero y su escudero para 
hacernos penetrar en el carácter de los dos tipos eternos, no sólo de 
España, sino de los hombres de cualquiera nación y tiempo ; pero ade- 
más quiso pasase por delante de nosotros toda la sociedad española 
con sus costumbres propias, en escenas pintadas con el pincel más 
castizamente español. Esta es, no sólo la novela moderna de unos 
cuantos personajes, sino ia novela social española, la más amplia y 
comprehensiva acaso que se haya compuesto. Pinturas de costum- 
bres, caracteres tan acabados como don Quijote y Sancho, que no 
tienen par en otro libro alguno, elegancia en el decir, propiedad y de- 
rroche de voces y frases populares, todos los géneros novelescos jun- 
tos y todos los estilos y maneras de lenguaje. (Véase Cejador, El Qui- 
jote y la Lengua castellana.) 

Acaso no haya en el Quijote persona ni personilla, caso ni acae- 
cimiento que Cervantes no tomara de la realidad. Los comentadores 
van descubriendo cada día el fulano y el suceso que Cervantes tenía 



S. XVr, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 229 

en la cabeza al C(>mpon.er este ó aquel trozo de su libro. Lo que nin- 
gún comentarista ha descubierto hasta hoy, ni descubrirá en adelante, 
es el libro ó autor de donde Cervantes pudo sacar el pensamiento de 
su obra, la traza del plan, los personajes y caracteres. Todo ello es 
enteramente nuevo en el mundo del arte, todo hijo de su fantasía 
creadora. En el mundo del arte teníamos un carácter de varón gue- 
rrero, como Aquiles, y un carácter de varón ingenioso, como Ulises: 
las dos creaciones más grandes conocidas, debidas al padre Homero; 
tuvimos un Ótelo, un Romeo y una Julieta y un Hamlet, hijos de 
Shakespeare; tuvimos un don Juan, tipo de conquistadores enamora- 
dizos; una doña María de Molina, tipo de mujer prudente, obras de 
Tirso ; tuvimos un alcalde de Zalamea, creación de Calderón. Estas 
criaturas del arte, las más vivas, las más grandes que el mundo admira, 
son personificación del valor, del ingenio, de los celos, del amor profun- 
do, del triunfo en amores y pendencias, de la prudencia, de la entereza 
de carácter, cualidades que, en mayor ó menor grado, hallamos todos los 
días entre los hombres que conocemos. No habían, sin embargo, venido 
todavía al mundo del arte los dos caracteres cabalmente más comunes y 
tmiversales: el del quijotismo y el del pancismo, el del ideal loco y el 
del ramplón sentido común, el del amo y el del criado, el del hidalgo y el 
del villano, caracteres que, no sólo hallamos entre los hombres que 
conocemos, sino que no hay hombre en el mundo, ni lo hubo ni lo 
habrá, que no sea uno ú otro, que no tenga de Quijote ó de Panza. 
Tan vulgares, tan eternos son estos tipos de la humanidad, tan uni- 
versales, tan humanos, que no hay quien de esta disyuntiva de carac- 
teres pueda salirse afuera. Acaso por tan comunes no habían dado en 
ellos los poetas, ó no los vieron ó no supieron hacer que los viése- 
mos. En esto está para mí la potencia creadora de Cervantes, no igua- 
lada, en consecuencia, por la de ningún otro poeta ó creador artístico 
de hombres. Desde que Cervantes escribió su libro, queramos que no, 
todos pensamos en él. porque á cada momento juzgamos á las personas 
con quien tratamos, y. queramos que no, vemos en ellas el quijotismo ó 
el pancismo, las tenemos por Quijotes ó por Panzas. Este es el criterio 
moderno ético que Cervantes trajo al mundo y que nadie ya suelta 
de las manos, sin saber y sin poder desprenderse de él. Ya no vemos 
más que Quijotes ó Panzas en el mundo. Hasta los valientes, los in- 
geniosos, los enamorados, los conquistadores, los prudentes, los ente- 
ros, los celosos, son para nosotros, en sus mismas cualidades, ó idea- 
listas ó prosaicos. Quijotes ó Panzas. Tan universales y humanas son 
estas dos categorías éticas de la filosofía cervantina: es lo alto y lo 
bajo, lo sublime y lo ramplón, lo grande y lo pequeño, el espíritu y 
la materia, lo ideal y lo positivo, en la vida, en el obrar , en el ca- 
rácter del hombre, por el solo hecho de serlo. Y como la novp^^. mo- 
derna no es más que espejo de la vida, del obrar, de los caracteres 
de los hombres reales, al crear Cervantes el quijotismo y el pancis- 
mo, creó por el mismo hecho !a novela moderna. No es. pues, un libro 



23o ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

nuevo lo que el ingenio poético de Cervantes nos dio, fué un nuevo 
género literario que, ni es épica, ni lirica, ni dramática, sino que lo es 
todo á la vez, porque todo á la vez es el género de la moderna novela, 
que abarca la humanidad entera, como la razón, la reflexión, señora 
del mundo moderno, abarca entera toda la creación. 

M. Pelayo, Disc. acerca de Ccrv. y el Quijote: "El espíritu de la 
antigüedad liabía penetrado en lo más hondo de su alma, y se mani- 
fiesta en él, no por la inoportuna profusión de citas y reminiscencias 
clásicas, de que con tanto donaire se burló en su prólogo, sino por otro 
género de influencia más honda y eficaz: por lo claro y armónico 
de la composición ; por el buen gusto que rara vez falla, aun en los 
pasos más difíciles y escabrosos; por cierta pureza estética que so- 
brenada en la descripción de lo más abyecto y trivial; por cierta gra- 
ve, consoladora y optimista filosofía que suele encontrarse con sor- 
presa en sus narraciones de apariencia más liviana; por un buen hu- 
mor reflexivo y sereno, que parece la suprema ironía de quien había 
andado mucho mundo y sufrido muchos descalabros en la vida, sin 
que ni los duros trances de la guerra, ni los hierros del cautiverio, 
ni los empeños, todavía más duros para el alma generosa, de la 
lucha, cuotidiana y estéril, con la adversa y apocada fortuna, lle- 
gasen á empañar la olímpica serenidad de su alma, no sabemos si 
regocijada ó resignada. Esta humana y aristocrática manera de es- 
píritu que tuvieron todos los grandes hombres del Renacimiento, 
pero que en algunos anduvo mezclada con graves aberraciones mo- 
rales, encontró su más perfecta y depurada expresión en Miguel de 
Cervantes, y por esto principalmente fué humanista más que si hu- 
biese sabido de coro toda la antigüedad griega y latina... por su 
alta y comprensiva indulgencia, por su benévolo y humano senti- 
do de la vida, él fué quien acertó con la flor del aticismo, sin 
punzarse con sus espinas." M. Pelayo, Disc. acerca de Cerv. y el Qui- 
jote: "De La Celestina y de las comedias y pasos de Lope de Rueda, re- 
cibió Cervantes la primera iniciación en el arte del diálogo, y un tesoro 
de dicción popular, pintoresca y sazonada. Admirador ferviente se mues- 
tra tanto del badhiller Fernando de Rojas, cuyo libro califica de divino 
si encubriera más lo humano, como del batihoja sevillano, "varón insig- 
ne en la representación y en el entendimiento", cuyas frases conser- 
vaba fielmente en la memoria desde que las vio representar siendo niño. 
Y en esta admiración ihabía mucho de agradecimiento, que Cervantes 
de seguro hubiera hecho extensivo á otro más remoto predecesor suyo, 
si hubiera llegado á conocerle. Me refiero al Corbacho , del Arcipreste 
de Talavera, que es la mejor pintura de costumbres anterior á la época 
clásica. Este segundo Arcipreste, que tantas analogías de humor tiene 
con el de Hita, fué el único moralista satírico, el único prosista popu- 
lar, el único pintor de la vida doméstica en tiempo de don Juan II. 
Gracias á él, la lengua de la conversación, la de la plaza y el mercado, 
entró por primera vez en el arte con una bizarría, con un desgarro, 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA ¿3{ 

con una libertad de giros y movimientos, que anuncian la proximidad 
del grande arte realista español. El instrumento estaba forjado: sólo 
faltaba que el autor de La Celestina se apoderase de él, creando á un 
tiempo el diálogo del teatro y el de la novela. Si de algo peca el estilo 
del Arcipreste de Talavera es de falta de parsimonia, de exceso de 
abundancia y lozanía. Pero ¿quién le aventaja en lo opulento y des- 
pilfarrado del vocabulario, en la riqueza de adagios y proverbios, de 
sentencias y retraheres, en la fuerza cómica y en la viveza plástica, 
en el vigoroso instinto con que sorprende y aprisiona todo lo que 
hiere los ojos, todo lo que zumba en los oídos, el tumulto de la vida 
callejera y desbordada, la locuacidad hiperbólica y exuberante, los 
vehementes apostrofes, los revueltos y enmarañados giros en que se 
pierden las desatadas lenguas femeninas? El bachiller Fernando de 
Rojas fué discípulo suyo; no hay duda en ello; puede decirse que la 
imitación comienza desde las primeras escenas de la inmortal tragi- 
comedia. La descripción que Parmeno hace de la casa, ajuar y labora- 
torio de Celestina parece un fragmento del Corbacho. Cuando Sem- 
pronio quiere persuadir á su amo de la perversidad de las mujeres y 
de los peligros del amor, no hace sino glosar los conceptos y repetir 
las citas del Arcipreste. El Corbacho es el único antecedente digno de 
tenerse en cuenta para explicarnos de algún modo la perfecta elabora- 
ción de la prosa de La Celestina. Hay un punto, sobre todo, en que 
no puede dudarse que Alfonso Martínez precedió á Fernando de Ro- 
jas, y es en la feliz aplicación de los refranes y proverbios, que tan 
exquisito sabor castizo y sentencioso comunican á la prosa de la tra- 
gicomedia de Calisto y Melibea, como luego á los diálogos del Qui- 
jote. Aquel tipo de prosa que se había mostrado con la intemperancia 
y lozanía de la juventud en las páginas del Corbacho; que el genio 
clásico de Rojas había descargado de su exuberante y viciosa frondo- 
sidad; que el instinto dramático de Lope de Rueda ¡había transportado 
á las tablas, haciéndola más rápida, animada y ligera, explica la prosa 
de los entremeses y de parte de las novelas de Cervantes: la del Qui- 
jote no la explica más que en lo secundario, porque tiene en su pro- 
funda espontaneidad, en su avasalladora é imprevista hermosura, en 
su abundancia patriarcal y sonora, en su fuerza cómica irresistible, 
un sello inmortal y divino. Han dado algunos en la flor de decir con 
peregrina frase que Cervantes no fué estilista; sin duda los que tal 
dicen confunden el estilo con el amaneramiento. IS'o tiene Cervantes 
tina manera violenta y afectada, como la tienen Quevedo ó Baltasar 
Gracián, grandes escritores por otra parte. Su estilo arranca, no de 
la sutil agudeza, sino de las entrañas mismas de la realidad, que habla 
por su boca. El prestigio de la creación es tal, que anula al creador 
mismo, ó más bien le confunde con su obra, le identifica con ella, mata 
toda vanidad personal en el narrador, le hace sublime por la ingenua 
humildad con que se somete á su asunto, le otorga en plena edad crí- 
tica algunos de los dones de los poetas primitivos, la objetividad serena. 



23: 



ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 



y, al mismo tiempo, el entrañable amor á sus héroes, vistos, no como 
figuras literarias, sino como sombras familiares que dictan al poeta 
el raudal de su canto. Dígase, si se quiere, que ese estilo no es el de 
Cervantes, sino el de don Quijote, el de Sancho, el del bachiller Sansón 
Carrasco, el del Caballero del verde gabán, el de Dorotea y Altisidora, 
el de todo el coro poético que circunda al grupo inmortal. Entre la 
naturaleza y Cervantes, ¿quién á imitado á quién?, se podrá preguntar 
eternamente." M. Pelayo, Disc. acerca de Cerv. y el Quijote: "La 
obra de Cervantes no fué de antítesis ni de seca y prosaica negación, 
sino de purificación y complemento. No vino á matar un ideal, sino á 
transfigurarle y enaltecerle. Cuanto había de poético, noble y hermoso 
en la caballería, se incorporó en la obra nueva con más alto sentido. 
Lo que había de quimérico, inmoral y falso, no precisamente en el 
ideal caballeresco, sino en las degeneraciones de él, se disipó como 
por encanto ante la clásica serenidad y la benévola ironía del más sano 
y equilibrado de los ingenios del Renacimiento. Fué de este modo el 
Quijote el último de los libros de caballerías, el definitivo y perfecto, 
el que concentró en un foco luminoso la materia poética difusa, á la 
vez que, elevando los casos de la vida familiar á la dignidad de la epo- 
peya, dio el primero y no superado modelo de la novela realista mo- 
derna. El motivo ocasional, el punto de partida de la concepción pri- 
mera, pudo ser una anécdota corriente. La afición á los libros de ca- 
ballerías se había manifestado en algunos lectores con verdaderos 
rasgos de alucinación, y aun de locura: don Francisco de Portugal, en 
su Arte de galantería, nos habla de un caballero de su nación que en- 
contró llorando á su mujer, hijos y criados; sobresaltóse, y preguntóles 
muy congojado si algún hijo ó deudo se les había muerto: respondie- 
ron, ahogados en lágrimas, que no ; replicóles, más confuso : "pues, 
"¿por qué lloráis?; dijéronle: Señor, hasc muerto Amadís." Melchor 
Cano, en el libro XI, cap. VI de sus Lugares Teológicos, refiere haber 
conocido á un sacerdote que tenía por verdaderas las historias de 
Amadís, y don Ciarían, alegando la misma razón que el ventero del 
Quijote, es á saber que cómo podían decir mentira unos libros impre- 
sos con aprobación de los superiores y con privilegio real. El sevi- 
llano Alonso de Fuentes, en la Summa de philosophia natural, traza la 
semblanza de un doliente precursor del hidalgo mancHego. que se sa- 
bía de memoria todo el Palmerín de Oliva y "no se hallaba sin él añu- 
sque lo sabía de coro". En cierto cartapacio de don Gaspar Garcerán 
de Pinos, conde de Guimerán (véase A. Castro, Obr. inéd. de Cerv., 
pág. 131), fechado en 1600, se cuenta de un estudiante de Salamanca 
que "en lugar de leer sus liciones, leía en un libro de caballerías, y 
"como hallase en él que uno de aquellos famosos caballeros estaba en 
"aprieto por unos villanos, levantóse de donde estaba, y empuñando 
"un montante, comenzó á jugarlo por el aposento y esgrimir en el 
"aire, y como lo sintiesen sus compañeros, acudieron á saber lo que 
"era, y él respondió: Déjenme vuestras mercedes, que leía esto y esto, 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 2Í3 

'y defiendo á este caballero. ¡ Qué lástiima ! ¡ Cuál ik traían estos vi- 
"llanos!" Si en estos casos de alucinación puede verse el germen de la 
locura de don Quijote, mientras no pasó de los límites del ensueño ni se 
mostró fuera de la vida sedentaria, con ellos pudo combinarse otro 
caso de locura activa y furiosa con que don Luis Zapata cuenta en su 
Miscelánea como acaecido en su tiempo, es decir, antes de 1599, en 
que pasó de esta vida. Un caballero, muy manso, muy cuerdo y muy hon- 
rado, sale furioso de la Corte sin ninguna causa, y comienza á hacer 
ias locuras de Orlando; "arroja por ahí sus vestidos, queda en cueros, 
''mató á un asno á cuchilladas, y andaba con un bastón tras los labra- 
"'dores á palos". Todos estos hechos, ó algunos de ellos, combinados 
con el recuerdo literario de la locura de Orlando, que don Quijote se 
propuso imitar juntamente con la penitencia de Amadís en Sierra Mo- 
rena, pudieron ser la chispa que encendió esta inmortal hoguera. El 
desarrollo de la fábula primitiva estaba en algún modo determinado 
por la parodia, continua y directa de los libros de caballerías, de la 
cual poco á poco se fué emancipando Cervantes, á medida que pene- 
traba más y más en su espíritu la esencia poética indestructible que 
esos libros contenían, y que lograba albergarse por fin en un templo 
digno de ella... No fué de los menores aciertos de Cervantes ihaber de- 
jado indecisas las fronteras entre la razón y la locura, y dar las mejores 
lecciones de sabiduría por boca de un alucinado. No entendía con esto 
burlarse de la inteligencia humana, ni menos escarnecer el heroísmo, 
que en el Quijote nunca resulta ridículo, sino por la manera inadecuada 
y armónica con que el protagonista quiere realizar su ideal, bueno en 
sí, óptimo y saludable. Lo que desquicia á don Quijote no es el idealis- 
mo, sino el individualísimo anárquico. Un falso concepto de la actividad 
es lo que le perturba y enloquece, lo que le pone en ludha temeraria 
con el mundo y hace estéril toda su virtud y esfuerzo. En el conflicto 
de la libertad con la necesidad, don Quijote sucumbe por falta de adap- 
tación al medio ; pero su derrota no es más que aparente, porque su as- 
piración generosa permanece íntegra, y se verá cumplida en un mundo 
mejor, como lo anuncia su muerte tan cuerda y tan cristiana. Si este es 
un símbolo, y en cierto modo no puede negarse que para nosotros lo 
sea, y que en él estribe una gran parte del interés humano y profundo 
del Quijote, para su autor no fué tal símbolo sino criatura viva, llena 
de belleza espiritual, hijo predilecto de su fantasía romántica y poética, 
que se complace en él y le adorna con las más excelsas cualidades del 
ser humano. Cervantes no compuso ó elaboró á don Quijote por el pro- 
cedimiento frío y mecánico de la alegoría, sino que le vio con la sú- 
bita iluminación del genio, siguió sus pasos atraído y hechizado por 
él y llegó al símbolo sin buscarle, agotando el riquísimo contenido psi- 
cológico que en su ihéroe había. Cervantes contempló y amó la belleza, y 
todo lo demás le fué dado por añadidura. De este modo, una risueña y 
amena fábula que había comenzado por ser parodia literaria, y no de 
todo el género caballeresco, sino de una particular forma de él y que 



234 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

iuego por necesidad lógica fué sátira del ideal histórico que en esos 
libros se manifestaba, prosiguió desarrollándose en una serie de antí- 
tesis, tan bellas como inesperadas, y no sólo llegó á ser la representa- 
ción total y armónica de la vida nacional en su momento de apogeo é 
inminente decadencia, sino la epopeya cómica del género humano, el 
breviario eterno de la risa y de la sensatez... 

El tipo de Sancho pasó por una elaboración no menos larga que la de 
don Quijote: acaso no entraba en el primitivo plan de la obra, puesto 
que no aparece hasta la segunda salida de! héroe: fué indudablemente 
sugerido por la misma parodia de los libros de caballerías, en que nun- 
ca faltaba un escudero al lado del paladín andante. Pero estos escu- 
deros, como el Gandaliji del Amadís, por ejemplo, no eran personajes 
cómicos, ni representaban ningiin género de antítesis. Uno solo hay, 
perdido y olvidado en un libro rarísimo, y acaso el más antiguo de 
los de su clase, que no estaba en la librería de don Quijote, pero que 
me parece imposible que Cervantes no conociera: acaso le habría 
leído en su juventud y no recordaría ni aun el título, que dice á la 
letra: Historia del caballero de Dios que había por nofnbre Cifar. el 
cual por siis virtuosas obras et hazañosos hechos fué rey de Mentón. 
En esta ncrvela, compuesta en los primeros años del siglo xiv, aparece 
un tipo muy original, cuya filosofía práctica, expresada en continuas 
sentencias, no es la de los libros, sino la proverbial ó paremiológica 
de nuestro pueblo. El Ribaldo, personaje enteramente ajeno á la lite- 
ratura caballeresca anterior, representa la invasión del realismo es- 
pañol en el género de ficciones que parecía más contrario á su índole, 
y la importancia de tal creación no es pequeña, si se reflexiona que 
el Ribaldo es hasta ahora el único antecesor conocido de Sancho Pan- 
za. La semejanza se hace más sensible por el gran numero de refra- 
nes (pasan de sesenta) que el Ribaldo usa á cada momento en su 
conversación. Acaso no se hallen tantos en ningún texto de aquella 
centuria, y hay que llegar al Arcipreste de Talavera y á La Celestina 
para ver abrirse de nuevo esta caudalosa fuente del saber popular y del 
pintoresco decir. Pero el Ribaldo, no sólo parece un embrión de Sancho 
€n su lengfuaje sabroso y popular, sino también en algunos rasgos de 
su carácter. Desde el momento en que, saliendo de la choza de un 
pescador, interviene en la novela, procede como un rústico malicioso 
y avisado, socarrón y ladino, cuyo buen sentido contrasta las fantasías 
de su señor "el caballero viandante", á quien, en medio de la cariñosa 
lealtad que le profesa, tiene por "desventurado é de poco recabdo", 
sin perjuicio de acompañarle en sus empresas y de sacarle de muy 
apurados trances, sugiriéndole, por ejemplo, la idea de entrar en la 
ciudad de Mentón con viles vestiduras y ademanes de loco. El, por 
su parte, se ve expuesto á peligros no menores, aunque de índole menos 
heroica. En una ocasión le liberta el caballero Cifar al pie de la (horca 
donde iban á colgarle, confundiéndole con e! ladrón de una bolsa. 
No había cometido ciertamente, tan feo delito; pero en cosas de 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SA.^VL^JRA 235 

menos cuantia pecaba sin gran escrúpulo, y salía del paso con cierta 
candidez humorística. Dígalo ^eJ singular capítulo LXII (trasunto acaso 
<Íe una f aceda oriental), en que se refiere cómo entró en una huerta 
á coger nabos, y los metió len el saco. Aunque en esta y en alguna 
otra aventura el Ribaldo parece precursor de los héroes de la novela 
picaresca, todavía ¡más que del honrado escudero de don Quijote, di- 
fiere del uno y de los otros en que mezcla el valor guerrero con la 
astucia. Gracias á esto, su condición social va 'elevándose y depurán- 
dose; hasta el nombre de Ribaldo pierde en la segunda mitad del li- 
bro. "Probó muy bien en armas é fizo muchas cavallerías buenas, 
'■porque el rey tovo por guisado de lo facer cavallero, é lo fizo é lo 
'^heredó é lo casó muy bien, é decíanle ya el caballero amigo." Inmen- 
sa es la distancia entre el rudo esbozo del antiguo narrador y la so- 
berana concepción del escudero de don Quijote; pero no puede negarse 
el parentesco. Sancho, como el Ribaldo, formula su filosofía en pro- 
verbios; como él es interesado y codicioso, á la vez que leal y adicto 
á su señor; como él se educa y mejora bajo la disciplina de su patro- 
no, y si por el esfuerzo de su brazo no llega á ser caballero andante, 
¡lega, por su buen sentido, aguzado en la piedra de los consejos de 
don Quijote, á ser íntegro y discreto gobernante y á realizar una ma- 
nera de utopía política en su ínsula.'' Wadleígh Chandler, La Nov. pie, 
en España Moderna, 1913, Abril, pág. 168: "Pero Quevedo, si sobresa- 
lió en la sátira, no tuvo aquella amplía visión de la vida y aquel senti- 
miento íntimo de la Naturaleza qu^e distinguió á Cervantes. Ambos 
fueron investigadores de la sociedad, conociendo las capas inferiores 
tan bien como las superiores, y se mostraron acerbamente censores 
cuando la ocasión se les ofrecía. Pero Quevedo, al retratar las pri- 
meras, aportaba á su labor una impresión previa de ^sprit como finali- 
dad de su arte, al paso que Cervantes procedía solamente con la condi- 
ción de la absoluta fidelidad en la pintura. Cervantes reflejaba la ver- 
dad directamente; Quevedo la caricaturizaba." 

La quintaesencia, y como el ideal, que llaman, del arte cervantino, 
se encierra en aquella frase con que Hegel explica el ideal del arte. 
ia sonrisa en las lágrimas, aquella serenidad, triunfo de la libertad 
concentrada 'en sí misma, tal como la hallamos en las viejas estatuas 
griegas, no sólo en la calma, sin combate, de algunas de ellas, sino en 
la misma lucha y en el dolor mismo. Cabalmente, lo propio del arte 
cristiano y romántico es esto último, el goce en el sacrificio, el deleite 
en eí dolor, expresión de la independencia moral y signo indeleble de la 
belleza. ¿ Qué es toda la vida de Cervantes, sino dolor y lucha ? Su 
arte la convierte en consuelo, como solía Goethe decir de sí ; esa vida 
de dolor y lucha aparece en las obras de Cervantes como verdadera 
iudha y dolor de la )humanidad ; pero en el dolor y en la lucha la hu- 
manidad sonríe, el arte la serena y esa serenidad pasa al alma del 
íector, le sosiega el espíritu y le levanta coimo libre de las cosas hu- 
manas que le encadenaban. ¿No es ésta la purificación de las pasiones 



236 ÉFOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

que dice Aristóteles brotar de la tragedia, esto es, de los males de la 
vida, purificados por el arte? 

112. Los trabajos de Pcrsilcs y Sigismunda, historia se- 
icnirional, Madrid, 1617, obra del ocaso del ingenio de Cervan- 
tes, la más querida por él, como su Benjamín que era, muestra 
en la imitación que pretendió hacer en ella de Teágenes y Cari- 
cica, novela del bizantino Heliodoro, que, cual anciano que 
vuelve á las niñeces, se embelesaba con cuentos fantásticos y 
de luengas tierras y tornaba á rebrotar en su alma el viejo amor 
de sus mocedades por el clasicismo. Debidas á ello son la trama 
novelesca y fantasmagórica, las continuas mudanzas de luga- 
res, personas y acaecimientos raros, la falta de análisis psico- 
lógico de los personajes, que pasan como en un caleidoscopio 
manteniendo la atención con sola la variedad del colorido y la 
blanda y sosegada melancolía que envuelve toda la novela, 
como las nieves septentrionales envuelven las tierras por donde 
caminan los personajes. En nada había perdido, sin embargo, 
el ingenio de Cer\antes su \"igor, cuanto á la inagotable vena 
de su inventiva; antes aquí, más que en parte alguna, ofrécese 
lozana y rica hasta en demasía, enredándose la acción principal 
con infinitos y variados episodios. No' menos campea la fuerza 
de su imaginación en describir lugares, personas y sucesos, aun- 
que con la vaguedad de cosas soñadas y nunca vistas. Cuanto 
al estilo y manera diel decir, fuera del habla popular, que sólo 
emplea en la segunda mitad, en que los viajeros entran en Es- 
paña, es el más acabado del lenguaje culto narrativo, propio del 
que ha logrado manejarlo con todo desembarazo. 

113, Cervantes parece comenzó á escribir el Pcrsiles después 
de 1609, en que salieron los Comentarios Reales, del Inca Garcilaso, 
del cual reproduce en el libro primero la descripción de la isla de Mau- 
ricio. En 1613 mencinonólo por primera vez en el Prólogo de süs A^o- 
velas, dando á entender lo llevaba bien adelantado, lo cual también se 
saca del Viaje (cap. IV), poema que se cita como acabado en el mis- 
mo Prólogo : "Yo estoy, cual decir suelen, puesto á pique | para dar á 
ra estampa el gran Persiles." Promételo de nuevo en la dedicatoria de 
ias Comedias (verano de 16 15), y en la de la Segunda Parte del Qui- 
jote (31 Octubre de 1615). La dedicatoria del Persilcs la hizo en 19 de 
Abril de 1616, muriendo el 23 del mismo mes. Acabóse de imprimir 
el 15 de Diciembre del mismo año, y se publicó el siguiente de 1617. 



S. XVI, 1583, MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 237 

Trabajó, por consiguiente, Cervantes 'en esta novela, durante los siete 
•últimos años de su vida. Más de la primera mitad trata de trabajos, 
esto es, de viajes, por mares y tierras enteramente fantásticas, como 
si contara cuentos soñados á sus nietos. El decaimiento propio de la 
vej'ez le volvía á las fantasías que los niños saborean y al clasicismo 
de sus primeros años de escritor. Ahora bien, clasicismo y niñez son 
las cualidades de la novela bizantina y la bizantina novela Teágencs 
y Cañclea, de Heliodoro, quiso Cervantes imitar, añadiendo que con 
ella "se atreve á competir". Propiedades de la novela bizantina y del 
Persiles son, como dicen Schevill-Bonilla, "la maquinaria novelesca, 
los cambios escénicos, el modo de presentar los personajes, la total 
ausencia de análisis psicológico de los caracteres". La melancolía de 
que está empapado el PersUcs, aunque blanda y sosegada, como cabía 
en el noble pecho de aquel anciano, sería acaso efecto de la nieve que 
su fantasía veía cubrir las tierras y mares por donde sus héroes nave- 
gaban; pero también lo sería de la nieve que cubría la cabeza de su 
autor. Y sin embargo, al mismo tiempo que escribía el Persiles, escribía 
Cervantes la segunda parte del Quijote. En el Persiles volvía á la 
niñez y al clasicismo de su primer estilo; en el Quijote alzábase á la 
cima de la madurez del arte. Esto sólo se explica por la velocidad ad- 
quirida al escribir su obra maestra: el empuje de don Quijote le sa- 
caba de sí, le arrobaba; en dejando á don Quijote, escribía como an- 
ciano que torna á sus primeras aficiones de niño. Dos versiones había 
de Heliodoro: la anónima de Amberes, 1554, y la de Fernando de Mena, 
Alcalá, iS^7' Paiecida á ella en lenguaje, personajes, mudanzas y tra- 
bajos, es la novela, también bizantina, de Aquiles Tacio, Los Amores 
de Clitofonte y Leucipe, vertida por Núñez de Reinoso en 1552. De 
ella tomó Cervantes hasta los nombres de Períandro (de Periandra) y 
de Auristela y Sigismiinda (de Auris-munda) . Cervantes da á enten- 
der (II) que tomó también algo del supuesto viaje de los hermanos 
Zeni por los mares septentrionales hacia 1380, cuyo relato se impri- 
mió en 1574 juntamente con el Viaggio del magnífico Messer Piero 
Quirino por tierras y mares septentrionales, obra que pudo no menos 
leer Cervantes. También se aprovedhó del Jardín de flores curiosas. 
de Torquemada (1570, 1573, 1577), cuyas huellas se ven en el Quijote 
(I, 4). Pudo conocer no menos la Historia delle gcnti c della natura del- 
le cose settentrionali da Olao Magno Gotho, 1565, de donde habían á su 
vez tomado Zeno el menor y Torquemada. Schevil-Bonilla, á quienes se- 
guimos, descienden á los particulares y añaden las historias de Indias, 
el Amadís y demás obras de las cuales hay en el Persiles claros recuer- 
dos. Otra fuente de la novela es la autobiografía del mismo Cervantes, 
lo que él había visto, oído y vivido; que si lo fué de todas sus demás 
obras, muy en particular de ésta de su vejez, cuando tanto agrada 
recordar el tiempo viejo, es decir, el de la propia mocedad. Imitáronle 
Rojas Zorrilla, en Persiles y Sigisniunda ; John Fletcher, en su farsa 
The Ctistom of the Couniry para algunos episodios, y Suárez de Men- 



238 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

doza, en la novela Eustorgio y Clorilene (1629). Luis Fernández Gue- 
rra (Alarcón, iSyi, pág. 215) dice que en ninguna otra obra hay "te- 
soro igual de aventuras y situaciones dramáticas, de experiencia y de 
filosofía, de máximas formuladas soberanamente, acabadas locuciones, 
giros y frases gallardos..., descripciones llenas de verdad seductora y 
clarísima". 

M. Pelayo, Disc. acerca de Ccrv. y el Quijote: "Mucho más de 
personal hay en la obra de la vej^ez de Cervantes, en el Persiles, cuyo 
valor estético no ha sido rectamente apreciado aún, y que contiene en 
su segunda mitad algunas de las mejores páginas que escribió su autor. 
Pero hasta que pone el pie en terreno conocido y recobra todas sus 
ventajas, los personajes desfilan ante nosotros como legión de som- 
bras, moviéndose entre las nieblas de una geografía desatinada y 
fantástica, que parece aprendida en libros tales como el Jardín d-j 
flores curiosas, de Antonio de Torquemada; y la noble corrección 
del estilo, la invención siempre fértil, no bastan para disimular la fá- 
cil y trivial inverosimilitud de las aventuras, el vicio radical de la 
concepción, vaciada en los moldes de la novela bizantina: raptos, 
naufragios, reconocimientos, intervención continua de bandidos y pi- 
ratas. Dijo Cervantes, mostrando harta modestia, que su libro "se 
"atrevía á competir con Heliodoro, si ya por atrevido no salía con las 
"manos en la cabeza". No creo que fuese principalmente Heliodoro, 
sino más bien Aquiles Tacio, leído 'Cn la imitación española de Alonso 
Núñez de Reinoso, que lleva el título de Historia de Clareo y Florisea, 
el autor griego que Cervantes tuvo más presente para su novela. Pero, 
de todos modos, corta gloria era para él superar á Heliodoro, á Aqui- 
les Tacio y á todos sus imitadores juntos, y da lástima que se empe- 
ñase en tan estéril faena. En la novela greco-bizantina, lo borroso y 
superficial de los personajes se suplía con el hacinamiento de aven- 
turas extravagantes, que en el fondo eran siempre las mismas, con 
impertinentes y prolijas descripciones de objetos naturales y artificia- 
les, y con discursos declamatorios atestados de todo el fárrago de la 
retórica de las escuelas. Cervantes sacó todo el partido que podía sa- 
carse de un género tan muerto ; estampó en su libro un sello de ele- 
vación moral que !e engrandece; puso algo de sobrenatural y miste- 
rioso en el destino de los dos amantes, y, al narrar sus últimas pere- 
grinaciones, escribió en parte las memorias de su juventud, iluminadas 
por el melancólico reflejo de su vejez honrada y serena. Puesta de 
sol es el Persücs, pero todavía tiene resplandores de hoguera." 

114. Estando en Valladolid pudo escribir la relación que se !e 
atribuye por ciertos rasgos y maneras suyas propias, Relación de lo 
sucedido en la ciudad de Valladolid desde el punto del felicíssiino na- 
cimiento del príncipe D. Felipe Dominico Víctor, N. S., hasta que se 
acabaron las demostraciones de alegría qme por él se hicieron, Valla- 
dolid, 1605, 50 hojas. Se ha atribuido á Cervantes una Carta á don 



S. XVr, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 2 39 

Diego de Astudillo, describiendo una jira en San Juan de Aznalfa- 
rache, 1606, pero no es suya. Véase publicada en Gallardo (t. I, 1260). 
El Buscapié, opúsculo inédito que en defensa de la primera parte 
del Quijote escribió Miguel de Censantes Sacttvedra, Cádiz, 1848, fué 
obra de don Adolfo de Castro, remedando á maravilla el estilo de 
Cervantes, aunque falló en el fondo, pues el pensamiento es indigno del 
principe de nuestros ingenios. Por algún tiempo se le creyó, 'hasta que 
se descubrió la supercheria. 

115. Ediciones. La Galaica, Alcalá, 1585; Lisboa, 1590; París, 
161 i; Valladolid, 1617; Baeza, 1617; Lisboa, 1618; Barcelona, 1618; 
Madrid, 1736, 1772. 1784, 1805, etc. 

El Ingenioso Hidalgo don Quixoíe de la Mancha, Madrid. 1605, 
edición primera, desconocida durante casi dos siglos; excepto las dos 
de Lisboa, todas las impresas durante más de doscientos cincuenta años 
siguen el texto de la segunda de Cuesta, la cual salió el mismo año 1605, 
en la misma imprenta de Cuesta, con variantes desde la portada, en 
la segunda de las cuales hay: "Con privilegio de Castilla, Aragón y 
Portugal", por haberse apresurado á reimprimirla en Lisboa; Lisboa, 
1605 (dos ed.) ; Madrid, Cuesta, 1605, es la que ha pasado por primera 
durante tanto tiempo; Valencia, 1605 (dos ed.) ; Bruselas, 1607; Ma- 
drid, 1608, copiada de la segunda de Cuesta, pero enmendadas las erra- 
tas y con adiciones y variantes, que parecen ser de Cervantes, que 
entonces >estaba avecindado en Madrid; es la edición sobre la cual 
hice mi obra La Lengua de Cervantes; Milán, 1610; Bruselas, 161 1, 
1617. Segunda Parte del Ingenioso Cavallero don Quixote de la Man- 
cha, Madrid, Cuesta, 1615 (i." ledición) ; Bruselas, 1616; Valencia, 
1616; Lisboa. 1617. El Ingenioso Hidalgo don Quixote de la Mancha. 
Segunda Parte del Ingenioso cavallero..., Barcelona, 1617 (i.* edición 
de las dos partes en dos tomos) ; Madrid, 1637 (i." pte.) y 1636 
(2.' pte.) ; Madrid, 1647 (las dos ptes.), 1655. Vida y Hechos Del Inge- 
nioso Cavallero don Quixote de la Mancha, Bruselas, 1662 (las dos ptes.) ; 
Madrid, 1662, 1668 (dos edic.) ; Bruselas, 1671 ; Amberes, 1673; Ma- 
drid, 1674; Aníberes, 1697; Barcelona, 1704; Madrid, 1706, 1714; Am- 
beres, 1719; Madrid, 1723; Sevilla; Madrid, 1730, 1735, etc., etc. 

Novelas exemplares, Madrid, 1613, 1614; Pamplona, 1614; Bruse- 
las, 1614; Pamplona, 1615; Milán, 1615; Venecia, 1616; Madrid, 1617; 
Pamplona, 1617; Lisboa, 1617; Madrid, 1622; Pamplona, 1622; Sevi- 
lla, 1624; Madrid, 1625; Bruselas, 1625; Sevilla, 1627; Barcelona, 163 1 ; 
Sevilla, 1641, 1648; Madrid, 1655, 1664; Sevilla, 1664; Zaragoza; 1665; 
Londres, 1703; Barcelona, 1722; Madrid, 1722, 1732; La Haya, 1739; 
Amberes, 1743; Valencia, 1769, 1783; Madrid, 1783; Valencia, 1797; 
Madrid, 1797, 1799, 1803; París, por Arrieta. El Curioso impertinente, 
con trad. francesa, en la Silva curiosa, de J. Medrano, París, 1608, 
por César Oudin. Rinconete y El Celoso Extrcnvcño, hallados en ms. de 
la Bibl. de San Isidro, publicólos Isidoro Bosarte en los núms. 4, 5 



240 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

del Gabinete de Lectura Española, tienen variantes. Las Novelas se 
tradujeron dos veces al ital., Venecia, 1616, 1626, y Milán, 1629; va- 
rias en francés, París, 1615; Amsterdam, 1700, etc.; varias en ingl, 
Londres, 1640, 1741; en alemán, Rinc. y Cort., en 1617, y después, 
aparte las demás. En Rius hay 92 edic. castellanas, 41 francesas, 2}, 
alemanas, 21 inglesas, ocho italianas, cuatro holandesas, dos suecas, 
una portuguesa, una latina; total, 195 ediciones. 

Viaje del Parnaso, Madrid, 1614 (dos 'edic); Milán, 1624; Madrid, 
1736, 1772, 1784, 1805, 1829, etc. 

Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, Madrid, 161 5, 1749; 
Cádiz, 1816, etc. 

Los Trabajos de Pcrsiles y Sigismunda, Madrid, 1617 (tres edic.) ; 
Barcelona, 1617; Valencia, 1617; Pamplona, 1617; Lisboa, 1617; Bru- 
selas, 1618; Madrid, 1619, 1625; Pamplona, 1629; Madrid, 1719; Bar- 
celona, 1724; Madrid, 1728; etc., etc. En francés, dos versiones en 
1618; en inglés, en 1619; en italiano, en 1626. 

116, Miguel de Cervantes Saavedra, Obras convplctas, ed. J. E. 
Hartzenbusoh, Madrid, 1863-1864, 2 vols. ; Obras [sin el teatro], 
Bibl. de Aut. Esp., t. L; Don Quijote^ ed. D. CJemencín [con comenta- 
rio], Madrid, 1833-1839, 6 vols.; Don Quijote, ed. J. Fitzmaurice- 
Kelly y J. Ormsby, 1899-1900, 2 vols.; Don Quijote, ed. C. Cortejen 
[con comentario], Madrid, 1905-1913, 6 vols. publicados: Don Quijote, 
ed. F. Rodríguez Marín, Madrid, 1911-1913, 8 vols.; Don Quijote [fac- 
símile de las dos ed. de Madrid, 1605, y de la ed. de Madrid, 1615, por la 
Hispanic Society], New- York, s. f., 3 vols.; D071 Quixote, ed. R. Foul- 
clié-Delbosc, 4 vols. (en prensa) ; ed. crítica, Francisco Rodríguez Ma- 
rín, con comentario, Madrid, 1916 (del Centenario, en prensa). El Ca- 
samiento engañoso y El Coloquio de los pwrros, ed. A. G. de Amezúa y 
Mayo [con buen comentario], Madrid, 1912; Rinconete y Cortadillo, 
ed. F. Rodríguez Marín, Madrid, 1905; Cinco Novelas ejemplares 
[ed. R. J. Cuervo], Strasburgo, 1908; Los Rufiamcs de Cervantes: 
El Rufián dichoso y El Rufián viudo, ed. J. Hazañas y la Rúa [con co- 
mentario], Sevilla, 1906; Entremeses (nueve) [incluso el Entremés 
de los habladores], ed. E. Cotarielo y Morí, Nueva Bibl. de Aut. Esp., 
t. XVII; Varias obras inéditas [apócrifas ó dudosas], ed. A. de Castro, 
Madrid, 1874; Epístola á Mateo Vázquez, ed. E. [Cotarelo y Mori], 
Madrid, 1905; Obras completas de M. de Cerv. Saav., ed. Rodolfo 
Schevill y Ad. Bonilla; van publicados: La Calatea, 2 vols., Madrid, 
1914; Pcrsiles y Sigismunda, 2 vols., Madrid, 1914; A. Cotarelo y Va- 
lledor, Comedias de Cervantes, con estudio crítico (en prensa). Con- 
súltense : M. Fernández de Navarrete, Vida de M. de C. S., Madrid, 
1819; R. L. Máinez, Cervant\es y su época. Jerez de la Frontera, 1901; 
J. Fitzmaurice-Kelly, Miguel de Cervantes Saavedra, Oxford, 1913; 
C. Pérez Pastor, Documentos cervantinos hasta ahora inéditos, Madrid, 
1897-1902, 2 vols. ; E. Cotarelo y Mori, Efemérides cervantinas, etc.. 



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^Autógrafo último de Cervantes, al Arzobispo de Toledo, propiedad 
de la Academia Española.) 



S. XVI, 1583. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 24 1 

Madrid, 1905; L, Ríus, Bibliografía crítica de las obras de M. de C. S., 
Aíadrid, 1895-1899-1905, 3 vols.; J. Brimeur, Supplément f raneáis á la 
bibliographie de Cervantes, en Reviie Hispaniquvc (1906), t. XV, pá- 
ginas 819-842; A. Morel-Fatio, L'Espagne de Don Quichotte, en 
Etudes sur l'Espagne, 2^ serie, París, 1895; R. Foulché-Dielbosc, Etu- 
áe sur '^La Tia fingida", en Revue Hispanique (1899), t. VI, págs. 255- 
306; A. Bonilla y San Martín, La Tía fingida, Madrid, 1911, y en 
Archivo de investigaciones históricas (191 1), t. II, págs. 5-92; J. Giva- 
nel y Mas, Don Quijote en Cataluña, II, Madrid-Barcelona, 1911; 
R. Foulché-Delbosc, Puesto ya el pie en el estribo, en Revue Hispani- 
que (1899), t. VI, págs. 319-321; R. Foulcíhé-Delbosc, La plus ancienne 
ceuvre de C, «en Revue Hispanique (1899), t. VI, págs. 508-509; F. A. de 
Icaza, Las Novelas ejemplares de C, Madrid, 1901 ; Luis Orellana y 
Rincón, Ensayo crítico sobre las novel, ej. de Cervantes con la biblio- 
grafía de sus ediciones. Valencia, 1890; F. Rodríguez Marín, El Loaysa 
de ^'■El Celoso extremeño", etc., Sevilla, 1901 ; J. Apraíz, Estudio histó- 
rico-crítico sobre l<is Novelas ejemplares de C, Madrid, 1901 ; M. J. 
García, Estudio crítico acerca del entremés ^^El Vizcaíno fingido", 
Madrid, 1905 ; N. Díaz de Escovar, Apuntes escénicos cervantinos, 
Madrid, 1905; M. A. Buchanan, Cervantes as a dramatist^ L The 
Interludes, en Modern Language Notes (1908), t. XXXIII, págs. 183- 
186; R. Sclievill, Studies in Cervantes. PersUes y Sigismunda, en Mo- 
dern Philology (1906), t. IV", págs. 1-24 y págs. 677-704, y en Publi- 
cations of Y ale University (1908), t. XIII, págs. 475-548: P. Savj- 
López, L' ultimo romanzo del Cervantes, en Studi di filología moderna 
(1908), t. I, págs. 54-77; Viage del Parnaso, trad. francesa, por J. M. 
Guardia, París. 1864; B. Croce, Dikc illustrazioni al "Viaje del Parna- 
so" del C, en Homenaje á Menéndez y Pelayo, Madrid, 1899, t. I, pá- 
ginas 161-193; J. Apraíz, Curiosidades cervantinas, en Homenaje á 
Menéndez y Pelayo, t. I, págs. 223-254 ; J. Fitzmaurice-Kelly, prefacios 
de la trad. inglesa de las Complete Works of M. de C. S., Glasgow, 1901, 
etcétera; R. Foulché-Delbosc, Cervántica, en Revue Hispanique (1911), 
t. XXV, págs. 476-483; P. Savj-López, Cervantes, Xapoli, 1913; Ceja- 
dor. La Lengua de Cervantes, Gramática y Diccionario de la lengua cas- 
tellana en el Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, t. L Gramá- 
tica, Madrid, 1905, 571 págs.; t. II. Diccionario y Comentario, Madrid, 
1906, 1. 169 págs.; J. Cejador, El Imperfecto y el futuro de subjuntivo en 
el Quijote, en Cabos sueltos, Madrid, 1907; La Concordancia gramatical 
en el Quijote, íbidem ; Rodríguez Marín, Cervantes y la ciudad de Cór- 
doba, Madrid, 1914; ídem. Documentos Cervantinos, ibid., 1914: José 
Gómez Ocaña, El Autor del Quijote, Madrid, 1914, 62 págs.; Iconogra- 
fía de las ediciones del Quijote (611, desde 1605 á 1905), Barcelo- 
na, 1905, 3 vols.; El Ateneo de Madrid en el III Centenario de la 
public. del... Quijote, Madrid, 1905; Julio Puyol, El Supuesto retrato 
de Cervantes^ en Rev. Crítica, 1915, núm. 2.; J. J. A. Bertrand, Cer- 
vantes et le romantisme allemand, Coulommiers, 1914. 

16 



242 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

117. Año 1383. El padre Pedro de Ribadeneyra (1527- 
161 i), toledano, de la Compañía de Jesús y discípulo dtesde jo- 
ven de San Ignacio de Loyola, nació en Toledo y murió en 
Madrid. Como escritor es un discípulo del padre Avila y de fray 
Luis de Granada, á quienes copia frases y trozos enteros^ ya 
nombrándoles, ya sin hacerlo. Carece de la honda y sencilla 
devoción del Apóstol de Andalucía y del arrebato oratorio del 
maestro de la elocuencia española Granada. Limó mucho el 
estilo, que es castizo y noble, con cierta unción y sencillez, pro- 
pia de la hombría de bien del autor, aunque en las biografías 
c|ue escribió pasó por alto no pocas cosas, mostrándose más 
panegirista que historiador. Señalóse, efectivamente, como bió- 
grafo de santos y varones sagrados, género al cual se acomoda- 
ba su espíritu y su estilo, más bien que al místico y ascético, 
que no debió penetrar nunca bien ni acaso tuvo tiempo de ejer- 
citar por las ocupaciones en que le empleó la Orden. La His- 
toria eclesiástica del Cisma de Inglaterra (1588), es del mismo 
género que la Vida de San Ignacio (1583), la Vida de San Fran- 
cisco de Borja (1592), la Vida del P. La'mes (1594) y el Flos 
sanctoruní (i 599-1601), ó vidas de los santos, obras parenéti- 
cas y panegíricas, cuyo intento está en edificar á las personas 
piadosas, escrupuleando bien poco en la verdad histórica. Es- 
cribió además el Tratado de la Religión y Virtudes que deve 
tener el Príncipe Christiano (1595) y el Tratado de la Tribu- 
lación (1589), la mejor de sus obras, que tiene algún parecido con 
la Guía de Pecadores, de Granada, en el modo de argumentar y 
en el estilo, y que compuso á raíz del desastre de la Armada 
invencible para consolar de él al rey Felipe IL Otra obra apo- 
logética de la Compañía de Jesús, en tiempos en que no era 
muy bienquista la Orden en España, y aun estuvo el Rey á 
punto de extrañarla de ella, es la Razón del Instituto de la 
Compañía de Jesús (1605). 

118. Vida de S. Ignacio, Madrid, 1583, 1584, 1586, 1594 (con 
las del padre Laynez y F. <=c. ¿^ Borja). El libro quinto de la vida del 
P. Ignacio... Añadióse un capítulo de las virtudes del P. Diego Láyncz: 
y el qiiarto libro de las virtudes del P. Francisco de Borja, Madrid, 
1596. Vidas del P. Ignacio..., P. Diego Láynez y P. Francisco de Bor- 
ja, Madrid, 1596. Officia Sanctorurn Toletanae Ecclesiae, ^ladrid, 
1583 (se da por autor en su Cathalogus Scriptorum S. L, Antuerpiae, 



S. XVI, 1583. EL PADRE JOSÉ DE AGOSTA 248 

1608. Vita Ignatii Loiolae, Madrid, 1586; Amberes, 1588; Ingolstadio, 
1590; Madrid, 1595; Lyon, 1595; París y Colonia, 1598. Historia ec- 
clesiastica del S cisma del Rey no de Inglaterra, Madrid, 1588 (dos edic.) ; 
Zaragoza, 1588; Lisboa, 1588; Valencia, 1588; Barcelona; 1588, Am- 
beres, 1588; Alcalá, 1593; Amberes, 1594; Madrid, 1595. Tratado de la 
Tribulación, Madrid, 1589; Barcelona, 1591; len lat., por Juan Oran, 
portugués; en franc, París, 1600. Vida del P. Francisco de Borja, 
Madrid, 1592; en latín, por Andrés Scoto, Amberes, 1598; Maguncia, 
1613 ; en franc, Duai, 1603 ; Lyon, 1609. Meditaciones, Soliloquios y 
Manual de S. Agustín, Madrid, 1594; 161 1, 1617 (los Soliloquios sola- 
mente). Paraíso del Alma, traducción del libro De Virtutibus, de Al- 
berto Magno, Valencia, 1594; Madrid, 1644. Tratado de la Religión 
y Virtudes que deve tener el Príncipe cJiristiano, contra Maquiavelo, 
Madrid, 1595, 1601 ; en franc., ingl, ital. (Brescia, 1599, y Genova, 159S) 
y en latín. Las Confesiones de S. Agustín, Madrid, 1596, 1598, 1603, 
1617. Fias Sanctorjim ó Libro de las vidas de los Santos, Madrid, 
1599, 1610, 1616. Segunda Parte del Flos Sanctorum, Madrid, 1601, 
1616. Libro de Vidas de Santos que comúnmente llaman Extravagan- 
tes, Madrid, 1604. Segunda parte de los Santos extravagantes, Madrid, 

1609. Flos Sanctorum (completo), Barcelona, 1623; se tradujo al latín, 
Colonia, 1630; al ital., Milán, 1613; al franc, París, 1644 y 1653; 
Barcelona, 1790. Tratado en el qual se da razón del Instituto de la Re- 
ligión de la Compañía de Jesús, Madrid, 1605. Manual de Oraciones. 
Madrid, 1607, 161 1, 1619; en franc, Lyon, 1624; en ital., Venecia, 
1607. Illustrium scriptoriim religionis Socictatis lesu Catalogus, An- 
tuerpiae, 1608. Relación de lo que ha sucedido en el negocio de la 
Canonización del bienav. P, Ignacio de Layóla..., Madrid, 1609. Las 
Obras del P. Pedro de Ribadencyra, Madrid, 1595 (Vidas de S. Igna- 
cio, Láynez y Borja, Cisma de Inglaterra, Tribulación, Tratado de 
las virtudes intitulado Parayco compuesto por Alberto Magno, Libro 
de las Medit. Soliloq. y Manual de S. Agustín). Obras del P. Pedro..., 
tres partes, Madrid, 1605 (i.^^ Vidas de S. Ignacio, Ldynez y Borja; 
2." Cisma de Inglaterra, Tribulación, Príncipe cristiano; 3.^ Pafayso 
del alma, Medit., SoUl., Manual y Confesiones de S. Agustín, Manual 
de Oraciones). Vida de la M. Teresa de Jesús. Quedaron inéditas: 
Vida de doña María de Mendoza, fundadora del colegio de la Compañía 
de Alcalá. Vida de doña Estefanía Manrique y Castilla, fundadora, 
con don Pedro Manrique, su hermano, de la casa profesa de Toledo. 
Tres Diálogos, en que se refieren raros exemplos de cómo an sido 
castigados de Dios severamente los que se salen de la religión. Relación 
de la fiesta de n. s. p. Ignacio que en Madrid se hizo en la beatifica- 
ción, á 15 de Nov. de lóop (Acad. Hist., con otros papeles del padre 
Rivadeneira). Obras escogidas, Bibl. Aut. Esp., t. LX. 

119. Año 1383. El padre José de Agosta (i 539-1600) 
nació en Medina del Campo, entró en la Compañía de Jesús 



244 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

y fué el primer jesuíta que enseñó Teología en Ocaña (1571). 
Pasó á América, donde fué el segundo Provincial del Perú ; 
vuelto á España fué Prepósito de la casa profesa de Valladolid, 
Visitador de Aragón y de Andalucía y Rector de Salamanca, 
y allí murió, de regreso de Roma, adonde había ido á la quinta 
Congregación general y el Papa y Cardenales le habían aga- 
sajado como al varón más sabio de la Orden. Su obra principal. 
Historia natural y moral de las Indias, Sevilla, 1590, encomia- 
da por Plumboldt como la primera que intentó metodizar cien- 
tíficamente la geografía é historia natural de las Indias, es 
elegante y pintoresca en los rasgos descriptivos ; fué traducid» 
á las principales lenguas y muy estimada de todos. 

120. Obras del padre Acosta: Doctrina cristiana y catecismo para 
instrucción de ¡as indios, Los Reyes, 1583. Catecismo en lengua espa- 
ñola y en la aymará del Perú, Sevilla, 1583. De Procuranda Indorum 
salute, Salamanca, 1588; Colonia, 1596; Lyon, 1670. De natura novi 
orbis, Salamanca, 1589, 1595; Colonia, 1596. Tradujo esta obra al cas^ 
tellano, acrecentándola : Historia natural y moral de las Indias, Sevilla, 
1590; Barcelona, 1591; Madrid, 1608, 1610, 1792; en ital., 1596; en 
latín, por Teodoro de Bry, en la 3." pte. Historiac OrientaUs; en fran- 
cés, París, 1606, y tres veces más; en alemán, 1598, 1617. De Christo 
revelato, Roma, 1590. De Temporihus novissimis, Roma, 1590. Concio- 
nes, 3 vols., Salamanca, 1596; Venecia, 1599; Colonia, 1600. Confe- 
sionario para los curas de indios, con la instrucción contra sus ritos, 
Sevilla, 1603. Concilium Límense III, lo redactó en latín y lo dirigió, 
Madrid, 1614. Historia de la peregrinación del H. Bartolomé Lorenzo 
(sólo un ejemplar en la Acad. Historia, Secc. Indias, núm. 91). Cofn- 
pendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Gra- 
nada en el siglo xvi, París, 1848. José de Acosta, Historia natural y 
moral de las Indias, Madrid, 1894, 2 vols. Consúltense : J. R. Carracido, 
El P. losé de Acosta v su importancia en la literatura científica es- 
pañola, Madrid, 1899; Beristain^ Diccionario de escritores religiosos 
de la América septentrional, Méjico, 1821; Monumenta hisf. Soc. lesu, 
t. II, Madrid, 1898. 

121. Año 1383. Alonso de Azevedo, natural y canónigo de Pla- 
sencia (" 1598), publicó, viviendo en Roma desde 1583 á 1598, Commcn- 
tariorum Inris Ciz'ilis in Hispaniae Regias Constitutiones (Nuev. Re- 
copil), voil. 6, Salamanca, 1583; Alcalá, 1594; Madrid, 1611. Additio- 
nes ad Curiam Pisanam, ibid., 1593. Commentariorum Continuatio..., 
Madrid, 1600. Consilia XI, Valladolid, 1607. Creación del Mundo, Ro- 
ma, 1615, poema bien versificado y de buen gusto, fundado en parte en 



S. XVI, 1583. GONZALO GÓMEZ DE LUQUE 243 

La Sepntaine (1579), de Du Bartas, y en 11 mondo creato, del Tasso. 
No tiene la palabrería del poeta hugonote gascón, y Ha fuerza descrip- 
tiva recompensa lo prolijo de la obra. Véase Bibl. de Aut. Esp., 
t. XXIX. 

Alonso de Avila publicó Tratado del B. S. Segundo Obispo de 
Avila, 1583. — Juan de Bracamonte publicó Elucubr aliones in libros 
Hyppotyposeon Martini Martinii, Salamanca, 1583. — El Maestro An- 
drés Brun y meiiestril de Qaragoca, lo escrivía y cortava, en el Año 
de 158^. Parece ser este libro, que posee el señor Cotarelo, un trozo de 
la obra que se publicó este año y el de 1612, Zaragoza, con el título 
de Arte muy provechoso para aprender de escribir perfectamente. He- 
cho y experimentado por \cl M. Andrés Brun, infanzón, vcicino de 
Zaragoza. Fué el primer calígrafo español que publicó sus obras y quien 
primero adoptó el ejemplo de papel pautado y gráfico. — Fray Juan de 
Castañiza, natural de Villadiego y benedictino de Oña, publicó Apro- 
bación de la Regla y Orden de S. Benito, Salamanca, 1583. La Vida 
de S. Benito, ibid., 1583. Historia de S. Romualdo, Madrid, 1597. Insi- 
nuationum divinae pietatis 1. V... vita et acta S. Gertrudis, ibid., 1599. 
6". Gertrudis insinuationum divinae pietatis exercitia nonnulla, ibid., 
1599. Declaración del Padre nuestro, 1604. De la Perfección de la vida 
Christiana. Combate ó lucha espiritual, 1644, opúsculo famoso que ha 
tenido más de 260 ediciones y traducciones á todas las lenguas ; véase 
la lista en la de París, 1750, y en Vezzozi, I scrittori de'chierici rego- 
lari detti Theatini, Roma, 1780. Véase M, Martínez Añíbarro, Dice, 
tiogr. de Burgos, Madrid, 1890. — En 1583 se publicó el primer libro 
en Lima : Doctrina cristiana (Museo de Buenos Aires) ; e! año siguiente, 
Doctrina Christiana y cathecismo para instrucción de los Indios... Con 
un conffesionario... traducido en las dos lenguas generales de este 
Reyno, Quichua y Aymará. Año de 1584. Sólo se conocen hoy 10 libros 
impresos en Lima el siglo xvi. — Eurythmia Pontificalis adversus Eu- 
roclydam cleri gallicani, Alcalá, 1583. — Fray Juan Farfán (1536-1619), 
agustino sevillano, gran predicador durante treinta y seis años. Bio- 
grafía y retrato en F.'^o Pacheco, Libro de Retratos. — El doctor Mar- 
cos FoLLETA, de San Juan de Jerusalén, publicó Doctrina de la Fe. 
Diálogo, Madrid, 1583. — Diego García de Palacio, juez en Méjico, 
publicó Diálogos Militares, Méjico, 1583. Instrucción náutica para el 
buen uso de las naos: conform^e á la altura de México, 1587. — Gonzalo 
GÓMEZ DE LuQUE, cordobés, publicó en verso el Libro primero de los 
famosos hechos del príncipe Celidón de Iberia, Alcalá, 1583; aproba- 
ción de Pedro Láinez. Kay versos suyos en el Jardín espiritual, de 
Padilla (1585) ; en el Cancionero, de López Maldonado (1586) ; en los 
Discursos morales, de Juan de Mora (1589), y en el Libro de Annatho- 
mia, de Andrés de León (1590). Alabóle Cervantes en lel Canto de Ca- 
líope: "Tú, que de Celidón, con dulce plectro, | heziste resonar el nom- 
bre y fama, | cuyo admirable y bien limado metro | á lauro y triumpho 
te combida y llama, | rescibe el mando, la corona y cetro, | Gonzalo 



246 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Gómez, desta que te ama, ¡ en señal que meresce tu persona [ el justo 
señorío de Elicona." Don Francisco de Sandoval publicó otro Celidón 
de Iberia en 1630. — En 1583 se imprimió en Madrid el copioso índice 
de libros prohibidos, que el inquisidor don Gaspar de Quiroga mandó 
formar á Mariana y otros teólogos: i." pte. de libros prohibidos; 2." de 
expurgatorio, reimpresa en Saumur, 1601, por los protestantes. — Ju- 
lián ó Julio Iñiguez de jMedrano, caballero navarro, publicó la Silva 
Curiosa, París, 1583, 1608; reproducida en el tf X del Refranero de 
Sbarbi, Fué hombre que corrió mucho por España y ambas Indias, y 
luego vivió "len la ermita del Bois de Vincennes", al servicio de la 
reina Margarita de Valois. De los siete libros que anuncia la portada, 
sólo hay uno en el volumen, y se titula "dichos sentidos y motes breves 
de amor". Es lástima no se conozcan ó no se imprimiesen los otros 
seis de "las yerbas y sus más raras virtudes" (2), de las piedras pre- 
ciosas (3), de los animales (4), de los peces (5), de las aves (6), de 
"los más ocultos secretos de las muieres y les ofrece las más delica- 
das recetas" (7). Plagia y toma como propio lo de otros autores. — Lá- 
zaro Luis Iranzo ó Liranzo, soldado y poeta, nos es conocido por los 
versos que hay suyos en el Romancero de P. de Padilla (1583), en el 
Cancionero de López Maldonado (1586), en El Peregrino indiano, de 
Saavedra Guzmán (1599) ; en Milicia y descripción de las Indias, de 
Vargas Madhuca (1599); en el Libro de... la espada, de Pacheco de 
Narváez (1600). Alabóle Cervantes en el Canto de Calíope. — Juan Mu- 
Ñ02, procurador de Huesca, publicó Práctica de Procuradores, Madrid, 
1583» I59i> 1603, 1612, 1659. — Luis de Pastrana, capellán de Cuenca, 
publicó Principios de Gramática en romance Castellano, Madrid, 1583. 
— iAndrés de Poza, orduñés, publicó Hidrographia, Sumario de la 
esfera, instrumentos de la navegación, marcas, latitud y longitud, Bil- 
bao, 1583, 1585. De la antigua Lengua, Poblaciones y comarcas de las 
'Españas, en que de paso se tocan algunas cosas de la Cantabria, ibid., 
1587. — 'En el índice de 158^: Auto de la Resurrección de Cristo, hoy 
desconocido. — Don Juan de Roxas (t 1577), de Rota de San Clemente, 
obispo de Agrigento, publicó Singularia inris in favorcm Fidei hacrc- 
sisque detestationem^ Venecia, 1583. De Haereticis, ibid., 1585. Epi- 
tome omnium successionum ex testamento et ab intestato, Valencia, 
1568. — Fray Antonio de San Román, agustino granadino, publicó 
Consuelo de Penitentes, 2 vols.. Salamanca, 1583. Mesa franca de es- 
pirituales manjares, ibid., 1585. — Don Martín de Santularia (t 1587), 
canónigo de Huesca, publicó Dialéctica, Huesca, 1583, 1585. Methodus 
compendiarla dialecticae, ibid., 1586. Brevis institutio dialecticae, ídem 
ídem. Tractatus quaestionum dialecticarum, ibid., 1588. — Fray Juan 
Gregorio de Satorre, agustino valenciano, publicó De las alabanzas y 
excelencias del Nombre de Jesús, Tarragona, 1583. — Gonzalo Suárez 
DE Paz (t 1590), salmantino, publicó Praxis Ecclesiastica et Saecu- 
laris cum actionum formuUs et actis processiiuní Hispano sermone 
compositis, Salamanca, 1583; Olmeti, 1592; Medina, 1593; Madrid, 



S. XVI, 1584. JUAN RUFO GUTIÉRREZ 247 

1770, 1790. — Primera y segunda parte del honesto y agradable entrete- 
nimiento de damas y galanes compuesto por Juan Francisco Carracho, 
Cavallero Napolitano. Traduzido de lengua Toscana... por Francisco 
Truchado^ ivecino de la ciudad de Baega, Granada, 1583; Madrid, 1598; 
Pamplona, 1612. — Fernando de Valdés^ sevillano, publicó De iitUitate 
Venae sectionis in Variolis, etc., Sevilla, 1583. De la utilidad de la San- 
gría en lus Viruelas, ibid., 1583. Histori-a de la gran peste que se pade- 
ció en Sevilla en 1599, Sevilla, 1599. — Isidro Velázquez^ salmantino, 
andante en Corte, publicó La Entrada que en el Reino de Portugal hizo 
la S. C- R. M. de don Philippc, 1583. — Regla de las cinco órdenes de 
Arquitectura, de Vignola, Roma, 1583; Madrid, 1593. — Fray Rodrigo 
de Yepes, Jerónimo, publicó Historia de la muerte y glorioso martirio 
del santo Inocente... de la Guardia; Madrid, 1583. Tratado y descrip- 
ción de la Tierra Santa y De la peregrinación que N. S. Jesu Christo 
hizo en este mundo, Madrid, 1583. Historia de... S. Florentina..., iMa- 
'drid, 1584; Ecija, 1898. La Genealogía de los Reyes de España. — A^ic- 
TORiANO Zaragozano (1545-1602), de la Puebla de Albortón, publicó 
Repertorio de los tiempos compuesto por Juan Alemán... corregido, 
Zaragoza, 1583. Lunario y rcportorio de los tiempos que sirve á toda 
la Europa, calculado y compuesto al meridiano y elevación del polo... 
de Zaragoza, Zaragoza, 1584, 1587, 1590. 1592, 1594, 1599. 

122. 'Año 1384. Juan Rufo Gutiérrez (i547?-después 
de 1620), natural y jurado de Córdoba, publicó La 'Austriada, 
Madrid, 1584; Toledo, 1585; Alcalá, 1586. Es poema sobre 
don Juan de Austria en 24 cantos, de los cuales los 18 pri- 
meros son versificación de la Guerra de Granada, de Men- 
doza, segim Foulché-Delbosc, aunque no falta quien crea que 
la Guerra de Granada salió del poema (!). En prosa lo hubiera 
escrito con gracia, por lo menos; en verso prosaico, como lo es- 
cribió, parólo harto desgraciado. El agudo y chistoso ingenio 
de Rufo y sus excelentes cualidades como narrador se echan 
harto más de ver en Las Seyscientas Apotegmas... Y otras 
obras en verso que publicó en Toledo, 1596, 1614, colección 
de anécdotas, de la cual tomaron Melchor de S. Cruz y otros. 

123. Licencia de la Austriada: "Por cuanto por parte de vos, 
Juan Rufo Gutiérrez, jurado de la ciudad de Córdoba, nos fué fe- 
cha relación diciendo que por orden del ilustrísimo don Juan de Austria, 
nuestro muy caro y amado hermano (que está en gloria), habíades es- 
cripto una parte de su Historia, compuesta por relaciones verdaderas 
que os había dado..." Carta de la ciud. de Córdoba al Rey: "Entre 
las cosas que esta ciudad produce, útiles al servicio de S. M., nos ha 



248 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

parecido 'hacer estima del ingenio y virtud del Jurado Juan Rufo, que 
en años pasados enviamos al sieñor don Juan (que está en el Cielo), y 
en la merced que S. A. le hizo, entendimos más ser digno del concep- 
to que se tenía y tiene de su habilidad y persona. Y así, porque ha 
siete años que escribe una Historia en estilo que parece durará muchos 
siglos, como por haber sido hechura de S. A., ser hijo de Córdoba y 
capaz de ser amparado y favorecido..." Las seyscientas apotegmas es- 
tán en prosa, y muy bien y elegantemente dichas las máximas mora- 
les. Hay también otras obras en verso en el mismo tomo, como la le- 
yenda de Los Comendadores, el poemita humorístico de La Muerte del 
ratón, la loa ó Alabanza de la comedia y la Carta á su hijo. El agus- 
tino fray Basilio de León, sobrino de fray Luis, dijo de ellas: "Llegó 
á mis manos, antes que se imprimiese, el libro de las Apotegmas, del 
jurado Juan Rufo, con el cual verdaderamente me juzgué rico, pues 
lo que enriqueze al entendimiento es del hombre riqueza verdadera. 
Y hay tanta, no sóilo en todo libro (que no es poco, según salen muchos 
á luz, grandes en las hojas y en las cosas pequeños) sino, lo que es 
más, en qualquiera parte del, por pequeña que sea, que con razón 
puede juzgarse por muy grande, porque las purezas de las palabras, la 
elegancia dellas, junto con la armonía que hazen las unas con las 
otras, es de tanta estimación en mis ojos quanto deseada en los que 
escriven. Allegóse á esto la agudeza de los dichos, el sentido y la gra- 
vedad que tienen, la philosophia y el particular discurso que descubren. 
De manera que al que dice bien, y tan bien como el autor deste libro, 
se le puede dar justíssimamente un nuevo y admirable nombre de ma- 
ravillosa eloquencia: pues los que hablan mal son innumerables, y él 
se aventaja á mutíhos de los que bien se han explicado. El aver enxe- 
rido en el donayre y dulzura de las palabras lo que es amargo para 
las dañadas costumbres, nació de particular juyzio y de prudencia. 
Como el otro que á una dama á quien, ó por miedo, ó por melindre, 
espantava el hierro del barbero, la sangró disfrazándole astutamente 
con la esponja. En fin, no entiendo que avrá ninguno de buen gusto 
que no le tenga, y muy grande, con este libro^ y Córdova no menor 
gozo, viendo cifrado en su dueño todo lo que en sus claros hijos luze re- 
partido." En La Austriada hay versos laudatorios de Lupercio Argen- 
sola, Luis de Vargas, Góngora y Cervantes, el cual le alabó en el 
Canto de Calíope. 

Juan Rufo Gutiérrez, La Austriada, Bibl. de Aut. Esp.. t. XXIX; 
Poesías, Bibl de Aut. Esp., ts. XVI y XLTL Consúltense: R. Foulché- 
Delbosc, Etiide sur la Giucrra d& Granada de D. Diego Hurtado de 
Mendoza, en Reviie Hispanique (1894), t. I, págs. 137-138 y 149-153; 
R. Ramírez de Arellano, Juan Rufo, Jurado de Córdoba; Madrid, 1912; 
Pérez Pastor, Bibliografía Madrileña^ t. III, Madrid, 1907; Lucas de 
Torre, D. D. H. de M. no fué autor de "La Guerra de Granada'"', en 
Bol. Acad. Hisf., 1914, págs. 461, 557; 1915...; Gallardo, IV, 273. 



S. XVI, 1584. FRAY ANTONIO DE CASTILLA 249 

12 4, Afio 1384. Pedro Sánchez de Arce^ natural y racionero de 
Tokdo, publicó Árbol de consideración y varia doctrina, Toledo, 1584. 
Historia Moral y Filosófica, en que se tratan las vidas de doce Filó- 
sofos .y Príncipes antiguos y sus sentencias y hazañas, etc. Tokd'o, 
1590. Triángulo de las tres Virtudes Theologales, F^ee, Esperanza y 
Caridad; y quadrángulo de las quatro Cardinales, etc., en que se t<rcan 
algunas de las propricdadcs y excelencias, y Historias muy provecho- 
sas, Toledo, 1595. El lenguaje es de lo más castizo. 

Fray Rodrigo de Solís^ reformador apostólico y vicario general 
de la Orden de San Agustín 'Cn los reinos de la corona de Aragón, pu- 
blicó la Primera parte del arte dada del mismo Dios á Abrahán para 
le servir perfectamente, Medina, 1584; Alcalá, 1586, 1594. La Segunda 
parte del arte de servir á Dios perfectamente dada por el mismo Dios 
al santo patriarca Abrahán, "vista, corregida y acrecentada por el mis- 
mo autor y por un religioso de la misma Orden, después de su muerte, 
y dirigida á la Católica Majestad del rey don Felipe nuestro señor'', 
es del año 1585, "Valencia, en casa de la viuda de Pedro de Huete". 
La licencia es de 1584 para las dos partes, de modo que ambas sa- 
lieron por primera vez este año ; y la aprobación de la segunda parte, 
con el título expuesto, de 1585, sin duda edición segunda. El estilo es 
tan rodado y tan bien rodeado el período, que jamás se tropieza un 
punto. N"o tiene particularidad en la frase y palabras, empleándose 
una y otras en el sentido corriente, aunque de vez en cuando se halla 
alguna frase nueva. Sobre los primeros versos del Psalmo CH. 

Fray Domingo Báñez (1528-1604), de Micdina del Campo, entró do- 
minico en Salamanca (1546) ; fué confesor de Santa Teresa (1561- 
1567) ; enseñó en Alcalá, ValladoiMd y en Salamanca la cátedra de Du- 
rando, luego la de Prima de Teología. Scholastica commentaria in Prim. 
part. D. Thomac, Salamanca, 1584; Venecia, 1602; Douai, 1614. De 
Fidc, Spe et Charitate ó Commentaria in 5'^'" 2''^ D. Thomae, Sala- 
manca, 1584. Commentariorum super i"^ partem posteriorcm tomus, 
ibid., 1588; Venecia, 1588; Douai, 1614. De lustitia et lure, Salamanca, 
1594, 1604; Venecia, 1595; Colonia y Douai, 1615. In Primam et secun- 
dam Partem, ''Lyon, 3 vols., 1588. Commentaria in 5"'" et 4""^ partem, 
(ms. Bibl. Altempsiana de Roma). Relectio de mérito et augmento 
charitatis, leída en Salamanca, 1589. Sumnud-ae, Colonia, 1618. De 
Generatione et Corruptione, Salamanca, 1585. Célebre fué su contro- 
versia con lel padre Molina, S. J, sobre la libertad y la gracia. 

Fray Pedro de Aragón, agustino de Salamanca, publicó De Fide, 
Spe et Charitate, Salamanca, 1584. De lustitia et lure, Venecia, 1595. 
— Fray Alonso de Avendaño (t 1596), dominico de Benavente, publicó 
Commentaria in Psalmum CXVHI, Salamanca, 1584. Evangelium Divi 
Matthaei, 2 vols., Madrid, 1593, 1597. — Antonio Bellver, canónigo ma- 
llorquín, publicó D. R. Lulli Logicae Compendium, 1584. Commentaria 
in Logicam B. R. Lulli. Apología lullianae docfrinae. — Fray Antonio 
DE Castilla publicó Verdadera información de la tierra Sancta, según 



25o ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

la disposición que en el año de i^s^--, Alcalá, 1584. — Fray Hernando 
DE Castillo (t 1593), dominico granadino, predicador de Feílipe II, 
gran orador y escritor elegante, publicó Primera Parte de la Historia 
general de S. Domingo y de su orden, Madrid, 1584; 2." pte.. Vallado- 
lid, 1592; entrambas, ibid., 1612. — El licenciado Dionisio Daza Cha- 
cón (t 1596), vallisoktano, cirujano de Felipe II, publicó Práctica y 
Theorica de Cirugía, en romance y latín, Valladolid, 1584, 1605, 1609. 
— Fray Diego de Estúñiga, agustino, publicó In Job, Toledo, 1584, 
Philosophiae prima pars, ibid., 1597. — El Doctor Bartolomé Felipe, 
de Lisboa, publicó Tratado del Consejo y de los Consejeros de los 
Príncipes, Coímbra, 1584; Turín, 1589. — En 1584 se publicó la Relación 
de su vida, esto es, de Diego García de Paredes, juntani'ente con la 
Crónica de Fern. del Pulgar, Alcalá. — ^Pedro de la Hera escribió 
Repertorio del Mundo particíílar, de las Sphcras del Cielo y Orbes ele- 
mentales..., Madrid, 1584; publicado por su hermano Bartolomé Va- 
lentín de la Hera y de la Varra. — Francisco Hernández Blasco, pres- 
bítero, natural de Sonseca, provincia de Toledo, publicó Universal 
Rcdempcion, Passion, Muerte y Resurrección de nuestro Redemptor 
Jesu Christo, y angustias de su Sma. Madre, según los quatro Evan- 
gelistas, con muy devotas contemplaciones, Toledo, 1584, 1589, 1598; 
Madrid, 1602, 1609, 1612: Alcalá, 1612; Sevilla, 1613; Alcalá, 1621; 
Sevilla, 1623; Alcalá, 1629. Añadida cada edición. Es poema en octa- 
vas, dividido en cuatro partes: la i,'' y 2.''' con 16 cantos cada una, 
la 3.* con 13 y la 4." con 11. — ^El doctor Bartolomé Hidalgo de Agüe- 
ro (1531-1597), famoso médico y cirujano de Sevilla, inventor del 
'■'olio benedito que llaman de apar icio", publicó Avisos particulares de 
Cirugía, Sevilla, 1584. Tesoro de la verdadera Cirugía. Sevilla, 1604, 
post. ; Barcelona, 1624. Biografía y retrato, en F. *^^ Pacheco, Libro 
de Retratos. — Gonzalo López de Tevar y Alarcón publicó Prima Pars 
Quadragesimae, Salamanca, 1584. — Fray Juan López (1524-1632), na- 
tural de Borja, dominico, orador y teólogo en Valladolid, prior en Lo- 
groño (1584), de Santo Domingo de Tabara (1585), de Santiago en 
Pamplona (1593), obispo de Crotona (1595), de Monópoli en la Apulla 
(1598), retirado después de diez años y fallecido en Valladolid, publi- 
có Libro en que se trata d\c la importancia y exercicio del Sancto Ro- 
sario Zaragoza, 1584; Salamanca, 1587; Medina, 1595. Práctica es- 
piritual, Alcalá, 1587. Epitome Sanctorum Patrum, 4 vols., Roma, 1595: 
Brescia, 1660. Memorial de diversos ejercicios, Barcelona, 1600. Tra- 
tado del Smo. Sacramento del Altar, ibid., 1600. Ltetanías de N.'' S.'', 
Sevilla, 1601. Exposición de los salmos penitenciales, Valencia, 1602, 
Tercera parte de lu historia gral. de S. Domingo, Valladolid, 16113. 
Manual de oraciones dizvrsas, ibid., 1613. Cuarta parte de la Hist. gral. 
de S. Domingo, ibid., 1615. Quinta parte..., ibid., 1622. Sexta parte..., 
ibid., 1622. — Fray Eugenio Martínez, cisterciense, publicó el Libro de 
la Vida y martirio de la divina virgen y mártir Santa Inés, Alcalá, 
1584, 1592. Vida de S. Catarina virgen y mártyr. Genealogía de la To- 



S. XVI, 1584. PEDRO VILLALO DE TORTOLES 25! 

ledana discreta, Toledo, 1599; Alcalá, 1604, en 34 cantos. — Fray Juan 
Martínez, trinitario, publicó Institutio, regida, privilegia, constitutio- 
nes, ceremoniale et forniidarium Ordinis Smae. Trinitatis, Zaragoza, 
1584. S^egunda parte de las Constituciones de la Sma. Trinidad, ibid., 
1584. — Fray Gaspar de Meló, agustino de Trujillo, publicó In ^. Mat- 
ihaeum, Valladolid, 1584. In Apocalypsin, ibid., 1589. In S. Lucae Evan- 
gelium, ibid., 1597. — Fray Francisco Ortiz Lucio (t 1651), francis- 
cano de Toledo ó Guadalajara, publicó Compendium Declarationum 
sobre la regla de San Francisco, Madrid, 1584, 1585. Compendio de de- 
claraciones sobre la Regla de S. Francisco, ibid., 1585. Jardín de Amo- 
res santos y lugares comunes, Alcalá, 1589, 1592 (20 tratados) ; Madrid, 
1599. Smnma de Summas de azñsos... para todos los Estados... con 
los Sermones del Miserere, Alcalá, 1595. Compendio de todas las Suni- 
mas... de todos los casos de conciencia..., Madrid, 1598; Mallorca. 1599; 
Barcelona, 1600; Madrid, 1603, 1610. Consideraciones de Lucio, Sala- 
manca, 1597. Flos Sanctorum..., Madrid, 1597, 1605. Jardín de Divinas 
Flores, Madrid, 1599, 1601. De los quatro novísimos, ibid., 1602, 1608, 
1610. República Chrisíiana, ibid., 1600, 1604, 1606. Horas devotísi- 
mas, ibid., 1605, 1616. Tratado único del Príncipe y Jucc Chris- 
iiano, ibid., 1601, 1606. Mystica Theidogia, ibid., 1608. — Diego Otá- 
ÑEZ DE Escalante, burgalés, publicó Reportorio perpetuo de los 
tiempos muy copioso conforme á la Reformación y computación 
de N. B. P. Gregorio XIII, Alcalá, 1584. — Fray Francisco de Ovando 
Mogollón de Paredes, franciscano de Cáceres, publicó Breviloquium 
Scholasticae Theologiae in IV libros Magistri Scntentiarum, 2 vols., 
Salamanca, 1584; Madrid, 1587. — ^Jerónimo Portóles, de Barbastro, 
doctor en Cánones (1584), sacerdote que vivió en Zaragoza, publicó 
Tractatus de Consortibíis eiusdem rei et fideicomisso legali, Zaragoza 
1584. Scholia ad repertorium Michaelis Molini, ibid., 1587. Scholiorum 
tn Molinum pars secunda, ibid., 1588. Pars tertia, ibid., 1590. Tratado 
del oficio de los Jurados de Daroca, ibid., 1590. Scholiorum in Molinum 
pars quarta, ibid., 1592. De reis inquirendis ab Inquisitoribus, ibid., 1618. 
Otros ms. — Jerónimo de la Rúa, presbítero toledano, publicó Contro- 
versiarum Theologicarum, 2 vols., Roma, 1584; Madrid^ 1620. — Juan 
SÁNCHEZ DE Córdoba, publicó Principios de la Gramática Latina y Espa- 
ñola, Sevilla, 1584, 1586. — Fray Antonio de Santa IMaría, franciscano 
de Plasencia, publicó Espejo espiritual sacado de las obras de Ludovico 
Blosio, Alcalá, 1584; Madrid, 1596. La vida y milagros hechos del glo- 
rioso S. Antonio de Padua, en octavas, Sai amanea, 1588. Manual ó su- 
mario de la, Regla de los frailes Menores, Madrid, 1591 ; Córdoba, 1593; 
Madrid, 1598. — ^Christobal Tamariz publicó la Historia de los santos 
mártires de la Cartuxa que padecieron en Londres, Sevilla, 1584, en oc- 
tavas. — Fray Marco de Villalba, cisterciense, publicó Definiciones 
de la orden del Cistel y observancia de España, Salamanca, 1584. Epís- 
tola consolatoria ad Philippum II..., ibid., 1588. In Isaiam. — Pedro Vi- 
llalo de Tortoles, salmantino, publicó el Diálogo de la Doctrina de 



252 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

las mujeres, en que se enseña cómo han de vizir en cualquier estado 
que tengan, V'alladolid, 1584. 

125. Año 13SJ. LuPERCio Leonardo de Argensola 
(^559-1613), hermano mayor de Bartolomé, nació en Barbas- 
tro, de familia originaria de Italia, del linaje de los Leonardos 
de Rávena. Estudió en Zaragoza y pasó á Madrid, donde fué 
gentilhombre de la Cámara del cardenal arzobispo de Toledo 
D. Alberto de Austria y secretario de D.^ Mari a la empera- 
triz, que vivió y murió en las Descalzas Reales. Hízole Felipe II 
Cronista de Aragón y había recogido no pocos materiales para 
continuar los Anales, de Zurita, cuando tuvo que dejar su in- 
tento en manos de su hermano para acompañar, de orden del 
Rey, al conde de Lemos, D. Pedro Fernández de Castro, como 
secretario de las cosas de la guerra. Falleció en Ñapóles á los 
pocos años, cortadas las esperanzas con las que todos se pro- 
metían mayores cosas, si mayores pudo darlas un poeta lírico 
del mismo corte y delicadas alas de su hermano Bartolomé. 
Verdaderos Gcriones los llamó Justo Lipsio en carta á Luper- 
cio. Con dificultad se hallarán en la historia literaria ingenios 
más gemelos que los Argensolas. Juzgado el uno, queda el otro 
juzgado. La folla de los poetas andaluces ha cegado á los críti- 
cos para no apreciar en lo que valen á los dos poetas horacianos. 
Y cierto, si el ideal es el Horacio satírico de los Sermones, los 
Argensolas llevan la prima en la literatura castellana. No es 
que falte algo á los Argensolas de lo que puedan tener los poe- 
tas andaluces: á los Argensolas no les falta nada, y acaso á 
los andaluces les sobre. Ciertos atisbos de prosaísmo, que no 
se atreven á manifestar, parecen hallar algunos críticos en los 
Argensolas, por el hecho de no redundar las flores y escarceos 
de liviana fantasía. Serán, en todo caso, los atisbos de prosaís- 
mo que pudieran achacarse á Horacio, pero que nadie de hecho 
le achacará, como ni á los Argensolas. El fallo que caiga sobre 
Horacio ha de caer sobre ellos, cuanto al género satírico. No 
es probable escribiese en castellano más conforme á su vena 
Horacio de lo que los Argensolas escribieron. Como él, jamás 
se contentan de lo hecho, sino que aspiran á más, puesta la 
mira en la altísima idea que tienen del más esmerado y refinado 
gusto. Por eso jamás se arrestaron á publicar sus versos, que 



S. XVI, 1585. BARTOLOMÉ LEONARDO DE ARGENSOLA 253 

no creían merecedores de la estampa. Y sin embargo, hay en 
ellos una sinceridad, poco común en los imitadores renacentis- 
tas, un brío tal, cjue ningún otro puede comparárseles, una 
galanura en el rodear el período poético, una concisa propiedad 
en encajar el pensamiento y una soltura en el cortar el caste- 
llano inimitables. Son los primeros poetas satíricos a la manera 
clásica que tenemos en castellano. Pero no son puramente imi- 
tadores de Horacio. Cierto nervio aragonés parece robustecer 
por dentro el muelle abandono y afeminado esceptici'ímo que á 
Horacio distinguió, y por el cual se apartan de él y suenan á 
castizamente españoles los Argensolas. Hizo Lupercio varios 
dramas, teniendo alguna boga durante una temporada, hacia 
J581. Cervantes alabó la Filis, la Alexandra y la Isabela, de 
tono trágico y á la manera clásica, que "dieron más dineros 
á los representantes que treinta de las mejores que después acá 
se han hecho" ; pero la tragedia clásica era género muerto, de 
pura imitación, á la cual no se podía volver la vida. Rimas de 
Lupercio i del dotor Bartolomé Leonardo de Argensola, Zara- 
goza, 1634. 

12 6. Así lo comprendió, con su exquisito gusto Lupercio, y por 
aplaudidos que vio sus ensayos, dejóse del teatro y olvidó sus tres 
obras, que no quiso imprimir. Perdióse La Filis, y sólo se publicaron 
en el Parnaso español La Isabela y La Alexandra, que, como las de 
Virués, son un tejido de muertes, envenamientos y acaecimientos horri- 
pilantes. El terror trágico no hallaban otro medio mejor de moverle 
que con estos casos terribles; hay, sin embargo, en ellas los rasgos ver- 
daderos de poesía propios del gusto, pureza, ^elevación y elegancia de 
lenguaje y versificación propias de Lupercio. En este género, en que 
trabajaron La Cueva, Artieda, Virués y Cervantes, la Numanc'ia, del 
último, es la mejor obra. Estaba visto que con imitar la tragedia clá- 
sica no se iba á ninguna parte, y así Lope, inspirándose en lo nacional 
de La Cueva y Cervantes, llevó el drama por otro camino, fundando el 
teatro español. Lupercio había entregado al fuego, poco antes de morir, 
la mayor parte de sus obras poéticas: en ello no se pareció á Horacio, 
que dijo: non omnis moriar, contando vivir eternamente en sus versos. 
Recogió, años después, las obras qu>e pudo, su hijo don Gabriel Leo- 
nardo de Albión, y las imprimió juntas con las del doctor Bartolomé, 
su tío, en Zaragoza, 1634. La mayor parte de sus escritos históricos 
quedaron inéditos; á Pellicer debemos la publicación de algunos opúscu- 
los de ambos ilustres hermanos en su Biblioteca de Traductores: los de 
Lupercio son cartas latinas y castellanas. Alabáronle como poeta trá- 



254 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

gico, fuera de Cervantes, Lope, en carta al Duque de Sesa; Rojas Vi- 
Uandrando y Espinel. Las dos tragedias conservadas guardólas el ca- 
nónigo de Tarazona don Martín Miguel Navarro, elegante poeta cas- 
tellano y latino, grande amigo de los Argensolas: y de estos ejemplares 
sacó copias el doctor Francisco Andrés de Ustarroz. Hallábanse ade- 
más en otro códice más original y acaso autógrafo, que 'cn 1772 se con- 
servaba en el archivo del Colegio de Escolapios de Barbastro, dádiva 
del fundador de aquella casa, don Manuel Pilares Argensola y Cala- 
sanz, pariente de Lupercio. Por copias no muy fieles las publicó Se- 
daño en el t. VI del Parnaso Español (1772). Manejaba á la vez aquel 
códice de Barbastro don Tomás Sebastián y Late cuando escribía su 
Ensayo sobre el Teatro español, donde lo refiere, teniéndolo por origi- 
nal y con variantes de que da muestras. Ambas piezas van precedidas de 
prólogos, que recitan La Fama y La Tragedia. El códice de Barbastro 
contenía además algunas poesías líricas; no se sabe si se ha perdido. 
La Isabela se halla en un Códice de 1581, que comprende gran parte 
de las poesías de ambos Argensdlas (colección de Sancho Rayón, véase 
La Barrera, pág. 518). Este manuscrito corrige el error con que se 
había fijado la composición de las tragedias de Lupercio en 1585, pues 
el ms. dice: Año MDlxxxj. 

Descripción (mapa) del Reyno de Aragón, de la cual se aprovecha- 
ron Juan Bautista Labaña y el P. Pablo Albiñán de Rajas, S. /. De- 
claración sumaria de la Historia de Aragón para inteligencia de su 
mapa (de Juan Bautista Labaña), por Lup. L. de Argensola... lóop. 
Zaragoza, 1621, 1777: se contiene en las márgenes del gran Mapa "de 
Aragón de Joan Baptista Labaña... y se publicó completo y perfeccio- 
nado... por don Tomás Fermín de Lizana y Tornos, año 1777". Sobre 
este Mapa, véase un artículo de Antillón en el periódico Variedades de 
ciencias, literatura y artes, extractado por Gallardo, Bibliot., IV, 
col. 1338. Información de los sucesos de Aragón en los años 1590 y 
i^pi en que se advierten los yerros de algunos autores, Madrid, 1802, 
Obras en verso del Secretario Lup. León, de Arg... y de su hermano 
Bartolomé, ms. en Gallardo, t. IV, col. 1339. Otros ms. de versos, en 
Gallardo, t. III, cois. 386, 387. La lista de las obras de los dos hermanos, 
en Gallardo, t. III, cois. 384, en copia de un pliego de letra antigua, aca- 
so de puño del arcediano Dormer (Bibl. Acad. Hist., B, 108, índice de 
manuscritos, t. XXIV: "Obras postumas de los insignes Coronistas 
Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola... i.° Noticias de los es- 
tudios de estos dos Coronistas. 2.° Historia de varios sucesos de Ara- 
gón, el reinado del señor Emperador y Rey don Carlos (V), y de su 
hijo el señor Rey don Felipe. (Es de Bartolomé Leonardo, y entreteje 
en esta Relación con modo maravilloso para noticia y fundamento, así 
de naturales como de extranjeros, las principales partes de nuestros 
Fueros y privilegios.) 3.° Información de los sucesos del reino de Ara- 
gón en los años de 1590 y 1591, en que se advierten los yerros de al- 
gunos autores, y se trata también de todas las partes del gobierno del 



S. XVI, 1585. LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA 255 

reino. (Es de Lupercio Leonardo.) 4.° Diálogo entre Dédalo y Pólites. 
(Es la Historia de las cosas de Antonio Pérez. De Bartolomé Leonar- 
do.) 5.° Advertencias á la Segunda parte de la Historia del señor Rey- 
don Felipe n, qive escribió Luis Cabrera de Córdoba, su coronista, y 
por su mandado á instancias de este Reino no se imprimió. (Es sobre 
las cosas de Antonio Pérez, y son las Advertencias de Bartolomé Leo- 
nardo.) 6.° Memorial de Bartolomé Leonardo contra el Regente don 
Juan Francisco de Aponte, sobre un consejo que imprimió en su se- 
gundo tomo en perjuicio del reino de Aragón; el cual mandó el Con- 
sejo Colateral de Ñapóles que se quitase de sus obras. 7.° Memorial 
de Bartolomé Leonardo para que se prohibiese la Historia apologé- 
tica que se imprimió con nombre de don García de Góngora y Torre- 
blanca y otros escritos del mismo Bartolomé y del abad de San Juan 
de la Peña, don Juan Briz INíartinez, sobre esta Historia. S° Declara- 
ción sumaria de la Historia de Aragón para inteligencia de su mapa. 
(Es de Lupercio Leonardo.) 9.° Descripción del reino de Aragón, es- 
crita al mismo tiempo por el padre Paulo Albiniano de Rajas, de la 
Compañía de Jesús. 10. Dos cuadernos de Anales de antes de la venida 
de Cristo, de esta parte de Aragón, que entonces se llamaba Celtiberia. 
(Es de Lupercio Leonardo.) 11. Relación de la venida á Zaragoza de 
la Señora Reina de Hungría y de Bohemia ^1 año 1630, presentes el 
señor Rey don Felipe IV y sus dos hermanos don Fernando y don Car- 
los. (Es de Bartolomé Leonardo.) 12. Defensa de algunos reparos he- 
chos á los Anales de Jerónimo Zurita. (Es de Lupercio Leonardo.) 
13. Tratado del oficio de Coronista del reino de Aragón, escrito por 
Bartolomé Leonardo. 14. Dos oraciones en nuestro vulgar sobre la 
■crianza y ejercicios virtuosos de la juventud, particularmente de los 
Caballeros que han de aplicarse á la Historia. (Son de Lupercio Leo- 
nardo, didhas en unas Academias célebres que hubo en su tiempo en 
Zaragoza.) 15. Memorial de Lupercio Leonardo al reino de Aragón, 
sobre pasar á Ñapóles á tomar noticias de las cosas de Italia, como 
parte tan principal de esta corona. 16. Controversia de Lupercio y su 
hermano Bartolomé con el padre J. de Mariana sobre la naturaleza 
del poeta Prudencio; en diferentes cartas, en que hay mucha erudición 
antigua, ilustrada por estos tres gravísimos escritores. 17. Cartas de 
Lupercio Leonardo y del canónigo Bartolomé Lorente sobre puntos de 
Historia eclesiástica antigua de Aragón. 18. Breve tratado de las gran- 
des virtudes de Santa Isabel, reina de Portugal, é infanta de Aragón, 
y de su naturaleza en é!. (Es de Bartolomé Leonardo.) 19. Cartas de 
Justo Lipsio y de otros varones insignes á Lupercio y Bartolomé Leo- 
íiardo, y sus respuestas: todo sobre puntos de Historia. 20. Diálogo 
intitulado Deniócrito: Otro Menipo: Otro Mercurio. (Son ingeniosí- 
simos y gravísimos contra las costumbres, escritos por el canónigo 
Bartolomé Leonardo.) Entretéjense en estos varios escritos muchas y 
singulares noticias del reino de Aragón, que ha observado el arcediano 
Dormer para más explicación de ellos." Cervantes le akbó con su her- 



256 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

mano, en el Viaje (cap. VII), y en el Canto de Caltope: "Serán testigo 
desto dos hermanos, | dos luzeros, dos soles de poesía, | á quien el cielo 
con abiertas manos | dio quanto ingenio y arte dar podía. | Edad tem- 
prana, pensamientos canos, | mundano trato, humilde fantasía, | la- 
bran eterna y digna laureola | á Lupercio Leonardo de Argensola," 
Lupercio Leonardo de Argensola, Poesías, Bibl. de Aut. Esp., 
í. XLII; Obras sueltas, ed. Conde de la Vinaza, Madrid, 1889, 2 vols. 
[esta ed. contiene la Isabela y la Alejandra, ya impresas por J. J. Ló- 
pez de Sedaño en Parnaso Español, Madrid, 1772, t. VI, y la primera, 
en el Tesoro del Teatro español, t. I, París, 1838] ; Algunas obras 
satíricas, ed. Conde de la Vinaza, Zaragoza, 1887. Consúltense: L. Me- 
dina^ Dos sonetos atribuidos á L. L. de A., en Revue Hispanique (1898), 
t. VI, págs. 314-329; C. Pérez Pastor, Bibliografía Madrileña, par- 
te III, págs. 410-412; Juan Antonio Pellicer, Ensayo de una Bibliot- 
áe Traductores españoles, Madrid, 1778; E. Melé y A. Bonilla, El 
Cancionero de Mathias Duque de Estrada, págs. 3, 12, 18, 19; Espinosa, 
Flores, passim. 

127. Año 158^. Bartolomé Leonardo de Argensola 
(1562-1631) nació en Barbastro, fué hermano menor de Luper- 
cio Leonardo de Argensola^ cronista de Aragón (161 3), des- 
pués de él, rector de Villahermosa y capellán de la emperatriz 
D.^ Ana de Austria. Gran historiador; pero mejor poeta toda- 
vía, de los mayores de España, que en la fineza de gusto y len- 
guaje ninguno le aventaja. Publicó' primero la Conquista de las 
islas Malucas, Madrid, 1609, en prosa castiza y esmeradísima. 
Escribióla á petición del Conde de Lemos el cual le llevó consigo 
á Ñapóles, cuando fué de Virrey, queriendo rodearse de una 
corte de poetas y literatos. En no menos elegante estilo publicó 
la Primera parte de los anales de Aragón^ que prosigue los del 
Secretario Gerónimo Ciirita, desde el año de MDXVI. del na- 
cimiento de Nuestro Redentor, hasta 1520, Zaragoza, 1630. 
Alteraciones popidares de Zaragoza el año 1591, tratado que 
entregó á los Diputados en 1623. Dejó manuscritos otros Co- 
mentarios para la Historia de Aragón desde 161 5 hasta 1627 
(Latasa). Una Carta en Respuesta a la d'c D. Juan Bris Mar- 
tínez Abad de S. Juan de la Peña de algunos desengaños para 
una nueva Historia del Reyno de Navarra. Vida y martirio 
de S. Demetrio escrita por Simeón Metafrastes en Latin y tra- 
ducida por mandado de la Emperatriz Dña. María de Austria. 
Discurso sobre las calidades que ha de tener un perfecto Coro- 
nista (ms. Gallardo, t. IV, col. 1339). 



S. XVI, 1585. LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA 257 

128. Ustarroz. Elogios de los cronistas del reino de Aragón... 
(ms. original inédito) : "Vivió muy lejos del ánimo del canónigo Leo- 
nardo imprimir sus obras, porque le parecía que, andando retiradas, 
sería mayor su aprecio y que por la imprenta se harían comunes. Con 
todo eso, no fué tan severo como su hermano Lupercio, que entregó 
muchos de sus números á las llamas, sólo por persuadirse que no que- 
daban en la perfección que él quisiera... Estuvo (Bartolomé) algún 
tiempo sin escribir versos, porque su intención no era publicarlos... 
Y viéndole tan olvidado deste empleo don Manuel Estevan de Vi- 
llegas, autor de las Eróticas ó Amatorias, le escribió una Epístola, 
jque no anda impresa (véase len Gallardo, Bibliot., t. III, col. 379, de 
donde estos apuntes tomo)... El cardenal de la Cueva..., siendo em- 
bajador en Venecia, quiso imprimir las Rimas: y lo mismo intentó el 
Marqués de Bedmar; y su gran modestia lo estorbó; y dice en carta 
escrita al licenciado Martín Miguel Navarro, estando en Roma, su 
data 25 de Setiembre de 1627, que no estaba arrepentido de haberlo 
estorvado en Italia y en España. El Conde de Humanes, eruditísimo 
Caballero, valiéndose de su amistad y de su elocuencia, con repetidas 
instancias le persuadió que sacase á luz sus Rimas... El Duque de 
Alva, cuando pasó por Zaragoza el año 1630, anheló por las Obras 
Poéticas: y aun el Señor Infante Cardenal don Francisco de Calata- 
3'ud, secretario de la Reina de Hungría, natural de Sevilla y aventajado 
Poeta se las pidió para imprimirlas en Flandes á la vuelta de su 
jornada. En esta ocasión se hizo gran batería, y ya estuvo determinado 
de imprimirlas. El Señor Infante Cardenal le dijo que había venido 
á Zaragoza por visitar el santuario de N." S." del Pilar, y por cono- 
cerle, y mostró deseo de que le dedicase sus Rimas; y así estuvo muy 
cerca de consentir que saliesen á luz, y desde entonces puso algún 
cuidado. Pero los achaques de la gota le embarazaron estos deseos^ y 
con su muerte perdieron el lucimiento que les diera su autor vivien- 
do ; porque si bien su sobrino, don Gabriel Leonardo de Albión, puso 
algún cuidado, salieron defectuosas en la cantidad, y poco ajustadas 
á los originales, y esta queja la publicó quien más noticia tuvo dellas, 
que fué Martín Miguel Navarro, por liaberlas ilustrado con sus A'"o- 
tas: y todos los que han tenido alguna curiosidad de juntarlas, repiten 
la misma queja... le afligía harto continuamente la gota, dándole po- 
cas treguas este penoso achaque. Al fin, fuese agravando; y después 
de haber recibido los Sacramentos, entregó plácidamente el espíritu á 
su Criador, un día antes de las nonas de Febrero. Sepultáronle en la 
capilla de San Martín, entierro de los canónigos de la Santa Iglesia 
Metropolitana de Zaragoza. Dejó en su testamento heredero de los 
libros curiosos que trujo de Italia á Martín Lamberto Iñiguez, ciuda- 
dano de Zaragoza, singular amigo suyo, como se manifiesta en sus 
Rimas,, el cual le dio cerrado á los 16 de Agosto año 1616; que tan 
de antemano meditó los momentos de la muerte... Su estatura fué 
mediana; el rostro, lleno y abultado, y la tez, blanca; los ojos, peque- 

17 



2 58 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

ños; la frente, aucha; la nariz, en buena proporción; la cabeza, calva 
sin fealdad... Escribió en ellos (en los Anal, de Arag.) cinco años de la 
vida del emperador Carlos V, con suma elegancia y singular destreza, 
mostrando la profundidad y subtileza de su ingenio en la censura de 
los Autores que reprueba, mostrándoles con fundamentos infalibles el 
camino de la verdad... Después de su fallecimiento, don Miguel Leonar- 
do de Albión, su sobrino, año 1634, sacó á luz sus Rimas y las dedicó á 
S. M. Pudiera haber juntado muchas que andaban impresas en diferen- 
tes volúmenes y otras que estaban .en Librerías de personas beneméritas 
del aplauso de las Musas; pero debió de olvidarlas, porque las juzgó 
á los ojos de los curiosos; y las demás, por otras causas que no pudi- 
mos entender... Año 1625 entregó á los Diputados un tratado con esta 
inscripción: Alteraciones populares de Zaragoza el año 1595. Dividió 
este asunto en dos partes... A mi parecer, entre sus escritos, tiene éste 
eminente lugar: cuyo original tiene el Reino en el Archivo de la Di- 
putación. Supone en sus Rimas Bartolomé Leonardo que empezó un 
Poema, y dalo á entender en Carta escrita á don Fernando de Soria 
Galvarro, y singularmente en estos versos : "No ha mucho que lo hur- 
"tó para el decoro ] de algún poema, y 'hecho el aparato, ¡ me asenté 
"sobre el arca del tesoro..." No sabemos si cumplió esta promesa... 
Pero él era tan poco apreciador de sus obras, que se puede haber per- 
dido, como habrá sucedido á muchos: achaque de los Ingenios de pri- 
mera clase el amor propio á sus escritos, y así puede excusarse su 
desatención, pero no puede dejarse de llorar la pérdida. Tuvo Bartolo- 
mé Leonardo mucha agudeza en las Sátiras, y tuvo grande inclinación 
á ellas... De las Sátiras que hay impresas, se conoce la gallardía de su es. 
píritu; pero más se conociera de una (Sátira) que escribió en Salamanca, 
que empieza: "¡Déjame en paz, oh bella Citerea." Cifra en este poema 
ingeniosísimo una reprehensión general de los vicios, y puede competir 
con las Sátiras que escribieron Juvenal, Persio y Horacio. El que tu- 
viere dicha de leerla, conocerá que no se excede con las alabanzas, 
sino que son muy debidas á su ingeniosidad y elegancia. Tradujo el 
Diálogo de Mercurio y la Virtud, de Luciano. Otro Diálogo de Menipo 
litigante, no es traducción del que anda en las obras de Luciano. Otro 
Diálogo intitulado Demócrito es ingeniosísimo ; puede pasar por de 
Luciano. Es el asunto de mucha moralidad por aquella risa misteriosa 
de aquel gran Filósofo. Escribió otro que le llama Dédalo, inventiva 
suya, en que cifró los sucesos del secretario Antonio Pérez." Libro de 
las Poesías del Dotor Bartolomé León. Arg. (ms. en Gallardo, Bibl., 
t. III, col. 386). Libro de varias Poesías del Dr. Bart. L. Arg. (ibidem). 
Obras de los dos insignes hermanos Aragoneses... (ms. ibid., col. 387). 
La lista de las obras de los dos hermanos, en Gallardo, t. III, 
col. 384. 

M. Pelayo, Id. estét., t. II, vol. II, pág. 400: "Lo que en castellano 
se parece más á la Poética de Boileau son dos epístolas de Bartolomé 
Leonardo de Argensola, legislador severísimo de la escuela aragonesa, 



S. XVI, 1585. BARTOLOMÉ LEONARDO DE ARGENSOLA 259 

distinguida entre todas las escuelas peninsulares, por la madurez y re- 
poso del juicio, mucho más que por la brillantez ni por la lozanía. Son 
las dos que principian: "Yo quiero, mi Fernando, obedecerte... \ ...Don 
'"Juan, ya se me ha puesto en el ccrbelo...'" El Rector de Villaiher- 
niosa es un imitador convicto y confeso del Horacio de las sátiras y 
de las epístolas ; pero dentro de esta imitación, ¡ con qué libertad se 
mueve! En este punto es muy superior á Boileau. Aconseja dejar co- 
rrer el ingenio por la docta antigüedad; pero una vez robustecido con 
este tuétano de león quiere que muestre sus fuerzas propias, soltando 
á la furia de los vientos "Pomposa vela en golfo tan remoto, ' Que no 
"descubra sino mar y cielo: | No navegante ya, sino piloto... I Y si 
"algún Aristarco nos acusa, | Sepa que los preceptos mal guardados \ 
'"Cantarán alabanzas á mi Musa: j Que si sube más que ellos ciertos 
'•grados, ¡ Por obra de una fuga generosa, ¡ Contentos quedarán y no 
."agraviados." La falsa imitación clásica, los centones de versos latinos, 
provocan su indignación y le inspiran versos admirables de los que 
hacía Horacio, de los que Boileau, con toda su corrección, no hacía: 
"Con mármoks de nobles inscripciones | Teatro un tiempo y aras, en 
"Sagunto, ¡ Fabrican hoy tabernas y mesones... [ Nuestra patria no 
"•quiere, ni yo quiero, | Abortar un poema colectivo ] De lenguaje y 
"espíritu extranjero... ' Porque mi musa fiel, como española, ' A ve- 
"nerar nuestras banderas viene, ! Donde la religión las enarbola, j Que 
"en los silvosos montes de Pirene, | En ningún tiempo infieles ni pro- 
"fanos, I Las espadas católicas previene, | Para que las reciban de sus 
"manos | Los héroes que escogió por lidiadores | Contra los escuadrones 
"africanos..." Esta inspiración religiosa y patriótica, esta noble bi- 
zarría se junta en Bartolomé Leonardo con el más sumiso respeto á 
cuanto procede de la antigüedad, incluso su teatro: "Yo aquellas seis 
"ficciones reverencio, ¡ (; Cómo que reverencio? Yo idolatro), | Que 
"en sus cinco actos desplegó Terencio." Su arte predilecto es el arte 
latino: no el italiano. Aborrece de muerte la sutileza y el metafisiqueo 
de los petrarquistas, aun profesando veneración al maestro, sin duda 
por lo que tuvo de humanista. Enójale todo uso frivolo y baladí de la 
poesía: no la concibe más que como matrona celtibérica, armada de 
hierro y con la ley moral en los labios. "No el bizarro neblí tras los go- 
''rriones, | Vulgo volátil, cala ni desciende, I Terror de fugitivos es- 
"cuadrones: \ Que allá, vecino al sol, sus alas tiende, | Y á vista 
"de las más soberbias aves, | Feliz pirata, altivas garzas prende." 
Lope (Aprobación al Garcilaso, Madrid, 1622) : "La grandeza de Lu- 
percio y Bartolomé Leonardo." Cervantes le alalx) en el Viaje y en el 
Canto de Calíopc: "Con sancta embidia y competencia sancta | parece 
qu'el menor hermano aspira | á ygualar al mayor, pues se adelanta | y 
sube do no llega humana mira. | Por esto escribe y mil sucessos canta | 
con tan suave y acordada lira, [ que este Bartholomé menor meresce | 
lo que al mayor, Lupercio, se le oftresce." 

Bartolomé Leonardo de Argensola, Poesías^ Bibl. de Aut. Esp., 



200 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

t. XLII; Obras sueltas, ed. Conde de la Vinaza, Aíadrid, 1889, 2 vols. ; 
Algunas obras satíricas, ed. Conde de la Vinaza, Zaragoza, 1887; Con- 
quista de las Islas Malucas, ed. [con interesante prefacio] Miguel Mir, 
en Biblioteca de Escritores Aragoneses, t. VI, Zaragoza, 1891 ; C. Pérez 
Pastor, Bibliografía Madrileña^ parte III, págs. 409-410; parte II, pá- 
gina 162, 

129. Año 1585. Agustín Alonso, salmantino, publicó Historia de 
las Hazañas de... Bernardo del Carpió... en octavas, Toledo, 1585, 
(Bibl. Nac). — Antonio Alvarez, médico^ publicó Epistolarum et Con- 
siliorum Medicinalium, Ñapóles, 1585. — Andrés de Ángulo, cordobés, 
publicó Ad Legcs Regias Meliorationum, Madrid 1585, 1592. — El doc- 
tor Domingo de Becerra, sacerdote sevillano, cautivo en Argel y res- 
catado cuando Cervantes, publicó El Tratado de Costumbres ó Galatheo 
de Monseñor de la Casa, Venecia, 1585, traducción del Galatheo de 
Giovanni della Casa. Alabóle Cervantes en el Canto de Calíope, llamán- 
dole doctor. Consúltense : Navarrete, Vida de Cervantes, 1819, pági- 
nas 385-386; Fitzmaurice-Kelly^ Cervantes, Oxford, 1913, págs. 32-44. 
— Juan Baptista de Bivar ihizo poesías, de las cuales quedan restos 
en el libro de la Magdalena, de Chaide (1596). Alabáronle Lope en La 
Dorotea (4, 2), como "monstruo de naturaleza en dezir versos de im- 
proviso, con admirable impulso de las Musas''; y Cervantes en el Can- 
to de Calíope (1585) : "Agora, hermanas bellas, de improviso | Bap- 
tista de Bivar quiere alabaros | con tanta discreción, gala y aviso, | 
que podays, siendo musas, admiraros. | No cantará desdenes de Nar- 
ciso, I que á Eco solitaria cuestan caros, j sino cuydados suyos, que 
han nascido [ entre alegre esperanza y triste olvido." — El doctor Fran- 
cisco de Campuzano, ingenio de las riberas del Jarama, médico del 
Rey, hizo versos, algunos de los cuales se hallan en el Jardín espiri- 
tual, de Pedro de Padilla (1585) ; en el Cancionero, de López Maldona- 
do (1586) ; en El Pastor de Philida, de Gálvez (1582). Lope, en la Do- 
rotea (4, 2), le tiene por de los "grandes poetas de esta edad"; y 
Cervantes, en el Canto de Calíope (1585), dice: "Es del doctor fa- 
moso Campuqano, | á quien podéis llamar segundo Febo. | El alto 
ingenio suyo, el sobrehumano ¡ discurso nos descubre un mundo nue- 
vo I de tan mejores Indias y excelencias, | quanto mejor qu'el oro 
son las sciencias." Según Juan Antonio Mayans, que habla de él en 
el Prólogo al Pastor de Philida (iyg2), lleva alli el nombre de Campiano. 
— Fernando de Cangas (n. 1540?) fué poeta muy citado por He- 
rrera en sus Anotaciones á Garcilaso; y por Cervantes, en el Canto 
de Calíope (1585) : "por quien vive y se sustenta | la sciencia en quien 
al sacro lauro aspira..." — Gonzalo Cervantes Saavedra, cordobés, hijo 
de Alejo de Cervantes y hermano de Alonso de Cervantes Sotomayor, 
fué poeta alabado por Cervantes en el Canto de Calíope (1585) : "Ciña 
el verde laurel, la verde yedra, | y aun la robusta enzina, aquella fren- 
te I de Gonzalo Cervantes Saavedra, ' pues la deven ceñir tan justa- 



S. XV'I, 1585. EL MAESTRO GARAV 26 1 

mente. ! Por él la sciencia más de Apolo medra; [ en él Marte nos 
muestra el brío ardiente \ de su furor, con tal razón medido, | que por 
él es amado y es temido." Hay versos suyos en El Perfecto regidor, de 
Castilla (1586). Véase R. Ramírez de Arellano, Juan Rufo, págs. 55, 
281, 282 y 283. Véase en el año 1580 un don Gonzalo de Saavedra y 
Torreblanca, autor de Los Pastores del Betis, que acaso sea el mismo. 
— Confesonario para los curas de indios... en las lenguas Quichua y 
Ayunará, Lima, 1585. — En 1585 se escribió la comedia El Tirano Cor- 
banto (ms. de la bibl. del Duque de Osuna). — El maestro Juan de Cór- 
doba, arcipreste de Buitrago, al servicio del cardenal Quiroga (Pérez 
Pastor, Bibl. Madr.^ III, 365), fué poeta, del cual hay una elegantísi- 
ma poesía latina al frente del Tractado Eleemosynae, de Al. Iñigo de 
Valdés (1588) ; otra, también latina, en Diversas Rimas, de Vic. Espi- 
nel (1591). Aprobó el Arte de Gramática latina, de fray D. de Carvajal 
(1582), y le mencionan Cervantes en el Canto de Calíope: "Aquel in- 
genio que al mayor humano ¡ se dexa atrás y aspira al que es divino, | 
y dexando á una parte el castellano | sigue el heroyco verso del latino; | 
el nuevo Omero, el nuevo mantuano, | es el maestro Córdova, que es 
digno ! de celebrarse en la dichosa España ] y en quanto el sol alumbra 
y el mar baña" ; Lope, acaso discípulo suyo, en el Laurel (s. 4) y en 
El Peregrino (1. 4, fol. 179, 1605) ; y Julio Columbario en la Expostu- 
latió spongiae (1618). — El licenciado Luys de la Cruz, natural de To- 
ledo, publicó la Historia del glorioso mártir S. Vicente, en octava Rima, 
Toledo, 1585. — Entre 1585 y 1597 escribió Cristóbal de Chaves, abo- 
gado de la Audiencia de Sevilla, su Relación de la cárcel de Sezñlla en 
sus dos primeras partes; la tercera es acaso de Cervantes, en 1597. 
Véase en Gallardo, Bibl., t. I, col. 1341, copiada del códice colombino. 
En La Cárcel de Sevilla, impresa en la Séptima pte. de las comedias 
de Lope, Madrid, 1617, aparece el mismo paisano de la Relación. En 
1627 Martín Pérez publicó en Madrid otra Relación verdadera, que 
trata de todos los sucesos y tratos de la Cárcel Real de la ciudad de 
Sevilla, Madrid. — El secretario Baltasar de Escobar, amigo de He- 
rrera, Baraliona y Virués, estudiaba Leyes en Sevilla hacia el 1570; 
pasó á Italia, donde estaba cuando Cervantes le dedicó una octava 
del Canto de Calíope (1585), llamándole "fértil ingenio". Hay un soneto 
suyo en Las Navas de Tolosa, de Mesa (1594) ; una carta crítico- 
apologética de El Monserrate, de Virués, fechada en Roma, 1589, é in- 
cluida en la edic. de 1609 de este poema. Mayans (Cartas morales..., 
t. I, 1756, pág. 107) sospecha que el autor de la carta sea el mismo 
Virués. Véanse Flores, de Espinosa, I, núms. 19, 68 y 169; Rodríguez 
Marín, Luis Barahona, 1903, pág. 78...; C. Pérez Pastor, Bibliogr. 
Madr.^ III, 207... Hay un soneto de Escobar en el ms. 3.795 (fol. 78) 
de la Bibl. Nac, y en Excelcntias de S. María Madalena..., Roma, 1591 
(Salva, Cat., I, 116). Su retrato, en F.^o Pacheco, Libro de Retratos. 
— Diego Fernández Franco publicó Práctica menor de la Gramma- 
tica, Alcalá, 1585. — El maestro Garay fué poeta, del cual hay un so- 



202 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

neto al frente de Los Lusiadas (trad. de 1580) ; otras poesías en eíl 
t XLII de Autor. Españ., sacadas de un códice por José María de 
Álava; otras con las de Salinas y Alcázar, en el ms. del siglo xvii, 
t. IV, de A. Fernández Guerra, hoy de don Luis Valdés y A'Iberti, 
y en El Cancionero de Mathias Duque de Estrada {Rev. Arcliiv., 1902, 
y Poesías ant. cast., en Ateneo^ 1907, Enero). Mencíónanle Cervantes 
en el Canto de Calíope; "Del maestro Garay las dulces obras 1 me 
incitan sobre todos á alabarle..."; Lope, en la Arcadia (1. 5): "lau- 
reado y divino ingenio", en !a Dorotea (4, 2), en El Jardín de Lope 
{Filomena, 1621, fol. 154): "Garay, en tantas letras eminente"; en la 
Relación de S. Isidro (1622), y en el Laurel (i, 4) : "En el doctor Ga- 
ray hallarás luego | oposiciones all latino y griego..."; y Espinel, en 
La Casa de la Memoria. — Gaspar García de Alarcón^ natural de Cuen- 
ca, publicó La Victoriosa conquista que don Alvaro Bacán Marqués de 
sancta Cru:^, General de la armada y exército de su Mag. hizo en las 
Islas de los Acores el año de 158J, Valencia, 1585. — Fray Juan Gon- 
zález DE Mendoza, agustino toledano, publicó Historia de las cosas 
más notables, ritos y costumbres del gran Reyno de la China, Roma, 
1585 (dos edic.) ; Valencia. 1585; Venecia, 1585 (ital., dudosa); Roma, 
1586; Madrid, 1586; Barcelona, 1586; Roma, 1586 (seis edic. en ital.); 
Venecia, 1586 (ital.); Genova, 1586 (ital.); Venecia. 1587 (ital.); Za- 
ragoza, 1587; Madrid, 1587; Medina, 1595, y otras muchas, en Juan 
M. Sánchez. — Fray Juan de Granada (t 1592), dominico de Calatayud, 
publicó Parabolae Evangelicae^ Zaragoza, 1585. Altera pars, ibid., 1587. 
Discurso sobre el Psalmo Miserere, ibid., 1594. Afectos de Jesucristo, 
obra traducida después al italiano, Venecia, 1645. Sermones y discursos. 
— Alonso Guajardo Faxardo, caballero cordobés, publicó Proverbios 
morales, Córdoba, 1585, 1587; París, 1614, con la Dolcrio; 1614, con los 
Refranes, de C. Oudin ; Sevilla, 1888. Están en buenos versos. — Antonio 
DE Guevara, prior de San Miguel de Escalada, publicó In P salmos, Ma- 
drid, 1585. In Habacuc. In primum caput Céneseos. De vulgata Latinae 
lectionis auctoritate. — Fray Cosme Damián Hortola, Jerónimo de Per- 
piñán, publicó In Cántica Cauti-corum, Venecia, 1585. — Fray Pedro de 
HuETE, procurador de la Orden de San Jerónimo en Madrid, hizo poe- 
sías, de las que pueden verse algunos sonetos en Todas las obras... de 
Aldana (1593) y en los Versos espirituales, de fray Pedro de Enzinas 
(1596). Alabóle Cervantes en el Canto de Calíope (1585): "su divina 
musa, heroyca y sancta..." — Juan López de Tudela publicó De Medica 
materia ad Tyrones, Pamplona, 1585; Sevilla, 1589. — Pedro López Hen- 
ríquez de Calatayud, natural y corregidor de Valladolíd, tradujo en 
verso el poema italiano de Lodovico Dolce, Del Nacimiento y primeras 
empresas del Conde Orlando^ Valladolíd, 1585, 1594. — Gonzalo Marín 
PoNCE de León, sevillano y archidiácono de Talavera, publicó Rcspon- 
sio ad Librum Leonharti Waramundi Haerctici Calviniani, Roma, 1585. 
Phisiologus S. Epiphanii, 1587. Theophanis... opera^ Roma, 1590. Ser- 
me S. Epiphanii in festo Palmarum, 1592. — Gonzalo Mateo de Berrio, 



S. XVI, 1585. JUAN DE SALZEDO VTLLANDRANDO 263 

granadino, que murió antes de 1609 (Rodr. Marin, Pedro Espinosa, 
pág. 397), "jurisconsujlto (Bermúdez de Pedraza, Antigüedades... de 
Granada, 1608, fol, 131), cuya pluma no es menos delgada para escri- 
bir versos que derechos", fué el que inventó las comedias de moros 
y cristianos, según A. de Rojas (Viaje, 1603), y liay versos suyos en 
El Peregrino indiano^ de Saavedra (1599) ; en la Milicia, de Vargas 
Machuca (1599), y en Flores, de Espinosa (edic. Sevilla, 1896, pági- 
nas 172 y 249). Alabáronle Mesa, Lope, Espinel, Suárez de Figueroa 
y Cervantes en el Canto de Calíope (1585). — ^Juan de Mestanza de Ri- 
bera, andaluz (?), era fiscal en Guatemala, y alabóle Cervantes en el 
Viaje (cap. VII) y en el Canto de Calíope. Un soneto suyo hay en 
la Navegación del alma, de Eugenio Salazar. Véase M. Pelayo^ Hist. 
poes. hisp.-amer., I, 178. — íPedro Montesdoca, poeta sevillano^ es co- 
nocido por un soneto en Diversas rimas, de Espinel!; (1591) y por ala- 
barle éste en La Casa de la Memoria; Cervantes, en el Canto de Ca- 
líope (1585) y en el Viaje (cap. IV), y Diego Mexía en el Parnaso 
antartico (1608). — Pedro de Navarra, toledano, publicó De ahlatorum 
restitntione, Toledo^ IS^S» 2 vols. ; Lyon, 1594; Toledo, 1597. — Pedro 
Ambrosio de Onderiz publicó La Perspectiva y Espccidativa de Eucli- 
des, Madrid, 1585. Uso de los globos, 1592. — Alonso Picado, general, 
secretario del marqués don Francisco Pizarro, alabado por Cervantes 
en el Canto de Calíope (1585), citado en la Ovandina, de Pedro Me- 
xía de Ovando, de quien don Antonio Graíño posee un ms. inédito, 
es conocido por un soneto en El Marañan, de Diego de Aguilar (1578). 
Véanse: J. T. Medina, La Imprenta en Lima (1904, I, 241) ; M. Pelayo, 
Hist. poes. hisp.-amer., II, pág. 141. — Felipe Pónce, vecino de Valen- 
cia, publicó la Historia y milagros de Sancta Catarina Mártir, Valen- 
cia, 1585. — El LICENCIADO Jerónimo Quiñones de Vaca^ abogado de 
Valladolid, alabado por Cervantes en el Canto de Calíope, es conocido 
por los versos suyos que hay en el Lucero de la Tierra Santa^ de 
P. Escobar (1587), y en El Nacimiento... del conde Orlando, de P. Ló- 
pez Enríquez (1594). — Relación del viaje hecho por Felipe H en 1585 
á Zaragoza, Barcelona y Valencia, Madrid 1876. — ^Andrés del Río 
R1AÑ0, de Langreo, publicó Hidrografía en que se enseña la Navega- 
ción por altura y derrota y la graduación de los Puertos, Sevilla, 1585, 
Tratado de un instrumento por el qual se conocerá la Nordestación... 
oe la Ahuja de marear (sin a. ni 1.). — Fray Pedro Royuela (t 1603), 
carmelita de Villobela, publicó Compendium antiquitatis, gratiarum ct 
indulgentiarum Ordinis Carmelitani, Madrid, 1585; Toledo, 1588; Ma- 
drid, 1590; Zaragoza, 1596. Breve Sum^na de la, antigüedad de la 
Orden de la Virgen del Monte Carmelo, Madrid, 1590. De laudibus 
Deiparae, poema en verso, Zaragoza, 1596. — El capitán Juan de Sal- 
ZFDO Villandrando fué poeta^ de cuyos versos quedan muestras en 
la Primera parte de lia Miscelánea, de D'Avalos (1602) ; en la Concep- 
ción, de Olivares (1631), Alabáronle Cervantes en el Canto de Calíope 
(1585): "llega su divino entendimiento | al punto más subido, agudo y 



264 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

raro..." é Hipólito Olivares (1631). — Fray Antonio de Santo Romano 
publicó Mesa franca de espirituales manjares, Sevilla, 1585, — ^Juan 
Segura Dávalos, de Ubeda, publicó Dircctorium Judicum Ecclesias- 
ticifori, Madrid, 1585; Veiiecia, 1596. — Francisco de Terrazas, meji- 
cano, hijo de uno de los conquistadores, hizo poesías, de las cuales tres 
sonetos hay en Gallardo (I, looi), y un poema. Nuevo Mundo y Con- 
qtiista, del cual quedan trozos, que copia Baltasar Dorantes de Carranza 
en su Sumaria relaciórfde las cosas de la Nueva España, México, 1902 
(escrito en 1604). Véanse García Icazbalceta, Literatura mexicana: 
Fr.'^° de Terracas..., en Memor. de la Acad. Mexicana, t. II pá- 
gina 357; M. Pelayo, Hist. poes. hispano-amer., 191 1, t. pág. 38. 
Cervantes le alabó en el Canto de Calíope (1585). — ^Juan Torrellas 
publicó Syntaxis, Lyon, 1585. Con el mismo nombre de autor salieron 
las Ordinaciones del regimiento de... Huesca Huesca, 1587. — Diego 
VÁZQUEZ DE CoNTRERAS^ tolcdano, vcrtíó en prosa Orlando el furioso, 
Madrid, 1585. — Marco Antonio de la Vega escribió poesías y sólo se 
conoce un soneto suyo en el Romancero historiado^ de L. Rodríguez 
(1585). Alábanile Cervantes en el Canto de Calíope (1585): "La sabia 
fíente del laurel honroso [ adornada veréys de aquel que ha sido \ en 
todas sciencias y artes tan famoso...''; y Lope en el Laurel (s. IV): 
"ilustre en verso y erudito en prosa", en La Dorotea (4, 2), en carta de 
las Obras, de Francisco de Figueroa (Lisboa, 1625); en La Relación... 
de S. Isidro (1622), y en El Jardín {Filomena, 1621, fol. 154). — ^EI 
PADRE Manuel de Vega (t 1640), jesuíta de Coimbra, publicó Asser- 
tiones Theologicae de Eucharistiae A. Sacramento, Vilnae, 1595. De 
Missae Sacrificio, ibid., 1586. De cultu Imaginum^ ibidem. De vita 
Lutheri, Calvíni et Besae^ ibid. Quaestiones de libértate Dei et Homi- 
nis, Roma, 1639. — Andrés Velázquez, médico de Arcos de la Frontera, 
publicó De la Melancolía, Sevilla, 1585. — Don Fernando Vellosillo, 
üe Aillón, publicó Advertentiac Theologicae Scholasticae in B. Chry- 
sostomum et quatuor Doctores Ecclesiae, Alcalá, 1585. — El licenciado 
Cristóbal de Villarroel nos dejó versos en Los Sonetos y canciones 
de Petr archa, de Enrique Garcés (1591), y en Flores, de Espinosa. 
Dirigióle D. Collantes su obra C ommentariorum (1606) ; y Cervantes 
le alabó en el Canto de Calíope (1585) : "Su ingenio admire, su valof 
assombre..." — El doctor Alonso de Zorita, andaluz, escribió su Re- 
lación de la Nueva España (dedicat., 1585), Madrid, 1909, Vict. Suárez, 

130. 'Año i'jSó. El M. Vicente Martínez Espinel (1550- 
1624)^ nació en Ronda; su padre, Francisco Gómez, oriundo 
de las Asturias de Santillana; su madre, Juana Martín, de fa- 
milia de conquistadores. Estudió en Ronda, con el bachiller 
Juan Cansino, gramática y música; en Salamanca, artes (1570- 
1572), mientras daba lecciones de música para ir tirando, ya 
que su padre había perdido en negocios desafortunados la ha- 



S. XVr, 1586. EL M. VICENTE MARTÍNEZ ESPINEL 263 

cienda que había tenido. Cerrada la Universidad (1572) por 
los disturbios de estudiantes con ocasión del proceso de fray- 
Luis de León, volvió á la apostólica, de veintidós años, á su 
tierra, por iMadrid y Toledo, recibiendo en Ciudad Real los 
socorros de la monja doña Ana Carrillo; y sus tíos le hicieron 
capellán de la capellanía que habían fundado (1572), por con- 
sejo del trinitario fray Rodrigo de Arce, á quien en sus Rimas 
le dirigió una canción. Con sus recomendaciones tomó á Sala- 
manca, donde estuvo dos años, haciéndosxí amigo, merced á su 
gracia de músico y poeta, de Pedro de Padilla, Luis Gálvez de 
Montalvo, Luis de Vargas Manrique, los Argensolas, Pedro 
Liñán de Riaza, Pedro Laínez, Marco Antonio de la Vega, 
Garay y Luis de Góngora, recién llegado de Córdoba; tuvO' en- 
trada desde entonces con los más encumbrados señores, con 
el Marqués de Tarifa, los Albas y Girones; y frecuentó la casa 
de doña Agustina de Torres, donde, según López Maldonado 
en la Elegía de su muerte^ se juntaban los más famosos músi- 
cos, el gran Matute, el celebrado Lara, el divino Julio, Castilla 
y otros. De alférez iba á ir con Menéndez de Aviles en la flota 
formada en Santander el 1574; aunque la peste la deshizo en 
el puerto mismo, acabando con muchos de los soldados, y hasta 
con el caudillo Pero Méndez de Aviles, el famoso adelantado 
de la Florida. Espinel, convaleciente de fiebres malignas, tomó 
la vuelta de Laredo, Bilbao y Vitoria, donde le agasajó su ami- 
go don Felipe de Lezcano ; de allí fué por Navarra, donde vi- 
sitó al condestable de la casa de Alba; á Zaragoza, donde con 
los Argensolas estuvo bastante tiempo, y pasando por la Rioja 
y Burgos, vino á parar en Valladolid de escudero del conde 
de Lemos, don Pedro de Castro. Cuatro años pasó en su casa 
(1574-1577); pero como el de Lemos acompañase á África al 
rey don Sebastián, sie fué "á Madrid», y siguiendo la variedad 
de mi condición, dice, y la opinión de todo^, fuíme á Sevi- 
lla (1578), con intención de pasar á Italia,, ya que no pudiese 
llegar á tiempo de embarcarme para África". No habiendo lle- 
gado, efectivamente, quedóse en Sevilla un año de verdaderos 
desastres muchachiles, arrastrando su musa por el lodo de la 
obscenidad y del sarcasmo, disipando su vivo ingenio y habili- 
dades musicales en los lupanares y figones, echándola de va- 
lentón, pendenci'ero y acuchilladizo^ aleando más de lo que le 



266 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

estaba bien y aun tanto que el marqués de la Algaba, don Luis 
de Guzmán, que le amparaba, le abandonó, y se acogió á sagra- 
do, huyendo de la justicia. El Marqués de Denia le facilitó el 
pasar á Italia en compañía del duqu'e de Medina-Sidonia, don 
Alonso Pérez de Guzmán,, nombrado para gobernar á Milán. 
No hay duda que el apresamiento de Obregón en las Baleares, 
su cautiverio en Argel (1579), su música y octavas, su llegada 
á Genova y Milán, cosas son que le acaecieron al mismo Espi- 
nel. En Genova, de hecho, desembarcó el año 1578; por Alejan- 
dría de la Palla pasó á Milán, siguió hasta Flandes y fué á 
parar al ejército de Alejandro Farnesio, cuando se aprestaba 
al asalto de Maestrich. Allí halló á don Hernando de Toledo, 
el tío, á quien dirigió la admirable Égloga que canta sus amo- 
res con doña Antonia de Calatayud en Salamanca y Sevilla. 
En las dos Canciones á los jóvenes consortes Gonzaga y Me- 
diéis, de la casa ducal de Mantua, se ve la generosidad con que 
le trataron. Volvió á Milán con Octavio de Gonzaga, donde 
compuso los versos castellanos y latinos del túmulo que se hizo 
para los funerales de la reina Ana de Austria, en que peroró 
San Carlos Borromeo. Tres años residió el soldado poeta en 
Lombardía, concurriendo con otros músicos en casa de don 
Antonio de Londoño, aprovechándosie no poco del arte italia- 
no. Cansado de la milicia, y habiendo antes visitado Pavía, 
Turín, Venecia y otras ciudades, volvió por Saona á Barcelo- 
na en las galeras de don Hernando de Toledo, el tío ; pasó por 
Madrid y paró en Andalucía, con propósito de dejarse ya de 
sus borrascosas mocedades. No fué derecho á Ronda, sin duda, 
por haber muerto sus padres, sino á Málaga, á verse con su an- 
tiguo amigo don Francisco Pacheco de Córdoba, obispo desde 
1575, y por la costa de ]\íarbella á la Sauceda de Ronda, donde 
en Casares vivía Pedro Ximénez de Espinel, hermano de Jua- 
na Martín, madre del poeta. Por entonces escribió la Canción 
á su patria y la Epístola al Obispo de Málaga, en que da bien á 
entender como los de su patria le ponían dificultades sobre la 
capellanía y le mostraban la envidia que suele despertar en los 
ruines la fama del que vale. Completó sus estudios de moral 
en Ronda, y se ordenó en Málaga, logrando en Ronda un me- 
dio beneficio en 1587, no debido á la amistad del obispo Pa- 
checo, que á la sazón ya lo era de Córdoba, haciéndose el 1 589 



S. XVI, 1586. EL M. VICENTE MARTÍNEZ ESPINEL 267 

bachiller en arfes en Granada. En 1591 fué á Madrid, donde 
obtuvo la capellanía del Hospital Real de Ronda, nombrando 
por substituto al licenciado Gabriel Espinosa de los Mossos, 
quedándose él en la Corte. Este mismo año publicó sus Rimas, 
que había censurado en 1587 don Alonso de Ercilla^ hallando 
ser de las mejores que había visto en España. En 1595 volvió 
á Ronda, donde por su nombramiento se le habían acrecentado 
los émulos, tanto, que en 1596 se le quitó el medio beneficio de 
Santa María y redactaron contra él una información sobre su 
vida y costumbres desregladas, que el corregidor elevó al Rey 
en 1597, y consérvanse otras cartas del mismo y de la ciudad 
en pleno, len las que se hace hincapié en sus "vicios y culpas 
y excesos y neglixengias y cobdicia",, para que le quiten la ca- 
pellanía del Hospital Real. Nombróse por sustituto, que lo fué 
hasta su muerte^ á José Ruiz Parra, y él volvióse á Madrid ape- 
nas supo que el rey Felipe II había fallecido (1598); llegado 
á la corte en 1599, graduóse de Maestro en Artes en x\lcalá. y 
tomó posesión de la plaza de capellán en la Capilla del Obispo, 
de Plasencia^ que don Fadrique de Vargas Manrique le tenía 
reservada, con 30.000 maravedís anuales de emolumentos y 
12.000 más como jnaestro de la linda capilla de música de que 
estaba dotada aquella Fundación y por enseñar á los seises. En 
este cargo duró hasta morir. Espinel había dado con lo que 
cuadraba á su ingenio de músico y poeta, y, desde entonces, 
fué celebrado y admirado de todos. Cervantes le llama amigo; 
Lope de Vega, maestro. Apenas había fiesta literaria á que no 
asistiese, ni obra de ingenio que no tuviese cargo de censurar. 
La Academia poética, protegida por don Félix Arias Girón, le 
llamó, como dide Lope en su Laurel de Apolo, "único poeta 
latino y castellano de estos tiempos". Perteneció á la Esclavonia 
del Smo. Sacramento^ gran comunidad de grandes y letrados, 
en la que Lerma apoyaba su encumbramiento, siendo su pro- 
tector desde que se fundó en 1608. Acudió al certamen de la 
canonización de San Isidro. Escribió versos para el Cancionero, 
de López Maldonado (1586); para el Gumnán de Alfarache 
(1599); para el Peregrino Indiano^ de don Antonio de Saave- 
dra Guzmán (1599); para el Modo de pelear á la gineta, de don 
Simón de Villalobos (1605); para la Historia de Nu'eva Méjico, 
del capitán Gaspar de Villagrá; para el Español Gerardo, de 



268 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Céspedes y Meneses (1616); para la Muerte de Dios por vida 
del hombre, de fray Hernando Camargo (1619); para el Se- 
cretario de Señores^ de Gabriel Pérez de Barrio (1622). El pri- 
mero en solicitar sus censuras era Lope de Vega, como en la 
Sexta parte de sus comedias (161 5), en la Séptima (1617), en 
la Docena (1617), en la Decimoquinta (1620)^ en las siguien- 
tes, desde la decimosexta hasta la decimonona inclusive (1620- 
1622). Censuró otras muchas obras. Falleció en 1624, des- 
pués de padecer de la gota sus últimos años^ siendo enterra- 
do en la bóveda de San Andrés. 

Vicente Espinel fué gran músico^ gran poeta y gran pro- 
sista. Dos inventos notables llevan su nombre: en música, la 
qumta cuerda de la guitarra, que transformó este instrumento, 
tomando el nombre de guitarra española; en versificación, la 
décima llamada, de su nombre, espinela, combinación métrica 
tan sencilla,, musical y llena, que si cede en artificio al soneto 
toscano, le iguala en perfección y le vence en naturalidad y 
gracia : desde entonces se inundó el Parnaso español de espine- 
las. Es la estancia ó estrofa más elegante y acomodada al ge- 
nio del castellano. Antes de él se hacían décimas, compuestas 
de dos quintillas, enteramente diferentes entre si, pareándose 
en la segunda los consonantes de los dos primeros versos. La 
espinela consta de dos estrofas de cuatro versos octosílabos 
cada una, consonantes del primero con cuarto, y del segundo 
con tercero, entre las que se introducen otros dos versos octo- 
sílabos, auxiliares del pensamiento, para ligar entre sí la tesis y 
la conclusión : los consonantes de estos dos auxiliares se ligan el 
primero con el cuarto y el segundo con el séptimo. La tesis de 
la composición, en la décima^ se presenta y desenvuelve en la 
primera redondilla; el silogismo para la prueba del pensamien- 
to se establece en los dos versos posteriores., y la segunda cuar- 
teta completa con perfección el raciocinio poético. 

131. Véase una décima á la antigua, la más parecida á las espi- 
nelas, de Cervantes, en el Cancionero de López Maldonado: 

"Bien donado sale al mundo 
Este libro, do se encierra 
La paz de amor y la guerra 
Y aquel friito sin segundo ; . 



S XVI, 1586. EL M. VICENTE MARTÍNEZ ESPINEL 269 

De la castellana tierra; 
Que, aunque la da Maídonado, 
Va tan rico y bien donado 
De ciencia y de discreción, 
Que me afirmo en la razón 
De decir que es bien-donado. 

El sentimiento amoroso 
Del pecho más encendido 
En fuego de amor, y herido 
De su dardo ponzoñoso 

Y en la lid suya cogido; 
El temor y la esperanza 

Con que el bien y el mal se alcanza 

En las empresas de amor. 

Aquí muestra su valor, 

Su buena ó su mala andanza." 

Véanse ahora las espinelas conservadas de Espinel : 

"No hay bien que del mal me guarde 
Temeroso y encogido, 
De sinrazón ofendido 

Y de ofendido cobarde. 

Y aunque mi queja ya es tarde 

Y razón me la defiende, 
Más en mi daño se enciende : 
Que voy contra quien me agravia, 
Como el perro, que, con rabia, 

A su propio dueño ofende. 

Ya esta suerte, que empeora, 
Se vio tan en las estrellas. 
Que formó de mí querellas 
De quien yo !as formo ahora. 

Y es tal la falta, señora, 

De este bien, que de pensallo 
Confuso y triste me hallo : 
Que si por vos me preguntan 
Los que mi daño barruntan. 
De pura vergüenza callo." 

Cervantes le alabó en Alarias partes, en el Canto de Calíope: "Del 
famoso Espinel cosas diría | que exceden al humano entendimiento, | 
de aquellas sciencias que en su pecho cría | el divino de Febo sacro 
aliento; [ mas, pues no puede de la lengua mía | dezir lo menos de lo 
más que siento, | no diga más sino que al cielo aspira, [ ora tome la 
pluma, ora la lira." Espinel imitó este Canto de Calíope en La Casa 
de la Memoriaj donde dice: "Alga la vista y oye un rato atento | de 



ayo ÉPOCA DE FKLIPK II (s. XVl) 

Calíope el canto niwiicroso." En el Viaje (cap. II), dijo Cervantes "que 
en la guitarra | tiene la prima y en el raro estilo". Lope, en carta al de 
Sesa (1617) : "rnereae Espinel que v. ex." le honre por hombre insigne 
en el verso latino y castellano, fuera de haber sido único en la música : 
que su condición ya no será áspera, pues la que más lo ha sido en el 
mundo se tiempla con los años ó se disminuye con la flaqueza". (Pá- 
gina 65 de los Últimos amores de Lope, Madrid, 1876, edic. Barbieri.) 
Su partida de bautismo, en el 1. II de bautismos de la parroquia de 
Santa Cecilia, fol. 36 vto., en 28 de Diciembre. Lope, Dorotea^ esc. 8: 
"A peso de oro aviades vos de comprar un hombrón de hecho y de 
pelo en pecho que la desapasionase de estos sonetos y de estas nuevas 
décimas ó espinelas que se usan; perdóneselo Dios á Vicente Espinel, 
que nos trujo esta novedad y las cinco cuerdas de la guitarra, con que 
ya se van olvidando los instrumentos nobles." Juan Pérez de Guzímán. 
P'ic. Espinel: "El doctor Cristóbal Suárez de Figueroa, en su Plaza uni- 
versal de todos las ciencias, en 1615, llamó á Espinel autor de las sona- 
das y cantar de sala, al tratar de los tañedores insignes de guitarra 
como Benavente, Palomares, Juan Blas de Castro y otros. El portugués 
Nicolás Dias de Velasco, músico de S. M. y del señor infante cardenal 
don Fernando, en su Nuevo modo de cifra para tañer la guitarra, que 
publicó en 1630 en Ñapóles hallándose ai! servicio del virrey duque de 
Medina de las Torres, dijo que en Italia, en Francia y las demás na- 
ciones, llevaba la guitarra el nombre de española, desde que Espinel, 
á quien conoció en Madrid, Sa aumentó la quinta cuerda, á que llama- 
mos prima, con lo que quedó tan perfecta como el órgano, el clavi- 
cordio, el arpa, el laúd ó la tiorba, y aún más abundante que estos 
instrumentos. De la misma invención de Espinel dedujo la perfección 
que la otorga el licenciado Gaspar Sanz en su Instrucción de música 
sobre la guitarra española, que publicó en 1674 en Zaragoza y dedicó 
á don Juan José de Austria, el bastardo de Felipe IV. El mismo Lope 
de Vega apenas nombra una sola vez á Espinel en algunas de sus 
obras, y lo nombra en muchas, sin celebrar al músico tanto como al 
poeta. En su dedicatoria de El Caballero de Illescas, dice á Espinel 
que el bello arte "no olvidará jamás en los instrumentos el arte y dul- 
'*zura de vuesa merced". En la dedicatoria de La Viuda valenciana, á 
doña Marta de Nevares, haciendo encomios de las bellas prendas que 
adornaban á esta señora, dijo Lope de Vega también: "si toma en las 
"manos un instrumento, á su divina voz é incomparable destreza, el 
"padre de la música, Vicente Espinel, se "suspendiera atónito". Que 
ésta era opinión común entre los contemporáneos, no es preciso acre- 
ditarlo con los pasajes del Marcos de Obregón, que á ello se refieren; 
basta registrar los libros dogmáticos ó rituales de la música de aquel 
tiempo, y mudhos son los que entre sus precedencias contienen la au- 
torizada firma de Espinel en el catálogo de sus censuras. Sabido es 
que éstas no se confiaban sino á personas coanipetentes en lo que ha- 
bían de examinar. Sirvan de ejemplo los Tres cuerpos de música, com- 



S. XVI, 1586. EL M. VICEXTe" MARTÍNEZ ESPINEL 27I 

puestos por Juan Gil de Esquivel Barahona, racionero y maestro de 
capilla de la catedral de Ciudad Rodrigo, los cuales son misas, magní- 
ficat, himnos, salmos y motetes y otras cosas tocantes al culto divino, 
todo conforme al rezo nuevo, que por mandado del señor don Martín 
de Córdoba, presidente del Consejo de la santa Cruzada, aprobó Espi- 
nel en Diciembre de 161 1, hallando en ellos "muy apacible consonan- 
'^■cia y gentil artificio y música de muy buena -casta, así en lo práctico 
"como en lo teórico," Lope, Circe: "No parezca novedad llamar Espi- 
nelas á las Décimas, que éste es su verdadero nombre, derivado del 
maestro Espinel, su primer inventor, como ios versos Saphicos, de 
Sapho." 

132. Como prosista, Espinel se hizo célebre por su libro 
Vida del escudero Marcos de Ohregón, Madrid, 1618, del gé- 
nero picaresco, mejor tramado en conjunto que el Giicinán de 
Alfaraclic; corre más derechamente la acción, sin tan p'esadas 
digresiones y moralidades como en el Guzuián, con invenciones 
ingeniosas, en estilo llano, aunque no popular, sino literario, len- 
guaje castizo, elegante y corrido ; pero no le llega á Mateo 
Alemán ni en estilo y lenguaje^ ni en brio y color. Alemán es 
el mejor cuentista castellano en lenguaje cultOi, más allegado, 
sin embargo, al habla popular en frases y giros; es más denso, 
más castizo. Marcos de Ohregón describe muchas cosas que 
pasaron en sustancia á su autor, tiene mucho de autobiografía. 
Es la vida de un hombre ingenioso, aunque pobre, y que aun, 
por lo mismo, todo es trazas ; que lucha con la realidad, con la 
sociedad y la naturaleza, pero en el mundo común y nada ma- 
ravilloso. No hay condensación trágica ni de caracteres en la 
acción y personajes, cual hoy se estila en la novela; el escudero 
es un hombre de tantos, bi'en que ingenioso, que vive en la so- 
ciedad de su tiempo. La gracia y el ingenio están en sacar par- 
tido de los casos vulgares de la vida y de las aventuras enton- 
ces comunes, corriendo como soldado las ciudades de Italia y 
cayendo cautivo en manos de moros, 3^ en saber escribir una 
nueva novela picaresca, diferente del Lazarillo y del Guzmáii 
de Alfarache, pero tan amena, natural y realista como éstas. 

133. Voltaine, CEuz'res completes, 1828, t. III, pág. 2879: "il est 
(el Gil Blas) entiérement pris du román lespagnol intitulé La Vida 
del Escudero Dom Marcos d'Obregon''. En 1787, con el anagrama 
Jis-salps, del padre José Francisco de Isla, se publicó en Madrid la tra- 
ducción del Gil Blas de Santillana, con el títuJo de Azfcnturas de Gil 



272 ÉPOCA DE FELIPIÜ II (s. XVl) 

Blas de Santillana, robadas á España y adoptadas en Francia por 
Mr. Le Sage : restituidas á su patria y á su lengua nativa por un es- 
pañol celoso que no sufre se hurlen de su nación. Don Jacinto José 
de Cabrera y Rivas, vicario de Ronda, mantuvo, de 1793 á 18 19, trato 
literario con don José López de la Torre, probándole que la obra de 
Le Sag:e estaba en parte tomada del Marcos de Obregón. También don 
Juan Antonio Llórente publicó trabajos sobre ello. Salió por "abogado 
defensor de la nación francesa" el conde Francisco de Neufchateau, 
miembro del Instituto y ministro deO Interior, por lo cual Llórente di- 
rigió nuevas Observaciones críticas á la Academia Francesa, y la dis- 
cusión se generalizó entre los eruditos de varias naciones. Walter 
Scott dijo que Le Sage era autor enteramente original. Terciaron 
el americano M. Everet y el alemán L. Tieck, probando éste que todo 
e! Gil Blas era un tejido de plagios de la literatura española, menos 
el estilo ligero, irónico y gracioso que era personal del autor francés, 
y que mucbos de esos plagios eran del Marcos de Obregón. Acerca de 
esta cuestión del Gil Blas, trató Adolfo de Castro en el prólogo y notas 
á la edición de 1852. 

Ediciones de las Relaciones de la vida del escudero Marcos de 
Obregón, Madrid, 1618; Barcelona, 1618 (dos edic.) ; París, 1618, traduc. 
francesa de Vital de Audiguier; Sevilla, 1641 ; Madrid, 1657, 1744, 1804; 
Londres, 1816, trad. inglesa de Algernon Langton ; Breslau, 1827,. 
trad. alemana; Madrid, 1851, Bibl. de Autor. Esp., t. XVIII; Barce- 
lona, 1863; Madrid, 1868; Barcelona, 1881. Diversas rimas de Vicente 
Espinel... con el Arte Poética y algunas Odas de Orado, Madrid, 1591. 
Hay versos de Espinel en el ms. 3-795-97 de la Bibl. Nac. 

Vicente Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón, ed. J. Pérez 
de Guzmán, Barcelona, 1881 ; Bibl. de Aut. Esp. , t. XVIII. Poesías, 
E, Melé, en Bulletin Hispanique, 1901. Consúltense: Leo Claretie, 
Lesagc romancicr, París, 1890, págs. 190-250 y 250-261; Brunetiére, 
Histoire et Litteratiire. "La question de Gil Blas", págs. 235-269; 
Eugéne Lintilhac, en el tomo dedicado á Lesage de Les grands écri- 
vains francois, París, 1893, págs. 78-86 ; Adolfo de Castro, Gil Blas, 
Madrid, 1852, en Bibl. Universal, 2." serie; E. Melé y A. Bonilla, Dos 
Cancioneros españoles, Madrid, 1904, págs. 9 y 11; E. Melé, Rimes 
inédifes, Bordeaux, 1901, págs. 8 y 9. 

134. Año 1386. El Padre Jerónimo Gracián de la Ma- 
dre DE Dios (i 545-1614), vallisoletano, carmelita, visitador en 
Andalucía, después superior de todos los de España, tuvo que 
sufrir grandes contrariedades, hasta ir á Roma y solicitar la 
entrada en otras Ordenes, que no le admitieron ; finalmente, por 
mandado de Clemente VIII, fué recibido entre los agustinos 
descalzos. Cogido en el mar por piratas africanos, fué llevado á 
Utica y Túnez, de donde, después de dos años , redimido á diñe- 



S. XVI, 1586. GABRIEL LÓPEZ MALDONADO SyS 

ro, volvió á Roma, donde el Papa le agregó á los antiguos car- 
melitas, y fué consejero del cardenal Pedro Deza; pasó á Espa- 
ña, y, después de cuatro años, á Bélgica, falleciendo en Bruse- 
las. Excelente varón en la paciencia y en todo linaje de virtudes, 
de sobresaliente talento práctico y teórico, diligente, estudioso y 
alabado sobremanera por Santa Teresa, á quien ayudó en su 
reforma. Publicó un sinfín de obras espirituales, castizamente 
escritas. 

135, El abundantísimo catálogo de sus obras, espirituales, polí- 
ticas, etc., en cinco tomos, véase en Nic. Antonio. Estímulo de la 
Propagación de la fee, Lisboa, 1586; Bruselas, 1608. Lámpara encen- 
dida, Zaragoza, 1586; Pamplona, 1588; Madrid, 1604. Camino del Cie- 
lo, Madrid, 1601. Vida y muerte de S. José, Valencia, 1602, Sumario 
de les Excellencias del glorioso S. Joseph, Toledo, 1605. La Josephína, 
Madrid, 1780. Dilucidario del verdadero espíritu... de S. Teresa, Ma- 
drid, 1604. Mystica Teulugia..., con un Itinerario de la Perfección, 
Bruselas, 1608. Vida del alma, ibid., 1609. De la Redención de cauti- 
vos, ibid., 1609. Virtudes y fundaciones de Si Teresa, ibid., 1611. Del 
mysterioso nombre de María, ibid., 16 12. Conceptos de divino amor 
sobre los Cantares, Valencia, 1613. Arte de bien morir, Madrid, 1616, 
Obras del P. M. F. Geronymo Gradan, Madrid, 1616. En los Diálogos 
de la peregrinación de Anastasio, autobiografía del padre Jerón. Gra- 
dan, que fray Ángel María de Santa Teresa publicó en Burgos, 1905, 
hay un Diálogo duodécimo, donde el padre Gracián "da quenta de sus 
estudios y de los libros que ha escripto", y de los "libros que están 
aparejados para ymprimir". De entre ellos son los "Diálogos entre 
Angela y Heliseo", que están en el Arah. Nac. con otros papeles suyos. 
Angela era Santa Teresa; Heliseo era su confesor. Han sido impresos 
en Rev. Arch., 1913, t. I, pág. 93. En el mismo Archivo están los 
Diálogos de la per. de Anastasio y Pió V. P. Gratiano a M,* Dei. Su 
biografía escribieron fray Cristóbal Márquez, don Andrés Mármol y 
Francisco Gracián Berruguete, secretario de Felipe II. 

136. Año 1586- Gabriel López Maldonado, toledano, pu- 
blicó su Cancionero, Madrid, 1586. Al. Ercilla dice en su Apro- 
bación: "Este libro... es de canciones amorosas, llenas de mu- 
chos y buenos conceptos, declarados por gentil estilo y lenguaje, 
en todo género de verso, sin haber en él cosa lasciva ; y muchas 
que á los buenos ingenios les dará gusto y recreación," Dos li- 
bros : el primero, de coplas castellanas ; el segundo, de versos á 
la italiana. Sobresale en la expresión de los afectos, como dijo 
Cervantes en las quintillas que le dirigió : "Sin flores, sin prade- 

18 



274 ÉPOCA DE FELIPIí: II (s. xvi) 

rías, I y sin los Faunos Silvanos, | sin Ninfas, sin dioses va- 
nos, I sin yerbas, sin aguas frías ¡ y sin apacibles Hanoi», | en 
agradables conceptos, ] profundos, altos, discretos, | con verdad 
llana y distinta, | aquí el sabio autor nos pinta | del ciego dios 
los afectos." Relación... del razonamiento que hizo la Magestad 
del Rey. D. Phelipe N. S. á la Ser. Rcyna de Francia, su hija..., 
Barcelona. 1615. 

El abad fray Antonio de Maluenda, benedictino burga- 
lés, fué abad de San Millán, y desde T586 canónigo de aquella 
catedral. En 1589 estaba en Madrid, renunciada la canonjía y 
vuelto á Burgos, falleció en 161 5, siendo enterrado en el monas- 
terio de San Pablo. Hizo poesías de lo más clásico y puro en 
la forma, brioso é inspirado en el fondo, de la gran época lite- 
raria entre los Felipes II y III. 

13 7. Vivió López Maldonado algún tiempo en Valencia, donde 
con nombre de Sincero fué de la Academia de los Nocturnos. Hay un 
soneto suyo en Las obras de Boscan y Garcilaso, de Sebastián de Cór- 
doba (1575) ; cuatro octavas en El Prado de Valencia, de Gaspar Mer- 
cader (1600); otras poesías en el Cancionero de dicha Academia; en 
el Thcsoro de varias poesías (1580); en el Romancero (1583), y en el 
Jardín (1585), de Pedro de Padilla... Alabáronle Cervantes también 
■en el Canto de Calíope (1585) : "Quién pensáis que es aquel que en 
voz sonora | sus ansias canta regaladamente, | aquel en cuyo pecho 
Febo mora; \ el docto Orfeo y Arión prudente...", y en el Quijote (i, 6) ; 
Espinel, en La Casa de la Memoria, y Lope, en La Dorotea (4, 2.). 
Consúltese: C. Pérez Pastor, Bibliografía Madrileña, parte III, pá- 
ginas 418-420. 

El primero que habló de Maluenda fué Andrés de Claramonte y 
Corroy, en Letanía moral, Sevilla, 1613, el cual dice en su Inquiridion 
de ingenios contemporáneos: "El abad Maluenda, insignísimo varón en 
letras humanas y aventajado poeta en Burgos." Después nos le ha dado 
á conocer don Juan Pérez de Guznián en La Rosa, t. I, Madrid, 1891, 
pág. 245. Sus poesías se hallan, entre otras, "recogidas de lo acendrado", 
en la sala de mss. de la Biblioteca Nacional, M. 328, fol. 15 en adelante; 
al fol. 68 se (halla su autógrafo. Entre sus sonetos, son notables los 
dirigidos á Carlos V, á la muerte de Felipe II, á doña Inés de Castilla, 
á doña Ana de Zuazo y á su hermano Francisco Maluenda en la muerte 
de su padre. La familia de los Maluendas era de las hidalgas de Bur- 
gos, donde todavía dura la casa solariega, en la calle de Fernán Gon- 
zález. En la primera mitad del siglo xvi hubo otro abad, Antonio de 
Maluenda, que lo fué dos veces en el monasterio de San Juan, de pa- 
tronato de la familia, y en el de San Vicente, de Salamanca, y que 



S. XVI. 1586. JUAN DE GUZMÁX 273 

en 1546 fué llamado por Paulo III al Concilio de Trente como teólogo 
y moralista. Su biografía escribió el padre Yepes, á la que se ha 
ajustado Martínez Añíbarro, en su Diccionario hiográf. y hihliogr. de 
la prov. de Burgos, 1889, y el anónimo de otra publicada en El Papa- 
moscas, 13 Abril 1890. Al Maluenda poeta dirigieron sonetos el padre 
\'alentín de Céspedes y el Conde de Villamediana, inéditos en sus 
obras, llamándole el segundo "Fénix español y Virgilio castellano". 
Algunas rimas castellanas descubriólas... D. Juan Pérez de Gnzmán..., 
Sevilla, 1892. Ha completado su biografía y estudio Eloy García de 
Quevedo, en Rev. Arch., 1902, II, pág. i. Algunas poesías atribuidas 
á Villamediana son de ^laluenda, y se hallan en el citado manuscrito. 

13 8. Año 1586. Juan Bautista de Aguilar, sevillano, publicó 
Epigrammatiim libellus, Roma, 1586. — En 1586 se escribió la comedia 
Las Burlas de Benytico (ms. de la bibl. del Duque de Osuna). — Ji-'ax 
Carlos Amat, publicó Guitarra española y z'andola en dos maneras de 
Guitarra, Castellana y Catalana de cinco órdenes, Gerona y Barcelona, 
1586; Lérida, 1626. — ^Juan de Castilla y de Aguayo, cordobés, vein- 
ticuatro de Córdoba, publicó El Perfecto Regidor, Salamanca, 1586. 
Cervantes debió de aproveüharse de esta obra en los consejos al gober- 
nador de la ínsula Barataria, y le alabó en el Canto de Calíope (1585) : 
"Oual suele estar de variadas flores | adorno y rico el más florido 
IMayo, ! tal de mil varias sciencias y primores | .está el ingenio de don 
Juan Aguayo..." Consúltese Raf. Ramírez de Arellano, Juan Rufo, 
Madrid, 1912, pág. 273. — Luis Collado de Nebrija publicó Prattica 
mannale de Artigleria, Venecia, 1586, 1606; Milán, 1641 ; en castellano lo 
tradujo. Práctica manual de Artillería, Milán, 1592. — Fray Felipe Días 
(t 1601), franciscano, de Braganza, y predicador de Salamanca, publicó 
Quadruplices Condones, 4 vols.. Salamanca, 1586. Stimma Praedican- 
tiiim, 2 vols., ibid., 1589. 1593. Quince Tratados en que se contienen mu- 
chas consideraciones, ibid., 1597, 1612. Marial, ibid., 1596: Barcelona, 
1597 (dos edic.) ; Salamanca, 1597, 1602. — Antonio de Escobar, de Va- 
lladolid, publicó La Felicísima jornada de Felipe II en la conquista de 
Portugal, Valencia, 1586. — Fray Martín de la Fuente (t 1595), cister- 
ciense de Huerta, publicó De Officialibus monasterii, sacrificio missac ct 
horis canonicis.... Salamanca, 1586. Usos de la sagr. orden del Cistel..., 
ibid., 1586. — Melchor García y de Carbó, valenciano, publicó Trotado 
de reducción de reales castellanos en moneda de diversos reinos, Ma- 
llorca, 1586. — Juan G.\spar Hortigas, zaragozano, eminente profesor 
de Derecho en aquella Universidad, publicó Patrocinium pro inclxto 
ac florcntissimo Caesaraugnstano Gymnasio, Zaragoza, 1586. — El doc- 
tor Pedro Guerra de Lorca, granadino, publicó Catecheses Mistago- 
gicae pro ad':'enis ex secta Mahometana, Madrid, 1586. — Juan de Guz- 
m.4n, discípulo del Brócense, profesor de Humanidades en Salamanca 
y Alcalá, publicó Las Geórgicas, juntamente con la décima Égloga, 
con muchas notaciones que sirven en lugar de comento, Salamanca, 



276 ÉPOCA Dli FELIPE II (s. XVl) 

1586. Primera parte de la Retórica, Alcalá, 1589. — Cantos Morales, 
Spiritualcs y Cantemplalivos. Compuestos por el Beato Fr, Jacopone 
de Tode, Frayle menor, Lisboa, 1586. — Bartolomé López de Enciso, 
natural de Tendilla, publicó, siendo mozo. Desengaño de celos, Madrid, 
1586. Cítalo d Quijote (I, 9) como desatino pastoril, que entrega al 
brazo seglar del ama. — lEl maestro Juan López Hoyos publicó la Re- 
lación de la muerte y honras fthiehres del SS. Príncipe D. Carlos, Ma- 
drid, 1568. Historia y Relación verdadera de la enfermedad, felicí- 
simo tránsito y exequias fúnebres de la Serenísima Reina de España 
Doña Isabel de Valois, Madrid, 1569. Real Apparato y sumptuoso 
recebimicnto con que Madrid... rescibió á ¡a Serma. reina D. Ana 
de Austria, Madrid, 1572. In commendationem et encomium parti 
triumpki... extincta potenHssima classe Turcarum..., ibid., 1572. In 
obitum Ilmi... Didaci Spinosae..., ibid., 1572. — ^DoN Fernando de 
Mendoza publicó Disputationes in locos difficiliores Tituli de Pactis 
in Digestorum libris, Alcalá, 1586, De confirmando Concilio Illibe- 
rritano, Madrid, 1594. — Francisco Menéndez Valdés, de San An- 
drés de Cornellana (Asturias), majese de Campo, publicó Espejo y 
disciplina 'milita); en el qual se trata del oficio del Sargento mayor, 
Bruselas, 1586, 1590; Madrid, 1591; Bruselas, 1596; Amberes, 1601. — 
Felipe Mey, impresor, publicó Metamorfoseos de Ovidio en octava 
rima, Tarragona, 1586. Rimas, ibid., 1586, con 27 sonetos, tercetos 
y un hermoso poemita. La Fílente de Alcover, donde se agrupan va- 
rios ingenios tarraconenses. — El licenciado Jerónimo de Mondra- 
GÓN, zaragozano, tradujo Horas de recreación, recogidas por Lu- 
dovico Guicciardino, noble ciudadano de Florencia. Traducidas de 
lengua Toscana, Bilbao, 1586; Zaragoza, 1588; Bilbao, 1589. Arte 
para componer en metro Castellano y Prosodia Latina en Castellano, 
ibid., 1593. Universal y artificiosa Ortografía de Latín y Español, 
ibid., 1594. Censura de la locura humana, Lérida, 1598. — Andrea Pes- 
cíONi publicó las Historias prodigiosas y maravillosas de diversos suce- 
sos acaecidos en el mundo scriptas en lengua francesa por Pedro Bo- 
vistau, etc., Medina, 1586; Madrid, 1603, 1607. — Relación ó descripción 
de los montes Pirineos con todos sus puertos y condado de Ribagorza 
de Aragón. La qual se acabó en 14 de noviembre de 1586, Madrid, 
1793. — ^Alonso Rodríguez de Guevara publicó Fundación y antigüe- 
dad de España y conservación de la Nobleza de Cantabria, Milán, 1586. 
— Carlos de Tapia (t 1644) publicó De Constitutionibus Principum, 
Ñapóles, 1586. De Religiosos rebus, ibid., 1594. lus Regni Neapolitani, 
ibid., 1605-1643 (7 vols.), etc. Además otras obras en castellano é ita- 
liano (Ni€. Ant.). — Diego de Torres, de Amusco, 'escribió Relación 
del origen y sucesos de los Xarifes y del estado de los reinos de Ma- 
rruecos, Fez, Tarudante..., Sevilla, 1586, obra postuma. — Simón de To- 
VAR, médico sevillano, publicó De Compositorum Medicamentorum exa- 
mine, Amberes, 1586. Hispalensium Pharmacopolioruní Recognitio. Se- 
villa, 1587. Examen i Censura del modo de averiguar las alturas de 



S. XVI, 1587. CRISTÓBAL DE VIRUÉS 277 

las tierras por la altura de la estrella del Norte tomada con la balles- 
tilla, ibid., 1595. Epistolae, Sevilla, 1596, 1793', por Asso; en Cl. His- 
paniensiuní Epistolae. — Pedro de la Vecilla Castellanos, natural de 
León, publicó Primera y segunda parte de El León de España, Sala- 
manca, 1586. Trata, en verso, de la fundación de León, de los marti- 
rios de San Marcelo y sus doce hijos y de otros santos naturales de 
aquella ciudad. "Sólo quiero, dice, ser tenido por un ihumilde Historia- 
dor poético ó Poeta histórico, imitador y aprendiz de aquellos que han 
usado de su Poesía para escribir cosas memorables que enciendan los 
ánimos de los suyos y los levanten al cristiano culto y reverencia de 
los Sanctos y al honroso ejercicio de las Armas, á la defensa de la 
Sancta Ley y al leal servicio del Rey." Por eso tenía don Quijote este 
soporífero poema de 29 cantos, y aunque los versos son agradables, lo 
echaron al fuego sin leerlo los escudriñadores de su biblioteca, aunque 
"quizá si el Cura los viera no pasaran por tan rigorosa sentencia". — 
Feenando de Zurita, de Huete, publicó Theohgicarum de Indis quae- 
s*ionum Enchiridion, Madrid, 1586. 

139. Año 1587. El CAPITÁN Cristóbal de Virués, por 
nombre poético Criseo, nació poco antes de 1550 en Valencia; 
su padre, el doctor Alonso de Virués, médico eminente, escri- 
tor y docto humanista valenciano, amigo de Vives, con quien se 
carteó. Como soldado, fué herido en Lepanto, y sirvió después 
en el Milanesado, llegando á capitán. En Italia perfeccionó su 
gusto y estilo; en 1580 parece que vivía, ya retirado, en España, 
elogiando con dos Sonetos y una Canción las Jornadas para el 
cielo, de fray Cristóbal Moreno, y por lo menos en 1586, en que 
dispuso para la imprenta su celebrado poema El Monserrate, 
publicado en Madrid, 1587, refundido en 1602. "El sujeto de 
que trata es ejemplar y apacible, como dijo en su aprobación 
fray Pedro de Padilla; la invención poética, agradable y extra- 
ordinaria, y el verso, fácil y grave." Tres años antes le había 
celebrado Cervantes en la Calatea : " Tu mesmo aquel ingenio y 
virtud canta [ con que huyes del mundo los engaños." Por en- 
tonces compuso cinco tragedias, que no se imprimieron hasta 
1609. En todas hay excelentes versos y bellezas sueltas, y le 
mencionó Rojas en la Loa de la comedia; pero por su regulari- 
dad y decoro, sólo puede alabarse la Elisa Dido. Dióse por in- 
ventor de las tres jornadas; pero Francisco de Avendaño lo ha- 
bía ya hecho en 1553. Los versos son variados, largos y cortos. 
Entre las poesías líricas que compuso hay romances, la égloga 



278 ÉPOCA DE FELIPE 11 (s. XVl) 

de La Batalla naval (de Lepanto), sonetos, letras y canciones. 
La versificación es llana, corrida y natural. Virués es un imita- 
dor de lo clásico bastante afortunado, aunque sin grandes gol- 
pes de ingenio. En cambio, la frialdad de asuntos extraños al 
alma nacional, fuera del Monserrate, y , sobre todo , las exage- 
raciones y amontonamiento de horrores con que pretende todo 
imitador suplir la falta de propia invención, cansa y agobia al 
lector, que busca realidades bien sentidas y huye de viejos y 
desaforados trompeteos. Hacia 1600 parece vivía en Valencia; 
pero volvió á Italia, y en Milán, 1602, imprimió su Monserrate 
segundo, refundición del primero. Aún vivía en 1614; pero no 
se sabe más de él. 

14 0. Cristóbal! tuvo tres hermanos: el doctor Jerónimo, médico 
y aventajado poeta, escritor que perteneció á la Academia de los 
Nocturnos con nombre de Estudio; el doctor Francisco, teólogo y be- 
neficiado de Valencia y escritor poético, y Jerónima Agustina Benita, 
que sabia muy bien el latin. El Monserrate, Madrid, 1587, 1588, 1601. 
El Monserrate segundo, Madrid y Milán, 1602, refundido por el autor; 
Madrid, 1609, 1805. Virués se retrató á sí propio al pintar la fisonomía 
y disposición personal del ermitaño Garín, como dijo su panegirista 
el -alférez Matías de Vargas en su Soneto laudatorio del poema. Lope, 
Arte nuevo... (1621) : "El capitán Virués, insigne ingenio, | puso en 
tres actos la comedia, que antes ] andaba en cuatro como pies de niño." 
Las tragedias son, además de la citada: La Cruel Casandra, Atila fu- 
rioso, La Infelice Marcela, La Gran Semíramis. Menos Elisa Dido (en 
actos), están divididas en tres partes, como él dice. Obras trágicas y 
líricas..., Madrid, 1609. A Vallencia le dirigió tal vez su amigo el se- 
villano Baltasar de Escobar la elegantísima carta apologética del 
Monserrate, fedhada en Roma en 1589, que insertó Virués al frente 
de la segunda (1601) y siguientes ediciones. En Milán seguía el año 
1604, pues tal es Ja fecha de una "Licencia del Ordinario" de aquella 
ciudad para la impresión de Obras trágicas y líricas. Desde 1609, en 
que hizo otra edición del Monserrate, ya nada sabemos de su autor, 
fuera de la mención que de éll hace el Viaje (cap. III), de Cervantes, 
que la hizo de ingenios todavía en vida (16 13 á 1614). El mismo Cer- 
vantes le elogió en el Canto de Caliope y en el escrutinio del Quijote, 
y Lope, en él Laurel (silva 4). Un soneto suyo, en Jornadas para el 
cielo, de Cristóbal Moreno, Alcalá, 1596; una canción, en la Quarta 
Jornada, del mismo, ibid., 1605. Véase Gallardo (IV, 1079). F. Wolf. 
Hist. Uter. cast. y porf., II, pág. 359: "En la última {Elisa Dido) em- 
prendió la tarea de escribir una pieza, ateniéndose por completo á las 
reglas clásicas. Las primeras piezas denotan una gran semejanza 



S. XVI, 1587. FRAY LORENZO DE ZAMORA 279 

con las de Cueva, á las que se acuestan hasta en la forma por su es- 
tructura métrica. Las faltas que las composiciones de Virués tienen 
de común con las de Cueva, son en el primero menos producto de una 
fantasía desarreglada que de una mal entendida imitación y un falso 
concepto de la esencia de la tragedia. Pues para llevar á la práctica 
la unión de "la mayor fineza del arte antiguo y del moderno uso, esco- 
gió por modelo, por una parte, las tragedias de Séneca, que no son 
más que caricaturas del estilo antiguo, y por otra parte se abandonó 
á la tendencia nativa, á intrigas y aventuras embrolladas, al tradicio- 
nal gusto de parodiar lo trágico con lo burlesco y al efectismo teatral, 
"Esta mescolanza — juzga Schack, aunque con severidad, con justicia — 
'^produce tal confusión, tal superabundancia de personajes y sucesos, 
"que algunas de estas piezas pertenecen á lo más disparatado é in- 
"comprensible que se ha visto jamás en el teatro español." Si, á pesar 
de estas faltas, ha conseguido fama Virués y llegó á ser alabado hasta 
por Lope de Vega y Cervantes, esto es prueba de un talento nada co- 
mún, aunque extraviado. El mismo Schack le hace esta justicia, di- 
ciendo: "Claras muestras de lo que Mrués hubiera hecho en circuns- 
"tancias más favorables se descubren en todas sus obras, en las cuales 
"brilla á veces un vigor extraordinario, que se pierde en la balumba 
"de sus declamaciones, aunque, de vez en cuando, pinta los trágicos 
"afectos con singular fuerza. Y estas ráfagas luminosas, que aparecen 
de repente en tan confuso caos, no son sólo paisajes aislados, llenos de 
entusiasmo lírico y de fogosa elocuencia, sino escenas enteras del más 
poderoso efecto, cuales podían esperarse de un poeta de verdadero ta- 
lento dramático." 

Cristóbal de Virués, La Gran Semíramis, London. 1858; Historia 
del Monserratc, Bibl. de Aut. Esp., t. XVIL Consúltense: E. von 
Münch-Bellinghausen, Virués' Leben uiid Werkc, en Jahrbuch für ro- 
manische und engUsche Liferatur, Berlín, 1860, t. II, págs. 139-163; 
Pérez Pastor, Bihliogr. Madrileña, t. III, pág. 518, Madrid, 1907. 

141- Año isSy. Fray Lorenzo de Zamora (' 1614). cis- 
terciense de Ocaña, de cuyo convento fué abad y visitador y 
definidor de toda la Orden, compuso, á los diez y ocho de su 
edad, un poema en 19 cantos y en octavas reales muy bien he- 
chas: La Saguntiiiú^ Alcalá, 1587, 1589; con otro título. Pri- 
mera parte de la Historia de Sagunto, Niimancia y Cartago, 
Madrid, 1607. Enseñó Filosofía en San Claudio de Galicia; 
predicó en Castilla con la extraña facundia, riqueza de concep- 
tos y elegancia de lenguaje que brilla en sus obras, no dejando 
este cargo hasta sus últimos días. Murió en Alcalá. Su grande 
obra es la Monarquía mystica de la Iglesia hedía en Geroglypki- 
cos sacados de humanas y divinas letras^ en siete partes y más 



28o ÉPOCA DE FELIPE II (s. XV^l) 

de siete tomos en folio, grandioso monumento del habla caste- 
llana y de elocuencia elegantisima, en la que fué el primero de 
su tiempo. 

Gabriel Lobo Laso de la Vega (1559-1615) nació en 
Madrid y fué de la ilustre familia de los Vizcondes de Puer- 
tollano; sirvió á los Reyes Felipe II y III en la guardia inte- 
rior de palacio, llamada de los Continuos, que se componía de 
cien caballeros. Dotado de excelente ingenio, cultivó la poesía 
y la historia y se distinguió como romancerista artístico. A los 
veinte de su edad publicó Primera parte del Romancero y Tra- 
gedias de G. L. L. de la Vega, Alcalá, 1587. Las tragedias son 
Dido y La Destrucción de Constantinopla^ del género de las de 
La Cueva, Virués y Lupercio Leonardo; tienen tres jornadas, 
en variedad de metros y algunos personajes alegóricos. La ma- 
yor parte de las piezas se reimprimieron en la pte. 12 del Ro- 
mancero gral. Primera parte de Cortés valeroso ó la Mexicana, 
Madrid, 1588 (con su retrato), poema en 12 cantos, que, añadi- 
do con 13 más y corregido, publicó de nuevo: La Mexicana. 
Emendada y añadida por su autor, dirigida á D. Fernando 
Cortés, tercero Marqués del Valle, Madrid, 1594. Es más bien 
una crónica rimada y poco puntual, á pesar de haber querido 
imitar á Ercilla. De 1600 á 1601 hubo de pasar á Zaragoza y 
Barcelona, y así publicó Elogios en loor de los tres famosos 
varones don Jaime, rey de Aragón; don Fernando Cortés, mar- 
qués del Valle, y don Alvaro de Bazáu, marqués de Santa Cruz, 
Zaragoza, 1601. Están en prosa y confirmados en romances. Es 
obra de mérito. Manojuelo de romances nuevos y otras obras, 
Barcelona, 1601. Consta de 136 romances, parte históricos, 
parte amatorios, aunque domina lo burlesco ; además un gracioso 
cuento ó Novela y una canción á D. Alvaro de Bazán. Segunda 
porte del manojuelo, Zaragoza, 1603 ; reimpresa como pte. 13 del 
Romancero gral. Adolecen sus romances de afectación y ampu- 
losidad, y fué poco diestro en imitar el habla antigua. Recopila- 
ción de las grandezas de Madrid (ms.). 

Bernardo González de Bobadilla, natural de Canarias, 
estudiante de la Universidad de Salamanca, publicó la Primera 
parte de Las Ninfas y Pastores de Henares, Alcalá, 1587. Está 



S. XVI, 1587. DOÑA OLIVA SABUCO DE NANTES 281 

en buena y sonora prosa y en fluidos versos. Cítalo el Quijote 
(I. 6 y 9) para entregarlo al brazo secular del ama. 

Doña Oliva Sabuco de Nantes (1562-1622?), de Alcaraz, 
ha pasado por autora de la Nueva Filosofía de la naturaleza del 
hombre, Madrid, 1587, 1588; Braga, 1620; Madrid, 1728. 
Esta honra quiso darle su padre, Miguel Sabuco y Alvarez, 
que fué el verdadero autor de la obra, célebre por los atisbos 
científicos, la habilidad en el análisis y la fina ironía. 

142. Véanse los títulos de la Monarquía, de Zamora: I pte., tra- 
ta de la cabeza invisible de la Iglesia, de la visible y sus perfecciones, 
Madrid, 1594; Valencia, 1604; Madrid, 1604, 1614. A la edición de 
1604 precede una Apología de las letras humanas. II pte., de la misera- 
ble ruina de la naturaleza humana y de los daños en que por el pecado 
incurrimos y bienes que perdimos, Alcalá, 1603; Madrid, 1611. III pte., 
de las alabanzas y prerrogativas de N. S^, Madrid, 1611 ; Barcelona, 
1614; Madrid, 1614, 1617; en latín, Venecia, 1629. IV pte., de los me- 
dios que dio Dios á su Iglesia para su conservación y del uso de los 
Sacramentos. V pte., de sus estados, oficios, dignidad, excelencias y 
obligaciones. VI pte., de las personas más ilustres de la Iglesia, esto es. 
Apóstoles, Martyres, Confesores y Virgines, que por todo el año cele- 
bra, con la explicación de los Evangelios que se dicen en sus fiestas, 
en dos partes, Valencia, 1606; Madrid, 1609; Barcelona, 1612. VII pte., 
de las armas defensivas y ofensivas que dexó Christo á su Iglesia, 
2 tomos, Madrid, 1609. VIII pte., de las armas defensivas y ofensivas 
y Patrones que dejó Christo para su Iglesia, t. I, Madrid, 1617. En 
francés, París, 1609; en ital., Venecia, se tradujeron algunas partes. 
Además publicó Discurso sobre los mysterios, que en la Cuaresma se 
celebran; Alcalá, 1603; Valencia, 1604,- Barcelona, 1607; Alcalá. i6on. 
Santoral, 3 vols., Barcelona, 1610; Madrid, 1612. De la huida á Egipto 
de N. S.^, Alcalá, 1609, 1614, Tomóle la muerte sin acabar In Cántica 
Canticorum. Tengo á Zamora por el más elocuente y ático de nuestros 
oradores de aquel siglo. 

El Romancero de Gabriel Lobo, consta de 76 romances, 60 histó- 
ricos y 16 pastoriles, de los cuales algunos se reimprimieron anónimos 
en las partes 12 y 13 del Romancero general de 1604 y 1614; Duran 
puso 50 en su Romancero. Según Baena, el autor llamó á su Romancero 
el Manojuelo. Las tragedias son: La Honra de Dido restaurada. Des- 
trucción de Constantinopla. En las Seis comedias de Lope, Lisboa, 
1603, una sola es de Lope, y es de Lobo La Destrucción de Constanti- 
nopla. Dejó inéditas muchas obras históricas, que pueden verse en La 
Barrera. En el Romancero general, Madrid. 1604, hay tres romances 
(Pérez Pastor, Bibliogr. Madr., t. II, pág. yy). Véase el mismo, t. III, 
pág. 403, para noticias bibliográficas y biográficas. 

La Nueva Filosofía, de Sabuco, comprende : Coloquio del conoci- 



282 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

miento de sí mismo. Coloquio en que se trata la compostura del Mundo 
como está. Coloquio de las cosas que mejoran este Mundo y sus Rc^ 
púbUcas. Coloquio de auxilios ó remedios de la vera Medicina con los 
guales el hombre podrá entender^ regir y conservar su salud. Diálogo 
de la vera Medicina. Dicta brevia circa naturam hominis, medicinae 
fundamentum. Vera philosophia de natura mistorum, hominis et nmndi, 
antiquis oculta. El primer tratado es el más notable y suelen llamarlo 
Tratado de las pasiones. Poder del bachiller Sabuco á favor de su hijo 
Alonso Sabuco, para que imprima su libro en Portugal: "yo, el ba- 
chiller Miguel Sabuco, vecino desta ciudad de Alcaraz, autor del libro 
intitulado Nueva filosofía, padre que soy d'e doña Oliva, mi hija, á 
quien puse por autor sólo para darle la honrra y no el probecho ni 
interés, otorgo... á once días del mes de septiembre de mili quinientos 
é ochenta y siete años..." Testamento del mismo: "yo, el bachiller Mi- 
guel Sabuco, vecino desta ciudad de Alcaraz..., donde está enterrada my 
mujer primera, Francisca de Cozar..., mis padres Myguel Sabuco y 
Catalina Albarez, que sean en gloria..., obimos y procreamos por nues- 
tros hijos legítimos á Alonso Sabuco y Miguel Sabuco y Luisa de 
Oliva...; yo fui casado segunda vez con Ana García, hija de Juan 
Navarro, nacida en Bianos... obimos é procreamos por nuestro hijo 
legítimo á Myguel, que de presente es de edad de quatro años... aclaro 
que yo compuse un libro yntitulado Nueva filosofía ó norma y otro li- 
bro que se ymprimieron en los quales todos puse é pongo por autora á 
la dicha Luisa de Oliva, mi hija, sólo por darle el nombre é la onrra 
y reservo el fruto y probecho que resultare de los dichos libros para 
my, y mando á la dicha mi hija Luisa de Oliva no se entremeta en 
dicho privilegio, so pena de mi maldición... á veinte días del mes de 
Febrero de mil é quinientos é ochenta é odlio años..." Lope (Peregrino, 
rom., 4) : "Doña Oliva de Nantes, musa décima." Obras de doña Oliva 
Sabuco, O. Cuartero, Madrid, 1888; Coloquios (dos), Bibl. de Aut. Esp., 
t. LXV, Consúltense : J. M. Hidalgo, Doña Oliva de Sabuco no fué 
escritora, en Revista de Archivos, etc. (Julio, 1903), t. VII, págs. 1-13: 
J. M. Guardia, en Reviie Philosophique, París, 1886, t. XII, págs. 42-60 
y 272-292; José Marcos, Biografía de D." Oliva de Sabuco, Madrid, 
1900: J. Sánchez Ruano, D." Oliva S. de Nantes, Salamanca, 1867. 

143. Año 15S7. Jerónimo Blancas (t 1590), hijo de don Martín 
de Blancas y doña Catalina Tomás, nació en Zaragoza, estudió con 
Pedro Juan Núñez, fué notable en Humanidades, leyes y ciencias 
históricas, cronista de Aragón á la muerte de Zurita, laboriosísimo 
varón, crítico eminente, escritor fecundo y galano, fué sepultado en el 
monasterio de Santa Engracia, donde se guardan sus cenizas. Publicó 
Ad Reguní Aragonum vcterumque Comitum depictas Ef figles, in regia 
Caesaraugustanensi Deputationis aula positas, Inscriptiones, Zaragoza, 
1587. Fastos de los Justicias de Aragón, ibid., 1587. Aragonensium 
rerum commentarii, ibid., 1588. Modo de proceder en Cortes de Ara- 



S. XVI, 1587. MIGUEL GINER 283 

gón y Las Coronaciones de los Ser. Reyes de Aragón, editados por 
Ustarroz, Zaragoza, 1641, van con dos tratados del modo de tener 
Cortes de Gerónimo Martel, chronista también del mismo Reyno. Otras 
varias siguen inéditas, que pueden verse en Juan M. Sáncliez, Biblio- 
grafía Aragonesa del siglo xvi, t. II, núm. 655, Madrid, 1914. Así los 
Comentarios de las obras de Aragón (ms. Acad. Hist., C. 73) compen- 
dio de los comentarios latinos. 

El SECRETARIO Pedro DE Aguilón publicó la Historia del Duque 
Carlos de Borgoña, bisagüelo del Emperador Carlos Quinto, Pamplona, 
1587. — 'Cosme de Aldana, hermano de Francisco y soldado como él, na- 
tural de Valencia de Alcántara, nació en 1538, fué gentiMiombre del 
Duque de Florencia; hizo muchas poesías, entre las que sobresale la 
Invectiva contra el vulgo y su maledicencia, en octavas, impresa prime- 
ro en italiano, Florencia, 1578; después en castellano, Madrid, 1591, 
que puede verse en el t. XXVI de Aut. Españoles. Publicó Sonetos y oc- 
tavas en lamentación de la muerte de su hermano el capitán Francisco 
de Aldana, Milán, 1587. Publicó además las poesías de su hermano en 
Milán, 1589; Madrid, 1593, 2 vols., y otra Segunda parte, sin lugar ni 
fecha, muy rebuscada. La Asneida, poema en 3.000 octavas, que hizo 
picado de que le hubiese llamado asno el condestable Velasco, su amo, 
gobernador de Milán (desde 1586), acabóse de imprimir, y á poco mu- 
rió él, entregando toda la edición al fuego el Condestable. Véase Figue- 
roa. Pasajero, alivio 3. Es el primer poema burlesco de que tenemos 
noticia. — ^Manuel Alvarez, jesuíta portugués, publicó De Constructio- 
ne octo partium orationis, Madrid, 1587; Alcalá, 1589; Madrid, 1593; 
Alcalá, 1597. De Instifutione Grammatica, 1. III, Evora, 1599. — ^Jeróni- 
mo DE Ampos publicó Silz'a de varias questiones naturales y morales con 
sus soluciones sacadas de Griegos y Latinos, Valencia, 1587. Directorio 
espiritual, Madrid, 1593. Manual y Directorio de la oración vocal, ibid., 
1600. — 'Pedro de Ángulo publicó Descanso del camino, 1587. — Fray 
Marcos de la Cámara^ franciscano alcalaíno, publicó Quaestionarium 
conciliationis siniiil et expositionis locorum difficilium S. Scripturae, 
Alcalá, 1587. — Francisco del Campo publicó Chronica Troyana, Me- 
dina, 1587. — El maestro Jerónimo Campos, comendador de Sant Antón, 
publicó Manual de exer ciclos espirituales del alma christiana, Madrid, 
1587. — 'Don Carlos Corzo y Lleca escribió Relación y testimonio del 
nuevo beneficio de metales (ms.), hacia 1587. — ^Antonio Crespín publi- 
có Destierro de Ignorancias, Zaragoza, 1587. — Pedro de Escobar Ca- 
beza DE Vaca publicó Viaje á Egypto y al Monte Sinaí, 1587. — ^EI 
doctor Jaime Falcón (i 522- i 594) poeta latino y matemático valencia- 
no, publicó De Quadratura Circuli, Valencia, 1587; Amberes, 1591. 
Operum poeticorum... libri V, Madrid, 1600, por Manuel de Sousa Cou- 
tiño entre ellas los Escolios al arte Poética de Horacio, Valencia, 
1624; Barcelona, 1624. Véanse en Notas al Canto del Tuna, pág. 372, 
en Gil Polo, 1778, y Gallardo (II, 986). Alabóle Cervantes en el Canto 
de Caliope. — Miguel Giner publicó el poema Sitio y toma de Anvers, 



284 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Zaragoza, 1587; Milán, 1587; Amberes, 1588. — Fray Jerónimo Gómez, 
de Torres Novas, mercedario, publicó Tabla muy copiosa de las Obras 
que el M. R. P. Fr. Luis de Granada compuso en romance, Salamanca, 
1587. — Sancho de Londoño, maestre de campo en Lombardía, publicó 
El Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar á mejor y 
antiguo estado, Bruselas, 1587, 1589; Madrid, 1593: Bruselas, 1596. 
Un ms. cita Nic. Antonio "heoho en la villa de Liera á ocho de Abril 
de MDLXVIII años", que no se sabe si es la misma ú otra obra. — 
Andrés de Luzón, capellán de Felipe II, publicó Reformación de los 
Conventos de la Orden de Santiago, Madrid, 1587. — Fray Gabriel de 
Mata\, franciscano, publicó el Cavallcro Asisio, Bilbao, 1587; t. II, 1588; 
poema en octavas, 3 partes. Vida de S. Diego de Alcalá, Alcalá, 1589; 
Madrid, 1598. Cantos morales, Valladolid, 1594, poterna en 13 cantos, 
en octavas, con explicación en prosa tras cada una, versificación fácil 
y armoniosa, estilo castizo. — Fernando de Mena, toledano, tradujo 
Historia Etiópica de los amores de Teágenes y Cariclea, Alcalá, 1587; 
Barcelona, 1614; Madrid, 1615; París, 1616 (retocada por Oudin) ; 
Madrid, 1787, 2 vols. — ^Jerónimo Merola, de Balaguer, publicó Repú- 
blica original sacada del cuerpo humano, Barcelona, 1587. — La Sa- 
grada Pasión de N. Redentor Jesu Christo en Redondillas, Toledo, 1587; 
su autor, Pedro Juan Micón, valenciano. — Bernardino de Monsoríu ó 
Calvo publicó Suma de los Fueros de Aragón, Zaragoza, 1587, 1589. — 
Alonso Morcado, sacerdote, natural de la villa de Alcántara, publicó 
la Historia de Sevilla, Sevilla, 1587, 1887, 2 vols. Atribúyenle el libro 
de Alonso de Lobera Risa... — El doctor don Francisco de Padilla, 
antequerano, canónigo y tesorero de la iglesia de Málaga, publicó 
Conciliorum omnium... Inde.v, Madrid, 1587. Tabulae Septem Ec- 
clesiae Sacramentorum, ibid., 1587. Historia de la S. Casa de N. 5"." 
de Loreto, Madrid, 1588. Oratorio Real, ibid., 1592. Tratado contra 
la Astrología judiciaria..., del italiano. Málaga, 1603. Instrucción 
de curas, Málaga, 1603. Historia eclesiástica de España. Pri. 
mera parte. Málaga, 1605. Segunda parte, ibid., 1605. — Benito Ruiz, 
maestro de Madrid, publicó Declaración de las bozes y pronunciaciones, 
que ai, en nuestra lengua Castellana, y de las letras que las manifiestan 
i exercitan, Madrid, 1587. — Lope de Salinas, poeta de Escalona, pu- 
blicó Suma de la Vida del Seráf. P. S. Francisco, en cinco cantos, To- 
ledo, 1587; Madrid, 1604. — ^Alonso Sánchez de la Ballesta, talave- 
rano, ó mejor con este seudónimo el P. Fromista de S. Agustín (véa- 
se Correas, Vocabulario, 1906, pág. 34, y Gallardo, Bibl. IV; 445) 
publicó Diccionario de vocablos Castellanos aplicados á la propiedad 
Latina, Salamanca, 1587. — Juan Sedeño, alcaide de Alessandria de- 
11a Paglia, diferente del que en 1536 publicó ios Dos coloquios, dio 
á luz la primera traducción de la Jerusalem libertada, del Tasso, Ma- 
drid, 1587. Arcadia de Sannazaro (ms. Gallardo). Las Lágrimas de 
S. Pedro de Luis Tansilo. — Jerónimo de Tejeda, intérprete de lengua 
castellana en París, publicó la Tercera Parte de la Diana, continuación 



S. XVI, 1588. FRAY ANTONIO ÁLVAREZ 285 

y desvergonzado plagio de la de Gil Polo, 1587, 1627 (Bibl. Nac). 
También escribió otra Tercera parte de la Diana Gabriel Hernández, y 
obtuvo privilegio en 1582, pero no se imprimió. — Luis Méndez de To- 
rres publicó Tratado breve de la cultivación y cura de las colmenas y 
asimismo de las ordenansas de los colmenares, Alcalá, 1587; Madrid, 
1620. — ^P. Dionisio Vázquez publicó Martirologio Romano en Caste- 
llano, Madrid, 1587. 

144. Año 1588. Fray Juan de Pineda, natural de Medina 
del Campo, franciscano de la Observancia, que vivió bastante 
tiempo en Andalucía, publicó el Libro del passo honroso defen- 
dido por el Excelente Cavallero Suero de Quiñones, Salamanca, 
1588; Madrid, 1788. Los treynta y cinco diálogos familiares de 
la Agricultura christiana, Salamanca, 1589, dos vols., que tra- 
tan de la educación del cristiano desde que nace hasta que mue- 
re. Es una suma de la doctrina católica, de la teología, de la 
filosofía gentil y cristiana, de la mitología cristianizada y mo- 
ralizada, de la fisiología y medicina antigua y de su tiempo y 
de otras mil cosas más ; un arsenal de cuanto entonces se sabía, 
con las referencias á más de setecientos autores, leídos y comen- 
tados con la maestría de quien ha profesado todas aquellas dis- 
ciplinas. Acaso es la obra más erudita que se escribió en caste- 
llano; pero vale harto más por las palabras castizas y poco co- 
nocidas, que sacó de su tierra, siendo el libro castellano más 
rico en ellas de cuantos se han escrito. Es maravilloso además 
el desenfado y donaire del diálogo en que se desarrolla la crian- 
za del cristiano, el arte de traducir á griegos y latinos, como 
si hablaran en Medina del Campo. Es Pineda el archimillonario 
del castellano, en cuyos labios el romance suena con un dejo- 
particular que parece otra lengua de la ordinariamente usada 
por los escritores, como que retrata fielmente el habla del riñon 
de Castilla. Escribió también el Libro de la vida del glorioso 
S. Juan Baptista, Barcelona, 1596; Medina, 1604. J-os Treynta 
Libros de la Monarquía eclesiástica, Barcelona, 1 594, 4 vols. ; 
1606, 1620; Zaragoza, 1576 (dudosísima edición). Cita como á 
su maestro á fray Lorenzo de Zamora, de quien sin duda tomó 
el gusto por el castellano castizo de las gentes del pueblo. 

Fray Antonio Alvarez, franciscano de Benavente, predi- 
cador en Salamanca, publicó Sylva espiritual de varias conside- 
raciones para entretenimiento del alma christiana, primera parte, 



286 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Salamanca, 1588; Zaragoza, 1590; Valencia, 1591; Salamanca, 
1594; Madrid, 1597. Segunda parte. Valencia, 1590; Salaman- 
ca, 1594; Alcalá, 1597. Tercera parte, Salamanca, 1595; Bar- 
celona, 1595; Valencia, 1596; Zaragoza, 1596. Otras edicio- 
nes, Madrid, 1605, 1615 , etc. Primer tomo de la qiiarta parte de 
la Sylva espiritual, intitulada Miscellaneas, Salamanca, 1603. 
Primer tomo del Santoral, Salamanca, 1607. Todos sermones 
del género de la homilía, en estilo llano, desentrañado el sentido 
literal y ético, distinguiéndose sobre cuantos autores conozco por 
el empleo de las voces en su acepción más propia y etimológica. 
Es de los autores más ricos en palabras y en construcciones ver- 
bales. Admirable naturalidad y brío, verdadera elocuencia cris- 
tiana, á la manera de los Santos Padres griegos. 

Consúltense : fray Juan de San Antonio, Biblioteca franciscana, t. I, 
pág. 90; P. Ledo del Pozo, Historia de Benavente, pág. 331; Vidal, 
Memoria histór. de la Universidad de Salamanca, pág. 415. 

Fray Pedro Malón de Chaide (i 530-1 596?), agustino, 
natural de Cascante, que estudió y fué catedrático de la Univer- 
sidad de Zaragoza, no puede, en ciencia ni arte, ponerse al lado 
de su hermano en religión fray Luis de León; sigue, con todo, 
sus pisadas cuanto á lo florido del estilo, debido á sus humani- 
dades, en el Libro de la Conversión de la Magdalena (1588) ; Al- 
calá. 1593; compuesto para Beatriz Cerdán. Es más ascético que 
místico, y más biógrafo que ascético, sobresaliendo en la pintura 
de cuadros de brillante color y frescura natural. Austero en la 
doctrina, es, entre los escritores espirituales, uno de los más 
artísticos, sobresahendo por el colorido. 

La Conversión de la Magdalena, Alcalá, 1593, 1596; Madrid, 1598, 
1604; Bibliot. Aut. Esp., t. XXVlI. Entre las poesías del libro hay 
unas quintillas y una octava y traducciones parafraseadas de los sal- 
mos 12, 34, 41, 54, 83, 90, 97, 103, 119, 125, 136, 139 y 147, cap. IV de 
Amos; lee. i^^ del Oficio de difuntos; un trozo de Juvenal; otro d^ 
Virgilio, y tres de Ovidio. Copia dos sonetos anónimos, dos coplas de 
Mena, un trozo del Himno de Santa Magdalena y un soneto de Gabriel 
Fiamma {Rimas espirituales). El Prólogo en alabanza de la lengua 
castellana es harto notable y digno de leerse. 

Fray Pedro de Oña C*" 1626), mercedario húrgales, obispo 
de Venezuela (1602), publicó primero obras de filosofía, sobre- 
saliendo después como predicadpr castizo y elocuente. Super 
universam Aristotelis Logicam, Alcalá, 1588. Snper octo libros 



S. XVI, 1588. ANTONIO DE HERRERA TORDESILLAS 287 

Aristotelis De Physica ausculta fione, ibid., 1592, 1593, 1598- 
Introductio ad Aristotelis Dialectlcain, ibid., 1593. Sermón que 
predicó á la Maj. Cat. del Rey N. S. FiHpo III, Madrid, 1595. 
Primera parte de las postrimerías del hombre, Madrid, 1603; 
Pamplona, 1608; Madrid, 1610; obra de honda erudición y her- 
moso castellano. Trotado de los inconvenientes y daños que ha 
causado en España la moneda de vellón..., 1604 (ms. Bibl. Nac). 

El PADRE Francisco Arias (1533-1605), jesuíta sevillano, 
de ejemplar vida, escritor ascético de unción y estilo natural y 
llano, publicó Del AprovecJmmiento espiritual. Valencia, 1588; 
Valladolid, 1593; Sevilla, 1596; Madrid, 1603. De la Imitación 
de N.^ Señora, Valencia, 1588; Valladolid, 1593. Libro de la 
Imitación de Christo, Sevilla, 1599. Práctica eclesiástica, Ma- 
drid, 1603. Un Apéndice al buen uso de los Sacramentos, en lat., 
Colonia, 1607. De la Presencia de Dios, en lat., 161 5. De la ora- 
ción mental, en lat., Colonia, 161 6. 

Cipriano de Valera (i532?-i625), fraile de San Isidro 
del Campo, que se hizo calvinista y huyó (1557) á Ginebra, des- 
pués á Inglaterra, donde se casó, publicó Dos tratados. El pri- 
mero es del Papa... El segundo es de la Missa...; reimpresos 
por Usoz en su colección de Reformistas antiguos españoles. 
Tratado Para confirmar los pobres cativos de Berveria en la 
católica y antigua fe, y religión christiana y para los consolar con 
la Palabra de Dios en las aflicciones que padecen por el Evan- 
gelio de Jesu Christo, 1594; Madrid, 1854, ed. Reform. Españo- 
les, i8y2; Institución de la Religión christiana: compuesta en 
quatro libros, y dividida en capítidos. Por Juan Calvino, Y ahora 
nuevamente traducida en Romance Castellano, 1597. Catholico 
Reformado, ó Una declaración que muestra quánto nos podemos 
conformar con la Iglesia Romana..., 1599. Reimprimió, reto- 
cada, la traducción de la Biblia, de Casiodoro de Reyna (1569); 
el Nuevo Testamento en Londres, 1596, y la Biblia entera en 
¡Amsterdam, 1602, 1625. El estilo y lenguaje son como de la 
mejor época de la prosa castellana, aunque con algunos gali- 
cismos. 

Antonio de Herrera Tordesillas (^ 1625), de Cuéllar, 
cronista real de las Indias, tradujo del italiano La Historia de 
la guerra entre Turcos y Persianas, Madrid, 1588. Historia de 



288 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

lo sucedido CU Escocia y Ingalaterra ^n 44 años que vizñó la Rey- 
na María Estuarda, ibid., 1589. Cinco libros de la historia de 
Portugal y conquista de las Islas Agores, ibid., 1591. Los Diez 
libros de la Razón de estado, de Juan Botero, ibid., 1593. His- 
toria de lo sucedido en Francia desde el año de i¿8¿..., ibid., 
1598. Infonnación en hecho y relación de lo que passó en Mi- 
lán... i¿g¿ hasta el de 1598, Madrid (sin fecha, debe de ser 
1598 ó poco después). Historia general de los hechos de los Cas- 
tellanos en las Islas y Tierra firme de Mar océano, ibid., 1601, 
161 5, 4 vols., que es su mejor obra. Historia general del mundo 
del tiempo del Sr. Rey D. Felipe II, 3 vols. : I, Madrid, 1601 : 
II, Valladolid, 160Ó; III,. Madrid; 1612. Batalla espiritual, del 
ital., del Cardenal de Fermo, ibid., 1601. Tratado, relación y dis- 
curso de los movimientos de Aragón, ibid., 1612. Los Cinco li- 
bros primeros de los Anules de C. Corn. Tácito, ibid., 1615. Co- 
mentarios de los hechos de los Españoles, Franceses y Venecian- 
110S en Italia, desde 1281 hasta 1559, ibid., 1624. Descripción 
de las Indias Occidentales, ibid., 1725. Historia general de las 
Indias Occidentales, Atnberes,, 1728. Descripción de las Indias 
Occidentales é historia gral. de los hechos de los castellanos en 
las islas y tierra firme..., Madrid, 1726-30, 4 vols., 2.^ edición. 
Varón trabajador como el que más, gran conocedor de nuestras 
historias y escritor verídico y discreto. Consúltese Pérez Pastor, 
Bibliografía Madrileña, III, págs. 380-387. 

El LICENCIADO Jerónimo de Huerta, de Escalona, médico 
de Felipe IV, publicó Florando de Castilla, Lauro de Caballeros, 
en octava rima y 13 cantos, Alcalá, 1588, reimpreso por Ad. 
Castro en Curiosidades bibliográficas, de Aut. Españ. Traduc- 
ción de los libros de C. Plinio Segundo de la Historia natural de 
los Animales con anotaciones curiosas (libros VII y VIII), Ma- 
drid, 1599. Traducción del libro IX De la Historia natural de 
los Pescados, ibid., 1603. En junto, Tradución de los libros de 
Caio Plinio Segundo de la historia de los Animales, Alcalá, 
1602. Historia natural de Plinio ampliada con escolios y an- 
notaciones, Madrid, 1624. El tomo segundo (libros XII á 
XXXVII), Madrid, 1629. Problemas filosóficos, Madrid, 1628. 
De Immaculata Conceptione B. Virginis Mariae Panegyricum, 
ibid., 1630. j 



S. XVI, 1588. EL BACHILLER GARCI-SÁXCHEZ 289 

El LICENCIADO DON JUAN DE HOROZCO Y CoVARRUBIAS, to- 
ledano, hijo de Sebastián de Horozco, arcediano de Cuéllar en 
la santa iglesia de Segovia y obispo de Agrigento, publicó los 
Emblemas moróles^ dedicados al presidente D. Diego de Co- 
varrubias y Ley^^a, su tío, Segovia, 1588, 1591 ; Zaragoza, 1604. 
Tratado de la verdadera y falsa profecía, Segovia, 1588, 1589. 
Paradoxas Christianas contra las falsas opiniones del mundo, 
Segovia, 1592. Symhola Sacra, Agrigenti, 1601. Consuelo de 
afligidos, Agrigenti, 1605. Doctrina de Príncipes enseñada por 
el Santo Job, Valladolid, 1605. 

1-45. Año 1588. Fray Antonio de Azevedo, agustino portugués 
ó gallego, publicó Elenchus comnientarii iii Pentateiichum, Barcelona, 
1588. Catecismo, Barcelona, 1589; Perpiñán, 1590 ; Zaragoza, 1592; 
Barcelona, 1597. Crónica de la Orden de S. Agustín, 1607. De un An- 
tonio de Acevedo hay una Comedia sobre las palabras del Evangelio: 
Venite post me (Barbosa). — Fray Jerónimo de Almonacir, dominico, 
publicó In Canficum Canticorum, Alcalá, 1588. — El maestro fray 
Diego de Avila (1556-1611), trinitario de Baena, gran predicador en 
la Corte y escriturario, dejó escritos 42 libros y explicados 1.600 luga- 
res de Escritura, muy alabado del padre Valderrama y F. '^° Pacheco, 
que nos dejó su biografía y retrato en su Libro de Retratos. — 'Loren- 
zo de Ayala, toledano, compiló de varios autores Jardín de Amadores, 
versos amatorios. Valencia. 1588. — El padre Jl^^n Bonifacio, de San 
Martín del Castañar, publicó Chrisiiani pueri Institutiones, Burgos, 
1588. — Francisco de Castro, capellán del Hospital de San Juan de Dios, 
publicó Miraculosa vida y santas obras del B. Joan de Dios, Granada, 
1588. — Fray Lucas de Córdoba, agustino, publicó Vida de S. Guiller- 
mo, Perpiñán, 1588. — Fray Francisco de las 'Cuevas, mínimo sevillano, 
tradujo del ital. Vida de S. Francisco de Paula, Zaragoza, 1588. — 
l'RAY Nicolás Días (t 1596), dominico de Lisboa, publicó Tratado del 
juicio final, Salamanca, 1588; Madrid, 1595; Valladolid, 1599. — Fray 
Juan Bautista Feyo ó Feijo, franciscano, publicó Kalendarium per- 
petnum, Lisboa, 1588. — Juan Fernández Montano escribió Beneficio 
de los metales de plata (ms.), hacia 1588. — Lorenzo Ferrer Maldona- 
do, soldado, escribió Relación del descubrimiento del Estrecho de 
Anián hecho por Lorenzo Ferrer Maldonado. Año de 1588 (ms.). Ima- 
gen del Mundo sobre la Esfera, Cosmografía. Geografía y Arte de na- 
vegar, Alcalá, 1626, postuma. — Diego Freyle, sastre granadino, publicó 
Simetría y traza para el oficio de Sastres, Sevilla, 1588. — El licenciado 
Juan García de Becerril publicó Oratio panegyrica coram Philipo II, 
Alcalá, 1588. Expositio Rerum gestarum in concertatione gramniatica 
Philippi III, ibid., 1588. Altera exercifatio grammatica Philippi Hispa- 
niarnm Principis, ibid., 1589. — El bachiller Garci-Sánchez escribió 

'9 



290 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Del beneficio de las minas por azogue, hacia 1588. — Jaime Guiral de 
Daroca^ publicó en verso y nueve cantos, Proceso y contemplación de la 
Pasión de N. S. Jesu-Christo, Zaragoza, 1588. — Dox Bartolomé de 
Humada Mudarra (t 1624), de Ronda, publicó Scholiuní sen brevis 
Interpretatio ad Glossam in primaní et secundam Partitarnm partem 
conditam per eximimn Dr. Gr, Lopeziwn. Madrid, 1588. — Juan Bau- 
tista Lavaña (1555-1624), de Lisboa, cosmógrafo y cronista de Portugal 
por los Felipes III y IV, y maestro de ellos de Matemáticas, escribió 
Tratado del arte de navegar, 1588. Regimiento náutico, Lisboa, 1599; 
Itinerario de Aragón... escrito en 1610 (ms. Amberes). Libro histórico 
y genealógico de la Monarchia de España mandado escribir por Fe- 
lipe III en 16 12 (ms.). Viaje de... Felipe III..., Madrid, 1622. Selva 
Real, árboles geneal. (ms.). Historia de la Casa de Lerma (ms.). Ori- 
gen... y descendencia de la Casa de Silva (ms.). Notas al Nobiliario 
del Conde de Barcellos, con su traducción, Roma, 1640 (ms. Bibl. Nac, 
V. 35 ^- K. 7). Descripción del Universo para uso del Príncipe Feli- 
pe IV, iluminada (Bibl. Nac, Aa. 81). Compendio de Geografía (ibid., 
A a. 82). Arboles genealógicos... (ibid.. Y, 3, 15). Casas de títulos y par- 
ticulares (ibid., Y, 3, 15). Mapa de Aragón (Socied. Amigos de! País de 
Zaragoza), aumentado en 1761, y se publicó, perfeccionado, por don 
Tomás Fermin de Lazaun y Tornos, 1777 ; lleva una nota de 1610 y otra 
de 1777. Véase Isidoro Antillón, Variedades de Cieñe, Litcr. y Ar- 
tes. — Don Pablo Lima Pereira (1538-1589), de Guimaraes (Portu- 
gal), famoso guerrero en África y Oriente, escribió en 1588 Rela- 
ción de la Victoria que alcanzó yendo á socorrer á Malaca (ms. 
Bibl. Nac). Relación del sitio y conquista de la fortaleza de loor año 
de 158/. — .Don Diego López de Zúñiga, publicó De Voto, Salamanca, 
1588. — Juan López Serrano, madrileño, tradujo del doctor Navarro. 
Discurso de el silencio que se debe guardar en los diz'inos oficios. Sa- 
lamanca, 1588. — Fray Luis López, dominico, publicó Instructorium 
Conscientiae, Lyon, 1588?; Salamanca, 1592, 1594. De Contractibus, 
Salamanca, 1592. — Dionisio Pablo Llopis, sacerdote valenciano, pu- 
blicó Flosculus de Clericorum et Sacerdotum excellentiis, \'alencia, 
1588. De vera quatuor Patriarchalium sediuní, Roma, 1600. — Fray 
Alfonso de Mendoza (t 1591), agustino, publicó Ouaestiones Quodli- 
beticae, Salamanca, 1588. — Juan Tomás Minadoy publicó Historia de 
la guerra entre Turcos y Persianas desde el año 1576 hasta 1585, Ma- 
drid, 1588. — El padre Luis de Molina (t 1600), jesuíta de Cuenca, pu- 
blicó De Concordia gratiae et libcri arbitriij Lisboa, 1588; Amberes, 
1595: en este libro está el molinismo, contra el tomismo bañesiano, que 
originó las célebres controversias De Auxiliis. Es el autor de la ciencia 
media, que defendieron los jesuítas, aunque entre ellos fué desapro- 
bada por el padre Enricfue Enríquez, el padre Gabriel Vázquez y el 
cardenal Belarmino, y la impugnaron, sobre todo, los dominicos, si- 
guiendo á San Agustín y Santo Tomás como una novedad de sabor pe- 
lagiano, hasta que Paulo V prdhibió se tratase más esta controversia 



S. XVI, 1589. EL LICENCIADO MIGUEL SÁCHEZ VIDAL 29 1 

(1611). In D. Thomant^ Cuenca, 1593. Appendix ad Concordiam. De 
lustitia et lure, Cuenca, 1593. — Francisco Xúñez Navarro, ecijano, 
publicó Del Precepto Evangélico de perdonar y amar á los enemigos, 
Sevilla, 1588, 1618. — Alonso Ortiz de Castro, cordobés, escribió Co- 
mento de Gorgio Trapeciunzio sobre el centiloquio de Ptolomeo, de 
Griego traducido en Latín y agora en Romance, 1588 (ms. Bibl. Nac). 
— Fray Baltasar de Salas publicó Devocionario y contemplaciones 
sobre... el Rosario, Madrid, 1588. — Don Diego de Tapia Aldana, ca- 
nónigo regulador de Uclés, publicó Philemon, Dialogus, sive de Tri- 
plici bono et vera hominis nobilitate. Salamanca, 1588. — ^Alonso Iñi- 
go de Valdés, de Oviedo, publicó Tractatus Eleemosynarum, Ma- 
drid, 1588. — Fray Bartolomé de Vega, dominico, publicó Computo 
Eclesiástico, Pamplona, 1588, — Alonso Velázouez publicó De Institu- 
iione praeclarae Pueritiae, 1588. — Luis Velázquez de Avendaño pu- 
blicó Glossa Legum Tauñnarum, Toledo, 1588. In Novam Recopilatio- 
neni, Madrid, 1593. De Censibus Hispaniae, Alcalá, 1614. Tratado de 
la justa imposición del tributo de los millones (ms.). — En 1588 es pro- 
bable hubiera edición de la Flor de varios y nuevos Romances... reco- 
pilados por Andrés de Villalta, Valencia; ibid., 1591, añadióse ahora 
nuevamente la tercera parte por Felipe Mey; Valencia, 1593, Primera 
y Segunda y Tercera parte. — Martín Alfonso Vibaldo, toledano, pu- 
blicó Candelabrum aureum... de scptem Sacramentis..., Bolonia, 1588, 
Baculus Sacerdotalis, Colonia, 1600. El Petri de la Cavalleria Caesar- 
angustani Zeli Christi contra ludacos, Sarracenos et Infideles, escrito 
en 1450, publicólo con glosas en Venecia, 1592. — Fray Francisco 
Zumel (t 1607), mercedario palentino, catedrático de Salamanca, es- 
cribió De initio et fundatione Ordinis B. Mariae de Mercede, Sala- 
manca, 1588. Instructio officiorum, ibid., 1588. De 1594 á 1597: In 
I.'"" 5". Thomae é In /■"" 2^ , Salamanca. Variarum disputationum, 
vol. III, ibid., 1608. 

146. Entre 1589 y 1594 aparecieron los primeros romances 
nuevos, esto es, artísticos, en Valencia , en cuadernos ó pliegos ; 
no pasando de nueve los romances de cada uno. En la Ambro- 
siana de Milán hay una colección de hojas volantes de este 
género. La mayor parte pasaron á las Flores y al Romancero 
general, del que son precursores. Hiciéronse tan populares como 
los romances viejos, y por eso salían como literatura de cordel, 
y luego hubo que copiarlos en dichas colecciones grandes para 
dar abasto al público, siempre hambriento de romances. 

Año I58Q. El LICENCIADO MlGUEL SÁNCHEZ VlDAL naciÓ 

en Piedrahita. fué sacerdote y secretario del Obispo de Cuen- 
ca, poeta lírico y dramático, tan justamente alabado por los me- 
jores ingenios de su tiempo, que le apodaron el Divino, como 



292 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

puede verse por las pocas, pero maravillosas muestras que de 
su numen nos han llegado. Sólo tenemos dos poesías líricas, que 
son, en su género, de lo mejor de nuestro Parnaso : la silva á 
Cristo crucificado, que Espinosa puso en el núm. 231 de la pri- 
mera parte de sus Flores de poetas ilustres (1605), y el romance 
Oíd, señor don Gaifcros, del Romancero general (1604). Cono- 
cemos sólo cuatro comedias su3^as : La Guarda cuidadosa, que 
es la mejor, y otras tres. Fué, como Cuevas, predecesor de Lope 
en la fundación del teatro nacional. 

Juan de Castellanos (1522-1607?), natural de Alanís, pro- 
vincia de Sevilla, soldado en América, ordenado y beneficiado 
en Tunja desde 1556, en el nuevo reino de Granada; escribió, de 
1570 á 1590, las Elegías de varones ilustres de Indias, en 
150.000 endecasílabos, cuya primera parte salió en Madrid, 
1589; la segunda y tercera, en 1847 (^- ^^^ de Aut. Españ.), y la 
cuarta, en 1887, por Paz y Melia, 2 vols. . con el título de His- 
toria del Nuevo Reino de Granada. Es imitador de Ercilla, 
como él mismo confiesa, pero mediano poeta, si bien bas- 
tante fiel á la verdad histórica, en la cual y en el uso de voces 
americanas es autor provechoso. Mucho de lo que cuenta lo vio ; 
de lo que oyó, ya dice él: "Y si, lector, dijerdes que es comento, 
como me lo contaron te lo cuento." 



147. Cervantes alaba á ]\IigueI Sándhez como poeta lírico en el 
Viaje (cap. II) y en el prólogo de las Comedias como dramático: "Es- 
tímense las trazas, artificiosas en todo extremo, del licenciado Miguel 
Sánchez." Lope dijo de él que tenía ingenio para "engañar con la ver- 
dad" ; llamóle Fénix y "primer maestro de las Musas de Terencio" en 
el Laurel (de 1628 á 1630), y pues dice que "le mató Plasencia", de- 
bió de morir antes de 1630. La Guarda cuidadosa vio la luz pública en 
Flor de comedias (1615) ; en Ochoa, Tesoro del Teatro español, y en 
Bibl. Aut. Esp. Las otras tres: El Cerco de Tunes y ganada de la go- 
leta por el Emperador Carlos V, La Isla Bárbara, comedia histórico- 
instructiva (1589), Segunda parte del Corsario Bárbaro ja y huérfano 
desterrado, hállanse en Doce comedias, Tortosa, 1638. Canción á Chris- 
io crucificado, salió en Primera parte de las Flores de poetas ilustres, 
de Espinosa (1605), atribuida por Mayans á fray Luis de León y aña- 
dida á las Poesías que de él editó en 1761; publicóla también Sedaño 
en el t. V de su Parnaso (1771), devolviéndola á su autor; tornóla á 
fray Luis el editor de Poesías espirituales (1779). La otra poesía de 
Sánchez, el romance caballeresco Oíd, señor don Gaifcros, en el Ro- 



S. XVI, 1589. EL PADRE MARTÍ X DE ROA FRANCÉS 293 

mcincero genera^, Madrid, 1604, reimpresa en lel t. X de la Bibl. de 
Aut. Esp., por Duran (t. I, núm. 378). Cervantes le tomó el verso 
Harto os he dicho: miraldo {Quij., 2, 26). 

Miguel Sánchez. La Isla bárbara y La Guarda cuidadosa, ed. H. A. 
Rennert, Boston, 1896; La Guarda cuidadosa, Bibl. de Aut. Esp., 
t. XLIII ; Poesías, Bibl. de Aut. Esp., ts. X, XXXV y XLII. Consúl- 
tense: A. L. Stiefel, Litteratiirblatt für germanische imd romanische 
Philologie (1897), págs. 95-98; J. D. Fitz-Gérald, Modern Language 
Notes (1898). t. XIII, págs. 100-108. 

Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias [par- 
tes I, II y III], Bibl. de Aut. Esp., t. IV; [parte IV], ed. A. Paz y 
Melia, Madrid, 1887, 2 vols. (Colección de escritores castellanos, 
ts. XLIV y XLIX). Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de 
poetas hispano-americanos , t. III, págs. viii-xxiii ; Paz y Melia, en la 
Introducción á su ed. ; D. M. Jiménez de la Espada, Juan de Castella- 
nos y su Historia. Madrid, 1889. 

148. Año ríSg. El padre Martín de Roa Francés 
(i555?-i637) nació en Córdoba hacia 1555, estudió con los pa- 
dres de la Compañía en aquel Colegio, se bachilleró en Artes y 
Filosofía en Sevilla, año 1576; se licenció en Osuna en 1577, y 
á pooc entró en la Compañía de Jesús, donde fué Rector de los 
Colegios de Jerez, Ecija, Sevilla, Málaga y Córdoba; vireDrc- 
pósito de la Casa profesa de Sevilla, viceprovincial de Andalu- 
cía y Procurador en Roma el 161 1. Hizo la profesión de cuatro 
votos en 1594, y enseñó Humanidades, Retórica y Escritura 
durante más de diez y seis años. Murió en Montilla. Sobresale 
su prosa por lo ondulada, armoniosa, elegante y suelta en gra- 
ves períodos, y con todo eso sin afectación. 

149. Obras del padre Roa: De Accenfu et recta in Latinis, He- 
braeis, Graccis et Barbaris pronuntiatione, Córdoba, 1589. Oratio ad 
D. Franciscum de Reinosa Episcopmn Cordubensem, Córdoba. 1598. 
Singularium locorum ac rerum libri V... multa ex Gcntium, He- 
braeoruní moribus explicantur, ibid., 1600. De die natali, sacro et pro- 
fano, ibid., 1600: Lyon, 1604, 1634, 1667. Vida de doña Ana Ponce de 
León, Córdoba, 1604; Sevilla, 1615, con la Vida de doña Sancha; 
Roma, 1666; Madrid, 1883. De Cordubac in Híspanla Betica princi- 
patu y De antiquitate et auctoritate S. Martyrum Cordnbensium, L3'on, 
1607. De la Antigüedad, uso y veneración de las S. Imágenes y Reli- 
quias, Sevilla, 1613, 1623. Vida y marazñllosas virtudes de doña Sancha 
Carrillo, Sevilla, 1615; Amberes. 1639; Madrid, 1883. Vida, santidad 
y milagros de S. Francisca Romana ó de Ponciani, traducida del ital., 
Sevilla, 1615. Flos Sanctornm. Fiestas i Santos naturales de la ciudad 



2Q4 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

de Córdoba. Algvnos de Sevilla, Toledo; Granada..., Sevilla, 1615, 
Santos Honorio, Eutichio, Estevan, Patronos de Xerez de la Frontera. 
Nombre, sitio, antigüedad de la ciudad, valor de sus ciudadanos, Se- 
villa, 1617, Estado de las almas del piirgatorio. Correspondencia que 
hazen á sus Bienhechores..., Sevilla, 1619, 1620, 1623, 1626, 1628; 
Barcelona, 1631; Roma, 1627; Florencia, 1628; Venecia, 1643; Vene- 
cia, 1660, 1672, etc. Relación, origen y milagros del S. Cristo i N. S.^ 
de la Caridad que están en la Iglesia de Carmelitas descalzos, en la villa 
de Guadalcagar, Málaga, 162 1 (por la licencia y dedicatoria se ve ser 
obra suya). Málaga. Su fundación, su antigüedad eclesiástica y se- 
glar.... Málaga, 1622. Estado de los bienaventurados en el ciclo. De 
los Xiilos en el Limbo... De las Almas en el Purgatorio. De los Con- 
denados en el Infierno. Y de todo este Universo, después de la resu- 
rrección y Juicio universal, Sevilla, 1624, 1626; Gerona, 1627; Huesca, 
162S; Lisboa, 1630; Barcelona, 1631; Madrid, 1653; Alcalá, 1663. De 
las Antigüedades y excelencias de Córdoba, Córdoba, 1627. Ecija. Sus 
santos, su antigüedad eclesiástica i seglar, Sevilla, 1629, 1639; Ecija, 
1890; continuó la obra Andrés Florindo. Monasterio antiguo de 
S. Christóbal de Córdoba..., Sevilla, 1629. Instrucción y regla del 
B. S. Leandro arcobispo de Sevilla, á su hermana S. Florentina, trad. 
del latín, Sevilla, 1629, 1630. Oficios y beneficios del Ángel de nuestra 
guarda, Córdoba, 1632; Lisboa, 1634; Roma, 1671. Antiguo principado 
de Córdova en la España Ulterior ó Andaluz, traducido del latín y 
acrecentado..., Córdoba. 1636. Historia desta provincia de la Compa- 
ñía de Jesús de la andalucía... (ms. en la Bibl. provine, y universit. de 
Sevilla). Hizo algunas poesías. 

150. Año i^Sp. De la Guerra de Campaña de Roma y del Rcyno 
de Ñapóles En el Pontificado de Paulo III... de Alexandro Andrea 
Napolitano, Madrid, 1589. — Historias traficas ejemplares, de Bandello 
Veranes, Salamanca, 1589. — Don Jerónimo de Barrionuevo y Peralta 
(i587?-después de 1660), granadino, estudió y licencióse en ambos De- 
rechos en Alcalá; fué contador de la casa y estados de los Marqueses 
del Carpo, canónigo de Sigüenza; sostuvo, con uno de Zaragoza, desde 
Madrid, de 1654 á 1658, correspondencia sobre asuntos políticos. Hizo 
desde joven poesías y comedias, que quiso imprimir de 1641 á 1643, á 
nombre de su amigo don Juan Cantón de Salazar : pero quedaron in- 
éditas (M-410), así como las cartas al Deán (H-ioo), en la sala de 
mss. de la Bibl. Nacional. En un romance cuenta toda su vida. Fué 
del hábito de Santiago, como su padre el licenciado García de Ba- 
rrionuevo. Don Juan Pérez de Guzmán supone hubo, entre 1550 y 
1650, dos literatos con el mismo nombre y los dos mismos apellidos. 
Publicó Sucesos de la Monarquía española desde i6^^4 á 1658 (Autor, 
castell.). — Diego de la Cantera, del concejo de Pravia, publicó Quaes- 
tionum Criminalium Practicarum volumen. Salamanca, 1589; Franc- 
fort, 1589. — Jerónimo de los Cobos compuso, antes de 1590, Lágrimas 



S. XVI, 1589. JUAN GUTIÉRREZ 2g5 

del Apóstol S. Pedro, en 66 octavas, poema que nada tiene que ver con 
el de Tansillo y que está muy bien escrito, en verso fácil y con verdadera 
unción. Publicólo don Marcelo Macías en Poetas religiosos inéditos del 
siglo 'XVI, 'LdL Coruña, 1890. — Francisco de Covarrubias, médico de 
Felipe II, publicó In libros Hippocratis de morhis popularihus, Turín, 
1589. — Juan de la Cuesta, de Valdenuño Fernández (Guadalajara), 
publicó Libro y Tratado para enseñar leer y escriuir, Alcalá, 1589. — 
El PADRE Francisco Escudero, jesuita conquense, publicó La Vida de 
S. Julián, Toledo, 1589; Cuenca, 1595. — El padre Martín de Funes 
(t 1617), jesuíta, publicó De vitiis et peccatis, 1589. De Dea uno. 
Speculum morale, Constanza, 1598. Methodus practica utendi libro 
Th. de Kempis. — Sebastián Gómez de Figueredo, portugués, profesor 
de Filosofía en Salamanca y canónigo de Braga, publicó In Psal- 
mum 4, Salatmanca, 1589. Milicia Christiana de los tres enemigos del 
alma, 1596. Homiliarum Dominicale, Lyon, 1606. — Lorenzo Gozar, 
valenciano, publicó De Mcdicinae fonte, Valencia, 1589. — Tomás de 
Gracián Dantisco (1558-1621), ihijo de Diego Gracián de Alderete y 
de doña Juana Antisca, vallisoletano, censor de libros, alabado de 
Cervantes en el Canto de Caliope y Lope en el Laurel, publicó Arte 
de escribir cartas familiares, Madrid, 1589. Cerv. : "Por la curiosidad 
y entendimiento ! de Thomas de Gracián, dadme licencia ¡ que yo le 
escoja en este valle assiento i ygual á su virtud, valor y sciencia..." 
Según Claramonte, en su Letanía (1612), fué "eminente imitador de la 
Naturaleza con el pincel y la pluma". En 'el Viaje (cap. VII) dice Cer- 
vantes como el autor de la Pícara Justina, con un librazo "al buen 
Tomás Gracián, mancó de un brazo". Véase N. A. Cortés, Noticias de 
una Corte literaria, pág. 128. — El licenciado Pe.dro Sánchez Viana, 
de Viana, provincia del Miño, médico en Valladolid, tradujo Las trans- 
formaciones de Ovidio... en tercetos y octavas, rimas, Valladolid, 1589. 
Consúltese Rudolph Schevill, Ovid and the Renascence in Spain, Ber- 
keley, 1913. — Francisco Guerrero (1527-1599), de Beja. maestro de 
Capilla y racionero de la Sancta iglesia de Sevilla, publicó Tiple y 
canciones y villanescas espirituales, á tres y á cfiatro y á cinco voces, 
Venecia, 1589. El Viaje que hizo á Jerusalem, Va.!encia, 1593; Sevi- 
Jl/a, 1596; Alcalá, 1605; Cádiz, 1620; Sevilla, 1620, 1645. Hymni 
Magníficat, Lovaina. Su retrato y biografía, en F.co Pacheco, Libro 
de retratos. — Juan Gutiérrez, doctoral Eoclesiae Civitatensis (Plasen- 
cia), publicó Consilia varia. Salamanca, 1589. Ouaestionum circa leges 
Regias Hispaniae Primae Partís Novae Collectionís Regíae, Salaman- 
ca, 1589; Madrid, 1593, 1598, 1606, 161 1. De Juramento confirmatorio; 
Alcalá, 1589; Madrid, 1597. Repetitiones, Salamanca, 1592. Informa- 
ción de derecho en favor del Estado Eclesiástico, Madrid, 1596. Ca- 
nonicarum... Qiiaestíonum, Madrid, 1597; Salamanca, 1617; Madrid, 
1608. De Tutclis et curís minorum, Salamanca, 1602. Practicarum 
Quaestiomim... Líber IIII, Madrid, 161 1. Practicarum:.. ó De Gabellis, 
Madrid, 1612. Praxis Criminaiis, ibid., 1634. Repetitiones sex, quatuor- 



296 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

decim inris AUcgationes, ct dúo et quinquaginta Consilia Tertia... 
editione, Madrid, 1618. — Fray Francisco de Herrera, franciscano, 
publicó In J"' et 2''" Scntentianwt, 2 vols., Salamanca, 1589. De An~ 
gelis, ibid., 1595. Dtspíitatioiics Theologicae, ibid., 1600. Instrucción 
cristiana, Medina, 1604. Mannalc Theologiciim, Roma, 1606. — Juan de 
Herrera, arquitecto de Felipe H, publicó El Sumario y breve declara- 
ción de los diseños y estampas de la fábrica de S. Lorenzo el Real del 
Escorial, Madrid, 1589. Discurso sobre la figura cúbica. — Fray Lu- 
percio de Huete, dominico aragonés, publicó In Genesini, Valencia. 
1589- — Iñigo de Lasarte y Molina, de Guadalajara, publicó De Dé- 
cima venditionis et perimitationis, quae Alcavala nuncnpatnr, Alcalá, 
1589; Madrid, 1599. Additamenta al anterior. Madrid, 1599. — El padre 
Domingo López, jesuíta, publicó De S. Scripturae auctoritate, Sevilla, 
1589. — Fray Miguel de Madrid, Jerónimo del Parral, Fiestas Reales 
de justa y torneo, pleito sobre la iglesia, sacerdocio y reino de Christo. 
Farsa en cinco actos, en verso (ms.), 1589. — Marcos Martínez de Al- 
calá,, publicó Tercera Parte del Espejo de Príncipes y Cavalleros : 
hechos de los ¡lijos y nietos del Emperador Trebacio, Alcalá, 1589. De 
la Tercera Parte del Espejo de Príncipes..., Zaragoza, 1623. La Pri- 
mera es de Diego Ortúñez (1562). — Vicente de ]\Iillis Godínez, im- 
presor, publicó Historias Trágicas cxemplares sacadas de las obras 
del Bandelo y ordenadas por Pedro Bovistán y Francisco Belleforest, 
Salamanca, 1589. Polidoro Virgilio de los Inventores de las cosas, Me- 
dina, 1599, del latín. — El bachiller Pedro de Moncayo, de Borja de 
Aragón, publicó Flor de varios romances nuevos Primera y Segunda 
Parte (también con la Tercera parte, al fol. 138), Huesca, 1589; Bar- 
celona, 1591; Perpiñán, 1591; Zaragoza, 1592; .Madrid, 1593, 1595; 
Alcalá, 1595; Madrid, 1597, 1598. Crónica de Pedro de Moncayo, 1589. 
Las Hazañas y los amores del buen Gazul, cavallero moro de Grct- 
nada, Sevilla, 1599. — Juan de Mora, presbítero toledano, publicó Dis- 
cursos normales, IMadrid, 15S9. — Lorenzo Osorio Barba, canónigo com- 
postelano, publicó Pina de rosas atadas por graves y santos autores... 
para que la puedan oler los Sacerdotes en el santo y sober. mysterio 
del altar, Salamanca, 1589. — El licenciado Diego Pérez de Mesa, 
nacido en Ronda, publicó un libro sobre la limosna, 1589; De las gran- 
dezas y cosas notables de España, 1595, de Pedro de Medina, con adi- 
ciones. Comentarios de sphera, 1596 (ms. Bibl. Nac). Los J05 apho- 
rismos (ms. Bibl. Nac). — Antonio Pichardo Vinuesa (1565-1631), 
segoviano, profesor de Deredho en Salamanca (1594), publicó De Mo- 
rae commissione et emendatione, Salamanca, 1589. In L. Si ante ac- 
ceptum iudicium D. iudicatum solvi, ibid., 1600. Practicae Institutiones, 
sive manuductio iuris civilis Romanorum, 1606. De Stipulationibus 
iudicialibíis, ibid., 1606. Lectiones S alamanticenses , ibid., 1621. De Li- 
beris, Valladolid, 1622. In quatuor Institutionum Justiniani libros, 
2 vols., 1608; 4.^^ ed., Valladolid, 1630; Genova, 1657. — ^Fray Juan de 
Rada (t 1608), franciscano de Tauste, publicó Controversiae Theolo- 



S. XV'I, 1590. EL INCA GARCILASO DE LA VEGA 297 

gicae ínter S. Thomam et Scottim, París, 1589; Venecia, 1598; Sala- 
manca, 1599. — Fray Diego Sánchez de la Cámara, carmelita alcalaíno, 
publicó Pasión de N. S. en versos, INIadrid, 1589. Conceptos espirituales 
sobre el Miserere, del ital., de César Calderari de Vicenza, Alcalá, 1594. 
— LÁZARO DE Soto, médico de Felipe II, publicó Animadversiones Medi- 
cae ct commentaria in librum Hippocratis de Aere, aquis et locis, 
Madrid, 1589. Animadversiones Medicae Practicae, con otros opúscu- 
los, ibid., 1594. Commentariormn in Hippocratis libaos, IMadrid, 1594. 
— Fray Diego de Tapia (t 1591), agustino segoviano, publicó De In- 
carnatione, de Euchar. Sacramento, De ritii Missae, Salamanca, 1589. 
— Luis de Tovar, de Astorga, publicó Triuniphos de N. S. Jesu Christo, 
Salamanca, 1589, Poema mystico de S. Antonio de Padua, Lisboa, 
1616. — Agustín Vázquez, médico, publicó Quacstiones medicas practi- 
cas y Chirnrgicas, Salamanca, 1589. Observatiomim medicínalimn 
1. IV. Consultationnm cum diversanim Regionum Mediéis..., Ulma, 
1649. 



151. ^Año 1590. Fray Juan de los Angeles (1536?- 
161 1?), franciscano, provincial y superior de la casa de San 
Bernardino, en Madrid, confesor de las Descalzas Reales y pre- 
dicador de la emperatriz María, hermana de Felipe III. fué he- 
redero de la fervorosa piedad de San Pedro de Alcántara y 
afamado maestro de espíritu. Moralista y psicólogo sutil en la 
doctrina, que expone con claro método, místico por su eleva- 
ción, prosista regalado por lo apacible del estilo, lo vivo de la 
imaginación 3^ lo tierno de los afectos. 

El Inca Garcilaso de la Vega (1540-1615) nació en el 
Cuzco, mestizo, de un conquistador y de una india principal, 
descendiente de Huayna Capac; desde los veinte de su edad, 
vivió en España, lo más en Córdoba : pero conservó mucho de 
indio. En 1590 publicó en Aladrid la versión de los Diálogos de 
Amor^ de León Hebreo, mejorando el texto italiano, que parece 
traducción de un original español perdido, reimpresos en Ma- 
drid, 1915, t. IV de los Orígenes de la Novela. En 1596 escribió 
en Granada la Genealogía de Garci Pérea de Vargas (Gayangos, 
notas á Ticknor. III. pág. 555). La Florida del Inca ó Histo- 
ria del Adelantado Hernando de Soto, Lisboa, 1605. De 1609 
'á I '6 1 7 los Comentarios Reales que tratan del origen de los 
Incas. Primera parte. Lisboa, 1609; Madrid, 1723, obra histó- 
rica y novelesca á medias ; Segunda Parte, Historia general del 
Perú, Córdoba. 161 7. Historia de la Florida y Jornada que á 



298 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

ella hko el Governador Hernando de Soto, Sevilla, 1695. Más 
bien que historias son sus obras novelas, por la credulidad y el 
amor á su tierra; pero es ameno y animado, y el asunto, pin- 
toresco y agradable. 

El DOCTOR FRAY Damián DE Vegas, vccíuo de Toledo, del 
liábito de San Juan, en el convento de Santa Alaría del Mon- 
te, publicó el Libro de Poesía christiana^ moral y divina, To- 
ledo, 1590, donde está La comedia Jacobina ó la Bendición de 
Isaac, en tres actos, y además hay dos Coloquios. El Libro tiene 
redondillas, quintillas, décimas, sonetos, tercetos, canciones; la 
comedia, un diálogo y un coloquio. La versificación es fácil, 
aunque, en general, poco vigorosa; la dicción pura y castiza. Re- 
imprimióse en el tomo xxxv de la Bibl. Aut. Esp. 

152. Sobre el padre Angeles, dice ^I. Pelayo, Ideas estct., t. III, 
pág. 131 : "Uno de los májS suaves y regalados prosistas castellanos, 
cuya oración es río de leche y miel... Si el ingenio oratorio y expan- 
sivo de fray Luis de Granada busca á Dios en el espectáculo de la 
naturaleza y se dilata en magníficas descripciones de la armonía que 
reina entre las cosas creadas, el ingenio psicológico de fray Juan de 
los Angeles le busca en la silenciosa contemplación del íntimo retrai- 
miento de la mente, á la cual ninguna cosa creada puede henchir ni 
dar hartura. Al fin, es admirable cópula la que se hace de lo alto de 
Dios y de la nada del liombre." Obras de fray Juan de los Angeles: 
Triumphos del amor de Dios, Medina, 1590. Diálogos de la conquista 
del espiritual y secreto reino de Dios (tiene dos partes, la 2J' es el 
Manual, que salió en 1608), Madrid, 1595; Barcelona, 1597; Alcalá, 
1602. Lucha espiritual y amorosa entre Dios y el alma, en que se des- 
cubren las grandezas y triunfos del amor y se enseña el camino ex- 
celentísimo de los afectos, Aladrid, 1600 (es un compendio de los 
Triumphos del amor). Sermón, que en las Honras de... la Emperatriz... 
predicó, Madrid, 1604. Tratado Espiritual de los soberanos Mysterios 
y Ceremonias santas del divino sacrificio de la Misa, Madrid, 1604. 
Considerationum Spiritualium super libruní Cantici Canticorum Salo- 
monis in utraque lingua, Latina et Hispana, Madrid, 1607. Tratado de 
la presencia de Dios, Madrid, 1607. Diálogos de la Conquista del espi- 
ritual y secreto Reyno de Dios, Madrid, 1608, 2 vols., ó partes (la 2.^ es 
el Manual, que también salió aparte) ; Manual de vida perfecta, Ma- 
drid, 1608. Libro I del Vergel espiritual del ánima Religiosa, Madrid, 
1610; al cual faltan las partes 2.^, 3." y 4.", que promete en la primera, 
lo que da á entender que debió de morir en 1611. En Discursos predi- 
cables, de fray Juan B. de Madrigal, ]Madrid, 1605, hay un sermón de 
fray Juan de los Angeles. Obras místicas de Fr. J. de los Angeles, 
ed. P. Fr. Jaime Sala, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XX; Manual de 



S. XVIj 1590- FRAY JUAN DE LOS ANGELES 299 

vida perfecta, Barcelona, 1905; Triunfos del amor de Dios, ^íadrid, 
1901 ; Diálogos de la conquista del reino de Dios, ibid., 1885. 

Garcilaso no conocía La Florida, de modo que hubo de fiarse de 
los escritos de algunos compañeros de Soto y de lo que oyó entre sol- 
dados. En lo del Perú, también glosa los impresos de Gomara, de Agus- 
tín de Zarate, del palentino Diego Fernández y del mestizo como él y 
tan apasionado de los Incas, padre Blas \''alera, jesuíta, cuyos manus- 
critos aprovechó. No conoció las riquísimas crónicas de Cieza de León, 
fuente principal para las guerras civiles. Pero al contar las rebeliones 
de Gonzalo Pizarro y de Francisco Hernández Girón, tiene autoridad, 
pues su padre terció en la primera y la segunda la presenció él mis- 
mo. Don José de la Riva Agüero, en La Histor. en el Perú, tesis, Lima, 
1910: '"^Movido del afán de presentar á los incas por el lado más favora- 
ble y halagüeño, altera y desnaturaliza el carácter de este período. 
La dura majestad, la bárbara grandeza del imperio del Inca, que tanto 
se destacan en la pintoresca relación de Jerez, se borran y se pierden 
en la suya para dar paso á una pintura que aquí merece plenamente el 
calificativo de novelesca.'' Pero donde suelta la rienda á su fantasía 
es en los Comentarios, "libro, según M. Pelayo, el más genuínamente 
americano que en tiempo alguno se ha escrito, y quizá el único en 
que verdaderamente ha quedado un reflejo del alma de las razas ven- 
cidas." Prescott ha dicho con razón que los escritos de Garcilaso son 
una emanación del espíritu indio, "an emanation from the indian 
mind"' ; pero, aunque por su madre tuviese sangre de Ataihualpa, de 
quien era prima, no era indio puro y además cristiano y persona culta. 
"Residiendo mi madre en el Cuzco, su patria, venían á visitarla, casi 
cada semana, los pocos parientes y parientas que de las crueldades de 
Atahualpa escaparon, en las cuales visitas siempre sus más ordinarias 
pláticas eran tratar del origen de sus reyes, de la majestad dellos, de 
la grandeza de su imperio, de sus conquistas y hazañas, del gobierno 
que en paz y en guerra tenían, de las leyes que tan en provecho y en 
favor de sus vasallos ordenaban... De las grandezas y prosperidades 
pasadas venían á las cosas presentes; lloraban sus reyes muertos, en- 
ajenado su imperio y acabada su república. Estas y otras semejantes 
pláticas tenían los incas y pallas en sus visitas, y con la memoria del 
bien perdido, siempre acababan su conversación en lágrimas y llanto, 
diciendo: "Trócesenos el reinar en vasallaje." En estas pláticas, yo, 
como muchacho, entraba y salía muchas veces donde ellos estaban, y 
me holgaba de las oir, como huelgan los tales de oír fábulas." (Comen- 
tar., pte. I, 1. I, cap. XV). Así con el jesuíta peruano Blas Valera. de 
cuya obra manuscrita se extravió gran parte en el 'saqueo de Cádiz 
(1596), y con Garcilaso nació la leyenda incásica ó novela peruana, lo- 
grando engañar á la posteridad, porque había comenzado engañándose 
candidamente á sí mismo : "Digo llanamente, dice, las fábulas histó- 
ricas que en mis niñeces oí á los míos. Tómelas cada uno como quisie- 
re y déles el alegoría que más le cuadrare. A semejanza de las fábulas 



3oO ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

que hemos dicho de los Incas, inventan las demás naciones del Perú 
otra infinidad dallas... que no se tiene por honrado el indio qne no des- 
ciende de fuente, río ó lago, aunque sea de la mar y de animales fieros, 
como el oso, león ó tigre, ó de águila ó del ave que llaman cúntur (el 
cóndor) ó de otras aves de rapiña, ó de sierras, montes, riscos ó ca- 
vernas; cada uno como se le antoja, para su mayor loa y blasón" (ibid., 
caps. XV y XVIII). Los Comentarios son una novela utópica, como 
la de Tomás Moro, como la Ciudad del Sol, de Campanella; como la 
Océana, de Harrington. Pero hoy se le desprecia demasiado, con ser 
el mejor escritor americano en prosa de la época colonial, como Alar- 
cón lo es en verso. En la Genealogía de Garci Pérez de Vargas trae 
noticias de su persona: "El hijo tercero, dice, de Alonso Hinestrosa 
de Vargas y de doña Blanca de Sotomayor fué Garcilaso de la Vega^ 
mi señor y padre. El qual empleó treynta años de su vida hasta que 
se le acabó, en ayudar á conquistar y poblar el Xuevo ^lundo, princi- 
palmente los grandes reynos y provincias del Perú. Donde, con la pala- 
bra y el exemplo enseñó y doctrinó á aquellos gentiles nuestra Sancta 
Fe catholica, y aumentó y magnificó la corona de España, tan larga, rica 
y poderosamente, que por sólo aquel imperio, que entre otros posee, 
le teme oy todo lo restante del mundo. Húvome en una india llamada 
doña Isabel Chimpu Oello: son dos nombres, el cristiano y el gentil, 
porque las indias é indios en común, principalmente los de la sangre 
real, han 'hecho costumbre de tomar por sobrenombre, después del 
bautismo, el nombre propio ó apelativo que antes de él tenían. Y es- 
táles muy bien por la representación y memoria de los nombres y so- 
brenombres reales que en sus magestades antiguas solían tener. Doña 
Isabel Chimpu Oello fué hija de Hualipa Ttipac Inca, hijo legítimo de 
Inca Jupanqui y de !a Goya Mama Oello, su legítima mujer, y luermano 
de Huayna Capac Inca, último rey que fué en aquel imperio llamado 
Peni... A los ochenta años que mi padre y dos hermanos suyos sirvieron 
á la corona de España, quisiera yo añadir los míos, essos pocos é in- 
útiles que en la mocedad serví con la espada, y los más inútiles de 
aora con la pluma para mejorar y ufanar de averies imitado en el 
servir á nuestro Rey, eligiendo por galardón del servicio la gloria de 
aver cumplido con nuestra deuda y obligación, aunque de todos ellos 
no posseamos más de la satisfacción de averíos empleado como se deven 
emplear, y nos basta aver hecho lo que es de nuestra parte, porque los 
más de los grandes príncipes más consisten en la buena ventura de 
los que los reciben que no en sus méritos ni en la liberalidad y mag- 
nificencia de los que las hazen ; porque se ve á cada paso que muchos 
que las merecen, no alcanzan ninguna, y otros, sin mérito alguno, por 
el oculto favor de sus estrellas, más que por la liberalidad ó prodigali- 
dad del príncipe, las reciben á montones." 

153. 'Año 1590. Don Diego de Alaba y Viamoxt publicó El Per- 
jeto Capitán, instruido en la disciplina militar y nueva ciencia de la 



S. X\-I, 1590. FRAY GASPAR DE LOS REYES 3oi 

Artillería, Madrid, 1590. — El padre Francisco Antonio (t 1610), je- 
suíta de Lisboa, publicó Avisos para los Soldados y gente de guerra, 
Madrid, 1590 ; Bruselas, 1597; Amberes, 1605. Misterios de la Misa, 
Madrid, 1596, ó Consideraciones sobre el altísimo sacrificio de la 
Misa, etc., Madrid, 1598. Tratados espirituales de algunos Santos 
antiguos, del lat., Madrid, 1603. — Gaspar de Añastro Isunza, te- 
sorero general de la serenísima infanta de España doña Catalina, 
duquesa de Saboya, publicó Los Seis libros de la República de 
Juan Bodino^ trasladados de lengua francesa y enmendados cató- 
licamente , Turín, 1590. — Don Juan Arias Dávila Portocarrero, 
conde de Puñonrostro, publicó Discurso para estar á la Gineta con 
gracia y hermosura, Madrid, 1590. — Jerónimo Brun publicó Verdadera, 
distincta y breve relación del notable y hazañoso sucesso, que acaeció 
al capitán Nicolás Ricio genovés..., Zaragoza, 1590. Lo más notable del 
cerco de París, trad. del fr., Zaragoza, 1591. — Duarte Días, de Oporto, 
fué soldado en Castilla, v publicó La Conquista que hicieron los... re- 
yes don Fernando y doña Isabel en el reino de Granada, Madrid, 1590, 
poema en 21 cantos. Varias obras de Duarte Diaz en lingoa Portugue- 
sa, c Castelhana, ibid., 1592, donde hay sonetos, canzonetas, elegías, 
tercetos, sextinas, etc., de asuntos amorosos y festivos; unas Estan- 
cias ó leyes contra los mirones al juego, una Vida del Maesse de Cam- 
po Pero Bermúdez de Santissio, en tercetos; motes y glosas y un so- 
neto á Ercilla sobre que le apruebe presto La Conquista de Granada. 
La cual, según Ercilla, "va muy arrimada á la historia, según la es- 
cribió Antonio de Nebrixa", y de hecho es como una crónica rimada. — 
Luis Gaitán de Vozmediano tradujo Giraldo Cinthio. Primera parte de 
las cien novelas..., Toledo, 1590. Son las diez novelas de la Introduc- 
ción y las dos primeras décadas de Gli hecathommithi, de Cinthio, su- 
primidos algunos pasajes escabrosos y sustituida una entera por otra 
de Sansovino. — ^Luis Lamarca publicó Teatro histórico, político y mili- 
tar, noticias selectas y heroycos hechos de los príncipes y varones más 
ilustres que celebra la fama, Valencia, 1590. — Andrés de León, gra- 
nadino, médico y cirujano en Baeza y de la Armada, publicó Anatomía, 
Baeza, 1590. Practica de morbo-gállico, ibid., 1590. Tratado de Medicina, 
Cirugía y Anatomía, Valladolid, 1605, con las obras anteriores; de im- 
portancia. — Duarte Núñez de Leao (t 1608), de Evora, publicó Ge- 
nealogía verdadera de los Reyes de Portugal, Lisboa, 1590, 1608. — El 
padre fray Bartolomé Ordóñez, franciscano, publicó La Eulalida, 
Vida y martirio de Santa Eulalia de Barcelona, Tarragona, 1590. — 
Francisco de Orleáns publicó Invención de cuentas, Zaragoza, 1590. 
— Cristóbal de Ramoneda, canónigo de Urgel, publicó In lib. D. Tho- 
mae de Ente et essentia, Perpiñán, 1590. — Relación sumaria cierta y 
verdadera del proceso actitado en la Corte del Sr. Justicia de Aragón: 
á instancia de la Majestad del Rey don Phelipe... contra los Diputados 
y Universidad del Reyno de Aragón..., Zaragoza, 1590. — Fray Gaspar 
DE LOS Reyes, agustino de Antequera, publicó Obra de Rcdenpcion, Se- 



302 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

villa, 1590, en octavas; ibid., 1613. Tesoro de conceptos divinos, Sevi- 
lla, 1613. Romances de las Historias antiguas. — El padre Fran- 
cisco DE Ribera, jesuíta de Villacastín, publicó Comnientarii in XII 
Prophetas minores. Roma, 1590. Commentarii Historici selecti in eos- 
dem. Salamanca, I59<S. Vida de la Madre Teresa de Jesús, Madrid, 
1590, 1602, 1863; Barcelona, 1908. De Templo, Lyon, 1592. In Evange- 
Uum loannis, Lyon, 1623. Vida de S. Nicolás de Tolentino, Sevilla, 
1631. — Fray Manuel Rodríguez, franciscano portugués, publicó Ex- 
plicación de la Bula de la Cruzada, Alcalá, 1590 ; Zaragoza, 1590, 1592 
(dos edic.) ; Salamanca, 1594; Zaragoza, 1595, 1597; Salamanca, 1599; 
Zaragoza, 1600; Salamanca, 1600. Suma de casos de conciencia, 2 vols., 
Zaragoza, 1595, 1597; Salamanca, 1604; Zaragoza, 1615. Catecismo, 
Salamanca, 1602. Obras morales, Madrid, 1602. Segundo Tomo de la 
Suma de casos de consciencia, Madrid, 1602. Collectio et Compilatio 
Frivilegiorum Apostolicorum Regularinm, 2 vols., Lyon, 1609; Ambe- 
res, 1616, 1623. — El DOCTOR Juan de Salinas de Castro (1559-1642), 
natural de Sevilla, más probablemente que de Logroño, Najara v Se- 
govia, fué hijo de Pedro Fernández de Salinas, señor de Bobadilla en 
la Rioja, y de doña Mariana de Castro, sevillana; muerta la madre, 
llevóle su padre en su niñez á sus posesiones de Logroño; dióle en 
Roma Clemente VIII una canonjía en Segovia. El padre Gabriel de 
Aranda, jesuíta, tiénele por sevillano, y el mismo doctor Salinas decía 
que había estudiado en Salamanca, que pasó á Genova, Florencia y 
Roma, donde obtuvo su prebenda. Muerto su padre, renunció la ca- 
nonjía, por la buena herencia recibida, y volvió á Sevilla á hacer la vida 
de las letras, "á las que le llamaba su genio", según él dijo; fué vi- 
sitador del Arzobispado y administrador del Hospital de San Cosme y 
San Damián, y murió con reputación de letras y más de virtudes. Re- 
cogió sus obras desde 1640 don José Maldonado Dávila y Saavedra 
(1647-50), y hay copias de sus poesías en la Bibl. Nac, y tuvieron 
otras don Aurel. Fernández Guerra, don José Sancho Rayón y el mar- 
qués de Jerez de los Caballeros. Juan Rufo, en sus Apotegmas (1590), 
llamóle "poeta de gracia y donaire con ingenio de azúcar". Aprobó un 
doctor, don Juan de Salinas, colegial de San Bartolomé, de Salamanca, 
las Obras del Conde de Villamediana en Zaragoza, 1619. Poesías del 
Dr. D. Juan de Salinas, natural de Sevilla, ibid., 1869. — El padre Gas- 
par SÁNCHEZ, jesuíta de Cascante, publicó Ciceronianarum phrasium 
líber, Pamplona, 1590. Tesoro espiritual de la Misa, Zaragoza, 1613. — 
Bartolomé Salvador de Solórzano, de Medina de Rioseco, publicó 
Libro de Caxa y Manual de cuentas de Mercaderes, Madrid, 1590. — 
Fray Luis de Torres (t 1590), dominico húrgales, publicó Veinte y 
quatro discursos sobre los pecados de la lengua, Burgos, 1590; Barce- 
lona, 1607. In Antiphonam Salve Regina, Roma, 1592. — Diego de Val- 
DÉs, asturiano de Salas, publicó Additiones ad Roderici Suárez Lectu- 
ras, Valladolid, 1590. Additiones ad Opera Omnia R. Suárez, Antuer- 
piae, 1661. De Dignitate Regum Regnorumque Hispaniae. Granada, 



S. XVI, 1 591. ANTONIO PÉREZ 



3o3 



1602. — Luis de Vargas Manrique (i566?-i630?) publicó Christiados ó 
libro de los hechos de Christo, Madrid, 1590; de sonetos y canciones. 
Fué poeta muy celebrado por Cervantes en el Canto de Caliope: "Tú, 
don Luis de Vargas, en quien veo I maduro ingenio en verdes pocos 
días, I procura de alcancar aquel tropheo 1 que te prometen las her- 
manas mías; | mas tan cerca estás del, que, á lo que creo, 1 ya trium- 
phas, pues procuras por mil vías | virtuosas y sabias que tu fama | 
resplandezca con viva y clara llama." Lope le menciona en el Laurel, 
en la Arcadia (1. 5) y en La Dorotea (acto 4, esc. 2), y «le dedica un 
soneto (Rimas, pte. I). Hizo romances y comedias (Proceso de Lope, 
ed. Tomillo-Pérez Pastor, Madrid, 1901, pág. 41). Hay versos suyos 
en el Cancionero de López Maldonado (1586) ; en la Primera parte del 
Cortés, de Lasso de la Vega (1588) ; en Las Trecientas (Gallardo, HI, 
249) ; en el Florando de Castilla, de Jerónimo Huerta (1588) ; en La 
Austriada, de Rufo (1584); en un códice colombino (La Barrera), y en 
los preliminares de la Calatea. — Enrique Visorio de Perpiñán publicó 
Anagrama de la vida humana, Lisboa, 1590. — Ordinaciones de la casa 
y confradia de ganaderos de la ciudad de Caragoca, ibidem, 1590. 

154. Alio 1 591. Antonio Pérez Í1540-1611) nació en 
Monreal. villa del marquesado de Ariza en Aragón, y fué hijo 
natural, legitimado después, del secretario de Carlos V y Feli- 
lipe II, Gonzalo Pérez, y de Juana Escobar. Cuidó su padre de 
la enseñanza de Antonio, y después de estudiar en Alcalá las 
humanidades, le llevó consigo por las cortes de Europa, a fin 
de que aprendiese la ciencia del gobierno. Fué su maestro en 
Lovaina Pedro Nanio; en Venecia, Antonio Mureto y Carlos 
Sigonio, eruditos oradores. No le introdujo su padre en los 
papeles de Estado, sino que le trajo por mandamiento de Feli- 
pe II á su servicio, habiéndole dado noticias de sus buenas par- 
tes el Príncipe de Eboli, á quien servía juntamente con Juan de 
Escobedo, su grande amigo. Casó en 1567 con doña Juana Coe- 
llc y Vozmediano, y sucedió á su padre como secretario de Es- 
tado, encargado particularmente del despacho universal, esto 
es, de la firma de las órdenes del Rey. el cual, por su buen decir, 
hermosas cualidades intelectuales y corporales, su saber y nin- 
guna ambición, le cobró afición extraña, haciendo confianza con 
él de todos sus secretos. Correspondió el Secretario conforme 
á su prudencia é ingenio. Pertenecía al partido del difunto Ruy 
Gómez de Silva, príncipe de Eboli, su antiguo amo ; del Marqués 
de los Vélez y de don Juan de Austria, que se oponían á la in- 
transigencia, y la represión fuerte de los herejes y lucha sin tre- 



304 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

gua con Inglaterra, del otro partido, capitaneado por el Duque 
de Alba. Llegado á la cumbre de su grandeza, habitando sun- 
tuoso palacio y acariciado de magnates y cortesanos, ca}'© mi- 
serablemente por su arrogancia y demasía en levantar los ojos 
hasta la princesa de Eboli, doña Ana de Mendoza de la Cerda, 
viuda de su antiguo amo Ruy Gómez de Silva, con quien sabía 
cjue el Rey tenía secretos tratos, sirviendo él mismo de media- 
nero. De tiempo atrás don Juan de Austria había pretendido 
por mediación del Papa que el Rey, su hermano, le hiciese Rey 
de Túnez, poco después pretendió lo mismo en Inglaterra para 
cuando se conquistase, y hasta había formado su plan para des- 
embarcar luego en España y alzarse con todo. El Nuncio par- 
ticipó tales pretensiones á Pérez, y por su medio al Rey, el cual 
había puesto de secretario de don Juan á Escobedo, como per- 
sona de confianza, para que atajase estas ambiciones, alentadas 
por el anterior secretario Pedro de Soto. Pero Escobedo hizo 
otro tanto, por lo cual el Rey arbitraba cómo apartarle de don 
Juan, sin molestarle á éste. Ocurrió que, desazonado Escobedo 
con Pérez por haberle éste insinuado las tramas que con don 
Juan traía á espaldas del Rey, le amenazó con denunciar á Su 
Majestad sus tratos con la de Eboli. El Rey, Pérez y el de los 
Vélez no hallaban otro medio, para cortar las pretensiones de 
don Juan, que el deshacerse de Escobedo, cuando su amo le en- 
vió á Madrid. Instó Pérez sobre ello, temeroso de que cumplie- 
se la amenaza que le hizo, y vino el Rey en que diesen muerte 
al secretario de don Juan, como se hizo sigilosamente por ma- 
quinación de Pérez. Corrieron las hablillas, señalándole como 
autor de la muerte ; pero no se le hizo proceso, hasta que Mateo 
Vázquez, secretario que tenía envidia de Pérez, azuzó á los he- 
rederos del muerto. Por el proceso y habladurías llegó el Rey á 
conocer la traición que Pérez le había hecho en tratar con la 
de Eboli y que ésta le correspondía, y la noche del 28 de julio 
de 1579 le mandó prender á él, á su mujer y á la Princesa, ape- 
nas llegado por su orden á Madrid el viejo cardenal Granvela, 
que había de encargarse de la secretaría. Encerraron á Pérez 
en casa de don Alvaro García de Toledo, alcalde de corte que 
le prendió, hasta que cuatro meses adelante, por motivos de sa- 
lud se le dejó estar en su casa. Acusáronle de haber granjeado 
con los cargos públicos, y sentenciado á dos años de prisión en 




(Por Antonio Ponz (1725-1792), Escorial.) 



S. XVI, 1 591. ANTONIO PÉREZ 3o3 

Vina fortaleza y á fuerte multa, antes de echar mano de él, hu- 
yóse de su casa, acogiéndose á la iglesia de San Justo, de donde 
le llevaron á la fortaleza de Turégano. Vuelto á Madrid, arre- 
ció la persecución de Vázquez, le dieron tormento (1590), y 
después de muchos dolores y no poca resistencia se confesó au- 
tor de la muerte de Escobedo, alegando haberlo hecho de orden 
del Rey. Escapóse á Aragón después de doce años de prisiones 
y procesos, y en Calatayud invocó el privilegio de manifesta- 
ción. Felipe II presentó contra él formal querella ante el Justi- 
cia, acusándole de haber ordenado la muerte de Escobedo, sir- 
viéndose falsamente de su nombre, de haber divulgado secretos 
de Estado y de haberse evadido. Pérez suplicó en vano al Rey, 
el cual publicó contra él pena de muerte en la horca. El acusado 
presentó á los jueces de Aragón su Memorial^ refiriendo lo acon- 
tecido y con las cartas originales del Monarca. Los jueces ex- 
pusieron al Rey que valía más echar tierra encima sobre este 
asunto para no descubrir cosas en que el mismo Rey se hallaba 
más comprometido que nadie. Echóse entonces por otro cami- 
no, el de la Inquisición, tomando pie de no sé qué palabras que 
se le habían escapado en el dolor y desesperación del tormento, 
teniéndolas por heterodoxas. Baldón manifiesto del cual no pue- 
de escapar Felipe II, ya que después de muerto la misma In- 
quisición se retractó y dióle por inocente ; pero los inquisidores 
de Zaragoza eran castellanos y á la orden del Rey, é hicieron 
cuanto éste quiso. Metiéronle en la prisión del Santo Oficio. Al- 
borotóse Zaragoza, apellidando contrafuero y libertad (1591). 
Levantáronle entonces que con Enrique IV de Francia pre- 
tendía rebelar á Aragón. Huyó al Pirineo. Condenóle la In- 
quisición á la hoguera por hereje, fugitivo y relapso, y quemóle 
en estatua (1592) en Zaragoza. Llegó Pérez á Bearne, entró al 
servicio de Enrique IV y pasó á Inglaterra (1593)- El año si- 
guiente publicó en Londres las Relaciones de su vida (1594), 
con el seudónimo de Rafael Peregrino, obra compuesta con so- 
berano arte, y que armó gran estruendo en toda Europa contra 
Felipe II. Dos irlandeses, emisarios del Rey para que le asesi- 
nasen, confesaron la culpa en Londres y fueron condenados á 
muerte. Volvió Pérez á Francia, llamado de Enrique IV (1595), 
y á poco libróse de otra tentativa de asesinato. Murió en París 
pobre y recibidos los Santos Sacramentos, muertos ya Enri- 

20 



3o6 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

que IV y Felipe II, absolviéndose su memoria y fama por la 
Inquisición de Zaragoza en 1615. Aragón perdió con esta oca- 
sión sus Fueros. ¡Allá van leyes do quieren reyes! Cortaron la 
cabeza al Justicia don Juan de Lanuza "por salir, como salió, 
dice Mariana, con gente contra el estandarte real" y contra el 
ejército que llevó á Zaragoza don Alonso de Vargas, entrando 
en Aragón á contrafuero y prendiéndole en nombre del" Rey, 
cuando, según derecho, sólo podía hacerlo el Rey, juntamente 
con las Cortes del reino. 

15 5. Juan Escobedo, secretario de don Juan de Austria, había 
sido muerto una noohe á estocadas. Al cabo, se puso en claro que "fué 
obra de Antonio Pérez ; pero con noticia, consentimiento y hasta con 
mandato expreso de Felipe II, que al fin vino á reconocerlo en el papel 
de su puño, que se leyó á Antonio Pérez pocos días antes de darle el 
tormento, en que él mismo se vio precisado á confesar judicialmente 
la participación que Ihabía tenido en aquel triste suceso" (Marq. Pidal). 
En su Memorial, Pérez explica las causas del asesinato, que no fueron 
más que el haberse puesto Escobedo de parte de don Juan de Austria 
en sus pretensiones con el Papa, de que se hermano Felipe II le 
hiciese Rey, ihabiéndole puesto con él de Secretario el mismo Rey, 
para que embarazase estas pretensiones, en vez de Juan de Soto, que 
se las aumentaba. El Rey se recelaba, con razón, de la ambición 
de su hermano, que le llevó hasta hacer con el Duque de Guisa 
la "defensa de las dos coronas", confederación entre ambos, á espaldas 
del Rey. A este tiempo vino Escobedo á Madrid. Consultó el Rey con 
el marqués de los Vélez, don Pedro Fajardo, el cual, todo pensado, fué 
de parecer que se quitase de por medio á Juan de Escobedo, para evitar 
algún gran trastorno. Los enemigos de Pérez, sin negar la orden del 
Rey, adhacaban á Pérez que había informado al Rey falsamente contra 
Escobedo, con quien se había enemistado porque reprobaba públicamente 
sus tratos con la princesa de Eboli. Cierto que Pérez, desvanecido, puso 
sus ojos eniella, ihaciéndose rival del Rey, y que, amenazándole Escobedo 
con decírselo á S. M., quedaron ya hechos enemigos, y empezó Pérez 
á malquistarle con el Rey, el cual ya no veía de buena cara al Secre- 
tario de su hermano, y así autorizó á Pérez para que le diese la muerte, 
sin que se entendiese de dónde partía el golpe. Pero cuando el Rey 
se enteró de los tratos de Pérez con la de Eboli y de que ellos habían 
sido la causa de hacerle á él cómplice de aquella muerte, aborreció al 
astuto Secretario, en quien había puesto toda su confianza y de la cual 
así había abusado, viéndose Monarca vendido y amante burlado, y de- 
cidió vengarse de él y de ella, aprovechando la enemistad que Mateo 
Vázquez tenía á Pérez, hasta prenderle, y juntamente á la de Eboli, en 
1579, dando después á entender que lo había hecho por la enemistad 



S. XVI, 1591. ANTONIO PÉREZ Soj 

de los dos secretarios y por la parte que en ello la Princesa había te- 
nido. Estuvo ella presa en la fortaleza de Pinto hasta 1581, en que 
la llevaron á su casa de Pastrana, donde falleció en 1592. Con esto y 
la llegada de Granvela, se acabó la política transigente, y comenzó la 
agresiva, que duró todo aquel reinado, ya en lo de Flandes, ya en lo de 
Aragón. Las palabras á que la Inquisición se agarró para condenar á 
Pérez por /hereje, pueden verse, con las calificaciones que les dieron, 
en el Marq. de Pidal, Histor. alter. de Aragón, t. I, pág. 482. ¡Es cosa 
de risa, si no fuese de llorar, ver cuan en manos del Rey estaba, como 
instrumento político, aquel Tribunal. Sabido es que, en aquel tiempo 
(¡derecho bárbaro, pero clásico!) los Reyes absolutos podían disponer 
de la vida de sus subditos; por otra parte, el Marqués de !os Vélez 
hallaba indispensable la muerte de Escobedo para evitar gravísimos 
males á la Monarquía. La inquina de Felipe II contra su antiguo pri- 
vado se explica, y en parte se excusa, por la desvergüenza con que se 
le levantó como rival en sus amores. Desde entonces, el prudente Rey 
perdió los estribos y no reparó en medios, echando mano de la Inquisi- 
ción y traspasando los fueros aragoneses, dos faltas gravísimas, que no 
bastaron á excusar el agravio recibido; antes las pagaron bien terrible- 
mente él, la institución del Santo Oficio y España entera, pues dieron 
argumentos á ingleses y flamencos para levantar la leyenda negra contra 
España, Felipe II y la Inquisición española. Ustarroz, Bibliot. Arago- 
nesa, manuscritos, pág. 69: "Leía (Antonio Pérez) con frecuencia la 
Biblia, á quien llamaba su regalado libro y Maestro. Después de sus 
largas prisiones, todos los días rezaba el oficio de difuntos. Notorias 
son al mundo sus desdichas, como sus felicidades. Muchos Historiadores 
refieren los sucesos que en Aragón acontecieron por su causa; pero aún 
deseamos quien los escriba como pasaron. No merece nombre de Histo- 
riador quien sólo justifica las acciones del Poder y olvida la debilidad 
del flaco y desvalido: unas y otras son objeto de la censura, porque las 
neutralidades más afean la Historia que la embellecen. Dio á entender 
sus prolijas prisiones en misteriosos jeroglíficos; y nada aprovechó 
para su remedio; quie sus quejas ensordecieron los oídos, y aun los 
ojos olvidaron lo que leían. La primera divisa fué un laberinto cerrado, 
con el Minotauro, que tenía el dedo en la boca, y esta letra: "In Spe". 
Imitó en los cuerpos á la del Secretario, su padre, y en la mitad de la 
letra; porque Gonzalo Pérez pintó el laberinto, y el Minotauro; y el 
mote decía así: "/n Silencio Et Spe." Así se ve dibujada en la Ulixea, 
y esta misma usaba en lugar del sello de sus armas en las epístolas 
misivas, como parece en algunas que yo tengo, escritas al Secretario 
Gerónimo Zurita. La segunda fué el mismo laberinto roto, con el dedo 
apartado de los labios mirando al Cielo, diciendo hasta cuándo habían de 
tener duración las prisiones "Usque Adhuc^\ El cuerpo de la última 
le formaban cadenas y grillos "Illusírat, Dum Vexaf. En- las Epísto- 
las españolas y latinas se descubre su caudal y elocuencia, y aún tienen 
]a gracia que mereció su Autor en unas y otras naciones. En ellas re- 



3o8 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

fiere algunas obras, como son los Comentarios, Paralipomenos, los Doce 
Mercuriales y Consejos de Estado; y aunque no se perdieron para la 
curiosidad, perdiéronse para la utilidad pública, que en París tuvo no 
pocos amartelados por sus escritos. A su retrato, para que no le faltase 
voz que exprimiese sus sentimientos, escribió, docta y concisamente, 
una inscripción, que dice así: "Heus tu qui me aspicis, ne proferas \ 
"ludicium ex vultu, et fronte, fallada \ Illa, specidarc potius animo 
"vitae I Cursum ejus, cujus sum imago, et admirandum | Spectaculum 
"Naturae et fortunae \ Certantium ultra potcntior illa \ Xc in favcndo, 
"an hace in pcrsequendo, \ Adhuc certant, adhuc de victoria \ Non con- 
^'stat. Abi, et atiende \ Exitum duelli.'' En la ciudad de Zaragoza, á 20 de 
octubre año 1592, en un acto de Inquisición, sacaron su estatua y la con- 
denaron al fuego, por los delitos que del proceso resultaron, y en esta 
ocasión castigaron á otras personas por haber ayudado á su fuga é im* 
pedido la entrega que se había de hacer de su persona al Santo Oficio : 
el mismo Tribunal, reeviendo la causa, absolvió su memoria, y revocó 
la sentencia de relajación; y porque fuese pública la restitución de su 
honra, donde ¡había sido infamada, se fijaron en las esquinas carteles de 
imprenta que contenían la sentencia que se dio últimamente, á 19 de 
junio año 1615, cuya copia impresa tengo en mi poder, y dice desta 
suerte: "Certifico y doy fe yo, Pedro Pénez de Sanvicente, secretario 
"de la Inquisición de Aragón, que en el Palacio Rea! de la Aljafería die 
"Zaragoza, á 16 días del mes de junio deste presente año de 1615, es- 
'*tando en su Audiencia de la tarde los señores Inquisidores, doctores 
"don Miguel Santos de Sampedro, don Juan Delgado de la Canal y el 
"licenciado don Fernando de Valdés y Llano, dieron y pronunciaron 
"una sentencia del tenor siguiente: "Visto por Nos los Inquisidores 
"Apostólicos contra la herética pravedad y apostasía en el reino de 
"Aragón y su distrito, los procesos causados en este Santo Oficio con- 
"tra Antonio Pérez, Secretario que fué de Estado del Rey don Feli- 
"pe II, nuestro señor, el primero causado hasta 20 de octubre de 1592, 
"que se dio y pronunció la sentencia de relajación contra él; y el otro 
"causado desde 24 de noviembre de 1611, en que consta por el dicho pro- 
"ceso haber deseado presentarse al dicho Antonio Pérez en este Santo 
"Oficio, que después se ha seguido por sus hijos y henederos que 
"después de difunto han salido á la defensa de su memoria y fama; ha- 
"biendo sobre ello nuestro acuerdo y deliberación con personaste Letras 
"y rectas conciencias. Christi nomine invócalo, fallamos, atentos los nue- 
"vos autos del dicho proceso, que debemos de revocar y revocamos la di- 
"cha sentencia dada y pronunciada contra el diaho Antonio Pérez en 
'"todo y por todo, como en ella se contiene; y declaramos deber ser 
"absuelta su memoria y fama, y que no les obste á sus hijos y descen- 
"dientes del dicho Antonio Pérez el proceso y sentencia de relajación 
"para ningún oficio honroso; ni deberles obstar á los dichos hijos y 
"descendientes lo dicho y alegado por el Fiscal desta Inquisición con- 
"tra su limpieza, y por esta nuestra sentencia difinitiva juzgando, así 



S. XVI, 1 591. ANTONIO PÉREZ SoQ 

'"lo sentenciamos, pronunciamos y mandamos, pro Tribimali sedendo, 
"el doctor Miguel Santos Sampedro, el doctor Juan Delgado de la Ca- 
"nal, el licenciado don Fernando de Valdés y Llano. La cual dicha 
"sentencia se notificó por mi el presente Secretario al Promotor Fis- 
"cal de la dicha Inquisición y á don Gonzalo Pérez, hijo del dicho 
"Antonio Pérez en sus personas el susodicho día arriba calendado, se- 
"gún que por la sobnedicha sentencia y pronunciación consta y parece, á 
"que me refiero. Y á pidimiento del dicho don Gonzalo Pérez, y de man- 
"damiento de los dichos señores inquisidores, doy la presente certifi- 
"cación, firmada de mi nombre y sellada con tel sello del Santo Oficio 
"en el Palacio Real de la dicha Aljafería de Zaragoza, á 19 días del 
"mes de junio de 1615 años. — Pedro Pérez de San Vicente, secretario de 
"la Inquisición." Trabajos tan sensibles le aseguraron las felicidades 
que cuenta el P. M. Fr. Crisóstomo Henríquez, cronista general de 
Ir. Orden de San Bernardo, en la Historia de la vida, zñrtudcs y 
milagros de la Venerable Madre Ana de San Bartolomé, impresa 
en Bruselas, año 1632: el cual dice (lib. IV, cap. IX, fol. 619 hasta 
621) que: "Un día de la octava del Santísimo Sacramento, la mostró 
"Nuestro Señor mucha gracia, y la convidaba á que le pidiese: y es- 
"tando recogida en esta visión, vio delante de sí tres personas. La una 
"era una hermana suya; la otra, un primo, y la otra, Antonio Pérez, 
"secretario del Católico y Prudente Rey don Felipe 11. Xo la dio á en- 
"tender el Señor que estuviesen en algún aprieto; pero ella, viendo 
"la ocasión presente y considerando el ofrecimiento que la había he- 
"aho de que la concedería lo que le pidiese, le tomó la palabra y le 
"pidió la salvación de aquellas tres personas; señal bien evidente de su 
"grande caridad, pues no pide para si gracias y favores, mostrándose 
"solícita de la salud de las almas más que de sí misma. Agradóle á 
''Cristo' petición tan ajustada con su divina voluntad, y ansí se la 
"concede con mucho gusto. Dentro de poco tiempo, recibió cartas en 
"que le avisaban que su hermana había caído en una agua y se había 
"ahogado, y fué ei mismo día en que se la había aparecido. El otro 
'-'primo suyo murió de calenturas, también el mismo día. El secre- 
'"tario Antonio Pérez, después de varios trances de peligros grandí- 
"simos, y mil persecuciones con que parece quiso mostrar la Fortuna 
"que levanta á la cumbre de la privanza á los que fían en el favor de 
"Príncipes, para derribarlos en un abismo de miserias, murió en París; 
"pero con tales demostraciones de piedad y cristiandad, que bien pu- 
'"dieran conocer todos se cumplía con él lo que la Venerable Madre 
"había alcanzado del Señor. Lo que ella dice, hablando de él en esta 
"ocasión, es esto : "Murió con señales muy ciertas de su salvación, re- 
''cibiendo á menudo los Sacramentos : con el Confesor siempre á su 
'lado. Y lel día que murió se puso de rodillas con un ímpetu de amor de 
"Dios, y ansí se quedó, como digo, con señales grandes de su salva- 
"ción." ¡ Dichosísimo quien tuvo fin tan venturoso ! Importa poco no 
"conservarse en la privanza de los Reyes, cuando, después de muchas 



3lO ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

"desgracias, se viene á alcanzar la verdadera dicha, que consiste en 
"gozar de la gloria eterna. Más dichoso fué este caballero en haber 
"conocido á nuestra Venerable Madre Ana, aunque pobre y humilde 
"en cuaato al mundo, que el haber tenido entrada con los mayores 
"Príncipes de Europa. Ella, cuando le conoció y trató en París, ie co- 
"bró tanto amor, que, estando ausente, le alcanzó de Dios la salvación 
"de su alma, que es lo más que nos puede dar Dios, pues ansí se nos 
"da á sí mismo. Los Reyes, aunque muchos favores le ofrecieron, pero 
"sólo le dieron disfavores. Fué Antonio Pérez hombre agudo de inge- 
"nio, pero desgraciado, muy principal y noble, de que en mi monasterio 
"Real de Huerta, depositario de la Nobleza de Castilla, Aragón y Na- 
"varra y otras partes, hay testimonios graves. Pero lo principal es la 
"seguridad que nos dejó esta Santa Madre de que está en el Cielo." 

156. Antonio Pérez fué hombre de ingenio perspicaz y 
despierto, de carácter recio y vehemente, trabajador constante 
y de gran prudencia, cosas que le ganaron la afición de Feli- 
pe II. Puesto en los más apurados trances, guardó el secreto, 
hasta que los procesos y el mismo Rey descubrieron lo encu- 
bierto. Perseguido por el Rey más poderoso, rodeado de ene- 
migos y atormentado brutalmente, con pleno derecho huyó, se 
acogió á los fueros de su tierra y levantó gente contra el Rey 
que los acoceaba y se alió con sus enemigos de Francia é Ingla- 
terra. Estas cualidades de vivo ingenio, de fuerte carácter y de 
sinceridad en cuanto emprendía, se retratan en sus escritos, no 
menos que el saber político, que á tanta costa de su vida apren- 
dió. Novedad de pensamientos, frase feliz y apropiada, conci- 
sión en las sentencias y aforismos, dignidad y á la vez natura- 
lidad en el estilo, ingenio y soltura : tales son sus cualidades 
como escritor. Es modelo de escritores políticos y sus Cartas 
de las mejores del siglo xvi. Su ausencia de España y su misma 
vehemencia le hacen caer á veces en algunas incorrecciones y 
oscuridades por el apremio y descuido con que deja correr la 
pluma. 

15 7. Eug. Ochoa (edic. Cart): "Menos correcto todavía (que el 
padre Avila) y aun desaliñado á veces hasta degenerar en oscuro é 
ininteligible, Antonio Pérez, sin embargo, maneja la lengua con una 
facilidad asombrosa, y es, después del bachiller Fernán Gómez y de 
Fernando del Pulgar, el autor castellano en quien brillan más las dotes 
propias del género epistolar. Salvos ciertos alardes de ingenio y eru- 
dición que hace con sobrada frecuencia, salva cierta ostentación de 



S. XVI, 1 591. ANTONIO PÉREZ 3ll 

sutilezas metafísicas y de resabios escolásticos con que desmiente en 
muchas ocasiones la humildad y decaimiento de ánimo en que se su- 
pone, y que en realidad sólo prueban un exceso de orgullo y una en- 
tera confianza de ser leído por muchos, es innegable que sus cartas 
son, en general, á más del recto juicio y gran conocimiento del mundo 
que descubren, primorosos dechados del estilo familiar. Campean sobre 
todas, en este concepto, las que dirige á su mujer y á sus hijos. Nadie 
le excede en el arte dificilísimo de decir mucho y bien en pocas pala- 
bras. En el tono festivo, nunca olvida la decencia y compostura : es- 
cribe siempre, y sobre todo, con el recato de un cortesano consumado, 
á pesar de lo mucho que debían haber exasperado su condición la edad, 
el infortunio y los desengaños: jamás se descompone ni decae de digni- 
dad en sus lamentos y querellas. Da vida á los objetos que pinta; la 
fuerza y gallardía de sus metáforas no han sido igualadas por ningún 
escritor. Con él y el padre fray Luis de León llegó la lengua española 
en el reinado de Felipe II al más alto punto de vigor y precisión que ha 
alcanzado nunca. Hay entre estos dos insignes escritores analogías de 
gusto y estilo, que resaltarían todavía más patentes si pudieran leerse 
los escritos de Antonio Pérez purgados de los groserísimos errores que 
los desfiguran en todas las ediciones, y son muchas, que de ellos ae co- 
nocen. Como dadas á luz por impresores extranjeros, están plagadas dse 
desatinos que en todas se repiten, y que, por desgracia, se han copiado 
también puntualmente en las pocas reimpresiones que se han hecho en 
España." 

El primero de sus escritos que se publicó fué la Relación sumaria 
del discurso de las prisiones y aventuras de Antonio Pérez desde el 
principio de su prisión hasta la salida de los Reynos del Rey Católico. 
Después, Un pedazo de historia de lo sucedido en Zaragoza de Aragón 
ó 24. de Setiembre de 1591. Estas relaciones se publicaron sueltas (un 
ejemplar, en Simancas, Estado, legajo 341, y ha sido reimpresa en el 
t. XIII de Docum. inéditos, pág. 365) á lo que parece en Lyon desde 
1591» y las volvió á publicar juntas con el Memorial con este título: 
Pedazos de Historia ó Relaciones así llamadas por sus autores los Pe- 
regrinos, retrato al vivo del natural de la fortuna, Lyon, sin año (1594). 
Salieron estas obras con el seudónimo de Rafael y Azarias Peregrino; 
pero en 1598 las volvió á publicar en París, dirigidas al Papa, decla- 
rándose abiertamente autor de ellas; ibidem, 1624. En Mayo de 1600 
escribió las Máximas políticas de Antonio Pérez, Ministro que fué del 
Sr. Felipe II, Rey de España: las escribió por orden de Enrique II, 
Rey de Francia, que le acogió fugitivo de España de miedo de la in- 
dignación de su Amo, Rey y Señor. Año 1600. Además, Primeras cartas 
con Aforismos Españoles y Italianos, París. Segundas cartas y más 
Aforismos, París, 1603. Aforismos de las Relaciones y cartas primeras 
y segundas y alguna <; más en Francés y Español, París, 1605. Las obra<t 
y relaciones, Genova. 1631 : Ginebra, 1654; Genova, 1565; Colonia, 
1676; Madrid, 1842. Tradujo las obras en francés Dalibray: CEinres 



3l2 ÉPOCA DE FELIPE II (S. XVl) 

aniourcuscs ct politiques, París, 1641. Entre Las obras y relaciones se 
hallan Cartas á diferentes personas. Epistolarum Latinariim ad Comitem 
Esexium singnlarem Angliae Magnatem, et alios centuria una, Aforis- 
mos de las cartas Españolas y Latinas. Segundas Cartas. Aforismos 
de las segundas Cartas. Dejó manuscrito Norte de príncipes, virreyes, 
presidentes, consejeros, gobernadores, Y advertimientos políticos sobre 
lo público y particular de una monarquía, importantísimos á los tales, 
fundados en materia de razón de Estado y Gobierno. Compuesto para 
el Duque de Lerma, y se halla en ms. de la Bibl. Nao. de Madrid, donde 
además hay muchos documentos y copias de sus escritos, que pueden 
verse en la Biblioteca, de Gallardo, t. III, Apéndice, pág. 125. Sobre 
que Antonio Pérez fué poeta, véase Gayangos (Ticknor, t. III, pág. 553), 
y lo que dice Lupercio Argensola: "Publicábanse sin autor muchos ver- 
sos que llaman pasquines, asegurando la sentencia y persuadiendo á 
los 17 judicantes, y otros que encendían los ánimos, señaladamente un 
diálogo que, aunque en verso suelto, imitaba mucho el estilo de Lucia- 
no; dícese que le compuso el mismo A. Pérez, en que introducía las 
almas del Marqués de Almenara y de don Juan de Gurrea, gobernador 
de Aragón, hablando en el infierno, y á vueltas, incitando á los arago- 
neses á la defensa de sus leyes ó fueros" {Informe de los sucesos del 
reyno de Aragón, pág. 94). Citemos el Traicte Paraenetique c'est á diré 
exhortatoire, auquel se m,ontre par bonnes et vives taisons, arguments 
infallibles histoires trés-certaines, & remarquables exemples, le droit 
chemin & vrais moyens de resister á l'effort du Castillan, rompre la trace 
de ses desseins, abbaisser son orgueil, & ruiner sa puissance, Dedié aux 
Roys, Princes, Potentats et Rcpubliqnes de l'Europe, particidierement 
au Roy Tres-chrestien, Par un Pelerin Espagnol, battu du temps & 
persccuté de la fortune. Traduict de langue Castillane en langne Fran- 
gaise. Par L D. Dralymont, Seigneur de Varíeme, Aux, 1597. Creyé- 
ronlo algunos de Antonio Pérez, entonces en la corte de Enrique IV, y 
el nombre del traductor anagrama de Jean de Montlyard, señor de Mele- 
ray. Cánovas, en nota á su ejemplar, dice que "lo especialmente que 
trata de Portugal, la parcialidad del autor por don Antonio de Ocrato, 
las ponderaciones del valor portugués contrapuestos al menosprecio que 
muestra hacia los castellanos, dan á sospechar que son efectos de un 
furioso adversario de la unión de Castilla y Portugal". Véase Here- 
dia, núm. 3020. 

Antonio Pérez, Obras y relaciones, Genéve, 1676; Cartas. Bibl. de 
Aut. Esp., t. XIII. Consúltense: Colección de documentos inéditos para 
la historia de España, ts. I, XII, XIII, XV y XXXVI; F. A. M. Mi- 
gnet, Antonio Pérez et Philippe II, París, 1845 ; G. Muro, Vida de la 
Princesa de Eboli, Madrid, 1877; A. Morel-Fatio, L'Espagne au xvi' 
au xvii^ siecle, Heilbronn, 1878; C. Fernández Duro, Estudios histó- 
ricos del reinado de Felipe II, Madrid, 1890 ; M. Hume, El enigma de 
Antonio Pérez, en Españoles é Ingleses en el siglo xvi, Madrid-Lon- 
Jres, 1903, págs. 167-203; A. Lang, The Murder of Escovcdo, en His- 



S. XVI, I59I. DOX BERNARDIXO DE MENDOZA 3l3 

torical Mysteries, London, 1904, págs. 35-54; Marqués de Pidal, Histor. 
de las alteraciones de Aragón, Madrid, 1862-63, 3 vols. ; Salvador Ber- 
múdez de Castro, Antonio Peres, Estudios históricos, Madrid, 1841; 
M, S, y S., Rev. Arch., 1902, II, pág. 383. 

158. Año 1 591. Don Bernardino de Mendoza (1540 ó 
1 541-1604) nació en Guadalajara; su padre, don Alonso Suá- 
rez de Mendoza; su madre, Juana, hija de Juan Jiménez de Cis- 
neros, el hermano mayor del Cardenal. Estudió en Alcalá, se 
licenció en artes y filosofía (1557), y fué elegido porcionista 
del colegio mayor de San Ildefonso; se puso al servicio de Fe- 
lipe II (1560) con las armas y después con la diplomacia; estuvo 
en las expediciones de Oran y del Peñón (1563 y 1564), y de Mal- 
ta (1565), acompañó al Duque de x-^lba á Italia cuando (1567) 
fué para llevar tropas á Flandes y fué enviado á Pío V con una 
comisión. Los diez años siguientes son gloriosos para sus tim- 
bres militares y son los que abraza su obra Comentarios de lo 
sucedido en las guerras de los Países Bajos hasta el 1577, y en 
ellos se le puede seguir paso á paso. Envióle de Embajador el 
Rey á Isabel de Inglaterra (1578) con las Instrucciones que se 
hallan en la Colección de documentos ittéditos (ts. XCI y XCII). 
Logró el hábito de Santiago el año 1576 y fué nombrado Co- 
mendador de Peñausende en 1582. Vuelto de Inglaterra en 1584, 
fué nombrado Embajador en la corte de Enrique III de Fran- 
cia, interviniendo en todos los enredos de la Liga, hasta acabar 
el año de 1590. Cuando este año dirigió al príncipe don Felipe 
sus Comentarios, había casi perdido la vista de una larga enfer- 
medad de los ojos y, vuelto á España, acabó de perderla entera- 
mente, como lo dice al mismo Príncipe en la dedicatoria de su 
Theorica y práctica de guerra, el año de 1594. Su correspon- 
dencia oficial y privada, llena de noticias y anécdotas y de buen 
humor, y á las veces de no tan bueno, le pinta de cuerpo entero 
(Archivo Nacional de París. K). ]\Iurió en Madrid el año 1604. 
El mismo año se publicaron Los Seys Libros de las Politicas o 
Doctrina Ciuil de lusto Lipsio, que simen para el goiiierno del 
Reyno o Principado. Tradu::idos de Lengua Latina en Castellana 
por don Bernardino de Mendoca, Madrid. 1604. Escribía muy 
bien el latín é hizo algunos versos. Los Comentarios son libro 
de gran valor, por los conocimientos militares de su autor, por 
lo al tanto que estaba de la política, conociendo los secretos de 



3 ¡4 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

cuanto se hacía ; por el sano juicio, curiosidad de enterarse y 
deseo de decir la verdad y hasta por su imparcialidad, recono- 
ciendo y admirando el valor y constancia de los enemigos. El 
estilo es noble, escogido, sobrio. 

159. Sobre la vida y obras de clon Bernardino de Mendoza, véase 
Morel-Fatio, en el Bulletin Hispaniquc, 1906, págs. 20 y 129. Fierre Cres- 
pet, prior de los Celestinos, de París, tradujo y publicó los Commentaires 
memorables de don Bernardino de Mendoce, París, 1591, habiéndoselos 
dejado el autor, grande amigo suyo. En castellano salieron en Madrid, 
1592: Comentarios de don Bernardino de Mendoca, de lo sucedido en 
las Guerras de los Payses haxos, desde el año de i^óy hasta el de 1577; 
en inglés, Londres, 1597, por sir Edward Hoby ; en Aut. Esp., t. XXVIII , 
1853. Theorica y practica de la guerra, Madrid, 1595; Amberes, 1596; 
en it., Venecia, 1596. El Iiisti Lipsi Politicorum sive Civilis Doctrinae 
lihri sex, Leyden, 1589, fué traducido en España; la aprobación es de 
1599, aunque se publicó en Madrid el año 1604, en que murió. Corres- 
pondencia diplomática, en el t. XCII de la Colección de dociim. incd. 
para la Hist. de Esp. (de 1581 á 1584, ms. en el Arch. Simancas). Glo- 
sas en 3 décimas, en La Vida, el martirio..., de S. Justo y Pastor, de 
A. Morales, Alcalá, 1569, y en las obras del mismo Morales, 1792. So- 
neto, en La Victoriosa conquista... de los Azores, Valencia, 1585. Odas, 
en Odas á imitación de los Siete Salmos, de Diego Alfonso Velázquez, 
Amberes, 1593. 

160. La famosa Academia de los Nocturnos, fundada en Valencia, 
tuvo su primera junta el 4 de Octubre de 1591, y por presidente á don 
Bernardo Cathalan (Silencio), y por su ausencia, á don Gaspar Merca- 
der (Relámpago). A ella pertenecieron F.'-~° Tárrega (Miedo), F.'-'" Des- 
plugues (Descuido), Miguel Beneyto (Sosiego), Gaspar Aguilar (Som- 
bra), F.'^^ Pacheco (Fiel), Maximiliano Cerdán (Temeridad), Jerónimo 
de Virués (Estudio), Juan Fenollet (Temeroso), Gaspar Scolano (Luz), 
Guillen de Castro (Secreto), Rey de Artíeda (Centinela), Tomás Cer- 
dán de Tallada (Trueno), Jaime de Aguüar (Niebla), Carlos Boyl (Re- 
celo), Guillen Belvis (Lluvia), Jerónimo de Mora (Sereno), Luis Fe- 
rrer (Norte), Juan José Martí (Atrevimiento), etc. Cerda y Rico, Acotas 
al Canto de Turia, Madrid, 1778, págs. 515-519. Cancionero de la Acade- 
mia de los Nocturnos de Valencia, extractado de sus actas originales 
por D. Pedro Salva y reimpreso con adiciones y notas de Francisco 
Martí y Grajalcs, Valencia, 1905-1912, 4 vols. Hay composiciones, in- 
éditas todas, de 50 autores distinguidos del siglo xvi, casi todos va- 
lencianos. 

Mateo Miguel Beneyto (t 1599), valenciano, por seudónimo, en 
la Academia de los Nocturnos (1901), Sosiego, nació entre 1560 y 
1565, hijo de don Juan Bautista, contador de la Diputación, y de doña 



S, XVI, 1 591. FRAY FELIPE GUIMERAU 3l5 

Inés Antist, de noble linaje; casó en 1590 con doña María Perpiñá, 
tuvo dosliijos, fué justicia civil (1596) y elegido consejero de la ciudad 
el año que falleció. En la Academia fué portero. Conócese su comedia 
El Hijo obediente (Doce comedias. Valencia, 1608) ; poesías corrientes 
y correctas, y varios discursos: Contra el secreto. Alabando la nin*- 
danza, En alabanza de los montes, que se hallan en las Memorias de 
la Academia de los Nocturnos. Véase F.'=o Martí Grajales, Cancionero, 
y Catalán, Justas poéticas, 1602. 

Año 1 591. E! PADRE Pedro Alagón, jesuíta, de origen aragonés, 
nacido en Siracusa, publicó Compendium Manualis Navarri, Lyon, 1591 ; 
Colonia, 1591; Placencia, 1592; Lyon, 1592 (dos edic.) ; Amberes, 1592; 
Lyon, 1593 (tres edic); Roma, 1593; Colonia, 1594; Zaragoza, 1594; 
Madrid, 1594; Venecia, 1595; Barcelona, 1599; Amberes, 1600. — El 
DOCTOR BuxEDA DE Leyra, tolcdano, publicó Historia del reyno del Ja- 
pón, Zaragoza, 1591. — Juan de Cárdenas publicó Problemas y secre- 
tos de las Indias, 1591. Del Chocolate, qué provechos haga y si es be- 
bida saludable ó no. Méjico, 1609. — Jerónimo Casado, de Paracuellos 
de Jiloca, arcediano de Albarracín, publicó De Vero satisfactione. Va- 
lencia, 1591. — Con el The Spanish Schoole-master, por G. Stepney, Lon- 
dres, 1591, y con el Diccionario español-inglés, de Percyvall (Bibliotheca 
Hispánica), London, 1591, salieron unos famosos Diálogos familiares, que 
son siete. Reimprimiólos Juan de Luna, maestro de español en París, 
en 1619, con otros cinco suyos propios. Incluyólos el judío John Mins- 
hew con una versión inglesa al fin de su Diccionario, London, 1623. 
Desde entonces se han reimpreso muchas veces en español y francés, 
suprimiendo el nombre de Luna y puesto en su lugar el de César Oudin. 
Véanse /. de Luna (1Ó19) y C, Oudin (1605). — El padre Miguel Fer- 
nández, jesuíta toledano, publicó Vida... de S. Leocadia, Toledo, 1591. 
—•Juan Garcés publicó Refranes y avisos, Barcelona, 1591. — Enrique 
Garcez (t 1591), de Oporto. habiendo enviudado, se hizo presbítero, y 
fué canónigo de Méjico; tradujo Los Sonetos y Canciones del Poeta 
Francisco Petrarcha, Madrid, 1591. Los Lusiadas, en octavas caste- 
llanas, Madrid, 1591. Del reyno y de la institución del que ha de 'rey- 
nar, de F. '^'^ Patricio, ibid., 1591. Inventó cierto procedimiento para 
beneficiar la plata por medio del azogue. Alabóle Cervantes en el 
Canto de Calíope. Véase M. Pelayo, Hist. pocs. hisp.-amer., t. II, pá- 
gina 270. — Pablo Garzía (t 1601), secretario de la Inquisición, publi- 
có Orden que comúnmente se guarda en el S. Oficio de la Inquisición 
acerca del processar en las causas, que en él se tratan, Madrid, 1591, 
1607, 1622. — Fray Juan Benito de Guardiola, benedictino de Sa- 
hagún, publicó Tratados de los Títulos que oy tienen los Varones cla- 
ros y Grandes de España, Madrid, 1591. Historia del Monasterio 
Real de S. Benito de Sahagún (ms. Bibl. Nac). De la antigüedad y 
nobleza de Cataluña (ms. Acad. Hist.). — Fray Felipe Guimerau 
publicó la Breve Historia de la religión de Nuestra Señora de la 
Merced, de Redención de Cautivos Cristianos, y de algunos Santos y 



3l6 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

personas ilustres della, Valencia, 1591. — Bartolomé Lorente, de Lon- 
gares, publicó Index auctorum qui de adventu S. Jacohi ApostoU in 
Hispaniam praedicatione, translatione, miracidis et DiscipnUs..., Za- 
ragoza, 1591, — Rodrigo de Lorenzana, canónigo regular de Santiago, 
publicó Compendio de casos ordinarios de conciencia, Madrid, 1591. 
De Irregularitate. — !Micer Pedro Luis Martínez, gran jurisconsulto 
aragonés, publicó Discurso y alegaciones de derecho en que se trata 
y declara el origen y principios del... reyno de Aragón y la excelen- 
cia de su gobierno y leyes..., Zaragoza. 1591. — Fray Juan Bautista 
MoLESj franciscano napolitano, publicó De la Educación de los Novi- 
cios, 1591. Memorial de la provincia de S. Gabriel, Madrid, 1592. 
Compendio de las ceremonias de la orden de S. Francisco, ibid., 1595. 
Del Espíritu Profctico con que amó Dios á S. Francisco, ibid., 1600. 
— Diego de Morlanes, zaragozano, publicó Alegación sobre poner 
Virrey estrangero en Aragón, Zaragoza, 1591. Estatutos y ordena- 
ciones acerca de las lites de Zaragoza, ibid., 1593. Alegación sobre 
la antigüedad de la iglesia del Pilar, ibid., 1605. Y otras. — ^El padre 
Juan Osorio, jesuíta de Villasandino, publicó Sylva variarum Con- 
cionum, 5 vols., Salamanca, 1591 ; Medina. 1594*, 1595. — Fray Juan 
i>E Ovando, franciscano de Cáceres, publicó Ceremoniale Officii di- 
zííii, Toledo, 1591. Discurs. prcdicab. super Mysteria Fidei, Alcalá, 
1593. Expositio in Symbolum Apostolorum, ibid., 1593. Tratado Pas- 
ioral. Salamanca, 1601. Consideraciones... de las Dominicas después 
de Pentecostés, Lisboa, 1609. — Bartolomé José Pascasio, valentino, 
tradujo Pachimerii Lógica y De interpretandi Aristotelem ratione, 
Francfort, 1591. — Don Juan de Pareja, toledano, publicó Otium 
Ouadrimestre... ad Regulae Catonianae..., ad Legis luliae et Papiae 
et caducoTum interpretationem, Salamanca, 1591. — Juan de Quirós, 
natural y jurado de Toledo, escribió la Comedia Toledana ó La Fa- 
mosa Toledana, en 1591, muy aplaudida. Alabóle Villandrando. — Don 
Juan de Ribera, presbítero sevillano, publicó Declaración del Credo... 
y Pater nostcr..., Madrid, 1591. Catecismo de los Moros nuevamente 
convertidos, 1599. — Juan Roa de Avila publicó De Providencia Dei, 
Madrid, 1591. De Juribus Principalibus, ibid., 1591. Tabulae quinqué 
de Annis Mundi et snccessionibus et Genealogía Jesn Christi, Roma, 
1610. Apología pro Itnmaculata B. Virginis Conceptíone, 1614. — Pe- 
dro Ruiz Montero, cordobés, publicó Del Juego de las Damas vul- 
garmente el Marro, Valencia, 1591. — Fray Pedro Suárez de Es- 
cobar (t 1 591), agustino de Medellín, nombrado obispo de Jalisco, 
publicó Primera Parte del Libro intitulado Espeio de Vida Chris- 
tiana, sermones, Madrid, 1591, 1601. Escala del Paraíso Celestial. 
Silva de la perfección evangélica. — Bernardo de la \'ega, gentil- 
hombre andaluz y luego canónigo en Tucumán, publicó El Pastor de 
Iberia, en cuatro libros de prosa y verso, Sevilla, 1591. Es de los que 
el cura entregó al brazo secular del ama {Quijote, I, 6). Relación de 
las grandezas del Piru, México y los Angeles, Méjico, 1601. La Bella 



S. XVr, 1592. EL PADRE JUAN DE MARIANA 3l7 

Cotalda y cerco de París. — Fray Juan Vicente, dominico asturiano, 
publicó De Habituali Christi sanctificante gratia, Roma, 1591. — Die- 
go DE Victoria publicó Ordenancas de la Cofradía y Ermandad del 
S. Nombre de Jesús, Madrid, 1591. 

161. 'Año 1592. El PADRE Juan de Mariana (i535?-i624) 
nació en Talayera de la Reina y fué hijo natural del deán de 
aquella Colegiata. Entró en la Compañía en 1554, en el novicia- 
do de Simancas; estudió en Alcalá, se ordenó en 1561, partiendo 
luego á Roma, donde enseñó Teología; después en Loreto hasta 
1565, en Sicilia hasta 1569, en París y aun en Flandes. Vuelto 
á España en 1574, vivió hasta su muerte en la casa profesa de 
Toledo; tuvo cargo de examinar las acusaciones formuladas, 
sobre todo, por León de Castro, contra Arias Montano, y tras 
una información de más de dos años, declaróse Mariana en fa- 
vor de él. Publicó la Historiae. de rehiis Hispaniac Hbri XX, 
1'oledo, 1592. 6^. Isidorus contra Jiidaeos, enmendado y anotado; 
Eiusdem prooemia in libros Veteris ac Nozñ Testamenti; Eiiis- 
dem Synonimorum libri II : todo ello en Madrid, 1596. De Rege 
tt Regís Institutione lib. III, Toledo, 1599; Francfort, 161 1. 
De Ponderibus et Mensuris, Toledo, 1599; Francfort, 161 1. 
Tradujo de la edición latina la Historia de España, Toledo, 
1601, añadiendo y quitando en otras ediciones hasta la 4.* 
de Madrid, 1623, última que se hizo en vida del autor. Re- 
imprimió en Maguncia, 1605, la Historia latina, aumentada 
hasta 30 libros. Tractatiis septcm, tuní thelogici, tum historici, 
Colonia, 1609. Scholia in Vetus et Novum Testamentum, Ma- 
drid, 1619; Amberes y París, 1620. Publicó el primero y anotó 
Líicae Tudensis episcopi de altera vita fidciquc controvcrsiis 
adversus Albigensium errores libri III, Monaco é Ingolsta- 
dio, 1612. Tomáronle sin saberlo él y publicaron en Burdeos, 
1625, los Discursos de las cosas del gobierno de la Compañía, 
en 20 capítulos. Quedaron manuscritas '^Advertencias, a las Ta- 
blas Genealógicas de Esteban de Garibay. 

La Historia, del padre Mariana, no es obra científica, ni él se 
empeñó en que lo fuese. Puso el trabajo que pudo en averiguar 
la verdad ; pero, como el dijo : "yo nunca pretendí hacer histo- 
ria de España ni examinar todos los particulares, que fuera 
' nunca acabar, sino poner en estilo y en lengua latina lo que otros 
tenían junta4o". Hay que tomarla como lo que es, una hermosa 



3l8 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

obra literaria, hija del más noble patriotismo y de la más since- 
ra imparcialidad. La manera grave y sobria de tratar los asun- 
tos ; la elevación del estilo, con cierto tinte arcaico que lo enno- 
blece ; los rasgos briosos con que pinta los caracteres, las hondas 
sentencias políticas que los acontecimientos le sugieren, hacen 
que su historia sea la mejor escrita en castellano. El padre Ma- 
riana, por su gravedad, macizo saber, elegantísimo y castizo de- 
cir, entereza de carácter y valentía en manifestar honradamen- 
te su parecer, es de los varones que más cumplidamente han en- 
carnado el espíritu español y de los que más gloriosamente han 
honrado á su raza. 

162. La obra De Rege hízose famosa por haber sido asesinado 
había poco Enrique III, rey de Francia, y haberlo de ser después En- 
rique IV, asentando Mariana el principio de que en alg-unos casos 'Cra 
lícito matar al Rey. La doctrina no era nueva, así como ni la de que 
el poder real está de (heoho fundado en el pueblo ó comunidad, única 
soberana, pues fué doctrina ordinaria de los escolásticos, para quie- 
nes el Rey era puesto por Dios; mas como Dios pone y hace todas 
las cosas, enderezándolas por medio de su providencia y omnipoten- 
cia; pero la autoridad reside originariamente en el pueblo. Los ad- 
versarios del catolicismo le achacan lo que sólo se debió á las doc- 
trinas imperialistas paganas de la época y después absolutistas y jaco- 
binas de nuestros modernos liberales. La democracia es lo más con- 
forme al Evangelio. La grande autoridad que Mariana tenía len 
Francia hizo ver en su libro uno de los motivos que movieron la 
mano del asesino real Ravaillac, y el Parlamento de París ordenó 
quemar el libro por manos del verdugo. En España fué aprobado por 
el Rey y los censores sin la menor dificultad. Véase Bayle, en el 
artículo Mariana, donde se cuenta la polémica que su libro despertó. 
El pasaje donde autoriza tal doctrina está en el cap. VI del 1. I, y 
aJlí mismo califica de monimentum nobihe el asesinato de Enrique III 
por Jacobo Clemente, disculpándolo en parte. Véase además Sis- 
niondi, Hist. des francais, t. XXII, pág. 191. De las cartas de Loaysa, 
confesor de Carlos V, se saca la misma opinión respecto del Empe- 
rador (Bricfe an Kaiser Karl V, de Heine, Berlín, 1848, pág. 130). 
De los Tractatus scptem, el De la mortalidad c inmortalidad incurrió 
en la censura teológica, y el de las Monedas del reino no debió de 
agradar al Duque de Lerma, que, por su adulteración y baja de la 
moneda, quedaba allí en el padrón de ignominia. Ambas obras fueron 
al índice; se inutilizaron cuantos ejemplares se hubieron á las manos, 
y con sus 73 á cuestas, fué encarcelado Mariana y sufrió una buena 
penitencia. Salieron los siete tratados en Colonia, 1609; pero el De 
Ponderihus et mensuris, donde está lo do la moneda, se había publi- 




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[Dibuxada por Rafael Ximcno. Grabada por Mariano Brandi.) 



S. XV^I, 1592. EL PADRE JUAN DE MARIANA Sig 

cado antes en Toledo, 1599, con todas las licencias. Fué, pues, cosa del 
privado y no de la Inquisición, la persecución de Mariana. El Discurso 
de las enfermedades de la Compañía de Jesús, Burdeos, 1625, volvióse á 
publicar, algo alterado, cuando la expulsión de los jesuítas por Car- 
ilos in, 1768. Prohibióse en el índice de 1667 (pág. 735), y está allí, 
con toda malicia, como de autor desconocido y como manuscrito. La 
obra, aunque faltase todo otro testimonio, es de Mariana, hijo aman- 
tísimo de la Compañía; pero que reconocía, á pesar de ello, algo de 
lo que se le ha achacado. Su pensar y decir están allí bien de mani- 
fiesto. El cardenal Bembo fué el que le alentó á traducir en castellano 
la Historia de España, cuyos veinte primeros libros, de los treinta que 
la componen, había publicado en 1592. Los otros diez no salieron has- 
ta 1609, y de la versión castellana, salió la primera parte en 1601. 
Fué añadiendo y corrigiendo las ediciones, hasta la cuarta, que editó 
el mismo año de su muerte. La mejor edición es la de Madrid, 1780, 
por Ibarra. Ticknor (t. III, pág. 387) : "Puede asegurarse que, en 
general, el carácter dominante de la obra es cierto aire de nobleza, 
mezclado á la antigua rudeza castellana, aunque llena ésta de dignidad 
y decoro, cualidad que, unida á un estilo admirable por lo castizo y 
armonioso, lleno y rotundo, aunque rico, puro y abundante, hace de 
este libro, si no ya un modelo de historia, al menos el tipo más per- 
fecto de la mezcla de la crónica y de la historia que han visto hasta 
ahora las edades." Publicó primeramente en Toledo los 20 primeros 
libros, en latín, e! año 1592, y luego otros cinco, en 1595, y después, 
con otros cinco, publicó los 30 libros en Maguncia, 1605, en un volu- 
men. Su intento 'cra que las naciones extrañas conociesen las cosas 
de España, "más abundante en ¡hazañas que en escritores, en espe- 
cial deste jaez". Luego la tradujo en castellano, quitando y añadiendo 
en cada edición: Historia de España, Toledo, 1601 ; Madrid, 1608, 
1617, 1623, la cual es la más correcta y copiosa, por ser la en que 
puso la última mano, y de ella salieron ilas posteriores después de fa- 
llecido el autor: 1635, 1650, con las adiciones al Sumario del padre 
Fr. Hernando Camargo; 1669, con la continuación al mismo sumario 
por lel P. Basilio Baren de Soto; 1678, con lo que añadió D. Félix Lucio 
de Espinosa; 1733 y 34, sin sumario alguno, por el P. Fr. Joseph de 
Medrano, que la continuó después, en 1741, con un tomo de la vida de 
Carlos V. Estas cinco ediciones postumas son de Madrid, en dos volú- 
menes y arregladas al texto de la de 1623. Fuera de España se impri- 
mió en Lyon, 1679, 1719; Amberes, 1737, 1739, con lia continuación de 
Miñana; ibid., 1751. Volvióse á imprimir en Madrid, 1780-1784, tres 
volúmenes; Valencia, 1783-1796, 9 vols. ; ibid., 1794. 2 vols. ; Madrid; 
1817-1822. Los Tractatus septem son: De Adventu B. Jacobi Apostoli 
in Hispaniatn. De editione vxdgata SS. Bibliorum. De Spectaculis. De 
Moneíoe mutatione. De die et anuo mortis Christi. De Atmis Arabum 
ciim nostris annis comparatis. De Morte et immortalitate. Pedro Man- 
tuano, secretario del Condestable de Castilla, conde de Lemos y bene- 



320 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

íiciado de la villa de Membrillera, publicó, impugnándole, Advertencias 
á la historia de Juan de Mariana..., 1613; Tomás Tamayo de Vargas 
le defendió; pero, según este autor, e^. virtuoso padre no quiso leer ni 
lo uno ni lo otro, ni aun para enmendar la nueva edición. Lope (Par- 
te XIV de sus Comedias, dedic. de El cuerdo loco á Tamayo de Var- 
gas), después de hacer una critica acerba sobre las Advertencias, alude 
á la otra obra de'! Mantuano Casamientos de España y Francia, Ma- 
drid, 1618, El tratado De Spectaculis lo tradujo al castellano el mismo 
Mariana: Tratado de los juegos públicos (Rivadeneyra, t. 11, páginas 
413-462), añadiéndole un capítulo entero, social y político, sobre el es- 
tado presente de Ids cosas en España. Lope, en el Triunfo de la Fee, 
Madrid, 1618: "Prólogo al Tito Livio Christiano, Luz de la Historia de 
España, el P. D, Juan de Mariana." Juan de Mariana, Obras, ed. F. Pi y 
Margall, Bibl. de Aut. Esp., ts. XXX y XXXI ; Historia general de Es- 
paña, Madrid, 1780-1804, 3 vols. ; ed. V. Blasco y V. Noguera y Ramón, 
Valencia, 1783-1796, 9 vols.; ed. J. Sabau y Blanco, Madrid, 1817-1822. 
Consúltense: G. Cirot, Mariana historien, Bordeaux, 1905; G. Cirot, 
La famille de F. de M., en BuUetin hispanique (1904), t. VI, páginas 
309-331; G. Cirot, Les portraits de J. de M., en Bidletin Hispanique 
(1905), págs. 409-411; G. Cirot, A propos dii "De rege^\ des "Septem 
Tractatus'' de Mariana ct de son ou de ses procés, en BuUetin Hispani- 
que (1908), t. X, págs. 95-99; Pedro Urbano González de la Calle, Ideas 
político-morales del P. J. de M., en Rev. Arch., 1913, t. II, pág. 388; 
1914, t. I, págs. 46 y 201. Sobre Mariana y el Mantuano: Pérez Pastor, 
Bibliogr. Madril., t. III, pág. 423, Madrid, 1907. 

163. /íño 1592. Fray Cristóbal de Fonseca (" 1612 ó 
162 1), natural de Santolalla (Toledo), hijo de Diego de Fonse- 
ca é Isabel Alvarez, entró en la orden de San Agustín en 1566, 
ilustrándola con su saber y elocuencia, siendo predicador regio. 
Es uno de los mejores expositores en el género de la homilía, 
aunque en forma de sencillos comentarios, de la Sagrada Escri- 
tura y de los que más rica y sueltamente manejan el castellano. 
Escribió el Tratado del amor de Dios, sacado de la doctrina 
platónica y del Evangelio, y la Vida de Cristo, en cuatro tomos. 

Fray Hernando de Zarate, agustino, publicó Discursos 
de la paciencia christiana, dos voh., Alcalá, 1592, 1597. 

Fray Marco Antonio Camos, barcelonés, visitador de la 
Orden de San Agustín y Vicario provincial en Cataluña, publicó 
el libro que llamó Microcosmia y Gobierno Universal del chris- 
tiano, Barcelona, 1592 ; Madrid, 1505. Está en diálogo y lengua- 
je castizo, como de la época. Fué, además de buen prosista, me- 



S. XVI, 1592. PEDRO JERÓNIMO CEXEDO 321 

diano poeta, y publicó, en versos medianejos, La Fuente descada 
ó institución de vida honesta y christiana, Barcelona, 1598. 

164. Obras de Fonseca: Tratado del amor de Dios, Salamanca, 
1592; Valladolid, 1594; Barcelona, 1594. 1595; Córdoba, 1596; Zarago- 
za, 1596, 1597; Toledo, 1598; Valladolid, 1598; Lisboa, 1598; Barcelo- 
na, 1599; Madrid, 1620. Primera parte de la Vida de Christo, Toledo, 
1596, 1598, 1601 ; Aladrid, 1601, 1605, 1621, Segunda parte de la Vida 
de Christo, Toledo, 1601; Barcelona, 1602; Madrid, 1603, 1621. Ter- 
cera parte de la Vida de Christo, ]\Iadrid, 1604, 1605, 1611. Qnarta 
parte, Madrid, 1611. Discursos para todos los Evangelios de la Qua- 
rcsma, Madrid, 1614. 

165. Arlo 1592. El P. Francisco Suárez (1548-1616), jesuíta de 
Granada, gloria de la filosofía española y de la teología católica y el 
más sabio de su Orden, enseñó en Segovia á Aristóteles, letras sagra- 

'"ílas en Valladoíid y en Roma odho años, hasta que por la salud volvió 
á España^ enseñando otros ocilio en Alcalá, uno en Salamanca y los 
últimos veinte en Coimbra. Ingenio claro, sutil, miksmoria excelente, jui- 
cio certero, virtud maciza, varón gravísimo y modesto, trabajador incan- 
sable, sus obras (23 vols., Lyon, Colonia) son muchas é imperecederas 
en la filosofía y teología lescolásticas. Comentó á Santo Tomás (19 to- 
mos) con la libertad que hizo formarse la escuela suarista ó jesuítica. 
El más sutil de los metafísicos y el primero de los teólogos españoles. 
Véase su Tractatus de Lcgibus ac Deo Icgislatore, Ñapóles, 1872, 2 vo- 
lúmenes. Metaphysica, 1608, 2 tomos; Barcelona, 1 883-84, 16 vols. 
Defensio Fidel Catholicae ct Apost. adversus Anglicanae Sectae erro- 
res, Coimbra, 1613; Barcelona, 1882, 6 vols. Varia Opuscnla Theo- 
logica, Madrid, 1599. Consúltese Rafael Conde y Luque, Francisco 
Suárez, Madrid, 1914. 

El P. Gaspar de Astete (t 1637), jesuíta salmantino, publicó Insti- 
tución y Guía de la juventud Christiana, Burgos, 1592; 2." pte. ibid., 
1594. Modo de rezar el Rosario, Salmos y oraciones, ibid., 1593. Del 
Estado de las Viudas y DonzcUas, ibid., 1597. Govierno de la familia 
y estado del Matrimonio, Madrid, 1597; Valladolid, 1598. Del estado 
de la Religión, ibid., 1603. Doctrina Christiana y documentos de crian- 
za. Pamplona, 1608 (es el famoso Catecismo que aún se aprende de 
memoria en media España). — Miguel de Baeza publicó Arte de Confi- 
tería, 1592. — Jaime Bartolomé, canónigo de Urgel, tradujo Appiano 
de las Guerras civiles, Barcelona, 1592. Las vidas de los doce Césares 
de C. Suetonio Tranquillo, Tarragona, 1596; ^Madrid, 1679. — Bernardo 
Caxanes, médico barcelonés, publicó Adversus Valentinos et olios 
nostri temporis Médicos de ratione mittendi sanguinem in febribus 
putridis, Barcelona, 1592. — Pedro Jerónimo Cenedo (1540-1603), za- 
ragozano, publicó Collcctanea Juris Canonici, Zaragoza, 1592. Practi- 
cae questiones Canonicae et civiles, ibid., 1614. — Fr. Diego de Coria 



322 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

Maldonado, carmelita de Utrera, publicó Directorio de los terciarios, 
Sevilla, 1592. Dilucidario y demostración de las chronicas del sacro 
Orden de S. María del Monte Carmelo, Córdoba, 1598. De los Santos 
de la Orden del Carmen. — ^Manuel Correa Montenegro, portugués, 
publicó Historia de los Reyes, Señoríos y Emperadores de España..., 
Salamanca, 1592. Historia brevísima de España, Lisboa, 1620 (según 
Barbosa es mapa y la misma obra que la anterior), — Diego Cortés, 
poeta conquense, publicó en verso Discursos del varón justo y con- 
versión de la Madalena, Madrid, 1592. — El P. Francisco Costero, je- 
suíta, publicó Libellns Sodalitatis, Madrid, 1592. De universa historia 
Dominicae Passionis Meditationes quinquaginta, Madrid, 1600. De 
vita et laudibus Deiparae Mariae, ibid., 1600. Libro de la Congregación 
de N. S^, ibid., 1607. — Martín de Eguiluz publicó Milicia, discurso y 
regla militar, Madrid, 1592; Amberes, 1595. — 'Juan Díaz Rengifo, lec- 
tor de Retórica, publicó el Arte poética Española, obra de su hermano 
€í! jesuíta Diego García Rengifo, Salamanca, 1592; Madrid, 1606, abul- 
tada con las sandeces del barcelonés Joseph Vicens; Madrid, 1644; 
Barcelona, 1703, 1727. Acomodó la obra de Antonio de Tempo, ita- 
liano, á nuestra lengua. — Micer Gaspar Gil Polo, jurisconsulto, hijo 
del autor de la Diana Enamorada, publicó Schola inris, 1592. Recita- 
tiones Scholasticae. De Studio Inris, 1610. De origine et progressu 
Inris Romani, 1615. — F. Gurrea y Aragón escribió Comentarios de 
los sucesos de Aragón en los años i¿pi y 1592, Madrid, 1888. — 'El mo- 
risco granadino Miguel de Luna publicó la Historia verdadera del 
rey Don Rodrigo, Granada, 1592: es obra de falsario y embustero, que 
él atribuye á un moro. — Juan Mingltes. de Játiba, publicó Compago 
artificiosa totius Sunimae Theologiae S. Thotnae, Valencia, 1592. — ■- 
Francisco de Montanos, racionero de Valladolid, publicó el Arte de 
música theorica y practica, Valladolid. 1592. 1594; Salamanca, 1610; 
Madrid, 1648; Zaragoza, 1665. 1670; Madrid, 1693. 1712, 1728, 1734, 
1756. — Juan de ^Iontoya, dominico madrileño, publicó Del Rosario de 
N. 5".^ 'Córdoba, 1592. La Regla de S. Agustín..., ibid., 1600. — En 1592 
se publicó el importantísimo documento Perdón publicado por manda 
miento de la S. C. R. M. del Rey N. S. en la ciudad de Qaragoca á 17 
de Enero del año 1592, Zaragoza (ejemplar en !a Bibl. Real). Igual- 
mente el no menos importante Pregón y provisión publica-do por man- 
damiento de la S. C. R. Mag... ó. 2^ del mes de Enero del año 1592, 
Zaragoza, 1592. — Don Antonio de Quintanadueñas (t 1628), húrga- 
les, publicó Ecclesiasticon libri IV, Salamanca. 1592. De lurisdictione 
et Imperio, Madrid, 1598. — Jerónimo Ramírez, poeta, publicó De 
Raptu Innocentis Martyris Guardiensis, Madrid, 1592. — Gregorio de 
LOS Ríos, presbítero, publicó Agricultura de jardines, Madrid, 1592, 
después en las ediciones de la Agricultura de Herrera, desde la de 
Pamplona, 1605. — El padre Manuel Sa, jesuíta, publicó Aphorismi Con- 
fessariorum. Venecia, 1592; Madrid. 1601 ; Alcalá, 1609. Scholia in 
IV Evangelio, Antuerpiae, 1596. Notationes in totam Scripturam, 



S. XVI, 1593. PATRICIO CAXESI 323 

ibid., 1598. — Fray Pedro de Salazar, franciscano de Casarrubias, pu- 
blicó Bula de ¡a Canonización de S. Diego de Alcalá, del lat., Alcalá, 
1592. Coronica y Historia de la fundación y progreso de la provincia 
de Castilla de la Orden de S. Francisco, Madrid, 1612. — Antonio de 
Trillo, de Guadalajara, publicó la hermosa Historia de la Rebelión 
y Guerra de Flandcs, Madrid, 1592. — ^Gabriel de Valdés, toledano, 
tradujo Los discursos de Fr. Feo. Panigarola, Salamanca, 1592, 1602, 
161 i. — Quarta y quinta parte de Flor de Romances. Recopilados por 
Sebastián Vélez de Guevara, Racionero de la Colegial de Santan- 
der, Burgos, 1592, 1594, tres partes. — El doctor Baltasar Vellerino 
de Villalobos, presbítero sevillano, escribió Luz de navegantes, donde 
se hallarán las derrotas y señas de las partes marítimas de las Indias, 
1592 (ms. Bibl. Salamanca, Gallardo). — ^Diego de Yepes, capellán de 
Santa Cruz en Toledo, publicó Discursos de varia Historia, Toledo, 
1592. 

166. Año 1393. El capitán vallisoletano Diego Alfonso 
Velázouez de V^elasco, soldado en Flandes é Italia, publicó un 
tnsayo poético de su amigo don Bernardino de Mendoza, junta- 
mente con sus propios versos : Odas a imitación de los siete sal- 
mos penitenciales^ Amberes, 1593; reproducidas por Cerda y 
Rico en Poesías espirituales, Madrid 1779. Son paráfrasis ele- 
gantes, aunque algo desmayadas, imitando en metro y estilo á 
fray Luis de León. En 1602 publicó la Lena (una edición), ó El 
Celoso (otra edición), ambas el mismo año, en Milán; Barcelona, 
1613; París, 1838, en el Tesoro del Teatro Español^ por 
ií Ochoa; Madrid, 1910, en Oríg. nov., de M. Pelayo, t. TIL 
Obra lindísima, sabrosa y picante, que muestra en su autor 
esmerado gusto, madura socarronería y honda experiencia de 
la vida. En argumento, caracteres y estilo, difiere de la Celesti- 
na; pero la imita en la prosa dramática y en el realismo español, 
en el lenguaje elegante y castizo; en el espíritu y la técnica,, á 
los italianos. Según M. Pelayo. "es la mejor comedia en prosa 
que autor español compuso á fines del siglo xvi". 

167. Año 1593. Fray Juan Alvarez (t 1621), cisterciense de Ca- 
latayud, abad de Veruela, obispo de Solsona, publicó Historia de las 
fundaciones de S. Benito, Zaragoza, 1593. Vida y milagros de San 
Bernardo, ibid., 1593. — ^Don Artal de Alagón, conde de Sástago, re- 
ligioso de la tercera regla del señor S. Francisco, publicó la Concor- 
dia de leyes divinas y humanas y desengaño de la iniqua ley de l-a 
venganga, Madrid, 1593. Catecismo, Zaragoza, 1594. — Patricio Caxesi 
(t 1612), pintor italiano, de Arezo, que vino á España en 1567, tra- 



324 ÉPOCA DE FELIPE II (s, XVl) 

(lujo y publicó la Regla de los cinco órdenes de Arquitectura de Jacome 
de V iguala, 1593. — Dox Diego del Castillo, salmantino, canónigo pa- 
lentino, publicó Dispiitatio in cap. VI S. Joannis, Roma, 1593. Defensa 
de la venida y predicación evangélica de Sant-Iago en España, Zarago- 
za., 1608. Hay un Epítome de los Turcos y sus Emperadores, Lovaina, 
1598, de Diego del Castillo, de Thomar (Portugal), según D. García 
Peres. — De 1593 á 161 1 floreció Miguel de Castko, que compuso la 
Vida del soldado español Miguel de Castro, escrita por el mismo. Im- 
primióse en 1900 por Paz y Melia (Bibliot. hispánica, 1900). — Antonio 
de Cianca, abulense, publicó Historia de la vida, invención, milagros 
y translación de S. Segundo, Madrid, 1593, 1595- — En 1593 se publicó 
la traducción latina de Carlos Clusio, de la obra del portugués García 
de Orta, De los aromas é simples medicamentos que nacem. en a India. 
Añadióla Cristóbal da Costa. — Fray Juan Chirinos, trinitario gra- 
nadino, publicó Sumario de las persecuciones que ha tenido la Iglesia 
desde su principio, Granada, 1593. — ^Don Luis Díez de Aux, zarago- 
zano, publicó Fundación de la capilla y cámara angelical de N. S.^ del 
Pilar, Zaragoza, 1593, 1631; en verso. Catálogo de los Obispos y Arz- 
obispos de Zaragoza, ibid., 1593. Fiestas que celebró Zaragoza en la 
beatificación de la V. M. Teresa de lesús, ibid., 1615. Compendio de las 
fiestas que celebró Zaragoza en la promoción de Fr. Luis de Aliaga al 
Arzobispado de J'^alcncia y á Inquisidor General del Reino, ibid., 1619. 
Versión de varios himnos latinos de Prudencio, ibid., 1619. — ^Juan de 
Exzinas, vecino de Burgos, publicó, corregido y enmendado, el Tra- 
tado de psicología amatoria Diálogos de amor... de Dorida y Dameo, 
Burgos, 1593, de autor desconocido, pero que se inspiró en León He- 
breo. — Juan de Escobar publicó Historia del muy valeroso Cavallero 
el Cid Ruy Díaz de Bivar, en Romances en lenguaje antiguo, Bur- 
gos, 1593; Córdoba, 1610; Alcalá, 1612, 1614; Zaragoza, 16 18; Ma- 
drid, 1625; Alcalá, 1661 ; Cádiz, 1702. — Diego Espino -de Cáceres, sal- 
mantino, publicó Speculum Tcstamentorum sive Thesaurus universae 
Jurisprudentiae, Medina, 1593. — Fr. Juan Bautista Fernández, fran- 
ciscano burgalés, publicó Demostraciones católicas, Logroño, 1593. — 
Quarta, Quinta y Sexta Parte de Flor de romances nuevos, nunca 
hasta agora impresos, llamado Ramillete de Flores, por Pedro Flores, 
librero... Y demás dcsto, va al cabo la tercera parte de el Araucana 
en nueve romances, Lisboa, 1593. Se.vta parte de Flor de romances..., 
Toledo, 1594. Este Pedro Flores es el que cuidó la edición del Roman- 
cero general. — Antonio Gómez publicó Dilucida vera et fidelis San- 
ciae Cruciatae Bullae explicatio, Alcalá, 1593. SequUur Explicatio 
Motus Proprius Pii Quinti qui de censibus tractat, ibid., 1593. — Fray 
Antonio Navarro, dominico, publicó Tomus primus sermonum de 
Sanctis, Madrid, 1593. — Miguel Martínez del Villar (1560-1624?), 
9iacido en Velilla de Jiloca, de la casa solariega que los de su ape- 
llido tenían en Munebrega, doctor, abogado del reino, asesor de la 
Inquisición, lugarteniente del Justicia, regente de la Chancillería 



S. XVI, 1593. FRANCISCO VÉLEZ DE ARCINIEGA 3»5 

de Mallorca y fiscal del Supremo Consejo, publicó Allegatio7ics, Za- 
ragoza, 1593. Trabado del patronato... de la Comunidad d^ Calatayud, 
ibid., 1598. Segunda parte, ibid. , 1604, Vota et motiva in causa pro 
Priore S. Mariae de Pilari, ibid., 1606. Interpretatio trium epigram- 
matiim, Palma, 1609. Appendix de innata fidelitate aragoniensium, 
ibid., 1609. Memorial de los Hijos Dalgo de la Comunidad de Calata- 
yud, Madrid, 1614. Segundo memorial, ibid., 1614. Responsum inris 
contra Priorcm Religionis Hospitalis Hierosolymitani, ibid., 1615. 
Propugnaculum iurisdictionis rcgiac, ibid., 1616. Discurso acerca de 
la conquista de Argel y Bugia, ibid., 1619. Segunda parte de la apo- 
logía del patronato de Calatayud... (ms. Bibl. Nac, P. 190). — ■Anto- 
nio DE Mazuelo, burgalés. publicó Breve compendio y tratado de las 
señales de la Naturaleza de Polemon Ateniense, Milán, 1593. — ^El doc- 
tor Francisco de Mesana publicó Difficilia Hieronymi in veré Catho- 
lici Hominis speculum, Madrid, 1593. — Fray Francisco de Mesina, 
Jerónimo de San Bartolomé el Real, publicó Explicación de las Cere- 
monias de la Misa... Directorio del Alma Christiana, Ecclesiastica y 
Religiosa, con un Discurso, Alcalá, 1593. — El capitán Baltasar de 
Morales, natural de la Rambla, publicó Diálogo de las guerras de 
Oran, Córdoba, 1593; IMadrid, 1881, en Guerras de los españoles en 
'África (Libr. rar. y cur.). — Fray Antonio de los Reyes, dominico, 
publicó Arte de la lengua Mexicana, 1593.— (Jerónimo de los Ríos 
ToRQUEMADA publicó Ultima y final batalla del hombre; declarando el 
Psalmo CXX, Valladolid, 1593. — Octavo qnaderno de varios Roman- 
ces, Valencia, 1593. ítem: Tercero qnaderno de la segunda parte de 
varios Romanóes, Valencia, 1593. — E! doctor Francisco Sánchez de 
Oropesa publicó Respuesta á lo que ha sido preguntado en un accidente 
de un Vaguido de calor y sol, 1593. Discursos para averiguar qué mal 
de orina sea el que padece Diego Henriques, Sevilla, 1594. Respuesta 
acerca de una palpitación y tremor, ibid., 1594. Tres proposiciones á 
la Ciudad de Sevilla, Sevilla, 1599. — Fray Andrés de Soto (t 1625), 
franciscano de Sahagún, publicó Vida y Excelencias del Glorioso 
S. Joseph, Bruselas, 1593. La Contemplación de Christo Crucificado, 
Amberes, 1604. De la Conversión del Buen Ladrón, ibid., 1606. Reden- 
ción del tiempo cautivo, Amberes, 1606. De la Congregación de los 
Penitentes, 1607. De la verdadera soledad, Bruselas, 1607. Declaración 
y paraphrasis de las Lamentaciones de Jeremías, ibid., 1609. La Vida 
y Milagros y Mission á España del glor. Martyr S. Eugenio, ibid., 
1612. La Vida de S. Alberto, ibid., 1613. De la Excelencia y bienes de 
la Paz, ibid., 1621. — ^Guillermo Toquel, tipógrafo salmantino, publicó 
Suma de la Ortografía Castellana, Salamanca, 1593. — Francisco Vélez 
DE Arciniega, de Casarrubios del Monte, boticario del Arzobispado de 
Toledo, publicó De simplicium medicamentorum collectione, Toledo, 
1593- Libro de los quadrupedos y serpientes terrestres recebidos en el 
uso de la Medicina, Madrid, 1597. Farmacopea, Madrid, 1603. Informa- 
ción acerca del uso que se debe tener de la concentaina, 161 1. Historia 



326 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

de los animales más recebidos en el uso de la medicina, ibid., 1613. — 
Fray Melchor de Yebra (í 1586), franciscano, escribió Refuginm In- 
firmorum... En el qual se contienen muchos avisos espirituales... con un 
Alfabeto de S. Buenaventura para hablar con la mano, Madrid, 1593. 
Cantiloquio que trata de los oprobios y Penalidades que Christo de puro 
enamorado sufrió y de un labrador pastor que tañendo el Rabel por los 
solitarios montes cantaua psalmos al Señor con que despertaua su alma 
á llorar su pasión... (ms. Bibl. Real, sala II, est. J, 5): en prosa y en 
octavas, de sobrio decir y enardecido espíritu. — Estatutos y ordinacio- 
nes acerca de las lites y diferencias que se pueden ofrecer en las cosas 
tocantes y pertenecientes á los montes y Güertas de la Ciudad de Qara^ 
goga, ibidem, 1593, 1595. 



168. 'Año 1594. Cristóbal de Mesa (1559-1633), hijo de 
Pedro de Mesa y biznieto de Diego de Mesa, nació en Zafra, 
comenzó y no acabó la carrera de leyes, asistió en Salamanca 
á las lecciones del Brócense, y en Sevilla se granjeó el aprecio 
de Herrera, Pacheco, Barahona y el maestro Medina, de quienes 
se glorió de ser discípulo. No se sabe si entonces ó después se 
ordenó de clérigo. Pasó á Italia, donde por cinco años trató al 
l'asso, aficionándose á la escuela italiana, que desde entonces 
siguió. Hallábase de vuelta á España, cuando publicó Las Navas 
de Tolosa, poiema heroico, Madrid, 1594 y 1598?; en 30 can- 
tos, con la aprobación de Ercilla y un soneto laudatorio del 
Tasso. Asentó en la corte, aunque su genio franco y severo, á 
pesar de sus elegantes versos laudatorios á los proceres, no lo- 
gró medros ni acrecentamientos de fortuna. Valle de lágrimas 
y diversas Rimas, Madrid, 1607; composición mística en seis 
cantos y en octavas; y La Restauración de España, Madrid, 
1607, poema épico en 10 cantos ó libros en octavas, de asunto 
tan nacional como Pelayo, y el triunfo de Covadonga, que aca- 
ba en el canto VI ; de manera que desde aquí desmaya la com- 
posición. Tan grandioso y patriótico argumento no hace la im- 
presión que era de esperar por atender demasiado á la obra mi- 
lagrosa de Dios y poco á la de los españoles, por no estar in- 
geniosamente tramada la acción y por no quedar distinta- 
mente pintados los caracteres. Tiene, sin embargo, algunots 
trozos excelentes. En uno de los cantos celebra á los ingenios 
de entonces, mayormente á los andaluces, y agradece con un 
elogio á Cervantes el que le dirigió en la Calatea (1584); 



S. XVI, 1594. CRISTÓRAL DE MESA 327 

pero omite á Lope, dando muestras de la acerba censura que, 
encerrado en su estéril rigorismo clásico, preparaba para el 
gran dramático' español. Solicitó del Conde de Lemos, cuyo se- 
cretario Juan Ramírez de Arellano había sido amigo suyo, acom- 
pañarle á Ñapóles en 1610, y aunque lo hizo en carta poética, 
no lo consiguió. Resentido, no disimuló sus quejas, antes las de- 
claró en otra Epístola, añadiéndole "que algunos de los que 
tanto estimaba no merecían llegar á la falda del Parnaso, como 
le conocería bien en Italia, donde la poesía y el buen gusto es- 
taban más adelantados". Ofrecíale la traducción en verso de 
La Eneida de Virgilio, Madrid, 161 5, en que estaba trabajando; 
pero no cumplió su palabra, cuando la publicó cinco años des- 
pués ; si bien al volver el Conde le dirigió dos lisonjeros sone- 
tos. Recurrió al Duque de Béjar, con quien estuvo en aquella 
villa, escribiendo en su elogio y en el de su esposa siete sonetos. 
De 1611 á 1612 publicó El Patrón de España y varias rimas > 
Madrid, 1612, poema en seis libros dirigido al Rey, sobre la mi- 
lagrosa traslación á España del cuerpo de Santiago. Aquel año 
se abrió la Academia Selvaje, en casa del joven caballero don 
Francisco de Silva, que la presidió. A ella perteneció Mesa y 
celebróla en un soneto á ella y en otro al presidente. En las Ri- 
mas satirizó la escuela de Lope, quejándose de que mientras se 
enriquecía el poeta cómico, moría de hambre el trágico y el 
épico. Sus tres obras épicas, tan clásicas y frías valían, sin 
duda, más para él que el nacional teatro de Lope. Publicó, en 
fin. La Eneida de Virgilio, Madrid, 161 5, en elegante versión; 
pero quedó inédita la litada. En 161 6 concurrió al certamen del 
Sagrario de Toledo y en 161 8 publicó en octavas Las Églogas 
y Geórgicas de Virgilio, Madrid, 16 18; Rimas originales y la 
desatinada y archiclásica tragedia El Pompeyo, Madrid, 1618, 
1793. Lope le elogió generosamente en su Laurel y ya nada 
más sabemos de él. Fué particular amigo de Francisco 
de Figueroa, de Ouevedo, del Conde de Salinas y de don 
Juan de Fonseca y Figueroa. Cristóbal de Mesa alardeaba de 
i'espreciar todo lo español, hasta á Herrera, al Brócense y Lope, 
y sólo buscaba el aplauso de los italianos. Así dijo que las Mu- 
sas españolas habían estado "incultas y sin arte" hasta que se 
publicaron las Tablas Poéticas, de Cáscales (1617). Su fuerza 
satírica y gusto exquisito hubieran hecho de él un Horacio es- 



328 ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

pañol, como los Argensolas, si hubiera apreciado más lo na- 
cional y se hubiera dejado de extrañas imitaciones. Por ellas 
es poeta erudito, cuyas obras, pasada la moda de los remedos, 
no mueven á nadie v nadie lee. 



169* Cantos del Valle de lágrimas: i. Llanto de David. 2. Llanto 
de N. S.^ 3. Llanto de San Pedro. 4. Llanto de la Magdalena. 5. Llanto 
de San Francisco. 6. Llanto de San Agustín. Dedic. á las Rimas: "La 
(edad) de cuarenta y cinco años en que yo me hallo y el hábito ecle- 
siástico que tengo, más son para tener arrepentimiento de haberlas 
(las amorosas) hecho y formar escrúpulo de publicarlas." La Rcstaur., 
pról. : "Otra dificultad tiene este estilo, que no me espanta que aco- 
barde á cualquiera buen ingerwo emprender tan gran provincia: y es 
que, como lleva siempre por fin la magnificencia y maravilla, yendo 
sublime no ha de dar en el vicio de hinchado, y aunque ha de con- 
formarse con el trágico en el ir siempre alto, no ha de ir tan simple y 
desnudo de ornato como él : y si bien ha de llevar algunos lores {sic) 
metafóricos, propios de la medianía del lírico, no ha de ser tan flo- 
rida y elegante que todo sea galas. Y nunca le será lícito inclinarse 
á la humildad del cómico. Y saber guardar este decoro, llegándose á 
cada uno dellos en lo que se le permite, y apartándose en lo que des- 
convienen; aquí está el artificio... Tiene tanta dificultad esta doctrina, 
que el Torcuato. al cual yo comuniqué cinco años en Roma-, y á quien 
concurrían todos como á singular oráculo de la Épica Poesía, habiendo 
hecho veinte cantos de su primera Jerusalén, que los iba enviando al 
cardenal Cipión Gonzaga, y él los confería con los mayores Ingenios 
de Itaüa; después, en la segunda, de veinticuatro libros quitó y puso 
episodios. Y habiendo escrito tres Discursos del Poema Heroico, los 
amplió después, haciendo seis libros. Y dejando de seguir estos puntos, 
que, con grande intervalo, se aventajan á los demás; y por ventura, 
no entendiendo los de Castel-Vetro, no guardan algún orden ni regla, 
haciendo un caos confuso y un entrincado laberinto, y empobreciendo 
e! caudal de la Lengua, no sólo no mueven ni deleitan mezclando lo 
útil con lo dulce, mas quedándose en el abismo de su ignorancia, ha- 
cen obras que Nec pcs, nec capiit uni reddatiir formae: contra los cua- 
les, esclamando el mesmo Horacio, dice: ¿Cnr ego, si nequeo, ignoroque 
Poeta sahitor? I ¿Cnr nescire p-ndens grave, quam discere malo? Y de 
?quí es que "Unus et alter assuitnr pannus^^ ; de manera que no es po- 
sible conseguir al fin de que Sit simplex dumtaxat et unum. Y por 
concluir este Discurso con el mismo Poeta, digo que esto resulta de 
no seguir el precepto del mismo, que dice: "Sumite materiam vestris, 
'^qui scribitis, aequant \ Vtribns et vérsate din quid ferré recusent, \ 
Quid valeant humeri. Porque, claro está que si el pigmeo toma peso 
de Atlante, que (ha de venir todo al suelo, padeciendo ruina que suele 



S. XVI, 1594. DON MARTÍN CARRILLO Sag 

el flaco edificio que carece de firmeza y fundamento.'' Sobre, la muer- 
te de Mesa, véase Pérez Pastor, Bibliogr. Madril., t. III, pág. 426, 
Madrid, 1907. Hay un soneto suyo en las Obras, de F.co de Figueroa 
(1625). Cervantes le alabó en el Viaje (cap. III) y en el Canto de Ca- 
líope: "De Christóbal de Mesa os digo cierto | que puede honrrar 
vuestro sagrado valle; ¡ no sólo en vida, mas después de muerto ! po- 
deys con justo título alaballe. i De sus heroycos versos el concierto, | su 
grave y alto estilo pueden dalle i alto y honroso nombre, aunque calla- 
ra I la fama del y yo no me acordara." 

17 0. Año 1594. El PADRE Gabriel Vázquez (1550-1604), jesuíta 
de Belmonte, enseñó á Santo Tomás en Alcalá y Roma, falleciendo en 
Alcalá ; varón de gran talento y eminentísimo en Teología y otras cien- 
cias sagradas. Sus obras, en 10 tomos, Lyon, 1620 ; los tres primeros 
se publicaron viviendo él, los demás, después de fallecido. Comentó á 
Santo Tomás, las epístolas de San Pablo, etc. De cultu adorationis, 
Alcalá, 1594; Moguntiae, 1600. //; i'^"^ S. Thomae, Alcalá, 1598. In 
^am ^ Thomae, Alcalá, 1619. Paraphrasis ct compendiaría explicatio 
ad nomiullas Pauli Epístolas, Alcalá, 1612. In jo^^ 2ae S. Thomae, 
ibid., 1614. Opuscula Moralía, Alcalá, 1617. Disquisitioncs Metaphy- 
sicae, Madrid, 1617; Amberes, 1618. 

Fray Arcángel de Alarcón (t 1598), capuchino catalán, publicó 
Vergel de Plantas divinas, en varios metros espirituales, entre ellos 
el Triunfo virginal, en 10 capítulos; la Vida de S. Ana y un canto 
épico en loor de San Francisco, Barcelona, 1594. — Diego Bernardes, 
uno de los mejores poetas portugueses, acompañó como cantor al 
rey don Sebastián, cayó prisionero y en el cautiverio compuso las 
más de sus poesías místicas; después se vio libre y fué nombrado ca- 
ballero de la Orden de Cristo. En sus obras "hay excelentes poesías cas- 
tellanas. Varías Rimas ao bom Jesús, e a Virgem..., Lisboa, 1594, 
1601, 1608, 1616, 1622, 1770. O Lima, ibid., 1596, 1720. 1771. Rimas va- 
rias, Flores do Lima, ibid., 1596, 1633, 1770. — ^Jerónimo Calvo, arago- 
nés, publicó Lxis del entendimiento, cómo nos emos de apartar de los 
vanidades y seguir las virtudes, Valencia, 1594. — ^Jaime Cáncer, de Bar- 
bastro, publicó Varíae Resolutíones Juris, 3 vols., Barcelona, 1594. — 
Don Martín Carrillo (1561-1630), zaragozano, abad de Montaragón 
(1615), publicó Itínerarium ordinandorum, Zaragoza, 1594. Memorial 
de confesores, ibid., 1596, 1622. Tratado de ayudar á bien morir, ibid., 
1596, 1622. Explicación del Jubileo, ibid., 1600. Explicación de la Bula 
de difuntos, ibid., 1600; Alcalá, 1615. Apología, ibid., 1602. Ca- 
tálogo de los Obispos y Arzobispos de Zaragoza, Caller, 1611. Relación 
al Rey sobre la isla de Cerdeña, Barcelona, 1612. Historia de S. Vale- 
ro, Zaragoza, 1615. Anales y memorias cronológicas, Huesca, 1622. 
Anales cronológicos del mundo. Zaragoza, 1624, 1634. Práctica de cu- 
ras. Huesca, 1624. Relación sobre las campanas de Velilla, ibid.. 1625. 
Elogios de mujeres insignes del Viejo Testamento, ibid., 1627; Ma- 



33o ÉPOCA DE FELIPE II (s. XVl) 

clrid, 1783. Vida de S. Brígida. Inscripciones de los retratos de los 
tres Felipes, Zaragoza, 1680, Y otras menos importantes. — El doctor 
Juan Cornejo, filósofo y médico en la corte de Felipe II, publicó Dis- 
curso y despertador preservativo de corrimientos, Madrid, 1594. Dis- 
curso Particular Preservativo de la Gota, ibid., 1594. — Jerónimo Cor- 
tés, maestro de contar, natural de Valencia, publicó Compendio de 
reglas breves con el arte de hallarlas é inventarlas, assí para las rc- 
ductiones de monedas del Reyno de Valencia, Aragón, Barcelona y 
Castilla, como para las demás monedas de otros Reynos, Valencia, 
1594. Lunario y pronóstico perpetuo, Valencia, 1594. Lunario nuevo 
perpetuo y general y Pronóstico de los tiempos universal, Valencia, 
I596> 1598; Madrid, 1598; Barcelona, 1599; Zaragoza, 1604; Alcalá, 
1612; Valencia, 1663. De la fisonomía natural y varios secretos de 
naturaleza, Madrid, 1598; Córdoba, 1601; Alcalá, 1607; Barcelona, 
1610, 1614. Arithmetica práctica, Valencia, 1604, 1659. Tratado de los 
animales terrestres y volátiles y sus propiedades, Valencia, 1613, 1615, 
1672. El non plus ultra del lunario perpetuo..., Valencia, 1672. Non 
plus ultra del Lunario y Pronóstico general y perpetuo, Alcalá. 1697. 
— Jerónimo de Covarrubias Herrera, de Rioseco, publicó La Enamo- 
rada Elísea, Valladolid, 1594, novela pastoril en prosa y verso. — 
Rodrigo Dosma Delgado (1533-1607), canónigo de Badajoz, publicó 
De Auctoritate S. Scripturae, Valladolid, 1594. Ad Sanctorum quatuor 
Evangeliorum cognitionem spectantia opera, Madrid, 1601. Expositio... 
in Psalmos et in Cántica Canticorum, ibid., 1601. Tratado del Sacra- 
mento de la Penitencia, ibid., 1601. Diálogos Morales, ibid., 1601. Dis- 
cursos patrios de la real ciudad de Badajos, ibid., 1601. Varias otras 
obras en Picatoste (Bibl. Cient. Esp.) — Fray Alonso de Espinosa, 
dominico, publicó Del origen y milagros de N. S.^ de la Candelaria, 
que apareció en la isla de Tenerife, con la descripción de esta isla, 
Sevilla, 1594; Santa Cruz de Tenerife, 1848. — El padre Juan Fer- 
nando (t 1595), jesuíta toledano, publicó Divin. Scripturarum iuxta 
SS. Patruum sententias locupletissimus Thesaurus, 3 vols., Medina, 
1594. — García de Gironda, rondeño, publicó De Gabellis, Madrid, 
1594. De Explicatione Privilegiorum, ibid., 1617. — ^En tiempo de Fe- 
lipe II, hacia el 1594, publicó fray Diego de Guadix, de la Orden de 
San Francisco y de 'la provincia de Granada, intérprete del Sancto 
Oficio de la Inquisición de la ciudad de Granada y su reino, la Pri- 
mera parte de una Recopilación de algunos nombres arábigos que los 
árabes pusieron á algunas ciudades y á oirás muchas cosas. Licencia 
del padre general, Roma, 1593. — 'El doctor Juan Guillen de Cervan- 
tes, sevillano, publicó Prima Pars Commentariorum in leges Tauri, 
Madrid, 1594. — Fray Diego de Guzmán, trinitario, publicó Excelencia 
del Sacrificio de la Ley Evangélica, Madrid, 1594. — Enrique Jorge 
Henríquez, de Guarda (Portugal), médico del duque de Alba, don An- 
tonio Alvarez de Toledo, publicó De Regimine cibi atque potus, etc., 
Salamanca, 1594. Tratado del perfecto medico, dividido en cinco diálo- 



S. XVIj 1595. FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA 33 1 

gos, ibid., 1595. — Marcos de Isaea, alcaide de Capua, publicó Cuerpo 
enfermo de la Milicia Española, Madrid, 1594. — Fray José Luouián, 
dominico valenciano, publicó Explic